nº
138
En este Correo:
ESPECIAL ELECCIONES EN
BRASIL
*Lula:
"Paz y
amor" cerca del
cielo, Gustavo
Codas
*Mantener las metas pactadas con el FMI y
gradualismo. Antonio
Prado, coordinador del equipo económico de
Lula
*La
Conversión de Lula, Ernesto
Ekaiser - Enlaces
*El PT y las
Elecciones de 2002 - Coordinadora
Nacional Tendencia Democracia
Socialista-PT
*Dos
Entrevistas, J. Pedro Stedile
(Movimiento de los
Sin Tierra)
*El
Voto a Lula, Movimento
de Esquerda
Socialista-PT
*Enlaces
Brasileños: Organizaciones
políticas,
Medios.
*Solidaridad con Palestina,
*Directorio, Música,
Encuesta Abierta,
Suscripciones-Apoyo
--oOo--
Elecciones en
Brasil
Lula: "paz y amor" cerca del
cielo
Gustavo Codas
Corresponsal
del semanario uruguayo Brecha en Sao Paulo,
27-9-02
Esta vez (la cuarta) Lula tiene posibilidades
de ser electo presidente de Brasil. Pese al duro ataque de sus adversarios de
derecha e izquierda, su desempeño electoral no ha sufrido grandes altibajos en
las últimas semanas. Por el contrario, mejoró en algunas
encuestas.

El fenómeno ocurre en un momento particularmente
turbulento de la economía nacional. Meses atrás, tratando de intimidar al
electorado ante un posible triunfo de Luiz Inácio da
Silva, "Lula", se decía que si éste llegara al poder
la moneda brasileña superaría en enero la barrera de los tres reales por dólar.
El martes 24 el dólar se cotizó a 3,78 reales. Un récord desde que la moneda fue
creada a mediados de 1994. En la ocasión, también por primera vez en mucho
tiempo, el real cotizó por debajo del peso argentino. El principal socio en el
Mercosur es un fantasma que asusta a los electores brasileños. Por algo a
mediados de año el oficialismo inauguró la campaña electoral afirmando que Lula
sería el Fernando de la Rúa de Brasil. La economía se ha fragilizado y las
elecciones son la excusa ideal de los especuladores para ganar dinero en un
contexto propicio.
EL NUEVO LULA
Fue el propio candidato del Partido dos
Trabalhadores (PT) quien, semanas atrás,
autodefinió su capaña como "Lulinha paz y amor". Ahora, requerido por
la prensa, respondió que no atacará a los otros candidatos, que le lanzan
gruesos dardos: desde haber traicionado a su base social hasta realizar acuerdos
secretos con la banca. En esta campaña surgió una faceta más del "nuevo" Lula. Tal vez la
más llamativa haya sido la contratación del publicitario Duda Mendonça, cuya
fama se forjó cuando en 1992 consiguió rehabilitar a un recalcitrante político
derechista, acusado por corrupción, Paulo Maluf, derrotando al PT en las
elecciones municipales de Sao Paulo.
Pero no terminaron ahí las sorpresas. En un lance
osado, Lula ungió a un gran empresario textil, senador del Partido Liberal, como
candidato a vicepresidente. El grueso de la bancada de diputados liberales,
vinculados a las iglesias evangélicas -que en las elecciones presidenciales de
1989 hicieron campaña contra Lula afirmando literalmente que era la encarnación
del diablo en la tierra-, también se pasaron a las filas petistas. El ex
dirigente obrero obtuvo también apoyos de políticos de centro: el senador y ex
presidente José Sarney (1985-1989), el ex gobernador de San Pablo (1986-1990)
hoy candidato a senador Orestes Quercia, y el ex presidente (1992-94) y actual
gobernador de Minas Gerais Itamar Franco. Algunos grandes empresarios se sumaron
a su campaña. Más allá de intereses electorales, hay entre todos ellos un hilo
conductor que permitió tales alianzas: una crítica al actual modelo económico y
un cierto nacionalismo.
Pero Lula hizo también gestos fuertes hacia el
centro. Frente a los intentos de vincular la turbulencia económica del país a su
crecimiento electoral, a mediados de año lanzó su "Carta al pueblo
brasileño", en la que prometía explícitamente no romper compromisos de pago
de deuda externa contraídos por el actual gobierno (el documento fue bautizado
maliciosamente por sectores de la izquierda del PT de "Carta a los banqueros").
Y cuando el gobierno de Fernando Henrique Cardoso firmó un leonino acuerdo con
el fmi para "calmar al mercado", Lula se entrevistó con el presidente para
afirmar que mantendrá lo acordado. Al visitar instituciones empresariales (Bolsa
de Valores, Federación de Bancos) el candidato del PT constituyó grupos de
trabajo conjuntos, entre su asesoría y la de esas instituciones, para formular
propuestas económicas.
En cuanto a su formulación estratégica, Lula
alimenta la idea de un "nuevo contrato social" entre trabajadores, empresarios y
sociedad en general, que lo tendría como árbitro, ya que a partir de su
experiencia sindical en los años setenta se define como el mejor negociador del
escenario nacional. Al ser abordado insistentemente por los periodistas sobre
"quién perderá" con su gobierno, se niega a hablar en esos términos y sólo se
refiere a "quienes ganarán": todos, al mismo tiempo.
Los movimientos sociales, pese a diferencias de
matices, apoyan a Lula. La Central Única de Trabajadores (CUT) decidió meses
atrás entrar oficialmente en la campaña petista. Lo mismo hizo la Asociación
Brasileña de ong (abong), al tiempo que la totalidad de la dirección del
Movimiento de los Sin Tierra (MST) está empeñada en la victoria de Lula, aunque
no definió una posición oficial. João Pedro Stédile, uno de los principales
dirigentes del MST, resumió en una reciente entrevista que a pesar de que Lula
giró hacia el centro, las fuerzas sociales del cambio lo apoyan porque su
triunfo abrirá un período de cambios profundos en la sociedad por el impulso de
las expectativas y movilizaciones que desataría (véase nota
aparte).
ADVERSARIOS
El principal contrincante de Lula es José Serra,
quien deshizo de hecho la alianza de gobierno con la que contó Fernando Henrique
Cardoso, la más amplia y fuerte alianza conservadora constituida en décadas en
Brasil. Aliados del actual jefe de Estado migraron hacia otras candidaturas,
sobre todo hacia la de Ciro Gomes pero también hacia la de
Lula.
Si bien es el candidato del oficialismo, Serra no
quiere admitirlo. Su estrategia electoral alimenta una posición ambigua frente a
Cardoso (que lo apoya, pero que apareció sólo el primer día en su campaña
televisiva). Es probable que esa estrategia electoral haya sido alimentada por
las encuestas que muestran que la mayoría de los electores quiere votar por un
candidato de oposición. El problema es que así Serra no ha conseguido atraer los
votos, ni siquiera de los que apoyan al actual gobierno.
Serra despierta hondas antipatías. Para hacer
viable su candidatura tuvo que destruir la reputación de la candidata liberal
-la hija de Sarney-, uno de los puntales de la alianza de gobierno tejida por
Cardoso. Para acercase a Lula tuvo que atacar a Gomes y bajarlo del segundo
puesto, acusándolo de tener problemas de carácter (lo pescó diciendo pequeñas
mentiras sobre su biografía que, según su equipo, denunciarían una personalidad
problemática). En ambos casos se trata de políticos nordestinos, lo que alimentó
el rumor de que Serra sería un agente de los intereses de los grandes grupos
económicos paulistas en perjuicio de las otras regiones del
país.
Destruido Gomes dos semanas atrás, Serra giró sus
ametralladoras contra Lula. Su campaña en la televisión trabajó varias líneas.
Afirmó que había "un Lula" (el neomoderado) producido por el publicista Duda
Mendonça y "otro Lula" que sería el verdadero (el radical de siempre). Comparó
sus biografías y se dijo mejor preparado (ya que Lula no tiene curso
universitario ni ejerció en ningún gobierno). Hizo un montaje sobre imágenes de
años atrás de tal forma que el presidente del PT, José Dirceu, parecía estar
azuzando a huelguistas para que golpearan al entonces gobernador de Sao Paulo
(Mario Covas, hoy fallecido).
El efecto fue inusitado: no provocó una caída de
Lula pero aumentó el rechazo a Serra, el candidato que tiene la más alta tasa de
rechazo entre los electores, muchos de los cuales dicen que no votarían por él
en ninguna hipótesis. Mientras, a sus espaldas, las cosas se iban
moviendo.
PEQUEÑOS GRANDES CAMBIOS
Gomes, un político de origen conservador que se
afilió al heredero del Partido Comunista "moscovita" (Partido Popular Socialista), montó un frente en el que
coexisten desde partidarios del expresidente Fernando Collor y Chicago
boys hasta el líder populista Leonel Brizola. Aparecía como la más
sólida alianza anti Lula, ya que por su origen y trayectoria podía arrastrar
votos tanto de la oposición como de la base del oficialismo. Pero en las últimas
semanas hizo algunas declaraciones desastrosas que, junto a la propaganda
serrista, lo empujaron al cuarto y último lugar.
Esos votos, sin embargo, se repartieron entre
Garotinho, candidato del Partido Socialista Brasileño, y Lula quien, en algunas
encuestas alcanza el 44 por ciento de las intenciones de voto y en otras roza el
48. Es decir, está cerca de conseguir la victoria en la primera vuelta. Algunos
de los asesores de Gomes y de Garotinho defienden una renuncia de estos
candidatos que aseguraría la victoria de Lula el mismo 6 de octubre, ya que
temen que Serra utilice los más bajos recursos en su intento de parar a Lula en
el segundo turno.
La última carta de Serra podría ser las
acusaciones de corrupción de gobiernos municipales petistas que circulan con
insistencia en la prensa, buscando salpicar al presidente del pt, Dirceu. Pero
es probable que Serra no siga ese camino ya que en su contra pesan acusaciones
mucho más contundentes. Enfrenta así un dramático dilema. Por un lado quiere
impedir la victoria de Lula en la primera vuelta y para eso debe continuar
atacándolo. Por otro lado, si Lula cae, sus votos pueden transferirse en la
segunda vuelta a Garotinho, ya prácticamente empatado con Serra. Actualmente
Lula está siendo atacado por todos y por todo un abanico de razones, pero él
continúa olímpico en su estilo "Lulinha paz y amor", sin responder directamente
a los ataques. Hasta ahora le ha dado resultado: su tasa de rechazo entre los
electores es la más baja entre todos los candidatos y también en toda su
trayectoria político-electoral. Lo que es fundamental para la segunda
vuelta.
Empresarios con Lula
La revista Exame publicó en julio una
encuesta a los presidentes de 100 de las 500 mayores empresas de Brasil. Un 71%
dijo que su candidato era José Serra, seguido de Ciro Gomes. Lula sólo obtuvo el
1%. Pero las cosas están cambiando a marcha forzada conforme se acerca el día de
las elecciones y la ventaja de Lula crece. "Lula está más cerca de ser elegido y
nadie quiere perder el barco. Es tan simple como eso. El empresario es un animal
pragmático, no tiene ideología", reconoce un especialista. En la recta final, el
comité de campaña del pt prepara un golpe de efecto, como la declaración de
algún peso pesado del mundo empresarial (se habla de Horacio Lafer, presidente
de la poderosa asociación patronal de Sao Paulo, FIESP) que, sin pedir
explícitamente el voto para Lula, declararía su confianza en un gobierno del
PT.
En la campaña electoral del PT aparecen más
empresarios que ningún otro sector social, sobre todo en la última etapa. Ivo
Rosset, presidente de Valisère, empresa textil con 4.000 trabajadores, sostiene
que "la idea de Lula es buscar más entendimiento entre todas las clases.
Políticamente, es el dirigente más articulado y el candidato que tiene mejores
condiciones para lograr este entendimiento con empresarios, trabajadores e,
incluso, con el sector financiero". "No soy petista ni pienso pertenecer a
ningún partido, pero si la gente observa la vida de Lula, no puede sino
admirarlo", declaró a su vez Eugenio Staub, presidente de Gradiente, una de las
mayores empresas del sector electrónico de Brasil.
Staub provocó el sábado 21 por la noche un
terremoto político cuando apareció en las pantallas de televisión en un espacio
de propaganda electoral del PT. El empresario es amigo desde hace 20 años del
candidato oficialista, José Serra, y votante tradicional del Partido de la
Social Democracia de Brasil, del presidente Fernando Henrique Cardoso. Dos meses
atrás había dicho que votaría a Serra. A dos semanas de las elecciones, ha
cambiado de opinión y anuncia que Luiz Inácio "Lula" da Silva es el presidente
que necesita Brasil.
Los pasos de Staub fueron seguidos por otros
empresarios, como Fernando Gasparián, de la editorial Paz y Tierra, y el
banquero Amador Aguiar. "Entendemos que Lula es la única alternativa capaz de
aplicar un programa de gobierno concentrado en el crecimiento económico, con
creación de empleo, reducción de las desigualdades, fortalecimiento del mercado
interno y apoyo a las empresas nacionales", señala un documento que ya tiene la
firma de 500 empresarios de todo el país. La mayor parte procede del sector
productivo, según resalta Lawrence Pih, presidente de Moinho Pacífico, la mayor
molinera de trigo de América Latina.
Antonio
Prado, coordinador de los equipos económicos de
Lula
Mantener las metas pactadas con el FMI y
gradualismo.
Entrevista en el suplemento
económico del diario Clarín
Buenos Aires, 22-9-02
Dirceu y Lula
En el equipo
del favorito, el dirigente histórico del Partido de los Trabajadores, Luiz
Inacio Lula da Silva, que tiene 40% de las intenciones de voto, la palabra
"ruptura" fue eliminada del diccionario programático. En su remplazo, aparece
otra idea: "transición gradual". Antonio Prado, economista que coordina el plan
económico de la alianza "Lula Presidente", despejó las dudas que pueden subsitir
en los medios financieros internacionales, y dice que hay una clave: "La
estabilidad macroeconómica es fundamental. Cuando se consigue, se resuelven la
gran mayoría de los problemas productivos".
- Pero ¿qué gobierno no
quiere la estabilidad? El problema es como se consigue. Basta ver a la
Argentina.
- No se pueden comparar Brasil y
Argentina. Estuve reunido hace poco con John Williamson (ideólogo del Consenso
de Washington, la receta para todos los males del FMI y el Banco Mundial
durante los ´90). Hizo una lista de diferencias entre los dos países, porque
lo que quería demostrar es que Brasil está en una situación
intermedia.
- ¿O
sea...?
- Su tesis era que aún cuando
Brasil esté realizando un serio esfuerzo para reducir su necesidad de
financiamiento externo, tiene un riesgo de caer en "default" por causa de una
"quiebra de confianza" de los inversores externos. Pero en ese trabajo de
diferencias con Argentina, hubo varias interesantes. Una es que Brasil no
tiene dificultades para recaudar impuestos. La otra es que la deuda pública
brasileña es interna y fijada en reales.
- Y como el gobierno tiene la
máquina de fabricar reales, pase lo que pase siempre puede emitir papel
moneda...
- Sí, claro. Pero ahí se crea
hiperinflación. Y no vamos a hacer eso. La cuestión es que Williamson concluyó
que con el superávit fiscal primario de 3,75% (pactado con el Fondo) hay
margen de sobra para reducir la relación entre deuda pública y producto bruto
interno. Eso significa que esa deuda está lejos de ser explosiva.
- El ajuste fiscal
comprometido con el Fondo impuso e impondrá bajas del gasto estatal. La
Argentina probó que sucesivos recortes del gasto aceleran la caída económica y
afectan la recaudación. ¿Por qué Brasil sería diferente?
- El problema es de eficiencia
del gasto. Nosotros estamos convencidos que con los recursos disponibles
podríamos aumentar la oferta de bienes y servicios a la sociedad, sólo con
hacer que el gasto sea más eficiente.
- ¿Cómo piensa el PT que
puede contener las demandas sociales si continúa la misma política
económica?
- Hoy existen tensiones en varios
sectores sociales. Desde hace 8 años, no existen ajustes lineales en los
salarios públicos; hay 23 millones de personas por debajo de la línea de
pobraza y 11,5 millones de desempleados. Hay dos respuestas a eso. Una es el
diálogo y la negociación, donde Lula ya demostró su capacidad. La otra es la
madurez de los movimientos sociales, que deben entender que no es posible
atender de inmediato demandas reprimidas durante tanto tiempo. Van a existir
presiones pero no significa que terminen en conflicto abierto.
- Lula habla de una gran
pacto social. ¿Es una alianza con el empresariado nacional?
- La economía de Brasil tiene un
grado importante de internacionalización. Un 30% está en manos de empresas
multinacionales. Luego, no es solo el empresariado nacional. Tiene que
incorporar a las compañías extranjeras.
- Pero las empresas
extranjeras instaladas en Brasil vinieron sólo para el mercado interno ¿no? Y
ustedes plantean que ahora hay que exportar...
- Sí, es verdad. Las
multinacionales atienden sobre todo el mercado interno. Pero se pueden
negociar condiciones suficientemente atractivas, no solo con las filiales sino
las matrices, como para decidirlas a exportar desde Brasil.
- ¿Cuáles son los problemas
más agudos con que se enfrentarán en los primeros meses de gobierno, en caso
de ganar?
- El problema más grave es la
renegociación de una deuda externa de 26.000 millones. Son vencimientos de
papeles de la deuda externa y de préstamos extranjeros al sector privado
brasileño. Como hay una retracción muy fuerte del crédito internacional, se
hace dificil refinanciar esos vencimientos.
- ¿Cómo lo van a
enfrentar?
- Eso va a depender de la
confianza del sistema financiero internacional en la política económica
brasileña. A partir del resultado de las elecciones, y luego que se anuncien
los equipos económicos, se sentirá de inmediato la reacción de los bancos
internacionales. Creo que la cuestión es conquistar la confianza. Como nuestra
propuesta es una política muy gradual de transición durante el 2003, no veo
imposibilidades.
- ¿ Y a quién va a poner en
el Banco Central, que parece concentrar las miradas de todo el
mundo?
- Lula ya indicó su intención de
incorporar cuadros de varias corrientes políticas en su gobierno. En el caso
específico del Banco Central, el criterio para ocupar la presidencia del
organismo se regirá por tres criterios bien precisos: capacidad técnica,
experiencia en el área financiera y un reconocimiento del sector financiero
sobre la solidez de quien sea designado.
- ¿Cómo cree que puede
influir el escenario internacional en la economía de Brasil y de la
región?
- Lo que se ve claramente es que
el reflujo de liquidez internacional no se trata, ya, de una crisis de países
emergentes. Ahora, la crisis alcanza al núcleo capitalista internacional:
Estados Unidos, Europa y Japón. En verdad, la mayor dificultad viene de la
propia crisis norteamericana, que puede empeorar si hubiera un ataque a Irak.
La otra cuestión es que los inversores aumentaron su aversión al riesgo,
precisamente por cuenta de los problemas en Estados Unidos. Y es evidente que
la economía brasileña sigue mostrando una alta vulnerabilidad externa. Por
eso, somos tan prudentes.
La conversión de
Lula
El candidato socialista brasileño evoca la
figura de Felipe González en 1982
Lunes, 26 de agosto de
2002
Emilio Botín, el patriarca del Banco Santander, no se
horrorizó, ni mucho menos, cuando en 1977 fue legalizado el Partido Comunista
de España. En 1982, apreció los cambios del Partido Socialista Obrero Español
de Felipe González. En febrero de 1983, cuando el Gobierno expropió el holding
Rumasa, el patriarca envió a Miguel Boyer un tarjetón. A la luz de los datos
que el entonces ministro de Economía y Hacienda ofreció a los medios de
comunicación, el banquero le felicitaba por la decisión.
El pasado jueves, su
hijo y sucesor en el trono, Emilio Botín, presidente del Santander Central
Hispano (SCH), entidad que opera en Brasil a través de Banespa y la marca
Santander, se entrevistó con el presidente del Banco Central brasileño,
Arminio Fraga. Más tarde, desde Río, declaró: 'Independientemente del proceso
electoral, nuestro compromiso con Brasil es firme y
definitivo'.
Si las palabras de
Botín -muy diferentes a las que suele escoger cuando habla de Argentina- han
añadido un toque español a la actual situación brasileña, no es menos cierto
que la evolución del hombre que está en liza por cuarta vez por la presidencia
de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, candidato por el Partido de los
Trabajadores (PT), evoca la candidatura de Felipe González en las elecciones
del 28 de octubre de 1982.
El actual Lula, un
hombre de 56 años, es un nuevo producto. El experto en márketing político Duda
Mendonça ha conseguido desde diciembre pasado convertir a un dirigente
sindical de la industria del metal en un político profesional moderno. 'El PT
era un partido muy intelectual. Y Lula no hablaba el lenguaje del pueblo',
explicó Mendonça en una entrevista con el semanario
Istoé.
Mendonça cree que sigue
siendo el mismo Lula. 'Lo que ha cambiado es la forma. Usted puede mostrar las
mismas cosas de otra forma. Es el mismo PT de manera diferente. La televisión
no es el sitio para hacer discursos, es un lugar para conversar. Usted entra
en la casa de la gente. Hay una mujer que puede estar dando de mamar a su
hijo. Otro está en la mesa tomando café. Usted tiene que conversar. La cara
rabiosa, los gritos, todo eso irrita'.
Mira por dónde, lo que
dice Mendonça podría reforzar la desconfianza en su candidato. Es lo que
muchos banqueros e inversores temen. A saber: que Lula y el PT sean el mismo
partido sindical de izquierdas pero que ahora se presenta con un nuevo disfraz
para obtener la victoria.
Si uno se zambulle en
Brasil para todos -un mamotreto de 88 páginas que constituye
su programa de gobierno-, no hay rastros de su pasado izquierdista. Lula, que
visitó a Lionel Jospin durante la última campaña electoral francesa, podría
decir aquella frase tan rompedora del entonces candidato del partido
socialista: 'Nuestro proyecto no es socialista'.
En cambio, Lula
sostiene que el punto central de su plan es hacer que Brasil funcione, que el
capitalismo brasileño supere sus debilidades y funcione a todo
vapor.
Quizá para romper con
los tabúes, después de elegir como candidato a vicepresidente a un empresario,
Lula visitó el pasado 5 de agosto la Bolsa de Valores de São Paulo (Bovespa).
Como si estuviera en una asamblea de trabajadores del metal, el candidato del
PT defendió, ante 300 personas, la idea de popularizar el mercado de capitales
-el Plan Director del Mercado de Capitales- impulsada por 45 entidades del
sector. Los inversores presentes acogieron sus palabras con fuertes aplausos.
Era la primera vez en sus 113 años que la Bolsa recibía la visita de un
candidato a presidente.
El liderazgo de Lula en
los sondeos -y el avance importante del otro candidato socialista de
izquierdas, Ciro Gomes- ha metido miedo en el cuerpo de los acreedores
internacionales de Brasil. En la actualidad, la deuda externa neta, pública y
privada -descontando las reservas internacionales- asciende a 178.000 millones
de dólares.
El peso de la deuda
exterior en términos del producto interior bruto (PIB) brasileño supone, en
cifras oficiales, un 41%. Fuentes solventes indican que es mucho más elevado y
que podría llegar al 58%.
En Europa, la cifra no
supondría ninguna catástrofe. El Tratado de Maastricht, por ejemplo, imponía
un tope de endeudamiento del 60% en relación al PIB. Y países como Bélgica o
Italia superan con creces el 100%.
¿Cuál es, entonces, el
problema? A diferencia de los países industrializados, naciones como Brasil
tienen una deuda enorme en moneda extranjera. Por otra parte, los tipos de
interés que deben pagar son bajos y estables. La clave, precisamente, es que
una deuda como la brasileña, a la menor señal de fragilidad, tiene que pagar
más prima por sus bonos y créditos.
Aun cuando los
acreedores saben que un país como Brasil puede tener razonables dificultades
para pagar su deuda, al volver a prestarle facturan más coste. Es terrible,
porque de este modo se incrementa perversamente la posibilidad de la
suspensión de pagos.
Según un estudio
recientemente elaborado por el economista John Williamson para el
Institute for International Economics, el ratio de la deuda
respecto de las exportaciones es del 326% y el servicio de la deuda brasileña
(intereses más remisión de beneficios más amortizaciones divididos por
exportaciones) asciende 'a un astrónomico 91%'.
Lula ha apoyado el
reciente acuerdo del Gobierno de Fernando Henrique Cardoso con el Fondo
Monetario Internacional (FMI) para poder contar con 30.000 millones de
dólares, de los cuales 8.000 millones serán desembolsados en 2002 y el resto
en el año 2003. Lula sabe que la segunda y más importante parte del dinero
sólo será autorizada por el FMI si el nuevo presidente cumple el compromiso de
mantener un superávit fiscal primario al año del 3,75%.
Y aquí está el nudo
gordiano. Una meta como ésta sólo permitiría alcanzar objetivos de crecimiento
económico del 5% o 6%, como plantea Guido Mantega, uno de los asesores
económicos de Lula, con un boom exportador de varios años. En las condiciones
actuales del mercado mundial, es un plan irrealizable.
Lula, después de
visitar el pasado lunes 19 al presidente Cardoso, declaró que su victoria en
las elecciones presidenciales hará que Brasil ya no tenga que acudir cada tres
meses al FMI para sobrevivir. Con todo, es seguro que tendrá que negociar con
el FMI, que mantendrá la espada de Damocles de los 30.000 millones de dólares
aún pendientes de desembolsar.
Un fantasma vuela por
la campaña electoral brasileña. Es el de Lionel Jospin. ¿Quién será el Jospin,
es decir, el candidato que no pasará a la segunda vuelta? José Serra, el
candidato de Fernando Henrique Cardoso, tiene todas las papeletas. Pero nunca
se sabe.
Enlaces:
BRASIL: EL PT Y LAS ELECCIONES
2002
Garantizar
que el PT seguirá siendo un partido socialista y democrático pese a los
derroteros que la mayoría de la dirigencia ha impuesto a la campaña
electoral.
Resolución de la
Coordinación Nacional de la Tendencia
Democracia Socialista del
Partido de los
Trabajadores.
Traducción de María Cristina Hernández
Escobar *
Hemos seguido de cerca con preocupación los rumbos
que la mayoría de la dirigencia del partido ha dado a la campaña electoral, en
particular a la disputa por la presidencia y a algunas campañas en los estados.
La resolución de hacer alianza prioritaria con un partido de derecha —el Partido
Liberal—, la forma como algunos de nuestros más preciados postulados
programáticos han perdido su sentido original, y la violación del sentido de
nuestra democracia interna son problemas vitales para el papel que el PT se
propone desempeñar en la sociedad brasileña.
El problema de fondo es cómo conducirnos —en un
contexto complejo— frente al chantaje de los “mercados”, cómo realizar una
campaña victoriosa —electoral y políticamente— para los objetivos que definen la
existencia de nuestro partido: ganar el gobierno central a fin de impulsar una
revolución democrática en Brasil, coherente con la propuesta de sociedad que
hasta hoy reafirmamos en nuestros postulados.
Es preciso subrayar que las elecciones deben ser
para nosotros momentos de disputa abierta por otra propuesta de sociedad. Esta
disputa es lo que en la lucha política puede permitirnos generar la fuerza tanto
para elegir a nuestros candidatos, como para posibilitar la aplicación de
nuestro programa.
Si durante el proceso electoral no logramos
identificarnos con nuestras propuestas, si no tenemos claro quiénes son los
adversarios del pueblo, si no tenemos poder de convocatoria y capacidad
hegemónica, nos convertiremos en réferis de nuestros adversarios y, en el
supuesto caso de que llegáramos a ser gobierno, no podríamos romper con la
poderosa red de poderes que circunscriben y determinan la lógica y el rumbo de
las políticas neoliberales.
Las
elecciones de 2002 y el chantaje de los “mercados”
En las elecciones de 2002 —presidenciales, de
congreso, de gobiernos estatales y de asambleas legislativas— se discute qué
nación construiremos en el siglo XXI.
Un elemento determinante de este proceso, en
particular de la contienda por la presidencia, es la evolución económica del
país. El gobierno federal ha buscado ocultar su responsabilidad en la crisis e
impedir el debate de alternativas de fondo. Ha venido utilizando el terrorismo
económico para favorecer a su candidato y forzar a la oposición popular a
plegarse a los intereses de los mercados financieros. El mismo gobierno
responsable de la agudización de la dependencia, que dio a los llamados
“mercados” un enorme poder para ejercer presión, cínicamente reta a la oposición
a “comprometerse a mantener el camino correcto” en el manejo de la economía.
Aunado a
ello, las declaraciones del presidente del Banco Central de los Estados Unidos,
Alan Greenspan, del ex vicedirector del FMI, Stanley Fischer, y del
megaespeculador George Soros, entre muchos otros, sobre el “impacto negativo en
los mercados” de la candidatura de Lula demuestran que nuestros enemigos no
dudan en tratarnos como enemigos y que están empeñados en garantizar la
continuidad de la dictadura del capital y de los mercados internacionales (sobre
todo norteamericanos) en Brasil.
Por otro lado, el candidato gobiernista se
presenta a la contienda electoral con un discurso en que se articulan
continuidad y cambio. En su lenguaje, aparecen lo mismo la “defensa de la
estabilidad económica” que las ideas de “políticas de crecimiento” y de
“distribución de la riqueza”. De esta manera busca dialogar con el cada vez
mayor cuestionamiento del neoliberalismo y enfrentar, de manera oportunista, la
creciente aceptación, por parte de la población, del discurso y las políticas
públicas típicas de las organizaciones populares, en especial de los partidos de
izquierda que han gobernado.
Mientras tanto, las modificaciones a la fórmula
neoliberal, propuestas por el candidato del gobierno y por los partidos
burgueses, no van más allá de los marcos del mismo paradigma. No darían lugar a
alteraciones significativas en el conjunto hegemónico de clases o cambios en la
lógica de inserción dependiente de Brasil en el mercado mundial. Se mantendrían
los fundamentos de la política antinacional y antisocial
actual.
El bloque gobiernista ha venido exhibiendo su
carácter antidemocrático. Prueba de ello es la manera como se ha echado mano de
expedientes ilegítimos e ilegales durante la contienda electoral. El ejemplo más
claro es la instrumentación de la Policía Federal en contra del
PT.
Además de Lula y del candidato del gobierno, un
tercer candidato, Ciro Gomes, participa con
ventajas en la contienda electoral. Principal representante de la oposición
burguesa, se presenta también como candidato de continuidad y cambio; a cada
momento recuerda su papel como ministro en la implantación del Plan
Real, por un lado, y por
el otro, se define como opositor al gobierno actual (aunque sea apoyado por
Antônio Carlos Magalhães, Jorge Bornhausen y por la mayoría del PFL, incluso cuenta con
la simpatía de Tasso Jereissati).
Un
partido como el nuestro, comprometido con la “radicalización de la democracia”,
necesita construir un vigoroso movimiento de discusión de nuestro programa con
la población; sólo así se generarán la movilización y la legitimidad social
necesarias para romper con la lógica mercantil, vencer y comenzar con la
aplicación de nuestro programa de gobierno.
El cambio que la mayoría del pueblo brasileño
desea sólo es posible mediante un amplio movimiento de masas que nos lleve a ser
gobierno y nos de sustento frente a los desafíos de las transformaciones
económicas, políticas y sociales que procuraremos dirigir. Por tanto,
necesitamos dejar clara la
polarización entre dos proyectos antagónicos: de un lado, las fuerzas
conservadoras y liberales, identificadas con el actual proyecto hegemónico, que
incluye al gobierno de Fernando Henrique Cardoso y a la oposición burguesa que
quiere reformas, pero sin ruptura; del otro, los millones de trabajadores,
jóvenes, desempleados y luchadores sociales; hombres y mujeres que desean la
ruptura con el actual modelo hegemónico. No se construirá un proyecto victorioso
mediante ambigüedades, sino a partir de opciones y propuestas
claras.
Las
resoluciones del XII Encuentro: ruptura global con el modelo
existente
Nuestra referencia para este momento político
deben ser las resoluciones del XII Encuentro Nacional del PT (diciembre de
2001), en especial el documento “Concepciones y directrices del Programa de
Gobierno del PT para Brasil”, centrado en la construcción de una alternativa
efectiva al neoliberalismo, en el terreno de la disputa electoral. En los
debates del proceso de elecciones internas del partido fueron expresadas
divergencias importantes respecto al programa. Mientras, la aprobación de este
documento por el Encuentro, con la incorporación de diversas enmiendas,
representó un momento de unificación de las posiciones del
partido.
Estas “directrices” retomaron la línea de
elaboración político-programática que el partido viene realizando desde su
fundación y, especialmente, desde el V Encuentro Nacional de 1987, cuando por
primera vez se postuló a Lula a la presidencia. En aquel encuentro se formuló la
estrategia de la “alternativa democrática y popular”. Hoy en día, aunque de
manera menos radical que en el texto de 1987, las “directrices” sustentan el
“carácter democrático y popular” de nuestro programa de gobierno y afirman “que
no puede haber duda de que el gobierno democrático y popular necesitará llevar a
cabo una efectiva ruptura global con el modelo existente, sentando las bases
para la implementación de un modelo de desarrollo alternativo”. Por lo tanto,
quedó muy claro el rechazo al camino de la desmoralización y del fracaso
estrepitoso representado por lo que puede llamarse “alternativa De la
Rúa”.
Evitando las ilusiones respecto al carácter
progresista de las clases dominantes brasileñas, nuestro partido afirma en la
tesis aprobada que la implementación de nuestro programa de gobierno “sólo será
posible a partir de la constitución de una nueva coalición de fuerzas que rompa
los sucesivos pactos conservadores que han dominado por décadas al
país”.
La crisis
del neoliberalismo y el incremento de las luchas populares en América
Latina
De esta forma, el XII Encuentro del PT reflejó el
avance de las luchas populares y del cuestionamiento al proyecto neoliberal que
se ha venido registrando tanto en el plano social como internacional. De hecho,
el escenario internacional de la lucha de clases comenzó a alterarse
positivamente. La creciente inestabilidad de la economía mundial, con la serie
de crisis, resta legitimidad al proyecto neoliberal y fomenta una resistencia
que, desde las manifestaciones de Seattle, a finales de 1999, ganó carácter
internacional.
La crisis político-social es más profunda en
América Latina, acentuada por la recesión global que afecta con fuerza la región
y por el aumento de la deuda externa. En toda Latinoamérica, la implantación de
políticas neoliberales llevó a la proliferación de la miseria y el desempleo, y
volvió más dependientes y más vulnerables a las presiones del capital
internacional a nuestros países. El imperialismo norteamericano quiere todavía
más: busca imponer un nuevo pacto colonial mediante el Área de Libre Comercio de
las Américas (ALCA). No podemos olvidar, además, que la propuesta del ALCA viene
acompañada de un incremento de la presencia militar estadunidense en la región,
de las restricciones en las libertades democráticas y de la redefinición del
papel de las instituciones continentales, como la OEA.
En contrapartida, América Latina tal vez sea la
región en que la superación del periodo de dispersión y fragmentación de las
luchas, ante la ofensiva neoliberal, esté más avanzada. Vivimos un momento de
retorno a las movilizaciones y de reorganización de los movimientos sociales. El
“argentinazo”, la derrota del golpe militar en Venezuela, patrocinado por los
Estados Unidos; el aumento de las luchas sociales y de la presencia
institucional de la izquierda en Brasil, el incremento de las movilizaciones en
Paraguay y en Bolivia confirman un nuevo periodo de lucha de
clases.
Este proceso se relaciona con el crecimiento del
movimiento de resistencia a la mundialización capitalista y expresa el
surgimiento de un internacionalismo renovado, una de cuyas expresiones es el
Foro Social Mundial de Porto Alegre. En este
contexto, las resoluciones del XII Encuentro expresan una orientación no sólo
necesaria, sino absolutamente viable.
La
necesidad de alianzas coherentes
Un partido socialista debe buscar alianzas
sociales y políticas, e inclusive alianzas electorales —siempre basadas en
acuerdos programáticos—. De hecho, la viabilidad de un gobierno capaz de llevar
a cabo profundas transformaciones sociales exige coherencia entre programa y
alianzas, en el contexto de una amplia movilización popular y de una profunda
democratización de la sociedad. Alianzas electorales de ocasión con partidos de
centro, centro-derecha o de derecha no sólo no garantizan esa coherencia ni
favorecen nuestra capacidad de movilización y democratización, sino que en la
práctica la imposibilitan.
La ampliación de nuestra política de alianzas, en
dirección al Partido Liberal y otros partidos externos al campo democrático y
popular, es contraria a esta exigencia. No toma en cuenta nuestra propia
historia y tampoco se haya justificada por un análisis serio de nuestros éxitos
y fracasos electorales. Por el contrario, todo los que aprendimos hasta ahora
refuerza la tesis de que un partido socialista y democrático se deslinda
políticamente de la derecha y éticamente de la corrupción, y que las
transformaciones, por las cuales luchamos, exigen la movilización de una
voluntad política a partir de la unidad del campo democrático, con un proyecto
que exprese y movilice las esperanzas y la voluntad de lucha de las mayorías
nacionales.
Orestes Quércia y los sectores del PMDB que se alinean con
él (con quien el Encuentro de São Paulo aprobó esfuerzos previendo una alianza,
que finalmente no se formalizó en el plano estatal, pero está permitiendo el
apoyo de los quercistas a Lula) pueden ser caracterizados como de centro o
centro-derecha. Ya el PL es claramente un partido de derecha. No podemos olvidar
que, en diversos estados, participa de la base de apoyo del gobierno. Sus apoyos
a Paulo Maluf y a ACM son
ejemplos elocuentes de su carácter. En Alagoas, ese partido es controlado por el
principal industrial del estado, Carlos Lira. Sus diputados están involucrados
en escándalos de corrupción y se hallan vinculados con Collor de Mello. Dos de
ellos fueron citados por la CPI del narcotráfico.
El texto de las resoluciones del XII Encuentro,
aun cuando registre que se aprueba el esfuerzo de ampliación de las alianzas y
relación al centro, mantuvo el criterio de tomar el programa como base, y no
mencionó en ningún momento la posibilidad de inclusión de sectores de derecha,
como el PL.
El candidato gobiernista se presenta como un
continuismo sin continuidad y busca legitimarse a sí mismo mediante nuestra
deslegitimación como alternativa, lo que hace intentando igualar a Lula y al PT
con él, tanto en su programa como en sus prácticas. El principal candidato de la
oposición burguesa sigue un camino semejante. En este
escenario, es preciso —más que nunca— mantener la nitidez de nuestro proyecto y,
a partir de él, acreditarnos como representantes del compromiso con la lucha y
la esperanza de millones de brasileños y brasileñas. Somos, por tanto, enteramente contrarios a la alianza con Orestes Quércia y con el
PL, en el plano nacional y estatal —inclusive, naturalmente, en Paraíba. En este
estado, el compañero Avenzoar Arruda, dirigente de DS, la coalición con el PL y
la aceptación de un candidato a vicegobernador de ese partido. Esta posición,
sin embargo, no fue respaldada por la tendencia. Al contrario, esta posición —la
alianza con el PL— es frontalmente contraria a lo que históricamente defendemos
en el PT.
La
perspectiva del socialismo
El fracaso del neoliberalismo, en particular en
América Latina, evidencia que el capitalismo no es una solución. El modelo de
desarrollo económicamente viable, ecológicamente sustentable y socialmente justo
que defendemos no podrá ser construido dentro de sus
límites.
Defendemos el vínculo de una perspectiva de
gobierno a un proceso de cambios más amplio, y la construcción del socialismo.
Esto es respaldado no sólo por las posiciones históricas del PT, sino por
algunas experiencias de administración del partido que, entre otras medidas,
iniciaron una incorporación de sectores de la población organizada a las
decisiones de gobierno.
Es respaldado, también, por la evolución de la
coyuntura internacional, como fue expresamente reconocido en el texto de las
“Directrices”, aprobado en el Encuentro de Recife: se llevan a cabo revueltas
populares en diversos países, en particular en América Latina, donde el caso de
Argentina es la última y más radical manifestación de las consecuencias de una
política impuesta por el FMI. La creciente inestabilidad de la economía mundial,
con la serie de crisis, ha restado legitimidad al proyecto neoliberal. Este
cambio del cuadro mundial permite combinar la defensa de la soberanía con la
lucha por un orden internacional radicalmente distinto del actual. A la
mundialización del capital y de los mercados debemos oponer la solidaridad y el
internacionalismo de los pueblos. Es en este contexto donde la defensa del
socialismo democrático comienza a volverse más favorable, al tiempo que crece la
perspectiva de apoyo a un programa de izquierda a escala internacional
(“Directrices”, item 54).
La victoria del PT en las elecciones será
conmemorada por la izquierda en todo el mundo. Al contrario de las recientes
victorias electorales de la derecha, especialmente en Europa, un gobierno de
izquierda en Brasil abriría nuevas posibilidades a la lucha socialista. El
fortalecimiento de la soberanía nacional, el no haber firmado el acuerdo del
ALCA, un proyecto de desarrollo económico que acabe con la dependencia, un
vigoroso movimiento de participación popular, la decisión democrática de todo lo
que es público, son iniciativas que proyectarían otro
modelo.
Crítica a
la posición de la mayoría de la dirigencia del partido
En tres aspectos fundamentales la posición de la
mayoría de la dirigencia del Partido, en las elecciones, debe ser criticada: en
la expresión del contenido programático de la campaña, en la definición de las
alianzas y en el funcionamiento del partido.
En primer lugar: ante la presión de los
“mercados”, nuestro candidato y otros representantes de la campaña han tenido
posiciones contradictorias. Por un lado, han señalado correctamente la
responsabilidad del gobierno de Fernando Henrique Cardoso en la crisis (tanto
por la política que agravó la dependencia de la economía brasileña, como por las
repetidas insinuaciones de que los candidatos de la oposición serían
irresponsables) y también han refrendado los compromisos los compromisos del
partido con los cambios. Por el otro, sin embargo, han cedido a la presión y
multiplicado declaraciones que buscan tranquilizar a los mercados, corriendo el
riesgo de colocar en un segundo plano las directrices programáticas aprobadas en
el Encuentro de Recife y, aún peor, de afirmar que el gobierno del PT mantendría
un razonable grado de continuidad de la actual política
económica.
La “Carta ao Povo Brasileiro” de Lula sintetiza
estas orientaciones contradictorias: reafirma el compromiso con cambios
fundamentales, pero al mismo tiempo da garantías de que se mantendrán los
aspectos de la actual política económica que más agradan al capital financiero.
Peor aún: mientras que la reafirmación de los compromisos con cambios es
genérica, las garantías a los “mercados” son muy precisas.
Naturalmente, toda manifestación del PT en favor
de la continuidad de los aspectos de la actual política económica beneficia al
candidato del gobierno. Él puede, con razón, presentarse como el más coherente
en esta línea, y ya lo ha hecho.
Por otro lado, como sería de esperarse, el
esfuerzo para tranquilizar a los “mercados” ha dado resultados muy modestos. Sus
intérpretes (en particular, los economistas de bancos) y los miembros del equipo
económico del gobierno han dicho que reconocen que Lula ha hecho un esfuerzo
importante por aproximarse a las posiciones que defienden, pero, de igual
manera, afirman que es necesario que Lula vaya mucho más lejos en este sentido.
El ministro Malan “sugirió” que se
estableciera un compromiso con la manutención del presidente del Banco Central.
Otros voceros de los “mercados” han dejado clara la inviabilidad del esfuerzo de
Lula y de la dirección de la campaña para ganar su confianza: dicen que “la
reputación es algo que se construye con el tiempo”, y que sólo después de
algunos años Lula podría ser visto como amigo de los
mercados.
De hecho, la única medida de Lula que agradaría
plenamente a los “mercados” sería el anuncio de que retira su candidatura. Desde
luego, hacerlo de ninguna manera eliminaría la crisis, cuyo origen profundo está
en el agravamiento de la dependencia, provocado por las políticas del gobierno
de Fernando Henrique Cardoso.
La mejor alternativa para vencer el chantaje no es
rendirse al chantajista, sino contribuir a reforzar la percepción, que gran
parte de la población tiene ya, de que sus intereses son contrarios a los de los
banqueros y especuladores; es conquistar la disposición de lucha de la mayoría,
para enfrentar los obstáculos que se oponen a la construcción de otro
país.
El segundo y el tercer aspectos criticables de la
posición de la mayoría de la dirigencia del PT están interrelacionados: la
política de alianzas y el funcionamiento del partido. Es decir: tanto el
contenido de esta política, como la manera en que es conducida por la dirigencia
merecen una fuerte crítica.
El acuerdo con el PL presenta aspectos inéditos
que van más allá de la aprobación de una coalición con un partido claramente de
derecha (lo que ya de por sí es completamente inaceptable). La orden dada por la
mayoría de la dirigencia nacional del PT es cumplir todo lo que el PL exige, lo
que significa crear condiciones para que este partido elija el mayor número
posible de diputados. En los estados en que interesa al PL hacer alianza con el
PT para elegir parlamentarios, se impone dicha coalición. En algunos casos,
además, la coalición sólo se realiza para las elecciones proporcionales. Donde
al PL no le interesa hacer alianza (como en São Paulo, Bahía o Río de Janeiro),
este partido tiene la libertad de hacer lo que desee (como apoyar a Maluf, a
Antônio Carlos Magalhães y Garotinho). No hay incoherencia
de parte del PL al dar estos apoyos: quien es incoherente es el PT o, mejor
dicho, de la mayoría de su dirigencia nacional.
De hecho, sólo es posible comprender la posición
que defiende Lula cuando entendemos que su propósito de coalición con el PL no
es precisamente apoyar a ese partido, que, por otra parte, sólo será muy
parcialmente. Lo que le interesa es ganar tiempo televisivo y, sobre todo, la
posibilidad de tener a un gran empresario como
vicepresidente.
En relación con Alagoas, la imposición del PL
violenta toda la construcción histórica del partido en el estado y es una falta
de respeto a la conciencia de los militantes en su conjunto. Echa por la borda
la posibilidad de conquistar un gobierno de izquierda, sin el yugo de los
industriales y sin acuerdo con el sindicato del crimen. Por eso había unanimidad
del PT estatal contra la alianza con el PL. Por eso la compañera Heloisa Helena
y otros compañeros y compañeras retiraron sus candidaturas.
En ningún momento la política de coalición con el
PL fue debatida por entero y de manera clara, en todas sus implicaciones, por el
pleno del partido. El contenido de las discusiones en la negociación con el PL
no fue dado a conocer; en lugar de ello, este acuerdo insólito está imponiéndose
de arriba para abajo.
Defendemos un partido democrático, en que las
decisiones sean tomadas y respetadas —especialmente las resoluciones de los
Encuentros—. Un partido donde los candidatos no estén por encima del partido.
Esto es fundamental por razones programáticas y por electorales: la democracia
interna nos da credibilidad para defender la democracia en la
sociedad.
El carácter de la coalición con el PL nos obliga a
preguntar: ¿cómo puede cambiarse un país reproduciendo las prácticas de la
política tradicional? La política de garantías a los “mercados” y de alianzas
con sectores del centro y de la derecha ha sido conducida por la mayoría de la
dirigencia nacional con el argumento de que es más favorable a la elección de
Lula. Aun
cuando esto fuera cierto, no bastaría para justificarla: nuestro objetivo no
puede ser ganar una elección a cualquier precio, abandonando nuestra coherencia
y nuestro programa. Con todo
ello, resulta muy dudoso que el cálculo de que esta política sea electoralmente
favorable sea correcto. Finalmente, la coherencia siempre fue un patrimonio del
PT e constituye una gran ventaja también en el plano electoral. Tener un
vicepresidente como el senador José Alencar (que además de gran empresario
pertenece a un partido que apoya a Maluf y a Antônio Carlos Magalhães) no ayuda
a la candidatura de Lula: contradice toda la historia de Lula y del PT. Además,
el hecho de que Lula aparezca defendiendo políticas de Cardoso, Malan y Fraga
—como el aumento del superávit primario del gobierno y metas de inflación, sólo
puede beneficiar a la candidatura de Serra o, quien sabe, beneficiar a un
candidato que puede identificarse de forma más natural con la idea