El otro día en la Masa Crítica mientras me entregaba a una entrevista previamente concertada y sobre la marcha con una de las pocas periodistas especializadas en asuntos de ecología y medio ambiente, me ocurrió algo que me produjo un profundo sentimiento de reflexión. El asunto es que circulando entre las bicicletas de la Masa y a la altura de la plaza de los toros, un ciclista me dio un pito y me animó a usarlo, el ciclista llevaba una bolsa llena de pitos de plástico que repartía por doquier. Sonreí, lo acepté por pura cortesía y le expresé de manera tranquila que el ruido de los pitos quizás podía estar lejos de la filosofía ya no solo de la Masa Crítica, si no también de la bicicleta como regeneradora de ese territorio perdido y necesario que se llama silencio. Creo que no me oyó, el ruido de los pitos de un grupo de ciclistas de alrededor se lo impidieron.
Salud, bicicleta y...silencio
Fernando