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Asunto:[gap-argentina] IMPIDEN A JESUS ENTRAR EN EL CONCLAVE DE CARDENALES.
Fecha:Miercoles, 13 de Marzo, 2013  16:09:28 (-0300)
Autor:Monica Barbagallo <monica.barbagallo @.....com>

ÔĽ¿

 
----- Original Message -----
 



IMPIDEN A JESUS ENTRAR EN EL CONCLAVE DE CARDENALES.
 
Publicado por Lonardo BOFF (Teologo Brasile√Īo) el 13/03/13 
 
De todas partes del mundo ven√≠an cardenales de la Iglesia Cat√≥lica, cargando cada cual las angustias y las esperanzas de sus pueblos, unos martirizados por el sida y otros atormentados por el hambre y por la guerra. Pero todos mostraban cierto malestar y verg√ľenza pues hab√≠an salido a la luz los esc√¡ndalos, algunos hasta criminales, de los curas pederastas; otros involucrados en el lavado dedinero de la mafiay de los italianos super ricos que, para escapar de los duros ajustes financieros del gobierno italiano, utilizaban el buen nombre del Banco Vaticano para enviar millones de eurosa Alemania y a Estados Unidos. Y hab√≠a tambi√©n esc√¡ndalos sexuales en el interior de la Curia as√≠ como intrigas internas y luchas de poder.
 
Ante la gravedad de la situaci√≥n, el Papareinante sinti√≥ que le faltaban fuerzas paraenfrentar una crisis tan dura y, constatando el colapso de su propia teolog√≠a y el fracaso del modelo de Iglesia, distanciado del Vaticano II, que hab√≠a tratado sin √©xito de poner en pr√¡ctica en la cristiandad, acab√≥ honestamente renunciando.No era la cobard√≠a de un pastor que abandona el reba√Īo, sino el coraje dedejar su lugar a una persona m√¡s adecuada para sanar el cuerpo herido de la Iglesia-instituci√≥n.
 
Por fin llegaron todos los cardenales, algunos retrasados, a la sede de san Pedro para elegir un nuevo Papa. Hicieron varias reuniones previas para ver como enfrentaban ese hecho ins√≥lito de la renuncia del papa y qu√© hacer con el voluminoso informe del estado de degeneraci√≥n de la administraci√≥n central de la Iglesia. Y finalmente decidieron que no pod√≠an esperar m√¡s y que en pocos d√≠as deber√≠an realizar el C√≥nclave.
 
Oraron juntos y discutieron el estado de la Tierra y de la Iglesia, especialmente la crisis moral y financiera que a todos preocupaba e incluso escandalizaba. Consideraron, a la luz del Esp√≠ritu de Dios, cu√¡l de ellos ser√≠a el m√¡s apto para la dif√≠cil misi√≥n de ¬ęconfirmar a sus hermanos y hermanas en la fe¬Ľ, mandato que el Se√Īor hab√≠a dado a Pedro y sus sucesores, y recuperar la moralidad perdida de la instituci√≥n eclesi√¡stica.
 
Mientras estaban all√≠, encerrados y aislados del resto del mundo, he aqu√≠ que aparece un se√Īor que por el modo de vestir y el color de su piel parec√≠a ser semita. Lleg√≥ a la puerta de la Capilla Sixtina y dijo a uno de los cardenales retrasados: ‚Äúentro con usted, pues todos los cardenales son mis representantes y necesito urgentemente hablar con ellos‚ÄĚ. El cardenal, pensando que se trataba de un loco, hizo un gesto de irritaci√≥n y ben√©volamente le dijo: ‚Äúresuelva su problema con la guardia suiza‚ÄĚ.Y cerr√≥ la puerta.
 
Entonces, este extra√Īo se√Īor, se dirigi√≥ calmadamente al guardia suizo y le pregunt√≥: ¬¿puedo entrar para hablar con los cardenales, mis representantes? El guardia lo mir√≥ de arriba abajo, no dando cr√©dito a lo que o√≠a y, perplejo, le pidi√≥ que repitiese lo que hab√≠a dicho. Y √©l lo repiti√≥. El guardia, con cierto desd√©n, le dijo: ‚Äúaqu√≠ s√≥lo entran los cardenales y nadie m√¡s‚ÄĚ. Pero aquella enigm√¡tica figura insisti√≥: ‚Äúpero yo acabo de hablar con un cardenal y todos ellos son mis representantes, por eso me permito estar con ellos‚ÄĚ.
 
El guardia, con raz√≥n, pens√≥ que estaba ante uno de esos paranoicos que se presentan como C√©sar o Napole√≥n. Llam√≥ al jefe de la guardia que hab√≠a o√≠do todo. √Čste lo agarr√≥ por los hombros y le dijo con voz alterada: ¬ęEsto no es un hospital psiqui√¡trico; s√≥lo un loco imagina que los cardenales son sus representantes¬Ľ. Mand√≥ que lo llevasen al jefe de polic√≠a de Roma. All√≠, en el edificio central, se oy√≥ la misma petici√≥n:¬ęnecesito hablar urgentemente con mis representantes, los cardenales¬Ľ. El jefe de polic√≠a ni siquiera se tom√≥ la molestia de escucharle. Con un simple gesto orden√≥ que lo retirasen. Dos polic√≠as robustos lo metieron en una celda oscura.
 
All√≠ dentro continuaba gritando. Como nadie consegu√≠a hacerle callar, le dieron pu√Īetazos en la boca y muchos golpes. Pero √©l, sangrando, segu√≠a gritando: ¬ęnecesito hablar con mis representantes, los cardenales¬Ľ. Hasta que un soldado enorme irrumpi√≥ celda adentro y comenz√≥ a golpearlo sin parar hasta que cay√≥ desmayado. Despu√©s le amarr√≥ los brazos con un trapo y lo colg√≥ de dos soportes que hab√≠a en la pared. Parec√≠a un crucificado. Y ya no se oy√≥ m√¡s gritar: ¬ęnecesito hablar con mis representantes, los cardenales¬Ľ.
 
Sucede que este misterioso personaje no era cardenal, ni patriarca, ni metropolitano, ni arzobispo, ni obispo, ni cura, ni bautizado, ni cristiano, ni católico. Era un hombre sencillo, un judío de Galilea. Tenía un mensaje que podía salvar a la Iglesia y a toda la humanidad. Pero nadie quiso escucharlo. Su nombre es Jeshua.
Cualquier semejanza con Jes√ļs de Nazaret, de quien los cardenales se dicen representantes, no es mera coincidencia sino la pura verdad.
 
¬ęVino a los suyos y los suyos no lo recibieron¬Ľ, observ√≥ m√¡s tarde con tristeza un evangelista suyo.
Traducción de María Jose Gavito Milano