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Asunto:[gap-argentina] Un buen análisis de la situación actual...
Fecha:Jueves, 6 de Septiembre, 2007  14:01:40 (-0300)
Autor:Monica Barbagallo <monicaba @..........ar>

 
----- Original Message -----
From: mauricio 

Anatomía de una crisis financiera de alcance planetario

Michael R. Krätke


Hace cuatro semanas el mundo todavía parecía en orden: la economía
mundial y los mercados financieros estaban en apogeo. Ahora tenemos un
crac bursátil a plazos que desemboca en una crisis del mercado
monetario: los bancos centrales no dejan de inyectar capital a los
mercados financieros. En Alemania, la Banca Regional de Sajonia está
particularmente en un brete y ha tenido que ser rescatada por cajas de
ahorros y otras bancas regionales con una dosis de supervivencia de
17,3 mil millones de euros. El Estado de Sajonia garantiza esta
extremadamente desusada suma, que sobrepasa su presupuesto anual.

La clase política se ejercita en conjuros de buena salud, pero todos
los concernidos saben que lo peor está por llegar. Como muy tarde,
cuando estallan otras burbujas especulativas. Por ahora, el bello
nuevo orden de los mercados financieros internacionales
"liberalizados" se ve sometido a una dura prueba. El popular dogma,
conforme al cual los mercados financieros -y la economía mundial- son
tanto más "eficientes" y "estables", cuanto más desregulados y
liberalizados están, esa fe del carbonero, quedó en suspenso.  Por
doquier se escucha el clamor de imponer reglas y bridas a los agentes
de los mercados financieros.

Más de 5 millones de casas está a la venta en EEUU

¿Qué ha pasado? En EEUU ha estallado una gigantesca burbuja
inmobiliaria. Bajos intereses, precios inmobiliarios en constante
incremento (hasta un 20% anual en los mejores emplazamientos), un
mercado hipotecario en hiperbólica expansión han mantenido al trote la
economía de EEUU. El boom  alimentaba el consumo privado, el
endeudamiento de los hogares estadounidenses subía desaforadamente
hasta llegar, de media, al 120% del ingreso anual, constituido en sus
tres cuartas partes por deudas hipotecarias. Los bancos hipotecarios y
los fondos inmobiliarios ofrecían de barato crédito a la gente,
incluso a quienes nunca habrían podido permitirse poseer casa propia.
La previsible ruina de un sinnúmero de pequeños propietarios de
viviendas no representaba el menor problema, siempre, claro es, que se
mantuviera el boom. Los bancos y las sociedades financieras ganaron
fabulosamente con ello, lo mismo que la muchedumbre de gestores
inmobiliarios.

Desde hace meses crece la morosidad, y las ventas forzadas suben
astronómicamente; más de 5 millones de viviendas están a la venta en
EEUU. Por vez primera en diez años comienzan a bajar los precios, y se
disparan los intereses. La crisis ha estallado -como no podía ser de
otro modo- en el segmento subprime del mercado, entre las familias más
pobres con pocos (y en términos reales, descendentes) ingresos. Más de
dos millones de norteamericanos han perdido sus casa, hay más de 500
mil millones de dólares acumulados en morosidad: un tsunami de
hipotecas fallidas arrasa el país.

Con la espectacular quiebra en junio pasado de dos hedge funds
multimillonarios pertenecientes al quinto mayor banco estadounidense
de inversiones -Bear Stearns- se perdieron, por lo pronto, 1.600
millones de dólares. Además, las acciones de Bear Stearns se
desplomaron, los mismo que las de muchos otros fondos de inversiones,
bancos y aseguradoras: más de 200 mil millones de dólares se perdieron
de la noche a la mañana. Wall Street se estremeció, y el resto de los
mercados de valores del mundo reaccionaron de inmediato. Pues el
colapso de los dos fondos hedge era una señal de alarma para todos los
iniciados. Los bolsistas reaccionaron pánica pero lógicamente: pues
los créditos morosos se hallan por doquier, y son bombas de tiempo
colocadas, no sólo en el sistema financiero estadounidense, sino
distribuidas por el mundo entero. Porque la burbuja inmobiliaria sólo
podía crecer en la medida en que los financieros siguieran creyendo en
la posibilidad de poner a la venta en cualquier momento hasta los
peores y más arriesgados créditos hipotecarios. Esos créditos, lo
mismo que todos los demás tipos de deuda, así como los pagos futuros
de intereses y las amortizaciones a futuro, se han transformado en
mercancías comerciables. De manera que hasta los créditos flojos y aun
tambaleantes servían de base a una vertiginosamente  expandida
sobrestructura de derivados crediticios en manos de especuladores
profesionales. Créditos hipotecarios y de otros tipos fueron
empaquetados en masa y usados como garantía para nuevos títulos: los
bancos hipotecarios vendían esos títulos respaldados por hipotecas
(mortgage backed securities) traspasando así su riesgo crediticio a
otros, a bancos, fondos de inversiones y aseguradoras. Éstos no se
preocupaban de la calidad de la deuda hipotecaria originaria, porque
también ellos pretendían vender a su vez esos títulos.

Mientras se mantiene un boom inmobiliario, esos títulos son lucrativas
inversiones monetarias, los hedge funds se los disputan, la
securitization de todo tipo de deudas y la emisión de esos títulos
hipotecariamente respaldados se convierte en una rama en auge, a la
que se abalanzan fondos especiales. El comercio a escala planetaria
con esos derivados se da al margen de las bolsas, la concurrencia
entre los grandes hedge funds  dispara sus precios, de manera que,
sobre la burbuja inmobiliaria, se forma una nube de ulteriores
burbujas de derivados.

¿Qué ocurre, empero, cuando todos los créditos que se hallan en la
base fallan en masa? Entonces se hace imperiosamente claro para los
concernidos que están cabalgando sobre una ola de valores ficticios
generada por ellos mismos. Puesto que las garantías no lo son de nada,
se desvanece el valor de los títulos garantizados, los bancos quieren
la devolución de los dineros prestados a corto plazo, los hedge funds
no pueden seguir vendiendo sus títulos y entran en bancarrota. Con lo
que también aquellos bancos, aseguradoras y fondos de inversiones que
financiaron la especulación con esos derivados se ven en muy serios
aprietos. Puesto que esos derivados fueron comercializados a escala
planetaria, se ven también súbitamente en dificultades bancos que
jamás financiaron una hipoteca en EEUU. Pero participaron -como la
IKB, como la Westdeutsche y el Banco Regional de Sajonia y muchos
otros- en hedge funds, cuando no crearon los propios, que especulaban
con tales derivados crediticios. Sus pérdidas repercutieron a través
de las cotizaciones de los mercados de valores; en todo el mundo, los
valores financieros se desplomaron, y, esperando una ola de quiebras,
los inversores huyeron en masa. También los bancos que juegan en
primera división, y que nada tienen que ver con la especulación
inmobiliaria, se ven ahora en aprietos.

Las economías exportadoras china y alemana y el fin de los mercados
estadounidenses

Caídos los primeros bancos, como en EEUU, o penosamente rescatados,
como en Alemania, comienza el siguiente acto del drama: la crisis del
mercado monetario. Puesto que los bancos saben que todos los demás
están empantanados, pero no con qué profundidad, ponen límites severos
al préstamo interbancario, exigiendo muy elevados intereses para
créditos a corto plazo. En otras palabras: el sector más estable de
los mercados financieros, el tráfico crediticio interbancario, se
contrae súbitamente. Sólo los bancos centrales pueden entonces
intervenir como lender of last resort -como prestamistas últimos-, lo
que han hecho masivamente durante días.

El Banco Central Europeo (BCE) inyectó más de 200 mil millones de
euros para créditos a corto plazo en el mercado monetario, la FED
estadounidense abrió la espita crediticia menos generosamente, pero
bajo claramente los intereses y alargó el plazo de los créditos a
corto plazo. En todo el mundo se ha seguido el ejemplo. Aun si con eso
pareciera al pronto superada la crisis del mercado monetario, lo
cierto es que la crisis financiera mundial no ha hecho sino comenzar.

Para cubrir pérdidas, los hedge funds y los bancos venden los títulos
que aún conservan algo de valor; títulos petrolíferos o títulos de
metales. No tardan entonces en caer el precio del petróleo y los
precios de los metales por doquier. Muchos inversores conservadores
del mundo entero huyen buscando refugio en títulos seguros, es decir,
en bonos estatales. Simultáneamente, se interrumpe la ola de fusiones
y tomas de control empresariales -que en lo que va 2007 se elevaba ya,
en el conjunto del planeta, a más de 3 billones de dólares-, puesto
que los bancos restringen drásticamente sus condiciones crediticias.
Puesto que ahora  resulta arriesgado y muy caro conducir con la marcha
larga del crédito, muchos megadeals previstos o ya en marcha, cuando
no rotos, aplazados; los bancos experimentan enormes dificultades a la
hora de seguir suministrando créditos multimillonarios ya concedidos.
Las operaciones en los mercados de valores se aplazan, el mercado de
nuevas emisiones se viene abajo, el segundo motor del rallye
bolsístico entra en tremolina, adiós a las acciones en alza.

El final del túnel dista aún por mucho de estar a la vista. Los
mercados de valores señalan actualmente el descenso de las
cotizaciones más abrupto desde hace años. Bancos y hedge funds en el
mundo entero siguen quitándose de encima derivados crediticios
preñados de riesgo que habían financiado con dinero japonés barato;
los créditos tienen que ser devueltos en yenes, al pronto se dispara
hacia arriba el cambio del yen y se hunden las cotizaciones en Tokio.
Vendrá ahora la crisis del dólar, y con ella, la crisis del comercio
mundial, así que a las economías exportadoras china y alemanas se les
acaben los mercados estadounidenses.

Michael Krätke estudió economía y ciencia política en Berlín y en
París. Actualmente es profesor de ciencia política y de economía en
varias universidades alemanas y en el extranjero, desde 1981
principalmente en Amsterdam. Coeditor de la revista alemana SPW
(Revista de política socialista y economía) y de la nueva edición
crítica de las Obras Completas de Marx y Engels (Marx-Engels
Gesamtausgabe, nueva MEGA). Investigador asociado al Instituto
Internacional de Historia Social en Amsterdam. Autor de numerosos
libros sobre economía política internacional.





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