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Asunto:[GAP] El Universo Holográfico - Por Brian Steensma
Fecha:Domingo, 10 de Diciembre, 2006  12:21:30 (-0300)
Autor:Graciela Wartelski <graciela.wartelski @.....com>

Holographic Universe; Does Objective Reality Exist----- Original Message -----  
From: artesyoficios  
 
To: Manantial del Caduceo  
 
  
 
El Universo Holográfico; ¿Existe La Realidad Objetiva? 
 
Por Brian Steensma 
 
bx@... 
 
http://www.gaianxaos.com 
 
  
 
En 1982 tuvo lugar un acontecimiento notable. En la Universidad de Paris, un
equipo de investigación dirigido por el físico Alain Aspect realizó el que podría
ser uno de los experimentos más importantes del siglo XX. Ustedes no oyeron
hablar de ello en las noticias de la noche. De hecho, a menos que tengan la
costumbre de leer prensa científica probablemente no habrán oído mencionar a
Aspect, pese a que muchos creen que su descubrimiento podría cambiar la faz de la
ciencia. 
 
  
 
Aspect y su equipo descubrieron que, bajo ciertas circunstancias, partículas
subatómicas como los electrones son capaces de comunicarse instantáneamente entre
sí independientemente de la distancia que las separe. No importa si se están
separados 10 pies o 10 mil millones de millas.  
 
  
 
De alguna manera, una partícula parece saber siempre lo que está haciendo la
otra. El problema que hay con este hecho es que viola el principio de Einstein
tanto tiempo mantenido de que ninguna comunicación puede viajar más rápido que la
velocidad de la luz. Como viajar más deprisa que la velocidad de la luz equivale
a romper la barrera del tiempo, tan intimidante panorama ha originado que algunos
físicos intenten salirle al paso con elaboradas maneras de explicar algunos de
los hallazgos de Aspect. Pero ha inspirado a otros a ofrecer explicaciones aún
más radicales.  
 
  
 
El físico de la Universidad de Londres David Bohm, por ejemplo, cree que los
hallazgos de Aspect implican que la realidad objetiva no existe y que, a pesar de
su aparente solidez, el universo es un fantasma de corazón, un holograma gigante
espléndidamente detallado.  
 
  
 
Para comprender por qué Bohm hace tan sorprendente aseveración, primero hay que
saber un poco de hologramas. Un holograma es una fotografía tridimensional hecha
con la ayuda de un láser. 
 
  
 
Para hacer un holograma, el objeto a fotografiar primero es bañado por la luz de
un haz láser. Después, se hace rebotar un segundo haz láser reflejando la luz del
primero y el patrón de interferencia resultante (la zona en la que confluyen
ambos haces láser) es captado sobre una película. 
 
  
 
Cuando se revela la película, parece una maraña de luz y líneas oscuras
desprovista de significado. Pero tan pronto como se ilumina la película revelada
mediante otro haz láser, aparece una imagen tridimensional del objeto original.  
 
  
 
La tridimensionalidad de tales imágenes no es la única característica notable de
los hologramas. Si se corta por la mitad el holograma de una rosa y después se lo
ilumina con un láser, se observa que cada una de las mitades sigue conteniendo la
imagen entera de la rosa.  
 
  
 
Además se observa que, aunque se vuelvan a dividir esas mitades, cada fragmento
de la película siempre contendrá una versión más pequeña pero intacta de la
imagen original. A diferencia de las fotografías convencionales, cada parte de un
holograma contiene toda la información que posee el todo.  
 
  
 
Esa naturaleza del “todo en cada parte” del holograma nos proporciona una manera
completamente nueva de entender la organización y el orden. Durante la mayor
parte de su historia, la ciencia occidental ha trabajado bajo el condicionamiento
de que la mejor manera de entender un fenómeno físico, ya se trate de un átomo o
de una rana, es diseccionarlo y estudiar sus partes respectivas. 
 
  
 
El holograma nos enseña que algunas cosas del universo posiblemente no permiten
ese enfoque. Si intentamos dividir algo construido holográficamente, no
obtendremos las piezas de las que se compone, sólo obtendremos “todos” más
pequeños.  
 
  
 
Este convencimiento indicó a Bohm otra manera de entender el descubrimiento de
Aspect. Bohm cree que la razón por las que las partículas subatómicas son capaces
de permanecer interconectadas independientemente de la distancia que las separe
no se debe a que se emita y reciba alguna clase de misteriosa señal, sino a que
su separación es una ilusión. Alega que, en algún nivel más profundo de la
realidad, tales partículas no son entidades individuales, sino que en realidad
son extensiones del mismo “algo” fundamental. 
 
  
 
Para permitir que se visualice mejor lo que quiere decir, Bohm brinda la
siguiente explicación.  
 
  
 
Imagínense un acuario que contuviese un pez. Imaginen que, además, son incapaces
de ver el acuario directamente, por lo que su conocimiento acerca de él proviene
de dos cámaras de televisión, una situada de frente al acuario y la otra
tomándolo de costado. 
 
  
 
Como atienden a dos pantallas de televisión, podrían asumir que los peces que
ven en cada pantalla son dos entidades separadas. Después de todo, como las
cámaras están colocadas en ángulos diferentes, cada una de las imágenes será
ligeramente diferente. Pero si siguen observando los dos peces, terminarán por
darse cuenta de que hay cierta relación entre ambos.  
 
  
 
Cuando uno se da vuelta, el otro a su vez también hace algo levemente distinto,
pero que se corresponde; cuando uno mira de frente, el otro siempre mira de
costado. Aunque no se perciba todo el panorama de la situación, se podría llegar
a concluir que los peces deben estar comunicándose instantáneamente, pero está
claro que no es el caso.  
 
 
Según Bohm, esto es precisamente lo que pasa entre las partículas subatómicas
del experimento de Aspect. Lo que nos está señalando la conexión entre partículas
subatómicas, aparentemente más rápida que la velocidad de la luz, es que hay un
nivel de realidad más profundo del que no estamos exentos, una dimensión más
compleja que la nuestra, análoga al acuario. Además, consideramos separados a
objetos como las partículas subatómicas porque sólo estamos observando una
porción de su realidad.  
 
  
 
Estas partículas no son “partes” separadas sino facetas de una unidad más
profunda y fundamental que, en última instancia, es tan holográfica e indivisible
como la rosa antes mencionada. Además, dado que todo lo que hay en la realidad
física está compuesto por estos “espectros”, el propio universo en sí mismo es
una proyección, un holograma.  
 
  
 
Además de esa naturaleza espectral, un universo como ese poseería otros rasgos
más que perturbadores. Que la aparente separación entre las partículas
subatómicas sea ilusoria supone que, en un nivel más profundo de la realidad,
todas las cosas que hay en el universo están infinitamente interconectadas.  
 
  
 
Los electrones de un átomo de carbono de cualquier cerebro humano están
conectados con las partículas subatómicas que componen cada salmón que nada, cada
corazón que late y cada estrella que centellea en el cielo.  
 
  
 
Todo lo interpenetra todo y, pese a que la naturaleza humana pueda pretender
categorizar, caracterizar y subdividir los diversos fenómenos del universo, todas
las clasificaciones son necesariamente artificiales porque al final lo único que
existe en la naturaleza es un red sin fisuras. 
 
  
 
En un universo holográfico ni siquiera el tiempo o el espacio pueden seguir
siendo considerados como algo básico. En un universo en el que, en realidad, nada
está separado de ninguna otra cosa, conceptos tales como la localización se
quiebran; el tiempo y el espacio tridimensional, al igual que las imágenes del
pez en las pantallas de TV, también deberían ser considerados proyecciones de un
orden más profundo.  
 
  
 
En su nivel más profundo, la realidad es una especie de superholograma en el que
tanto pasado como presente y futuro coexisten simultáneamente. Esto sugiere que,
contando con las herramientas adecuadas, debería ser posible incluso que algún
día se accediese a un nivel superholográfico de la realidad del que se obtuviesen
escenas de un pasado remoto. 
 
  
 
La pregunta de qué más contiene el superholograma tiene un final abierto.
Admitido en interés del argumento que el superholograma sea la matriz de la que
ha surgido todo lo que existe en nuestro universo, y que, por lo menos, contendrá
a todas las partículas subatómicas que hayan existido o existirán, contendrá
todas las configuraciones posibles de materia y energía, desde los copos de nieve
a los quásares, desde las ballenas azules a los rayos gamma. Debe ser considerado
como una especie de almacén cósmico de “Todo Lo Que Es”.  
 
  
 
Pese a que Bohm concede que no tenemos manera de saber qué más pueda yacer
oculto en el superholograma, se aventura a decir que no tenemos razón alguna para
asumir que no contenga todavía más. O, como propone, quizás el nivel
superholográfico de la realidad sea una “mera fase” más allá de la cual
subyacería “una infinidad de desarrollo ulterior”.  
 
  
 
Bohm no fue el único investigador que encontró evidencia de que el universo es
un holograma. Trabajando de manera independiente en el campo de la investigación
cerebral, el neurofisiólogo de Stanford Karl Pribram también está convencido de
la naturaleza holográfica de la realidad.  
 
  
 
Pribram fue atraído al modelo holográfico por el enigma de cómo y dónde se
almacenan los recuerdos en el cerebro. Durante décadas, numerosos estudios han
venido demostrando que los recuerdos, más que estar confinados en una
localización especifica, se encuentran dispersos por todo el cerebro.  
 
  
 
En una serie de experimentos realizados en los años 20 del siglo XX que marcaron
hitos en esta investigación, el científico del cerebro Karl Lashley descubrió
que, independientemente de qué parte del cerebro de una rata extirpase, le era
imposible impedir que ésta recordase cómo realizar tareas complejas que había
aprendido con anterioridad a la cirugía. El único problema era que nadie podía
presentar un mecanismo capaz de explicar esta curiosa naturaleza del
almacenamiento de memoria del “todo en cada parte”.  
 
  
 
Ya en los 60, Pribram descubrió la holografía y se dio cuenta de que había
encontrado la explicación que los científicos del cerebro habían estado buscando.
Pribram cree que los recuerdos no están codificados en las neuronas ni en
pequeñas agrupaciones de éstas, sino en patrones de impulsos nerviosos que van
entrecruzándose por todo el cerebro de la misma manera que la interferencia de
los patrones de luz láser van entrecruzándose por toda la superficie de un
fotograma que contenga una imagen holográfica. En otras palabras, Pribram cree
que el propio cerebro es un holograma.  
 
  
 
La teoría de Pribram también explica que el cerebro humano pueda almacenar
tantos recuerdos en tan poco espacio. Se estima que el cerebro humano tiene la
capacidad de memorizar del orden de 10 mil millones de bits de información
durante una vida humana promedio (lo que equivale a la cantidad de información
contenida en cinco colecciones completas de la Enciclopedia Británica).  
 
  
 
En la misma línea se ha descubierto que, aparte de sus restantes propiedades,
los hologramas poseen una asombrosa capacidad para almacenar información;
simplemente con cambiar el ángulo con el que chocan dos láseres en un fotograma
de película fotográfica, es posible grabar muchas imágenes diferentes sobre la
misma superficie. Está demostrado que un centímetro cúbico de película puede
contener aproximadamente 10 mil millones de bits de información.  
 
  
 
Nuestra habilidad prodigiosa para recuperar con rapidez cualquier información
que nos haga falta del gigantesco almacén de nuestros recuerdos sería más
comprensible si el cerebro funcionase según principios holográficos. Si un amigo
te pide que le digas lo que te venga a la mente cuando dice la palabra “cebra”,
no necesitas transitar por intrincados atajos para recorrer algún tipo de
gigantesco archivo alfabético cerebral a fin de llegar a una conclusión. En lugar
de esto, saltan a tu mente de manera instantánea asociaciones como “rayas”,
“equino” o “animal nativo de África".  
 
  
 
Verdaderamente una de las cosas más asombrosas relativas al proceso del
pensamiento humano es que cada fragmento de información parece establecer de
manera instantánea una correlación con algún otro (es decir, con todos los demás
fragmentos de información), en lo que constituye otro rasgo intrínseco del
holograma. Esto se debe a que cada parte de un holograma está infinitamente
interconectada con cualquier otra parte del mismo, en lo que quizás sea el
ejemplo supremo de la naturaleza de un sistema correlativo.  
 
  
 
El almacenamiento de memoria no es el único enigma neurofisiológico que se hace
más abordable a la luz del modelo holográfico del cerebro de Pribram. Otro es
cómo es capaz el cerebro de traducir la avalancha de frecuencias que recibe a
través de los sentidos (frecuencias de luz, de sonido, etc.) en el mundo concreto
de nuestras percepciones. Precisamente lo que mejor hace un holograma es
codificar y decodificar frecuencias. De la misma manera en que el holograma
funciona como una especie de lente, un dispositivo de traducción capaz de
convertir un borrón de frecuencias, en apariencia carente de significado, en una
imagen coherente, Pribram cree que el cerebro también contiene una lente y que
utiliza principios holográficos para convertir matemáticamente las frecuencias
que recibe a través de los sentidos en el mundo interior de nuestra percepciones.

 
  
 
Un cuerpo de evidencia impresionante respalda el uso por parte del cerebro de
principios holográficos para realizar sus operaciones. De hecho, la teoría de
Pribram ha ido ganando un apoyo creciente entre los neurofisiólogos.  
 
  
 
El investigador ítalo-argentino Zucarelli extendió recientemente el modelo
holográfico al mundo de los fenómenos acústicos. Intrigado por el hecho de que
los humanos sean capaces de localizar la fuente de los sonidos sin mover la
cabeza, aunque sólo tengan un oído, Zucarelli descubrió que los principios
holográficos pueden explicar esta habilidad. 
 
  
 
Zucarelli también ha desarrollado la tecnología del sonido holofónico, técnica
de grabación capaz de reproducir situaciones acústicas con un realismo
sobrecogedor.  
 
  
 
La creencia de Pribram de que nuestros cerebros construyen una realidad
matemáticamente “sólida” porque confían en los impulsos procedentes de un dominio
de frecuencias dado también ha recibido una importante cantidad de apoyo
experimental.  
 
  
 
Se ha descubierto que cada uno de nuestros sentidos es sensible a un rango de
frecuencias mucho más amplio de lo que previamente se sospechaba.   
 
 
Los investigadores han descubierto, por ejemplo, que nuestros sistemas visuales
son sensibles a las frecuencias de sonido, que nuestro sentido del olfato es una
parte dependiente de lo que ahora se denominan “frecuencias cósmicas”, y que
hasta las células de nuestro cuerpo son sensibles a un amplio rango de
frecuencias. Tales hallazgos apuntan a que sólo en el dominio holográfico de la
conciencia tales frecuencias son fragmentadas y clasificadas en percepciones
convencionales.  
 
  
 
Pero el aspecto del modelo holográfico del cerebro de Pribram que más nos hace
hervir la mente es lo que sucede cuando se lo conjuga con la teoría de Bohm.
Porque si la concreción del mundo no es sino una realidad secundaria y en
realidad lo que está “ahí” es un borrón holográfico de frecuencia y, si el
cerebro también es un holograma que selecciona y extrae de ese borrón sólo
algunas de esas frecuencias, transformándolas matemáticamente en percepciones
sensoriales, ¿en qué se convierte la realidad objetiva?  
 
  
 
Por decirlo con sencillez, deja de existir. Como han señalado tradicionalmente
las religiones orientales, el mundo material es Maya, una ilusión y, pese a que
podamos pensar que somos seres físicos que se mueven por un mundo físico, esto
también es una ilusión.  
 
  
 
En realidad somos “receptores” que van flotando por un mar caleidoscópico de
frecuencias y lo que extraemos de ese mar y transcribimos como realidad física no
es sino un canal más de los muchos extraíbles del superholograma.  
 
  
 
Esta nueva y chocante imagen de la realidad, síntesis de las perspectivas de
Bohm y Pribram, constituye lo que se ha dado en llamar el paradigma holográfico
y, pese a que muchos científicos lo hayan recibido con escepticismo, ha
galvanizado a otros. Un grupo pequeño pero creciente de investigadores creen que
este modelo de la realidad podría ser más exacto que el que hasta ahora nos ha
aportado la ciencia. Es más, algunos creen que podría resolver algunos misterios
que nunca antes pudieron ser explicados por la ciencia, instituyendo incluso lo
paranormal como parte de la naturaleza.  
 
  
 
Numerosos investigadores, incluyendo a Bohm y a Pribram, han reparado en que
numerosos fenómenos parapsicológicos resultan mucho menos incomprensibles bajo
los términos del paradigma holográfico.  
 
  
 
En un universo en el que los cerebros individuales en realidad son partes
indivisibles de un holograma superior y en el que todo está infinitamente
interconectado, la telepatía consiste sencillamente en acceder al nivel
holográfico.  
 
  
 
Obviamente así es mucho más fácil entender cómo puede viajar la información
desde la mente de un individuo “A” a la de otro individuo “B” que esté en un
punto muy distante y ayuda a comprender numerosos enigmas de la psicología
pendientes de resolución. En particular, Grof opina que el paradigma holográfico
brinda un modelo para entender muchos de los fenómenos más sorprendentes que
experimentan los individuos durante los estados alterados de conciencia. 
 
  
 
Para más información sobre la naturaleza de la realidad holográfica, ver  
 
http://www.gaianxaos.com/holographic_reality_of_being.htm 
 
 
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