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Asunto:[GAP] MAÑANA DE RESURRECCIÓN
Fecha:Domingo, 8 de Abril, 2007  13:31:20 (+0200)
Autor:galeon <galeones @.......com>

97-3-30 
                           
       
                      
            
            
 
             «Y hablando así, de aquéllos  
            apóstoles del pasado, vuelvo  
            a repetir lo que en tiempo ya  
            repetí: Están sobre la tierra, y  
            ahora son los llamados Apóstoles 
            de los Últimos Tiempos.» 
               
            
 
                 
 
               
                
                        Mensaje de Resurrección, 30.3.1997  
                
            
                 
             Mensaje de la Stma. Virgen María, recibido en Talavera de la Reina,

               a través de José-Luis Manzano García - el 30 de Marzo, de 1997.  
                                 (A las 7h., mañana de Resurrección.) 
 
            El Maestro:  ¡SHALOM! La Paz del Señor es con todos vosotros. 
            PUBLICO: Y con tu Espíritu Maestro. 
 
            El Maestro:  Ave María Purísima.           
            PUBLICO: Sin pecado Concebida. 
 
            El Maestro:       
               Después de las grandes tormentas llega la calma, pero una calma
que vuelve a recrear una nueva tormenta. Ante Tí, Divina Madre, llego con todo mi
amor, ya que Tú, en tu tristeza, me has acompañado en mi agonía. 
              
               A Tí, todo mi amor..., porque has llorado conmigo las penas de
los hombres.  A Tí, todo mi amor..., porque tu corazón se ha herido como el mío,
por tanta injusticia sobre nuestros hijos.   
 
               A tí  Madre, mis palabras de Gloria.  Pues sobre aquél camino
dejaste plasmado tu amor sobre Mí, y en esta mañana de Gloria  yo lo dejo sobre
tí. Te he entregado como Madre del mundo, de todos los hombres. Y Tú me has
entregado todo tu amor. 
 
               Solamente Tú, desde lo lejos, respondiste a mi soledad, pues
ellos se acobardaron y sintieron el miedo de la carne y me abandonaron, aunque su
amor les hacía seguirme..., a lo lejos.  Pero el miedo de la carne les mantenía
así, muy lejos de mí. ¡Qué tristeza...!, aquélla que ya pasó.    
 
                ¡Qué dolor...!, aquél que ya pasó. También acudo a tí:   
 
               En este día de Gloria puedes verme, ya no como me viste, sino con
Gloria.  ¡Aquí me tienes!   Ya no tienes porqué sufrir. Tu Gran Amigo ha vuelto
para darte toda mi comprensión..., todo mi amor. Y para que tú no te sientas
solo, porque Yo también he vivido la soledad de la que tantas veces me hablas. 
 
               Aquí estoy también para tí. Tú, que cada noche has acompañado a
mi Madre que tanto ha necesitado el amor de sus hijos. Tú, que la tristeza ha
cubierto tu rostro por mí. ¡Aquí me tienes!   
 
               No has de sentir tristeza, aunque sé que difícilmente podrá ser. 
¡Aquí me tienes hijo mío!  Sabes tú que no te voy a abandonar, porque tú no me
has abandonado.  Sabes bien de que tú has estado cuando Yo te he necesitado, y
que Yo estaré contigo cuando tú me necesites, y cuando no me necesites sabrás que
también estoy junto a tí.    
 
               Aquel dolor de aquella agonía ya queda atrás.  Hoy es un día de
alegría para todos, en especial para aquéllos que amáis a mi Padre, pues bien en
ello les aceptó en la voluntad.  También vengo hasta vosotros, porque como cada
año habéis acudido a este lugar a encontraros conmigo. <<<<<<<< 
 
               ¡Aquí estoy!, no tengáis miedo. Refugiaos en Mí. No tengáis
temor, vivid en Mí. Sentid este amor que Yo siento por vosotros.  
 
               Sé mucho de vosotros hijos míos, pues sé que me habéis acompañado
muchos en mi AGONÍA, en mi PASIÓN, en mi DOLOR.  También sé de muchos, que como
en aquélla noche mis amados Apóstoles, durmieron.  
 
               También vosotros durmísteis en el mundo, y pude sentir la soledad
de la que él tantas veces me habla y de la que vosotros también habéis sentido.  
 
               No creáis que os veréis solos, pues por mi parte no dejaré jamás
a mis hijos, pues soy fiel a mi palabra y fiel permanezco: No abandonaré a mis
hijos. Pero fíjate hijo mío.  ¡Mira mis manos!  
 
               En ellas puedes ver las consecuencias de los pecados de los
hombres. 
              
               ¡Mira mis pies!   
               En ellos puedes ver las consecuencias de los pecados de los
hombres.   
 
               Aún puedes ver mi costado. Sé que tú no necesitas adentrar tus
dedos en mis llagas, pero mira:  ¡También sus pecados han taladrado mi pecho...! 
Pero nada ha detenido la Gloria de Dios, por eso hoy estoy con vosotros, pues
como bien dicho está: "Al tercer día llegará con Gloria."  
 
               ¡Aquí estoy!  No me escondo de mis hijos, como vosotros muchas
veces os escondéis de Mí. Yo no persigo a mis hijos, solamente llamo a cada
puerta de cada corazón;  y aquél que me ama me abre,  para que Yo entre a vivir
en su morada.  Aquél que no me conoce, no me abre.  Pero hay quien siente miedo y
pregunta que quién es el que llama. También hay los que duermen y no abren a la
llamada.  
 
               Sé de tus penas hijo mío, sé de tus penas.  Sé cuanto te angustia
el recuerdo del pasado; sé cuanto te angustia el recuerdo del presente.  Sé de
todas tus penas y sé de todo cuanto haces por Mí.   
 
               Desde lo más profundo de mi sepulcro pude escuchar anoche tus
palabras. ¡Qué palabras hijo mío! ¡Qué palabras...!  En sí, a cuantos te aman,
demostraste bien quién eres, pues tú no te sirves de hacer prodigios sino de dar
palabras. También sé de vuestras penas hijos míos.   
 
               Si os abandonárais en Mí, vuestras penas no os angustiarían. Si
os abandonárais en Mí..., vuestras penas no os derrumbarían. Por eso os pido que
os abandonéis en Mí, y que confiéis plenamente en Mí, pues Yo no os voy a
abandonar. ¡No os abandonaré!   
 
               Cuando Yo sufría en el Huerto de los Olivos, ¿dónde estábais
hijos míos?   Os puedo preguntar porque sólo me sentí, y solo vi a unos pocos de
mis hijos que me acompañaban. Cuando llegó mi hora..., ¿dónde estábais?   
 
               Puedo preguntar, pues solo vi a unos pocos de mis hijos.  
 
               Cuando mi Madre más os ha necesitado, ¿dónde estábais? También
puedo preguntar, pues solo vi a unos pocos de mis hijos.  
 
               Y vosotros podréis preguntar en cada acto de vuestra vida que
dónde estaba Yo.   Ni siquiera podréis preguntar, porque siempre he estado
presente, y no os he dado el abandono.  Pero tanto os he necesitado..., que he
vivido la soledad de la que él tantas veces me habla.  
 
               ¡Cuántos..., cuántos solo habéis acudido a escuchar! ¡No hijos
míos!, no penséis en una riña de mi parte, simplemente es una corrección. (1) 
 
               Yo he visto a cuantos no han podido estar sobre este lugar, que
han estado donde han estado y me han acompañado en oración; pero cuántos,
¡cuántos habéis usado los días de mi Pasión como diversión sobre el mundo!  
 
               ¡Recordad bien este día! Os repito de nuevo que recordéis bien
este día: TREINTA de Marzo. ¡Recordadlo! Y recordad también de que será el último
Domingo de Resurrección que escucharéis mi voz sobre este lugar.  
 
               No creáis que os voy a abandonar, siempre estaré con vosotros.  Y
Yo sé de muchos de mis hijos, que aunque bien he dicho que será el último Domingo
de Resurrección que escucharéis mi voz, sé de muchos que se acercarán sobre este
lugar en recuerdo de los años pasados.  
 
                Mi GLORIA está sobre vosotros y mi amor está sobre vosotros. 
Debéis de saber valorar todo cuanto Dios os ofrece, pues Dios todo os lo da. Y os
vuelvo a decir que conozco vuestras penas, conozco vuestras debilidades, y
conozco vuestras angustias. ¡Abandonaos en Mí!   
 
                Vuestras penas, debilidades y angustias serán más llevaderas.
Hijos míos, llega este día de Gloria y os pido alegría... ¡ Alegraos...! Yo
también estoy alegre, tú también hijo mío,  y mi amada Madre...      
 
            Padre Eterno: ...Y el Cielo entero.  
 
            El Maestro: Pero no paséis por alto el día que se aproxima:   
 
               "Ese día CUATRO de Abril, no lo paséis por alto. Quiero que
cuanto 
               oigáis lo guardéis como un gran tesoro para vosotros. Quiero que
lo  
               guardéis para  vosotros, porque os servirá de mucho en las
batallas  
               que os sucedan, que serán muchas." 
 
               No quiero tristezas en este día, hágase la alegría sobre todos
aquéllos que amáis en verdad a mi Padre.  Hijo mío: ¿Dónde están...?, ¿dónde
están hijo mío, aquéllos que tantas veces dijeron amarme y no abandonarme?  
 
               ¡No les veo!  ¡No!, no te culpes hijo mío, pues bien sabes que
cada cual elije el camino.  Tú solamente limítate a enseñar. Cada cual elije el
camino, pero sé que esto también te apena y no debes de apenarte.   
 
               Sé que tu corazón es muy dulce hijo mío, pero a veces tienes que
hacerlo adverso. Esto no significa contrario, solamente duro, muy duro.   
 
               Conozco de tí, hijo mío, todo: conozco la dulzura con que premias
a aquéllos que confían en tí.  Conozco de tí todo porque Yo te he hecho así, pero
aún deberás de ser muy fuerte.  Ya sé que lo eres hijo mío, pero aún queda mucho
más.  
 
               Y como bien tú dijiste: «Cada prueba que Dios te da, te hace ser
más fuerte.» Es cierto hijo mío, pero aún quedan muchas pruebas más.  
 
               En esta Mañana de Gloria estoy entre vosotros. He llegado hasta
este lugar y juntos, en esta mañana, compartimos la luz de un nuevo día. No
quiero tristeza sobre mis hijos. Quiero que este día sea un día grande, muy
especial. 
 
               No quiero sentir en vosotros la tristeza. Pensad que ya he vuelto
entre vosotros,  y que no os reprocho nada. No hijos míos, no os reprocho nada,
simplemente os entrego todo mi Amor. Simplemente quiero que veáis de que no os he
abandonado. 
 
               Pero también quiero que recordéis que se acerca un día especial y
muy triste, pero también en ese día quiero que exista la alegría.  Sé que para
muchos va a ser muy difícil, pero quiero que exista la alegría.  
 
               Quiero que recordéis a aquéllos APÓSTOLES que durante mucho
tiempo vivieron al compás de mis palabras. La muerte no me separó de ellos, ni de
vosotros. Pero Yo tuve que marchar junto al Padre y Ellos enseñar mis Palabras.
Así será a partir de ese día: Nuestra voz se apagará; permaneceremos con aquéllos
que confían en Nosotros. Tú no nos verás, pero sabrás que estamos contigo. Tú ya
sabes cómo, tú lo sabrás.  
 
              Hijos míos, ¡tan poco es ya lo que os puedo decir! Como tú bien
dijiste, hoy Yo repito, y tantas veces he dicho: "Quiero de que todos seáis una
gran familia FAMILIA". Mirad que vienen tiempos de adversidad, tiempos muy
difíciles, que las torres más altas van a caer desplomándose.  
 
                Mirad, pero no temáis. Si confiáis en Mí, no deberéis de
temer..., ni habrá lugar hacia la duda, ni habrá lugar a la tentación.  Hay algo
que aún hoy me apena. Es lo que tantas veces, hijo mío, daño me ha hecho: 
Vuestra cabeza dice entender todo cuanto Yo hablo.  Pero, ¿y vuestro corazón, lo
entiende?  
 
               ¿Y porqué tantas veces no habéis puesto en práctica lo que habéis
oido? 
               ¿Y porqué tantas veces la tentación os ha vencido, teniendo así
recursos  
               para vencer esa tentación?  
 
             Os podría hacer infinidad de preguntas que no tendrían respuesta.
¡No os culpo hijos míos!, simplemente quiero que aprendáis, nunca es tarde.(1)  
 
               En este Día de Gloria quiero que guardéis el recuerdo de tantos
Días de Gloria que habéis compartido Conmigo. Os vuelvo a decir que no quiero
tristezas hijos míos. Quiero alegrías en vosotros.   
 
             «Y hablando así, hijo mío, de aquéllos APÓSTOLES del pasado, vuelvo
a repetir lo que en tiempo ya repetí: Están sobre la tierra, y ahora son los
llamados Apóstoles de los Últimos Tiempos.» (2)  
 
               ¡Sí!, también está entre ellos, también.  Su labor es la de
preparar el Camino para mi  Segunda Venida  que próxima está.  Ellos preparan el
Camino, preparan a todos aquéllos que confían de verdad en esta Segunda Venida y
en Mí. ¡No hijo mío!, no todos están sobre España.  (1) 
 
              Sobre España sólo hay uno y los demás en otros lugares. Llegará el
día en el que todos ellos se reunirán, formarán un NUEVO PUEBLO, e irán donde
Dios les indique, para aguardar esa Segunda Venida.   
 
              Cuidado hijos míos, vendrán otros queriendo ponerse en sus
puestos, y con sus palabras avivadas intentarán daros el engaño. ¡Cuidado!, ya os
aviso.   
 
               "Estos Apóstoles de los ULTIMOS TIEMPOS tienen de muy lleno y 
               cerca a cuantos les sirven. También ellos son llamados Apóstoles 
               de los Últimos Tiempos, también ellos".  
 
               Por eso no quiero que en vosotros entre la confusión. Por eso
todo esto os lo digo: Porque lo veréis.  Y sobre este día os pido muchas fuerzas
hijos míos. ¡Fuerzas..., muchas fuerzas!  Esto significa que debéis de ser
fuertes, y no dejaros llevar por las palabras avivadas de los hombres.  
 
                "De no dejaros derropar por la crítica humana, de no dejaros
llevar por el viento del rumor. Dejaos llevar por mis palabras. Ellas os darán la
LUZ y la conformidad". 
 
               ¡Mirad!, si tantas veces se os repite es porque tantas veces
caéis en el mismo error:  Sois muy débiles hijos míos, y tened en cuenta que el
enemigo atacará vuestra debilidad. ¡Sed fuertes! Como bien tu dijiste anoche: 
 
             «Poned un muro al enemigo, y si confiáis en Dios ese muro no será
derrumbado.»  Y para conocer a Dios, hijos míos, hay aprender a negarse a uno
mismo. Entendedlo: ¡A negarse a uno mismo!   
 
               Sed fuertes, os repito. Si confiáis en Dios le ofreceréis todo,
todo. Y Dios os dará todo a vosotros hijos míos. También pido muy poco: Que en
esta FAMILIA que nacerá, en ella no exista la discordia, ni el rencor, ni los
odios, ni las envidias, ni los egoismos, ni el orgullo.  
 
               Sois humanos, como bien se os dijo, puede pareceros así difícil,
pero no lo es hijos míos: Si ponéis de vuestra parte... 
                 
                Padre Eterno:  Yo pondré de la mía...    
 
                El Maestro:  
                ...Y todo se conseguirá. Confiad mucho en Dios,  y no os dejéis
vencer por las adversidades. Yo os repito que vienen tiempos muy difíciles, pero
confiad en Mí, abandonaos en Mí. Hijo mío:  
 
               Veo tu corazón inmerso en tristeza. Sé de cuanto tú sufres y sé
de tus penas.  ¡Ven...!, ten mi mano hijo mío, y sé que siempre sabrás de que Yo
soy tu amigo. Sé que ahora tienes un momento de pena enorme hijo mío.  
 
                ¡Apóyate en Mí!  Yo soy tu gran Amigo, tu pena es mi pena, como
amigo tuyo que soy.  ¡Apóyate en Mí! Como amigo tuyo que soy, te ayudaré a vencer
esta tristeza. Sé que esta tristeza te viene por el recuerdo del pasado y el
recuerdo del presente.   
 
               No sufras hijo mío; sabes que en Mí lo tienes todo:  Presente
pasado y futuro. Sabes que en mí lo tienes todo:  Amor, cariño y comprensión.
Sabes que en Mí lo tienes todo:  Amistad..., una gran amistad. ¡Ven!, apóyate en
Mí..., no sientas pena. La pena se hace más grande cuando se piensa en ella.  
 
               ¡Ven apóyate en Mí! Guárdate de tus angustias y compártelas
conmigo. ¡Sí, hijo mío!, ya sé que daño no quieres hacerme. ¡No me haces ningún
daño!  Sé de tus penas, sé de tus angustias, pero Yo sobre la tierra te daré el
consuelo:   
 
               Un alma habrá en la tierra que te comprenda, ya la hay. Que te
dará comprensión, ya la hay. ¡El pasado queda atrás hijo mío!  Vive conmigo hoy
esta alegría, ¡y alégrate hijo mío! Yo, tu Señor, he vuelto hasta tí, ¡sonríe y
refugiate en Mí!  
 
              Toma de Mí todo mi amor y comparte conmigo la pena que tanto te
angustia, así será para tí más amena.  Y no sufras en este día.   
 
               Los grandes amigos, hijos míos, no se abandonan en los momentos
difíciles. Los grandes amigos permanecen fieles a su amistad y no abandonan.
¿Dónde están los grandes amigos? ¿Dónde hijos míos?   
 
               ¡Escuchad las aves!, proclaman su alegría porque su Señor ha
vuelto. Alabado sea el Señor, Dios Todopoderoso, porque hace que sus criaturas
sientan la alegría de este día de Gloria. ¡Escuchad cómo sienten la alegría!
También sienten la tristeza de su Dios. 
 
               Y vosotros, ¿sentís la tristeza de vuestro Dios? ¡Qué pregunta
hijos míos para una respuesta que a veces hallo y otras veces no encuentro!   
 
               También quiero que sepáis vosotros de que Yo soy vuestro gran
amigo, de que hay una gran amistad entre vosotros y Yo; y de que nunca os veréis
abandonados por la parte que a Mí me corresponde. Quisiera saber lo mismo de
vosotros, pero a veces no lo sé.  
 
               Veo muchos corazones también sumergidos en un mundo de tristeza.
No tiene porqué haberla, ¡no en este día! Compartid también con vosotros, entre
vosotros, como hermanos, vuestra tristeza. También compartidla conmigo y vuestra
pena se hará más pequeña y será más llevadera. Esto os ofrezco:  
 
             - ”Que os apoyéis en Mí y que no sintáis tristeza”.   
 
               Yo sé que muchos sentís tristeza porque que éste será el último
Domingo de Resurrección  que escuharéis mi voz. ¡No os apene! La Voluntad de Dios
así lo quiere, y así será.   
 
               Sé que muchos se entristecen por el día que se aproxima. No
sintáis pena hijos míos.  Se ha de cumplir la Voluntad de Dios;  todo se cumple
según su Palabra.  ¿Recuerdas hijo mío?  "¡Te verás muy solo!"   
 
               ¡Creiste que no sería así!  ¡Ya..., ya sé hijo mío!  Sé que
esperabas que eso ocurriese, pero no esperabas la otra parte. ¡Ten cuidado hijo
mío!, porque aún quedan partes que tú no conoces, y que están por llegar:  Hay
muchos que parecen estar cerca, y están muy lejos ya.   
 
                Hijos míos, en este día Yo os entrego toda mi alegría, os
entrego todo mi amor. Quiero que como Yo, en este día seáis felices, pues la
muerte no detiene al Hijo de  Dios;  por eso hoy estoy entre vosotros.  
 
               Entre vosotros, hijos míos, dándoos todo mi amor porque no guardo
repudio sobre vosotros, aunque vuestras penas también se clavan una y otra vez
sobre Mí. Os amo hijos míos y esto los hombres no podrán cambiarlo. ¡Os amo y
nadie lo cambiará!  Pedidme hijos míos.    
              
 
            PUBLICO:  Gracias Divino Maestro, por tanto amor. ¡Ayúdanos a no
abandonarte nunca! 
 
                El Maestro:   
               El abandono solamente depende de vosotros. Si vosotros sois
débiles, el enemigo atacará vuestra debilidad y las torres más altas se
desplomarán, pero si sois fuertes y os refugiáis en Mí, no llegaréis al abandono.
¡Cuidado! Recordad a Pedro:  
 
               - ”¡Aunque todos te negaren, yo nunca te negaré!”  
 
               ¡Cuidado hijos míos!  No digáis de que nunca abandonaréis. Vivid
también con esa pena.  Pero vosotros deberéis de poner el remedio. Si se acerca
el momento y sois débiles os veréis vencidos, y estaréis lejos de Mí. Yo muy
cerca de vosotros, pero vosotros muy lejos de Mí.  
 
                ¡Seguid pidiendo, hijos míos!      
 
            PUBLICO: ¡Maestro!         
            El Maestro:  ¡Díme! 
 
            PUBLICO:  
            Yo te quiero pedir que se cumpla el Plan Divino y que se haga la
Voluntad de Dios, como lo tiene previsto Señor, porque sé que así será y que
nosotros podamos ayudarte...   
            (Piden varios a la vez,  hay confusión; no se entiende.)  
 
            El Maestro:   
 
               A todos mis hijos escucho por igual, (1)  y a todos mis hijos les
doy cuanto tengo: Mi AMOR. ¡Seguid pidiendo hijos míos!       
                
            PUBLICO: Divino Maestro, por las almas jóvenes, no las dejes que se
aparten de Tí.  ¡Ayúdales y acógelas bajo tu manto! 
 
            El Maestro:   
               ¿Qué hacen sus padres, por esas almas jóvenes? ¿Qué hacen...?  No
hallo ninguna respuesta.  Si a la semilla, cuando se siembra, se la quita la mala
hierba que la rodea, se la quitan las piedras, se la da el agua, y si puede se le
refugia del viento o a veces incluso del Sol, esa semilla brotará con gran fuerza
y esa semilla crecerá sanamente y dará grandes frutos.  
 
              Si esas almas jóvenes desde niños no se les enseña, no se les
aparta de los malos caminos, si no se les da el agua, que es la fé viva, no
crecerán sanamente y no podrán dar frutos, y tristemente la raiz llegará a
secarse, a ser conquistada por otros insectos que comerán su interior y acabará
por pudrirse.   
 
                Entendedlo así hijos míos: Desde niños hay que dar corrección y
aún así sobres sus vidas, desde niños hay que dar enseñanza. Si no se hace desde
niños, luego será demasiado tarde, y ellos no serán responsables, sino sus
padres.   ¡Seguid pidiendo hijos míos!    
 
            PUBLICO: ¡Maestro!          
            El Maestro: ¡Díme! 
 
            PUBLICO:  
             ¡Mándanos un poquito de agua Señor, que nos hace mucha falta...! 
 
            El Maestro:    
               A Mí me hace mucha falta el amor de mis hijos, y no lo tengo. A
Mí me hace mucha falta que mis hijos comprendan todo cuanto digo, y no lo tengo. 
Me hace mucha falta que los hombres se amen, y no lo tengo.    
 
              Me hace mucha falta de que el mundo ame a Dios, y no lo tengo: 
¿Habrá alguna vez, hijos míos, que estéis de acuerdo con lo que Dios os manda?  
 
              Cuando Dios os manda el agua os quejáis porque es mucha, cuando no
os la manda os quejáis porque no hay. ¿Habrá alguna vez que estéis de acuerdo
hijos míos?  
               
               ¡Débiles sois y solamente escucháis la carne, al músculo que
rodea vuestro corazón!  Si escuchárais más dentro, comprenderíais de todo cuanto
se os dice. Edificad vuestras almas hijos míos..., ¡sed fuertes!   
 
               Os repito de nuevo que llegan momentos muy débiles. Os repito de
nuevo que habrá muchos que abandonéis. ¡Muchos! A partir de ese día señalado
habrá muchos que ya no os vea sobre este lugar.  
 
                Hay otros que aunque estéis ya no estáis. Por eso os pido que
seáis fuertes. ¡Que no escuchéis al hombre!  Que toméis  de todo cuanto habéis
aprendido, todo.  Y que obréis..., para con Dios y para con vuestros hermanos.   
 
                Y os repito otra vez de que seáis fuertes. ¡Sed fuertes hijos
míos, y no os hagáis débiles! Pues si os hacéis débiles, por ahí seréis vencidos,
por vuestra debilidad.  Sed fuertes y poned esa gran muralla al enemigo que  no
os pueda vencer. Si os vence perderéis todo cuanto conseguísteis y os alejaréis
de Mí.  
 
               ¡Diréis que no!, pero muchos ya lo han hecho. Es más, aquéllos
que dijeron nunca abandonar, el último día será recordado.   
 
                En vuestras palabras cometísteis el gran error de prometerle a
vuestro Dios darle todo y no abandonarle.  Esa es vuestra gran pena, y sus almas
sentirán la pena eterna. Por eso muchas veces viviréis en indecisiones. Y por eso
Yo os pido de que seáis fuertes. Seguid pidiendo hijos míos.  
                               
            PUBLICO:  Yo te pido Maestro por todos los familiares, por todas las
almas que no creen en Tí. Por nosotros mismos que a veces no somos buenos Señor,
ten piedad de nosotros. 
 
            El Maestro:   
             Sabed también hijos míos, de que también escucho vuestros
corazones, y aunque muchos, vuestra voz no se haya alzado Yo os he escuchado.  
 
              ¡Y no os preocupéis! No haya hoy entre vosotros preocupación
alguna, no debéis de tenerla. Hijos míos, ¡sed fuertes!, y cuidaos a vosotros
mismos,  y cuidad a los más débiles, pues los más débiles también os necesitan. 
 
              Y dad así la amistad del Gran Amigo. No un amigo de conveniencia,
sino un amigo leal, que por su amigo sería capaz de morir, como Yo he hecho por
vosotros.  Sed amigos fieles, fieles hijos míos.   
 
               Vuelvo a decir de que ayer, desde lo más profundo de mi sepulcro
escuché tu voz.  Una voz que no temía nada, una voz que confiaba en su Dios.  
 
              Una voz que se iba abriendo paso en palabras por los muros y
obstáculos que a su paso encontraba. Una voz que encendió algunas luces; y una
voz que no fué comprendida en parte, pero la mayor parte sí fué comprendida por
aquéllos que escucharon con el corazón y no con los oidos. Esa voz me hizo
alegrarme, esa voz me hizo sentir gran alegría:  
               
              «Este es mi trabajo, igual que vosotros tenéis ocupación...  
               Esta es mi labor y éste es mi trabajo...» 
 
              Entregándose así como amigo y dando todo lo que es:  El más
pequeño de entre todos. No queriendo ser nada, queriendo ser el último y no
queriendo que se confiase en él, sino en Dios. Por eso Yo te doy lo que tú no
pides, por eso Yo te lo doy.   
 
               No pides nada y de Mí todo hallas porque Yo hallo todo de tí: 
Cuando ese día mi voz se apague, ¡no temas!  Tus padres, sobre este lugar van a
sentir mi gran compañía, y sentirán de que sigo con ellos dándoles esa fuerza que
durante doce años han tenido y dándoles también alegrías.   
 
               Y también recibirán penas, pero también recibirán fuerza, ¡mucha
fuerza!,  para superarlo todo. Por eso quiero que hoy sientas alegría. Y que con
el tiempo..., un alma te entenderá hijo mío, ya lo hace.  
 
              Cada cual que entienda mis palabras a su manera, pero para
entenderlas correctamente abrid vuestros corazones. Aunque os privo de mucho,
hijos míos, os lo doy todo en mis palabras.  Os dejo a un joven que es carne como
vosotros, que será como vosotros, indistintamente a vosotros.  
 
               Pero que se entrega como amigo de todos, aunque una y otra vez ha
sido rechazado, ha sido odiado, ha sido repudiado, pero sigue aún en pié, pues
confía en Dios y nada ni nadie podrá derrumbar su gran muralla, la que él junto a
mí ha construido. ¡Y es fuerza para vosotros!   
 
              Tus descendientes hablarán de tí como ya se dijo en tiempo, y tu
nombre no se borrará de sobre la tierra. Así será y así se cumplirá. 
 
                Oremos hijos míos, dando gracias así al Padre Celestial porque
todo se cumple según su Voluntad Santa:  
 
               Doy gracias a mis hijos por haber acudido a éste, mi encuentro
con vosotros, con la vida..., con mi Madre, contigo..., con vosotros de nuevo,
dando gracias así al Padre Todopoderoso que por encima está de todo, porque ha
sido Él quien ha hecho posible este nuevo día: 
 
               "Padre Celestial, Tú que escuchas todos los corazones de tus
hijos afligidos en la miseria de este mundo, dales así conformidad, amor y
comprensión,  para que seas Tú para ellos la LUZ que ilumina el Camino hacia
donde han de llegar en un futuro: Hacia Tí. Que sus debilidades sobre la  carne y
sobre el mundo no les hagan perecer sobre un abismo de indecisión, y sobre sus
debilidades  seas Tú la gran ayuda que ellos necesitan. Que así sea."  
 
               Hijos míos: Siempre estaré entre vosotros. (Público: Gracias
Divino Maestro, ¡gracias!...)  Digo entre vosotros. ¡No sintáis pena!  Yo volveré
sobre este día una y otra vez.  ¡Volveré! Sentid alegría, mucha alegría:  
 
            ¡Hoy es un día de fiesta... 
                    
            Padre Eterno: Alegraos pues! 
 
            El Maestro:  
              No sintáis pena hijos míos, no sintáis dolor. Dejad atrás vuestras
tristezas, el Hijo de Dios está entre vosotros. ¡Sed fuertes! 
 
              Y aunque lleguen días difíciles confiad siempre en Mí. Volveré.  
            ¡Adiós hijos míos!   
 
            PUBLICO: Adiós Maestro. 
                      
            Padre Eterno:  Adiós hijos. 
            PUBLICO: Adiós Padre. 
 
            La Madre: Ave María Purísima.           
            PUBLICO: Sin pecado Concebida. 
 
            La Madre: La Paz del Señor es con todos vosotros.           
            PUBLICO: Y con tu Espíritu Madre. 
 
            La Madre:   
              Hijo mío, ha llegado la alegría para tí, para Mí y para ellos. Aún
así muchos corazones sentirán tristeza, pero confortaos así en Nosotros y no
tengáis miedo a nada. Ya ha pasado el dolor hijo mío. Ya ha pasado el dolor.  
 
               Tú has sido mi compañía, Yo he sido tu compañía y entre tú y Yo
ha estado EL. Ya nuestro dolor ha pasado hijo mío, para sentir alegría, aunque
más tarde vuelva el dolor. ¡Siente alegría como Yo! Ya lo haces.   
 
                Y sentid alegría hijos míos. Después de la GRAN TORMENTA  ha
llegado la calma, después del sufrimiento llegan tiempos alegres. Dios nunca
abandona a sus hijos. ¡Adiós hijos míos! 
 
            PUBLICO: Adiós Madre.                          
 
            El Hermano:  Que la Paz del Señor Yahvé quede así con todos
vosotros.  
            PUBLICO: Y con Tu Espíritu Hermano.  
                    
            El Hermano:  El Señor Cristo Jesús ha vencido a la muerte y ha
llegado así para estar con sus hijos. Alegraos, ¡alegraos pues!    
                
              - ¡No le busquéis entre muertos porque vive..., vive y está con
vosotros! 
              - ¡No!, no le miréis sobre aquel madero... ya no está.   
              - Ahora vive con GLORIA y camina en vuestro mundo.  
              - ¡No!, no le busquéis en aquella columna... ya no está.   
              - ¡No!, no le miréis con aquella corona su corona... ya no está.  
 
            ¡Miradle con GLORIA! Ha vuelto y ahora está  con vosotros.  Ha
vuelto, y  ésta es la BUENA NUEVA de este gran día. ¡Alegraos!  
            ¡Ave María Purísima! 
 
            PUBLICO: Sin pecado concebida. 
                 
            El Hermano:  Adiós hermanos.                 
            PUBLICO: Adiós Hermano.____ 
                
             (1) A veces interrupían el hilo del discurso para responder al
pensamiento,  a las inquietudes o anhelos de alguno de los presentes.  
             (2)  Mt. 17, 10-13;  Mt. 11, 13-15;  Mc. 9, 10-13.  
                
                  
            
 
            
 
            Enlaces: 
            Enseñanzas de los mensajes de Talavera: 
            http://es.geocities.com/aparicionesymensajes2002/talavera.html  
            Extractos de los mensajes más importantes: 
            http://es.geocities.com/aparicionesymensajes2002/extracto-talav.html

                   
            Mensaje 12.4.1990, Jueves Santo: ”¡Judas, lo que has de hacer hazlo
ya!” 
            http://es.geocities.com/aparicionesymensajes2002/90-4-12.html 
            Mensaje de Resurrección 1990: ”¡Ratta boni, Maestro mío has vuelto!”

            http://es.geocities.com/aparicionesymensajes2002/90-4-15.html  
            Mensaje 13.4.1995, Jueves Santo:  
            ”Pedro envaina tu espada, porque el que a hierro mata, a hierro
muere.” 
            http://es.geocities.com/aparicionesymensajes2002/95-4-13.html  
 
            Mensaje 30.3.1991, Sábado Santo: ”¡Al tercer día volveré!” 
            http://es.geocities.com/aparicionesymensajes2002/91-3-30.html  
            Mensaje de Resurrección 1995 - ¡Impresionante mensaje! 
            http://es.geocities.com/aparicionesymensajes2002/95-4-16.html 
            Mensaje de Resurrección 1997 - ¡Nos acercamos al fin! 
            http://es.geocities.com/aparicionesymensajes2002/97-3-30.html 
               
            
                  
            
                 
                -    Otros mensajes de Talavera 
               -     Mensajes 1997-2007                  
                -     Mensajes 1991-1996        
                -     Mensajes 1990            
                -     Mensajes 1988-1989         
                -     Mensajes 1985-1987    
              
            
              
            
 
 
 
         
      
 
   
 
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