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Responder a este mensaje
Asunto:[GAP] DOSSIER SOBRE LA HOMOFOBIA / CUESTION GAY EN CUBA
Fecha:Jueves, 19 de Junio, 2008  11:14:49 (-0500)
Autor:Ricardo Ocampo <lacasadelared @.....com>

From: pedro gellert <mmsc2002@prodigy.net.mx>
Date: 19-jun-2008 9:22
Subject: [Solidaridadconcuba] DOSSIER SOBRE LA HOMOFOBIA/CUESTION GAY EN CUBA
To: solidaridadconcuba@listas.laneta.apc.org




------------------------------------------------------------------------------------
CUBA:
50 AÑOS DE REVOLUCION
80 AÑOS DEL NATALACIO DEL COMANTE ERNESTO "CHE GUEVARA"
todos a la gran marcha en solidaridad con Cuba
sabado, 26 de julio
12pm del Hemiciclo a Juarez a la Embajada Norteamericana
Ciudad de México

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DOSSIER SOBRE LA HOMOFOBIA/CUESTION GAY EN CUBA
1. Viaje a la homofobia.
2. Cuba por el respeto a la diversidad sexual
3. Fidel Castro: Viejos prejuicios irán quedando atrás
4. Homosexualidad en Cuba: el precio de la diferencia
5. Revolución quiere decir que la gente viva
6. "Poco a Poco"
7. Autoriza el gobierno del presidente Raúl
Castro las operaciones de cambio de sexo

para más información visita la página cubana:
http://www.cenesex.sld.cu/webs/diversidad/diversidad.htm

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Viaje a la homofobia.

Catalogados como parte de lo que entonces se llamó "lacra social", primero a
muchos homosexuales se les envió a las llamadas Unidades Militares de Ayuda
a la Producción (UMAP).

Ayer sábado 17 de mayo se celebró la Jornada Cubana por el Día Mundial
contra la Homofobia. Convocado por el Centro Nacional de Educación Sexual
(CENESEX), con el apoyo de "varias instituciones del Estado, el gobierno y
la sociedad civil", y bajo el eslogan "La diversidad es la norma", se
efectuaron diferentes actividades educativo-culturales dirigidas a
sensibilizar a la población acerca de este problema. Entre otras cosas, hubo
paneles sobre transexualidad, lesbianismo y travestimo, así como sobre
sexualidad y homofobia en el teatro cubano. Como colofón, se anunció un
espectáculo de transformistas en el céntrico cine-teatro Astral al que no
pude asistir, porque esta vez sus organizadores lo concibieron por
invitación.

El fantasma de Funes el Memorioso me lleva hoy de la mano a evocar
mínimamente cómo llegamos a este punto. El recorrido ha sido largo: una
revolución radical, que alteró de mil maneras los modos, hábitos y
costumbres, comenzando por una portentosa campaña de alfabetización, fue sin
embargo bastante conservadora en materia de alteridad y sexualidad. Presa de
sus circunstancias y de una cultura heredada (porque desde aquí y ahora no
se le pueden pedir peras al olmo) el gran suceso de 1959 no pudo deshacerse
de la tradición, esa que según los clásicos del marxismo merodea "como un
duende sobre las cabezas de los hombres", y por consiguiente reprodujo
patrones homofóbicos que retroalimentaron el machismo recibido de España y
de las culturas africanas, una mezcla explosiva a la hora de lidiar con la
otredad

Catalogados como parte de lo que entonces se llamó "lacra social", primero a
muchos homosexuales se les envió a las llamadas Unidades Militares de Ayuda
a la Producción (UMAP) --una medida tristemente célebre, aunque efímera--
por donde pasaron no sólo ellos, sino también figuras tan conspicuas como el
trovador Pablo Milanés, el cardenal Jaime Ortega y el reverendo Raúl Suárez,
entre otros que por distintas razones fueron incluidos en el peculiar
concepto. Luego, en los turbulentos y dogmáticos años 70, un Congreso de
Educación y Cultura definió al homosexualismo como una "patología social" y
excluyó --por lo menos en el espíritu-- a las personas de esa orientación
sexual de las escuelas y la dirección de la cultura. Hasta en esto se fue
convencional, pues definirlo así implicaba situar la preferencia en los
terrenos de la psicología y la medicina, un claro defasaje en un contexto
donde el mundo ya había comenzado a hacerse preguntas al respecto que nos
llegaron, como tantas cosas, tardíamente. Fue, sin dudas, el peor momento de
esa historia. A escritores de esa orientación sexual no se les permitió
publicar en la Isla, como tampoco a los religiosos --y, a veces, los dos
cosas eran una sola--, hecho este último fundamentado en el "ateísmo
científico", una categoría foránea que perdía de vista que la religión forma
parte de la cultura y no se suprime por simple voluntad política, ni
estigmatizando, ni botando (el expediente de excluidos de ciertas carreras o
expulsados de la Universidad no me dejará mentir). Y el Mariel, con su
enorme carga de polarización e irracionalidad, realimentó los patrones duros
y estimuló a muchas personas a acoger como propio un estigma que en verdad
no tenían --el de homosexual o "maricón"-- para poder salir del país como
"escoria", un código designado para aquella estampida, integrada
fundamentalmente por hombres jóvenes, oscuros, solteros y desempleados que a
menudo tenían problemas con la Ley, pero en el fondo algo más compleja que
eso.

Como el monte se tumba cortando primero los árboles, hay consenso en
reconocer el importante papel que desempeñó un filme de Tomás Gutiérrez Alea
y Juan Carlos Tabío (Fresa y Chocolate, 1993), al llamar la atención sobre
la complejidad del fenómeno más allá de las etiquetas, y al defender la idea
de una dinámica auténticamente humana entre dos personas de orientación
sexual distinta y formación contrapuesta. Desde luego, eso no significa que
el machismo se haya evaporado automáticamente de la cultura, pero hoy se
percibe al menos, sobre todo en las generaciones más jóvenes, un mayor grado
de aceptación de la alteridad: tomo nota de que mi hijo menor usa más la
palabra "gay" en lugar de la otra. Un dato de no poca monta es que una
comisión de la Asamblea Nacional tiene actualmente en estudio un proyecto de
Ley sobre el cambio de identidad sexual y lo transgenérico, lo cual, de
aprobarse, pondría a Cuba en un lugar de punta en el concierto de las
Américas.

Esto, más la moratoria de la pena de muerte, y no tanto la autorización para
comprar objetos, marca, Flavio, la verdadera senda de los cambios.

18 de Mayo del 2008,

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(tomado de La Jiribilla, 24 de mayo de 2008)

Cuba por el respeto a la diversidad sexual

Johanna Puyol

El Día Mundial contra la Homofobia y la Transfobia se celebra en numerosos
países del mundo el 17 de mayo, pues ese día la homosexualidad fue
finalmente retirada de la lista de enfermedades mentales de la Organización
Mundial de la Salud, en el año relativamente reciente de 1990. Desde
entonces más de 40 países celebran activamente esta fecha con
manifestaciones o jornadas festivas. Sin embargo, casi 20 años después, en
más de 70 naciones la homosexualidad aún está penada por la ley, y en
algunos casos incluso con la pena de muerte.

Este año Cuba se sumó al festejo mundial y por primera vez se vio hondear en
público la bandera multicolor que representa internacionalmente al
movimiento homosexual, en el céntrico Pabellón Cuba de la capital. En una
jornada organizada por el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), con
el apoyo oficial de varias instituciones del estado, el gobierno y la
sociedad civil, el Pabellón fue la sede de numerosas actividades educativas
y culturales bajo el llamado de "Diversidad es la norma", las cuales también
se extendieron en menor medida por otras provincias del país.

"Este es un momento muy importante para nosotros, hombres y mujeres de Cuba,
porque por primera vez estamos juntos de esta manera, hablando profundamente
y con bases científicas sobre estos temas", dijo la Máster en Sexualidad
Mariela Castro, directora del CENESEX, acerca del exhaustivo programa del
día cuyo objetivo fue educar a la población cubana en el respeto a la
diversidad sexual y eliminar la discriminación homofóbica que es todavía una
de las lastras latentes en nuestra sociedad, pues se encuentra afianzada por
décadas de prejuicios y no sufrió la condena social y legal con que fueron
castigados otros tipos de discriminaciones desde el triunfo revolucionario
en 1959.

Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, quien
estuvo presente en la celebración, alabó el trabajo realizado por el CENESEX
en el Programa Nacional de Educación Sexual, y afirmó que la solidaridad
entre todos los hombres es parte sustancial del socialismo.

Cientos de personas acudieron al encuentro para informarse o manifestar su
apoyo, junto a los homosexuales, transexuales y travestis cubanos que
tomaron voz pública para defender sus derechos en varios paneles realizados,
en los que apelaron a la familia, a la escuela y a la sociedad para abolir
principios obsoletos y promover acciones educativas permanentes que lleven a
la aceptación y al respeto de la libre y responsable orientación sexual e
identidad de género, más saludable para la adecuada convivencia social que
una condescendiente tolerancia o la indiferencia que enmascara hostilidad.

La jornada incluyó, además, proyección de películas, presentación de
revistas, puestas en escena teatrales, tertulias literarias, campañas de
prevención del VIH/sida, servicios de apoyo, orientación y consultoría
sexual, una feria del libro, la develación de un mural contra la homofobia,
pruebas instantáneas de VIH y grupos de adolescentes promotores de salud que
repartieron por las calles plegables y condones.
La clausura llegó en la noche de forma espectacular con la presentación
teatral ¡Ay, mi amor!, de Teatro El Público, y un espectáculo de
transformistas dirigido por Carlos Díaz en el cine-teatro Astral.

Las acciones educativas promovidas por el CENESEX no acabaron con el día,
sino que se mantendrán activas durante todo el año, con vistas a crear una
sociedad más justa donde prime, según reza entre sus principales objetivos,
"el respeto a la dignidad plena de las personas homosexuales, bisexuales y
transgéneros".

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Fidel Castro: Viejos prejuicios irán
quedando atrás

Fragmento del libro Cien Horas con Fidel de Ignacio Ramonet

Ramonet: Uno de los reproches que se le hizo a la Revolución, en los
primeros años, es que se dice que hubo un comportamiento agresivo, un
comportamiento represivo contra los homosexuales, que hubo campos de
internamiento donde los homosexuales eran encerrados o reprimidos. ¿Qué me
puede usted decir sobre ese tema?

Fidel: En dos palabras, usted está hablando de una supuesta persecución a
los homosexuales.

Yo le debo explicar de dónde nace eso, por qué nace esa crítica. Le puedo
garantizar que no hubo nunca persecución contra los homosexuales, ni campos
de internamiento para los homosexuales.

R: Pero hay bastantes testimonios sobre eso.

F: ¿Qué tipo de problema se produjo? Nosotros, por aquellos primeros años,
nos vimos envueltos en una movilización casi total del país, ante los
riesgos de agresión inminente por parte de Estados Unidos que realmente
tuvieron lugar: guerra sucia, invasión de Girón, Crisis de Octubre. En toda
aquella etapa hubo muchos presos.

Se creó el servicio militar obligatorio. Nos encontramos con tres problemas:
la necesidad de un nivel escolar para prestar servicio en las Fuerzas
Armadas, debido a la tecnología sofisticada, porque tú no puedes entrar con
segundo, tercero o sexto grado, tenías que tener por lo menos siete, ocho o
nueve grados, y después más. A algunos hombres teníamos que extraerlos de
las universidades e incluso utilizar a muchos graduados. Para manejar una
batería de cohetes tierra-aire tenían que ser graduados universitarios.

R: En ciencias, me imagino.

F: Usted lo sabe muy bien. Eran cientos de miles de hombres, todo eso
afectaba las distintas ramas, no solo los programas de preparación, sino
también ramas importantes de la economía. Había personas que no tenían
capacidad y el país necesitaba de ellas por la gran sustracción que se hacía
a centros de producción. Ese era un problema a enfrentar.

Había a su vez algunos grupos religiosos que, por principio o por doctrina,
no aceptan la bandera o no aceptan las armas. Eso a veces lo tomaba alguna
gente como pretexto para crítica u hostilidad.

Por último estaba la situación de los homosexuales, que no eran llamados al
servicio militar. Usted se encuentra con problemas de resistencia fuerte
contra los homosexuales, y al triunfo de la Revolución, en esa etapa de que
estamos hablando, el elemento machista estaba muy presente en nuestra
sociedad y prevalecían aún ideas contrarias a la presencia de los
homosexuales en las unidades militares.

Estos tres factores determinaron que no se les llamara a las unidades
militares; pero adicionalmente aquello se convertía en una especie de factor
de irritación, ya que eran excluidos de tan duro sacrificio y algunos usaban
el argumento para criticar aún más a los homosexuales.

Con aquellas tres categorías de los que por una razón o por otra estaban
excluidos, se crearon las llamadas Unidades Militares de Ayuda a la
Producción (UMAP), donde participaban personas de las categorías
mencionadas. Eso fue lo que ocurrió.

R: ¿No eran campos de internamiento?

F: Esas unidades se crearon en todo el país y realizaban actividades de
trabajo, principalmente de ayuda a la agricultura. Es decir, no afectaba
solo a la categoría de homosexuales, aunque sí ciertamente a una parte de
ellos, a los que eran llamados al servicio militar obligatorio, una
obligación en la que estaba participando todo el mundo.

De ahí nace el problema, y es cierto que no eran unidades de internamiento,
ni eran unidades de castigo; al contrario, se trataba de levantar la moral
de los que ingresaban en esas unidades, presentarles una posibilidad de
trabajar, de ayudar al país en aquellas circunstancias difíciles. Estaban
también muchas personas que por razones religiosas tenían la oportunidad de
ayudar de otra manera a la patria; prestaban el servicio no en las unidades
de combate, sino en unidades de trabajo, e incluso recibían en el orden
material los mismos beneficios que cientos de miles de reclutas incorporados
a las Fuerzas Armadas en virtud del Servicio Militar.

Claro, después, en una visita realizada a Camagüey, recorriendo uno de sus
planes agrícolas, conocí de la distorsión en algunos lugares de la idea
original, porque no te puedo negar que había prejuicios con los
homosexuales. Indiqué personalmente revisar este tema. Aquellas unidades
apenas duraron tres años.

Más adelante, después de superadas las deficiencias iniciales, surgió
nuestro prestigioso Ejército Juvenil del Trabajo que tiene ya más de 30 años
de fundado. Sus integrantes realizan una preparación militar previa y el
resto del tiempo lo dedican a producir para la población. Han laborado en la
construcción de viviendas, de escuelas, la reparación y construcción de vías
férreas y otras tareas de carácter económico y obras de infraestructura.
También ha sido decisiva su participación en la producción agrícola en
aquellas regiones donde existe déficit de fuerza de trabajo. Su meritorio
papel en los momentos difíciles del período especial, les ha ganado el
reconocimiento del pueblo.

R: ¿Usted considera que esos prejuicios eran un aspecto del machismo?

F: Era una cultura, pasaba igual con otros sectores. Sí le puedo decir que
jamás la Revolución promovió esos prejuicios; al contrario, la Revolución
promovió la lucha contra distintos tipos de prejuicios. En relación con la
mujer había prejuicios, y muy fuertes, y en relación con los homosexuales
también. Yo ahora no voy a defenderme de esas cosas; la parte de
responsabilidad que me corresponda la asumo. Ciertamente yo tenía otros
conceptos en relación con el problema. Tenía opiniones, y más bien me oponía
instintivamente y me habría opuesto siempre a cualquier abuso, a cualquier
discriminación, porque aquella sociedad emanada de la injusticia estaba
saturada de prejuicios. Ciertamente los homosexuales eran víctimas de
discriminación. En otros lugares mucho más que aquí, pero en Cuba sí eran
discriminados. Hoy, una población mucho más culta, más preparada, ha ido
superando esos prejuicios.

Debo decirle, además, que había ?y hay? destacadísimas personalidades de la
cultura, de la literatura, figuras muy prestigiosas en muchas ramas del
conocimiento, que eran o son homosexuales, y han gozado y gozan, a pesar de
los prejuicios, de gran consideración y respeto en nuestro país. No hay que
pensar en sentimientos generalizados. En los sectores más cultos y más
preparados existían menos prejuicios contra los homosexuales. De modo que la
discriminación y el machismo son hoy y lo serán cada vez más inversamente
proporcionales al nivel de cultura y conocimiento de nuestros compatriotas.

R: ¿Usted piensa que se han combatido eficazmente los prejuicios contra los
homosexuales?

F: Me gustaría pensar que la discriminación contra los homosexuales es un
problema que está siendo superado, y así lo percibo. Confío en ello como
confío en que nuestro pueblo será pronto uno de los pueblos más cultos, más
sensibles y justos del mundo. Viejos prejuicios y formas estrechas de pensar
irán quedando atrás.

Al principio también hubo conflictos entre la Revolución y algunas iglesias,
prejuicios que alimentaron antisocialistas por un lado y antirreligiosos por
otro. El Partido adoptó la drástica medida de no admitir creyentes en sus
filas. Yo me considero con parte importante de esa responsabilidad, porque
lo veíamos como riesgo de un posible conflicto de lealtades, y había muchos
católicos, por ejemplo...

R: ¿En el seno del Partido?

F: No, católicos que eran revolucionarios.

R: ¿Pero que no podían entrar en el Partido?

F: Se estableció el principio de que los religiosos no podían ingresar a las
filas del Partido. Podían ser creyentes tratados con toda consideración y
respeto de acuerdo con su actitud política, pero no ingresar en el Partido.
Y no crea que costó poco trabajo y años hacer prevalecer el criterio de que
era necesario abrir a los creyentes las puertas del Partido.

R: ¿Usted acabó por defender esa tesis?

F: Aunque mi posición era distinta cuando se estableció la exclusión al
crearse el Partido, yo casi fui de los primeros defensores de la idea del
ingreso de los creyentes. Hace más de 30 años entré en contacto con la
Teología de la Liberación. Tuve mi primera reunión con representantes de esa
corriente en el año 1971, en Chile. Me encuentro allí con muchos sacerdotes
y pastores de diversas denominaciones, y me reuní en la Embajada de Cuba con
todos ellos. Entonces, después de horas de intercambio, les planteo la idea,
que ya venía madurando hacía tiempo, de la unión entre creyentes y no
creyentes, es decir, entre marxistas y creyentes en pro de la Revolución.

R: Como decían los sandinistas: "Cristianismo y revolución, no hay
contradicción".

F: Nosotros lo dijimos mucho antes, porque la Revolución sandinista triunfa
en 1979, ya yo a dondequiera que iba defendía esa idea: en Chile cuando
visité a Salvador Allende en 1971, y hasta en Jamaica cuando visité a
Michael Manley en 1977. Era la política que veníamos aplicando. Casi todas
las Iglesias de esa corriente fueron muy receptivas. Yo proclamaba que el
cambio revolucionario necesario en el hemisferio requería la unión de
marxistas y cristianos. Sostuve esas ideas y cada vez las sostengo más.

En un momento dado, dije: "Nosotros estamos planteando la unión de marxistas
y cristianos, y en el Partido no aplicamos esas ideas, todavía tenemos las
viejas." Luchar, incluso, contra prejuicios y creencias surgidas no fue
fácil, y hubo que luchar duro.

[...]

R: ¿Se fija usted también en el porcentaje de mujeres?

F: Luchar contra la discriminación de la mujer fue tarea dura; hasta llegó a
proclamarse un código de carácter moral, el Código de Familia: la obligación
para los hombres de compartir con las mujeres las tareas del hogar, la
cocina, la atención a los hijos. Se avanzó mucho en ese terreno.

La inmensa mayoría de los que ingresaban en las universidades eran mujeres.
Porque en esas edades de secundaria y de preuniversitario son más estudiosas
y tenían mejores notas, en dos palabras. Y como entraban por expediente ...
A nuestros médicos los enviamos a muchos países del mundo.

Hay algunos países en los que su cultura local hace difícil que sea una
mujer la que preste el servicio médico, pero tú convocabas para estudiar
medicina a hembras y varones y de cada tres, dos de los que tenían mejores
notas eran muchachas.
A veces para una carrera, usted decía: "Bueno, estamos muy necesitados", y
en esos casos los varones eran exonerados, incluso, del servicio militar,
pero de cada tres seleccionados por expediente, dos eran mujeres. Tuvimos
que asignar una cuota, digamos, 45 % de hombres y 55 % de mujeres, porque la
inmensa mayoría de los que reunían los requisitos eran mujeres. Ese proceso,
por las causas mencionadas, se traduce en que crecía la fuerza técnica
femenina, y hoy el 65 % de la fuerza técnica del país son mujeres.

R: Un progreso bien espectacular.

F: Las mujeres, además, tienen el parto, una función natural vinculada a
ellas. Cuando dan a luz, les concedemos un año libre para que críen a los
hijos, no para buscar que haya más partos, sino porque lo mejor que puede
recibir un niño al llegar al mundo es la leche y la influencia de la madre.

Existen otros planes de las llamadas vías no formales para enseñar a los
niños. Hay que educar a los padres. Es mucho mejor cuando es la madre. Por
ejemplo, la separación del núcleo familiar tiene mucha incidencia en el
abandono de los estudios y en aquellos muchachos que van a las prisiones.
Pero cuando uno de los dos padres es profesional, aunque se hayan
divorciado, como en general los niños se quedan con la madre, si ella es
profesional, el efecto negativo se reduce considerablemente.

R: ¿El efecto en materia de marginación, de delincuencia?

F: En el 71 % de los casos de jóvenes delincuentes, un 19 % no estaba ni con
el padre ni con la madre. Así que con la presencia de la madre o del padre
que tenga al niño ?en general suele ser la madre, es el hábito?, si estos
tienen un elevado nivel cultural, tú no te percatas del efecto adverso que
suele ocasionar el divorcio, la separación del núcleo; si ambos o alguno de
los dos, especialmente la madre, se ocupan de los hijos, apenas hay
diferencia. Aspiramos a que las mujeres alcancen el máximo nivel profesional
y técnico posible por el bienestar de la familia y la sociedad. Antes eran
terriblemente discriminadas y a su alcance estaban solo los trabajos más
humillantes; hoy las mujeres son ya por sí mismas un decisivo y prestigioso
segmento de la sociedad, que constituye, ya le dije, el 65 % de la fuerza
técnica y científica del país.

Las mujeres se abren paso por sí mismas, son una fuerza abrumadora. Lo que
tal vez se necesite en el futuro será una Federación de Hombres Cubanos.

R: ¡Para defenderse!

F: ¡Exacto!

Porque usted ve ya dondequiera a las mujeres ascendiendo, ascendiendo, y no
han alcanzado todavía el tope, pero no han pasado en balde 46 años desde el
triunfo de la Revolución.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

(tomado de La Jiribilla, 24 de mayo de 2008)

Homosexualidad en Cuba: el precio de la diferencia

Equipo de Investigaciones, Alma Mater (revista de la Universidad de La Habana)

"La verdad que hace a los hombres libres es la que la mayoría prefiere no
oír" Herbert Agar, sexólogo norteamericano

Entre muchos cubanos, aceptar ciertas expresiones de la diversidad social
sigue siendo un trago difícil. A pesar de la sucesión generacional y de
importantes rupturas con el moralismo machista que tuvieron lugar en los
últimos 40 años dentro de la Isla, todavía pesan prejuicios y tabúes. La
homosexualidad, por ejemplo, continúa valorándose generalmente (con más o
menos refinamiento) desde las trincheras del rechazo y la condena, a pesar
de que cada vez son más las personas que deciden no mantener oculta su
orientación homosexual.

Aún así, no son pocos los que coinciden en decir que a partir de los 90 la
sociedad cubana ganó en tolerancia con respecto al homosexualismo, y se ha
llegado a hablar incluso de un "destape", concepto que -al decir de los
especialistas- encierra en sí mismo una alta dosis de prejuicio, a la vez
que expresa una relativa apertura social al tema.

Sin embargo, la más benévola y quizá frecuente reacción social ante las
expresiones de la homosexualidad, parece ser la indiferencia. "Yo no estoy
en contra, pero tampoco estoy a favor; mientras no se metan conmigo..."
decía un entrevistado sin percibir probablemente cuán bien graficaban sus
palabras la "apatía" social alrededor del asunto.

"No creo que en realidad se trate de indiferencia", comentaba otra persona
consultada que prefirió no dar a conocer su nombre. "Tras esa apatía se
esconde el temor a aceptar la diferencia, el miedo a que te confundan tan
solo por hablar un poco más a fondo del tema. Desentenderse me parece un
poco cobarde, y es una fórmula para no parecer cromagnon, pero también para
que nadie pueda pensar que estás defendiendo a los homosexuales,
aceptándolos".

A través de ese rechazo vestido de "no me importa", podrían explicarse
reacciones como la de la primera persona de orientación homosexual que
entrevistó Alma Mater digital: "¿Para qué hablar de eso? ¿A quién diablos le
interesa? ¿Qué vas a resolver con eso?".

"Dibújate un plano de tu deseo y vive en él"

Otros criterios menos airados, reflejaron conformidad, descontento,
resignación. Pedro Rojas es un hombre de 44 años que gusta de hacer vida
hogareña, y que tiene un trabajo donde se siente útil, responsable y
celebrado, pero prefiere que lo traten y respeten en vez de por su "buen
carácter" y su "sensibilidad", por su conducta como ser humano y como
profesional. Es muy común que las cualidades más reconocidas en los
homosexuales sean: "son muy serviciales", "tienen buen gusto", "son gente
fina", "no están en nada"... Por eso, Rojas quisiera que lo midan más por su
capacidad, por su entrega a la profesión, por su ética de vida, y no por
valores más externos, clichés que tienden a banalizar el papel social de las
personas que no poseen una orientación heterosexual.
"El de nosotros ?comenta Pedro Rojas? es un mundo de cortinas, a menudo
descorridas por uno mismo o por los demás. Entonces lo mejor es, como decía
Lorca, dibujar un plano de tu deseo y vivir en él dentro de una norma de
belleza", dijo con serena resignación.

Son muchos los gays y lesbianas que eligen esconder su identidad sexual no
solo por el conflicto familiar que la reafirmación de su homosexualidad
provocaría. Su prosperidad profesional podría estancarse o llegar a una
bancarrota insuperable, si en sus centros laborales conocieran del asunto
personas con prejuicios y poder.

"Cuando en mi centro conocieron que yo era gay, acabó mi expansión
profesional ?recuerda el ingeniero Raúl Izquierdo-. De pronto dejé de
viajar, se limitaron mis posibilidades de ascenso. Incluso, algunos
compañeros míos llegaron a decirme que por el problemita mío ya el jefe no
me consideraba confiable. Sin embargo, cuando tenía problemas o necesitaba
resolver urgente y con eficiencia cualquier asunto de la empresa, me salía a
buscar a mí, al menos confiable. Por eso, entre otras cosas, preferí
reorientar mi mundo hacia la cerámica".

"Salir del closet"

Aunque no se les quisiera reconocer a plenitud, personas con preferencia por
el mismo sexo siempre han existido y, a su modo, han ido reclamando espacios
que el prejuicio sociocultural les tiene negados o limitados. Hasta los años
90 el homosexualismo parecía una expresión muy minoritaria.
La apertura del país al mundo en términos económicos, y el consiguiente boom
del turismo, junto a cierta comprensión y tolerancia por parte de la familia
y las instituciones públicas, posibilitaron que a los homosexuales se les
comenzara a reconocer ?aunque de manera aún tímida, según coinciden
especialistas? como segmento poblacional a atender. El "fenómeno" era mucho
más notorio que lo creído.

Aun así no existen estudios rigurosos, verdaderamente abarcadores sobre el
tema, y mientras los homosexuales prefieren reprimirse y esconder su
orientación, la sociedad percibe que "cada vez hay más"; o mejor, cada vez
son más los que deciden "salir del closet". Se nota en calles, en escuelas,
centros laborales. Lo escuchan en sus consultas médicos y sicólogos
escogidos como confidentes para compartir el "secreto".

"Cuando tienes confianza o empatía con estos pacientes a veces confiesan su
orientación sexual, aunque no haga falta para evaluar el diagnóstico. Es
como una forma de liberación espiritual", expresa la doctora Beatriz
Alfonso, especialista en Medicina General Integral en una comunidad del
municipio capitalino de Playa.

En el mismo mundo de la salud pública, curiosamente, hay mucho
desconocimiento en torno a la homosexualidad, lo mismo por profesionales que
por estudiantes, según corroboran estudios realizados sobre todo para
diplomados y maestrías en sexualidad. Por cuestiones como esa, el mito de la
homosexualidad puede resultar insospechadamente discriminatorio desde el
sector del que más humanidad y ayuda se espera recibir.

En una investigación realizada con alumnos de la Facultad de Ciencias
Médicas Finlay-Albarrán, de Ciudad de La Habana, estos rechazaron en un 97%
a los homosexuales si eran cubanos, y en un 46% si eran extranjeros.

Mayra Rodríguez, psicóloga y Máster en Sexualidad del Centro Nacional de
Educación Sexual, dice que los homosexuales son, simplemente, gente
necesitada de reconocimiento como seres humanos, sin que se les rechace,
pero también sin lástima. "La sociedad ha tenido un cambio de actitud hacia
estas personas, y podríamos decir que se les tolera. Pero no se les acepta,
porque no existe una implicación sociológica para pensar que quienes
difieren de nosotros por su preferencias sexuales, son iguales por su
condición de individuos. De todas formas, considero que el gobierno hace
bastante por cambiar esta situación, imposible de manifestarse distinta de
un día para otro".
"Yo sé que es un sueño esto que digo"

La Constitución de la República de Cuba establece que todos los ciudadanos
son iguales ante la ley, con los mismos derechos y obligaciones, sin
discriminación de raza, sexo, edad u origen social. Pero homosexuales,
travestis y transexuales quisieran sentirse más defendidos por la ley.
"No se trata de exigir reivindicaciones lingüísticas dentro de los textos
legales", aclara Roxana Trieste, estudiante de una carrera humanística en la
Universidad de La Habana, quien decidió hace dos años llevar públicamente y
con toda dignidad su condición homosexual, a pesar de la "hecatombe
familiar" que, en efecto, provocó su noticia.

"Con palabras no se cambian las realidades ?comenta Roxana mientras toma de
la mano a Yuliet, su pareja?, pero que la ley representara de alguna manera
nuestro derecho a existir en sociedad de modo pleno, sería un gran adelanto.
Yo sé que es un sueño esto que digo. Estoy fantaseando casi, pero si eso
llegara a ser realidad habría que luchar mucho para que esas reformas en la
ley no se convirtieran en letra muerta. Haría falta, además, un deseo real y
acciones concretas para acorralar la discriminación de que somos objeto por
la sociedad y por nuestras familias."

Las únicas modificaciones introducidas en el Código Penal vinculadas al tema
del homosexualismo son relativamente recientes, comenta Yamila González,
especialista jurídica de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Dos
artículos, referido uno al ultraje sexual y otro a la corrupción de menores,
hacían referencia explícita al castigo que merecerían los homosexuales de
caer en delitos como esos. Afortunadamente, se decidió omitir de los textos
aquellas alusiones directas a las personas de orientación homosexual por
considerarlas ofensivas. Quedaba muy claro que el tabú machista había
permeado ?como a otras tantas cosas? el Código Penal. Yamila González
considera que esas rectificaciones, aunque demoradas, significan cierto
avance. "Ahora hay condiciones para dar pasos más acelerados", opina.

Ni para mal, ni para bien, "somos los invisibles", comenta una joven
profesora de la Universidad de La Habana que prefirió no hacer público su
nombre. "Resulta que a las lesbianas y a los gay ya no se nos trata de forma
peyorativa en las leyes. Eso está bien. Aplausos. Pero ahora, sencillamente,
hemos desaparecido, y no existe una sola palabra que nos reconozca. O sea,
no se nos ofende, pero tampoco se nos tiene en cuenta como comunidad urgida
de protección en sus derechos, al igual que las mujeres. El no
reconocimiento, la invisibilidad, no es menos irrespetuosa".

La Fiscal del Departamento de Procesos Penales de la Fiscalía Provincial de
Ciudad de La Habana, Daysi Aguilera, explica que ciertamente el país no
tiene regulaciones o leyes que perjudiquen, pero tampoco que beneficien a
los homosexuales. "Tampoco se vislumbra que las tengamos pronto. En esto
influye mucho la resistencia que hace una sociedad culturalmente machista
como la nuestra a esos cambios, sobre todo si les parecen muy dinámicos".

La jurista Daysi Aguilera añade que las leyes siempre van más lentas que el
desarrollo social, y "si la costumbre demora en generar derecho, también
demora cualquier iniciativa, propuesta o proyecto en convertirse en ley".

La licenciada especifica que los homosexuales cubanos no han cuestionado
abiertamente los derechos que tienen, ni han exigido otros, a diferencia de
algunos países donde los ciudadanos han sido parte de movimientos sociales
imposibles de ignorar institucionalmente, y que han conducido a conquistas
como el matrimonio, el derecho a la pensión y la adopción de hijos por
parejas del mismo sexo.

La gran esperanza de los homosexuales cubanos es que el respeto a su
orientación sexual se convierta en sentido común, en obviedad feliz. En
ocasiones, por desesperación, creen que su dibujo de vida en vez de luz,
gana sombra; en vez de apoyo, retroceso. A su favor, pareciera estar el
hecho de que transitan un camino labrado en buena medida por ellos mismos,
sin mucho ruido, pero ya con suficiente resonancia en la sensibilidad de una
parte creciente, aunque todavía minoritaria, de la sociedad.

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Revolución quiere decir que la gente viva

Rufo Caballero

El sábado 17 de mayo tuvo lugar en Cuba un acontecimiento que hace
historia. Sin dudas, hace historia. Pero sucedió no en Cuba, así, en
general, sino en el cine-teatro Astral, dirigido por la Unión de
Jóvenes Comunistas, y usualmente reservado para asuntos concernientes
a la Batalla de ideas. Allí, se desplegó un competente espectáculo de
transformistas, bajo la dirección del maestro Carlos Díaz y con la
asesoría del Centro Nacional de Educación Sexual.

¿Y?, debiera ser la pregunta. ¿Cuál es la paradoja de que en el
espacio consagrado a la Batalla de ideas se exhiba, con toda la
naturalidad del mundo, un notable espectáculo de transformistas?
Tiempos son de comprender que si de algo tiene que ocuparse la Batalla
de ideas es precisamente de saber negociar con la subjetividad, con el
mundo de la mentalidad del cubano. Batalla de ideas no son sólo las
campañas directamente políticas, sino todo aquello que pueda hacer
sentir bien al cubano de a pie; ello es: eliminar barreras
artificiales, acabar con las exclusiones y las segregaciones,
comprender que todos los sujetos, absolutamente todos, merecen
expresarse. Eso es Batalla de ideas, y de las buenas. Con razón y con
justicia, entonces, el Astral se vistió de gala, y de gloria.

El espectáculo resultó excesivamente largo, pero fue comprensible: era
la primera vez que acontecía, a este nivel de legitimidad pública,
semejante acto de justicia social, y por consiguiente, había que
gastárselas todas. Y se las gastó el maestro Carlos Díaz, quien
ofreció un recio espectáculo, de buen gusto, cálido sin tremendismos,
comunicativo sin mayores efectismos. Sobresalió la brillante
interpretación de Waldo Franco como Virgilio Piñera, personaje que, en
la escena, dijo –admirablemente- algunos de los poemas del gran
dramaturgo cubano. Luego, destacó el arte de ese torrente de
temperamento y de talento que se llama Abraham o Imperio, como se
quiera, en una memorable reinterpretación de un tema de El fantasma de
la Ópera . De cerca seguido por las virtudes histriónicas de Samantha
de Mónaco, Estrellita, Naomi, Maridalia, y tantas otras, u otros –de
poco importa la delimitación-, que hicieron delirar al público,
siempre dentro de las normas del respeto y la profesionalidad. El
diseño de vestuario fue particularmente creativo, como en el caso de
el/la transformista que se vistió de policía, con uniforme metálico,
esposas y todo.

La escena era presidida por una enorme y preciosa bandera cubana. Y
Carlos, malicioso, con todas las mañas de su oficio, supo intercalar,
entre los divismos pop de las transformistas, notables estampas de la
cubanidad: la Cecilia Valdés del maestro Gonzalo Roig, un homenaje a
Oshún, un guiño a la gracia del teatro bufo cubano, etc. Y era hermoso
constatar cómo ese público –donde había de todo, pero abundaba
ciertamente el sujeto gay-, común y discriminatoriamente vinculado a
la frivolidad, aplaudía a rabiar cuando aparecían algunos de los
signos mayores de la cubanía.

Eso demostró que no se nos puede ir un Diego más. Estos, como aquel de
la entrañable película de Alea, Tabío y Senel, aman profundamente su
país y su cultura, y no hay razón alguna para que nada o nadie los
excluya o los ningunee.

El espectáculo fue la culminación de una exitosa jornada cultural
contra la homofobia, la transfobia y otras formas de exclusión. Detrás
de todo esto, estaba, justo es subrayarlo, una brillante mujer:
Mariela Castro, a quien tal vez su humildad le impida percatarse de
las páginas que está escribiendo para la historia de este país. Había
que ver la emoción con que los transformistas, entre lágrimas, le
agradecían, con flores y con abrazos, su obra de ensanchamiento
social. Quienes tuvimos el privilegio de asistir esa noche al Astral
guardamos el orgullo de haber compartido una noche histórica en la
vida de la nación cubana. Pero no sólo Mariela. Todo el CENESEX,
institución que encabeza las fuerzas democráticas de una Cuba abierta
al cambio; institución sabedora de que Revolución quiere decir que la
gente viva, sin odiosas exclusiones, sin pretericiones, sin
prohibiciones, sin silencios.

Son muchos los artistas, los intelectuales, los sexólogos, los
sociólogos interesados en una Cuba abierta a la vida. Esos
intelectuales y artistas son, antes, con absoluto orgullo, cubanos de
a pie. Cubanos que han devuelto la esperanza a los suyos, en cuanto al
sentido verdadero de la palabra Revolución. Una Revolución no se hizo
para zaherir, para sancionar, para olvidar; una Revolución se hizo
para que la gente respire, para que la gente se exprese, para que la
gente disfrute. El placer y la satisfacción no son enemigos de la
Revolución: son aliados; son legítimas ambiciones, allí donde un
tiempo sólo se pensó en el sacrificio y la abnegación. Que también,
porque la vida no es sólo una noche de lentejuelas, pero deber y
placer deben complementarse en la vida de mucha gente ávida de
experiencias como esta jornada.

No son tiempos para resabios. No son tiempos para pases de cuenta
impropios. No son tiempos para la torcedura de pensar que todo esto es
simulacro de la misma oficialidad. Como cuando Fresa y chocolate: palo
porque boga y palo porque no boga. Para los extremistas del exilio,
era una obra prevista por el régimen; para los extremistas de adentro,
era una obra pagada por la CIA. Y justo al medio, como en una carpa en
medio del mar, una pieza emancipadora, que abría caminos de
comprensión en la vida de los cubanos. Tiempos son de apoyar todo
aquello que implique apertura, entendimiento de que una Revolución no
es la guillotina al centro de la Plaza –como en aquella gran novela
del maestro- sino un grupo de transformistas encima de un escenario.
Porque hora es de comprender que el cuerpo de cada cual importa sólo a
cada quien, pues el individuo se mide por su grado de contribución al
cuerpo social, por el mundo de valores y no por las marcas en el
cuerpo físico: por el sentido de la solidaridad, de la fraternidad,
del desprendimiento, por la inteligencia, por la cultura.

Obra de inteligencia y de cultura ha sido esta jornada, que incluyó
debates, paneles, conferencias, exposiciones. En nombre de los
intelectuales cubanos, pero sobre todo de los cubanos sin gloria, de
los cubanos roncos y profundos de todos los días, esos que no resisten
más el diferimiento y la segregación, me arrogo el derecho de
agradecer al CENESEX y a Mariela Castro esta jornada cultural contra
la homofobia. Victoria ha sido de la nación cubana. Escrita ha quedado
en las mejores páginas de una Cuba que mira al mañana verdaderamente
con todos, por el bien de todos, y el diálogo humanísimo entre todos
los que, por naturaleza, son diferentes o similares. Diferentes son en
la apariencia –una pluma en la cabeza, una camisa de cuadros, una
cinta en el pelo-, pero idénticos son en tanto humanos y cubanos.

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Desde La Habana: "Poco a poco"

Por Manuel Alberto Ramy

"Ni payasos ni gente a despreciar, son personas como nosotros, pero
diferentes en cuanto a su elección sexual", me dijo Alex Caraiba --20 años,
estudiante universitario-- en uno de los pasillos del Pabellón Cuba, ubicado
en el corazón de La Rampa habanera. En esta amplia edificación se celebró la
actividad central por la Jornada Cubana contra la Homofobia.

"Soy heterosexual, pero estoy en contra de las discriminaciones: los apoyo",
añadió Alex.

"Estoy aquí para apoyarlos", dijo Yadira, también joven, quien sin detener
su camino hacia el salón central, agregó: "Me gustan los hombres, pero tengo
amigas lesbianas y no tienen porque andar escondidas".

Salir del closet y ser aceptados es un largo y paciente camino no exento de
problemas para los homosexuales, lesbianas, travestis y bisexuales. Pero
desde hace años cuentan con el apoyo del Centro Nacional de Educación Sexual
(CENESEX), que dirige Mariela Castro Espín.

El tema se las trae y abundan las discrepancias.
"Quien ha visto eso de parejas de ma.y de.", exclamó Julio (42 años,
empleado de correos) en la acera frente al Pabellón.

Como Julio hubo otros que manifestaron expresiones duras y despectivas.
También están los que no desean que los maestros o maestras de sus hijos y
nietos sean homosexuales o lesbianas.

La machista sociedad cubana -- en algunas regiones más que en otras--, ha
ido sufriendo cambios sensibles y apreciables en cuanto a la preferencia
sexual, especialmente en las generaciones más jóvenes. Otros,
particularmente entre los de mayor edad, no piensan igual.
De ahí el empeño divulgativo que primó en este evento.

Mariela Castro Espín sabe el terreno que pisa. Sus palabras en el evento
central lo demuestran: "Ustedes saben que estamos haciendo esfuerzos, no
solamente educativos, sino también en el plano de la legislación; que vamos
poco a poco, que vamos trabajando con mucho cuidado, porque las cosas que se
quieren mucho se trabajan con cuidado y con mucha atención".

Si bien ha logrado un mayor nivel de tolerancia hacia las diferentes
manifestaciones de la sexualidad, ella palpa que el tema es complejo y tiene
varias aristas, como el legal al que hace mención.

En el parlamento cubano se está revisando el Código de Familia y si bien la
aspiración del CENESEX y de los interesados es el de lograr el matrimonio
homosexual, la realidad inclina a limitar el objetivo.

En la Isla existen, además de segmentos importantes de la población que no
estarían de acuerdo, instituciones religiosas que por diferentes vías han
manifestado su rechazo a equiparar los matrimonios de homosexuales con los
de los heterosexuales. La Iglesia Católica cubana ha sido muy diáfana al
respecto. ¿Para qué tropezar con estas instituciones? ¿Para qué chocar con
opiniones adversas de la población, que podrían ser mayoritarias?

El presidente del parlamento cubano, Ricardo Alarcón de Quesada, quien
estuvo presente en el acto central, fue muy prudente en sus declaraciones a
los medios.

Esta Jornada "se conmemora en todo el mundo y busca promover la comprensión,
la educación entre los seres humanos y me parece que es una actividad
necesaria", expresó.

Comprender y educar equivalen a tolerar, no marginar, menos aún
reprimir --como sucedió en décadas pasadas-- y aceptar lo diferente; pero de
ahí al matrimonio hay un trecho largo.
En el evento, la aceptación tuvo un momento emocionante cuando una señora,
que se identificó como religiosa pidió la palabra y llamó a todos los
presentes a hacer lo mismo que los creyentes de su fe hacen en un momento
del servicio religioso: "Vamos a abrazarnos todos". Y lo hicieron, algunos y
algunas con lágrimas en los ojos.

Salto del retrato de algunos momentos de lo acaecido en el Pabellón Cuba a
darles mi opinión.
¿Habrá matrimonio? De momento no lo creo. Me parece que la solución será
dotar a las parejas homosexuales de los mismos derechos legales que tienen
las relaciones consensuales de las parejas heterosexuales, lo cual no es
poca cosa. Lo demás lo dirá el futuro.

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(tomado de La Jornada, 6 de junio de 2008)

Autoriza el gobierno del presidente Raúl
Castro las operaciones de cambio de sexo
--- Se avanza en "parte muy importante de los derechos" de esos
ciudadanos, dice
jefa del Cenesex

Gerardo Arreola (corresponsal)

La Habana, 5 de junio. El gobierno del presidente Raúl Castro autorizó las
operaciones de cambio de sexo y una atención integral de salud para personas
diagnosticadas como transexuales, en una de las tres reformas legales sobre
diversidad sexual que se estudia en Cuba desde hace tres años.

La decisión quedó formalizada esta semana con una resolución del ministro de
Salud Pública, José Ramón Balaguer, y "significa que estamos avanzando en
una parte muy importante de los derechos de las personas transexuales", dijo
a La Jornada Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de
Educación Sexual (Cenesex), además de hija del mandatario cubano.

"Demuestra el compromiso que tiene el Ministerio de Salud Pública con esas
personas, a partir de lo que está legitimado científicamente", añadió la
funcionaria. "Discutimos mucho para garantizar que el procedimiento sea lo
más riguroso posible".

Castro Espín dijo que se realizarán intervenciones en Cuba en cuanto
concluya el entrenamiento que sigue un equipo médico.

De acuerdo con la resolución, las personas que sean diagnosticadas
transexuales tendrán derecho a solicitar la cirugía para cambiar de sexo.

Como el resto de la sanidad pública cubana, estas intervenciones se
realizarán sin costo para el paciente.

Hasta ahora el Cenesex ha diagnosticado transexuales a 27 personas y tiene
en estudio a otras 57. De las primeras, 13 cambiaron su carnet de identidad
oficial y siete lo están tramitando. Una de las diagnosticadas fue operada
en 1988, bajo una autorización especial, y vive como mujer.

El ministro de Salud Pública resolvió crear una comisión especializada para
la atención a transexuales, encabezada por el Cenesex, así como un centro de
servicios integrales de salud para esas personas, que ofrecerá la consulta,
el estudio de fondo, el diagnóstico, el tratamiento y eventualmente la
cirugía, el posoperatorio y el seguimiento.

Las personas transexuales con diagnóstico firme podrán optar libremente por
someterse o no a dicha cirugía.

Una segunda iniciativa sobre diversidad sexual, todavía en discusión, es la
de una legislación sobre identidad de género, que permitiría que un
transexual diagnosticado pueda cambiar su identidad legal, sin que
necesariamente deba ser operado.

Aunque la transexualidad se considera internacionalmente un "trastorno de
identidad de género", la argumentación del Cenesex para esta legislación se
basa en reconocerla una "realidad especial, que necesita una respuesta
especial de la sociedad".

La tercera propuesta es parte de un conjunto de reformas al Código de
Familia, que prevé el derecho a la libre orientación sexual e identidad de
género (homosexuales, bisexuales y transexuales).

Esa propuesta incluye, entre otros, el reconocimiento legal de las uniones
entre personas del mismo sexo, que no tendrá el nombre jurídico de
"matrimonio", pero extiende a esos casos la preservación de derechos como
los patrimoniales y los hereditarios.

Los cambios en el Código de Familia implicarían adecuaciones en cadena a
otras leyes, como el Código Civil o normas laborales o administrativas, para
que personas homosexuales o transexuales puedan ejercer sus derechos en
igualdad de condiciones que las heterosexuales.

La Federación de Mujeres Cubanas ha propuesto realizar reformas al Código de
Familia desde hace por lo menos 15 años, pero el proyecto todavía no pasa al
trámite legislativo






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