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Asunto:[GAP] Ciudadanas para una nueva era / Los derechos de las mujeres y las propuestas sociales
Fecha:Lunes, 18 de Febrero, 2002  20:06:35 (-0700)
Autor:Ricardo Ocampo-RedLuz <anahuak @.............mx>

 
Foro SUPERLUPE 
El Retorno de la Diosa 
www.elistas.net/foro/superlupe 
 
 
CIUDADANAS PARA UNA NUEVA ERA 
<http://alainet.org/active/show_textmuj.php3?key=748>; 
Por Irene León*  
*Socióloga ecuatoriana, Directora del Area Mujeres de ALAI. 
 
A la cabeza de los avances realizados por la humanidad en este siglo que 
termina, se ubican dos elementos trascendentes: el reconocimiento universal 
de la calidad de sujeto histórico de las mujeres y la introducción del 
concepto género, que ubica a los "sexos" como grupos socio-económicos 
definidos, interrelacionados, históricos y, por lo tanto, sujetos a 
transformaciones. 
 
Estos avances, que rompieron con siglos de estancamiento en los cuales se 
consideraba a las mujeres y a los hombres como grupos biológicos, naturales 
e inamovibles, sólo fueron posibles gracias a un proceso político y 
organizativo de las mujeres, quienes, a lo largo del siglo y a lo ancho del 
planeta, articularon un marco propositivo, basado en el cuestionamiento de 
las relaciones socio-económicas y de poder entre hombres y mujeres, cuyo 
alcance abarca desde lo doméstico hasta lo global. 
 
El postulado de que las desigualdades de género se construyen y se 
reproducen en una relación social mediada por elementos económicos, 
ideológicos y políticos, ha puesto en evidencia que la transformación de las 
relaciones desiguales entre hombres y mujeres involucra dialecticamente a 
estos dos grupos sociales, pues cada uno de ellos es condición y 
consecuencia de la existencia del otro. 
 
Políticamente, este proceso ha permitido la legitimación del movimiento de 
mujeres, lo que ha posibilitado delinear una identidad colectiva, afirmar 
las necesidades de cambio y proponer líneas de acción propias. Este avance 
político está generando la adopción de políticas nacionales e 
internacionales que significan, de manera implícita, el reconocimiento de la 
necesaria transformación de un problema histórico y estructural. 
 
Los derechos de las mujeres y las propuestas sociales 
 
Las luchas del movimiento de mujeres se han situado en todos los ámbitos, 
cuestionando las estructuras pero también los comportamientos personales, y 
de manera singular buscando su participación ciudadana en el quehacer común 
de la sociedad y en el poder. 
 
En la actualidad, América Latina y el Caribe se destacan en el panorama 
mundial tanto por la vitalidad del movimiento de mujeres como por la 
apertura creada para las propuestas de género en diversos sectores, 
movimientos e instituciones. Pues hoy en día son muy pocos los actores/as y 
sectores que no se han planteado aún, desde una diversidad de matices, la 
creación de espacios de participación de las mujeres, en sus marcos 
generales o en rubros específicos. 
 
Y, es justamente, insisto, la demanda de participación y acciones concretas, 
expresadas desde el movimiento de mujeres, el principal motor de estos 
cambios. Así, por ejemplo, la historia reciente de la región registra la 
inclusión de propuestas de género en el movimiento de derechos humanos 
quien, al confluir con el movimiento de mujeres, fue encaminado a reconocer 
e integrar en su cuerpo propositivo y reivindicativo, el postulado de que 
los derechos de las mujeres son derechos humanos y que la violencia de 
género constituye una vulneración de estos. 
 
De igual manera, el movimiento campesino, indígena, negro, ecologista, y el 
conjunto de los movimientos ciudadanos, están empeñados en el desarrollo de 
respuestas específicas, para enfrentar la imbricación de las desigualdades 
de género con cada una de las singularidades expresadas por ellos. 
 
Este primer paso en el reconocimiento social de las desigualdades de género, 
abre sin duda la posibilidad de ampliar, profundizar y concretar la igualdad 
futura. De allí que el movimiento de mujeres, principal actor de estos 
avances societales, contempla en su agenda global un amplia gama 
reivindicativa, que podemos agrupar en los siguientes ejes centrales: 
ciudadanía y participación; derechos humanos, principalmente reproductivos y 
sexuales, económicos y sociales. 
 
Problema número uno: enfrentar la pobreza y la exclusión 
 
Aunque el movimiento de mujeres no ha desplegado aún acciones regionales, 
acordes con la dimensión del impacto de los actuales procesos de exclusión y 
agravación de la pobreza, su agenda enfoca invariablemente esta 
problemática, desde diversas posturas. 
 
En todos los países, las mujeres han hecho público que ellas afrontan, casi 
exclusivamente, la responsabilidad de la subsistencia económica y 
socio-afectiva de sus familias; mientras que, independientemente del grado 
de formación profesional, el desempleo y el subempleo de género son 
permanentes. 
 
En las áreas rurales, preocupa a las campesinas el desplazamiento de la 
concepción de autosubsistencia y abastecimiento local, hacia una visión que 
ubica exclusivamente a la exportación como eje de la producción, en 
beneficio de la agro-industria mercantil. Ese cambio estructural de 
concepción, implica para las campesinas y pequeñas productoras no sólo una 
exclusión mayor del acceso a la propiedad de la tierra, a la capacitación y 
a la tecnología sino que suscita la universalización de la categoría de 
"obreras/os agrícolas" y, por ende, pone en riesgo la misma existencia del 
campesinado como núcleo social y abastecedor. 
 
Preocupa, igualmente, el éxodo de las mujeres hacia las urbes regionales y 
hacia el Norte, tanto como su predominancia en el sector informal, problemas 
ubicados como síntomas de la aplicación desajustada de un modelo de 
desarrollo, que se sustenta en la verticalidad de género y otras formas de 
discriminación. 
 
En América Latina y el Caribe, la familia encabezada por una mujer 
constituye la figura más frecuente en la mayoría de países, lo que obliga a 
las mujeres a mantenerse en constante actividad, para generar ingresos fijos 
y obviamente paliar con creatividad los efectos de la crisis. 
 
También figura entre las preocupaciones, el hecho de que, en este proceso de 
desarrollo desigual, se han redefinido las funciones socio-económicas de las 
mujeres, particularmente aquellas relativas al cuerpo, llegando a considerar 
al cuerpo femenino como mercancía asociada a un producto, como actor 
privilegiado de producción y consumo y finalmente como propio objeto de 
consumo. Y, en este sentido, desde la utilización publicitaria hasta la 
venta misma de mujeres, pasando por la utilización pornográfica, responden a 
la misma lógica: la cosificación de las mujeres y la atribución de su 
consecuente valor mercantil. 
 
En suma, la inserción socio-económica de las mujeres se ha modificado 
considerablemente con el proceso mundial de modernización capitalista. No 
obstante, la reubicación de la mano de obra, y hasta la participación de las 
mujeres en las instancias de poder, tiende a seguir los patrones sexistas de 
la división del trabajo, a la vez que mantiene la segregación laboral y 
económica según el género. 
 
Con estos antecedentes, el nuevo milenio despuntará para las mujeres con la 
necesidad de plantear la lucha contra la pobreza y la exclusión como tema 
número uno de su agenda propositiva. 
 
La ciudadanía como eje de la vigencia de derechos 
 
Las gigantescas mutaciones técnicas, las transformaciones aportadas por la 
globalización, la omnipresencia del modelo neoliberal, entre otros, han 
modificado los puntos de referencia culturales, geográficos, políticos y 
éticos de la ciudadanía. En consecuencia, han condicionado el desarrollo de 
enfoques innovadores del convivir humano, que plantean nuevos modos de 
intervención y de propuestas sobre los contenidos de la vida cotidiana y las 
proyecciones colectivas. 
 
Es más el incremento de los procesos de exclusión social, plantea el 
desarrollo de una nueva concepción democrática que encare, en su forma y 
contenidos, las transformaciones resultantes de la globalización, del avance 
científico, de la técnica y de la comunicación; y que encamine propuestas de 
ciudadanía acordes con los desafíos de la época. 
 
En lo político, mientras la lógica neoliberal de la reducción del Estado y 
de las privatizaciones anula su potencial redistributivo y comercializa las 
prácticas democráticas, se perfilan propuestas para la construcción de 
formas democráticas participativas, que cualifiquen la intervención 
ciudadana en los espacios locales, nacionales e internacionales. 
 
En ese contexto, el movimiento de mujeres ha priorizado en su agenda el 
desarrollo de propuestas de ampliación y/o reconceptualización del término 
ciudadanía, que contemple elementos reales para la participación social y la 
creación de nuevas modalidades de democracia. 
 
Estas propuestas abarcan el reconocimiento de derechos individuales y 
colectivos, relativos a la vida cotidiana, la cultura, la comunicación, el 
medio ambiente, la reproducción, la sexualidad, el consumo, la dignidad 
económica, el acceso a la tecnología y al saber, la libertad de 
desplazamiento, la no violencia y diversas formas de auto-determinación. 
 
Abarcan también, la apropiación de las decisiones personales y la 
participación en las decisiones sociales, en el barrio, en la ciudad, en el 
país y en la esfera internacional. En otras palabras, con estas iniciativas 
de reconceptualización, el movimiento de mujeres, y otras organizaciones 
ciudadanas, se proponen autodefinir sus posibilidades de intervención y 
orientar sus propias motivaciones, desde múltiples facetas, alternativas y 
nuevos criterios éticos. 
 
Entre los requisitos señalados para la viabilidad de la nueva ciudadanía y 
su participación, se destacan: 
 
- el funcionamiento efectivo de una democracia participativa; 
 
- la creación de instancias permanentes de información y evaluación, 
abiertas a las organizaciones de la sociedad civil, para que éstas puedan 
intervenir verdaderamente en las decisiones; 
 
- la creación de instancias de control e intervención ciudadana; 
 
- las consultas ciudadanas sobre las opciones económicas y sociales, las 
prioridades, los equilibrios ecológicos, las decisiones relativas a la vida 
cotidiana, etc. 
 
- una mejor distribución de los recursos. 
 
Los derechos reproductivos y sexuales 
 
En esa misma línea, cuando los planificadores mundiales pretenden 
monopolizar las decisiones sobre la reproducción, en base a criterios 
demográficos, económicos, y hasta étnicos o morales, el movimiento de 
mujeres está proponiendo el reconocimiento de derechos reproductivos y 
sexuales, que comprenden la autodeterminación y la libre decisión de las 
personas frente a sus cuerpos y opciones. 
 
La formulación de los derechos reproductivos tiene como eje la defensa de la 
vida de las mujeres, la autonomía de sus cuerpos y fundamentalmente la 
libertad de decidir sobre la reproducción. Estos derechos también se 
articulan al acceso a una sexualidad más humana, desvinculada del comercio 
sexual y la violencia, que no se restrinja apenas a las actividades ligadas 
al funcionamiento del aparato genital y transcienda las necesidades 
biológicas, para dejar campo a la libertad de escoger el ejercicio de su 
propia sexualidad. 
 
Comunicación y tecnologías para el avance de las mujeres 
 
En el plano tecnológico, el actual momento enfrenta la transición de una era 
centrada en la utilización de la energía hacia otra que reposa sobre la 
información, la informática, la telecomunicación, la bio-tecnología. Este 
proceso no sólo modifica el quehacer en la industria, la agricultura, el 
comercio y los servicios, sino que genera, por su propia naturaleza, además 
de un reordenamiento económico y social, una reorganización del 
funcionamiento político e ideológico global. 
 
De cara a esta realidad, y como puntal de lanza para la participación 
democrática de las mujeres en los desafíos de la nueva era, ha despuntado en 
el movimiento de mujeres, principalmente desde las comunicadoras, la 
formulación de propuestas en torno al derecho de las mujeres a la 
información, a la comunicación y a su participación en la toma de decisiones 
sobre las opciones científicas y tecnológicas, como requisitos básicos para 
garantizar la vigencia de la democracia (Ver artículo de Sally Burch en este 
número). 
 
El desarrollo de estos enfoques representan en sí uno de los grandes 
desafíos sociales para el próximo milenio. 
 
Enfrentar el racismo y enfocar la diversidad 
 
El desarrollo del feminismo y la ampliación del movimiento de mujeres han 
conducido de manera inequívoca a la demarcación de diversas corrientes que 
comparten un espacio de definición común, pero que se cualifican en torno a 
otras filiaciones como la étnica, la socio-económica, la política, la 
orientación sexual, los referentes nacionales, etc., que constituyen 
singularidades determinantes en el momento de elaborar definiciones, 
delinear estrategias y canalizar propuestas hacia el conjunto de la 
sociedad. 
 
Entre las acciones que han visibilizado esta diversidad, merece mención 
particular el despunte de procesos organizativos y reivindicativos 
impulsados por las mujeres negras e indígenas, que se articularon en gran 
parte en torno a las movilizaciones relativas a la Campaña "500 años de 
Resistencia Indígena, Negra y Popular"(1992), principal catalizadora de los 
procesos organizativos de las etnias discriminadas en el continente. 
 
Figura en ese rubro, el desarrollo de los espacios de articulación de las 
mujeres indígenas, proceso que se expresó en el I Encuentro Continental de 
Mujeres Indígenas (Ecuador, mayo/96), del cual resultó la Declaración del 
Sol, cuya propuesta contempla desde diversos elementos para dar solución a 
los principales problemas que atañen a las mujeres, hasta una propuesta 
general para el desarrollo de la sociedad, pasando por diversos aspectos 
relativos a la discriminación étnico-racial que afecta a las mujeres 
indígenas. 
 
Por su parte, las mujeres de origen africano han emprendido un proceso de 
articulación, que se ha expresado en convocatorias de carácter regional, 
tales como el Encuentro Continental de Derechos Humanos de las Mujeres 
Negras (Ecuador/96); la celebración del Instituto de Verano de la Mujer 
Negra (Venezuela/93) y el II Encuentro de la Red de Mujeres Afro caribeñas y 
Afro-latinoamericanas (Costa Rica/96). Procesos de los cuales se desprenden 
propuestas políticas que imbrican las discriminaciones de género, etnia y 
clase, y planteamientos para desarrollar, sobre esa base, una estrategia 
para enfrentar la exclusión social y encarar la globalización. 
 
Este desarrollo organizativo interpela al conjunto del movimiento de 
mujeres, y demás actores sociales, a desarrollar prácticas más englobantes, 
que sobrepasen el propósito liberal de "tolerar las diferencias" para llegar 
a poner en práctica mecanismos que viabilicen un nuevo milenio basado en la 
diversidad. 
 
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