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Asunto:[GAP] Primer centro de cultura tolteca en Mesoamérica
Fecha:Lunes, 15 de Abril, 2002  23:43:29 (-0500)
Autor:Malena Sotomayor <msotomayor1 @.........pe>

 
 
      EL ANTIGUO CHICOMOSTOC  
      Primer centro de cultura tolteca en Mesoamérica  
      JESUS CABRAL 
            
 
      Se acepta, en general, que luego del desembarco en algún lugar del golfo
de México, quizá cerca de los límites entre los estados de Tamaulipas y Veracruz,
las tribus toltecas provenientes de la isla de Aztlán (que es sin duda la
Atlántida), vinieron a fundar Chicomostoc ("Siete Cuevas" según la etimología más
aceptada) como su primer centro de cultura en tierras meso y árido americanas.
Las informaciones precisas al respecto son sin embargo bastante escasas y se
reducen sólo a referencias extraordinariamente breves y que sin embargo dejan
entrever que se trataba de un lugar de gran importancia.1   
      A veces se ha confundido Chicomostoc con Aztlán y dicha confusión ha
tenido lugar incluso en tiempos de Moctezuma, es decir, apenas unos años antes de
la conquista española. A pesar de todo las referencias a Chicomostoc son bastante
claras y por ello han sido objeto de ardua indagación que se ha topado siempre
con dificultades que las "herramientas" de los historiadores y arqueólogos jamás
han podido superar. Se han aventurado, sin embargo, a afirmar que probablemente
Aztlán no es más que un lugar mítico que hace referencia simbólica a una isla que
jamás existió en mar alguno. O bien, dicen, se trata de una minúscula isla
(Mexcaltitán) en algún estero del pacifico (a pesar de que todas las referencias
indican el oriente como el lugar donde se encontraba Aztlán) y a la cual es
posible llegar casi a lomo de mula. Respecto a "Siete Cuevas" se coincide con
relativa unanimidad y acertadamente, pienso yo, en que dicho centro debió
ubicarse en el sur de áridoamerica, concretamente en algún lugar de la porción
más norteña del altiplano central mexicano. Sin embargo, los arqueólogos siempre
se han topado con el curioso, para ellos, hecho de que no existen "ruinas" que
correspondan a la importancia que todos atribuyen a Chicomostoc y es esto lo que
ha llevado a algunos a dudar de su existencia real y tangible en algún momento de
la historia, mientras que otros han "decidido" que la ubicación de Siete Cuevas
correspondió a la que hoy tiene una pequeña pirámide y otros edificios menores
encontrados un poco al sur de la ciudad de Zacatecas, en un sitio conocido como
La Quemada y el que desde hace ya muchos años es conocido también como
Chicomostoc, debido a esa decisión.  
 
      El lugar es sin duda interesante y, por qué no, muy bello (como sin duda
lo es la isla de Mexcaltitán), pero en modo alguno corresponde a lo que podría
esperarse de Chicomostoc. No tanto por lo modesto de las construcciones en piedra
cuanto por lo modesto y lo, por así decir, ordinario del lugar. Esto requiere una
consideración: determinar la ubicación de un centro de cultura tal que
Chicomostoc, o cualquier otro de esa importancia, en épocas similares y sobre las
que más adelante intentaremos dar alguna precisión, era una tarea que no se
realizaba al azar y según no importa qué criterios. Al contrario, era algo que
requería no sólo de un sentido estético de la geografía, sino de la aplicación de
conocimientos de los que nuestro "siglo" ha perdido casi totalmente noticia. Esto
es algo que era además la norma en toda la redondez de la tierra. Si bien es
cierto que hemos perdido, como cultura, las claves de una ciencia tal, siempre
acaba uno por reconocer algo especial en los lugares mismos donde los grandes
centros de cultura antigua se situaban. Esto último puede convertirse en un
indicio (y sólo eso) para determinar la ubicación posible de Chicomostoc,
especialmente cuando consideramos la época tan antigua en que debió haber sido
fundado, sobre todo para entender lo inútil de buscar "ruinas" de edificios que
probablemente nunca existieron o al menos nunca fueron de piedra al estilo de los
más recientes, como Teotihuacán o los de Oaxaca, y la zona Maya.  
 
      Hay que reconocer que toda la investigación "moderna" sobre Aztlán y
Chicomostoc no ha logrado agregar una sola palabra a lo que las tradiciones
nahuas y mayas dicen sobre ambos lugares, menos aún han logrado esclarecer su
posible ubicación. Incluso, no parecen haber prestado aún suficiente atención a
lo que dichas tradiciones dicen sobre sus orígenes.  
 
      A pesar de eso, la tarea no parece del todo insoluble en cuanto a la
ubicación posible de Chicomostoc y menos aún respecto de la ubicación de Aztlán,
a la que tanto las tradiciones nahuas como mayas ubican en el mar atlántico, lo
que además explicaría perfectamente la aparente afinidad fonética entre las voces
Aztlán y Atlántida.2   
 
      En nuestro intento modesto de sugerir algunas pistas de investigación
consideremos ahora la probable situación de "Siete Cuevas" en el tiempo.  
 
      Para esto es necesario hacernos una idea de la época de la migración
tolteca procedente de Aztlán, hasta donde esto pueda ser posible. Si bien vamos a
tener que considerar fechas muy anteriores a lo que la mayoría podría considerar
como razonables, no estamos realmente hablando más que de las épocas "olvidadas"
más cercanas a nosotros y si les conviene el nombre de "épocas prehistóricas"
será sólo porque son anteriores a la historia que los modernos consideran
"documentada" y que en realidad no va muy lejos. El criterio que debamos
seguir para determinar el momento de la migración tolteca tiene que partir de un
hecho indudable: a saber, que la migración debió darse en una época en la que
Aztlán aún no había desaparecido de la faz del océano atlántico. Esto parece que
no requiere de ninguna argumentación adicional. Sin embargo, hay dos textos
antiguos explícitos que demuestran que cuando se dió la migración la isla no sólo
aún estaba ahí sino que, sobre todo, permaneció ahí por algún buen tiempo, antes
del cataclismo que la hizo desaparecer.   
 
      Por un lado, la narración tradicional náhuatl indica que las tribus
llegaron por mar, guiadas por sus sacerdotes, sus sabios y afirma que ellos no se
quedaron acá sino que regresaron a Aztlán:   
 
 
      "En un cierto tiempo que ya nadie puede contar,   
      del que ya nadie puede ahora bien acordarse,   
      quienes aquí vinieron a sembrar a los abuelos,   
      a las abuelas,   
      estos, se dice,   
      llegaron, vinieron, .   
      Por el agua en sus barcas vinieron,   
      en muchos grupos,   
      y allí arribaron a la orilla del agua,   
      a la costa del norte,   
      y allí donde fueron quedando sus barcas,   
      se llama Panutla, .   
      .sus sacerdotes los guiaban,   
      y les iba hablando su Dios. .   
      Los que allí estaban eran los sabios,   
      los llamados poseedores de los libros de pinturas,   
      pero no permanecieron mucho tiempo,   
      los sabios luego se fueron,   
      una vez más entraron en sus barcas."3 
 
 
      Por otro lado, el libro maya del Popol Vuh, en algún lugar,4 narra el
viaje de ciertos personajes a la isla que está del otro lado del mar, hacia el
oriente, y afirma que dichos personajes hicieron la travesía con éxito, pudiendo
retornar. En el caso del Popol Vuh, la referencia no hace alusión a la isla con
el nombre de Aztlán sino que menciona más bien el del centro más importante que
existía en Aztlán: Tula, que en el Popol Vuh se nombra Tulán.   
      Está pues fuera de duda que cuando Chicomostoc se fundó aún existía Aztlán
(pues las narraciones mayas y nahuas dan a entender con claridad que Siete Cuevas
se vino a fundar después de la migración y antes del retorno de los personajes a
los que se refiere el Popol Vuh), y esto nos obliga a reconocer que su antigüedad
data entonces de al menos algunos siglos antes de la desaparición de Aztlán y
como este último acontecimiento debió situarse aproximadamente 10 u 11 mil años
antes de nuestra era,5 podemos entonces tener una idea de la antigüedad de Siete
Cuevas. Pero tampoco debemos exagerar esto, pues es evidente que el momento de la
cultura atlántida al que nos referimos, por antiguo que pueda parecer, no es más
que el de sus propias postrimerías. Además es preciso sobre todo evitar creer que
la migración tolteca a América fue la causa del poblamiento del continente. En
absoluto. Algunos pueblos que han subsistido como tales, hasta donde esto puede
ser posible en un territorio como el que actualmente llamamos México, tan variado
y complejo, estaban aquí antes de la migración tolteca. Uno de los que con más
seguridad pueden ubicarse en esta categoría es el pueblo Otomí. Y ciertamente hay
algunos más. Lo que aquí conviene señalar es lo que ya se ha indicado en muchos
otros estudios, y es que las construcciones en piedra son en realidad muy
recientes y responden además a épocas y culturas con intenciones e intereses que
manifiestan algún grado de "descenso" de las preocupaciones más elevadas. Es el
motivo de la falta de cierta documentación "pétrea" de la cultura druida y
algunas de sus contemporáneas, como es el caso de la cultura tolteca antigua. Y
es pertinente este calificativo de "antiguo" pues, en el caso al menos de los
toltecas, aunque no exclusivamente, han tenido que pasar por demasiados períodos,
como es lógico suponer con una historia que se remonta tan lejos y que por lo
demás no ha terminado ciertamente. Sus conocidos monumentos pétreos, por bellos
que parezcan, no son sino de una época, como se ve, muy posterior y que no
necesariamente representa el "logro de algo" de lo que en sus "épocas primitivas"
(Chicomostoc) hayan carecido, a menos que hablemos exactamente "al revés" de como
habría que hacerlo y llamemos "logro" a la pérdida y "ascenso" al descenso.   
 
      En suma, es inútil buscar "ruinas" de Chicomostoc por la simple razón de
que pertenece a una época en la que las gentes, y me refiero a las de mayor
estatura cultural (lo que eso entonces significara), estaban más a gusto viviendo
a la sombra de un árbol, al cobijo de alguna hendidura en la roca y presentando
ofrendas en el claro del bosque, que en casas o templos de piedra. La importancia
cultural de Chicomostoc, sin embargo, no puede ser soslayada y a pesar de su
antigüedad creemos que algo aún podemos saber de ella, e incluso algo aún tiene
que decirnos a nosotros. Si lo podemos descubrir y ver.   
 
      El lugar de las Siete Cuevas era el punto de referencia geográfico y
espiritual de un "mundo", era su centro, su ombligo. Un mundo diverso, no
uniforme, de ahí su denominación de Siete Cuevas, que en ocasiones es referido
como el Lugar de donde salieron las Tribus,6 que no tenían que ser en número de
siete (con más frecuencia se habla de trece tribus), siendo este número aquí ante
todo algo simbólico, pero ciertamente se trataba de pueblos diversos, no
antagónicos, desarrollando cada uno su propia naturaleza, siguiendo sus propias
costumbres, hablando su propia lengua y sobre todo sabiendo que eran parte de un
mundo cultural amplio. El mundo tolteca.   
 
      La vida de esas tribus toltecas de la era primitiva no la podemos
ciertamente conocer con detalle ni creo que alguien, fuera de ellos mismos, pueda
pretenderlo. Podemos en cambio, intentar determinar con alguna precisión la
ubicación geográfica de Chicomostoc.   
 
      ¿Cómo podríamos ahora, tantos milenios después, encontrar alguna pista que
nos permitiera determinar la región o lugar donde Chicomostoc se encontraba? ¿Es
que existen aún costumbres o tradiciones de esa época en los pueblos que
actualmente viven en las regiones áridoamericanas y que nos den algún indicio
sobre su ubicación y, lo que sería definitivamente más importante, su cultura?
Parece que así es. Aún más, creo que el caso es que varios pueblos de los que
"nacieron" en Chicomostoc aún caminan por esta tierra conservando su propia
esencia y estilo, al margen (hasta donde esto ha sido posible en las condiciones
cíclicas en que nos encontramos) de la occidentalización que todo lo ha
uniformado, e incluso nos parece que algunas de sus tradiciones se refieren
precisamente al lugar de su origen, ahí donde fueron creados como pueblo: El
mítico Siete Cuevas. Pero sólo voy a referirme al caso del pueblo Wixarrica, que
actualmente vive en la Sierra Madre Occidental, que precisamente bordea el
altiplano central hacia el occidente y que quizá como ningún otro pueblo
(excepción hecha de los Raramuri) ha sabido mantener vivas sus tradiciones,
repito: hasta donde eso es posible en estas regiones, en estos tiempos, y con
frecuencia esto es afortunadamente posible a veces en mayor grado del que a
primera vista pudiera parecer.   
 
      Este pueblo, el de los Wixarricas, vive en una geografía que no es la
moderna, a pesar de todo. Ellos moran en el centro, o mejor dicho, alrededor del
centro del mundo (de "su mundo", huelga precisarlo) que para ellos es "cuadrado",
y más precisamente representado por una cruz, cuyos extremos son tantos otros
"reflejos" del centro, situados en las cuatro direcciones. Según sus propios
tiempos y ritmos ellos peregrinan a esos "centros" situados hacia los cuatro
vientos, que para ellos están, al norte, en algunas cuevas remotas de la sierra,
en el estado de Durango. Al occidente, en las playas del pacífico; al sur, en las
riberas del lago de Chapala. Al oriente, su centro ceremonial reviste con
claridad una importancia fundamental y es conocido como el lugar del origen,
donde fueron creados como pueblo, como tribu, y no afirman que sea el origen de
ellos exclusivamente sino que consideran que "ahí" fueron creados los pueblos, de
los que ellos forman parte y que componen el "mundo" en el que ellos viven.  
 
      Tal región, hacia el "oriente" es objeto de peregrinaciones extenuantes
pues ese lugar se sitúa a unos quinientos kilómetros de distancia de Huaynamota,
su centro ritual, alrededor del cual viven, el centro de su cruz. Esta región se
conoce como Wirikuta y se sitúa en pleno altiplano central, un poco hacia al
oriente, ya cerca de la Sierra Madre Oriental. Una de las principales actividades
que ellos realizan en Wirikuta, a donde van según un calendario más "interior"
que cronológico, a diferencia de otros acontecimientos o ritos, es la recolección
del Jíkuri o "Carne de Dios" y que es una planta sagrada que tiene en su vida
cotidiana una particular importancia, como es ampliamente sabido.7 Al final de
esta peregrinación, que es sin duda central en la vida de todo wixarrica, y antes
de retornar a casa, suben al cerro de Leunar a depositar ofrendas y realizar
ritos y acciones sagradas igualmente centrales en la vida de este pueblo. Esta
montaña es de particular importancia en su geografía sagrada y constituye su
centro ceremonial más oriental. Wirikuta es como ellos llaman a esta región, pero
muchas otras tribus y pueblos la consideran, bajo otros nombres seguramente, como
un lugar de particular importancia; aunque por diversas circunstancias, la
relación que guardan con él nos es más difícil de conocer y no sentimos ninguna
tentación de indagar ahí donde no es uno llamado y donde sentimos que los
interesados quieren guardar discreción. En cuanto a los Wixarricas, al menos en
este punto, ellos no experimentan ningún recato en comunicar algunos aspectos de
su cultura, como sí lo manifiestan respecto de otros. Lo que aquí señalo es algo
del dominio "público" y cualquiera que así lo desee puede atestiguarlo.   
 
      La ubicación de Wirikuta no es en modo alguno un secreto. Está situada en
el extremo norte del estado de San Luis Potosí e incluso recientemente se ha
declarado "Santuario Ecológico y Cultural", lo que al menos da un poco de respiro
a la región en tiempos de asfixiante modernización de la agricultura que no ve la
extensión de la tierra más que como un dato a traducir en términos de
productividad y recursos financieros.   
 
      Lo que es interesante considerar, y con eso termino esta entrega, es la
cuestión de si ¿no será precisamente en esa región en la que habría que ubicar el
antiguo Chicomostoc o Siete Cuevas? Me parece que hay más motivos para suponer
que así es de los que habría para ubicarlo en algún otro punto del altiplano
central. Esto es más claro cuando recorre uno las alturas de Leunar, que no es
más que uno de los puntos más altos de una relativamente pequeña serranía, una de
las más altas y compactas de las varias que se elevan en medio del altiplano. Es
precisamente entonces cuando uno es llevado a pensar que si un lugar como
Chicomostoc debía estar en un lugar especial, éste sin duda reúne todos los
requisitos. No carece de interés, por lo demás, notar que esta sierra se conoce
como la Sierra de Catorce y que por algún motivo se desconoce el porqué de este
nombre (aunque se tejen mil historias alrededor). En todo caso, se trata de un
nombre bastante sugestivo y que sin querer llevar las cosas muy lejos, guarda al
menos una curiosa relación de coincidencia con el antiguo nombre de Siete Cuevas.

 
      Otro aspecto digno de mención es el hecho de ser Catorce un importante
lugar de peregrinación, no ya para los Wixarrica (o Huicholes, como los conocen
los mexicanos) sino para los cristianos. Ahí se venera una imagen de Francisco de
Asís (que está en la parroquia del pueblo de Catorce) que atrae peregrinos los
365 días del año y que en los primeros días de octubre de cada año alcanza a
veces la cifra de los 200 mil; en un pueblo donde dificilmente moran 1000
habitantes. Tampoco es de nulo interés notar la similitud (para el que esto
escribe al menos) entre lo que es un aspecto importante del "mensaje" de
Francisco y la "enseñanza" del "Venado" (como es a veces nombrado el Jíkuri
-peyotl, en náhuatl) a saber: la íntima y vital relación que el hombre tiene con
el universo, visible e invisible, y del que no podemos sustraernos sin las peores
consecuencias para todos. Para el Wixarrica, venir a Wirikuta es venir al origen,
a la fuente de la propia identidad, y comer la "Carne de Dios" es descubrir los
rayos de luz que unen todo el universo en una gran trama, de la que somos parte,
y en la que tenemos una responsabilidad. Así, el hombre wixarrica, especialmente
cuando viene a Wirikuta, habla con el abuelo fuego, con el padre sol, con la nube
y la montaña, al igual que con todas sus deidades, las que siempre lo han
acompañado, las que estaban aquí desde que fueron creados y para las que mil años
son un segundo. Habla con ellas y ellas le hablan, el tema es la vida en todas
sus dimensiones. Pregunta y es preguntado, responde y se le responde. Al final
regresa a su hogar renovado. Esas deidades lo siguen guiando como individuo y
como pueblo.   
         
 
      Si esto no es un secreto, puede uno pensar que no lo es porque
precisamente no debe serlo y porque al menos en algunos aspectos, lo poco que
podemos conocer de los pueblos de Siete Cuevas tiene algo que decir al hombre
moderno que sea capaz de descubrir ahí algo para él mismo.    
 
        
      Historia Tolteca-Chichimeca, pág. 11  
 
      NOTAS  
      1 Las referencias más claras a Aztlán y Chicomostoc se encuentran
recopiladas principalmente en el Códice Aubin, publicado en la Biblioteca
Nahuatl, cuaderno 1º. vol. V., México, 1903 y que infinidad de estudios citan.
V.gr.: W. Krickeberg, Mitos y Leyendas de los Aztecas, Incas, Mayas y Muiscas.
Fondo de Cultura Económica, México 1971.  
      2 A este respecto llama la atención la falta de atención que los
lingüistas han prestado a la aparente semejanza que tienen algunos vocablos
nahuas y celtas y que podría sin embargo aportar interesantes "pruebas" del
vínculo atlántide que une a ambas culturas.   
      3 Estos fragmentos revisten particular interés. Forman parte de la
Topializtli (Tradición) tolteca que se ha conservado en forma oral y con la ayuda
de diversos símbolos hasta nuestros días. Los fragmentos aquí reproducidos forman
parte de una extensa transcripción de narraciones que los Tlatoani (Sabios
ancianos) revelaron a Fray Bernardino de Sahagún, a petición de éste último,
quien en repetidas ocasiones y diferentes lugares del centro de México, en el
siglo XVI, entrevistó extensamente a los mencionados Tlatoani. Sahagún
transcribió las narraciones en lengua nahuatl ayudado por los jóvenes estudiantes
nativos que pronto dominaron la lengua y alfabeto de los conquistadores. Los
extensos volúmenes de Sahagún fueron confiscados a finales del siglo XVI por
cédula de Felipe II, por no convenir "a la gloria de Dios y nuestra, que se
escriban cosas que toquen a supersticiones y maneras de vivir de estos indios".
Dichos volúmenes tuvieron que permanecer olvidados en las oscuras bibliotecas de
Madrid y Florencia, hasta que en los primeros años del presente siglo Francisco
del Paso y Troncoso publicó la primera edición facsímil del llamado Códice
Matritense de la Real Academia, donde se encuentran los textos conocidos como
Informantes de Sahagún. Los textos a que aquí se hace referencia se encuentran en
fol. 191r.-192v. y son además citados en diferentes estudios, v.gr.: Miguel
León-Portilla, Los Antiguos Mexicanos a través de sus Crónicas y Cantares. Fondo
de Cultura Económica, México 1961.  
      4 Los textos del Popol Vuh a que aludimos son demasiado extensos como para
reproducirlos aquí, sin embargo no son difíciles de encontrar. Quizá la mejor
edición sea la del Fondo de Cultura Económica, en la colección popular, la cual
además de económica no está agotada. Para el texto de referencia debe consultarse
el capítulo VI de la 4ª parte. Para otras referencias a Tulán y Vucub Zuivá
(Siete Cuevas) es preciso referirse a los capítulos III a VI de la 3ª parte.  
      5 Para ubicar en el tiempo la desaparición de la Atlántida, nos atenemos a
los indicios aportados por J. Phaure en su estudio sobre el ciclo de la humanidad
adámica y también en lo que R. Guénon dice a propósito del "gran año" en Formas
Tradicionales y Ciclos Cósmicos, donde además hace una breve referencia a la
migración tolteca procedente de la Atlántida.  
      6 Los conocidos Aztecas, son sólo una de las tribus toltecas y su
importancia histórica es notable sólo a partir del siglo XIV de nuestra era,
cuando intentan la consolidación de un imperio.  
      7 Se trata de una planta sagrada de gran importancia para todas las tribus
de áridoamerica y que sin duda reviste una importancia particular que debe
relacionarse con la noción de Upaguru por su papel no sólo "iniciático" sino
"revelador" y "continuador" de la jornada espiritual. A diferencia de otras
plantas "psicotrópicas", el Jíkuri no parece tener un aspecto maléfico ni
"enloquecedor" para los pueblos de la región. Su uso sin embargo, fue objeto
de feroz persecución durante la época colonial 
 
      .http://www.geocities.com/Athens/Atrium/9449/s17jcbr.htm  
 
 
 
 
 
 
 
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