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Asunto:[GAP] Intervención de Rigoberta Menchú en la Haya.
Fecha:Viernes, 19 de Abril, 2002  09:42:03 (-0600)
Autor:Ricardo Ocampo <redluz @...............mx>

ESTIMADOS AMIGOS DEL FORO MESHIKO: 
POR MOTIVO DE VIAJE DE TRABAJO ESTARE FUERA DE LINEA DURANTE 15 DIAS A 
PARTIR DEL LUNES 22 DE ABRIL. EL SERVICIO SE REANUDARA EL LUNES 6 DE MAYO 
PROXIMO. SALUDOS FRATERNALES. 
RICARDO OCAMPO 
 
---------- 
From: "Ana Rosa Moreno" <morenoar@...> 
Date: Fri, 19 Apr 2002 07:55:31 -0500 
Subject: Intervención de Rigoberta Menchú en la Haya. 
 
Queridos/as colegas: 
 
Pongo a su conocimiento copia del discurso de Rigoberta Menchú pronunció 
hoy, en la VI Conferencia de las Partes Convenio sobre Diversidad Biológica, 
que se celebró en la ciudad de La Haya, Holanda. 
 
Cordialmente, 
 
Ana Rosa Moreno 
 
VI CONFERENCIA DE LAS PARTES 
CONVENIO SOBRE DIVERSIDAD BIOLÓGICA 
La Haya, 18 de abril de 2002 
 
INTERVENCIÓN DE LA SRA. RIGOBERTA MENCHÚ TUM 
 
Sra. Geke Faber, 
Secretaria de Estado para la Agricultura, Pesca y Gestión Ambiental 
Señores Ministros, 
Señoras y señores 
 
Deseo agradecer la cordial invitación que me hiciera la Sra. Presidenta para 
participar en este singular evento que, por primera vez en la historia del 
Convenio sobre la Diversidad Biológica, reúne a representantes de todos los 
sectores interesados en discutir las mejores vías para alcanzar los 
objetivos diseñados hace 10 años cuando se aprobó el Convenio en Río de 
Janeiro. 
 
No soy ajena a los avances que se han logrado desde entonces en esta 
Conferencia de las Partes --entre los que quiero relevar la creación del 
"Grupo de Trabajo sobre la aplicación del Artículo 8-J y disposiciones 
conexas" y la más reciente integración del Grupo de Trabajo que elaboró la 
propuesta sobre acceso a recursos genéticos y distribución de beneficios que 
va a considerar esta Conferencia-- así como a los múltiples esfuerzos que 
han levantado la conciencia y la preocupación de las sociedades del mundo 
por la salud de nuestro planeta. 
 
Quiero, sin embargo, reiterar aquí lo que dije hace pocas semanas al 
inaugurarse el Foro Global del Ambiente en Cartagena, Colombia, externando 
mi preocupación por el deterioro sostenido que ha sufrido la naturaleza y 
las diversas formas de vida en estos diez años, a pesar de los importantes 
consensos, Declaraciones y acuerdos suscritos. 
 
La Cumbre de Río estableció un compromiso para frenar y revertir el 
deterioro ambiental y redistribuir el poder, los recursos y las 
oportunidades dentro de los países y entre ellos. No será suficiente llegar 
a Johannesburgo este año con más compromisos de papel. 
 
La convocatoria a este primer Diálogo de múltiples partes interesadas, marca 
un hito en la búsqueda de consensos y compromisos que, además de los 
gobiernos, involucren a cada uno de los actores concernidos para revertir 
seriamente las inequitativas pautas de acceso a los recursos, los 
conocimientos asociados a ellos y la distribución de beneficios que han 
prevalecido hasta ahora. Han debido transcurrir diez años para empezar a 
concretar uno de los principios centrales del desarrollo sostenible 
consagrados en la Cumbre de la Tierra: el de la participación que implique 
corresponsabilidad en la adopción e implementación de las decisiones. 
 
Los pueblos indígenas venimos a este evento esperanzados en que la mayor 
afinidad con quienes desarrollan su trabajo vinculados a la naturaleza 
permita un acercamiento fructífero y una mejor comprensión de nuestra 
cosmovisión. Sin embargo, la experiencia desarrollada en estos años parece 
todavía recomendarnos cautela, paciencia y perseverancia. 
 
Es cierto que con el diálogo iniciado en el seno del Grupo de Trabajo sobre 
la aplicación del Artículo 8-J hemos avanzado muchísimo en la posibilidad de 
que el mundo materialista y las visiones economicistas que lo gobiernan, 
reconozca que su saber y sus cuentas nunca podrán terminar de explicar la 
vida en el planeta ni la manera de preservarla; reconozca que existen 
valores y dimensiones que comprometen el equilibrio del cosmos y la 
sostenibilidad del desarrollo, que no se pueden sujetar a legislación 
alguna, a decisiones políticas temporales, a negociar concesiones, porque, 
sencillamente, constituyen la esencia trascendente del ser. 
 
Los pueblos indígenas que hemos tenido esa sagrada divisa en el centro de 
nuestra comprensión del mundo y de la vida no podemos ni queremos compartir 
la peligrosa aventura de segmentar las diferentes dimensiones de la 
existencia. La tierra no nos pertenece, somos parte de ella y de los 
equilibrios que hacen posible la vida en su seno. Nos resistimos a 
considerar como cosas diferentes a la naturaleza y la economía, a la 
organización social y la espiritualidad que la cohesiona y le confiere 
sentido al destino común, a la estética y la ética. No hemos caído en la 
tentación de privatizar la vida y el conocimiento que logremos develar de 
sus diversas manifestaciones. 
 
Con estas premisas, quiero poner de manifiesto que los Pueblos Indígenas 
exigimos una participación plena y digna para intervenir en la búsqueda de 
consensos como actores directos, dentro de un marco de respeto y diálogo 
efectivo. 
 
Como interlocutores en este Diálogo queremos ser reconocidos como lo que 
somos, como pueblos, como sujetos de derechos. Queremos que se nos reconozca 
el derecho a la libre determinación que consagran los Pactos Internacionales 
de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, Sociales y 
Culturales como inherente a la existencia de todos los pueblos del mundo. 
Ello implica reconocernos el derecho a disfrutar de nuestros territorios 
inalienables, los recursos que hemos utilizado ancestralmente 
y el conocimiento de las propiedades y aplicaciones de cada uno de sus 
componentes. No aceptaremos ninguna restricción a los estándares 
internacionales vigentes, en particular a la obligatoriedad del principio 
del "consentimiento previo y fundamentado" para cualquier acción que afecte 
nuestros intereses. En dichos territorios hemos reproducido la vida por 
generaciones sin alterar las condiciones que permitirán a nuestros hijos y 
nietos preservar la riqueza y diversidad que heredamos de nuestros 
abuelos. En ellos hemos preservado la diversidad natural y hemos producido 
eficientemente los alimentos que han marcado la historia de las 
civilizaciones. Desde ellos nos hemos relacionado con el resto de la 
humanidad, brindando nuestro conocimiento milenario para mejorar la vida de 
nuestros hermanos en cualquier parte del planeta y aplicado saberes que 
aprendimos de otros pueblos. 
 
Como sujeto de los derechos que hemos venido a reafirmar, planteamos la 
paradoja de que el Convenio sobre la Diversidad Biológica reconoce el acceso 
y la transferencia de los recursos genéticos y las tecnologías asociadas 
--incluyendo nuestros saberes ancestrales-- como derechos básicos de los 
Estados; de esos mismos Estados que han sido responsables de las políticas 
de sometimiento, marginación y asimilación de los pueblos indígenas negando 
el espíritu del Convenio que propugna un beneficio para 
> quienes cuidamos de dichos recursos y saberes por siglos. Somos los pueblos 
cuya vida no se podría explicar sin dichos recursos y saberes como lo 
demuestra la correspondencia perfecta entre la diversidad cultural con la 
diversidad natural que alberga la geografía terrestre. 
 
 No desconocemos la asimetría que caracteriza las relaciones a las que 
estamos sometidos, tanto con los Estados como con las corporaciones y 
actores privados u organismos de estudio e investigación, como sabemos por 
nuestra experiencia histórica que, una vez que nuestros conocimientos o 
recursos han salido de nuestras tierras o territorios, perdemos todo control 
sobre sus futuros usos y explotación. Por ello reclamamos los derechos que 
la legislación sobre propiedad intelectual reconoce a cualquier titular de 
tales derechos, como el de decidir qué, cómo, cuándo y con quién compartir 
nuestros recursos y el conocimiento asociado a ellos. 
 
En cuanto al objeto de este Diálogo, no podemos menos que reivindicar la 
naturaleza y alcance totalmente distintos que tienen para nosotros conceptos 
tales como "recursos genéticos" o "derechos de propiedad intelectual". Dando 
por supuesto que aspiramos a compartir los beneficios de la utilización que 
pueda hacerse de nuestros recursos y conocimientos, nuestro punto de partida 
es el reconocimiento de la integralidad de los mismos y la ética atemporal y 
colectiva que le confiere a nuestra relación con ellos una naturaleza 
sagrada e indivisible. No queremos quedarnos confundidos en la dimensión 
micro de los "recursos genéticos" mientras quienes lucran con su explotación 
industrial continúen impunemente su acción depredadora. 
 
Los valores sobre los que los pueblos indígenas hemos construido nuestros 
complejos sistemas se fundan en la cooperación y la reciprocidad de la vida 
comunitaria; en la autoridad de los ancianos y nuestra relación con los 
ancestros; en la comunicación y la responsabilidad intergeneracionales; en 
el derecho colectivo a la tierra, el territorio y los recursos; en la 
austeridad y la autosuficiencia de nuestras formas de producción y consumo; 
en la escala local y la prioridad de los recursos naturales locales en 
nuestro desarrollo; en la naturaleza ética, espiritual y sagrada del vínculo 
de nuestros pueblos con toda la obra de la creación. 
 
La complejidad de estos conceptos hace inaplicable cualquier valoración 
mercantilista así como los presupuestos sobre los que se han construido los 
"derechos de propiedad intelectual" en el derecho internacional y doméstico, 
los mismos que reconocen exclusivamente los derechos de personas "naturales" 
o "jurídicas" o los de "creadores  individuales", no a entidades colectivas 
como los pueblos indígenas; no protegen información que no resulte de un 
acto histórico de "descubrimiento", mientras el conocimiento indígena es 
trans-generacional y comunitario; no reconocen sistemas complejos de 
propiedad, tenencia y acceso como los que caracterizan a muchísimas 
> expresiones de las culturas indígenas; se preocupan por darle dueños a los 
recursos de la naturaleza, mientras nuestras preocupaciones son las de 
prohibir su comercialización y racionalizar su uso y distribución; reconocen 
únicamente valores económicos de mercado y no así los espirituales, 
estéticos y culturales, o aún los valores económicos locales; son objeto de 
manipulación por grupos de interés económicos y políticos que determinan qué 
se protege y en favor de quién. 
 
 Por estas y otras consideraciones, se planteó la necesidad de adoptar un 
sistema legal sui generis que proporcione un marco de referencia para el 
desarrollo de normativas más precisas y ajustadas a realidades como las 
descritas. Para ello, la Conferencia anterior decidió constituir un Grupo de 
Trabajo para la elaboración de un conjunto de "Directrices sobre el acceso a 
los recursos genéticos y distribución justa y equitativa de los beneficios 
provenientes de su utilización", que hoy conocemos como las "Directrices 
de Bonn", que esta Conferencia prevé considerar. 
 
Debo reconocer que, siendo muy meritoria esta primera aproximación a una 
tarea tan compleja, el resultado dista aún mucho de lo que los pueblos 
indígenas quisiéramos ver en la práctica. 
 Esta Conferencia debe zanjar las ambigüedades que mantienen nuestros 
derechos prisioneros del interés de los Estados. Esta Conferencia debe 
aportar al Convenio la superación de los vacíos conceptuales y legales, 
reconociéndonos como sujetos de derechos e imponiendo el respeto por 
nuestros territorios, recursos y conocimientos. Igualmente, esta Conferencia 
deberá establecer con claridad criterios que permitan defender nuestros 
sistemas productivos tradicionales de la contaminación de elementos> 
genéticamente modificados, así como de los abusos que los amenazan en los 
acuerdos comerciales globales. Las partes de esta Conferencia y este Diálogo 
deben dar una señal clara hacia la próxima Cumbre de Desarrollo Sostenible 
exigiéndose a si mismas producir menos retórica, menos eufemismos, menos 
papeles y más resultados tangibles, más corresponsabilidad, más 
multilateralismo y más respeto por los que no tienen dinero para hacer oír 
su voz. 
 
Esperamos que los diversos actores retomen el sentido de proceso e 
interdependencia de las diversas dimensiones que involucra la defensa de la 
vida. Nos gustaría avanzar sugiriendo --en ese sentido de proceso y de 
justicia-- que el Congreso Mundial de Parques del próximo año considerara el 
reconocimiento de nuestros Sitios Sagrados Naturales como una categoría de 
conservación que conjuga los bienes naturales con los bienes culturales que 
necesitamos proteger y la espiritualidad que infunden y atesoran estos 
espacios para todos los pueblos del mundo. 
 
Esta Conferencia de las Partes tiene el desafío de abrir los ojos a estas 
realidades y dar un giro histórico a la incomprensión que, por tanto tiempo, 
se ha traducido en  menosprecio y despojo. Esta Conferencia debe retomar la 
senda de la esperanza que nació en Río reafirmando el compromiso ético y 
político de todas las partes con la justicia, la equidad y la vida. 
 
Muchas gracias. 
 
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