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Asunto:[GAP] Reflexiones sobre Hitler y los judíos
Fecha:Domingo, 16 de Marzo, 2003  23:27:27 (+0100)
Autor:Antonio Llorente Illera <antoniokriya @.......com>

Estas reflexiones surgieron en base a una pregunta que alguien me hizo.

 

En contraposición a lo que nosotros creemos y vemos, lo que nos enseña Kryon de quiénes somos, esto es, ángeles como él, todos amigos íntimos, de la misma familia, bajados a la tierra para realizar un gran y único experimento a nivel cósmico,  tomando cuerpo carnal, olvidando luego quienes somos, para poder seguir las leyes de la lógica, de la justicia, y del libre albedrío, y sin que el amor sea un condicionante... eso es algo que llega hasta los límites de nuestra comprensión.

 

O quizá no sería tan difícil de entender, recogiendo la explicación de Kryon. El problema nuestro es que estamos mediatizados por otras “explicaciones” venidas desde nuestras religiones, que nos imbuyeron una profunda sensación de culpa- las judeocristianas- o de karma- el hinduismo, budismo, etc.- por lo cual ahora nos es difícil volver marcha atrás, y desaprender lo que habíamos aprendido. Esa sensación de culpabilidad o de impotencia es tan enorme que nos impide pensar con claridad. Pero debemos hacerlo.

 

Ahora piensa por un momento que hemos venido a la tierra a un lugar donde se representará una obra de teatro virtual a nivel terrestre, cada uno interpretando un personaje, pero todo ello con tal sensación de realidad que nosotros nos creemos que “somos” ese personaje. Y como los papeles son realmente arriesgados y controvertidos, para completar una auténtica novelona rosa, lacrimógena, de gran suspense, imagina la angustia que nos sobrecogerá en los momentos de climax, como eso que refieres de la segunda guerra mundial, y de la masacre de los judíos por un loco llamado Hitler.

 

¿Pero ahora podrías imaginar que, al llegar al otro lado, después de la muerte, en vez de encontrar a Hitler quemándose eternamente en el fuego del infierno, que es lo que le correspondería por su maldad, le viéramos rodeado de la multitud de judíos que él mandó asesinar, felicitándolo por “lo bárbaramente bien que interpretó su papel”, tanto que les tuvo totalmente engañados de quién era, su gran amigo, cuando les hizo creer en su desesperación que era el auténtico diablo? ¿Te imaginas las carcajadas que se oirían en la multitud de ángeles? Bueno, quizá esto le deje a más de uno con la respiración en suspenso... y con la sensación angustiosa de una gran tomadura de pelo... Sí, ¿pero quién nos tomó el pelo?  ¿Kryon, o nuestras antiguas religiones? ¡Ése es nuestro dilema!

 

Porque el símil con la obra de teatro se queda muy corto, ya que la obra sigue y sigue, y nosotros volvemos a la tierra a seguir interpretando nuevos papeles, que se entremezclan unos con otros. Además la obra toma vida por sí misma, y nosotros empezamos a comprobar que podemos alterar los papeles, y podemos recrearnos con el juego del libre albedrío y de la libre moral, con lo cual la cosa toma nueva dimensión e interés. Pero esto es ahora. Antes no fue así. Antes las religiones nos tenían completamente cogidos y cegados, y éramos unos muñequitos en sus manos, en manos de sus leyes y de sus sacerdotes, los auténticos dueños y señores de nuestras vidas y de nuestra moral, capaces de juzgarnos y de condenarnos.

 

Por eso alguien tuvo que bajar y representar un papel crucial. Porque de otro modo la cosa habría seguido así indefinidamente. ¿Te imaginas a quién me refiero? Sí, al conocido como Jesús de Nazaret, que sus seguidores le encumbraron a la posición de Dios.

 

Su ingratísima misión, su dificilísimo papel, consistió en encarnar en plena sociedad judía, una sociedad de fanáticos religiosos, para poner en tela de juicio a su sagrada Ley, usando para ello su gran dialéctica para deshacerse de los sacerdotes, y sus “milagros” y su bondad para atraerse al pueblo. La guerra estaba servida. ¿Pero qué pretendía él en realidad? Pues introducir dentro de la justicia de la ley algo novedoso: sustituir el “juicio justo” por el perdón, desde un sentimiento nuevo: “la compasión”, generada por el ejercicio del amor.

 

Pero nos equivocaríamos pensando que Jesús vino a traer el amor al mundo. No, el amor siempre estuvo en el mundo, y la Ley judía lo mencionaba como su fundamento: “Amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Dt. 6. 5). “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová” (Lv. 19. 18). Lo que pasa es que la Ley lo tenía bien escondido entre el ropaje de sus inacabables ceremonias y purificaciones. Y Jesús vino a desenterrarlo, y a poner en práctica el ejercicio del amor. Solo que... se encontró que al ejercitar libremente el amor y surgir la compasión y el perdón- y también los “milagros”-, eso chocaba de frente con la idea del juicio justo. Y lo que era mucho peor: se empezaba a perder el miedo, no solo a los hombres, ¡sino al propio Dios! Ante eso los sacerdotes se horrorizaron, porque entonces perderían la herramienta con que desde siempre habían manipulado al corazón crédulo de sus fieles. Y se dijeron: “¡Si el hombre no tiene miedo a Dios- por eso la palabra temor es parte indispensable de la ley- el hombre se convertirá en ingobernable, y se habrá terminado el imperio de la religión!”

 

Por eso hubo una lucha a muerte, de una parte entre la Ley, que propugnaba la “justicia” y el miedo a Dios, y de otra la compasión y el perdón, que traían como consecuencia el abandono de la Ley “justa”, y por tanto la razón de ser del pueblo judío, con su temible Jehová.  Y ya sabemos lo que ocurrió: Jesús fue condenado y muerto en “juicio justo” por la Ley. ¡Con ello la Ley se juzgó a sí misma y se condenó, porque condenó al amor, ingrediente principal de la Ley! ¿Por qué fue así? Pues porque Jesús generosamente perdonó a los que le mataban, a los instigadores... ¡y hasta a la propia Ley!

 

Y en ese momento, cuando apareció la compasión y el perdón en la tierra de manera generalizada- como se vio con los seguidores de Jesús- lo que había sido una simple “función de teatro”, cobró vida, porque nació ¡ya entonces! la Nueva Energía, a lo cual Jesús había bautizado como Espíritu Santo. Así aparecieron los “santos”, cuyo número tenía que aumentar hasta conseguirse la masa crítica, que solo lo hemos logrado en nuestros días, con el cambio del milenio. Y todo ello se inició con la Energía que generó Jesús en su muerte, al perdonar a sus matadores y a la Ley, que pudo ir derritiendo el corazón de sus seguidores, los cristianos. Así la progresión fue en aumento hasta hoy.

 

Ahora bien, ¿qué consecuencias tuvo esto sobre el pueblo judío? Pues que fue arrasado y dispersado por la tierra hasta fecha bien reciente. Esto se podría decir que fue la consecuencia kármica de su “pecado”, por matar al justo. Pero al pueblo judío no le podemos juzgar nosotros, pues es algo muy diferente a los demás, y su misión se nos escapa. Kryon dice que es como nuestros cimientos, como el suelo firme que nosotros pisamos. El hecho es que debían ser reagrupados de nuevo, pero para ello se necesitaba la Nueva Energía. Necesitaban que los cristianos les perdonáramos; pero no puede haber perdón si antes no hay compasión. ¿Y por qué motivo habríamos de compadecernos de ellos?  Pues aquí entra nuestro simpático amigo Hitler, cuya misión fue causar el mayor estrago posible entre el pueblo judío, para que los cristianos pudiéramos sentir compasión de ellos y perdonarles... Y fue la reacción de tal magnitud y tan positiva, que los cristianos les llevamos en andas hasta su tierra, Palestina, donde se pudieron reagrupar como pueblo. Esto ha ocurrido en nuestros días. Y de ellos salieron los 144.000 justos, que con un número incontable entre los gentiles, nosotros, logramos formar la masa crítica para que por fin el hombre- ángel sea dueño de su propio destino en la tierra.

 

Espero con esto haber dado cumplida explicación a tu pregunta. También espero que veas que cada pueblo y civilización tienen su razón de ser, y que no hay que ver las cosas tan egoístamente, pues todo tiene un sentido que se nos escapa. Hay que verlo con visión de conjuntos, no de individualidades ni de egos. ¡Esta obra teatral es mucho más importante de lo que nos figurábamos! Sí, porque con ella se forma la nueva Energía, que va a tener consecuencias sobre todo el Cosmos. Éste será revitalizado desde la tierra, gracias a este “insignificante experimento” del libre albedrío en que nos vemos involucrados. ¡Felicitémonos por ello de ser sus actores! (¡Y a mí que no me gustaba nada el teatro...!).

 

Un abrazo

Antonio



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