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Asunto:[GAP] Re: La Llamada de Acuaria / Instrucciones de la Madre Tierra a los Espiritus Humanos para el Inicio del Tercer Milenio
Fecha:Jueves, 24 de Abril, 2003  13:15:09 (-0500)
Autor:RedLUZ/LUXWeb <redluz @...............mx>

Re: La Llamada de Acuaria / Instrucciones de la Madre Tierra a los Espiritus Humanos para el Inicio del Tercer Milenio


LA  LLAMADA
DE  ACUARIA

INSTRUCCIONES DE LA MADRE TIERRA
A LOS ESPÍRITUS HUMANOS
PARA EL INICIO DEL TERCER MILENIO

Mensaje de libre difusión en 7 textos recibido por el aventurero gallego Xosé Fisterra en la Amazonia Brasileira, hacia 1988, y presentado por Manuel Costas Castelin.

<http://www.geocities.com/castelin2001/prologo.htm>

PRÓLOGO: 

Esta "Llamada", o Mensaje de Acuaria, inspirada hacia 1988 o 1989, en el corazón de la Amazonia, a un buscador de sí mismo por su Yo Mayor, a quien él veía como "Amazona Acuaria, Espíritu de la Selva", recoge las supuestas instrucciones que la Madre Tierra, el Espíritu Rector de nuestro Planeta, transmite a sus hijos, o sea a nosotros, los seres humanos, con la intención de ayudarnos a preparar el cambio de mentalidad que se hace necesario para que logremos una correcta transición entre el final de la Era de Piscis y el principio de la de Acuarius, transición en la cual ya nos encontramos -a menudo sin saberlo-, la mayoría de nosotros, aunque los seres humanos más adelantados y geniales ya han comenzado a vivir Acuarius conscientemente hace muchísimo tiempo.

La persona que nos presenta esta Llamada, el aventurero Xosé Fisterra, aparece apenas como un simple transmisor; un canal sensible del Espíritu de la Selva, que entregó al mundo, por medio de un compatriota, sus escritos recibidos sin siquiera pensar en firmarlos, antes de perderse selva adentro definitivamente.

¿Una obra de creación personal o una verdadera revelación? No hay manera de asegurar una u otra posibilidad. Tampoco creo que importe mucho asegurarlo: La validez, profundidad y hasta utilidad de esta obra se te hará evidente tan sólo si se da en ti, lector, desde el principio, (y así se dio en mí), una resonancia personal y subjetiva con su vibración, como está escrito en el primer párrafo de su primer capítulo.

El transmisor de "LA LLAMADA DE ACUARIA" es un europeo que anduvo más de diez años por la América Tropical toda, fascinado por la Selva y por su misterio. El Espíritu de la Selva, que sentía como femenino, cósmico y amigo, habló con él muchas veces desde su interior, igual que habla la Inspiración con los poetas.

Repito que, por más vueltas que les he dado, me resulta imposible precisar si estos textos son una verdadera revelación o una creación literaria de Xosé Fisterra, en un momento de gran exaltación mística. Son esas fronteras del alma humana demasiado neblinosas como para hacer un análisis categórico y concluyente. En cualquier caso, lo que importa, si es que importa algo de esta obra, es el mensaje. Por eso nos atrevemos a publicarla.

 * * * * * * * * * *
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* * * * * * * * * *
  Conocí a Xosé en 1984, en la aldea Kampa de Kushiviani, Perú, donde se estaba celebrando el "Encuentro entre el Cóndor y el Aguila", organizado por uno de los más antiguos grupos declaradamente acuarianos de los que tengo noticia, el cual trataba de poner en contacto entre sí a los Ancianos Guardianes de las diversas Tradiciones Iniciáticas mundiales, para lo cual habían hecho el esfuerzo de traer, en aquella ocasión, a tres líderes espirituales de los llamados "Pieles Rojas" norteamericanos, para que mostrasen sus rituales y técnicas de sanación a los indígenas amazónicos de la nación Kampa-Asháninka.

Durante varios días, los nativos norteamericanos -un Gran Jefe navajo, un viejo chamán apache y el dirigente de la Native American Church, que utilizaba la ingestión de Peyote en sus ritos- hicieron cualquier clase de liturgias y de magias ante los amazónicos, que lo veían como quien está viendo una película por primera vez, absorbiéndolo todo con enorme atención, abiertos a lo externo, mas herméticos, sin soltar ni una palabra sobre sus propios conocimientos. Incluso participaron, en medio de aquel tremendo calor tropical, en un "inipi" o tienda de sudación (una especie de sauna liberadora de energías represadas), que los norteamericanos construyeron con ramas y mantas.

Aunque los Kampas fueron enormemente hospitalarios, nuestra convivencia precisaba de una estructura material muy laboriosa -ya que nosotros, además de tener mayores necesidades de acomodación que los indios, debíamos corresponder a su hospitalidad y colaborar con ellos- pero la mayoría del grupo de blancos que nos habíamos sumado a los organizadores del Encuentro, pasábamos el tiempo absorbiendo la máxima cantidad de conocimiento teórico posible.

Y, mientras tanto, sólo unos pocos se volcaron a trabajar dura y fraternalmente, para que todos pudiésemos comer, dormir a cubierto y agasajar a nuestros anfitriones con algunos banquetes colectivos, para lo cual hubo que comprar y transportar alimentos y bagajes desde Satipo, la población "civilizada" más próxima.

Toda esta actividad estructural era llevada a cabo en la sombra por cuatro personas, que se multiplicaban, consiguiendo milagros; cuatro verdaderos guerreros del Arco Iris que conformaban, calladamente, las cuatro patas de la mesa que nos sostenía a todos: Uno era peruano, otro mexicano, otro norteamericano y el cuarto un paisano mío, español y gallego como yo, uno de esos gallegos trotamundos que uno se encuentra en el más peregrino lugar de cualquier continente.

Le llamaban Xosé y su apellido no logro recordarlo bien, tal vez fuera Isla o Insua, o Illa, o algo semejante. Así que, en lugar de apellido, usaré, en esta presentación, el nombre de su tierra natal....Nació Xosé en Fisterra o Finisterre, junto al cabo del Fin del Mundo, que era, me dijo una vez, como haber nacido en un trampolín que continuamente le invitaba a saltar a uno para ver qué había más allá del tempestuoso océano. Así, desde muy joven, se echó a andar por los caminos.

Había empezado por recorrer toda España y el norte de Africa; luego siguió por los países célticos, las cuatro esquinas de Europa y el Sur de Asia. En algún momento superó el simple espíritu de viajero errante y entró en el el espíritu de peregrino, que ya es el de alguien que sabe lo que busca en su constante caminar

Ahora llevaba más de diez años recorriéndose las Américas, desde la Patagonia al Canadá, buscando con ansia en la aventura una luz auténtica que le librara de la negra sombra que atenazaba su corazón desde muy joven, y que hacía que todo le pareciese pequeño e insatisfactorio en su vida.

Aquella mañana, mientras los Kampas y sus visitantes blancos asistían a los ritos de los Pieles Rojas norteamericanos, yo ayudaba a Xosé a envolver un tremendo paquete de carne y verduras en "biao" (que son unas anchas y largas hojas de platanillo silvestre), y a cocinarlo en un gran hoyo lleno de ascuas encendidas que habíamos abierto en la tierra, para después cubrirlo de nuevo y dejar que la comida con la que teníamos que agasajar a los indígenas se horneara adentro. Le pregunté si aún tenía familia en Galicia.

Tenía hasta el año pasado -respondió melancólicamente- ..mi madre se murió y yo no me enteré hasta cuatro meses más tarde.

Antes mi madre me tenía por un simple vagabundo -me confesó sonriendo, como queriendo apartar la tristeza- ...pero yo le iba enviando las postales más bonitas desde Irlanda o Kopenhague, desde las islas griegas o la India, desde Bali, desde California o desde Colombia...- siguió- ... y así, fui ascendiendo de categoría ante ella... últimamente, la pobriña me tenía ya por todo un vagabundo internacional.

Calló un rato, concentrándose en atar el paquete de comida; luego, sin levantar la cabeza, dijo, más para sí mismo que para mí:

...A mí me parece que nadie se marcha del todo de este mundo... mi madre estaba en mí cuando vivía, aunque yo estuviera muy lejos... y continúa estando igual. Todos somos la misma persona. Sólo hay una persona, realmente, en este universo,...pero, como está tan sóla, le gusta disfrazarse de muchas, de un montón de gente diferente, para poder jugar al juego del amor.

Esa fue una de las raras ocasiones en que Xosé me habló de sí mismo; seguro que era mucho más expresivo lo que dejaban flotando en el aire sus silencios o sus medias palabras, que lo poquito que decía. Durante aquel evento, por otra parte, no tuvimos demasiadas oportunidades para conversar, porque él siempre estaba ocupadísimo trabajando, y, cuando yo lo veía así, sólo podía demostrarle mi simpatía echándole una mano, y no haciéndole perder su precioso tiempo con palabrerías.

El último día del encuentro, cuando parecía que ya los Pieles Rojas norteamericanos habían agotado su repertorio de efectos, los Kampas se los llevaron a los tres aparte de nosotros, los blancos, y los pusieron en las manos de sus Mujeres Curadoras.

No se lo que harían con los otros, pero yo me deslicé escondido hasta allí cerca, y pude ver como tenían al Gran Jefe navajo, que era un hombrón corpulento como un oso, desnudo bajo unas mantas, sudando, resoplando, y con las piernas abiertas sobre una olla que hervía en el suelo, en la que habían puesto algunas hierbas a cocer.

En pocos minutos vi que algo caía de entre las piernas del hombre a la olla; una de las dos chamanas que lo atendían lo recogió con un palo en forma de horquilla y se lo mostró; era como una masa de metal amorfo y fundido del tamaño de dos monedas. Con él, salió de su cuerpo una úlcera que el norteamericano padecía hacía años, y que los médicos de su avanzado país no habían logrado curarle.

Más tarde, los otros dos pieles rojas se nos juntaron con relatos de curaciones igualmente milagrosas, de las que se habían beneficiado. Terminó el evento con una gran rueda en la que todos nos cogimos de la manos, deseando que se acabaran para siempre las suspicacias y los resentimientos entre las razas, y que marchásemos todos juntos y en armonía hacia la Nación del Arco Iris, la Confederación Planetaria del próximo tiempo de Acuarius.

Hubo mucha emoción en aquella despedida, aunque los más conmovidos eran los tres "Indios Gringos": confesaron que eran los últimos depositarios de un Conocimiento ligado a la Naturaleza, que ellos habían tenido que rescatar de sus tradiciones, ya muy perdidas, con celo de arqueólogos, al que le habían añadido sus propias interpretaciones personales para cubrir las inmensas lagunas de saber tradicional que se les escapaban. Sin embargo, durante aquellos días habían convivido, decían, con gentes de su raza cuya cultura no era arqueológica, sino viva, cotidiana... y efectiva. Sentían en el corazón que, de alguna manera, habían regresado a casa tras un larguísimo viaje por tierras extrañas.

Los organizadores discursearon, se abrazaron, se felicitaron mutuamente, e intercambiaron regalos. Yo, entonces, eché a faltar allí, entre tanta figuración, a los cuatro hombres que habían trabajado tan duro para que todo aquello fuese materialmente posible.

Caminé hacia la choza donde estaba alojado Xosé, y me lo encontré desnudo, arrojándose agua con deleite sobre el cuerpo con una totuma. Le pregunté por qué no estaba en la celebración y me respondió que el trabajo ya estaba hecho, y que su manera de celebrarlo consistía en aquella maravillosa ducha de agua relajante que por fin tenía oportunidad de gozar tranquilo... hasta que yo le había interrumpido.

Cuando le volví a ver, cuatro años, para mí intensísimos, habían pasado. Fue en 1989 y en el interior de la Amazonia Brasileira, en otro fin del mundo llamado Mapiá, sede principal del Pueblo de Juramidán, una singular  pequeña nación de mestizos en el corazón de la selva, creada para servirles de Escuela Iniciática. Un lugar y un ambiente propicios para crecer espiritualmente en comunidad, lejos del "Mundo de Ilusión" y bien integrados en la más  pura y potente Naturaleza.

Lo que yo viví en Mapiá, donde la gente utilizaba ritualmente el Santo Daime (o Ayahuasca), para entrar en trance y comunicarse con su Maestro Interno, es demasiado complejo y profundo como para abundar en ello aquí, así que lo cuento en otro libro que se titula "La Bebida del Poder"...
...Algunas partes extractadas de la cual, se pueden leer en la siguiente dirección web: www.geocities.com/castelines/obraliter.htm

Cuando yo llegaba, Xosé ya llevaba seis meses en Mapiá y precisamente, se estaba marchando, junto con otros guerreros del Daime, bien hacia dentro de la jungla, ya que el Gobierno Brasileiro había concedido al Pueblo de Juramidán una gran extensión de selva virgen más al norte, y debían ir preparando asentamientos allí para tomar posesión oficial de ella.

Mi paisano me dijo que partía con ellos porque le encantaba la idea de contribuir a fundar una nueva aldea donde nada había, sino selva enmarañada; pero que, en cuanto el proyecto estuviese en marcha, prestaría su choza a otra persona que quisiera venir a poblar y él se marcharía, río adelante, con una canoa que acababa de construirse, en busca de una convivencia con indios amazónicos lo más puros y naturales posible, donde pudiera ver y tocar -decía- las raíces del Hombre.

Le ayudé a ir y venir de su alojamiento a su canoa portando víveres y herramientas para el equipo de expedicionarios que iba a partir en una pequeña flotilla... Igual que la vez anterior, en el Perú, de nuevo compartíamos más trabajo que palabras.

Sin embargo, en la última gira hasta su alojamiento, sacó un cuaderno de una tabla colgada en alto, que hacía las veces de estantería, y me lo alargó.

Esto para ti- me dijo-, para que se lo lleves a nuestra gente... Es lo que me ha ido enseñando el mundo.

Y nada más; lo acompañé al embarcadero con el final de su carga, lo despedí con un abrazo y lo vi partir hacia el verde y húmedo laberinto de la jungla, junto con sus compañeros.

Cuando desapareció la flotilla de canoas por el último recodo del río, me quedé pensando cómo se parecía a la mía aquella genuina alma céltica, estrella errante, peregrina, eterna buscadora, más allá de las nieblas del fin del mundo, al cabo de la vida y de la muerte, si preciso fuera, de la mítica Isla del Paraíso, de la tierra de la Eterna Juventud, del rostro bello y anhelado de La Diosa... "cuyo abrazo sin fin -dice el corazón-, es lo único que puede apagar mi incendio interno".

Jamás lo he vuelto a encontrar ni a oír nada más sobre él, como si se lo hubiese tragado la Amazonia para siempre, igual que a tantos locos o sabios. Mis amigos de Mapiá me contaron, bastantes años después, que colaboró como el que más a desbravar el mato y a levantar los nuevos asentamientos, al borde de un río que se llamaba algo así como Unauiní o Pauiní -ya no recuerdo bien-; Pero un día, tal como había avisado, cedió su cabaña a un recién llegado, embarcó solo en su canoa, con algunas provisiones y un machete, y se perdió, siguiendo la corriente, sin que nadie que yo conociese volviera a verlo.

Sin duda Xosé confeccionó por sí mismo el cuaderno que me había pasado, apretando unas ciento cincuenta páginas de papel lineado escolar, y cosiéndolas en forma de libro. Su letra era limpia, clara, escrita a lápiz y pequeñísima, tanto que, al principio, pensé que necesitaría una lupa para entenderla, aunque, realmente, no llegó a hacer falta.

Estaba escrito, sin pretensión literaria alguna, en Galaico-Portuñol, esa mezcla de Gallego, Portugués y Castellano con que acabamos pensando y hablando los gallegos en el Brasil, y que, aunque ningún académico lo aceptaría como correcto, y hasta se llevaría las manos a la cabeza, sobre todo viéndolo escrito, es una buena y práctica síntesis de lo que tienen en común las tres lenguas, y yo lo entendía perfectamente.

El cuerpo principal de sus escritos lo formaba "La Llamada de Acuaria", que se encontraba en el mismo orden de siete TEXTOS o capítulos en que yo la transcribo, aunque me he permitido la libertad de añadirle títulos y numerar a cada párrafo o grupo de párrafos que hablaban de lo mismo, como si se siguieran, para poder encontrar mejor lo que me interesara.

Había también notas sueltas, mapas rudimentarios de hombre de selva, operaciones aritméticas y geométricas sencillas, que seguramente tenían que ver con construcción de cabañas, muebles o su canoa, y un grupo de siete VERSOS esparcidos sin orden ni concierto por varias hojas del cuaderno...Y me gustaron tanto que se me ocurrió que podrían ser una buena  entrada a cada uno de los capítulos de "La Llamada"... y allí los fuí colocando, según como mejor me parecía -discúlpame la licencia, Xosé.-

Las notas me sirvieron para entender un poco su pensamiento, y como se había ido gestando La Llamada. En aquel tiempo yo tenía otra cabeza y otro carácter, y lo que él había escrito me parecía demasiado fantasioso; especialmente las partes que se referían a ángeles, a maestros extraterrestres y a la evolución de los animales.

Lo conservé como una curiosidad entre mis recuerdos de viaje y solamente hice una síntesis de los contenidos de La Llamada que me parecían más aceptables como texto complementario de una exposición de pinturas que, cuando regresé a España, presenté en Vigo en 1992.

Pero han ido pasando nueve años desde que el cuaderno me fue entregado, y yo tengo ya cuarenta y siete, y he ido encontrando tantas cosas raras por el mundo, muchas de ellas tan semejantes a las escritas en La Llamada , las cuales cada vez resuenan más con mi propia evidencia de lo verdadero... que ya nada de lo que dice allí me resulta fantasioso, sino más bien cuerdo, anticipado y profundo...  

A veces, cuando me acuerdo de aquel hombre que me pasó el cuaderno, me da por pensar que si la palabra "ángel" significa "mensajero" fue, realmente, un ángel encarnado lo que pasó fugazmente por mi vida, por mi propia caminada externa e interna en busca de Mi Verdad, impresionándome con su firme y callado ejemplo constructivo, con su personalidad de perfecto capitán de Acuarius, y con aquel Mensaje... lleno de sabias instrucciones para readaptar nuestra mentalidad al momento evolutivo en que vivimos, del cual tuve el privilegio de ser el primer asombrado receptor.

Aunque, una cosa es saber lo que nos conviene, y otra, la voluntad cotidiana de ponerlo en práctica, ya que todo a nuestro alrededor parece empujarnos al auto-olvido, y al adormecimiento en el automatismo.

  ...Y se está acabando el Segundo Milenio, y siento algo así como un compromiso, una obligación de pasar lo que Xosé Fisterra me encargó, para "nuestra gente". Por eso lo traduje, lo empecé a extender oralmente, en las ondas de una Radio Libre con vocación acuariana , y le pedí a La Vida que, si esto fuese algo que mereciese la pena, me hiciese encontrarme, sin demasiado esfuerzo por mi parte, con un buen editor, que se interesara en publicarlo.

Xosé llamaba Amazona Acuaria - El escribía, realmente, "Amazona Aquaria"-, a la Señora de su Inspiración, el Espíritu de la Selva y del Ciclo, algo así como Don Quijote llamaba Dulcinea al amor de su alma.

En estos dos nombres hechos uno, se funden el mensaje eterno de la Naturaleza al Hombre, y el mensaje básico específico que la Era que actualmente estamos comenzando dirige a sus Hijos.

El mensaje que captó tiene más de visión de artista que de revelación de profeta. Es claro que hablo de aquel tipo de visión artística cósmica que tenían los bardos griegos y célticos... para resonar con esta llamada no se necesita tener un espíritu religioso; basta con ser un espíritu sensible de mente abierta.

La Selva tiene muchas voces, pero todas hablan de lo mismo. La Selva es el Corazón del Mundo y la Puerta del Astral. En medio de ella, la vanidad de la personalidad humana se vuelve tan insignificante que, de pronto, se puede producir un silencio en su constante parloteo.

El silencio es una puerta que se abre a las voces de nuestra Selva Subconsciente interna. De entre las nieblas de sus más profundos pantanos fue emergiendo hacia la comprensión del transmisor la Llamada. Xosé le dio, a su manera, esta forma, para por sí mismo entenderla.  

Tuya es La Llamada de Acuaria, si en ti resuena. Uno más entre los múltiples mensajes que La Vida arroja al viento continuamente, como arrojan sus semillas, a veces insignificantes en tamaño, los grandes gigantes del bosque.

De una manera o de otra, todos los Hijos de La Tierra son puestos al corriente de los planes de su madre para cada uno de sus momentos evolutivos. Nada nuevo, ya que todo el Programa se encontraba en nuestros genes desde antes de que naciéramos. Es sólo un recordatorio para el corazón despierto, ese de antena alzada, que capta y reconoce.

Tampoco importa mucho reconocerlo y recordarlo. Lo que importa, es que el que lo reconozca y lo recuerde se anime a ponerlo en práctica. Cuando un número suficiente de reconocedores han dado el primer paso realizador hacia adelante, el avance global se precipita por sí solo. Los científicos llaman"resonancia mórfica" a esa ley del subconsciente colectivo de la especie que muestra como un pequeño avance de un individuo o de un grupo, hace avanzar, casi enseguida, a toda la humanidad en su conjunto.

Todos acabamos llegando, tarde o temprano, a lo más alto de nuestras posibilidades para cada período de nuestra eterna evolución. El Ser no se completa hasta que la más alejada de sus partes se reintegra en él.

Pero hay una diferencia entre hacer el camino conscientemente, alegremente, y con el entusiasmo del pionero, o hacerlo de forma pasiva e inconsciente, dejándose, no más, arrastrar por la incontenible marea general.

Para los entusiastas pioneros y pioneras de la Era de Acuarius es esta Llamada; y a ellas y a ellos, "nuestra gente", yo creo que dedicaría el autor con amor su escrito, si por aquí apareciese de improviso.

Que algún día volvamos a saber de ti, Xosé de Fisterra; Caminantes somos, y en el Camino, a medida que lo vamos construyendo, nos vamos encontrando.

Manuel Castelin
Mapiá, Amazonia, Brasil, 1989
Isla de Mallorca, España, 1999

NOTAS POSTERIORES:
 
A través de las notas de su cuaderno, de mis propias andanzas por algunos de los sitios por donde anduvo Xosé y por conversaciones con personas que lo conocieron, he podido irme haciendo una idea acerca de algunas de sus fuentes de conocimiento y de información y de varios de los maestros y escuelas iniciáticas que le influyeron.

Tal vez algún día me atreva a escribir algo sobre ello, pero hoy por hoy no quiero contaminar este prólogo con especulaciones, ni hablar indiscretamente, sin suficiente proyección en el tiempo, de personas que aún están vivas y en activo.

Sin embargo, no creo que se quedase demasiado con alguna de ellas, ni que se comprometiese formalmente con ninguna línea iniciática en concreto, ya que se trataba de un espíritu esencialmente libre y móvil, que digería y personalizaba rápidamente cuanto conocía y comprendía, después de haberlo seleccionado intuitivamente como "resonante" o "no resonante" con la sabiduría innata de su propio corazón, o, yo diría mejor, de su Femenino Interno, al que debía estar muy amorosamente conectado por su sentimiento ancestral galaico.

Personalmente, y con todos mis respetos hacia él, a mí me parece que "La LLamada" es más un documento que retrata el momento mental final de la Era de Piscis, un resumen ecléctico de su misticismo esperanzado, que un mensaje del primer momento de Acuarius, cuyas claves tendrían que ser mucho más científicas que míticas o místicas.

El 11 de Marzo de 1998 comenzó "La Llamada de Acuaria", un programa de radio que se emitía todos los jueves, entre las nueve y media y las diez y media de la noche, en la Emisora Libre "La Radio de las Buenas Noticias", de Palma de Mallorca, en la cual empezó a extenderse el mensaje de Xosé Fisterra para "nuestra gente".

El 15 de Diciembre de 1999, a dos semanas del Nuevo Milenio, se colocó "La Llamada de Acuaria" en Internet, un medio en verdad bien acuariano, a disposición gratuíta de todo el mundo, enlazada al site "EL LABERINTO DE FINISTERRE", y se va enviando noticia de ella a los principales periódicos de Galicia y del Brasil, a la Universidad de Santiago y al Ayuntamiento de Finisterre, con lo que creo haber cumplido, finalmente, con la demanda de Xosé, el de Fisterra. Si alguien se sintiese motivado, por la propia fuerza del mensaje, a tomarse el trabajo de traducirlo a cualquier otra lengua, ruego que me envíe una copia a mi dirección electrónica <castelin@hotmail.com>... Muchas gracias.