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Asunto:El Verdadero Sermon del Monte / Los Discursos de Jesus
Fecha:Jueves, 25 de Mayo, 2000  17:43:48 (-0600)
Autor:Ricardo Ocampo <anahuak @.............mx>

DEDICADO CON AMOR A TODOS LOS QUE INTEGRAMOS LOS GAPS EN 23 NACIONES DE 
IBERO-AMERICA... 
 
El Sermón del Monte  
Extractos de Documento 140 -- El Libro de Urantia 
 
Entonces habló Jesús, diciendo: «Ahora, que ya sois embajadores del reino 
de mi Padre, ingresáis en una clase separada y distinta de todos los otros 
hombres de la tierra. Ya no sois hombres entre los hombres, sino que 
seréis, entre las criaturas ignorantes de este mundo en tinieblas, 
ciudadanos esclarecidos de otro país, un país celestial. Ya no basta que 
viváis como habéis vivido antes de este momento, sino que en adelante 
debéis vivir como los que han probado la gloria de una vida mejor y han 
sido enviados de vuelta a la tierra como embajadores del Soberano de ese 
mundo nuevo y mejor.  
 
Más se espera del maestro que del alumno; del amo más se exige que del 
siervo. De los ciudadanos del reino celestial, más es requerido que de los 
ciudadanos del gobierno terrestre. Algunas de las cosas que estoy a punto 
de deciros os parecerán duras, pero vosotros habéis elegido representarme 
en el mundo, así como yo ahora represento al Padre; y como mis 
representantes en la tierra, estaréis obligados a acatar las enseñanzas y 
prácticas que reflejan mi ideal de vida mortal en los mundos del espacio, y 
que ejemplifico en mi vida terrestre de revelación del Padre que está en 
los cielos. 
 
«Os envío a que proclaméis la libertad a los cautivos espirituales, la 
felicidad a los que están encadenados por el temor, y que curéis a los 
enfermos, según la voluntad de mi Padre en los cielos. Cuando encontréis a 
mis hijos en aflicción, hablad palabras de aliento, diciendo: 
 
«Bienaventurados los pobres de espíritu, los humildes, porque de ellos 
serán los tesoros del reino del cielo. 
 
«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de rectitud, porque ellos 
serán saciados. 
 
«Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. 
 
«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 
 
«Y aun así, hablad a mis hijos estas otras palabras de consuelo y promesa 
espiritual: 
 
«Bienaventurados los que están de luto, porque ellos serán consolados. 
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán el espíritu del 
regocijo. 
 
«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia. 
 
«Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. 
 
«Bienaventurados los que son perseguidos por causa de su rectitud, porque 
de ellos es el reino del cielo. Bienaventurados seréis cuando os vituperen 
y os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros falsamente. 
Alegraos y gozaos porque grande será vuestra galardón en los cielos. 
 
«Hermanos míos, así como yo os estoy enviando, vosotros sois la sal de la 
tierra, la sal con gusto de salvación. Pero si la sal ha perdido su gusto, 
¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser arrojada y 
pisoteada por los hombres. 
 
«Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se 
puede esconder. Ni tampoco se enciende una luz y se la pone debajo de un 
almud, sino sobre el candelero y alumbra a todos los que están en la casa. 
Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras 
buenas obras y los guíe a glorificar a vuestro Padre que está en los cielos. 
 
«Os envío al mundo para que me representéis y actuéis como embajadores del 
reino de mi Padre, y así como salís para proclamar la buena nueva, poned 
vuestra confianza en el Padre, cuyos mensajeros sois. No resistáis las 
injusticias por la fuerza; no coloquéis vuestra confianza en el poder de la 
carne. Si vuestro prójimo os golpea en la mejilla derecha, ponedle también 
la otra. Preferid sufrir una injusticia a poner pleito entre vosotros. En 
bondad y con misericordia ministrad a todos los desconsolados y a los 
necesitados. 
 
«Yo os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian, 
bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os ultrajan. Y todo lo 
que vosotros creáis que haría yo para los hombres, hacedlo vosotros. 
 
«Vuestro Padre en los cielos hace brillar el sol sobre malvados al igual 
que sobre buenos; del mismo modo él envía lluvia sobre justos e injustos. 
Vosotros sois los hijos de Dios; aún más, sois ahora los embajadores del 
reino de mi Padre. Sed misericordiosos, así como Dios es misericordioso, y 
en el eterno futuro del reino seréis perfectos, así como vuestro Padre 
celeste es perfecto. 
 
«Se os ha encomendado para salvar a los hombres, no para juzgarlos. Al fin 
de vuestra vida terrestre, todos vosotros esperaréis misericordia; por 
ello, os pido que durante vuestra vida mortal mostréis misericordia hacia 
todos vuestros hermanos en la carne. No cometáis el error de quitar la mota 
del ojo de vuestro hermano cuando hay una viga en el vuestro. Quitad 
primero la viga de vuestro ojo y así podréis ver mejor para quitar la mota 
del ojo de vuestro hermano. 
 
«Discernid claramente la verdad; vivid sin temor la vida recta; y así 
seréis mis apóstoles y los embajadores de mi Padre. Habéis oído que se ha 
dicho: 'Si el ciego conduce al ciego, ambos caerán al abismo'. Si queréis 
guiar otros al reino, debéis vosotros mismos caminar en la luz clara de la 
verdad viviente. En todos los asuntos del reino os exhorto que mostréis 
juicio justo y sabiduría sagaz. No presentéis lo que es santo a los perros, 
ni hagáis os culpables de echar vuestras perlas delante de los cerdos, no 
sea que pisoteen vuestras gemas y se vuelvan y os despedacen. 
 
«Os pongo en guardia contra los falsos profetas que vendrán a vosotros 
vestidos de oveja, mientras por dentro serán como lobos rapaces. Por sus 
frutos los conoceréis. ¿Recogen los hombres uvas de las espinas o higos de 
los cardos? Así pues todo buen árbol da buen fruto, pero el árbol corrupto 
da fruto malo. Un buen árbol no puede dar fruto malo, ni puede un árbol 
corrupto producir fruta buena. Todo árbol que no da buen fruto ha de ser 
arrancado y arrojado en el fuego. Para entrar al reino del cielo, el motivo 
es lo que cuenta. Mi Padre mira dentro del corazón de los hombres y juzga 
por sus deseos íntimos y sus intenciones sinceras. 
 
«En el gran día del juicio del reino, muchos me dirán, ¿No profetizamos en 
tu nombre y en tu nombre hicimos muchas obras maravillosas?' Pero yo me 
veré obligado a decirles, 'Yo nunca os conocí; apartaos de mí vosotros, 
falsos maestros'. Pero todo el que escuche este encargo y ejecute 
sinceramente su misión de representarme ante los hombres, así como yo he 
representado a mi Padre ante vosotros, hallará entrada abundante en mi 
servicio y en el reino del Padre celestial». 
 
Los apóstoles no habían oído nunca antes a Jesús hablar de este modo, pues 
les habló como aquel que tiene autoridad suprema. Descendieron de la 
montaña al atardecer, pero nadie preguntó nada a Jesús.     
 
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Los discursos de Jesus: Indice 
http://www.librourantia.org/jesus/discindx.htm