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Asunto:[GAP] Matando el Le ón de Nemea - Interpretación del Mito
Fecha:Miercoles, 6 de Agosto, 2003  17:59:24 (-0500)
Autor:RedLUZ/LUXWeb <redluz @...............mx>

 
---------- 
From: Daniel Barrantes <bvr@...> 
Date: Wed, 06 Aug 2003 17:09:18 -0300 
 
Matando al León de Nemea  -  Interpretación del Mito 
 
(Trabajo en el signo de Leo, 22 julio - 21 agosto) 
 
Plenilunio de Leo 2003 - Martes 12 de agosto, 4:49 horas GMT 
Convertir a hora local según país de residencia 
 
 
El Número Cinco  
 
 
 
En el quinto signo, Leo, Hércules realiza el trabajo mejor conocido 
históricamente, pues el matar al león de Nemea ha sido siempre asociado con 
Hércules, aunque es interesante señalar que este famoso trabajo no tiene 
relación con la piel de león que Hércules siempre usaba. 
 
 
 
Esa era la piel del león que él mató antes de que emprendiera sus trabajos y 
que fue su primer acto de servicio. A través de ese acto demostró que estaba 
listo para la prueba y la disciplina. 
 
 
 
Este es uno de los más interesantes trabajos numéricamente, y para 
comprenderlo en forma cabal y entender su verdadero significado, debemos 
tener en cuenta el número cinco que lo distingue. Desde el punto de vista 
del esoterista, el cinco es el número del hombre, porque el hombre es un 
divino hijo de Dios, además del cuaternario en que consiste la cuádruple 
naturaleza inferior, el cuerpo mental, el cuerpo emocional, el cuerpo vital 
y la envoltura física. En el lenguaje de los psicólogos, el hombre es un yo, 
una continuación de los estados mental y emocional, la vitalidad, y el 
instrumento de respuesta del cuerpo físico. Hemos visto a estas cuatro cosas 
presentadas en relación al alma involucrada, en los cuatro signos 
precedentes.  
 
 
 
En Aries, el alma tomaba para sí ese tipo de materia que la capacitaría para 
estar en relación con el mundo de las ideas. Ella se revestía de una 
envoltura mental. Agregaba a la individualidad aquellas combinaciones de 
sustancia mental a través de las cuales podía expresarse mejor. Y el hombre 
llegó a ser un alma pensante. En Tauro, hizo contacto con el mundo del deseo 
y continuó un similar proceder. Se desarrollaron los medios de entrar en 
contacto conscientemente con el mundo del sentimiento y las emociones, y el 
hombre llegó a ser un alma consciente. En Géminis, un nuevo y vital cuerpo 
de energía se construyó por la conducción de las energías del alma y la 
materia, y el hombre llegó a ser un alma viviente, pues los dos polos 
estaban en armonía y apareció el cuerpo vital o etérico. En Cáncer, que es 
el signo del nacimiento físico y de la identificación de la unidad con la 
masa, se completó el trabajo de la encarnación y se manifestó la cuádruple 
naturaleza. El hombre llegó a ser un actor viviendo en el plano físico. Pero 
es en Leo que el hombre llega a ser lo que se llama ocultamente la estrella 
de cinco puntas, pues esa estrella permanece como el símbolo de la 
individualización, de la humanidad, del ser humano que se conoce a sí mismo 
como siendo un individuo y se conoce a sí mismo como el Yo. Es en este signo 
que empezamos a usar las palabras "Yo", y “mi”, y “mío”. 
 
 
 
La Sempiterna Sabiduría del Oriente nos dice que el número cinco es el más 
oculto y el más profundamente significativo de los números. Sostiene que el 
grupo de seres celestiales y espirituales, que encarnaron en la tierra, se 
manifestaron a través del cuaternario, y así entraron en la existencia de la 
familia humana, que fueron el quinto grupo de vidas divinas y que ellos 
combinaron dentro de sí mismos, por consiguiente, los atributos duales del 
universo, lo espiritual y lo físico. Unificaron en ellos mismos los dos 
polos. Eran exotéricos y esotéricos; eran objetivos y subjetivos. Así 
tenemos el número diez, que es considerado como el número de la perfección y 
la consumación humanas, el número de un ser humano perfectamente 
desarrollado y manifestado, y del equilibrio logrado entre el espíritu y la 
materia. Pero es el número en donde el espíritu no domina a la materia; es 
el número del aspirante cuyo objetivo es subordinar la materia a los usos 
del espíritu y, por consiguiente, trastorna el equilibrio del número diez. 
 
 
 
Las antiguas escrituras del Oriente emplean algunas frases interesantes para 
expresar la naturaleza de estos seres celestiales que son los hombres de 
nuestro tiempo, que somos nosotros mismos, que son los hijos de Dios 
encarnados. Ellos son llamados Señores del Conocimiento y de la Sabiduría. 
Señores de la Voluntad y el Sacrificio, Señores de la Devoción Infinita, y 
estos términos, caracterizando la entidad espiritual que habita en toda 
forma humana, son dignos de la más atenta consideración de aquéllos que 
buscan marchar por el círculo del zodíaco como individuos conscientes con 
una meta espiritual. Por nuestra propia voluntad y con pleno conocimiento 
estamos aquí. Para elevar la materia al cielo, hemos venido a esta 
existencia manifestada. En esencia y en realidad, el hombre no es lo que 
parece ser. Es esencialmente lo que demostrará en Acuario, el signo opuesto 
a Leo. El individuo en Leo se transforma en el iniciado en Capricornio, y se 
pone de manifiesto como el hombre completo en Acuario, y esto sólo ha sido 
posible a causa de la devoción ilimitada a un objetivo oscuramente 
sospechado, que lo ha llevado una y otra vez alrededor del zodíaco hasta que 
se ha logrado una completa autoconciencia. 
 
 
 
La propiedad y la relación del quinto Mandamiento con el quinto trabajo y el 
quinto signo se vuelven así manifestadas. "Honra a tu padre y a tu madre, 
que tus días puedan ser largos en la tierra que el Señor tu Dios te ha 
dado", pues en Leo, Padre-espíritu y Madre-materia se encuentran en el 
individuo y su unión produce esa entidad consciente que llamamos el alma o 
el Yo. Justamente, sin embargo, como éste es el signo en el cual el hombre 
se reconoce a sí mismo como el individuo y empieza el ciclo de experiencias 
en la cuales él adquiere conocimiento, así es el signo en el cual el hombre 
autoconsciente empieza su entrenamiento para la inicia-ción. Es en este 
signo que tenemos la última de las pruebas en el sendero probatorio. Cuando 
el trabajo de este signo termina, ha empezado el adiestramiento definido 
para la iniciación en Capricornio. Algunas medi-das de control del 
pensamiento se han ganado en Aries, y algún poder de transmutar el deseo se 
ha logrado en Tauro. Las manzanas de la sabiduría han sido recogidas en 
Géminis y la distinción entre sabiduría y conoci-miento ha sido aprendida en 
parte, mientras que la necesidad de transmu-tar el instinto y el intelecto 
en intuición y de llevar a ambos al Templo del Señor, ha sido entendida en 
Cáncer.  
 
 
 
 
 
La Historia del Mito 
 
 
 
Después de un trabajo relativamente simple en Cáncer, el cual estuvo 
completamente libre de riesgo y peligro, Euristeo impone a Hércules la 
tremenda tarea de matar al león de Nemea, que estaba devastando la comarca. 
Por un largo período el león había sido una fuerza destructiva y la gente 
era incapaz de hacer algo al respecto. Hércules encontró que la única manera 
en la cual podía lograr su objetivo, era perseguir al león en círculos cada 
vez más estrechos hasta que lo hubiera acorralado en la cueva. Procedió a 
hacer esto y eventualmente le siguió la pista hasta su guarida. 
 
 
 
Habiendo tenido éxito en esta etapa preliminar, hizo entonces el 
desagradable descubrimiento de que la cueva tenía dos aberturas y que, tan 
pronto como lo perseguía por una, emergía por la otra. No había más remedio, 
por lo tanto, que detener la persecución y bloquear una de lalaberturas de 
la cueva, y así lo hizo Hércules. Entonces persiguió al león dentro de la 
cueva a través de la abertura que no estaba bloqueada y, dejando todas las 
armas, aún el garrote que él mismo había hecho, con sus dos manos estranguló 
al león hasta la muerte. Ese fue un encuentro que tuvo lugar sin que nadie 
lo viera; Hércules y el león en la oscuridad y lobreguez de la cueva, 
tomando parte, ambos, en una lucha que tenía que ser a muerte. 
 
 
 
 
 
El Campo del Trabajo 
 
 
 
El signo de Leo es uno de los cuatro brazos de la cruz fija en los cielos, 
la cruz en la cual el Cristo Cósmico y el Cristo individual son siempre 
crucifica-dos. Tal vez la palabra "crucificado" tendría un verdadero 
significado si la sustituyéramos por la palabra "sacrificado", pues en el 
desarrollo de la conciencia de Cristo en la forma, etapa por etapa, varios 
aspectos de la naturaleza divina se ven como siendo sacrificados. 
 
 
 
En Tauro, el símbolo de la fuerza creativa expresándose a través del deseo, 
vemos el aspecto inferior de la divina fuerza creativa, el deseo sexual, 
transmutado en, o sacrificado a, su aspecto superior. Tenía que ser elevado 
al cielo.  
 
 
 
En Leo, vemos a la mente cósmica actuando en el individuo como la razonadora 
mente inferior, y su aspecto inferior tiene asimismo que ser sacrificado y 
la pequeña mente del hombre debe ser subordinada a la mente universal. En 
Escorpio, que es el tercer brazo de la cruz fija, encontramos el amor 
cósmico o atracción cósmica. Allí se lo muestra en su aspecto inferior, y a 
esto lo llamamos la gran Ilusión; y en Escorpio vemos al aspirante en la 
cruz, sacrificando la ilusión a la realidad. En Acuario, tenemos la luz de 
la conciencia universal iluminando al ser humano y realizando el sacrificio 
de la vida individual, fundiéndola en el todo universal. Esta es la 
verdadera crucifixión: el sacrificio del reflejo a la realidad, del aspecto 
inferior al superior, y de la unidad individual a la gran suma total. Fueron 
estas las características que el Cristo tan maravillosamente demostró. El se 
mostró como el Creador. Se mostró como funcionando bajo la influencia de la 
mente iluminada; personificaba en sí mismo el amor de Dios, y se anunció 
como la Luz del Mando. El problema ante Hércules, por lo tanto, era el 
problema del signo; la crucifixión inferior y la conquista de la 
autoafirmación individual. 
 
 
 
Originalmente el zodíaco consistió sólo de diez constelaciones y, en alguna 
época prácticamente desconocida, las dos constelaciones, Leo y Virgo, eran 
un símbolo. Tal vez el misterio de la esfinge está conectado con esto, pues 
en la esfinge tenemos al león con cabeza de mujer. Leo con Virgo, el símbolo 
del león o alma real y su relación con la materia o aspecto Madre. Puede, 
por consiguiente, significar las dos polaridades, masculina y femenina, 
positiva y negativa. 
 
 
 
En esta constelación está la estrella sumamente brillante que es una de las 
cuatro estrellas reales de los cielos. Es llamada Regulus, el Gobernante, el 
Legislador, conteniendo en su significado el pensamiento de que el hombre 
puede ahora ser una ley en sí mismo, pues él tiene dentro de sí, eso que es 
el rey o el gobernante. Oculto en la constelación hay también un brillante 
grupo de estrellas, llamado "la hoz". Para los antiguos iniciados, quienes 
veían a las constelaciones exteriores como personificaciones de fuerzas y 
como símbolos de un drama desplegado, tan vasto que ni aún ellos podían 
comprenderlo, la constelación trasmitía tres pensamientos mayores: primero, 
que el hombre era el gobernante, el rey, Dios encarnado, un hijo individual 
de Dios; el segundo, el hombre era gobernado por la ley, la ley de la 
naturaleza, la ley que él hace para sí mismo, y la ley espiritual a la cual 
se subordinará eventualmente; tercero, que el trabajo de un individuo es 
aplicar la hoz y suprimir o derribar aquello que obstaculiza la aplicación 
de la ley espiritual, y por lo tanto obstruye el florecimiento del alma. 
 
 
 
La constelación de Leo tiene noventa y cinco estrellas, dos de las cuales de 
primera magnitud. Su nombre egipcio, se nos dice, significaba "un fluir” 
dando el Nilo su más completa irrigación en esta estación. 
 
 
 
Esto tiene también un interesante significado esotérico pues, según las 
enseñanzas de la Sabiduría Arcana, la familia humana empezó su existencia a 
través de lo que es técnicamente llamado “la tercera efusión” que era la 
denominación que se daba a la entrada de una gran marea de almas dentro de 
los cuerpos animales y, por consiguiente, la formación de la familia humana 
compuesta de unidades individuales. Otro término técnico para esta tercera 
efusión es "individualización", transformándose en un individuo con 
autoconocimiento, vinculándolo así con los grandes sucesos en el signo, Leo. 
 
 
 
Las noventa y cinco estrellas en esta constelación tienen también 
signifi-cado numérico pues tenemos allí 9 x 10 + 5. Nueve es el número de la 
iniciación, diez es el número de la perfección humana, cinco es el número 
del hombre, y así en esta agrupación de estrellas tenemos la historia del 
hombre, de la personalidad, del iniciado y de su última realización 
espiritual.  
 
 
 
En el zodíaco de Denderah, Leo y las tres constelaciones acompañantes están 
representadas como formando un gran signo, pues se ve al león pisando la 
serpiente. Corvus, el cuervo, está posado sobre el lomo del león, mientras 
que debajo está una figura emplumada de mujer (de nuevo, el símbolo de la 
materia) sosteniendo dos copas, pues hay siempre la copa que simboliza la 
copa de la experiencia, la copa del sufrimiento. La copa, es la copa que se 
ofrece al iniciado, a la cual Cristo se refería en el Jardín de Getsemaní, 
cuando imploraba que la copa le fuera apartada, pero de la cual terminó 
bebiendo.  
 
 
 
Así Hércules, el aspirante, expresándose en Leo, prevé la gran batalla que 
está delante de él, sabe que su pasado debe determinar su realización en el 
futuro, sabe que antes de que él pueda escalar la montaña en Capricornio, 
debe matar a la Hidra, y sabe que no debe ser más el cuervo, sino que debe 
manifestarse como Aquila, el águila de Escorpio, y como Cygnus, el cisne, en 
Acuario. Esto lo tiene que empezar a hacer en Leo, demostrando el poder de 
atreverse, enfrentando la lucha espantosa que tiene por delante en los tres 
signos siguientes y matando al león de su propia naturaleza (el rey de las 
bestias) solo y sin ayuda, y así merecer el poder de vencer a Hidra, en 
escorpio.  
 
 
 
 
 
La Lección del Trabajo 
 
 
 
Dos pensamientos sacados de la Biblia cristiana, resumen la lección de este 
trabajo. En la Epístola de San Pedro encontramos estas palabras: "Tu 
adversario, el demonio, como un león rugiente camina alrededor, buscando a 
quien poder devorar” y en La Revelación 5:5, encontramos las palabras, "He 
aquí, el León de la tribu de Judá la raíz de David, ha prevalecido para 
abrir el libro, y para desatar los siete sellos de éste". 
 
 
 
Hércules, el aspirante, el alma, simboliza al león, el príncipe, el rey, el 
gobernante, y a causa de esto simbólicamente usaba la piel del león. El león 
de Nemea se yergue esencialmente para la coordinada, dominante personalidad, 
pues el aspirante tiene siempre que ser un individuo altamente evolucionado. 
 
 
 
Con los aspectos triples del yo personal inferior fundidos y mezclados, y, 
por consiguiente, poderosos más allá del término medio, el aspirante se 
vuelve a menudo una persona algo irritante y difícil. Tiene una mente y la 
está usando. Sus emociones están controladas, o bien están tan mezcladas con 
sus reacciones mentales que son extraordinariamente poderosas; de ahí que 
sea excesivamente individual, a menudo muy agresivo, autoconfiado, y 
autosatisfecho y su personalidad sea, por lo tanto, una fuerza devastadora 
en el grupo familiar, en la sociedad, o en la organización con la cual pueda 
estar afiliado. Por consiguiente, el aspirante, el león de Judá, tiene que 
matar al león de su personalidad. Habiendo surgido de la masa, y 
desarrollado su individualidad, entonces tiene que matar lo que él ha 
creado; tiene que volver impotente al que ha sido el gran agente protector 
hasta el momento. El egoísmo, el instinto autoprotector, tiene que dar lugar 
a la abnegación, lo que es literalmente la subordinación del yo al todo. 
 
 
 
Por lo tanto, el león de Nemea simboliza la personalidad poderosa corrien-do 
indómita y amenazando la paz de la comarca. ¿Cuál es la lección que se 
pretende debe aprenderse del hecho de que Hércules siguiera al león hasta la 
cueva que tenía dos aberturas? ¿Por qué obstruyó una abertura y entró por la 
otra? ¿Cuál es la enseñanza espiritual que subyace en la tradición de que 
allí mató al león con sus simples manos desnudas? 
 
 
 
Muchas de estas viejas historias han mantenido el verdadero sentido de su 
significado inescrutable por miles de años, y es sólo en esta época y 
generación que el verdadero significado esotérico puede posiblemente 
emerger. El hecho interesante acerca del período en el que ahora vivimos, es 
que él marca una evolución singular en el desarrollo racial. Ha habido 
siempre manifesta-ciones de los dioses del sol, y este trabajo de Hércules 
ha sido muchas veces representado por unos pocos aquí y allá. Cada nación ha 
producido aspiran-tes altamente evolucionados que logran descubrir al león 
de la personalidad dentro de la cueva y allí lo dominan. Pero, 
relativamente, en relación a la miríada de unidades humanas, ellos han 
constituido una muy pequeña mino-ría. Ahora tenemos un mundo lleno de 
aspirantes; la generación venidera en todas las naciones producirá sus miles 
de discípulos, y ya decenas de miles están buscando el Sendero. La gente no 
es muy individual, el mundo está lleno de personalidades, y ha llegado el 
tiempo en que el león de la tribu de Judá debe vencer al león del yo 
personal. No estamos solos en nuestra lucha, como lo estuvo Hércules, sino 
que formamos parte de un gran grupo de dioses del sol, que están luchando 
con las pruebas preparatorias para la iniciación, y con los problemas que 
sacarán a la luz los plenos poderes del alma. 
 
 
 
En Capricornio escalaremos la cima de la montaña, y entrando, como lo 
estamos ahora, en el ciclo de Acuario, los aspirantes de la raza están en 
posición de empezar a aprender la lección de servicio y conocimiento 
universal. Cuando, dentro de dos mil años, empecemos a entrar en 
Capricornio, habrá entonces allí una inmensa agrupación de iniciados, y el 
escalamiento del monte de la iniciación y del monte de la transfiguración 
por muchos cientos de discípulos. Hasta enton-ces, hay que enfrentar al león 
de la personalidad y entrar en la cueva. 
 
 
 
En el simbolismo de las escrituras del mundo, los acontecimientos más 
trascendentales son representados en uno de los dos sitios: en la cueva o en 
la montaña. Cristo nació en la cueva; la personalidad es vencida en la 
cueva; la voz del Señor se oye en la cueva, el conocimiento de Cristo es 
alimentado en la cueva del corazón, pero después de la experiencia en la 
cueva, se escala la montaña de la transfiguración, el monte de la 
crucifixión es alcanzado, para ser seguido, finalmente, por el monte de la 
ascensión.  
 
 
 
Me gustaría aquí dar la interpretación técnica, tal vez más científica, de 
esta cueva en la que entró Hércules. La raza aria, a la cual pertenecemos, 
posee un desarrollo mental agudo, y el conocimiento de la gente en todas 
partes está cambiando progresivamente más allá de su naturaleza emocional, y 
por lo tanto fuera del centro del plexo solar, dentro del cuerpo mental, y 
por consiguiente, dentro de la cabeza. Hay en la cabeza una pequeña cueva, 
una pequeña estructura ósea que escuda y protege una de las más importantes 
glándulas del cuerpo, la pituitaria. Cuando esta glándula esté funcionando 
en completa y apropiada actividad, tendremos una personalidad plena y 
activa, autocontrolada, con pronunciada actividad mental y resistencia. 
 
 
 
Este cuerpo pituitario es dual en su configuración: en uno de sus lóbulos, 
el frontal o antepituitario se encuentra el asiento de la mente razonadora, 
de la intelectualidad, y en el otro, el postpituitario, está el asiento de 
la naturaleza emocional, imaginativa. Se dice también que esta glándula 
coordina a las otras, controla el crecimiento y es esencial para la vida. Es 
interesante que Berman defina la intelectualidad corno la "capacidad de la 
mente de controlar su ambiente por conceptos e ideas abstractas". Donde 
existe una falta de desarrollo de esta glándula se puede encontrar 
deficiencia tanto emocional como mental. Muchos endocrinólogos y psicólogos 
se han expresado con líneas similares. Es en esta cueva que el león de la 
personalidad desarrollada o individualidad tiene su guarida, y es aquí que 
el dios sol, Hércules, debe triunfar. 
 
 
 
Durante siglos los egipcios, y especialmente los hindúes, han sabido de los 
chakras o centros de fuerza en el cuerpo etérico. El descubrimiento del 
sistema endocrino muestra glándulas físicas correspondientes, en las mismas 
ubicaciones. Una de éstas, el cuerpo pituitario con sus dos lóbulos, 
simboliza la cueva con dos aberturas, una de las cuales Hércules tuvo que 
cerrar antes de que pudiera controlar la personalidad con la mente superior. 
Pues fue sólo cuando él hubo bloqueado la abertura de las emociones 
personales (post-pituitaria), desechando incluso su seguro garrote, 
rehusando simbólicamente a llevar una vida personal egoísta, que él pudo, 
entrando por la abertura representada por la antepituitaria, someter al león 
de la personalidad en la cueva. Estas correlaciones son tan exactas que 
presentan en pequeño y en grande un terrible testimonio de la perfecta 
integridad del Plan. "Como arriba, así es abajo". Una sorprendente 
correlación entre las verdades biológicas y espirituales. 
Gran Presidente se sentó dentro de la Cámara del Concilio del Señor y allí 
discutió el plan de Dios para todos los hijos de los hombres, que son los 
hijos de Dios. El Maestro permanecía a su derecha y escuchaba sus palabras. 
Y Hércules descansaba de sus trabajos. 
 
 
 
Extractado de "Los Trabajos de Hércules 
<http://www.sabiduriarcana.org/preliminar%20libros%20-%20esp.htm>; ", por 
Alice A. Bailey 
 
Estas lecturas sirven para ir reflexionando en preparación para la 
participación del Plenilunio de Leo. 
 
Mail distribuido por:  Buena Voluntad Rosario -  www.sabiduriarcana.org  - 
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