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Asunto:[GAP] El ciberespacio, cuna de la fraternidad planetaria
Fecha:Martes, 13 de Enero, 2004  14:32:23 (-0600)
Autor:Ricardo G Ocampo <redanahuak @...............mx>

---------- 
From: La redacción <redaccion@...> 
Date: Tue, 13 Jan 2004 13:24:38 +0800 
To: Interredes@... 
Subject: [Interredes] "El ciberespacio, cuna de la fraternidad planetaria" 
 
Madrid 13 de Enero de 2004 
 
EL CIBERESPACIO, CUNA DE LA FRATERNIDAD PLANETARIA 
 
No nos colma un Cielo disfrutado a través del pantalla, millones de colores 
que refulgirán siempre impotentes, que le imprimirán un siempre insuficiente 
brillo. Cabeza inclinada, solicitamos con respeto y veneración la Aurora 
real, Sus jardines, Sus cascadas, Sus palacios y lagos en vivo. Mientras 
tanto sean bienvenidas las conquistas virtuales que nos acercan de día en 
día más a Sus colores genuinos, a Sus sonidos, a Sus paisajes y fraternidad 
sin nombre. 
 
Cuando caen las barreras, al humano anhelante de la unidad, nostálgico del 
Uno que fuimos y que poco a poco volvemos a ser, le asalta una felicidad 
desbordante. Hemos vivido ese gozo en innumerables ocasiones a lo largo de 
todos estos años, nocturno parto sin sangre, empuje silencioso aquí y allá 
de infinitas teclas, alumbramiento digital, pero no por ello menos 
esperanzado de una nueva Tierra vinculada a la Otra Gran Realidad, Aquella 
que no conoce, ni conoció frontera alguna, Aquella que nos aguarda tras un 
poco más de teclado, tras un poco más de esfuerzo y entrega al servicio del 
Plan de Amor. 
 
La magia sobrevino con el tiempo, a fuerza de ³tipear², a fuerza de muchas 
madrugadas en vela. ¡Benditas esas noches que nos acercaron a la AuroraŠ! La 
magia sobrevino a fuerza de una lista cada vez más larga en nuestra carpeta 
de direcciones. En esa lista se iban reuniendo servidores de tantos rincones 
diferentes, las siglas de tantos y tantos países. De la mayoría no 
conocíamos sus rostros, pero sí sabíamos de su afán por iluminar la Tierra. 
Cuando nuestras listas se hicieron lo suficientemente largas, nos ganó el 
convencimiento de que todos juntos, podíamos empezar a cambiar el mundo. En 
realidad ya nos estábamos moviendo en otro mundoŠ 
 
Algunos nos dirán que la pantalla es artificial, reduccionista, virtual, 
incluso engañosa. Sin embargo por mucho que se nos cuadre la cabeza de tanto 
monitor, por muchas horas que el teclado robe al sueño, por mucho que los 
ojos se agoten ante el fluorescenteŠ, difícilmente podremos olvidar el 
placer de una rayo de sol acariciando nuestras  mejillas, o la sonrisa de un 
niño irreproducible con todos los medios digitales. Difícilmente podremos 
olvidar el celeste sabor de  una caricia tierna, de un beso de amor que una 
máquina nunca podrá ni de lejos emular. Difícilmente las más maravillosas 
diapositivas  en ³pps², lograrán frenar nuestro impulso para saltar a 
contemplar, oler, palpar, catarŠ, la naturaleza en vivo. No somos, ni 
seremos esclavos de las pantallas, sin embargo nunca dejaremos de dar 
gracias al Cielo por haber unido todas nuestras computadoras, o lo que es lo 
mismo haber vinculado nuestras mentes, nuestros sentimientos, nuestros 
sueños y anhelosŠ. 
 
El mundo virtual no desplaza al físico, lo complementa. La suerte de 
nuestros días es comunicarnos con amigos en el servicio repartidos  por todo 
el mundo y después al atardecer tomar la mano de la compañera e ir a saludar 
la puesta de sol, zambullirse en el silencio de un valle majestuoso en su 
reposo. La suerte de nuestros días es gestar un solo mundo a través de la 
pantalla y después acercarte a la flor, sumergirte en el río, subir a 
saludar a las hermanas las hayasŠ La suerte de nuestros días es poder 
compatibilizar una pantalla imprescindible de cristal líquido, con una 
realidad palpable de carne, hueso y maravilla. La suerte de nuestro tiempo 
es que la magia está por doquier, ya sobre el teclado, ya tras el umbral de 
la puertaŠ No elegiremos entre ventana digital y ventana de la vida, pues 
las dos son otorgamiento del Cielo para nuestros días. No hay porque elegir 
entre vida física y vida virtual, las dos nos son dadas en herencia, las dos 
las hemos de apurar al máximo en sus infinitas posibilidades. 
 
Ciberespacio, herencia y responsabilidad 
 
Internet tiene la elevada finalidad de acercar e interconectar a los seres 
humanos. La red de redes facilita el rápido, eficaz y económico intercambio 
de recursos para el crecimiento interno que acelera el salto de conciencia. 
El desarrollo de las comunicaciones ha significado una profunda 
trasformación de las relaciones personales y de las comunidades. La 
revolución de los transportes y los nuevos medios de comunicación, Internet 
a la cabeza, ha clausurado nuestro secular aislamiento, inaugurado nuevos 
espacios compartidos, posibilitado el surgimiento de comunidades virtuales 
conectadas electrónicamenteŠ 
 
La adquisición de una conciencia planetaria viene acompañada del anclaje en 
la tierra de las nuevas tecnologías de la comunicación. Los medios e 
instrumentos desembarcan en el preciso instante en que la conciencia está ya 
madura, lista para dar su siguiente y correspondiente salto evolutivo. En el 
momento histórico en que la humanidad toma conciencia de su unidad 
intrínseca, somos dotados de los instrumentos necesarios para construirla y 
fortalecerla también externamente. ¿Qué otra mejor contribución a la unidad 
que la red de redes? 
 
Internet ha facilitado, como ningún otro medio, el advenimiento de una 
conciencia planetaria. Todo estaba en el Plan. Sus Custodios bien sabían que 
no era posible reinstaurar el principio de fraternidad, sin la previa 
promoción de los medios que fueran allanando el terreno para la plena 
vivencia de esa unión universal. 
 
El salto que supuso la letra impresa se queda pequeño al lado del que ha 
posibilitado la letra electrónica y toda la información digitalizada. La 
imprenta fue una pequeña revolución al lado de las increíbles posibilidades 
que nos presenta la red de redes. Internet es el nombre de la gran tormenta 
que presenciamos en nuestros días, gracias a la cual el ser humano ha roto 
las limitaciones que le circunscribían a un marco de comunidades separadas. 
Internet es nuestra herencia, pero por supuesto también nuestra gran 
responsabilidad. La nueva conciencia y valores cabalgan más rápidos y 
ligeros a lomos de los ³bytes². Internet ha supuesto la mayor trasformación 
de nuestros días, sus posibilidades son infinitas, si bien a menudo no se 
hace de él un uso adecuado, positivo y emancipador. 
 
Es difícil encontrar definiciones más originales y acertadas del 
ciberespacio que la que John Perry Barlow vierte en su popular manifiesto 
que lleva por nombre ³La independencia del ciberespacio²: ³El ciberespacio 
está formado por transacciones, relaciones, y pensamiento en sí mismo, que 
se extiende como una quieta ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. 
Nuestro mundo está a la vez en todas partes y en ninguna parte, pero no está 
donde viven los cuerpos. Estamos creando un mundo en el que todos pueden 
entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, 
la fuerza militar, o el lugar de nacimiento. Estamos creando un mundo donde 
cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar 
lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el 
conformismo².  
 
Obviando algunos aspectos cuestionables, Barlow presenta en su manifiesto 
otros puntos de sumo interés, como  cuando subraya la ausencia de identidad 
y leyes en la virtualidad o el coste cero de la reproducción digital. Cada 
quien puede reconstruir su identidad en este nuevo mundo en el que no se 
pedirá cuentas por el pasado. El espacio más aligerado de leyes de Internet 
no implica, por supuesto, que cada quien puede hacer lo que le gana. Por el 
contrario nos presenta la oportunidad de construir un mundo amable, alegre, 
vivo y fraterno, sin necesidad de dotarnos de tantas leyes, legislación que 
muy a menudo llega a coartar libertades o a fungir en beneficio de intereses 
concretos. El mundo virtual nos inicia en una realidad en la cual las leyes, 
tanto humanas como divinas, no son tan limitadoras como en el mundo físico. 
 
Espacio nuevo y virgen 
 
Por otro lado, la gratuidad de los soportes y circuitos digitales invitan al 
ser humano a ensayarse en el principio del compartir. La historia humana 
desemboca en este precioso momento en que el arte y el saber pueden no 
costar dinero, por lo menos apenas tienen costo los soportes en los que se 
colocan. Tan sólo resta resolver la cuestión de la denominada ³propiedad 
intelectual². Cuando los artistas y creadores concluyan que en realidad 
ellos han sido gratificados con inspiraciones y que lo que ³bajan a la 
tierra², no les pertenece, sino que es patrimonio de la humanidad, habremos 
dado otro gran salto evolutivo. 
 
La tecnología va en este aspecto por delante de la conciencia, pues los 
humanos aún no hemos asumido este principio al que nos invitan las 
tecnologías que ya estamos manejando. Parece que desde el Cielo nos 
susurraran: ³Ahí os va la revolución digital, ahí os va el coste cero de 
todo lo que deseéis reproducir ya sea DVD, CD, softwareŠ, este regalo es 
para que os ensayéis poco a poco en el principio que rige en las dimensiones 
superiores del compartir. Comprobad que reproducir no cuesta dinero, 
comprobad que no cuesta dinero proporcionar belleza, arte, herramientas 
informáticas, música, películasŠ a los demás. Comprobad que en realidad todo 
en el universo es gratuito, que el principio de cercar, retener y acumular 
va contra la ley universalŠ². 
 
El mundo digital-virtual tiene la principal función de sugerir la nueva 
tierra y sus enormes posibilidades. Inaugura un espacio nuevo y virgen 
apenas mancillado, que nos invita a trabajar por el bien común. Nuestro 
deber es hacer de este nuevo espacio, un universo sagrado al servicio de la 
evolución humana y no de su retroceso. Somos los pioneros de este inmenso 
continente digital y nuestra función es bendecirlo, elevarlo. 
 
Las pantallas vinculan los cuerpos astrales y mentales, no los físicos. A 
través de los primeros compartimos independientemente del color de la piel, 
el grueso de la cintura, la edad y los mil y un condicionamientos de la vida 
de la tercera dimensión. El mundo virtual acaba con las barreras no sólo 
geográficas, políticas, ideológicas, si no también las físicas y 
generacionales, a menudo las más difíciles superar. 
 
La realidad virtual pasa por alto diferencias que en la vida ³normal² 
resultarían a menudo barreras insoslayables. Al acceder a este mundo nos 
convertimos inmediatamente en ciudadanos entre los que no media ningún tipo 
de fronteras. Todos volvemos a gozar de los mismos derechos y posibilidades. 
La virtualidad va en avanzadilla, recreando las nuevas posibilidades de 
compartir que deberemos ir ya implementando en la realidad física. La 
virtualidad es la Nueva Tierra que ya está anclando con sus contradicciones, 
con sus errores, con sus dificultadesŠ, la Nueva Tierra en avance tan 
silencioso como imparable. 
 
La no presencia física actúa por lo tanto como un factor desinhibidor a la 
hora de adoptar una actitud activa en la red. Ante la pantalla queda 
evidenciado el contenido de lo expresado y no la ³forma², la apariencia de 
quien lo expresa. 
 
Internet crea lazos que después difícilmente puede después romper la 
fisicalidad y todos sus avatares. Su magia ancla y se extiende. Los chavales 
que chatean con colegas de otros países y continentes jamás cogerán un arma 
para combatir entre ellos. Han vivido ya a golpe de teclado una amistad, una 
fraternidad que desborda las fronteras políticas. Han vivido unos 
sentimientos de los que difícilmente renunciarán por más arengas patrióticas 
que los martiricen. 
 
Espacio de pruebas para la nueva humanidad 
 
La realidad virtual sugiere nuevos patrones de comportamiento basados en la 
solidaridad y el trabajo grupal. Vaya sólo un gráfico ejemplo en este 
sentido: el sistema operativo gratuito y libre ³Linux². Experiencias como 
ésta deberían de ser motivo de reflexión esperanzada. ³Linux² se ajusta 
plenamente a los patrones de la era de acuario: invención compartida, 
desafío de alcance planetario, quien más sabe más aporta, altruismo en el 
trabajo, todos los avances puestos a disposición de todosŠ ¿Qué es esto, 
sino el más vivo y palpable ejemplo de nueva era? 
 
El mundo virtual es en realidad un campo de pruebas inaugurado por la 
Jerarquía al servicio de la futura humanidad. Es preciso ensayar en ese 
mundo paralelo lo que después se desarrollará a nivel físico. Si la Nueva 
Tierra, la Nueva Era es por encima de todo compartir, el hombre necesitará 
un campo de ensayos donde vivenciar ese espíritu. Experimentamos en el 
monitor la armonía y solidaridad que después trasladaremos a la vida real. 
La red es pensar en las necesidades del otro, es anhelo de entrega, de 
facilitar a los demás lo que a uno le eleva, le colma, le libera, le 
emancipaŠ  
 
Quien aún no haya madurado en el principio de compartir no encontrará su 
lugar en las redes, pues la dinámica de éstas invita a un constante dar. La 
red es dar y recibir aunque sea un saludo, un breve buen deseoŠ, y es 
preciso trabajar esa disponibilidad. Más concretamente, la Red espiritual 
comparte nueva y liberadora información en sus más variadas vertientes, 
socializa propósitos, sueños, accionesŠ A través de estas Redes se 
distribuyen diariamente millones de misivas con ingente carga liberadora, a 
través de sus conductos circulan preciados contenidos que contribuyen a la 
emancipación humana. 
 
Espacio gratuito 
 
El sistema imperante ha inventado la anatema del ³pirateo informático² para 
evitar que el ³virus del compartir² se extienda como la pólvora. El sistema 
debía demonizar el espíritu de socializar que amenaza sus más firmes bases. 
El cuestionamiento de la propiedad abusiva es el postulado más 
revolucionario de nuestros días en el ámbito social. Las redes han 
habilitado un espacio de socialización intelectual hasta ahora absolutamente 
desconocido. Internet y los medios digitales con su enorme poder 
democratizador de contenidos y programas ponen entredicho los precios a 
menudo exagerados que se manejan en el arte la cultura y la informática. 
 
El viejo sistema se basa en el acumular, mientras que la economía del 
mañana, del nuevo tiempo se asienta en el principio del compartir, en la 
fórmula de retribución en función de la necesidad. Parece que desde el Cielo 
una vez más nos dijeran: ³No pongáis precio a lo que os damos en gratuidad. 
Gratis os alumbramos el contenido, la inspiración que os soplamos, gratis 
los materiales que los soportan, gratis la técnica de reproducciónŠ ¿A dónde 
vais siempre etiquetando un precio a lo que se os entrega en abundancia.² 
 
Muchas redes espirituales funcionan en realidad bajo las pautas del viejo 
paradigma al imprimir un coste excesivo a los contenidos que facilitan. Todo 
sistema, barnizado o no de nueva conciencia, basado prioritariamente en el 
interés de acumular y lucrar se rige por principio caducos. Si bien es 
cierto que no se puede de un día para otro prescindir de una economía 
monetaria, también es verdad que es preciso hacer un esfuerzo para ir 
saliendo paulatinamente de su órbita. 
 
Ciberespacio, un regalo prometido 
 
Internet representa un apoyo de la Jerarquía a la avanzada humana en su 
empeño evolutivo, como precursores de una nueva civilización. De nosotros 
depende el uso que le demos a tan preciado instrumento. 
 
El regalo de Internet venía con dedicatoria. Cuando descendió a la Tierra, 
le acompañaba una especial encomendación a cuantos humanos abrigan el sueño 
de un mundo diferente y fraterno. Internet estaba, sobre todo, destinado a 
los servidores de la humanidad, a los precursores de una nueva civilización, 
a cuantos abrigan anhelo evolutivo, por más que haya quien lo destina a 
fines poco liberadores y emancipadores. Como todo instrumento tiene sus dos 
filos. En Internet se hace si cabe más evidente, la eterna lucha entre la 
luz y la oscuridad. Están ahí bien juntas, a simple salto de ³clik². La 
distancia entre un portal de luz, a uno de pornografía o de instrucción para 
la fabricación de bombas domésticas es de breves segundos, de un simple y 
leve movimiento de dedo. Más que nunca precisamos una actitud alerta y 
discernidora, pues la pantalla de Internet tan pronto nos ayuda a elevarnos 
hacia dimensiones superiores, como alimenta nuestros más bajos impulsos. 
 
Internet es el gran regalo de la Jerarquía destinado a los servidores del 
mundo, a los trabajadores de la luz. El Tibetano ya predijo que aparecería 
una reveladora forma de enseñanza a escala mundial después de 1975. Tal como 
fue anunciado por la Jerarquía, la red de redes surgió para acelerar y 
fortalecer nuestra unión interna. Al alcanzar una conciencia de hermandad 
por encima de las fronteras del pasado, somos obsequiados con un instrumento 
que nos permite acelerar el desarrollo de esa conciencia planetaria. 
 
El desarrollo de las tecnologías de la información durante los últimos años 
ha puesto a disposición de los individuos nuevas capacidades e impensables 
posibilidades. Todo ello ha contribuido a aumentar el poder de las personas 
en detrimento del de las élites. La red de redes reparte poder, cuestiona la 
concentración del mismo en pocas manos. Concretamente Internet ha supuesto 
una auténtica democratización de los medios de comunicación. Es el 
instrumento que nos concede mayor participación en el futuro de nuestro 
devenir colectivo, que nos permite incidir más directamente en la opinión 
pública.  
 
Tal como hemos apuntado Internet es cuna de la conciencia planetaria, amén 
de espacio nuevo, virgen y gratuito en el que se ensaya la nueva humanidad. 
Sería largo detallar las posibilidades que brinda este instrumento 
revolucionario. No obstante nos sentimos obligados a señalar su gran función 
a la hora de difundir los mensajes que llegan de los Guías y los Maestros de 
la humanidad. Muchos canales y sensitivos trabajan con la garantía de que la 
palabra sagrada que reciben en su interior, encuentra después una fácil, 
rápida y económica forma de propagarse. 
 
Por último señalar igualmente que sin Internet no podríamos pensar en las 
convergencias planetarias que ahora estamos viviendo, no sería posible soñar 
en la movilización sincrónica y universal de corazones y voluntades. No 
podríamos impulsar iniciativas globales de la magnitud actual a golpe de 
teléfono y papel. Requeriría muchísimo más personal, coste y tiempo. 
 
Brecha en el ciberespacio 
 
A menudo se habla de la nueva brecha digital, de la gran diferencia 
tecnológica entre los países desarrollados y los que están en vías de 
desarrollo. Esa brecha es real, si bien es verdad que va disminuyendo a 
medida de que las nuevas tecnologías de la comunicación han abaratado sus 
precios y se han hecho más accesibles. La brecha también va disminuyendo con 
múltiples iniciativas de ayuda al desarrollo desde estamentos tanto 
gubernamentales, como  no  gubernamentales. 
 
En la actualidad, la democratización del poder de comunicación se desarrolla 
a un ritmo más lento del que todos quisiéramos. El número de beneficiarios 
en los países del Sur va aumentando demasiado lentamente. De cualquier 
forma, aún siendo grande la brecha digital, hay otra brecha en la red de 
redes que es objeto de más preocupación. Nos referimos a la generada entre 
quienes usan Internet para el progreso y la evolución humanas y los que se 
sirven de esta potente herramienta para fines involutivos. La brecha más 
grande la encontramos entre quienes utilizan la red de redes para promover 
valores de individualismo, separatividad, odioŠ, para alentar lucro 
desmedido, instintos y bajas pasiones y quienes lo usan para promover los 
eternos valores de paz, belleza, justicia, solidaridadŠ 
 
Las pantallas se pueden multiplicar, la conexión habrá de llegar a todos los 
rincones del mundo, pero aún más importante que todo ello, es que se haga un 
positivo uso de esta genial herramienta. Es posible y preciso subsanar la 
brecha digital, pero es más urgente aún subsanar la brecha de la conciencia. 
Miles de millones de seres humanos aún desconocen el motivo último de su 
presencia en la Tierra. En ir acortando esa brecha, en sugerir una finalidad 
elevada a la vida de nuestros congéneres, hemos de invertir nuestros mayores 
esfuerzos. 
 
Koldo Aldai  
 
*Serie sobre las redes espirituales: quinta entrega. Este artículo 
constituye un resumen del segundo apartado( Mundo virtual) del segundo 
capítulo (Dimensiones de la unión)  del libro ³Aro sagrado: Redes 
Espirituales, naturaleza e historia² . 
 
* Este artículo no tiene ³copyright². Animamos a la reproducción total o 
parcial del mismo o de los precedentes (los encontraréis en 
www.portaldorado.com, sección portada), por  medios digitales  o por 
cualquier medio al alcance de su difusor, sin necesidad  de permiso alguno, 
ni obligación de señalar  su origen, de forma que posibilite la máxima 
expansión de los contenidos y valores que pregona. 
 
* Estamos en busca de editorial para la edición en papel de este libro. 
Cualquier ayuda, recomendación  u orientación en este sentido es bienvenida. 
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Información para el Cambio... 
 
* * * * * * * * * * 
 
From: Alonso González <alonsogzz33@...> 
Date: Tue, 13 Jan 2004 09:49:08 -0600 
To: Interredes@... 
Subject: RE: [Interredes] "El ciberespacio, cuna de la fraternidad 
planetaria" 
 
Muy acertado. 
 
Nuevamente, Koldo. Creo que has acertado en ponderar el valor real físico y 
espiritual del plano virtual. 
 
Tal vez en un futuro no muy lejano empecemos a ver: 
 
1. Portales que conduzcan no a través de lecturas de textos solamente, sino 
a través de experiencias reales a sus espectadores hasta nuevas dimensiones 
de espiritualidad. 
 
2. Hermandades de la red. Tal vez una siguiente etapa en el camino que hoy 
abren las redes. Personas que se presten de guías para navegar entre los 
portales de Luz existentes en el Plano Virtual. 
 
3. Ciudades de luz... lugares donde cada puerta representa una apertura a 
dimensiones nuevas de experiencia pero donde todas juntas aporten todas las 
necesidades virtuales que pueda tener el visitante... una Shamballa virtual 
por ejemplo. 
 
4. Y, tal vez, lo más importante: La manifestación de una gran Entidad 
presente en la red. El Cristo (o tal vez la conciencia del hombre exaltada, 
sublimada, por la coordinación de tantas mentes trabajando en pos de un 
mismo ideal) que toma un nuevo cuerpo de manifestación, esta vez, por medio 
de las redes construidas por los seres de luz del mundo. 
 
Sin duda, la red es el mayor y más importante vehículo de manifestación que 
la Jerarquía ha tenido en toda la historia, para educar a la humanidad. 
Mantengámonos alerta para detectar donde está la luz y dónde las puertas 
hacia el siguiente escalón que la Jerarquía nos muestra 
 
Alonso 
 
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