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Asunto:[GAP] Las 7 Leyes Espirituales del Exito / Chopra
Fecha:Martes, 17 de Febrero, 2004  13:16:43 (-0600)
Autor:Anahuak Home <redanahuak @...............mx>

 
 
"LAS 7 LEYES ESPIRITUALES DEL ÉXITO" 
 
- DEEPAK CHOPRA -  
 
 
 
 
INTRODUCCIÓN 
 
 
Aunque el título de este libro es “Las siete le-yes espirituales del éxito”, 
bien podría ser “Las siete leyes espirituales de la vida”, porque son los 
mis-mos principios que la naturaleza emplea para crear todo lo que existe en 
forma material - todo lo que podemos ver, oír, oler, degustar o tocar. En 
Creating Affluence: Wealth Consciousness in the Field of All Possibilities, 
describí los pasos para llegar a la conciencia de la riqueza sobre la base 
de una verdadera comprensión de la manera como funciona la naturaleza. 
 
 
 
Las siete leyes espirituales del éxito constituyen la esencia de esa 
enseñanza. Cuando este conocimiento se incorpore en nues-tra conciencia, 
tendremos la capacidad de crear una abundancia ilimitada sin esfuerzo 
alguno, y de experimentar el éxito en todo lo que nos pro-pongamos. El éxito 
en la vida podría definirse como el crecimiento continuo de la felicidad y 
la realiza-ción progresiva de unas metas dignas. El éxito es la capacidad de 
convertir en realidad los deseos fácilmente. No obstante, el éxito, 
incluyendo la creación de la riqueza, siempre se ha percibido como un 
proceso que requiere mucho esfuerzo, y que muchas veces se logra a expensas 
de los de-más. Necesitamos acercarnos de una manera más espiritual al éxito 
y a la riqueza, que no es otra cosa que el flujo abundante de todas las 
cosas buenas hacia nosotros. Conociendo y practicando las leyes 
espirituales, entraremos en armonía con la natura-leza para crear con 
espontaneidad, alegría y amor. El éxito tiene muchos aspectos, y la riqueza 
material es solamente uno de sus componentes. Además, el éxito es una 
travesía, no un destino en sí. Sucede que la abundancia material, en to-das 
sus manifestaciones, es una de las cosas que nos permite disfrutar más la 
travesía. Pero el éxi-to también se compone de salud, energía, entu-siasmo 
por la vida, realización en las relaciones con los demás, libertad creativa, 
estabilidad emo-cional y psicológica, sensación de bienestar y paz. Pero ni 
siquiera experimentando todas estas cosas podremos realizarnos, a menos que 
cultive-mos la semilla de la divinidad que llevamos aden-tro. En realidad, 
somos la divinidad disfrazada, y el espíritu divino que vive dentro de 
nosotros en un estado embrionario busca materializarse ple-namente. Por 
tanto, el éxito verdadero consiste en experimentar lo milagroso. Es el 
despliegue de la divinidad dentro de nosotros. 
 
 
 
Es percibir la divinidad en cualquier lugar a donde vayamos, en cualquier 
cosa que veamos: en los ojos de un niño, en la belleza de una flor, en el 
vuelo de un pájaro. Cuando comencemos a vivir la vida como la expresión 
milagrosa de la divinidad - no de vez en cuando sino en todo momento - 
com-prenderemos el verdadero significado del éxito. Antes de definir las 
siete leyes espirituales, es preciso comprender el concepto de ley. Una ley 
es el proceso por el cual se manifiesta lo que no se ha manifestado; es el 
proceso por el cual el obser-vador se convierte en el observado; es el 
proceso por el cual el que contempla se convierte en pai-saje; es el proceso 
a través del cual el que sueña proyecta el sueño. Toda la creación, todo lo 
que existe en el mun-do físico, es el producto de la transformación de lo 
inmanifiesto en manifiesto. Todo lo que con-templamos viene de lo 
desconocido. Nuestro cuerpo, el universo físico - todo lo que podemos 
percibir por medio de los sentidos - es la transfor-mación de lo 
inmanifiesto, lo desconocido e in-visible en lo manifiesto, lo conocido y lo 
visible. El universo físico no es otra cosa que el yo plegado sobre sí mismo 
para experimentarse como espíritu, mente y materia física. En otras 
pala-bras, todos los procesos de la creación son proce-sos por medio de los 
cuales el yo o la divinidad se expresa. La conciencia en movimiento se 
mani-fiesta a través de los objetos del universo, en me-dio de la danza 
eterna de la vida. La fuente de toda creación es la divinidad (o el 
espíritu); el proceso de creación es la divinidad en movimiento (o la 
mente); y el objeto de la creación es el universo físico (del cual forma 
par-te nuestro cuerpo). Estos tres componentes de la realidad - espíritu, 
mente y cuerpo, u observa-dor, proceso de observación y observado - son 
básicamente la misma cosa. Todos provienen del mismo sitio: el campo de la 
potencialidad pura, puramente inmanifiesto. 
 
 
 
Las leyes físicas del universo representan en realidad todo este proceso de 
la divinidad en mo-vimiento o de la conciencia en acción. Cuando 
comprendemos estas leyes y las aplicamos en nues-tra vida, todo lo que 
deseamos puede ser creado, porque las mismas leyes en que se basa la 
natura-leza. para crear un bosque, o una galaxia, o una estrella o un cuerpo 
humano, pueden convertir en realidad nuestros deseos más profundos. Ahora 
veamos las siete leyes espirituales del éxi-to y la manera de aplicarlas en 
nuestra vida. 
 
1  
 
 
 
LA LEY DE LA POTENCIALIDAD PURA 
 
 
 
                    
 
 
 
La primera ley espiritual del éxito es la ley de la potencialidad pura. Se 
basa en el hecho de que, en nuestro estado esencial, somos conciencia pura. 
La conciencia pura es potencialidad pura; es el campo de todas las 
posibilidades y de la creati-vidad infinita. La conciencia pura es nuestra 
esen-cia espiritual. Siendo infinita e ilimitada, también es felicidad pura. 
Otros atributos de la conciencia son el conocimiento puro, el silencio 
infinito, el equilibrio perfecto, la invencibilidad, la simplicidad y la 
dicha. Ésa es nuestra naturaleza esencial; una naturaleza de potencialidad 
pura. Cuando descubrimos nuestra naturaleza esen-cial y sabemos quién somos 
realmente, ese solo conocimiento encierra la capacidad de convertir en 
realidad todos nuestros sueños, porque somos la posibilidad eterna, el 
potencial inconmensura-ble de todo lo que fue, es y será. La ley de la 
poten-cialidad pura también podría denominarse ley de la unidad, porque 
sustentando la infinita diversi-dad de la vida está la unidad de un solo 
espíritu omnipresente. No existe separación entre noso-tros y ese campo de 
energía. El campo de la po-tencialidad pura es nuestro propio yo. Y cuanto 
más desarrollemos nuestra propia naturaleza, más cerca estaremos de ese 
campo de potencialidad pura. 
 
Vivir de acuerdo con nuestro yo, en una cons-tante auto-referencia, 
significa que nuestro pun-to interno de referencia es nuestro propio 
espíri-tu, y no los objetos de nuestra experiencia. Lo contrario de la 
auto-referencia es la referencia al objeto. Cuando vivimos según la 
referencia al objeto, estamos siempre influidos por las cosas que están 
fuera de nuestro yo; entre ellas están las si-tuaciones en las que nos 
involucramos, nuestras circunstancias, y las personas y las cosas que nos 
rodean. Cuando vivimos según la referencia al ob-jeto, buscamos 
constantemente la aprobación de los demás. Nuestros pensamientos y 
comporta-mientos esperan constantemente una respuesta. Nuestra vida, por 
tanto, se basa en el temor. 
 
 
 
Cuando vivimos según la referencia al obje-to, también sentimos una intensa 
necesidad de controlarlo todo. Sentimos intensa necesidad de tener poder 
externo. La necesidad de aprobación, la necesidad de controlar las cosas y 
de tener po-der externo se basan en el temor. Esta forma de poder no es el 
de la potencialidad pura, ni el po-der del yo, o poder real. Cuando 
experimenta-mos el poder del yo no hay temor, no hay necesi-dad de 
controlar, y no hay lucha por la aprobación o por el poder externo. Cuando 
vivimos según la referencia al obje-to, el punto de referencia interno es el 
ego. Sin embargo, el ego no es lo que realmente somos. El ego es nuestra 
auto imagen, nuestra máscara social; es el papel que estamos desempeñando. A 
la más-cara social le gusta la aprobación; quiere contro-lar, y se apoya en 
el poder porque vive en el temor. Nuestro verdadero yo, que es nuestro 
espíritu, nuestra alma, está completamente libre de esas cosas. Es inmune a 
la crítica, no le teme a ningún desafío y no se siente inferior a nadie. Y, 
sin embar-go, es humilde y no se siente superior a nadie, por-que es 
consciente de que todos los demás son el mis-mo yo, el mismo espíritu con 
distintos disfraces. Ésa es la diferencia esencial entre la referen-cia al 
objeto y la auto-referencia. En la auto-refe-rencia, experimentamos nuestro 
verdadero ser, el cual no les teme a los desafíos, respeta a todo el mundo y 
no se siente inferior a nadie. Por tanto, el poder del yo es el verdadero 
poder. El poder basado en la referencia al objeto, en cambio, es falso. 
Siendo un poder que se basa en el ego, existe únicamente mientras exista el 
obje-to de referencia. Si uno tiene cierto título - si es el presidente del 
país o el presidente de la junta directiva de una corporación - o si tiene 
muchí-simo dinero, el poder de que disfruta está ligado al título, al cargo 
o al dinero. El poder basado en el ego dura solamente lo que duran esas 
cosas. Apenas desaparezcan el título, el cargo y el dine-ro, desaparecerá el 
poder.  
 
 
 
Por otra parte, el poder del yo es permanente porque se basa en el 
conocimiento del yo, y este poder tiene ciertas características: Atrae la 
gente hacia nosotros y también atrae las cosas que de-seamos. Él magnetiza a 
las personas, las situacio-nes y las circunstancias en apoyo de nuestros 
de-seos. Esto es lo que se conoce también como apoyo de las leyes de la 
naturaleza. Es el apoyo de la di-vinidad; es el apoyo que se deriva de estar 
en un estado de gracia. Este poder es tal que disfruta-mos de un vínculo con 
la gente y la gente disfruta de un vínculo con nosotros. Es el poder de 
esta-blecer lazos - lazos que emanan del verdadero amor. ¿Cómo podemos 
aplicar la ley de la potenciali-dad pura, el campo de todas las 
posibilidades, en nuestra vida? Si queremos disfrutar de los benefi-cios del 
campo de la potencialidad pura, si quere-mos utilizar plenamente la 
creatividad inherente a la conciencia pura, debemos tener acceso a ella. Una 
manera de tener acceso al campo de la po-tencialidad pura es por medio de la 
práctica dia-ria del silencio, de la meditación y del hábito de no juzgar. 
Pasar algún tiempo en contacto con la naturaleza también nos brinda acceso a 
las cuali-dades inherentes al campo: creatividad infinita, libertad y 
felicidad. Practicar el silencio significa comprometernos a destinar cierta 
cantidad de tiempo sencillamente a ser. Tener la experiencia del silencio 
significa renunciar periódicamente a la actividad de ha-blar. También 
significa renunciar periódicamen-te a actividades tales como ver televisión, 
escuchar radio, o leer. Si nunca nos damos la oportunidad de experimentar el 
silencio, esto crea una turbu-lencia en nuestro diálogo interno. Destinemos 
un corto tiempo de vez en cuan-do a experimentar el silencio. O 
sencillamente comprometámonos a hacer silencio durante un determinado tiempo 
todos los días. Podrían ser dos horas, o si eso nos parece mucho, hagámoslo 
durante una hora. Y de vez en cuando dedique-mos un período largo a 
experimentar el silencio, por ejemplo todo el día, o dos días, o hasta una 
semana.  
 
 
 
¿Qué sucede cuando entramos en esta expe-riencia del silencio? En un 
principio, nuestro diá-logo interno se vuelve todavía más turbulento. 
Sentimos la necesidad apremiante de decir cosas. He conocido personas que 
llegan a la desespera-ción total el primer o el segundo día que se 
con-sagran a guardar silencio durante un período pro-longado. Súbitamente 
los invade una sensación de urgencia y de ansiedad. Pero a medida que 
per-severan en la experiencia, su diálogo interno co-mienza a callar. Y al 
poco tiempo, el silencio se vuelve profundo. Esto se debe a que después de 
cierto tiempo, la mente se da por vencida; se da cuenta de que no tiene 
sentido insistir e insistir si el yo - el espíritu, el que decide - no desea 
ha-blar, y punto. Luego, cuando calla el diálogo in-terior, empezamos a 
experimentar la quietud del campo de la potencialidad pura. Practicar el 
silencio periódicamente, en el momento que más nos acomode, es una manera de 
experimentar la ley de la potencialidad pura. Otra manera es dedicar un 
tiempo todos los días a la meditación. Lo ideal es meditar por lo menos 
durante treinta minutos por la mañana y treinta minutos por la noche. Por 
medio de la medita-ción aprenderemos a experimentar el campo del silencio 
puro y la conciencia pura. En ese campo del silencio puro está el campo de 
la correlación infinita, el campo del poder organizador infinito, el terreno 
último de la creación donde todo está conectado inseparablemente con todo lo 
demás. En la quinta ley espiritual, la ley de la. intención y el deseo, 
aprenderemos la manera de introducir un leve impulso de intención en este 
campo para que la realización de nuestros deseos tenga lugar 
espontáneamente. Pero primero debemos tener la experiencia de la quietud. La 
quietud es el pri-mer requisito para manifestar nuestros deseos, por-que en 
la quietud reside nuestra conexión con el campo de la potencialidad pura, el 
cual puede or-ganizar una infinidad de detalles para nosotros. 
 
 
 
Imaginemos que lanzamos una piedra peque-ña en un pozo de agua y observamos 
las ondas que se forman. Al rato, cuando las ondas desapa-rezcan y el agua 
quede quieta, quizás lancemos otra piedra. Eso es exactamente lo que hacemos 
cuando entramos en el campo del silencio puro e introducimos nuestra 
intención. En ese silencio, hasta la menor intención avanzará formando 
on-das por el terreno subyacente de la conciencia universal, el cual conecta 
todo con todo lo de-más. Pero si no experimentamos la quietud de la 
conciencia, si nuestra mente es como un océano turbulento, podríamos lanzar 
en él todo el edificio Empire State sin ver efecto alguno. La Biblia dice: 
"Calla, y sabrás que soy Dios". Esto es algo que sólo se puede lograr a 
través de la meditación. Otra manera de entrar en el campo de la 
po-tencialidad pura es por medio de la práctica del hábito de no juzgar. 
juzgar es evaluar constante-mente las cosas para clasificarlas como 
correctas o incorrectas, buenas o malas. Cuando estamos constantemente 
evaluando, clasificando, rotulan-do y analizando, creamos mucha turbulencia 
en nuestro diálogo interno. Esa turbulencia frena la energía que fluye entre 
nosotros y el campo de la potencialidad pura. Literalmente, comprimimos el 
espacio entre un pensamiento y otro. Ese espacio es nuestra conexión con el 
campo de la potencialidad pura. Es el estado de conciencia pura, el espacio 
silencioso entre los pensa-mientos, la quietud interior que nos conecta con 
el poder verdadero. Y cuando comprimimos el es-pacio, reducimos nuestra 
conexión con el campo de la potencialidad pura y la creatividad infinita. En 
Un curso de milagros hay una oración que dice: "Hoy no juzgaré nada de lo 
que suceda". El hábito de no juzgar crea silencio en la mente. Por tanto, es 
buena idea comenzar el día con esa afir-mación. Y durante todo el día, 
recordémosla cada vez que nos sorprendamos juzgando. Si nos pare-ce muy 
difícil practicar este procedimiento du-rante todo el día, entonces 
sencillamente digá-monos: "No juzgaré nada durante las próximas dos horas" o 
"Durante la próxima hora, pondré en práctica el hábito de no formar 
juicios". Después podremos ampliar gradualmente el tiempo. 
 
 
 
Por medio del silencio, de la meditación y del hábito de no juzgar, 
tendremos acceso a la prime-ra ley, la ley de la potencialidad pura. Una vez 
que logremos este acceso, podremos agregar un cuar-to componente a esta 
práctica: pasar regularmente un tiempo en contacto directo con la 
naturaleza. Pasar un tiempo con la naturaleza nos permitirá sentir la 
interacción armoniosa de todos los ele-mentos y las fuerzas de la vida, y 
experimentar un sentimiento de unidad con todas las cosas de la vida. 
Trátese de un arroyo, un bosque, una mon-taña, un lago o del mar, esa 
conexión con la inte-ligencia de la naturaleza también nos ayudará a lograr 
el acceso al campo de la potencialidad pura. Debemos aprender a ponernos en 
contacto con la esencia más íntima de nuestro ser. Esa ver-dadera esencia 
está más allá del ego. No teme; es libre; es inmune a la crítica; no 
retrocede ante ningún desafío. No es inferior ni superior a na-die, y está 
llena de magia, misterio y encanto. El acceso a nuestra esencia verdadera 
también nos permitirá mirarnos en el espejo de las rela-ciones 
interpersonales, porque toda relación es un reflejo de la relación que 
tenemos con nosotros mismos. Si, por ejemplo, nos sentimos culpables, 
temerosos o inseguros con respecto al dinero, al éxito o a cualquier otra 
cosa, estos sentimientos serán el reflejo de la culpabilidad, la inseguridad 
y el temor básicos de nuestra personalidad. No existe en el mundo ningún 
dinero o éxito que pue-da resolver estos problemas básicos de la 
existen-cia; solamente la intimidad con el yo podrá hacer surgir la 
verdadera cura. Y cuando estemos bien afianzados en el conocimiento de 
nuestro verda-dero yo - cuando realmente comprendamos su verdadera 
naturaleza - jamás nos sentiremos cul-pables, temerosos o inseguros acerca 
del dinero, o de la abundancia, o de la realización de nues-tros deseos, 
porque comprenderemos que la esen-cia de toda riqueza material es la energía 
vital, la potencialidad pura; y la potencialidad pura es nuestra naturaleza 
intrínseca.  
 
 
 
A medida que logremos más y más acceso a nuestra verdadera naturaleza, 
también iremos te-niendo espontáneamente pensamientos creativos, porque el 
campo de la potencialidad pura es tam-bién el de la creatividad infinita y 
el del conoci-miento puro. Franz Kafka, el poeta y filósofo austriaco, dijo 
alguna vez: "No hay necesidad de salir de la habitación. Basta con sentarse 
a la mesa y escuchar. Ni siquiera es necesario escuchar, sólo esperar. Ni 
siquiera hay que esperar, sólo apren-der a estar en silencio, quieto y 
solitario. El mun-do se te ofrecerá libremente para ser descubierto. Él no 
tiene otra alternativa; caerá en éxtasis a tus pies". La abundancia del 
universo - la espléndida exhibición y riqueza del universo - es una 
expresión de la mente creativa de la naturaleza. Cuanto más sintonizados 
estemos con la mente de la naturaleza, mayor acceso tendremos a su 
creatividad infinita e ilimitada. Pero primero de-bemos dejar atrás la 
turbulencia de nuestro diálo-go interno, a fin de poder conectarnos con esa 
mente rica, abundante, infinita y creativa. Y en-tonces crearemos la 
posibilidad de una actividad dinámica, pero manteniendo al mismo tiempo la 
quietud de la mente eterna, ilimitada y creativa. Esta exquisita combinación 
de la mente silencio-sa, ilimitada e infinita con la mente dinámica, 
limitada e individual, es el equilibrio perfecto de la quietud y el 
movimiento simultáneos, el cual puede crear cualquier cosa que deseemos. 
Esta co-existencia de los contrarios - quietud y dinamis-mo al mismo tiempo 
- nos independiza de las situaciones, las circunstancias, las personas y las 
cosas que nos rodean. Cuando reconozcamos calladamente esta co-existencia 
exquisita de los contrarios, nos alinea-remos con el mundo de la energía - 
el caldo cuántico, la cosa inmaterial que constituye la fuente del mundo 
material. Este mundo de ener-gía es fluido, dinámico, flexible, cambiante, y 
está siempre en movimiento. Pero, al mismo tiempo, es quieto, callado, 
eterno, silencioso y no cam-bia. 
 
 
 
La quietud en sí constituye la potencia para crear; el movimiento en sí es 
la creatividad redu-cida a un determinado aspecto de su expresión. Pero la 
combinación de quietud y movimiento nos permite dar rienda suelta a la 
creatividad en todas las direcciones - a donde quiera que el po-der de 
nuestra atención nos lleve. A donde quiera que vayamos en medio del 
mo-vimiento y la actividad, llevemos con nosotros la quietud. De esa manera, 
el movimiento caótico que nos rodea jamás nos ocultará la puerta de ac-ceso 
al manantial de creatividad, al campo de la potencialidad pura. 
 
 
CÓMO APLICAR LA LEY DE LA POTENCIALIDAD PURA 
 
 
Pondré a funcionar la ley de la. potencialidad pura comprometiéndome a hacer 
lo siguien-te:  
 
 
 
1) Me pondré en contacto con el campo de la potencialidad pura destinando 
tiempo todos los días a estar en silencio, limitándome sólo a ser. También 
me sentaré solo a meditar en silencio por lo menos dos veces al día, 
aproxi-madamente durante treinta minutos por la mañana y treinta por la 
noche.  
 
2) Destinaré tiempo todos los días a estar en comunión con la naturaleza y 
ser testigo si-lencioso de la inteligencia que reside en cada cosa viviente. 
Me sentaré en silencio a ob-servar una puesta del sol, o a escuchar el 
rui-do del océano o de un río, o sencillamente a oler el aroma de una flor. 
En el éxtasis de mi propio silencio, y estando en comunión con la 
naturaleza, disfrutaré el palpitar milenario de la vida, el campo de la 
potencialidad pura y la creatividad infinita. 
 
3) Practicaré el hábito de no juzgar. Comenza-ré cada día diciéndome: "Hoy 
no juzgaré nada de lo que suceda", y durante todo el día me repetiré que no 
debo juzgar.  
 
 
2  
 
 
LA LEY DEL DAR  
 
 
La segunda ley espiritual del éxito es la ley del dar. También podría 
llamarse la ley del dar y recibir porque el universo opera a través de un 
in-tercambio dinámico. Nada es estático. Nuestro cuerpo está en intercambio 
dinámico y constan-te-con el cuerpo del universo; nuestra mente man-tiene 
una interacción dinámica con la mente del cosmos; nuestra energía es una 
expresión de la energía del cosmos. El flujo de la vida no es otra cosa que 
la interacción armoniosa de todos los elementos y las fuerzas que 
estructuran el campo de la existencia. Esta armoniosa interacción de los 
elementos y las fuerzas de la vida opera a través de la ley del dar. Puesto 
que nuestro cuerpo, nuestra mente y el uni-verso mantienen un constante y 
dinámico inter-cambio, frenar la circulación de la energía es como frenar el 
flujo sanguíneo. Cuando la sangre deja de circular, comienza a coagularse y 
a estancarse. Por ello debemos dar y recibir a fin de mantener la riqueza y 
la afluencia* - o cualquier cosa que deseemos en la vida - circulando 
permanente-mente. La palabra "afluencia" viene de la raíz latina afflúere 
que significa "fluir hacia". La palabra afluencia significa "fluir en 
abundancia". El di-nero realmente es un símbolo de la energía vital que 
intercambiamos, y de la energía vital que uti-lizamos como consecuencia del 
servicio que le * prestamos al universo. Al dinero también se le llama 
moneda "corriente", nombre que refleja igualmente la naturaleza fluida de la 
energía. La palabra "corriente" viene del latín cúrrere que sig-nifica 
"correr" o "fluir". 
 
 
 
Por tanto, si impedimos la circulación del di-nero - si nuestra única 
intención es acaparar el dinero y aferrarnos a él -, impediremos también, 
puesto que el dinero es energía vital, que éste vuelva a circular en nuestra 
vida. Para que esa energía fluya constantemente hacia nosotros, de-bemos 
mantenerla en circulación. Al igual que un río, el dinero debe mantenerse en 
movimien-to, o de lo contrario comienza a estancarse, a obs-truir, a sofocar 
y a estrangular su propia fuerza vi-tal. La circulación lo mantiene vivo y 
vital. Toda relación es una relación de dar y recibir. El dar engendra el 
recibir, y el recibir engendra el dar. Lo que sube debe bajar; lo que se va 
debe volver. En realidad, recibir es lo mismo que dar, porque dar y recibir 
son aspectos diferentes del flujo de la energía en el universo. Y si 
detenemos el flujo de alguno de los dos, obstaculizamos la inteligencia de 
la naturaleza. En toda semilla está la promesa de miles de bosques. Pero la 
semilla no debe ser acapara-da; ella debe dar su inteligencia al suelo 
fértil. A través de su acción de dar, su energía invisible fluye para 
convertirse en una manifestación ma-terial. Cuanto más demos más 
recibiremos, porque mantendremos la abundancia del universo circu-lando en 
nuestra vida. En realidad, todo lo que tiene valor en la vida se multiplica 
únicamente cuando es dado. Lo que no se multiplica a través del dar, ni vale 
la pena darse, ni vale la pena reci-birse. Si al dar sentimos que hemos 
perdido algo, el regalo no ha sido dado en realidad, y entonces no generará 
abundancia. Cuando damos a regaña-dientes, no hay energía detrás de nuestro 
acto de dar. Al dar y al recibir, lo más importante es la in-tención. La 
intención debe ser siempre crear feli-cidad para quien da y para quien 
recibe, porque la felicidad sostiene y sustenta la vida y, por tan-to, 
genera abundancia. La retribución es directa-mente proporcional a lo que se 
da, cuando el acto es incondicional y sale del corazón. Por eso el acto de 
dar debe ser alegre - la actitud mental debe ser tal que se sienta alegría 
en el acto mismo de dar. De esa manera, la energía que hay en el acto de dar 
aumenta muchas veces más. 
 
 
 
En realidad, practicar la ley del dar es muy sen-cillo: si deseamos alegría, 
démosles alegría a otros; si deseamos amor, aprendamos a dar amor; si 
de-seamos atención y aprecio, aprendamos a prestar atención y a apreciar a 
los demás; si deseamos ri-queza material, ayudemos a otros a conseguir esa 
riqueza. En realidad, la manera más fácil de obte-ner lo que deseamos es 
ayudar a los demás a con-seguir lo que ellos desean. Este principio 
funcio-na igualmente bien para las personas, las empresas, las sociedades y 
las naciones. Si deseamos recibir el beneficio de todas las cosas buenas de 
la vida, aprendamos a desearle en silencio a todo el mun-do todas las cosas 
buenas de la vida. Incluso la sola idea de dar, el simple deseo, o una 
sencilla oración, tienen el poder de afectar a los demás. Esto se debe a que 
nuestro cuerpo, re-ducido a su estado esencial, es un haz individual de 
energía e información en medio de un univer-so de energía e información. 
Somos haces indivi-duales de conciencia en medio de un universo consciente. 
La palabra "conciencia" implica mucho más que energía e información - 
impli-ca una energía y una información que viven en forma de pensamiento. 
Por tanto, somos haces de pensamiento en medio de un universo pen-sante. Y 
el pensamiento tiene el poder de trans-formar. La vida es la danza eterna de 
la conciencia, que se manifiesta como un intercambio dinámi-co de impulsos 
de inteligencia entre el micro-cosmos y el macrocosmos, entre el cuerpo 
huma-no y el cuerpo universal, entre la mente humana y la mente cósmica. 
Cuando aprendemos a dar aquello que busca-mos, activamos esa danza y su 
coreografía con un movimiento exquisito, enérgico y vital, que cons-tituye 
el palpitar eterno de la vida. 
 
 
 
La mejor manera de poner a funcionar la ley del dar - de iniciar todo el 
proceso de circula-ción - es tomando la decisión de que cada vez que 
entremos en contacto con una persona, le daremos algo. No es necesario que 
sean cosas ma-teriales; podría ser una flor, un cumplido o una oración. En 
realidad, las formas más poderosas de dar no son materiales. Obsequios como 
interesar-se, prestar atención, dar afecto, aprecio y amor, son algunos de 
los más preciados que se pueden dar, y no cuestan nada. Cuando nos 
encontremos con alguien, enviémosle en silencio un buen de-seo por su 
felicidad, alegría y bienestar. Esta for-ma de generosidad silenciosa es muy 
poderosa. Una de las cosas que me enseñaron cuando era niño, y que también 
les he enseñado a mis hijos, es nunca visitar a alguien sin llevarle algo - 
no visitemos nunca a alguien sin llevarle un regalo. Sin embargo, uno podría 
preguntarse: "¿Cómo puedo hacerles regalos a los demás si aho-ra ni siquiera 
tengo suficiente para mí?" Podemos regalar una flor; una sola flor. Podemos 
llevar una nota o una tarjeta que exprese algo sobre nues-tros sentimientos 
hacia la persona a quien visita-mos. Podemos llevar un elogio. Podemos 
llevar una oración. Tomemos la decisión de dar en todo lugar a donde 
vayamos, y a quien quiera que veamos. Mientras estemos dando, estaremos 
recibiendo. Cuanto más demos, más confianza tendremos en los efectos 
milagrosos de esta ley. Y a medida que recibamos más, también aumentará 
nuestra ca-pacidad para dar. Nuestra verdadera naturaleza es de prosperi-dad 
y abundancia; somos naturalmente prósperos porque la naturaleza provee a 
todas las necesida-des y deseos. No nos falta nada porque nuestra naturaleza 
esencial es la potencialidad pura, las posibilidades infinitas. Por 
consiguiente, debemos saber que ya somos intrínsecamente ricos, 
inde-pendientemente de cuánto dinero tengamos, por-que la fuente de toda 
riqueza es el campo de la potencialidad pura - es la conciencia que sabe 
cómo satisfacer cada necesidad, incluyendo la alegría, el amor, la risa, la 
paz, la armonía y el cono-cimiento. Si vamos en pos de estas cosas primero - 
no solamente para nosotros mismos, sino para los demás - todo lo demás nos 
llegará espontá-neamente. 
 
 
CÓMO APLICAR LA LEY DEL DAR 
 
 
Pondré a funcionar la ley del dar comprome-tiéndome a hacer lo siguiente: 
 
 
 
1) Llevaré un regalo a cualquier lugar a donde vaya y para cualquier persona 
con quien me encuentre. Ese regalo puede ser un elogio, una flor o una 
oración. Hoy les daré algo a todas las personas con quienes me encuen-tre, 
para iniciar así el proceso de poner en circulación la alegría, la riqueza y 
la prospe-ridad en mi vida y en la de los demás. 
 
2) Hoy recibiré con gratitud todos los regalos que la vida me dé. Recibiré 
los obsequios de la naturaleza: la luz del sol y el canto de los pájaros, o 
los aguaceros de primavera o las primeras nevadas del invierno. También 
es-taré abierto a recibir de los demás, sea un re-galo material, dinero, un 
elogio o una ora-ción. 
 
3) Me comprometeré a mantener en circulación la abundancia dando y 
recibiendo los dones más preciados de la vida: cariño, afecto, apre-cio y 
amor. Cada vez que me encuentre con alguien, le desearé en silencio 
felicidad, ale-gría y bienestar. 
 
3  
 
 
 
LA LEY DEL "KARMA" O DE CAUSA Y EFECTO 
 
 
 
La tercera ley espiritual del éxito es la ley del karma. El "karma" es a la 
vez la acción y la consecuencia de esa acción; es causa y efecto al mismo 
tiempo, porque toda acción genera una fuerza de energía que vuelve a 
nosotros de igual manera. No es desconocida la ley del karma; todo el mundo 
ha oído la expresión "Cosechamos lo que sembramos". Es obvio que si deseamos 
crear felicidad en nuestra vida, debemos aprender a sembrar las semillas de 
la felicidad. Así, el karma entraña la acción que resulta de las decisiones 
conscientes. En esencia, todos somos escogedores de opciones infinitas. En 
todo momento de nuestra existencia estamos en el campo de todas las 
posi-bilidades, donde tenemos acceso a un número in-finito de opciones. 
Algunas de estas opciones se escogen conscientemente, mientras que otras se 
eligen inconscientemente. Pero la mejor ma-nera de comprender y utilizar al 
máximo la ley kármica es que seamos conscientes de las decisio-nes que 
tomamos en todo momento. Sea que nos guste o no nos guste, todo lo que está 
sucediendo en este momento es producto de las decisiones que tomamos en el 
pasado. Infor-tunadamente, muchos de nosotros escogemos in-conscientemente, 
y, por tanto, no nos damos cuenta de que estamos frente a un abanico de 
op-ciones; sin embargo, lo estamos. Si yo insultara a alguien, lo más seguro 
es que esa persona optara por ofenderse. Si yo le hi-ciera un cumplido, lo 
más probable es que optara por sentirse complacida o halagada. Pero 
pense-mos en esto: siempre hay una opción. Yo podría insultarla, y esa 
persona podría optar por no ofen-derse. Yo podría hacerle un cumplido, y 
ella podría optar por no permitir que mi elogio la afectara. 
 
 
En otras palabras, la mayoría de nosotros - aunque escogedores de opciones 
infinitas - nos hemos convertido en haces de reflejos condicio-nados, los 
cuales son constantemente provoca-dos por las personas y las circunstancias, 
en for-ma de comportamientos predecibles. Estos reflejos condicionados son 
como los de Pávlov. Pávlov se hizo famoso por demostrar que si se le da algo 
de comer a un perro cada vez que suena una campa-na, pronto el perro 
comienza a salivar cuando oye la campana, porque asocia un estímulo al otro. 
La mayoría de nosotros, como consecuencia del condicionamiento, respondemos 
de manera repetitiva y predecible a los estímulos de nuestro medio ambiente. 
Al parecer, nuestras reacciones son provocadas automáticamente por las 
perso-nas y por las circunstancias, y así olvidamos que esas reacciones son 
opciones que escogemos en cada momento de nuestra existencia. Sucede 
simplemente que escogemos esas opciones incons-cientemente. Si nos detenemos 
un momento y observamos las opciones que escogemos en el instante mismo en 
que las escogemos, ese simple acto de conver-tirnos en espectadores nos 
permite sacar todo el proceso del reino del inconsciente para traerlo al 
reino de la conciencia. Este procedimiento de elección y de observación 
conscientes da mucho poder. Cuando hagamos una elección - cualquier elección 
- hagámonos dos preguntas. En primer lugar: "¿Cuáles son las consecuencias 
de escoger este camino?" El corazón nos lo dirá inmediata-mente. Y en 
segundo lugar: "¿Traerá esta decisión que estoy tomando felicidad para mí y 
para quie-nes me rodean?" Si la respuesta es afirmativa, si-gamos adelante. 
Si la respuesta es negativa, si se trata de una opción que nos traerá 
sufrimiento a nosotros o a quienes nos rodean, abstengámonos de escoger ese 
camino. Es así de sencillo. 
 
 
 
Solamente hay una opción, entre el número infinito de opciones que se 
presentan a cada se-gundo, que puede traernos felicidad a nosotros y a 
quienes nos rodean. Elegir esta opción produce una forma de comportamiento 
que se conoce con el nombre de acción correcta espontánea. La ac-ción 
correcta espontánea es la acción apropiada que se toma en el momento 
oportuno. Es la res-puesta correcta a cada situación, en el momento en que 
se presenta. Es la acción que nos nutre, a nosotros y a todas las demás 
personas a quienes ella afecta. El universo tiene un mecanismo muy 
intere-sante para ayudarnos a tomar decisiones correc-tas espontáneamente. 
Este mecanismo se relacio-na con las sensaciones del cuerpo, las cuales son 
de dos tipos: de bienestar o de malestar. En el ins-tante mismo en que 
estemos tomando una deci-sión conscientemente, prestemos atención a nues-tro 
cuerpo y preguntémosle: "¿Qué pasa si opto por esto?" Si el cuerpo nos envía 
un mensaje de bienestar, es la decisión correcta; si da señales de malestar, 
entonces no es el camino apropiado. Algunas personas sienten el mensaje de 
bien-estar o malestar en la zona del plexo solar, pero la mayor parte de la 
gente lo siente en el área del corazón. Prestemos conscientemente atención 
al corazón y preguntémosle qué debemos hacer. Des-pués esperemos la 
respuesta - una respuesta físi-ca en forma de sensación. Podrá estar en el 
nivel más sutil de sensación, pero estará ahí, en nues-tro cuerpo. Sólo el 
corazón sabe la respuesta correcta. La mayoría de las personas piensan que 
el corazón es sensiblero y sentimental, pero no es así. El cora-zón es 
intuitivo; es holístico, es contextual, es relacional. No se orienta a 
perder o a ganar.  
 
 
 
Tie-ne acceso al computador cósmico - el campo de la potencialidad pura, del 
conocimiento puro y del infinito poder organizador - y toma todo en cuenta. 
En algunas ocasiones, quizás no parezca razonable, pero la verdad es que su 
capacidad de computación es mucho más exacta y mucho más precisa que la de 
cualquier cosa que se encuentre dentro de los límites del pensamiento 
racional. Podemos utilizar la ley del karma para crear di-nero y abundancia, 
y hacer que todas las cosas buenas fluyan hacia nosotros cuando lo deseemos. 
Pero primero debemos tomar conciencia de que el futuro es el producto de las 
decisiones que tomamos en cada momento de nuestra vida. Si ha-cemos esto con 
regularidad, estaremos utilizando plenamente la ley del karma. Cuanto más 
traiga-mos nuestras decisiones al plano de la conciencia, más podremos 
escoger aquellas opciones que sean correctas espontáneamente - tanto para 
noso-tros como para quienes nos rodean. ¿Qué pasa con el karma del pasado y 
cómo influye en nosotros ahora? Con respecto al karma pasado, se pueden 
hacer tres cosas: La primera es pagar las deudas kármicas. La mayoría de la 
gente escoge hacer esto - inconscientemente, claro está. Ésta también puede 
ser nuestra opción. Al-gunas veces, el pago de esas deudas implica mu-cho 
sufrimiento, pero la ley del karma dice que en el universo jamás queda una 
deuda pendiente. El sistema contable de este universo es perfecto, y todo es 
un intercambio constante, de un lado a otro, de energía. La segunda 
posibilidad es transformar o con-vertir el karma en una experiencia más 
deseable. Éste es un proceso muy interesante, en el cual uno se pregunta, 
mientras paga la deuda kármica: "¿Qué puedo aprender de esta experiencia? 
¿Por qué me está sucediendo esto y cuál es el mensaje que el universo trata 
de comunicarme? ¿Cómo puedo hacer que esta experiencia sea útil para mis 
congéneres los seres humanos?" 
 
 
 
Haciendo esto, buscamos el principio de la oportunidad, para luego unirlo 
con nuestro dharma, o sea el propósito de nuestra vida, del cual hablaremos 
en la séptima ley espiritual del éxito. Esto nos permite convertir el karma 
en una nue-va experiencia. Si, por ejemplo, nos fracturamos una pierna 
practicando un deporte, podríamos preguntarnos: "¿Qué puedo aprender de esta 
experiencia? ¿Cuál es el mensaje que el universo trata de comunicar-me?" 
Quizás el mensaje sea que necesitamos to-mar las cosas con calma y tener más 
cuidado o prestar más atención a nuestro cuerpo la próxima vez. Y si nuestro 
dharma es enseñar a otros lo que sabemos, entonces al preguntarnos: "¿Cómo 
pue-do hacer que esta experiencia sea útil para mis congéneres los seres 
humanos?", podríamos optar por compartir lo que aprendimos escribiendo un 
libro sobre la manera de practicar deportes sin ries-go; o podríamos diseñar 
un zapato especial o un protector para las piernas que evitara ese tipo de 
lesión. De este modo, a la vez que pagamos nuestra deuda kármica, habremos 
convertido la adversi-dad en un beneficio que puede traernos riqueza y 
realización. En eso consiste la transformación del karma en una experiencia 
positiva. En realidad, no nos hemos librado de nuestro karma, pero po-demos 
aprovechar un episodio kármico para crear un karma nuevo y positivo a partir 
de él. La tercera manera de enfrentar el karma es trascendiéndolo. 
Trascender el karma es indepen-dizarse de él. La manera de trascender el 
karma es entrar constantemente en el espacio de la conciencia pura para 
sentir el yo, el espíritu. Es como lavar un trapo sucio en una corriente de 
agua; cada vez que se lava, desaparecen algunas man-chas, y si se lava una y 
otra vez, cada vez queda más limpio. Limpiamos o trascendemos el karma 
entrando y saliendo del espacio de la conciencia pura. Esto, claro está, se 
hace mediante la prácti-ca de la meditación. Todos los actos son episodios 
kármicos; beber una taza de café es un episodio kármico. 
 
 
 
Esa ac-ción genera recuerdo, y el recuerdo tiene la capa-cidad o la potencia 
de generar deseo, y el deseo genera nuevamente una acción. El sistema 
opera-cional del alma consta de karma, recuerdo y de-seo. El alma es un haz 
de conciencia en el cual residen las semillas del karma, el recuerdo y el 
deseo. Cuando tomamos conciencia de esto, nos convertimos en generadores de 
realidad conscien-tes. Tomando conciencia de las elecciones que hacemos, 
comenzamos a generar acciones que en-cierran un proceso de evolución tanto 
para noso-tros como para todos los que nos rodean. Y eso es todo lo que 
necesitamos hacer. Mientras el karma sea evolutivo - tanto para el yo como 
para todos los afectados por el yo - los frutos del karma serán la felicidad 
y el éxito.  
 
 
CÓMO APLICAR LA LEY DEL "KARMA" O DE CAUSA Y EFECTO 
 
 
Pondré a funcionar la ley del karma compro-metiéndome a hacer lo siguiente: 
 
 
 
1) Hoy observaré las decisiones que tome en cada momento. Y con el simple 
hecho de observar esas decisiones, las traeré a mi conciencia. Sabré que la 
mejor manera de prepararme para cualquier momento en el futuro es estar 
totalmente consciente en el presente. 
 
2) Siempre que haga una elección me formula-ré dos preguntas: "¿Cuáles son 
las consecuen-cias de esta decisión?" y "¿Traerá esta deci-sión felicidad y 
realización tanto para mí como para aquellos a quienes afectará?" 
 
3) Después le pediré orientación a mi corazón, y me dejaré guiar por su 
mensaje de bienes-tar o de malestar. Si me siento a gusto con la decisión, 
seguiré adelante sin temor. Si la decisión me produce malestar, me detendré 
a mirar las consecuencias de mi acción con mi visión interior. Esta 
orientación me per-mitirá tomar espontáneamente decisiones correctas tanto 
para mí como para todos los que me rodean. 
 
 
 
4  
 
 
 
LA LEY DEL MENOR ESFUERZO 
 
 
 
                    
 
 
 
La cuarta ley espiritual del éxito es la ley del menor esfuerzo. Esta ley se 
basa en el hecho de que la inteligencia de la naturaleza funciona con toda 
facilidad y despreocupación. Ése es el principio de la menor acción, de la 
no resisten-cia. Por consiguiente, es el principio de la armo-nía y el amor. 
Cuando aprendemos esta lección que nos enseña la naturaleza, satisfacemos 
con facilidad nuestros deseos. Si observamos la naturaleza, veremos que ella 
utiliza un esfuerzo mínimo para funcionar. La hier-ba no tiene que hacer 
ningún esfuerzo para cre-cer; sencillamente, crece. Los peces no se 
esfuer-zan para nadar; sencillamente, nadan. Las flores no hacen ningún 
esfuerzo para abrirse; sencillamente, se abren. Las aves no se esfuerzan 
para volar; sencillamente, vuelan. Ésa es su naturaleza intrínseca. La 
Tierra no se esfuerza para girar so-bre su eje; es su naturaleza girar a 
velocidad verti-ginosa en el espacio. Es la naturaleza de un bebé estar 
siempre en estado de dicha. Es la naturaleza del sol brillar. Es la 
naturaleza de las estrellas titi-lar y destellar. Y es la naturaleza humana 
hacer que los sueños se conviertan en realidad, con fa-cilidad y sin 
esfuerzo. En la ciencia védica, la filosofía milenaria de la India, este 
principio se conoce como econo-mía de esfuerzo, o "hacer menos para lograr 
más". Al final, llegamos al estado en que sin hacer nada lo realizamos todo. 
Esto significa que una ligera idea puede convertirse en realidad sin 
esfuerzo al-guno. Lo que conocemos normalmente como "mi-lagros" son en 
realidad manifestaciones de la ley del menor esfuerzo. La inteligencia de la 
naturaleza funciona sin esfuerzo, sin resistencia, espontáneamente. No es 
lineal; es intuitiva, holística y estimulante. Y cuando estamos en armonía 
con la naturaleza, cuando estamos seguros del conocimiento de nuestro 
verdadero yo, podemos utilizar la ley del menor esfuerzo. 
 
 
 
Es mínimo el esfuerzo que hacemos cuando nuestros actos brotan del amor, 
porque es la ener-gía del amor la que aglutina la naturaleza. Cuan-do 
tratamos de conseguir el poder para controlar a los demás, gastamos energía. 
Cuando buscamos el dinero o el poder para satisfacer al ego, gasta-mos 
energía persiguiendo la ilusión de la felici-dad, en lugar de disfrutar la 
felicidad del momen-to. Cuando anhelamos el dinero para beneficio personal 
únicamente, cortamos el flujo de ener-gía hacia nosotros e impedimos la 
expresión de la inteligencia de la naturaleza. Pero cuando nues-tras 
actuaciones nacen del amor, no hay desper-dicio de energía. Cuando nuestros 
actos brotan del amor, la energía se multiplica y se acumula - y el exceso 
de energía que recogemos y disfruta-mos puede canalizarse para crear 
cualquier cosa que deseemos, incluida la riqueza sin límites. Podemos 
considerar el cuerpo como un apa-rato para controlar la energía: puede 
generar, al-macenar y gastar energía. Si sabemos cómo gene-rar, almacenar y 
gastar la energía de una manera eficiente, podemos crear cualquier cantidad 
de riqueza. Fijar nuestra atención en el ego consume la mayor parte de la 
energía. Cuando nuestro pun-to interno de referencia es el ego, cuando 
busca-mos poder y control sobre los demás, o la aproba-ción del resto del 
mundo, desperdiciamos nuestra energía. Sin embargo, cuando liberamos esa 
energía podemos recanalizarla para crear cualquier cosa que deseemos. Cuando 
nuestro punto interno de referencia es nuestro espíritu, cuando nos 
volve-mos inmunes a la crítica y perdemos el temor a los desafíos, podemos 
aprovechar el poder del amor y utilizar creativamente la energía para vi-vir 
la abundancia y la evolución. En El arte de soñar, don Juan le dice a Carlos 
Castañeda: "Gastamos la mayor parte de nuestra energía sosteniendo nuestra 
importancia...  
 
 
 
Si pu-diéramos perder parte de esa importancia, nos sucederían dos cosas 
extraordinarias. Una, libe-raríamos la energía que se mantiene atada 
alimen-tando la idea ilusoria de nuestra grandeza; y dos, nos proveeríamos 
de suficiente energía para ... vis-lumbrar la grandeza real del universo". 
La ley del menor esfuerzo tiene tres componen-tes - tres cosas que podemos 
hacer para poner en funcionamiento este principio de "hacer me-nos para 
lograr más". El primer componente es la aceptación. Aceptar significa 
sencillamente con-traer un compromiso: "Hoy aceptaré a las perso-nas, las 
situaciones, las circunstancias y los he-chos tal como se presenten". Eso 
significa que sabremos que este momento es como debe ser, por-que todo el 
universo es como debe ser. Este mo-mento - el que estamos viviendo ahora 
mismo - es la culminación de todos los momentos que hemos vivido en el 
pasado. Este momento es como es porque todo el universo es como es. Cuando 
luchamos contra este momento, en realidad luchamos contra todo el universo. 
En lu-gar de eso, podemos tomar la decisión de no lu-char hoy contra todo el 
universo, no luchando contra este momento. Eso significa que nuestra 
aceptación de este momento es total y completa. Aceptamos las cosas como 
son, no como quisié-ramos que fueran, en este momento. Es impor-tante 
comprender esto: podemos desear que las cosas sean diferentes en el futuro, 
pero en este momento debemos aceptarlas como son. Cuando nos sintamos 
frustrados o estemos molestos a causa de una persona o una situación, 
recordemos que nuestra reacción no es contra la persona o la situación, 
-sino contra nuestros sen-timientos acerca de esa persona o esa situación. 
Ésos son nuestros sentimientos, y nadie tiene la culpa de ellos. Cuando 
reconozcamos y compren-damos esto plenamente, estaremos listos para asu-mir 
la responsabilidad de lo que sentimos y para cambiarlo. 
 
 
 
Y si podemos aceptar las cosas como son, estaremos listos para asumir la 
responsabili-dad de nuestra situación y de todos los sucesos que percibimos 
como problemas. Esto nos lleva al segundo componente de la ley del menor 
esfuerzo: la responsabilidad. ¿Qué significa responsabilidad? Significa no 
culpar a na-die o a nada - ni siquiera a nosotros mismos - de nuestra 
situación. Una vez aceptado un suce-so, un problema o una circunstancia, 
responsabi-lidad significa la capacidad de tener una respues-ta creativa a 
la situación tal como es en este momento. En todos los problemas hay un 
princi-pio de oportunidad, y esta conciencia nos per-mite aprovechar el 
momento y transformarlo en una situación o una cosa mejor. 
 
Cuando hacemos esto, toda situación supues-tamente enojosa se convertirá en 
una oportuni-dad para crear algo nuevo y bello; y todo supues-to torturador 
o tirano se convertirá en maestro. La realidad es una interpretación. Y si 
optamos por interpretar la realidad de esta manera, ten-dremos muchos 
maestros a nuestro alrededor, y muchas oportunidades para evolucionar. 
Siempre que enfrentemos a un tirano, tortu-rador, maestro, amigo o enemigo 
(todos son la mis-ma cosa), recordemos: "Este momento es como debe ser". 
Cualesquiera que sean las relaciones que tengamos en este momento de nuestra 
vida, son precisamente las que necesitamos en este mo-mento. Hay un 
significado oculto detrás de todos los acontecimientos, y ese significado 
oculto está trabajando a favor de nuestra evolución. El tercer componente de 
la ley del menor es-fuerzo es asumir una actitud no defensiva, lo que 
significa que nuestra conciencia abandona su actitud defensiva y nosotros 
renunciamos a la ne-cesidad de convencer o persuadir a los demás de que 
nuestro punto de vista es el correcto. 
 
 
 
Si ob-servamos a las personas que nos rodean, veremos que ellas pasan el 
noventa y nueve por ciento del tiempo defendiendo sus puntos de vista. Si 
senci-llamente renunciamos a la necesidad de defender nuestro punto de 
vista, a través de esa renuncia lograremos acceso a una cantidad enorme de 
ener-gía que anteriormente desperdiciábamos. Cuando estamos a la defensiva, 
cuando cul-pamos a los demás y no aceptamos ni nos rendi-mos ante el 
momento, nuestra vida se llena de resistencia. Cada vez que encontremos 
resisten-cia, reconozcamos que forzar la situación sólo au-mentará la 
resistencia. No es bueno alzarse rígido como un gran roble que se agrieta y 
sucumbe a la tempestad; al contrario, debemos tratar de ser flexibles como 
la caña que se dobla en la tormen-ta y sobrevive. Desistamos completamente 
de defender nues-tro punto de vista. Cuando no hay un punto que defender, no 
puede haber discusión. Si hacemos esto constantemente - si dejamos de luchar 
y de resistirnos - viviremos plenamente el presente, el cual es un regalo. 
Alguien me dijo una vez que "el pasado es historia, el futuro es un 
misterio, y este momento es un regalo. Por esa razón este mo-mento se 
denomina «el presente»". Si abrazamos el presente y nos volvemos uno con él, 
si nos fusionamos con él, sentiremos un fuego, un brillo, una chispa de 
energía palpitando en cada ser consciente. A medida que experi-mentemos este 
júbilo del espíritu en cada ser vivo, cuando entremos en intimidad con él, 
la dicha nacerá en nuestro interior y podremos deshacer-nos de las terribles 
cargas y molestias de la acti-tud defensiva, el resentimiento y el rencor. 
Sólo entonces nos sentiremos despreocupados, festivos, alegres y libres. 
 
 
 
En medio de esta libertad alegre y sencilla, sabremos sin duda en nuestro 
corazón que lo que deseemos estará disponible para nosotros cuando lo 
deseemos, porque nuestro deseo vendrá del ni-vel de la felicidad, y no del 
nivel de la ansiedad o el temor. No necesitamos justificarnos; simple-mente 
declaremos nuestro propósito ante noso-tros mismos, y experimentaremos 
realización, de-leite, alegría, libertad y autonomía en todos los momentos 
de nuestra vida. Comprometámonos a seguir el camino de la no resistencia. 
Ése es el camino a través del cual la inteligencia de la naturaleza se 
desarrolla es-pontáneamente, sin resistencia ni esfuerzo. Cuan-do alcancemos 
esa deliciosa combinación de acep-tación, responsabilidad e indefensión, 
sentiremos la facilidad con que fluye la vida. Si permanecemos abiertos a 
todos los puntos de vista - no aferrados rígidamente a uno -, nuestros 
sueños y nuestros deseos fluirán con los deseos de la naturaleza. Entonces 
podremos libe-rar nuestros deseos sin apego, y después sólo espe-rar el 
momento propicio para que florezcan con-vertidos en realidad. Podemos estar 
seguros de que cuando el momento sea el indicado, nuestros de-seos se 
cumplirán. Ésa es la ley del menor esfuerzo. 
 
 
CÓMO APLICAR LA LEY DEL MENOR ESFUERZO 
 
 
Pondré a funcionar la ley del menor esfuerzo comprometiéndome a hacer lo 
siguiente:  
 
 
 
1) Practicaré la aceptación. Hoy aceptaré a las personas, las situaciones, 
las circunstancias y los sucesos tal como se presenten. Sabré que este 
momento es como debe ser, porque todo el universo es como debe ser. No 
lucha-ré contra todo el universo poniéndome en contra del momento presente. 
Mi aceptación es total y completa. Acepto las cosas como son en este 
momento, no como me gustaría que fueran. 
 
2) Habiendo aceptado las cosas como son, acep-taré la responsabilidad de mi 
situación y de todos los sucesos que percibo como proble-mas. Sé que asumir 
la responsabilidad signi-fica no culpar a nada ni a nadie de mi situa-ción 
(y eso me incluye a mí). También sé que todo problema es una oportunidad 
dis-frazada, y que esta actitud de alerta ante to-das las oportunidades me 
permite transfor-mar este momento en un beneficio mayor. 
 
3) Hoy mi conciencia mantendrá una actitud no defensiva. Renunciaré a la 
necesidad de defender mi punto de vista. No sentiré la ne-cesidad de 
convencer o persuadir a los de-más de que acepten mi punto de vista. 
Per-maneceré abierto a todas las opiniones sin aferrarme rígidamente a 
ninguna de ellas.  
 
5  
 
 
 
LA LEY DE LA INTENCIÓN Y EL DESEO 
 
 
 
La quinta ley espiritual del éxito es la ley de la intención y el deseo. 
Esta ley se basa en el he-cho de que la energía y la información existen en 
todas partes en la naturaleza. En efecto, a nivel del campo cuántico 
solamente hay energía e in-formación. Campo cuántico es sólo otra manera de 
denominar el campo de la conciencia pura o de la potencialidad pura. Y en 
este campo cuántico influyen la intención y el deseo. Examinemos este 
proceso en detalle. Cuando una flor, un arco iris, un árbol, una hoja de 
hierba, un cuerpo humano se descompo-nen en sus partes esenciales, vemos que 
éstas son energía e información. Todo el universo, en su naturaleza 
esencial, es el movimiento de la ener-gía y la información. La única 
diferencia entre nosotros y un árbol es el contenido de información y de 
energía de nuestros respectivos cuerpos. En el plano material, tanto 
nosotros como el árbol estamos hechos de los mismos elementos reciclados: 
principalmente carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros elementos en 
canti-dades minúsculas. Estos elementos se podrían comprar en un 
laboratorio. Por tanto, la diferen-cia entre nosotros y el árbol no reside 
en el carbo-no, o en el hidrógeno o en el oxígeno. De hecho, nosotros y el 
árbol intercambiamos constante-mente nuestro carbono y nuestro oxígeno. La 
ver-dadera diferencia entre los dos está en la energía y en la información. 
En el orden general de la naturaleza, nosotros, los seres humanos, 
pertenecemos a una especie privilegiada. Tenemos un sistema nervioso capaz 
de tomar conciencia del contenido de energía e información de ese campo 
particular que da ori-gen a nuestro cuerpo físico. Experimentamos ese campo 
subjetivamente en forma de pensamien-tos, sentimientos, emociones, deseos, 
recuerdos, instintos, impulsos y creencias. 
 
 
 
Este mismo cam-po es percibido objetivamente como el cuerpo fí-sico - y por 
medio del cuerpo, percibimos ese campo como el mundo. Pero todo está hecho 
de lo mismo. Por eso los antiguos videntes exclama-ban: "Yo soy eso, usted 
es eso, todo esto es eso, y eso es todo lo que existe". Nuestro cuerpo no es 
independiente del cuer-po del universo, porque al nivel de la mecánica 
cuántica no existen fronteras bien definidas. So-mos como una onda, una ola, 
una fluctuación, una circunvolución, un remolino, una perturba-ción 
localizada en un campo cuántico más gran-de. Ese campo cuántico más grande - 
el univer-so - es nuestro cuerpo ampliado. El sistema nervioso humano no 
solamente es capaz de tomar conciencia de la información y de la energía de 
su propio campo cuántico, sino que, como la conciencia humana es 
infinitamente flexible a través de ese maravilloso sistema ner-vioso, 
podemos cambiar conscientemente el con-tenido de información que da origen a 
nuestro cuerpo físico. Podemos cambiar conscientemen-te el contenido de 
energía y de información de nuestro propio cuerpo de mecánica cuántica y, 
por tanto, influir en el contenido de energía y de información de nuestro 
cuerpo ampliado - nues-tro entorno, el mundo - y hacer que sucedan cosas en 
él. Este cambio consciente se logra a través de las dos cualidades 
inherentes a la conciencia: la atención y la intención. La atención da 
energía, y la intención transforma. Cualquier cosa a la cual prestemos 
atención, crecerá con más fuerza en nuestra vida. Cualquier cosa a la cual 
dejemos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá. 
Por otro lado, la intención estimu-la la transformación de la energía y de 
la infor-mación. La intención organiza su propia realiza-ción. 
 
 
 
El acto de dirigir la intención sobre el objeto de la atención desencadenará 
una infinidad de sucesos espacio-temporales orientados a producir el 
resultado buscado, siempre y cuando que uno cumpla las otras leyes 
espirituales del éxito. Esto se debe a que la intención, dirigida sobre el 
cam-po fértil de la atención, tiene un infinito poder organizador. Infinito 
poder organizador significa poder para organizar una infinidad de sucesos 
es-pacio-temporales, todos al mismo tiempo. Vemos la expresión de este 
infinito poder organizador en cada hoja de hierba, en cada flor de manzano, 
en cada célula de nuestro cuerpo. Lo vemos en todo lo que vive. En el orden 
general de la naturaleza, todo se conecta y se correlaciona con todo lo 
demás. Cuando la marmota sale de su madriguera subte-rránea, sabemos que se 
avecina la primavera. Las aves comienzan a migrar en cierta dirección en 
determinada época del año. La naturaleza es una sinfonía. Y esa sinfonía es 
orquestada en silencio desde el fundamento último de la creación. El cuerpo 
humano es otro buen ejemplo de esta sinfonía. Una sola célula del cuerpo 
humano realiza cerca de seis billones de funciones por se-gundo, y debe 
saber lo que todas las demás célu-las están haciendo al mismo tiempo. El 
cuerpo humano puede tocar un instrumento musical, matar gérmenes, hacer un 
bebé, recitar poesías y observar el movimiento de las estrellas, todo al 
mismo tiempo, porque el campo de la correlación infinita es parte de su 
campo de información. Lo que es asombroso acerca del sistema ner-vioso de la 
especie humana es que puede gober-nar ese infinito poder organizador a 
través de la intención consciente. En la especie humana, la intención no 
está fija o encerrada en una red rígi-da de energía e información. Tiene una 
flexibili-dad infinita. 
 
 
 
En otras palabras, mientras no in-frinjamos las otras leyes de la 
naturaleza, a través de nuestra intención podemos, literalmente, di-rigir 
las leyes de la naturaleza para convertir en realidad nuestros sueños y 
nuestros deseos. Podemos poner a trabajar para nosotros al computador 
cósmico, con su infinito poder orga-nizador. Podemos ir hasta ese fundamento 
último de la creación e introducir una intención, y con sólo hacerlo, 
activar el campo de la correlación infinita. La intención sienta las bases 
para el flujo fá-cil, espontáneo y suave de la potencialidad pura, que busca 
pasar de lo inmanifiesto a lo manifies-to. La única advertencia es que 
utilicemos nues-tra intención para beneficio de la humanidad; pero eso es 
algo que sucede espontáneamente cuando uno está alineado con las siete leyes 
espi-rituales del éxito. La intención es el verdadero poder detrás del 
deseo. La sola intención es muy poderosa, porque es deseo sin apego al 
resultado. El solo deseo es débil, porque en la mayoría de los casos es 
aten-ción con apego. La intención es desear respetan-do estrictamente todas 
las demás leyes, pero en particular la sexta ley espiritual del éxito: la 
ley del desapego. La intención, combinada con el desapego, lle-va a una 
conciencia del momento presente cen-trada en la vida. Y cuando la acción se 
realiza te-niendo conciencia del momento presente, su eficacia es máxima. La 
intención mira hacia el futuro, pero la atención está en el presente. 
Mien-tras la atención esté en el presente, la intención hacia el futuro se 
cumplirá porque el futuro se crea en el presente. Debemos aceptar el 
presente tal como es. Aceptemos el presente y proyectemos el futuro. El 
futuro es algo que siempre podemos crear por medio de la intención 
desapegada, pero nunca debemos luchar contra el presente. 
 
 
 
El pasado, el presente y el futuro son propie-dades de la conciencia. El 
pasado es recuerdo, memoria; el futuro es expectación; el presente es 
conciencia. Por consiguiente, el tiempo es el movimiento del pensamiento. 
Tanto el pasado como el futuro nacen en la imaginación; solamen-te el 
presente, que es conciencia, es real y es eter-no. Lo es. Es la 
potencialidad para el mundo del espacio y el tiempo, la materia y la 
energía. Es un campo eterno de posibilidades que se experimen-ta a sí mismo 
en forma de fuerzas abstractas, trá-tese de la luz, el calor, la 
electricidad, el magne-tismo o la gravedad. Estas fuerzas no están ni en el 
pasado ni en el futuro; sencillamente son. Nuestra interpretación de estas 
fuerzas abstrac-tas hace posible que tengamos la experiencia de los 
fenómenos concretos. Las interpretaciones que recordamos de las fuerzas 
abstractas crean la ex-periencia del pasado, mientras que las que 
antici-pamos crean el futuro. Ellas son las cualidades de la atención en la 
conciencia. Cuando estas cua-lidades se liberan de la carga del pasado, la 
ac-ción en el presente se convierte en suelo fértil para la creación del 
futuro. La intención, apoyada en esta libertad indife-rente del presente, 
actúa como catalizador para la mezcla correcta de materia, energía y sucesos 
espacio-temporales para crear cualquier cosa que deseemos. Si tenemos 
conciencia del momento presen-te centrada en la vida, entonces los 
obstáculos imaginarios - los cuales constituyen más del no-venta por ciento 
de los obstáculos percibidos - se desintegran y desaparecen. El restante 
cinco a diez por ciento de los obstáculos percibidos se pueden convertir en 
oportunidades por medio de la intención focalizada. La intención focalizada 
es la atención que no se aparta de su propósito. 
 
 
 
ener una intención focalizada significa mantener nuestra atención en el 
resultado que perseguimos, con un propósito tan inflexible que impida 
completamente que cualquier obstáculo consuma o disipe la concen-tración de 
nuestra atención. Se eliminan de la conciencia todos los obstáculos, de 
manera total y completa. Así podemos mantener una sereni-dad inconmovible, a 
la vez que mantenemos con pasión intensa el compromiso con nuestro 
obje-tivo. Éste es, simultáneamente, el poder de la conciencia sin apego y 
la intención focalizada. Aprendamos a aprovechar el poder de la in-tención, 
y podremos crear cualquier cosa que de-seemos. Todavía será posible obtener 
resultados a través del esfuerzo y la constancia, pero a un pre-cio; ese 
precio puede ir desde la tensión emocio-nal hasta una enfermedad cardiaca o 
un trastor-no de la función del sistema inmunológico. Es mucho mejor dar los 
siguientes cinco pasos para poner en práctica la ley de la intención y el 
deseo. Cuando sigamos estos cinco pasos para cumplir nuestros deseos, la 
intención generará su propio poder. 
 
1) Entremos en el espacio de la conciencia pura. Eso significa ubicarnos en 
medio de ese espacio silencioso que hay entre los pensa-mientos, entrar en 
el silencio - ese nivel de sólo ser que es nuestro estado esencial. 
 
2) Una vez establecidos en ese estado de sólo ser, liberemos nuestras 
intenciones y nues-tros deseos. Cuando uno está realmente en ese espacio, no 
hay pensamiento, no hay in-tención; pero en cuanto sale de él - en esa unión 
entre el espacio silencioso y un pensamiento - es posible introducir la 
intención. Si tenemos una serie de metas, escribámos-las y concentremos 
nuestra intención en ellas antes de entrar en el espacio silencioso. 
 
 
 
Si deseamos una carrera de éxito, por ejemplo, debemos entrar en el espacio 
silencioso con esa intención, y así la intención ya estará allí como una 
tenue llama vacilante en nuestra conciencia. Liberar las intenciones y los 
deseos en este espacio significa sembrarlos en el suelo fértil de la 
potencialidad pura y es-perar a que florezcan en el momento propi-cio. No es 
conveniente desenterrar las semi-llas de los deseos para ver si están 
creciendo, o aferrarse rígidamente a la manera como de-berán desarrollarse. 
Lo único que hay que hacer es dejarlas libres. 
 
3) Permanezcamos en el estado de auto-referen-cia. Esto significa permanecer 
establecidos en la conciencia de nuestro verdadero yo - nuestro espíritu, 
nuestra conexión con el campo de la potencialidad pura. También sig-nifica 
no vernos a nosotros mismos a través de los ojos del mundo, o dejarnos 
influir por las opiniones y las críticas de los demás. Una buena manera de 
mantener el estado de auto- referencia es no divulgar nuestros deseos; no 
compartirlos con nadie, a menos que la otra persona tenga exactamente los 
mismos de-seos que nosotros y entre los dos exista una unión fuerte. 
 
4) Renunciemos a nuestro apego al resultado. Esto significa renunciar a 
nuestro rígido in-terés por un resultado específico y vivir en la sabiduría 
de la incertidumbre. Significa dis-frutar cada momento de la jornada de la 
vida, aunque desconozcamos el desenlace. 
 
5) Dejemos que el universo se encargue de los detalles. Nuestras intenciones 
y nuestros de-seos, una vez liberados en el espacio silen-cioso, tienen un 
infinito poder organizador. Confiemos en que ese infinito poder organi-zador 
de la intención orquestará todos los de-talles por nosotros. 
 
 
 
Recordemos que nuestra verdadera naturale-za es el espíritu puro. Llevemos 
la conciencia de este espíritu a donde quiera que vayamos, libere-mos 
suavemente nuestros deseos, y el universo ma-nejará los detalles por 
nosotros.  
 
 
CÓMO APLICAR LA LEY DE LA INTENCIÓN Y EL DESEO 
 
 
Pondré a funcionar la ley de la intención y el deseo comprometiéndome a 
hacer lo siguien-te: 
 
 
 
1) Haré una lista de todos mis deseos, y la lle-varé a donde quiera que 
vaya. Miraré la lista antes de entrar en mi silencio y mi medita-ción. La 
miraré antes de dormir por la no-che. La miraré al despertar por la mañana. 
 
2) Liberaré esta lista de mis deseos y la entrega-ré al seno de la creación, 
confiando en que cuando parezca que las cosas no están salien-do bien, hay 
una razón, y en que el plan cós-mico tiene para mí unos designios mucho más 
importantes que los que yo he concebido. 
 
3) Recordaré practicar la conciencia del mo-mento presente en todos mis 
actos. No per-mitiré que los obstáculos consuman o disi-pen la concentración 
de mi atención en el momento presente. Aceptaré el presente tal como es, y 
proyectaré el futuro a través de mis intenciones y mis deseos más profundos 
y queridos.  
 
 
6  
 
 
 
LA LEY DEL DESAPEGO 
 
 
 
           
 
-            
 
La sexta ley espiritual del éxito es la ley del desapego. Esta ley dice que 
para adquirir cual-quier cosa en el universo físico, debemos renun-ciar a 
nuestro apego a ella. Esto no significa que renunciemos a la intención de 
cumplir nuestro de-seo. No renunciamos a la intención ni al deseo; 
renunciamos al interés por el resultado. Es grande el poder que se deriva de 
esto. Tan pronto como renunciamos al interés por el resul-tado, combinando 
al mismo tiempo la intención concentrada y el desapego, conseguimos lo que 
deseamos. Podemos conseguir cualquier cosa que deseemos a través del 
desapego, porque éste se basa en la confianza incuestionable en el poder del 
verdadero yo. El apego, en cambio, se basa en el temor y en la inseguridad - 
y la necesidad de sentir seguridad emana del desconocimiento del verdadero 
yo. La fuente de la abundancia, de la riqueza o de cualquier cosa en el 
mundo físico es el yo; es la conciencia que sabe cómo satisfacer cada 
nece-sidad. Todo lo demás es un símbolo: vehículos, casas, cheques, ropa, 
aviones. Los símbolos son transitorios; llegan y se van. Perseguir símbolos 
es como contentarse con el mapa en lugar del te-rritorio. Es algo que 
produce ansiedad y acaba por hacernos sentir vacíos y huecos por dentro, 
por-que cambiamos el yo por los símbolos del yo. El apego es producto de la 
conciencia de la pobreza, porque se interesa siempre por los sím-bolos. El 
desapego es sinónimo de la conciencia de la riqueza, porque con él viene la 
libertad para crear. Sólo a partir de un compromiso desprendi-do, podemos 
tener alegría y felicidad. Entonces, los símbolos de la riqueza aparecen 
espontánea-mente y sin esfuerzo. Sin desapego somos prisio-neros del 
desamparo, la desesperanza, las nece-sidades mundanas, los intereses 
triviales, la desesperación silenciosa y la gravedad - carac-terísticas 
distintivas de una existencia mediocre y una conciencia de la pobreza. 
 
 
 
La verdadera conciencia de la riqueza es la capacidad de tener todo lo que 
deseamos, cada vez que lo deseamos, y con un mínimo de esfuer-zo. Para 
afianzarnos en esta experiencia es nece-sario afianzarnos en la sabiduría de 
la incertidum-bre. En la incertidumbre encontraremos la libertad para crear 
cualquier cosa que deseemos. La gente busca constantemente seguridad, pero 
con el tiempo descubriremos que esa bús-queda es en realidad algo muy 
efímero. Hasta el apego al dinero es una señal de inseguridad. Uno podría 
decir: "Me sentiré seguro cuando tenga X cantidad de dinero porque entonces 
tendré inde-pendencia económica y podré jubilarme. Y en-tonces haré todo lo 
que he querido hacer siempre". Pero eso es algo que nunca sucede - que nunca 
llega. Quienes buscan la seguridad la persiguen du-rante toda la vida sin 
encontrarla jamás. La segu-ridad es evasiva y efímera porque no puede 
de-pender exclusivamente del dinero. El apego al dinero siempre creará 
inseguridad, no importa cuánto dinero se tenga en el banco. De hecho, 
algunas de las personas que más dinero tienen son las más inseguras. La 
búsqueda de la seguridad es una ilusión. Según las antiguas tradiciones de 
sabiduría, la so-lución de todo este dilema reside en la sabiduría de la 
inseguridad o la sabiduría de la incertidum-bre. Esto significa que la 
búsqueda de seguridad y de certeza es en realidad un apego a lo conocido. ¿Y 
qué es lo conocido? Lo conocido es el pasado. Lo conocido no es otra cosa 
que la prisión del condicionamiento anterior. Allí no hay evolución 
-absolutamente ninguna evolución. Y cuando no hay evolución, sobrevienen el 
estancamiento, el desorden, el caos y la decadencia. La incertidumbre, por 
otra parte, es el suelo fértil de la creatividad pura y de la libertad. 
 
 
 
La incertidumbre es penetrar en lo desconocido en cada momento de nuestra 
existencia. Lo desco-nocido es el campo de todas las posibilidades, siempre 
fresco, siempre nuevo, siempre abierto a la creación de nuevas 
manifestaciones. Sin la in-certidumbre y sin lo desconocido, la vida es sólo 
una vil repetición de recuerdos gastados. Nos con-vertimos en víctimas del 
pasado, y nuestro torturador de hoy es el yo que ha quedado de ayer. 
Renunciemos a nuestro apego a lo conocido y adentrémonos en lo desconocido, 
así entraremos en el campo de todas las posibilidades. La sabidu-ría de la 
incertidumbre jugará un importante pa-pel en nuestro deseo de entrar en lo 
desconocido. Esto significa que en cada momento de nuestra vida habrá 
emoción, aventura, misterio; que ex-perimentaremos la alegría de vivir: la 
magia, la celebración, el júbilo y el regocijo de nuestro pro-pio espíritu. 
Cada día podemos buscar la emoción de lo que puede ocurrir en el campo de 
todas las posibilida-des. Si nos sentimos inseguros, estamos en el ca-mino 
correcto - no nos demos por vencidos. En realidad no necesitamos tener una 
idea rígida y completa de lo que haremos la semana próxima o el año próximo, 
porque si tenemos una idea clara de lo que ha de suceder y nos aferramos 
rígida-mente a ella, dejaremos por fuera un enorme aba-nico de 
posibilidades. Una de las características del campo de todas las 
posibilidades es la correlación infinita. Este campo puede orquestar una 
infinidad de sucesos espacio-temporales con el fin de producir el re-sultado 
esperado. Pero cuando hay apego, la in-tención queda atrapada en una forma 
de pensar rígida y se pierden la fluidez, la creatividad y la espontaneidad 
inherentes al campo de todas las posibilidades. Cuando nos apegamos a algo, 
con-gelamos nuestro deseo, lo alejamos de esa fluidez y esa flexibilidad 
infinitas y lo encerramos dentro de un rígido marco que obstaculiza el 
proceso to-tal de la creación. 
 
 
 
La ley del desapego no obstaculiza la ley de la intención y el deseo - la 
fijación de metas. Siem-pre tenemos la intención de avanzar en una 
de-terminada dirección, siempre tenemos una meta. Sin embargo, entre el 
punto A y el punto B hay un número infinito de posibilidades, y si la 
incer-tidumbre está presente, podremos cambiar de di-rección en cualquier 
momento si encontramos un ideal superior o algo más emocionante. Al mis-mo 
tiempo, será menos probable que forcemos las soluciones de los problemas, lo 
cual hará posible que nos mantengamos atentos a las oportunida-des. La ley 
del desapego acelera el proceso total de la evolución. Cuando entendemos 
esta ley, no nos sentimos obligados a forzar las soluciones de los 
problemas. Cuando forzamos las soluciones, sola-mente creamos nuevos 
problemas. Pero si fijamos nuestra atención en la incertidumbre y la 
obser-vamos mientras esperamos ansiosamente a que la solución surja de entre 
el caos y la confusión, en-tonces surgirá algo fabuloso y emocionante. 
Cuando este estado de vigilancia - nuestra preparación en el presente, en el 
campo de la in-certidumbre - se suma a nuestra meta y a nues-tra intención, 
nos permite aprovechar la oportu-nidad. ¿Qué es la oportunidad? Es lo que 
está contenido en cada problema de la vida. Cada pro-blema que se nos 
presenta en la vida es la semilla de una oportunidad para algún gran 
beneficio. Una vez que tengamos esta percepción, nos abri-remos a toda una 
gama de posibilidades - lo cual mantendrá vivos el misterio, el asombro, la 
emo-ción y la aventura. Podremos ver cada problema de la vida como la 
oportunidad de algún gran beneficio. Habién-donos afianzado en la sabiduría 
de la incertidum-bre, podremos permanecer alerta a las oportunida-des. 
 
 
 
Y, cuando nuestro estado de preparación se encuentre con la oportunidad, la 
solución apare-cerá espontáneamente. 
 
Lo que resulta de esto es lo que denominamos comúnmente "buena suerte". La 
buena suerte no es otra cosa que la unión del estado de prepara-ción con la 
oportunidad. Cuando los dos se mez-clan con una vigilancia atenta del caos, 
surge una solución que trae beneficio y evolución para no-sotros y para 
todos los que nos rodean. Ésta es la receta perfecta para el éxito, y se 
basa en la ley del desapego. 
 
 
CÓMO APLICAR LA LEY DEL DESAPEGO 
 
 
Pondré a funcionar la ley del desapego com-prometiéndome a hacer lo 
siguiente:  
 
 
 
1) Hoy me comprometeré con el desapego. Me permitiré y les permitiré a los 
que me rodean la libertad de ser como somos. No impondré tercamente mi 
opinión de cómo deben ser las cosas. No forzaré las soluciones de los 
pro-blemas, y, por tanto, no crearé con eso otros nuevos. Participaré en 
todo con absoluto desprendimiento. 
 
2) Hoy convertiré a la incertidumbre en un ele-mento esencial de mi 
experiencia. Y gracias a esa disponibilidad para aceptar la incerti-dumbre, 
las soluciones surgirán espontánea-mente de los problemas, de la confusión, 
del desorden y del caos. Cuanto más inciertas parezcan las cosas, más seguro 
me sentiré porque la incertidumbre es el camino hacia la libertad. Por medio 
de la sabiduría de la incertidumbre, encontraré mi seguridad. 
 
3) Penetraré en el campo de todas las posibili-dades y esperaré la emoción 
que tiene lugar cuando me mantengo abierto a una infini-dad de alternativas. 
Cuando entre en el cam-po de todas las posibilidades, experimentaré todo el 
regocijo, la aventura, la magia y el misterio de la vida. 
 
7  
 
 
 
LA LEY DEL "DHARMA" O PROPÓSITO EN LA VIDA 
 
 
 
La séptima ley espiritual del éxito es la ley del dharma. "Dharma" es un 
vocablo sánscrito que significa "propósito en la vida". Esta ley dice que 
nos hemos manifestado en forma física para cumplir un propósito. El campo de 
la potenciali-dad pura es la divinidad en su esencia, y la divini-dad adopta 
la forma humana para cumplir un pro-pósito. De acuerdo con esta ley, cada 
uno de nosotros tiene un talento único y una manera única de expresarlo. Hay 
una cosa que cada individuo pue-de hacer mejor que cualquier otro en todo el 
mundo - y por cada talento único y por cada expre-sión única de dicho 
talento, también existen unas necesidades únicas. Cuando estas necesidades 
se unen con la expresión creativa de nuestro talen-to, se produce la chispa 
que crea la abundancia. El expresar nuestros talentos para satisfacer 
ne-cesidades, crea riqueza y abundancia sin límites. Si pudiéramos 
enseñarles a los niños desde el principio esta manera de pensar, veríamos el 
efec-to que esto tendría en su vida. En realidad, yo lo hice con mis hijos. 
Les dije una y otra vez que había una razón para que ellos estuvieran aquí, 
y que ellos debían descubrir esa razón por sí mis-mos. Eso fue algo que 
oyeron desde los cuatro años. También les enseñé a meditar cuando tenían 
aproximadamente esa edad, y les dije: "No quie-ro que se preocupen, nunca, 
por ganarse la vida. Si cuando sean mayores no pueden ganarse la vida, yo 
les daré lo necesario, de manera que no se pre-ocupen por eso. No quiero que 
se concentren en ser los mejores de la escuela, en obtener las mejo-res 
notas o en ir a la mejor universidad. En lo que realmente quiero que se 
concentren es en pre-guntarse a sí mismos cómo pueden servir a la hu-manidad 
y cuáles son sus talentos únicos. Porque cada uno de ustedes tiene un 
talento único que nadie más tiene, y una manera especial de expresarlo, que 
tampoco tiene nadie más". 
 
 
Mis hijos acabaron estudiando en las mejores escue-las, obteniendo las 
mejores notas e incluso en la universidad son los únicos que son 
económica-mente autosuficientes, porque ellos tienen su atención puesta en 
el propósito por el cual están aquí. Ésta, entonces, es la ley del dharma. 
La ley del dharma tiene tres componentes. El primero dice que cada uno de 
nosotros está aquí para descubrir su verdadero yo, para descubrir por su 
cuenta que el verdadero yo es espiritual y que somos en esencia seres 
espirituales que han adop-tado una forma física para manifestarse. No so-mos 
seres humanos que tienen experiencias espi-rituales ocasionales, sino todo 
lo contrario: somos seres espirituales que tienen experiencias huma-nas 
ocasionales. Cada uno de nosotros está aquí para descubrir su yo superior o 
su yo espiritual. Esa es la primera forma de cumplir la ley del dharma. 
Debemos des-cubrir por nuestra cuenta que dentro de nosotros hay un dios en 
embrión que desea nacer para que podamos expresar nuestra divinidad. El 
segundo componente de la ley del dharma es la expresión de nuestro talento 
único. La ley del dharma dice que todo ser humano tiene un talento único. 
Cada uno de nosotros tiene un ta-lento tan único en su expresión que no 
existe otro ser sobre el planeta que tenga ese talento o que lo exprese de 
esa manera. Eso quiere decir que hay una cosa que podemos hacer, y una 
manera de hacerlo, que es mejor que la de cualquier otra persona, en este 
planeta. Cuando estamos desa-rrollando esa actividad, perdemos la noción del 
tiempo. La expresión de ese talento único - o más de uno, en muchos casos - 
nos introduce en un estado de conciencia atemporal. 
 
 
 
El tercer componente de la ley del dharma es el servicio a la humanidad - 
servir a los demás se-res humanos y preguntarse: "¿Cómo puedo ayu-dar? ¿Cómo 
puedo ayudar a todas las personas con quienes tengo contacto?" Cuando 
combinamos la capacidad de expresar nuestro talento único con el servicio a 
la humanidad, usamos plenamente la ley del dharma. Y cuando unimos esto al 
conoci-miento de nuestra propia espiritualidad, el campo de la potencialidad 
pura, es imposible que no tenga-mos acceso a la abundancia ilimitada, porque 
ésa es la verdadera manera de lograr la abundancia. Y no se trata de una 
abundancia transitoria; ésta es permanente en virtud de nuestro talento 
único, de nuestra manera de expresarlo y de nues-tro servicio y dedicación a 
los demás seres huma-nos, que descubrimos preguntando: "¿Cómo pue-do 
ayudar?", en lugar de: "¿Qué gano yo con eso?" La pregunta "¿Qué gano yo con 
eso?" es el diá-logo interno del ego. La pregunta "¿Cómo puedo ayudar?" es 
el diálogo interno del espíritu. El es-píritu es ese campo de la conciencia 
en donde experimentamos nuestra universalidad. Con sólo cambiar el diálogo 
interno y no preguntar "¿Qué gano yo con eso?" sino "¿Cómo puedo ayudar?", 
automáticamente vamos más allá del ego para en-trar en el campo del 
espíritu. Y aunque la medita-ción es la manera más fácil de entrar en el 
campo del espíritu, el simple hecho de cambiar nuestro diálogo interno de 
esta manera también nos brin-da acceso al espíritu, ese campo de la 
conciencia donde experimentamos nuestra universalidad. Si deseamos utilizar 
al máximo la ley del dharma, es necesario que nos comprometamos a hacer 
varias cosas:  
 
 
 
Primer compromiso: Por medio de la práctica espiritual buscaremos nuestro yo 
superior, el cual está más allá de nuestro ego. 
 
Segundo compromiso: Descubriremos nuestros talentos únicos, y después de 
descubrirlos disfru-taremos de la vida, porque el proceso del gozo tie-ne 
lugar cuando entramos en la conciencia atemporal. En ese momento, estaremos 
en un es-tado de dicha absoluta. 
 
Tercer compromiso: Nos preguntaremos cuál es la mejor manera en que podemos 
servir a la huma-nidad. Responderemos esa pregunta, y luego pon-dremos la 
respuesta en práctica. Utilizaremos nuestros talentos únicos para atender a 
las nece-sidades de nuestros congéneres los seres huma-nos; combinaremos 
esas necesidades con nuestro deseo de ayudar y servir a los demás. Hagamos 
una lista de nuestras respuestas a es-tas dos preguntas: ¿Qué haría yo si no 
tuviera que preocuparme por el dinero y si a la vez dispusiera de todo el 
tiempo y el dinero del mundo? Si de todas maneras quisiéramos seguir 
haciendo lo que hacemos ahora, es porque estamos en dharma, por-que sentimos 
pasión por lo que hacemos, porque estamos expresando nuestros talentos 
únicos. La segunda pregunta es: "¿Cuál es la mejor manera en que puedo 
servir a la humanidad?" Responda-mos esa pregunta y pongamos la respuesta en 
prác-tica. Descubramos nuestra divinidad, encontremos nuestro talento único 
y sirvamos a la humanidad con él; de esa manera podremos generar toda la 
riqueza que deseamos. Cuando nuestras expresio-nes creativas concuerden con 
las necesidades del prójimo, la riqueza pasará espontáneamente de lo 
inmanifiesto a lo manifiesto, del reino del espíri-tu al mundo de la forma. 
Comenzaremos a expe-rimentar la vida como una expresión milagrosa de la 
divinidad - no ocasionalmente, sino a toda hora. Y conoceremos la alegría 
verdadera y el sig-nificado real del éxito - el éxtasis y el júbilo de 
nuestro propio espíritu. 
 
 
CÓMO APLICAR LA LEY DEL "DHARMA" O PROPÓSITO EN LA VIDA 
 
 
Pondré a funcionar la ley del dharma compro-metiéndome a hacer lo siguiente: 
 
 
 
1) Hoy cultivaré con amor al dios en embrión que reside en el fondo de mi 
alma. Prestaré atención al espíritu interior que anima tanto a mi cuerpo 
como a mi mente. Despertaré a esa quietud profunda del interior de mi 
cora-zón. Mantendré la conciencia del ser atemporal y eterno, en medio de la 
experien-cia limitada por el tiempo. 
 
2) Haré una lista de mis talentos únicos. Des-pués haré una lista de las 
cosas que me en-canta hacer cuando estoy expresando mis talentos únicos. 
Cuando expreso mis talentos únicos y los utilizo en servicio de la 
hu-manidad, pierdo la noción del tiempo y pro-duzco abundancia tanto en mi 
vida como en la vida de los demás. 
 
3) Todos los días me preguntaré: "¿Cómo pue-do servir?" y "¿Cómo puedo 
ayudar?" Las res-puestas a estas preguntas me permitirán ayu-dar y servir 
con amor a los demás seres humanos. 
 
 
RESUMEN Y CONCLUSIÓN 
 
 
Quisiera conocer los pensamientos de Dios... lo demás son detalles.  - 
ALBERT EINSTEIN     
 
 
 
La mente universal es la coreógrafa de todo lo que sucede en miles de 
millones de galaxias y hace su trabajo con una precisión exquisita y con una 
inteligencia inquebrantable. Su inteli-gencia es máxima y suprema e impregna 
cada fi-bra de la existencia: desde la más pequeña hasta la más grande, 
desde el átomo hasta el cosmos. Todo lo que vive es expresión de esta 
inteligen-cia. Y esta inteligencia actúa a través de las siete leyes 
espirituales. Si miramos cualquiera de las células del cuerpo humano, a 
través de su funcionamiento vere-mos la expresión de estas leyes. Cada 
célula, sea del estómago, del corazón o del cerebro, se origi-na en la ley 
de la potencialidad pura. El ADN es el ejemplo perfecto de la potencialidad 
pura; en rea-lidad, es la expresión material de ella. El mismo ADN que hay 
en todas las células del cuerpo, se expresa de diferentes maneras para 
cumplir los requisitos particulares de cada una. Cada célula opera además a 
través de la ley del dar. Una célula vive y permanece sana cuando está en 
estado de equilibrio. Este estado es de rea-lización y armonía, pero se 
mantiene a través de un constante dar y recibir. Cada célula da y apo-ya a 
las demás, y a cambio recibe alimento de ellas. La célula permanece en 
estado de flujo dinámi-co, el cual jamás se interrumpe. En realidad, el 
flujo es la esencia misma de la vida de la célula. Y solamente manteniendo 
este flujo de dar puede la célula recibir y, por tanto, continuar con su 
exis-tencia vibrante. Las células ejecutan con suma perfección la ley del 
karma, porque incorporada en su inteligen-cia está la respuesta más 
apropiada, precisa y opor-tuna para cada situación que se presenta. Las 
células también ejecutan con suma per-fección la ley del menor esfuerzo: 
cumplen su tra-bajo con tranquila eficiencia, en un estado de so-segada 
vigilancia. Por medio de la ley de la intención y el deseo, cada intención 
de cada célula utiliza el infinito poder organizador de la inteligencia de 
la natura-leza.  
 
 
 
Hasta una intención simple como la de metabolizar una molécula de azúcar 
desencadena inmediatamente una sinfonía de sucesos en el cuerpo para 
secretar las cantidades exactas de hor-monas en el momento preciso, a fin de 
convertir la molécula de azúcar en pura energía creativa. Desde luego, cada 
célula expresa la ley del de-sapego. No se aferra al resultado de sus 
intencio-nes. No duda ni tropieza porque su comportamien-to es función de 
una conciencia centrada en la vida y en el momento presente. 
 
Cada célula también expresa la ley del dharma. Debe descubrir su propia 
fuente, el yo superior; debe servir a sus congéneres y expresar su talento 
único. Las células del corazón, del estómago, del sistema inmune, todas se 
originan en el yo supe-rior, el campo de la potencialidad pura. Y como están 
directamente enlazadas con ese computa-dor cósmico, pueden expresar sus 
talentos únicos con toda facilidad y conciencia atemporal. Sólo expresando 
sus talentos únicos pueden mantener tanto su propia integridad como la de 
todo el cuer-po. El diálogo interno de cada una de las células del cuerpo 
humano es: "¿Cómo puedo ayudar?" Las células del corazón desean ayudar a las 
célu-las del sistema inmune, y éstas desean ayudar a las del estómago y a 
las de los pulmones, y las células del cerebro se dedican a escuchar y 
ayu-dar a todas las demás. Cada una de las células del cuerpo humano tiene 
solamente una función: ayudar a todas las demás. Observando el 
comportamiento de las células de nuestro cuerpo, podemos ver la expresión 
más extraordinaria y eficiente de las siete leyes espiri-tuales. Ésa es la 
genialidad de la inteligencia de la naturaleza. Son los pensamientos de 
Dios; lo de-más son sólo detalles. Las siete leyes espirituales del éxito 
son princi-pios poderosos que nos ayudarán a alcanzar el do-minio de 
nosotros mismos.  
 
 
 
Si prestamos atención a estas leyes y ponemos en práctica los ejercicios 
propuestos en este libro, veremos que podremos hacer realidad cualquier cosa 
que deseemos - toda la abundancia, todo el dinero y todo el éxito que 
deseemos. También veremos que nuestra vida se volverá más alegre y próspera 
en todo sentido, porque estas leyes también son las leyes espiritua-les de 
la vida, aquéllas que hacen que vivir valga la pena. Existe una secuencia 
natural para aplicar es-tas leyes en la vida diaria, la cual puede 
ayudar-nos a recordarlas. La ley de la potencialidad pura se experimenta por 
medio del silencio, de la medi-tación, del hábito de no juzgar, de la 
comunión con la naturaleza, pero es activada por la ley del dar. El 
principio consiste en aprender a dar lo que se busca. Así es como uno activa 
la ley de la poten-cialidad pura. Si buscamos abundancia, demos abundancia; 
si buscamos dinero, demos dinero; si buscamos amor, aprecio y afecto, 
aprendamos a dar amor, aprecio y afecto. Por medio de nuestros actos en la 
ley del dar, activamos la ley del karma. Si creamos un buen karma, éste nos 
facilitará todo en la vida. Nota-remos que no necesitamos mayor esfuerzo 
para satisfacer nuestros deseos, lo cual nos lleva auto-máticamente a 
comprender la ley del menor es-fuerzo. Cuando todo ocurra con facilidad y 
sin esfuerzo, y todos nuestros deseos se cumplan sin cesar, espontáneamente 
comenzaremos a com-prender la ley de la intención y el deseo. Cuando 
nuestros deseos se cumplan sin esfuerzo, nos será fácil practicar la ley del 
desapego. Por último, cuando comencemos a compren-der todas estas leyes, 
comenzaremos a concentrar-nos en nuestro verdadero propósito en la vida, lo 
cual lleva a la ley del dharma. A través del uso de esta ley, expresando 
nuestros talentos únicos y sa-tisfaciendo las necesidades de los otros seres 
hu-manos, empezaremos a crear lo que deseemos, cuando lo deseemos. Nos 
volveremos despreocu-pados y alegres, y nuestra vida se convertirá en la 
expresión de un amor sin límites. 
 
 
 
Somos los viajeros de una travesía cósmica --polvo de estrellas danzando y 
girando en las corrientes y los torbellinos del infinito. La vida es eterna, 
pero las expresiones de la vida son efíme-ras, momentáneas, transitorias. 
Siddharta Gauta-ma, el Buda, fundador del budismo, dijo una vez:   Esta 
existencia nuestra es tan transitoria como las nubes del otoño. Observar el 
nacimiento y la muerte de los seres es como mirar los movimientos de una 
danza. Una vida es como un relámpago en el cielo, que se desliza veloz como 
un torrente por la pendiente de una montaña. 
 
NOS HEMOS DETENIDO MOMENTÁNEAMENTE PARA ENCONTRARNOS UNOS A OTROS, PARA 
CONOCERNOS, AMAR-NOS Y COMPARTIR. ESTE ES UN MOMENTO PRECIOSO, PERO 
TRANSITORIO. ES UN PEQUEÑO PARÉNTESIS EN LA ETERNIDAD. SI COMPARTIMOS CON 
CARIÑO, ALEGRÍA Y AMOR, CREAREMOS ABUNDANCIA Y ALEGRÍA PARA TODOS. Y 
ENTONCES ESTE MOMENTO HABRÁ VALIDO LA PENA. 
 
 
 
Centro Sharp para la Medicina de la Mente y el Cuerpo, 
 
Quantum Publications, 
 
 
 
GLOBAL NETWORK FOR SPIRITUAL SUCCESS 
Post Office Box 1001 
Del Mar, California 92014 
 
 
 
Estimado amigo/a: En Las siete leyes espirituales del éxito he descri-to las 
virtudes y los principios que me han ayuda-do a mí, y a muchas otras 
personas, a alcanzar la satisfacción espiritual y el éxito material. Esta 
car-ta es una invitación para que usted se una - con-migo y potencialmente 
con millones de personas a lo largo del mundo - a la Asociación Mundial para 
el Éxito Espiritual, Global Network for Spiritual Success, que se basará en 
la práctica diaria de estos poderosos principios rectores. La participación 
en la Asociación está abier-ta a todas las personas que decidan practicar 
las siete leyes espirituales. He descubierto que resulta particularmente 
enriquecedor el hábito de con-centrarse en una ley cada día de la semana, 
co-menzando el domingo con la ley de la potenciali-dad pura, y terminando el 
sábado con la ley del dharma. Concentrar su atención en una ley espiri-tual 
transformará completamente su vida, como ha transformado la mía, y si todos 
nos concentra-mos en la misma ley cada día, pronto podremos formar un enorme 
grupo de gente que haya al-canzado el éxito y que pueda transformar la vida 
en este planeta. Algunos grupos de amigos, en diferentes par-tes del mundo, 
han comenzado ya a concentrarse en una ley cada día. Yo he hecho lo mismo 
con mis colaboradores y amigos, y le sugiero que también usted comience con 
un grupo de estudio - in-tegrado por miembros de su familia, o amigos o 
compañeros de trabajo - que se reúna una vez por semana para discutir las 
experiencias de cada uno con las leyes espirituales. Si esas experien-cias 
son extraordinarias, como lo serán en algu-nas ocasiones, lo invito a que me 
escriba contán-domelas. Para unirse al Global Network for Spiritual Success 
todo lo que usted necesita hacer es en-viarme su nombre, su dirección y, si 
quiere, su número telefónico y/o su dirección de correo elec-trónico, a la 
dirección mencionada al comienzo, y yo le enviaré una tarjeta - que usted 
podrá conservar en su billetera - con las siete leyes im-presas, y lo 
mantendré informado sobre las acti-vidades de la Asociación. 
 
 
 
El establecimiento de esta Asociación repre-senta la realización de uno de 
mis sueños más queridos. Uniéndose al Global Network y practi-cando las 
siete leyes espirituales, yo sé que usted logrará el éxito espiritual y la 
satisfacción de sus deseos. Me es imposible desearle una bendición mayor. 
 
Con amor y mis mejores deseos, 
DEEPAK CHOPRA  
SOBRE EL AUTOR 
 
 
Deepak Chopra es un líder de talla mundial en el campo de la medicina de la 
mente y el cuerpo y del potencial humano. Ha escrito once libros, varios de 
los cuales han sido éxitos de li-brería, entre ellos, Ageless Body, Timeless 
Mind; Quantum Healing; y Creating Af fluence. También ha producido un 
sinnúmero de programas de audio y vídeo para promover la salud y el 
bienestar. Sus libros se han traducido a más de veinticinco idio-mas, y ha 
dado conferencias en América del Nor-te, América del Sur, la India, Europa, 
el Japón y Australia. Actualmente es director ejecutivo del Instituto de 
Medicina de la Mente y el Cuerpo y del Potencial Humano, en Sharp 
HealthCare, San Diego, California. 
 
 
 
NOTA :  
 
 
 
Las siete leyes espirituales del éxito es un libro que usted atesorará 
durante toda su vida, porque en sus páginas está el secreto para convertir 
en realidad los sueños. En él, Deepak Chopra destila la esencia de sus 
enseñanzas en siete simples - aunque poderosos - principios, que pueden ser 
fácilmente puestos en práctica para alcanzar el éxito en todas las áreas de 
la vida. Las siete leyes espirituales del éxito son principios poderosos que 
le ayudarán a alcanzar el dominio de sí mismo. Si usted presta atención a 
estas leyes y pone en práctica los ejercicios propuestos en este libro, verá 
que podrá hacer realidad cualquier cosa que quiera - incluida toda la 
abundancia, todo el dinero y todo el éxito que desee. También verá que su 
vida se volverá más alegre y próspera, porque estas leyes también son las 
leyes espirituales de la vida, aquéllas que hacen que vivir valga la pena. 
Con base en las leyes naturales que gobiernan toda la creación, este libro 
destruye el mito según el cual el éxito sólo se logra a través del esfuerzo, 
la estrategia y la ambición. Según Deepak Chopra, necesitamos acercarnos al 
éxito y a la riqueza de una manera más espiritual. El éxito tiene muchos 
aspectos, y la riqueza material – que no es otra cosa que el flujo abundante 
de todas las cosas buenas hacia nosotros – es sólo uno de sus componentes. 
La salud, la energía, el entusiasmo por la vida, la realización en las 
relaciones personales, la libertad creativa, la estabilidad emocional y 
psicológica, la paz y el bienestar también son parte del éxito. Pero hay un 
elemento más que es indispensable para alcanzar el éxito: la comprensión de 
nuestra verdadera naturaleza. Somos una manifestación de la divinidad, y a 
menos que cultivemos la semilla de la divinidad que llevamos adentro, nunca 
podremos realizarnos. Por tanto, el éxito verdadero es el despliegue de la 
divinidad en cualquier lugar a donde vayamos y en cualquier cosa que veamos. 
Cuando comencemos a vivir la vida como la expresión milagrosa de la 
divinidad – no de vez en cuando sino en todo momento – comprenderemos el 
verdadero significado del éxito. 
 
 
* La palabra inglesa affluence - traducida aquí como "afluencia" - significa 
además abundancia, riqueza y prosperidad; de ahí la digresión etimológica 
del siguiente párrafo. (N. del Ed. ) 
 
www.elmistico.com.ar <http://www.elmistico.com.ar>; 
 
 
Difusión: 
 
http://www.eListas.net/lista/nuevahumanidad 
http://www.eListas.net/foro/gap 
 
NUEVA INFORMACION PARA EL CAMBIO 
www.laneta.apc.org/redanahuak 
 
 
 
 
 
 
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