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Asunto:[GAP] Festival de Wesak 04 / La hora de la reconciliacion / Anne y Daniel Meurois Givaudan / ULTIMO AVISO URGENTE para organizadores de meditaciones Wesak
Fecha:Martes, 30 de Marzo, 2004  20:47:46 (-0600)
Autor:Ricardo Ocampo <redanahuak @...............mx>

From: La redacción <redaccion@...> 
Date: Wed, 31 Mar 2004 02:56:45 +0800 
Subject: [RedIbericaDeLuz]  Festival  de   Wesak  04 "La  hora  de la 
reconciliaci ón"  (  Anne y Daniel Meurois Givaudan) / ULTIMO AVISO  URGENTE 
para   organizadores  de meditaciones  Wesak 
 
ULTIMO  AVISO  URGENTE  para   organizadores  de  meditaciones  Wesak 
 
Madrid   27  de Marzo  de  2004 
 
Muy queridas Alianzas: 
Estoy   reuniendo las convocatorias  para el Wesak  del 2004, tanto  para 
su publicación  en la  revista  ³Más Allá² (muy  breve artículo), como en 
Portal  Dorado  y las listas de  Red   Ibérica  e Interredes.   Quienes, 
tanto en España  como en  Iberoamérica,  ya  tengáis  establecida la 
convocatoria  de  ceremonia  o meditación y queráis  darlas a  conocer, 
podéis   facilitarnos  los  datos. 
Necesitamos  saber para difundir las  citas : Día  (en el caso   que la 
cita  sea  la víspera o el día  después)  Hora, Lugar,  así como mail   y/o 
telf.  de contacto de la organización. 
Podéis escribir   a  este  mail  ó llamar  al  606695452.   Para ³Más Allá² 
urge   me lo comuniquéis  en la  mayor   brevedad. 
Paz,   Fuerza  y Gozo, en esta  festividad  culminante. A la espera  de 
vuestras  noticias,  recibid este  fraterno  abrazo : koldo 
 
De: "Enita Zirnis Z." <enita@...> 
 
Nuestra  amiga  Enita de  Colombia  ha tenido  al  gentileza  de 
transcribir  el  cuarto capítulo  del maravilloso  libro   Wesak,  La Hora 
de la Reconciliación de Anne y Daniel Meurois Givaudan,   ( Mandala 
Ediciones ), que  os  adjuntamos . 
 
CAPITULO CUARTO 
 
UN AIRE CON PERFUME DE LUZ 
 
En la cueva donde reinan ahora las fuerzas de la Tierra, del Agua y del 
Fuego reunidas, nuestras formas de luz se han levantado impulsadas por una 
alegría intensa.  Entonces nos parece que nuestra alma se dice a sí misma: 
³¿Cómo seguir sentados ahora? Tenemos que volver a nuestros cuerpos, 
escribir, transmitir este depósito, ya que es la herencia a la que puede 
pretender cada hombre.² 
 
Por única respuesta, el anciano esboza una nueva sonrisa a través de la cual 
se desliza aún más hasta nosotros la intensidad de la vida que la habita. 
Esa sonrisa, lo vemos muy bien, tiene la ligereza de una broma en la que la 
complicidad y la astucia hablan al alimón. 
 
³¿Pero cómo? Parece murmurarnos un instante, ¿Cómo, ya os marcháis? ¿Creéis 
que os vais a librar con tan poco?  ¡Vuestra labor no ha terminado, y la mía 
tampoco por lo que a vosotros se refiere!². 
 
Pero el cuerpo de nuestra conciencia ya se ha dejado extraer de la cavidad 
rocosa por al algún impulso involuntario. Bajo nuestras miradas 
deslumbradas, sólo están las cumbres inmaculadas del Himalaya, encajes de 
nieve y de hielo y de altos valles perdidos y barridos por los vientos. 
¡Qué de bellezas, que de tesoros que, a su manera, hablan tan bien de esas 
fuerzas de Reconciliación que acabamos de recoger! 
 
A unos pasos de nosotros, la masa imponente del monte Kailash centellea y 
parece participar a su vez en la extraña fiesta que se organiza en nuestros 
corazones.  Sin embargo, poco a poco, nos sentimos como esos banderines 
multicolores, cargados de miles de oraciones, que el viento azota sobre las 
crestas rocosas. Entonces, algo en nuestro interior parece querer dirigirse 
a la humanidad entera, para decirle que ponga fin a la masacre... Ese grito, 
ese impulso sube a través nuestro pero al mismo tiempo sabemos que habría 
que ahogarlos, porque no significan nada, nada más que otra rebelión más. 
¡Eternos parloteos de los egos que se encrespan! 
 
³Decidnos, anciano, ¿qué podrán hacer tantas bellas palabras y algunas 
oraciones recitadas sobre estas tierras altas y heladas una vez al año, 
frente a la ola desatada de las iniquidades que cada día ahogan un poco más 
al hombre? 
 
Querer cambiar al hombre, ¿no es un señuelo más? 
 
¿No puedes leer esta extraña mezcla de alegría y amargura que encrespa a 
quienes quisieran ser artífices del cambio? ¿De verdad se puede querer sin 
desear, amar sin poseer, actuar dejando hacer? ¿Puedes ayudarnos a descifrar 
un poco más el jeroglífico que tantos sabios han afirmado legarnos?² 
 
Los ojos del anciano se han vuelto a imponer con fuerza ante los nuestros. 
Han desarrollado una agudeza penetrante y tras sus pupilas oscuras, ¡hay 
tanta claridad! 
 
³¿Por qué hablar de los jeroglíficos?  ¡Ningún espíritu chistoso ha querido 
trazar el camino en punteado para someterlo a la sagacidad de nadie!  Lo 
único que se os debe enseñar es la sencillez.  Si pretendéis una 
liberación... deberéis cortar los víveres a las segundas intenciones, a las 
reservas mentales.  En cuanto a los señuelos, ya que evocáis ese término, en 
efecto hay uno: creer que se puede cambiar al prójimo intentando inculcarle 
nuestras propias nociones de la verdad.  No os preocupéis tanto por la 
apreciación que hacéis de la mirada del otro como de la luz misma de vuestra 
mirada.  No haréis que el mundo sea mejor intentando cambiar a los demás. 
En cambio, fijándoos la meta de vuestra metamorfosis personal ayudaréis al 
prójimo a aligerarse. 
 
Por lo tanto, respirando de forma diferente será como podréis sugerir a los 
hombres que inspiren un poco más plenamente el aire de este mundo.  Decís 
conocer eso... pero os equivocáis.  Lo habéis aprendido, lo habéis 
memorizado, pero no lo vivís. 
 
La mochila que tanto os hace padecer está repleta de todos esos tipos de 
cosas almacenadas, ingeridas pero que se os quedan en la boca del estómago 
porque son fruto del pensamiento de otras personas. 
 
Por eso el aliento del Wesak os propone que, sin más demora, inspiréis una 
bocanada de aire más puro subiendo el cuarto peldaño de vuestra escalera, 
allí donde la Tierra, el Agua y el Fuego se confunden y se aman.  Ese lugar, 
ese espacio, ese oxígeno que permite la calcinación de los antagonismos se 
llama vuestro corazón.  Es el crisol en cuyo misterio cada fuerza cobra 
altura haciéndose la pregunta de su propia autenticidad. 
 
De todo lo que constituye al hombre, amigos, el corazón es el órgano más 
aéreo.  Representa por esencia el elemento en cuyo seno todo confluye.  Por 
lo tanto, podéis concebirlo como un gran atanor cuya misión es reunir los 
aparentes contrarios.  Por consiguiente, es un espacio de fusión al mismo 
tiempo que una encrucijada.  En un plano puramente fisiológico, la Tierra se 
encarna en su músculo, el Agua en la sangre que lo llena, el Fuego en la 
energía que lo anima, y finalmente el elemento aéreo en el centro mismo de 
la sangre que propulsa.  Aunque esta no sea la dimensión que nos interesa en 
primer lugar, debéis saber que sin embargo es significativa, ya que el 
cuerpo, a través de cada uno de sus componentes, ilustra uno de los 
lenguajes por los que el Espíritu manifiesta la alquimia de su presencia. 
¡Por consiguiente, nadie padece del corazón, de los riñones o del hígado, 
por casualidad!  Pero eso es otra historia... Volvamos a ese Corazón que la 
fiesta del Wesak llama a considerar de forma diferente.  Representa una 
dimensión de vosotros mismos que apenas si habéis empezado a explorar, no 
más que el espacio cósmico ­ a veces, extrañamente llamado ³vacío² ­ que 
tanto interesa a ciertos científicos. 
 
Ese corazón y el aire perpetuamente renovado que constituye su riqueza, 
debéis concebirlo como una dimensión en expansión constante e infinita. 
Aunque sea atanor, no lo consideréis como una cavidad oscura, ya que por el 
contrario, están en relación con vuestro cielo.  La verdad, será por él 
mismo como aprenderéis a ensamblarlo todo.  Por el aprendizaje de su 
respiración será como reuniréis todas las piezas de vuestro propio 
rompecabezas.  ¿Veis muy exactamente de qué estoy hablando? De nada sirve 
saltar de una palabra a otra si no sentís lo que se esconde tras la sombra 
que forzosamente arroja sobre  el papel. 
 
¿No estáis seguros ...? Entonces, cread un instante de silencio y dejad que 
vuestras dos manos vengan a vuestro pecho.  Digo ³dejad que vengan² ya que, 
si prestáis mucha atención, veréis que perciben la necesidad porque vuestro 
corazón las llama a él.  Tomad una larga inspiración, y luego soltad 
sosegadamente vuestro aliento.  Ahora, volveros un poco más realmente hacia 
el centro de vuestro corazón que pulsa.  Prestadle atención, sin crispación. 
Por supuesto, captáis sus latidos, pero por lo demás quizá os indispongan. 
Pero no es en eso donde os pido que os detengáis.  Debéis dejaros arrastras 
más lejos, mucho más allá incluso, a un punto de luz parecido al cáliz de 
una flor.  Ya no sabréis realmente si se sitúa en vuestro centro más íntimo 
o fuera de vosotros.  No lo sabréis porque estará en los dos sitios a la 
vez, porque ya no hay diferencia ni antagonismo entre el interior y el 
exterior. 
 
En adelante, dejad que el cáliz de esa flor hable a su manera.  Adivináis 
bien en él ese rayo luminoso del que os hablaba hace un momento, pero todo 
es como si todavía no se desplegara en la medida de su fuerza, como si se 
ahogara... ¡Eso es, tiene necesidad de respirar, os pide que le dejéis 
respirar! ¿Por qué no ibais a dejarle hacerlo?  ¡Por qué lo censuráis?  Para 
respirar, tiene necesidad de dar ... y lo sabéis a ciencia cierta. 
Entonces, sed un poco más auténticos aún con vosotros mismos, e intentad 
analizar con toda sencillez las razones por las cuales lo amordazáis. 
Quizás temáis mostraros débiles, o tal vez perder algo... Pero en realidad, 
¿qué poseéis verdaderamente en la corteza de este mundo, salvo ese Corazón y 
ese Aire perfumado de Luz que lo habita?  Nada.  Todo os ha sido prestado, o 
si lo preferís, por la impalpable ³naturaleza de las cosas². 
 
Sea como fuere, no sois más que arrendatarios de todos los instrumentos, de 
todas las circunstancias por las cuales intentáis afirmaros  Perdonadme que 
os diga muy directamente que pronto, en la escala del Tiempo, vuestra casa 
ya no os pertenecerá y que vuestra mujer, vuestro marido, vuestros hijos ya 
no serán ³vuestros².  Es una mera cuestión de lógica. 
 
Por lo tanto, amigos, si queréis saber realmente a qué referiros, si deseáis 
con fuerza encontraros en vuestra globalidad, es decir dejar de sentiros 
asustados por la fragmentación de vuestra imagen, vuestra mirada debe 
dirigirse hacia el centro de vuestro pecho.  No intentéis reunir vuestras 
excusas, ya que hay ahí como un peso del que os gustaría libraros.  Es este 
último el que os obliga a contorsionaros desde siempre para encontrar en la 
apariencia la careta adecuada en el momento adecuado. 
 
Hoy, el Aire que vais a inspirar y espirar por ese centro es diferente. 
Dado que me habéis seguido hasta aquí, eso significa que ya se muestra 
cargado de vuestra esperanza y que percibís el estado de emergencia... 
(nacimiento ó urgencia???) 
 
La respiración presupone una recepción y una emisión al mismo tiempo.  La 
pacificación, la eclosión, en definitiva la irradiación de vuestro corazón 
también están sometidas a esa ley.  Por lo tanto, os propongo sentir esa 
corriente de Luz, ese soplo fresco y primaveral que os recorre 
permanentemente.  Penetra por vuestra espalda a la altura de los omóplatos, 
y luego sale por la parte delantera de vuestro cuerpo, ahí donde habé3is 
posado las manos.  De nada sirve intentar imaginarlo, no os sugiero ninguna 
práctica de visualización porque está realmente ahí, esa ³corriente de aire 
divino².  Solo pide que dejéis de poner trabas en su camino con los cientos 
de restricciones que os ingeniáis en acumular; ¿A santo de qué debería 
ayudar a fulanito? ¿Por qué menganito tiene más éxito que yo? Debo demostrar 
a todo el mundo quien soy yo.  No cederé en este punto... ¿y qué pensarían 
de mí si hiciera tal cosa?². 
 
Eso son otras tantas almohadas bajo las cuales ahogáis vuestro potencial de 
amor y sobre las que os habéis dormido.  Si hoy vuestra alma padece 
insomnio, ¡no busquéis más lejos! Está respirando un aire viciado. 
 
Somos todos como una flauta de siete agujeros a través de la cual pasa un 
Soplo en perpetuo movimiento.  Si por orgullo o por pereza, os empeñáis en 
no querer reconocer la presencia de éste, poco a poco cada una de las siete 
puertas se obturará, y el canal que las une se estancará.  Hoy, la 
iniciación que el Wesak puede dispensar en mayor número cobra la fuerza de 
ese Soplo grande y poderoso capaz de desatrancar todos los canales de Vida 
en los que el ego ha levantado sus barricadas.  ¡Respirad, amigos, respirad 
por vuestro corazón y haced respirar al prójimo por ese mismo corazón! 
 
Los Hermanos del Wesak, los que han elegido estas montañas y este valle como 
señal de reunión, saben muy bien de qué forma se debate vuestro Occidente. 
Conocen muy bien esas corrientes de pensamiento que han aflorado en vuestras 
sociedades bajo las denominaciones de ³Espiritualidad² y ³Nueva Era².  Las 
conocen muy bien porque ellos las han suscitado, a pesar de que a veces 
estas hayan tomado direcciones erróneas por la vía del libre albedrío 
humano.  Por lo tanto, observan las vías, los métodos por los cuales quienes 
temen el resecamiento del corazón intentan justamente captar ese nuevo Aire 
que he evocado.  Esos métodos se llaman seminarios o cursillos, y quienes a 
ellos acuden ven en los mismos los instrumentos privilegiados mediante los 
cuales van a descubrir herramientas de trabajo sobre sí mismos y sobre el 
prójimo, y también una forma de restablecer el contacto con una conciencia 
perdida.  Qué decir de ese planteamiento, amigos, sino que es magnífico en 
su esencia.  En la práctica, por desgracia hay que reconocer que a veces las 
cosas son muy diferentes, porque si observamos bien los hechos, vemos que 
sólo se pasa rozando las cosas... La profusión casi patológica de métodos de 
desarrollo interno y de auto-perfeccionamiento oculta el síndrome de lo que 
yo llamaría la carrera de la iniciación: ¿Quién podrá enseñarme tal cosa?² 
²¿Cómo y dónde ir para dominar aquello?².  Si se aguza un poco el oído, se 
comprueba que eso es lo que repite la mente de cientos de miles de seres 
humanos, mientras siguen  invocando de buena fe la fuerza del corazón. 
 
Por lo tanto, con ocasión de los encuentros que surgen, se coleccionan 
instantes que, no lo niego, sin duda elevan el alma, pero no resuelven su 
dificultad de encontrarse en un cuerpo de materia.  A veces, incluso el 
llamado ³problema² se analiza de tal forma que resulta exageradamente 
simplificado... y la fuerza mental se alimenta de ello con una especia de 
gozo. 
 
Una vez más, ¿quién va a lo esencial? Todo consiste en dejar de intentar 
adueñarse de un conocimiento.  La felicidad, el amor, la paz con uno mismo y 
con el mundo, en una palabra la Reconciliación nunca los generará la 
disección de los mecanismos humanos tal como se practica con demasiada 
frecuencia, es decir con complacencia.  ³¿Fulanito ha seguido tal seminario? 
¿También está diplomado por tal Escuela de formación de desarrollo 
personal?² Muy bien, me abstendré muy mucho de censurar esos esfuerzos 
realizados por cada ser para volver a su Fuente.  Pero entonces, ¿por qué 
tantas manos cerradas, tantos puños crispados y gargantas anudadas?  Porque 
es difícil esquivar la trampa de ³el que está en la búsqueda², y es tan 
fácil cultivar la extraña forma de narcisismo del que se dice 
³espiritualista².  Porque son muchos los que siguen estimando en el fondo de 
su ³yo² que la ³búsqueda interna² y la vida cotidiana son dos cosas 
distintas.  No, os lo afirmo, no están por una parte los seminarios, 
paréntesis sagrados, y por otra la lucha trivial y penosa de cada día.  En 
el joyero de vuestro corazón, hay cierto diamante que todos, ahora, debéis 
esforzaros en percibir.  Es una diamante ante el cual hay que aprender cada 
vez más a detenerse y callar... Porque es sencillez, confianza, paciencia y 
finalmente ternura. 
 
Por lo tanto, amigos, nada os impide buscar formaciones e iniciaciones; 
quizá incluso os sintáis tentados de comprarlas... porque existen extrañas 
teorías.  Pero la Iniciación, esa joya a la que todo ser aspira, no se 
encuentra ahí.  La Vida os la propone en el oro de cada instante a través 
del Servicio al que está llamado vuestro corazón.  ¿Acaso creéis que los 
fariseos son de una época distinta a la vuestra?  Su principio sigue obrando 
en vosotros cada vez que el acto se parapeta detrás de las palabras bonitas, 
cada vez que la filosofía se convierte en una barrera y que os deleitáis con 
sus cincunvoluciones.  ¿Creéis realmente que a las Luces que han guiado a 
este mundo hasta ahora les importa que creáis en la reencarnación, que 
discutáis sobre sus engranajes, que conozcáis a fondo las mil sutilezas de 
la enseñanza de Buda, o que discutáis sobre el significado de las palabras 
de Cristo en la cruz?  ¡Qué estiméis que hay cinco, siete o doce planos de 
existencia tampoco os procurará la varita mágica para salir de vuestro 
atolladero!  Feliz el que concilia todo eso con la apertura del centro de 
comprensión que constituye el corazón... pero no imaginéis en ningún momento 
que esa dicha esté reservada a unos pocos.  No es resultado ni de una suerte 
ni de un privilegio debidos a alguna gracia divina. 
 
El Aliento se recibe, se cultiva y se retransmite mediante el abandono 
progresivo de una meta puramente personal.  Seguramente ya os ha sucedido 
encontraros frente a un retrato del Maestro Jesús en su representación del 
³Sagrado Corazón².  Ante el poder simbólico de esa imagen, vuestra alma se 
ha dicho, en uno de sus pliegues: ³todo eso es él, peno no soy yo...² 
Teníais razón al pensar ³no soy yo², pero alimentabais el error al no 
afirmar ³ ése puedo ser Yo², es decir ³el Aliento que balbucea en mi ser 
está dotado del mismo potencial... es una invitación.² 
 
Todo eso, hay que atreverse a decirlo, no en un delirio místico sino en un 
instante de serenidad, de silencio, donde puede instalarse una resolución 
tranquila.  El verdadero Aliento no se parece a uno de esos remolinos que os 
hace tricotar un gorro de buena conciencia.  Nada le importan las etiquetas, 
la verdad es que el maestro de Amor y Sabiduría que espera en vuestro pecho 
ahora sabe que llega su hora.  Vuestro papel se puede resumir, al extremo, 
al aprendizaje de su reconocimiento, y luego a dejar que se exprese 
libremente. 
 
Pero hagamos una pausa, amigos, ya que veo el aspecto que tienen esos 
interrogantes que revolotean sobre vuestras cabezas... Se refieren a esa 
Nueva Era cuya acción he mencionado hace un momento.  ¿Cuál es esa Era 
nueva? ¿Los artífices de la Reconciliación son ³Nueva Era²?  ¿Hay que ver en 
ello una especie de religión cuya fiesta central será el Wesak? Os lo 
repito, el Aliento del que debéis preocuparos no tiene nada que ver con las 
etiquetas.  Que os integréis o no en un movimiento de pensamiento y de 
acción como ese, que adoptéis igualmente sus modas, todo eso es una acción 
meramente personal que no modifica en nada lo que se ha podido decir.  El 
Amor no es ni musulmán, ni cristiano, ni más budista o hinduista que ³Nueva 
Era².  Es... cualquiera que sea el nombre prefiráis darle para daros 
seguridad... si os es imprescindible un punto de referencia.  No existen 
vías verdaderas o falsas, espiritualidad verdadera o falsa desde el momento 
en que la fuerza auténtica y sencilla del corazón se pone a hablar.  ¿Por 
qué crear un debate sobre un tema que no tiene ninguna razón para 
suscitarlo?  ¿Tal nombre, tal imagen os gustan y os ayudan a reconoceros? 
Adoptadlos, si por un tiempo vuestro equilibrio pasa por ahí... pero por 
favor, no las convirtáis en otro pivote inquebrantable, en un estandarte 
propio.  La Era verdaderamente nueva prescindirá de estandartes y rituales. 
Nacerá en cuanto la hayáis concebido claramente en vosotros. 
 
Ahora, el Aliento que anima vuestro corazón ya no puede permanecer 
encarcelado tras los barrotes de vuestra caja torácica.  Desde siempre, es 
decir desde que habéis tenido conciencia de vosotros, lo habéis contenido, 
comprimido en vuestro pecho con miedo a dejarlo expresarse, expandirse, 
irradiar en el espacio infinito al que se llama ³exterior².  ¿Por qué? 
Porque os habéis dejado sofocar progresivamente en las sociedades de 
convenciones, sociedades en las que cada cual debe construirse su propia 
fortaleza y atrincherarse en ella.  ¿Es que no estáis hartos de ³aparentar²? 
¿No se os ocurre que la mera decisión de bajar el puente levadizo os haría 
más felices?  Dejar el libre acceso a vuestro patio interior hasta entonces 
tan secreto puede suponer el principio de una nueva vida...  De ello depende 
vuestro equilibrio, ya que más vale que toméis conciencia de ello 
inmediatamente:  el Aliento que va a barrer vuestra Tierra durante los años 
inmediatamente venideros sólo se podrá vivir con felicidad y comprensión con 
y en corazones desplegados (abiertos?).  Por lo tanto, amigos, si vuestro 
deseo es que la vida deje de haceros daño, debéis daros cuenta, en este 
mismo instante, de que sólo hay un itinerario posible.  Cada mañana, al 
despertaros, atreveros a decir a la Vida: ³¡Sí, me rindo!² ( o ³¡Sí me 
entrego!²) Repetidlo cuanto sea necesario, hasta comprender bien el 
significado de esas palabras.  Ya que, en verdad, ¿Cuál es esa parte de 
vosotros que va a entregar las armas?  ¿y de qué armas se trata?  ¿Dónde 
está el veneno y qué aspecto presenta vuestra armadura?  ¿Es un nombre tras 
el cual os parapetáis o que no dejáis de blandir?  ¿Es una función a la que 
os aferráis hasta identificaros con sus murallas?  ¿O por el contrario se 
trata de un rencor, una frustración que alimentáis sabiamente y que sirve de 
pretexto a una empresa de demolición?  Cualquiera que sea vuestra respuesta, 
cualquiera que sea el granito de arena o la montaña que vais a identificar, 
sabed que tenéis ya, ahora mismo, todas las cartas para aniquilarlo.  En 
adelante, el principio de vuestro corazón debe latir fuera de vuestro pecho. 
La salud de vuestro ser y la armonía de vuestro mundo dependen de ello. 
Mirad la sociedad en la habéis crecido, ¿sabéis acaso sobre cuántas 
toneladas de neurolépticos trastabillea anualmente?  Esa simple constatación 
basta para deciros cuánto os equivocáis si no salís de los caminos trillados 
que os han hecho seguir hasta ahora.  Fuera de lo que sugieren 
insidiosamente, vais a redescubrir la espontaneidad, es decir ese impulso de 
vuestro corazón de niño que una chaqueta con corbata y una sombra de ojos 
sobre fondo ³permanente² se encarnizan en refrenar con demasiada frecuencia. 
Abandonad pues los uniformes y volved a aprender a abrazar a alguien contra 
vuestro pecho, aunque lo veáis por la primera vez aunque y... sobre todo si 
eso no se hace.  Solo que, amigos, escuchadme bien y no creáis escapar al 
compromiso con una pirueta más.  Cuando os digo ³abandonad los uniformes², 
eso significa ³todos los uniformes², ya que existen lo que llamáis los 
³vaqueros² que ocultan a su modo falsas desenvolturas.  Los uniformes de los 
que debéis aprender a despojaros son todas las convenciones y todos los 
³aparentar² tras los cuales contenéis vuestra respiración.  La enfermedad 
espera siempre a la puerta de quien no es auténtico, es decir de quien 
practica la retención de la Vida, de la espontaneidad, en una palabra, del 
Amor. 
 
Desde luego, os sobran excusas para mantener esa retención, ya que os habéis 
dejado amaestrar como animales de competición y también os complacéis en 
perpetuar un esquema parecido imprimiéndolo en los demás. 
 
Mirad, vuestros cánceres y vuestros infartos son fruto de la siembra diaria 
ejercida por las barreras a la Vida que constituyen todas vuestras mentiras 
o, en otras palabras, todas vuestras conspiraciones contra la autenticidad. 
Bajo el influjo anual del Wesak, la era que amanece os enseña ahora a romper 
la cadena de las muñecas rusas de mentiras sobre las que se ha edificado 
vuestra humanidad.  De hecho, el problema no consiste tanto en aprender a 
reconocer aquello en lo que os mienten, como en percibir en qué os mentís a 
vosotros mismos. 
 
Dejad pues de una vez por todas de encogeros de hombros, de dar la espalda o 
de señalar al vecino.  En adelante, estáis muy lejos de los cursos de 
catecismo y de moral.  Esos, a menudo los habéis absorbido como otros tantos 
somníferos más, ya que no basta con ³querer hacerlo bien² para aprender a 
respirar.  Hace falta, lo repito, un sentido del respeto de la autenticidad. 
No es necesario que os dejéis cubrir por la verdad del prójimo, ni tampoco 
debéis intentar ahogar al prójimo bajo la vuestra.  ¿No lo hacéis, decís? 
De todos modos, observaros... La mayoría de vuestras reacciones obedecen a 
la voluntad de demostrar que ³sabéis² y que vuestro corazón palpita ³como 
debe ser².  Todos quieren ser rey a su manera, desde el orgulloso que a 
menudo disimula tras la arrogancia el miedo a su inferioridad, hasta el 
aparentemente humilde que, por desgracia, se alimenta de un orgullo la 
mayoría del tiempo bien disimulado.  ¡Cada cual se esculpe su propio cetro 
prefiriendo ignorar que ese emblema nunca es más que un palo, y que un palo 
acaba siempre por romperse puesto que está concebido para pegar y para 
imponer!  Hoy, estáis agotados de tanto golpear, y por eso os hablo con mi 
propia lengua junta a tantas otras.  Lo que me ha enseñado la estupidez de 
la mentira a la Vida y la belleza de la respiración del Corazón, no son 
especialmente las piedras de estas montañas.  Son las piedras y los 
guijarros de las carreteras más ínfimas que recorréis en este mismo momento. 
Los he pulido hasta dejar en ello las uñas que me había dejado crecer.  Los 
he observado, muchas veces creyendo perder el tiempo, hasta percibir por fin 
en ellos a la Divinidad entera.  He comprendido entonces que el aire que 
entra en nuestros pulmones no deja de hablarnos y que en este mundo todo es 
parábola... todo... absolutamente todo... hasta los excrementos de la vaca 
en medio del sendero. 
¡Amigos, a los ojos del cosmos y de la Fuerza que lo inunda, el esfuerzo que 
se os pide hoy apenas es más difícil que una sonrisa, una sonrisa 
auténtica... tan decisiva!  Ese poco basta para reconciliaros con lo que 
vibra en vosotros.  Por los mil elementos que el aire sutil lleva hasta él, 
a partir de ahora mismo, vuestro corazón debe iniciar su metamorfosis. 
 
Sabéis, cuanta más posibilidad tiene el espíritu de entrar en un cuerpo, más 
densa se vuelve su marca en él.  Eso no tiene nada que ver con la belleza 
física de ese cuerpo, sino con su estructura molecular, y también con lo que 
ahora llamáis el código ADN. 
 
Por lo tanto, en cuanto empezáis a amar con Amor y no con deseo, entráis en 
mutación en toda la cadena que constituye vuestro ser.  Os convertís en 
mutantes, la palabra no es demasiado fuerte.  Muchos de los que nacen hoy 
entre vosotros ya no responden exactamente a las mismas leyes biológicas y 
físicas que han sido las de la humanidad hasta ahora.  Eso no lo impone 
únicamente la tasa vibratoria del mundo en transformación, sino también la 
conciencia diferente de cierto número de reconstructores que se encaminan 
hacia la Tierra. 
 
Quizá os imaginéis que este estado de cosas se parece a una marca recibida 
al nacer (que permanece) de una vez para siempre.  Desengañaros.  Ese ser 
humano que tiene la capacidad de sintonizar con los vientos solares, también 
podéis serlo vosotros, sin necesidad de esperar. 
 
He aquí una práctica sencilla y realizable en cualquier lugar que podrá 
ayudaros a concretar mejor ese nuevo estado.  Resulta tanto más poderosa por 
el hecho de que alcanza su co9mpleta medida en el mundo agitado y privado de 
silencio en el que os movéis por lo general.  Por lo tanto, no exige la 
tranquilidad de una habitación silenciosa, ni se desarrolla tras la cortina 
de los párpados cerrados. 
 
Por el contrario, amigos, activad su fuerza en la sombra espesa de los 
metros, en el anonimato de los lugares públicos y hasta en la actividad 
mental de vuestro lugar de trabajo.  El postulado es sencillo: sois, por 
esencia, un sol capaz de irradiar y calentar, un sol que, lejos de vivir 
para ser amado cueste lo que cueste, vive por amor y para amar. 
Fortalecidos por esa conciencia, cualquiera que sea el lugar donde estéis, 
durante algunos minutos al día aprended pues a sentiros realmente sol. 
Quizá empezaréis por percibir solamente un punto luminoso en vosotros, 
seguramente en el centro de vuestro pecho... El objetivo es dejarlo crecer, 
hasta que lance sus rayos más allá de vosotros, en todas direcciones. 
Entonces, os esforzaréis en sentir hasta qué punto puede ponerse a irradiar 
a través de vuestra presencia una voluntad impersonal.  Percibid cuánta luz 
y paz emana de vuestra espalda, vuestras manos, vuestra caja torácica, 
vuestro vientre, vuestros pies, vuestra frente y qué se yo qué más, a cada 
paso que dais, a cada segundo de vuestra espera en el andén de una estación 
o en vuestra silla de trabajo. 
 
A partir de ese momento, ya no tenéis una parcela de sol en vosotros, ya no 
estáis animados por una voluntad de obrar bien, sino que encarnáis un poco 
más un impulso de amor, un soplo de metamorfosis.  Al hacerlo, Hermanos, las 
palabras se quedan chicas y os volvéis contagiosos, os convertís 
conscientemente, y muy lejos del ³querer demostrar², en un elemento activo 
de transmisión de lo Divino.  Entonces perpetuáis el impulso del Wesak, 
hacéis don de vuestra presencia convirtiéndoos al mismo tiempo en algo 
parecido a un bastoncillo de incienso.  El Sol de vuestro Corazón y  el 
Aliento secreto que lo anima son difusores de perfume desde toda la 
eternidad.  Al realizar esta práctica, lo que haréis será restituirles su 
nobleza y devolverlos a su justo lugar.  Enseguida os daréis cuenta que lo 
que al principio requiere por vuestra parte un pequeño esfuerzo de voluntad 
después se inscribe en vosotros, no como un automatismo, sino como un 
reflejo surgido de vuestra naturaleza profunda.  Os lo digo, no veáis en 
ello un trabajo de la imaginación, ya que por el contrario, representa una 
obra de reconexión con la Realidad última.  El Aire nuevo que la impulsión 
del Wesak invita a expandir y a cantar es una fuerza que debe diferenciarse 
absolutamente de lo afectivo.  Concibo fácilmente la sorpresa y la 
perplejidad de un buen número de Occidentales ante una declaración 
semejante.  ³¿Cómo? ¿Nos hablan de amor e intentan suprimir en nosotros toda 
noción afectiva?² 
 
En primer lugar, sabed que no se trata en absoluto de asumir una actitud 
tendente a convertiros en seres no afectuosos, en cierto modo fríos y por 
consiguiente privados de la gracia de una ternura comunicativa.  Por el 
contrario, debéis encontrar ese calo9r, si no lo habéis hecho todavía, y 
luego comunicarlo.  La noción de ³afectivo² en el marco de este Amor que hay 
que redescubrir concierne a otra realidad, una realidad pasional y por 
consiguiente egocéntrica en el ser humano.  El terreno afectivo al que hago 
alusión aquí es una manifestación posesiva y restrictiva de la vida.  El 
Amor con A mayúscula siempre surge del Corazón con C mayúscula.  Lo abarca 
todo sin discriminación, mientras que el amor al que se ha acostumbrado el 
razonamiento humano vive detrás de condiciones y de barreras.  Se alimenta 
de emociones y de instintos que se adornan con su nombre, robándole así su 
capacidad de crecer. 
 
Además, el Amor no afectivo que transmite el Wesak no intenta salvar las 
barreras, por la sencilla razón de que, para él, no existe ninguna frontera. 
 
Es el propio elemento Aire en su aspecto más luminoso y más total.  Encarnar 
ese ideal en elo mundo al que con frecuencia os sentís clavados a diario 
evidentemente requiere cierta fuerza, soy consciente de ello.  Y sin 
embargo, esa labor que debéis realizar no representa algo insuperable si lo 
concebís claramente... Y debéis, amigos, concebirla claramente... ya que no 
imaginéis ni por un instante que corresponde al terreno de lo superfluo en 
vuestra vida.  No es un ³plus² que estaría bien descubrir.  Representa una 
condición fundamental para vuestra supervivencia como hombres y mujeres 
equilibrados. 
 
Por lo tanto, os lo digo, no podéis andaros con rodeos con una fácil ³ya 
veremos², porque la Tierra se va a encontrar incesantemente en un estado de 
³agotamiento de existencias de Amor².  El amor con condiciones, la 
respiración vigilada ya han estragado a la humanidad terrestre generación 
tras generación.   Si sigue habiendo hombres que los pregonan tras una 
multitud de micrófonos e ideologías, es porque vosotros mismos, muchas 
veces, sois representantes suyos sin saberlo.  Comprended que nos 
encontramos aquí ante el meollo de vuestra dificultad: es la estatua del 
³sin saberlo² la que hay que derribar de su pedestal.  Sobre todo, no 
digáis: ³No somos ni Cristo ni Buda.²  Quien espera a que la perfección 
venga a él para actuar, comete un grave error.  Hay que ir hacia ella; no se 
os pide milagros, sino actos sencillos y plenos.  Es saber, por ejemplo, que 
el hijo de otros, el que tal vez pide que lo adopten, es tan vuestro como el 
que es fruto de vuestra propia carne.  Es comprender que el que bebe o se 
droga y con cuya mirada os cruzáis a menudo de forma desdeñosa 
indudablemente sufre el mismo mal ­ pero de forma abierta y declarada ­ que 
vosotros que os esforzáis en ocultarlo bajo vuestras cortezas.  Hay hombres 
que sangran y perecen ante los demás, y otros que mueren de hemorragias 
internas.  Eso es todo. 
 
La toma de conciencia que se os pide consiste también en saber que la 
Naturaleza y el Animal siguen tendiéndonos la mano cada día, y constituyen 
mejores guías que muchísimos libros.  Su respeto se anuncia como un aliento 
de juventud que ninguno de vosotros puede soslayar si quiere salir de su 
atolladero. 
 
Vuestro corazón puede ver, respirar, recordar, eso es lo que os habéis 
negado a comprender y por eso, y nada más, habéis llegado a perder vuestra 
brújula.  Falta todavía que os atreváis a confesar que os habéis perdido, 
que admitáis que vuestro caparazón se agrieta y deja aparecer a Pulgarcito 
en vosotros.  ¡El ogro, por su parte, es el predador que se agita detrás de 
vuestras caretas sociales!  ¡No os canséis buscando su muerte, dejad más 
bien de darle huesos que roer!  Entonces, se desinflará como un globo. 
 
¡Nunca hay nada ridículo en el hecho de abrir los brazos! Os lo he dicho... 
vuestro corazón es una memoria... Tiene el recuerdo del hierro que lleva 
vuestra sangre, pero también el recuerdo tan puro que impregna su germen. 
¡Y sabéis, con ese germen es con el que soñáis en vuestros vagabundeos y 
vuestras codicias!  La estupidez, la crueldad y el egoísmo han arraigado 
progresivamente en vosotros por una especie de despecho ante el vago 
recuerdo de un origen y un destino cuya llave creéis haber perdido para 
siempre.  Deciros una y otra vez que esa pérdida es una ilusión, que sólo 
padecéis un tumor del alma cualesquiera que sean las manifestaciones de 
vuestro mal-estar.  De hecho, la humanidad conspira contra sí misma desde 
tiempos inmemoriales y el objeto de mis palabras es ayudaros a denunciar esa 
misma conspiración en cada uno de vosotros.  Mi intención no es convertiros 
en otros conspiradores, los de la Luz por ejemplo... porque hoy, ya no 
debéis temer volver a ser vosotros mismos, a plena luz del día, con 
sencillez pero con firmeza y sin temor.  Sin temor al ³qué dirán², sin temor 
a salirse de los caminos trillados que vuestro entorno ya os había 
predestinado, sin temor tampoco a perder una identidad que de todas formas 
no era la vuestra.  No os engañéis, la aplicación de semejante programa en 
el que la autenticidad de la inteligencia del corazón recupera su lugar 
preponderante no requiere ni sinrazón ni misticismo.  Por el contrario, 
exige de vosotros una verdadera razón y un sólido sentido común.  Pide que 
habléis menos y actuéis más.  Vuestra estabilidad pasa por ahí en un primer 
tiempo. 
 
Para devolver su transparencia a vuestro aire interior, tenéis que hablar 
menos.  Eso no significa contener el Verbo ni expresarse menos, sino 
expresarse mejor eliminando lo que yo llamaría la trivialidad de las 
declaraciones.  Al afirmar esto, no hago alusión al vocabulario que 
utilizáis y cuya observación dejo a vuestro propio cuidado, sino a la 
pobreza general de lo que decís.  Comprendedme bien: durante un día, fijaros 
la meta de hacer inventario, en dos columnas por ejemplo, del contenido de 
vuestras palabras.  Veréis que por una parte están las que construyen, y por 
otra las que destruyen.  Entre estas últimas, sitúo no solo aquellas por las 
cuales atacáis a tal persona o tal grupo de seres, sino también aquéllas con 
las que seguís hiriéndoos, dudando de vosotros, por ejemplo, o por el 
contrario queriendo jugar a los guerreros, los ³positivos² cueste lo que 
cueste, para demostrar vuestro valor.  Convenceros de que las cruzadas han 
terminado, incluso en las palabras, si sois fieles a vuestra actitud. 
 
En cuanto a los discursos constructivos, lo que la vida lleva a pronunciar 
no son simplemente las palabras de afecto o de amistad.  Son todas aquellas 
mediante las cuales tenéis la posibilidad de formular una esperanza, una 
apertura, de sembrar una reconciliación, de insuflar vida en algo. 
 
Dedicaros pues a esa pequeña contabilidad por lo menos una vez, muy 
honradamente.  El objetivo no es acorralaros, sino perfeccionar el 
conocimiento que tenéis de vosotros mismos, sin intención de 
culpabilización.   
 
De ese modo, meteréis un poco más el dedo en las manifestaciones de ese 
tumor que he evocado, y tomaréis mayor conciencia de que, aunque os sintáis 
sanos, quizá haya ciertos reflejos que debéis desincrustar de vuestras 
palabras... Ya que, hermanos, las palabras son un poco como el termómetro de 
vuestra alma.  Las ideas que las animan ilustran a su modo su temperatura 
profunda.  Desde luego, un discurso puede engañar.  Se pueden untar sus 
palabras con una sustancia viscosa invisible... pero los cientos de pequeños 
diálogos diarios, los considerados triviales y que forman parte del contexto 
familiar profesional de la existencia, por su parte no pueden mentir durante 
mucho tiempo.  Indican a ciencia cierta de qué forma conseguís inspirar y 
espirar la luz. 
 
Si el paisaje interior que descubrís así no os parece muy hermoso, sobre 
todo no os lamentéis pensando ³es horrible, no debo...² Actuando así, lo 
único que haríais es alargar la lista de vuestras ³desconstrucciones².  La 
sensación de culpa ya ha minado bastante vuestras sociedades desde hace 
milenios.   Es, no lo dudéis, uno de los ingredientes más seguros de lo que 
llamáis ³un karma pesado². 
 
En vez de eso, haréis  bien en anunciaros de forma diferente el color de 
vuestros días venideros: 
 
³En adelante, voy a... desde ahora, soy....²  La diferencia es considerable, 
ya que desprograma un viejo reflejo de insatisfacción y de frustración. 
Desde luego, este método no es nuevo, pero ¿qué hay de nuevo en el mundo 
salvo esta Hora, salvo esta Llamada que suena en la esfera de vuestro 
corazón?  Todo ha sido dicho ya.  Sólo hay que volver a pulir las ideas y 
recordarlas una vez más, porque el hombre y la mujer se complacen en la 
sordera. 
 
Por lo tanto, amigos, creedme cuando os digo que no os sugiero en absoluto 
que os confeséis ante vosotros mismos.  La noción de confesión, que en su 
tiempo tenía su justificación, ha acabado por difundir un veneno lento en el 
alma humana.  Ha generado una culpabilidad-gangrena, un concepto moralizante 
de pecado y, por eso mismo, la noción de castigo divino. 
 
¡Esa Fuerza, ese Amor, esa Luz a la que lamáis Dios no castiga nunca, podéis 
estar seguros!  Ya se sanciona muy bien el hombre a sí mismo.  Se le ha dado 
el poder de hacerlo, y hace uso de él con sorprendente regularidad. 
¡Vuestro látigo, vuestro infierno, sois vosotros! ¡No es ni un instrumento, 
ni un lugar, sino el estado de vuestro corazón! ¿No lo habéis comprendido al 
fin? ¿Con qué palabras habrá que inscribirlo en ese aire que respiráis?  El 
Wesak os da la ocasión anual de recordar este estado de cosas.  Os da esta 
ocasión de hacer balance y de volver a situaros en el mapa del mundo. 
Quiero decir del Mundo con M mayúscula, que significa no vuestro pequeño 
mundo hecho de precarios andamiajes, de barreras y de falsos refugios, sino 
del inmenso Universo que palpita en potencia en el pecho de cada ser.  En el 
descubrimiento de ese cosmos interno no hay ninguna introversión.  En 
realidad, lo que se produce es todo lo contrario: una apertura 
extraordinaria. 
 
Descubrir el poder de vuestro corazón, dejar que el aire sutil vuelva a 
propagarse a través vuestro, no exige pues que os retiréis del mundo.  No es 
una posibilidad de liberación reservada a los monjes o los ermitaños.  Es 
una dinámica, una realidad que hay que encarnar en la muchedumbre, allí 
donde vivís, sin necesidad de lo que se llama ³un gran destino². 
 
Acabo de hablar de ³liberación².  Permitidme que haga una última observación 
al respecto, una observación que quizá resulte chocante para algunos: no os 
preocupéis nunca por vuestra liberación.... Comprendedme, esa marioneta del 
ego que se hace pasar por vosotros es infinitamente astuta.  Os acecha hasta 
en la búsqueda del abandono del yugo.  Por consiguiente, os hace cosquillas 
en el punto de vuestro ser en el que sois más sensibles: vuestro ombligo. 
El mecanismo es extraordinariamente sencillo; sencillo y eficaz: ³¿Qué es 
más importante que mi liberación? Puesto que el mundo es ilusorio, estúpido, 
inútilmente cruel y no quiero sufrir más, me liberaré de él.  Para ello, 
meditaré con asiduidad, seguiré firmemente una vía y por fin descubriré a mi 
Cristo interior.²  Muy bien, amigos, he aquí unas resoluciones espléndidas. 
Diariamente, se toman millares así en la corteza de esta Tierra.  El 
resultado es que la humanidad sigue siendo lo que es, porque el 
estancamiento acecha en las vueltas de los caminos que a veces parecen los 
más nobles.  Y digo bien ³que parecen²... ya que en realidad, en un buen 
número de seres en busca de su liberación, no se trata de verdadera 
liberación, sino de huida. 
 
Sabe pues en lo más hondo de vosotros, que uno no huye de la Escuela de la 
Tierra porque es imposible huir de uno mismo.  La mayoría de las veces, debo 
decíroslo, hay un egoísmo detrás del hecho de querer liberar²se².  El que 
recorre verdaderamente el camino hacia su morada no abandona al mundo para 
dedicarse únicamente a su propia personal.  Su meta no se parece a un 
Nirvana donde se libra de lo que le pesa, sino a la Luz que revela a lo 
largo de su propio sendero.  Así, se convierte en sembrador, y por su 
servicio es por lo que se reúne con el Ser profundo, sin haber tenido nunca 
una voluntad egoísta en él.  Una flor siempre se abre espontáneamente, 
porque es su naturaleza bajo los rayos del sol.  Por lo tanto, nadie podrá 
florecer nunca bajo la acción de una toma de conciencia que se queda a nivel 
del intelecto, de una voluntad egocéntrica ni tampoco de un miedo. 
 
El despliegue de vuestro corazón, amigos, la respiración a pleno pulmón de 
la Vida pasan por una actitud de abandono sagrado, de confianza activa que 
nunca se podrá descubrir acumulando, sino por el contrario ofreciendo.  En 
efecto, ¿por qué tratar de ³acumular méritos²? Os convertiréis más en 
contable que en verdadero gerente de vuestra propia evolución.  ¡El Amor que 
os reconcilia con vosotros mismos y con la vida, es un Amor al ³Ser² y no a 
un amor al ³yo²!  Nunca se revelará al cabo de un cálculo, ni siquiera de 
una hermosa suma.  Como veis, tiene una espontaneidad generosa que espera 
para surgir de lo más profundo de cada uno... Escuchadla, ya que por su 
principio caerán los hierros de la humanidad. 
 
No podría ser más claro: nadie se liberará, amigos, si no emplea todo el 
calor de su espíritu para liberar al prójimo. 
 
 
http://www.eListas.net/foro/redibericadeluz 
 
 
 
 
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