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Asunto:[GAP] HOLA, amig@s...26/4/04¡¡¡excelente comienzo ..¡AMANDONOS!..3º/LOS SIETE PASOS...
Fecha:Lunes, 26 de Abril, 2004  05:03:12 (-0300)
Autor:Alicia Bahlila Petkievicz <centroamor1 @.........ar>



HOLA, amig@s del alma, en mi Corazón! 
 
¡Deseandoles un ¡¡¡excelente comienzo y desarrollo de la semana!!!
¡Que puedan realizar sus sueños, planes y proyectos!
¡El éxito verdadero, es la manifestacion de todos los aspectos de tu Ser!
........................................
 "El secreto no esta en como buscar", contesto Merlin, "sino en hasta donde
estan dispuestos a buscar".
........................................ ¿Estas dispuesto/a a ser un/a Mago/a,
creando tu propia alquimia, en tu vida-existencia?
 
¡AMANDONOS!
 
Tu has sido amado/a primero, desde el principio!
Si eres capaz de amarte con el verdadero Amor, 
estaras dotado de la mayor fuerza/poder del Universo!
¿Hasta dónde en el espacio-tiempo y en el infinito estás dispuesta/o a ir,
dándote A*mor!?
 *
"El verdadero amor dota a los hombres y a las mujeres de un poder que puede
elevarlos hasta las más altas cimas y hacia inimaginables hazañas de sacrificio
por el ser amado. Y tales hazañas de sacrificio no son producto de una
compulsión, sino un gozoso acto de ofrenda."
...........................
 "El amor es una fuerza que el autor del universo hizo descender hasta la
realidad material inerte y oscura con el fin de que los habitantes de nuestro
mundo retornasen a Él. 
...............................................
El descenso del amor a las tinieblas provocó que los oídos sellados se abriesen
a un despertar que tenía el signo del verdadero gozo, pues el amor es deleite. 
Y con este despertar al amor, en el mundo ingresó la posibilidad de volver a la
realidad divina."
..............................
"El amor lo impregna todo a partir de su fuente universal. Es el culmen del 
poder porque, sin necesidad de fuerza, el amor lo atrae todo hacia si. 
Incluso en el sufrimiento, el poder del amor continua su trabajo, lejos de 
la vista del ego y de la mente. Comparadas con el amor, todas las demas 
formas de poder son debiles."
 
Y, Recordandonos!:

..en nuestra verdadera naturaleza esencial!
.............................
 "El género humano es la miel de todos los seres,.."
........................
"En realidad, somos seres divinos disfrazados, y los dioses y diosas que están
dentro de nosotros en estado embrionario aspiran a materializarse plenamente."
*<>*

TERCERA PARTE
 
LOS SIETE PASOS DE LA ALQUIMIA
 
 En la época del rey Arturo no había otra búsqueda que despertara más pasión que
la búsqueda del Santo Grial (según la tradición, el Santo Grial fue el cáliz que
usó Jesús en la última cena)   Cada uno de los caballeros de Arturo soñaba con
obtener ese esquivo trofeo que traería al rey la protección y la bendición de
Dios. Era común encontrarse con caballeros que hacían penitencia para recibir una
visión del Grial, y los artistas competían entre sí para pintar una imagen de la
Última Cena más espléndida que la anterior.
 
“Es casi imposible convencer a los mortales de que las aventuras no se emprenden
en busca de cosas externas, por sagradas que sean”, le había dicho Merlín a
Arturo una vez. 
 
El rey recordaba esas palabras siempre que la fiebre del Grial alcanzaba su
punto máximo, lo cual solía suceder durante los largos y oscuros meses de
invierno, cuando los caballeros caían presa del aburrimiento y el desasosiego.
Los más jóvenes, en particular, vivían impacientes por viajar a Tierra Santa o al
castillo de Monsalvat o a cualquier otro lugar, mítico o real, donde pudiese
estar guardado el Grial.
El rey se mantenía alejado de todo ese fervor. “Si desean ir...” decía
arrastrando la voz.
“¿Qué? ¿No crees en el Grial?”, preguntó Sir Kay impetuosamente. Considerado
hermano del rey desde antes de que Arturo retirara la espada de la piedra, Kay se
tomaba libertades que nadie más se atrevía a tomar.
“¿Creer? Imagino que tendría que decir que sí”, replicó quedamente Arturo, “pero
no de la manera como tú piensas, no de la misma forma como tú crees”.
Esa respuesta era demasiado sutil para Kay, quien se mordió los labios para no
hacer una pregunta más insolente.
“¿Es real el Grial, mi señor?”, dijo Galahan en un tono mucho más suave.
“Preguntas como si creyeras que lo he visto”, dijo Arturo.
“Yo no sé si creerlo”, tartamudeó Galahad, “pero circulan rumores”.
“¿Qué clase de rumores?”
“Sobre Merlín. Se dice que él mismo trajo el cáliz desde Tierra Santa, donde
había permanecido oculto durante muchos siglos”.
 
Arturo reflexionó sobre eso unos segundos y dijo: “Al igual que todos los
rumores, hay una pizca de verdad en éste”. Hubo un movimiento entre todos los
presentes, porque era la primera vez que el rey admitía conexión alguna con el
codiciado tesoro. Pero después Arturo guardó silencio.
 
Una noche al comienzo de la primavera, cuando el hielo despejaba los campos y
los junquillos brotaban entre las rosas marchitas de Navidad, se veía una hoguera
a gran distancia de los muros del castillo. Alrededor de ella estaban Sir
Percival y Sir Galahad, quienes habían prometido partir juntos a un retiro santo.
Era demasiado pronto para internarse en la espesura del bosque, donde las últimas
nieves del invierno todavía formaban montones sucios bajo la sombra de los
árboles, de tal manera que los dos caballeros oraban y ayunaban al abrigo de una
pequeña tienda que se alcanzaba a ver desde la recámara del rey.
 
“Una vez pensé que mi sueño de conseguir el Grial era un capricho ocioso”,
comenzó Percival. “Todo caballero desea ser el primero entre campeones, pero
durante años le di la espalda a mi deseo por considerarlo juguete de mi orgullo.
Pero te digo, Galahad, que mi alma arde por esa cosa
“El rey dice que no es una cosa”, le recordó el joven.
“También dice que Merlín lo trajo a Inglaterra. Tú mismo lo escuchaste, ¿no es
así?” La voz de Percival insinuaba un desafío y Galahad se limitó a asentir con
la cabeza. “Algunas veces, la penitencia y la oración encienden más fuegos de los
que apagan”, pensó. Galahad debía admitir ciertamente que compartía el deseo
ardiente de Percival.
 
“Si hay alguien destinado a capturar el Grial, seguramente es uno de nosotros”,
dijo tirando al fuego unas ramas secas de avellano y observando cómo se avivaba.
“Somos el único grupo de caballeros que vive verdaderamente para proteger la paz
y no para asolar el país y sembrar el terror. No se si mi corazón es lo
suficientemente puro para alcanzar el Grial —no soy tan vanidoso o estúpido como
para creer que ha de caer en mis manos — pero mi corazón continuará adolorido
mientras no lo intente”.
 
En ese momento escucharon el ruido de pasos que avanzaban sobre la delgada capa
de hielo que todavía cubría el suelo de los alrededores. Se pusieron alerta,
esperando que el extraño se identificara, cuando una voz ligeramente burlona
dijo:  “No teman y les ruego que me permitan pasar. Necesito el calor del fuego,
si fueran tan amables de compartirlo”.
 
Percival miró a Galahad y luego le habló a la oscuridad: “Vete y enciende tu
propio fuego. Somos dos caballeros en retiro y no debemos entrar en contacto con
las impurezas del mundo durante un tiempo”. La respuesta fue una risa burlona.
“¿Que encienda mi propio fuego, dices? Entonces eso es lo que haré”. No acababa
de pronunciar esas palabras cuando Percival se paró de un salto al sentir que el
suelo se encendía en llamas bajo sus pies. Galahad miró asombrado a su alrededor
y se vio encerrado en un círculo de fuego que había brotado del corazón helado de
la tierra. Antes de que pudiera proferir palabra, una figura alta, esbelta como
un pino añoso, atravesó las llamas y se paró sobre ellas.
“Merlín”, dijo Galahad, tratando de contener sus emociones. “¿Qué te trae por
aquí después de tan larga ausencia?”
“No tu insolente amigo”, replicó Merlín, mirando de reojo a Percival, quien
hacía grandes esfuerzos por mantener el mínimo grado de dignidad que puede
mostrar un hombre a quien se le quema la espalda. 
 
“Siéntense, siéntense”, dijo el mago. Percival sintió que el embarazoso dolor
desaparecía y se sentó al lado de Galahad, al frente de Merlín. Ninguno de los
dos lo había visto jamás, pero la descripción de Arturo había sido perfectamente
fiel, hasta en lo que tocaba a las viejas y raídas zapatillas de cuero negro.
“No se queden mirándome”, dijo Merlín. “Estoy pensando”.
“¿En qué?”, preguntó Percival.
“Y no me interrumpan”, fue todo lo que respondió el mago. Al cabo de unos
momentos se suavizó su expresión un tanto gélida. “Sí, creo que dices la verdad.
Ahora el único problema es saber qué hacer con ella”.
 
“¿La verdad sobre el Grial?”, preguntó Galahad. “Claro que deseamos emprender
esa búsqueda”. Merlín lo miró con aprobación. “Me reconociste sin necesidad de
tontas presentaciones y ahora estás cerca de leerme la mente. Muy prometedor”,
dijo. Por su natural modestia, Galahad agachó los ojos esperando que Percival no
le envidiara ese halago inesperado.
“Su rey habló acertadamente”, dijo Merlín. “El Grial no es un objeto tras el
cual puedan cabalgar como en la cacería del zorro. No está hecho de oro o gemas
y, por lo tanto, de nada serviría acapararlo en secreto. Y poseerlo no confiere
la bendición de Dios, como tampoco no poseerlo”.
 
Percival, que se sentía cada vez más impaciente, finalmente interrumpió: “¿Cómo
puedes decir eso? El Grial debe conferir la bendición de Dios Merlín lo calló con
una mirada severa. “Mi querido zoquete, si todo este mundo es creación de Dios,
cómo podría una parte de él, por distante, pequeña o insignificante que fuera,
ser menos bendita que otra?”
“Pero el Grial existe, ¿no es así?”, preguntó Galahad. “El rey nos dijo que tú
lo proteges”.
 
Merlín asintió. “Protejo lo que no necesita protección, oriento la búsqueda que
no conduce a ninguna parte y, al final, estaré ahí cuando ustedes encuentren el
Grial, aunque no nos verán ni a él ni a mi”. Merlín se veía bastante alegre con
su adivinanza y calmadamente sopló una bocanada de humo como si el tabaco ya se
hubiera descubierto.
Percival se puso de pie súbitamente. “Bueno, si soy el zoquete aquí, permítanme
dejarlos”.
 
La actitud de Merlín se suavizó un poco. “Eres lo que eres, lo cual parece ser
suficientemente bueno a los ojos de Dios y suficientemente extraño en este mundo
sin esperanza”, murmuró. “Toma tu lugar, por favor”. Todavía algo disgustado,
Percival aceptó la cortés invitación.
“No he venido a esta hoguera por casualidad. Estoy aquí para guiarlos hasta el
Grial”, declaró Merlín. “Hay una regla imposible de desobedecer; cuando el alumno
está listo, el maestro aparece. Yo puedo enseñarles lo que desean saber. Mis
observaciones iniciales no fueron groseras ni místicas. Sólo deseo que despejen
sus mentes y se liberen de los sueños equivocados que puedan tener acerca del
objeto de su búsqueda”.
 
Con un movimiento de la mano, Merlín redujo el círculo de fuego a un resplandor
mortecino, de tal manera que era casi imposible distinguir sus rasgos a la luz
del rescoldo. Los dos caballeros lo veían como una sombra larga con una corona de
cabello blanco iluminado por la Luna.
“La búsqueda cuyo trofeo es el Grial no es una aventura de aquéllas que los
caballeros ignorantes anhelan emprender. Es una travesía interior, una aventura
de transformación. ¿Los dos han oído hablar de eso que llaman alquimia?”
Recortados como sombras contra una oscuridad todavía mayor, Percival y Galahad
asintieron. 
 
“La alquimia es el arte de la transformación”, continuó Merlín, “y sólo cuando
se han completado sus siete pasos es posible obtener el Grial”.
“¿Siete pasos?”, preguntó Percival. “Entonces, después de todo el Grial sí es de
oro, porque sé que los alquimistas...”
“Tonterías y basura. Sabes muy poco o nada sobre ese arte y, no obstante, lo has
practicado desde el día en que naciste”, replicó Merlín. 
 
“Cada bebé nace alquimista y después pierde su arte, sólo para recuperarlo
posteriormente”. Percival finalmente se dio cuenta de que el mago continuaría con
las adivinanzas si él insistía en dudar de su palabra; por lo tanto, optó
sabiamente por sentarse y escuchar.
“El más grande desperdicio en la existencia”, continuó Merlín, “es el
desperdicio del espíritu. Cada uno de ustedes los mortales vino al mundo para
buscar el Grial. Ninguno nace con más privilegios que los demás; el mago sabe que
todos han sido creados para llegar a la libertad y a la realización”.
 
“¿Acaso no soy libre ya?”, preguntó Percival.
“En el sentido más elemental, sí, puesto que no eres prisionero; pero me refiero
a una libertad más profunda: la capacidad para hacer cualquier cosa que desees
cuando lo desees”, replicó Merlín. “Y hay niveles todavía más profundos. 
 
Debes admitir que eres cautivo de tu pasado — tus recuerdos crean el
condicionamiento que literalmente maneja tu vida. Si estuvieras libre del pasado,
podrías entrar en un ámbito de posibilidades infinitas, y romper la barrera de lo
conocido en cada momento. El Grial es solamente la promesa visible de que esa
perfección existe. ¿Me comprendes?”
 
Ahora que había entrado en materia, el mago no esperó la señal de asentimiento.
“He dicho que en el camino hacia la libertad y la realización hay siete pasos de
alquimia. El primero comienza con el nacimiento, otros pocos se cumplen durante
la infancia, y los demás quedan en las manos de cada uno. Dentro del plan divino,
ustedes siempre están protegidos, pero a medida que crecen su voluntad y deseo
propio aumentan. 
 
Cuando nacieron eran lo suficientemente puros para tomar el Grial, pero
demasiado ignorantes para conocer su existencia. Como adultos conocen la meta,
pero ya han cerrado el camino para llegar a ella. La concesión del libre albedrío
fue lo que los llevó a perder el Grial, pero al mismo tiempo constituye el medio
para recuperarlo al final”.
Temiendo las constantes objeciones de Percival, Galahad se apresuró a
intervenir: “¿Querrías enseñarnos los siete pasos?” 
 
Merlín permitió que una sonrisa leve de reconocimiento se dibujara en sus labios
antes de acceder a la petición.
 

PRIMER PASO — LA INOCENCIA
 
“Ustedes nacieron en estado de inocencia. De todos los ingredientes empleados
por los alquimistas, éste es el más importante. Un recién nacido no cuestiona su
existencia; vive en la aceptación de sí mismo, en la confianza y el amor. No
escucha todavía la voz insistente de la duda.
 
“Al mirar los ojos de un bebé, vemos en ellos muy poca individualidad. La
pregunta de ¿Quién soy? carece de significado para el infante. Lo que brilla a
través de sus ojos es la consciencia misma, la fuente de toda sabiduría. El bebé
llega al mundo a partir de la fuente misma de la vida y se desprende de ella
gradualmente. Durante un tiempo, permanece inmerso en la eternidad. No tiene
noción del pasado o del futuro, sólo de un presente en desarrollo.
 
 Eso es lo que significa vivir en la eternidad, ¿porque qué es lo eterno sino el
momento presente que se renueva a sí mismo constantemente? 
 
El bebé ya disfruta de la promesa misma del Grial — la vida eterna — porque
vivir fuera del tiempo es el secreto de la inmortalidad”.
 
“Si eso es cierto”, dijo gravemente Galahad, “entonces, ¿porqué no somos todos
inmortales desde el nacimiento?”
“A causa de las semillas y las tendencias”, replicó Merlín. 
 
“Todos los bebés tienden a pasar del mundo eterno al mundo de las horas, los
días y los años, del silencio del mundo interior a la actividad del mundo
exterior, de la contemplación de sí mismos a la contemplación de todas las cosas
fascinantes que los rodean. Basta con observar a un recién nacido durante sus
primeras semanas de vida. Poco a poco fija su atención sobre este asombroso mundo
nuevo en el cual se encuentra. 
 
Y así comienza la alquimia, la transformación constante que se esconderá bajo
cada respiración durante los años por venir.
“Un bebé no es un ángel — su pureza dura poco. Por dentro, el bebé siente las
primeras punzadas de la ira y el temor, la desconfianza y la duda. A medida que
el bebé sale de su estado de inocencia, entra en un mundo más duro, de heridas y
golpes. Surgen deseos que no satisface inmediatamente; experimenta el dolor por
primera vez.
 
“Ustedes los mortales llaman a esto la pérdida de la gracia, pero se equivocan.
La gracia opera en cada paso de la existencia humana, aunque no lo reconozcan
debido a su limitada percepción”.
“¿En qué se parece esta triste historia a la alquimia?”, preguntó Percival,
roído todavía por la duda.
 
“En que a toda hora está en funcionamiento una magia oculta”, dijo Merlín. “El
bebé realmente no pierde su inocencia original a medida que crece. Lo que sucede
es algo todavía más misterioso. La inocencia permanece intacta en un estado de
pureza e integridad que ustedes sencillamente olvidan. 
 
Ahora viven en fragmentos. Para ustedes, el mundo es limitado; su identidad está
encerrada entre las experiencias individuales y los recuerdos acumulados.
“Al olvidar la unidad aparentemente perdieron de vista lo que son, pero eso es
una ilusión. Aunque no actúan o sienten como recién nacidos, la esencia
permanece. De hecho, la integridad no se puede fragmentar; la falsedad no puede
dañar a la verdad. La pérdida de la inocencia fue un suceso real que, al mismo
tiempo, carece de realidad. Las fuerzas de la alquimia operan detrás de lo que
ustedes pueden ver, oír o tocar”.
“¿Cómo puedo saber que la inocencia está realmente allí?” preguntó Galahad.
“Si deseas entrar en contacto con la inocencia que vive dentro de ti, toma nota
de las características del infante: está alerta, es curioso, se maravilla, está
seguro de que es deseado en esta tierra, siente que vive en la paz perfecta de la
eternidad. Todos los bebés sienten estas cosas”.
 
SEGUNDO PASO — EL NACIMIENTO DEL EGO
 
“El siguiente paso”, prosiguió Merlín, “anuncia la entrada en escena del ego, el
sentido del ‘yo’. Para que haya un ‘yo’ también debe existir un ‘tú’ o un
‘aquello’. 
 
El nacimiento del ego es el nacimiento de la dualidad. Marca el principio de los
contrarios y, por lo tanto, de la oposición. Aunque cada nuevo paso de la
alquimia hace tambalear al anterior y pone el mundo al revés, esta revolución es
quizás la más espantosa. 
 
¡Han dejado de ser dioses!
“Imaginen un ser que se siente omnipotente en su mundo. A donde quiera que mira
encuentra el reflejo de sí mismo. De pronto, comienza a ver a las personas y a
las cosas como creaciones separadas. 
 
Ninguno de ustedes recuerda este suceso aterrador porque ocurrió en la primera
infancia. Sin embargo, fue un cambio estremecedor, casi como un nuevo nacimiento.
Eran felices como dioses y nacieron a la mortalidad”.
“También fue un nacimiento al dolor”, dijo Percival. “¿Era absolutamente
necesario este paso?”
“Ah, claro que sí. Ya les dije, las semillas y las tendencias. Cuando la
curiosidad del bebé lo lleva a fijar su atención afuera de sí mismo, ¿qué es lo
que ve? Primero, el rostro de su madre. De acuerdo con el plan de la naturaleza,
el bebé responde automáticamente a su madre como a una fuente de amor y alimento.
Pero es una fuente externa a sí mismo. He ahí la trampa, porque por perfecto que
sea el amor materno, no es amor propio y, durante muchos años; ustedes suspirarán
por la pérdida del amor perfecto, sólo para darse cuenta de que el objeto de su
nostalgia es el amor por ustedes mismos antes de que los demás aparecieran en
escena.
 
“Al principio, no había separación. Cuando el bebé tocaba el seño de la madre, o
su cuna, o la pared, sentía que todas esas cosas eran una sola sensación continua
sin divisiones. Sin embargo, al poco tiempo todos los bebés se dan cuenta de que
hay algo más aparte de ellos mismos: el mundo exterior. 
 
El ego dice: ‘este soy yo, ése no soy yo’. Y gradualmente comienza a identificar
algunas cosas con su ‘yo’ — su mamá, sus juguetes, su hambre, su dolor, su cama.
Tan pronto como emergen las preferencias se perfila todo un mundo que no es “él”
— no es su mama, no son sus juguetes, y así sucesivamente.
“No puede recordar ese nacimiento, como tú lo llamas”, dijo Percival. “Pero si
lo que dices es cierto, entonces fue en ese momento cuando comenzó la búsqueda
del Grial. ¿Dónde más podría comenzar sino en la separación?”
 
“Si. Mientras ustedes los mortales se sentían divinos, no había necesidad de
salir a recuperar la bendición de Dios”, coincidió Merlín. “Pero en la separación
comenzaron a buscarse a sí mismos en los objetos y los sucesos. Perdieron la
capacidad de verse a sí mismos como la fuente verdadera de todo lo que es. Para
el bebé no era equivocado sentirse la fuente de la vida. Pero a medida que
comienza a explorar el mundo exterior y a fascinarse por sus objetos, liga su
felicidad a ellos. Esto es lo que denominamos referencia al objeto, la cual
reemplaza la autorreferencia presente en el bebé”.
“¿Y este paso no se pierde también a medida que el niño continúa avanzando?”,
preguntó Galahad.
“Nada se pierde nunca. 
 
El nacimiento del ego dio lugar a aspectos que todavía pueden percibir en
ustedes mismos: el temor al abandono, la necesidad de aprobación, la necesidad de
poseer, la angustia ante la separación, la preocupación por sí mismos, la
autocompasión. 
 
Desarrollaron adicción por el mundo y continúan siendo adictos, porque ya no
pudieron sentir la plenitud de la misma manera simple como la siente
un bebé. Pero no se desesperen, porque bajo esos cambios había una fuerza más
profunda en funcionamiento”.
(cont.)
"El Sendero del Mago"- Deepak Chopra.
*<>*
Para descargar de Internet: Biblioteca Nueva Era
Rosario - Argentina
Adherida al Directorio Promineo
FWD:   www.promineo.gq.nu
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¡Gozándome en la eternidad, danzando en una brizna de hierba al viento!
*<>*
Un gran abrazo del Alma!
Con A*mor!
Rev. Lic. Alicia Bahlila Petkiewicz Brooks.
Centro A*MOR
CONCIENCIAMOR-suscribe@...
 
 



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