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Asunto:[GAP] La Red Hartman
Fecha:Lunes, 19 de Julio, 2004  14:30:12 (-0500)
Autor:Ricardo Ocampo <redanahuak @...............mx>

From: Leonel Lechuga <leo777@...> 
Date: Mon, 19 Jul 2004 11:16:03 -0500 
 
LA RED HARTMANN  
 
Lo primero que se aprende al iniciarse en la radiestesia es que todos los 
cuerpos emiten unas ondas o radiaciones que el instrumento radiestésico 
traduce mediante una serie de movimientos. Los radiestesistas, en su afán 
por catalogar cuanto se ponía bajo su péndulo o varilla, fueron clasificando 
todos los cuerpos según sus radiaciones, llegando al extremo de afirmar que 
cada persona, enfermedad, medicamento u objeto, emite ondas particulares. No 
es de extrañar, entonces, que intentaran hallar la radiación de cualquier 
anomalía detectada en uno u otro lugar. Así fue como percibieron reacciones 
con sus instrumentos en el emplazamiento de las camas de algunos enfermos, y 
comprobaron que al hacerles desplazar la misma, o cambiar de habitación, se 
conseguían abundantes casos de mejoría y curación. Las radiaciones causantes 
de dichas perturbaciones fueron llamadas "ondas nocivas". 
 
Los primeros en hablar del tema fueron los franceses; entre otros muchos 
cabe señalar al abate Mermet, A. Bovis, J. Martial, Chaumery, A. de Bélizal, 
L. Turenne y Enel. En Alemania, destacaron Kritzinguer y Gotsche primero, y 
luego Von Pohl, cuya obra "Erdstrahlen als Krankheitserreger" (Los rayos 
terrestres como causa de las enfermedades), publicada en 1932, encontró 
amplio eco en todos los países. 
 
Las primeras observaciones científicas sobre las influencias nocivas de los 
suelos de las habitaciones, y las perturbaciones que provocan, se atribuyen 
a un sabio inglés, el doctor Haviland, quien a finales del siglo pasado 
presentó varios de sus trabajos a la Sociedad de Medicina de Londres. Apenas 
le hicieron caso.   
 
En el periodo de entreguerras, un ingeniero francés apasionado por la 
radiestesia, Henri Mager, percibió la existencia de un determinado tipo de 
radiación en el suelo de algunos terrenos. Constató que formaban como una 
"red" de mallas relativamente regulares y que su máxima intensidad se 
centraba en los puntos de intersección de las líneas de la red. Mager limitó 
sus investigaciones a determinados lugares: suelos muy mineralizados, 
arcillosos o que presentaban excesos de agua. Fue el doctor Peyré, un médico 
del municipio francés Bagnoles-de-L'Orne, apasionado por la radiestesia, 
quien enunció la hipótesis según la cual esa cuadrícula energética 
circundaba todo el planeta: 
Se trata de una radiación norte-sur, aparentemente magnética y causada por 
el magnetismo terrestre, y una radiación este-oeste, perpendicular a la 
primera y de apariencia eléctrica. Son radiaciones rectilíneas, por lo que 
no pueden ser debidas a distintas influencias telúricas, como la composición 
del suelo o a presencia en el subsuelo de fallas o corrientes de agua 
subterráneas, que son siempre sinuosas y surcan la corteza terrestre 
siguiendo un recorrido variable, en función de los accidentes del suelo. 
(Esas nuevas radiaciones) cubren nuestra esfera de una red que marca zonas 
cuadradas neutras, compartimentando el suelo y elevándose en la atmósfera, 
entrecruzándose en dirección norte-sur y este-oeste... 
 
Payré efectuó todas las comprobaciones necesarias, llegando incluso a 
organizar un crucero, para demostrar la validez de su teoría sea cual fuere 
la longitud y la latitud del lugar. En un experimento público efectuado el 
25 de abril de 1937, demostró que en los puntos de intersección de las 
líneas de la red que había detectado, los vegetales se comportaban 
anormalmente.   
 
Peyré realizó idénticas constataciones en los hombres y los animales; 
sospechó que hay una relación entre la radiación y el desarrollo de ciertos 
tipos de cáncer. En Auteuil, fue enviado a una edificio en el que había dos 
casos de cáncer, en dos viviendas diferentes del primer piso. Dió 
exactamente sobre la mitad de una cama en la que había habido un caso de 
cáncer abdominal, y en la cabecera de otra cama donde había fallecido una 
persona afectada de una cáncer en la garganta. Para verlo, bastó con 
prolongar las líneas norte-sur y oeste-este situadas en el exterior del 
edificio.   
 
El doctor Peyré hizo escuela, aunque sus sucesores fueron a veces injustos 
con él. Sus conclusiones fueron incompletas y no siempre formuló las cosas 
con el adecuado vocabulario científico, no obstante puede ser considerarlo 
uno de los principales precursores de la geobiología moderna. 
 
Sin embargo, el verdadero emprendedor de las investigaciones sobre esta red 
de energía fue un médico alemán, el doctor Ernst Hartmann. El Dr. Hartmann 
laboró por más de diez años en el estudio de las influencias del medio 
ambiente en el hombre, principalmente las del subsuelo. En 1935, tras 
numerosas experiencias efectuadas en la ciudad en la que ejercía, llegó a la 
conclusión de que la salud física y mental de una persona depende del lugar 
en el que vive, duerme y ejerce su actividad. Junto con un equipo de físicos 
y médicos, y tras numerosos experimentos, concluyó que "la tierra está 
recubierta por una red global de ondas fijas que parecen ser producidas por 
una radiación terrestre que proviene del interior del planeta y que se 
ordena en forma de retícula al atravesar las capas de la corteza 
terrestre"(1). El Dr. Hartmann y su equipo midieron la resistencia del 
cuerpo humano y las variaciones que ésta experimentaba al desplazarse una 
persona dentro del área estudiada. Se encontraron así puntos donde se 
registraban alteraciones bruscas en las mediciones. Al marcar estos puntos 
sobre un plano, vieron que estos conformaban una especie de cuadrícula o 
retícula, es decir, constituían los puntos de intersección de unas 
hipotéticas líneas de fuerza o energía, dispuestas en forma de malla o red. 
La existencia de estas líneas ha sido corroborada por posteriores 
investigaciones e investigadores (médicos y físicos como Pollak, Cody, 
Curry, Koenig, Varga, el ruso Dubrov y el italiano Drigo), recibiendo el 
nombre Líneas Hartmann. La malla conformada por estas líneas sobre la 
superficie terrestre se ha denominado Red Hartmann o Red H. 
 
El arquitecto Rémi Alexandre la definió como una cuadrícula de radiaciones o 
zonas de perturbaciones cosmotelúricas, como una inmensa telaraña tejida a 
escala de todo el planeta. 
De hecho, esa extensa red estaría compuesta de varias rejillas que se 
superponen e interfieren. Podría decirse que todas forman una rejilla global 
biológicamente activa. El doctor Hartmann constató que esa "rejilla" global 
constituye un vasto conjunto de "paredes invisibles", como una red o una 
cuadrícula de dimensiones supuestamente fijas. Dispuesto sobre el suelo, se 
le encontraría elevado en toda la biosfera. 
 
Las líneas Hartmann se pueden concebir como paredes de energía sutil 
emanando del subsuelo y extendiéndose verticalmente hasta una altura de 
2,000 metros. Esta red se puede detectar en todas partes, tanto en terreno 
llano como en la montaña, en el agua, en el exterior y en el interior de las 
viviendas. Si éstas son de varias plantas, está verticalmente presente en 
los mismos lugares de cada nivel. Estas líneas o bandas se orientan en 
función de los polos geomagnéticos; corren paralelamente en direcciones 
norte-sur y este-oeste. Su intensidad y densidad son muy variables, 
dependiendo de innumerables factores como son la hora del día y los cambios 
atmosféricos. No obstante se establece una constante de unos 21 cm de 
espesor y su disposición paralela a intervalos de 2.5 m en las orientadas 
norte-sur y de unos 2 m en las orientadas este-oeste. Se les ha llamado 
también "Constantes Vitales Terrestres", pues su armonía o distorciones nos 
muestran el grado de equilibrio o de desequilibrio de un lugar o sus 
alteraciones en un determinado momento. Por ejemplo, el espesor de las 
líneas puede ir de 21 a 80 cm durante un eclipse solar o hasta 120 cm 
durante un movimiento sísmico. 
 
Tampoco hay que imaginarse la red Hartmann como una trama geométrica que se 
proyecta en mallas regulares sobre la superficie del planeta. Su trazado 
tiene multiples ondulaciones, contracciones, accidentes diversos e incluso 
interrupciones puntuales. Con lo que se compara mejor es con una red o una 
rejilla.   
 
Esta trama delimita tres zonas de distinta irradiación: 
 
Las "paredes" en longitud. Su intensidad es demasiado débil para molestar al 
hombre. De todos modos, a veces la información radiestésica pone de 
manifiesto una actividad nociva en su vertical, procedente de una 
interferencia entre las asimetrías del subsuelo y de la red H propiamente 
dicha.   
Una zona neutra. Es la parte delimitada por las "paredes de la cuadrícula". 
En su interior se encuentran más armonizadas las constantes biológicas del 
individuo; se puede decir que es un área particularmente benéfica, donde se 
pueden recuperar las energías perdidas. 
Los cruces Hartmann. Son las intersecciones de las líneas de fuerza de la 
red, que forman cuadros de 21 cm de lado, donde la energía es más intensa, 
se hace notoria y perjudicial. 
 
Los geobiólogos actuales califican esos cruces Hartmann de "puntos 
geopatógenos". Consideran que cuando influyen prolongadamente sobre un 
organismo, ya sea vegetal, animal o humano, pueden favorecer la aparición o 
evolución de enfermedades. Un cáncer o una depresión nerviosa profunda no se 
generan sentándose un par de horas en un lugar así; a veces deben pasar 
varios meses o años, para que se manifiesten trastornos, enfermedades 
crónicas o afecciones agudas. Eso se produce principalmente cuando el punto 
geopatógeno corresponde al emplazamiento de una cama o de un puesto fijo, de 
un trabajo, por ejemplo. Añadamos que los cruces Hartmann no son 
obligatoriamente generadores de enfermedades o nocivos, sino que pueden 
serlo en determinadas condiciones; específicamente cuando dichos cruces 
coinciden con venas de agua subterráneas, fallas geológicas o algún otro 
tipo de perturbación subterránea. En estos casos, es cuando los efectos son 
más notorios y perjudiciales. 
 
Dado que la red Hartmann es una cuadrícula que se extiende sobre la 
superficie habitable en rectángulos de 2 x 2.5 metros, más o menos 
regulares, es inevitable que en un dormitorio haya uno o más cruces H. Es 
absolutamente imprescindible evitar que la cama se encuentre en la vertical 
de uno de ellos. Desde hace unos veinte años, el Instituto Suizo de 
Investigaciones de Geobiología de Chardonne, dirigido por Blanche Merz, 
realiza estudios médicos sobre las nocividades relacionadas con los cruces 
Hartmann y otras aberraciones telúricas. Han encontrado que, en la mayor 
parte de los casos, basta con desplazar la cama de los enfermos para 
constatar una mejora de su estado, iniciándose un proceso de curación. 
 
En un cruce de líneas Hartmann, sobre una zona geopatógena debida, por 
ejemplo, al paso de dos corrientes de agua subterránea que se cruzan, se 
observan alteraciones en la emisión de radiación gamma e infrarroja. Estas 
radiaciones de alta frecuencia se vuelven muy agresivas para el ser humano, 
cuando se dan también perturbaciones metereológicas, produciendo grandes 
variaciones de las constantes vitales del individuo, que se traducen en 
excitación e irritación contínua de sus células nerviosas. 
 
Una de las hipótesis de trabajo sobre la red H establece que estas líneas de 
fuerza o energía transportan o disipan de alguna manera los excesos 
energéticos terrestres, ya sean éstos de origen natural o artificial (como 
el caso de los transformadores y líneas de alta tensión, etc.). Las pruebas 
que apoyan esta hipótesis se encuentran en las mediciones efectuadas en 
presencia de fuerte contaminación electromagnética artificial. Se observa 
allí que la estructura de la red H se condensa, apareciendo con separaciones 
de tan sólo 1.5 m e incluso menos. 
 
La detección de la red Hartmann requiere de cierto entrenamiento, así como 
un concepto claro de lo que se busca. Como ya se explicó, estas redes tan 
solo son nocivas en la medida que se superponen a otras anomalías telúricas 
mucho más fácilmente detectables. Los sistemas electrónicos empleados en el 
laboratorio para su detección, como los georritmogramas, medición de 
radiación, receptores de onda corta adaptados, etc., no son de fácil 
aplicación y su uso, aparte de su complejidad, requiere muchas horas de 
trabajo. Pero el propio doctor Hartmann ideó un sencillo instrumento que 
recibe el nombre de varilla Hartmann o lóbulo antena. Con su empleo 
adecuado, permite una detección clara y precisa de la red en pocos minutos. 
 
Como escribe el arquitecto y geobiólogo J-C. Favre, además de evitar 
perturbaciones nocivas de la red H, se trata también de sacar el máximo 
provecho de su energía al emprender una construcción:Ninguna arquitectura 
tradicional desprecia la importancia del telurismo en una práctica 
constructiva natural. La casa se asienta sobre un lugar conciliando las 
cualidades energéticas y sensibles del suelo. La vivienda tradicional, 
orientada según los puntos cardinales, no perturba la red. Siguiendo ese 
ejemplo, se intentará situar el edificio de acuerdo con las fuerzas vivas de 
la Tierra. Los efectos de la red H no deben considerarse algo irremediable, 
pues una práctica arquitectónica de calidad los tendrá en cuenta para sacar 
el máximo provecho. 
De la obra "Arte de Proyectar en Arquitectura", de Ernst Neufert, en la 
sección "Biología en la Construcción", extraemos lo siguiente: 
 
Según Palm (colaborador de Hartmann), la mencionada retícula global de 
aproximadamente 2 x 2.5 m corresponde a una línea de semidistancias. La 
verdadera retícula estaría formada, en tal caso, por una retícula global con 
una distancia entre ejes de 4 a 5 m en dirección Norte-Sur y de 5 a 6 m en 
dirección Este-Oeste, en línea recta alrededor de todo nuestro planeta. 
Cada 7ma franja de la retícula, denominada de 2do orden, produce un efecto 
varias veces superior, o sea, con separaciones de 28 a 35 m y 35 a 42 m. 
Cada 7ma franja de 2do orden, es decir, con separaciones de 7 x 35 o 7 x 42, 
lo que significa aproximadamente 250 x 300 m de distancia, se determina como 
zona de perturbación aún mayor = 3er orden. También aquí los puntos de 
intersección (cruces) son considerados más graves. 
 
Según la misma fuente, en Europa se observan variaciones de la citada norma 
de hasta 15º en dirección Norte-Sur y Este-Oeste. Parece ser que los 
americanos han detectado dichas franjas con retículas muy sensibles tomadas 
desde una altura de varios miles de metros. 
Además, se supone que también los diagonales formen su propia retícula 
global en dirección Noreste- Suroeste y Noroeste-Sureste, igualmente en 
períodos de siete, con efectos de aproximadamente el 25%... 
 
... del mismo modo a lo que ocurre con las radiaciones, se produce una 
refracción en el cambio de medio tierra-aire, es decir, en la superficie 
terrestre, de resultante vertical. Otras de estas refracciones tienen lugar 
al atravesar los forjados en edificios de varias plantas, como fue 
comprobado por Endros en sus experimentos con maquetas... 
 
... Los perjuicios fundamentales que ocasionan tales zonas de perturbación 
son de carácter desvitalizante, y van desde la astemia, trastornos 
cardíacos, renales, vasculares, respiratorios, gástricos o metabólicos, 
hasta dolencias crónicas graves como el cáncer... 
 
... Parece que en locales de proporción áurea no existen perturbaciones 
(relación: altura 3m, anchura 4m, longitud 5m). Las casas de planta circular 
o hexagonal son favorables en este sentido. 
A través de los años se han descubierto otras redes de energía sutil, pero 
no se han detectado influencias notorias y no han sido investigadas con 
detalle, salvo las líneas Curry. Estas líneas de energía fueron llamadas así 
en honor a su descubridor, el Dr. Manfred Curry. Esta red se despliega 
globalmente de manera similar a la red Hartmann, pero diagonalmente con 
respecto a los puntos cardinales. La separación entre las líneas Curry de 
orientación Noreste-Suroeste oscila cerca de lo 8 metros; y entre las líneas 
Sureste-Noroeste es de 6 metros. El grosor aproximado es de 40 cm. 
 
Algunos especialistas sostienen la hipótesis de que esta red se forma como 
consecuencia del efecto dínamo dipolar y toroidal, que se establece por la 
rotación constante del planeta Tierra y la generación de fuertes campos 
energéticos debidos a la fricción y resistencia entre la corteza terrestre y 
el núcleo o magma del planeta. 
 
En la práctica, la importancia de éstas líneas sobre la salud sólo se 
detecta en la vertical de los cruces Curry y, sobre todo, cuando éstos se 
encuentran superpuestos a alteraciones telúricas y/o cruces Hartmann. 
 
Como nota de interés, los geobiólogos suizos y alemanes han demostrado que 
la presencia de un automóvil detenido perturba gravemente a la red H. Al 
formar una antena con su masa ferromagnética, un automóvil potencia de la 
misma manera todas las vibraciones procedentes del subsuelo. Por lo tanto, 
es aconsejable evitar la construcción de un garage o lugar de 
estacionamiento sobre un cruce Hartmann potenciado por la presencia de 
anomalías subterráneas como venas de agua, fallas o alguna canalización 
importante en el subsuelo. Es preferible construir el estacionamiento un 
poco alejado de la vivienda. Esta precaución es aplicable a cualquier lugar 
donde existan masas metálicas considerables, como el caso de los talleres. 
Habrá que evitar, de ser posible, el instalar dormitorios, y mucho menos 
camas, en la vertical de lugares como éstos. 
------------------------------------------------------------------------ 
(1) "Arte de Proyectar en Arquitectura" - Ernst Neufert - página 29 - 
Editorial Gustavo Gili, S.A. - Barcelona 1983. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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