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Asunto:[GAP] Texto-testimonio en homenaje al Presidente Allende a 31 a ños de su muerte (11-S-73)
Fecha:Viernes, 10 de Septiembre, 2004  21:25:47 (-0500)
Autor:Ricardo Ocampo <redanahuak @...............mx>

From: Altercom <redaccion@...> 
Reply-To: Altercom <redaccion@...> 
Date: Sat, 11 Sep 2004 03:11:14 +0200 (CEST) 
Subject: [ALTERCOM] Texto-testimonio en homenaje al Presidente Allende a 31 
años de su muerte (11-S-73) 
    
 
 31 años de su caída 
  
 LA MUERTE DE ALLENDE FUE UN ACTO DE COMBATE 
  
     ULISES ESTRADA LESCAILLE, REVISTA TRICONTINENTAL* <#auteur612> 
 
A los cobardes que después de la acción más heroica que haya emprendido 
presidente latinoamericano alguno, tratan de desmeritarlo, 30 años después 
les digo que para nosotros Allende murió en combate y que si hubo suicidio, 
este no fue más que su último acto como combatiente. 
 
"DEFENDERÉ CON MI VIDA LA AUTORIDAD QUE EL PUEBLO ME ENTREGÓ", fueron las 
palabras del compañero Presidente Salvador Allende al pueblo de Chile en su 
última alocución, mientras La Moneda era atacada por los militares fascistas 
el 11 de Septiembre de 1973, hace 30 años. 
 
La Habana (Cuba) - 11 de septiembre de 2004 
 
Un año antes, el 13 de diciembre de 1972, ante el pueblo de Cuba que lo 
escuchaba en la Plaza de la Revolución José Martí de La Habana, había 
adelantado aquel juramento al afirmar que defendería con su vida el legado 
que el pueblo chileno le había entregado en las elecciones presidenciales de 
1970.  
 
Y cumplió su promesa. De su cuerpo solo pudieron arrancar la banda 
presidencial luego de muerto y solo muerto salió de La Moneda. 
 
Los golpistas han tratado de presentar su muerte como consecuencia de un 
suicidio.  
 
Pero jamás reconocieron que, acosado por fuego de artillería, tanques y 
bombardeo aéreo, aquel gran revolucionario resistió con valentía y heroísmo 
más de seis horas la embestida de los émulos de Adolfo Hitler, liderados por 
el fascista mayor y traidor Augusto Pinochet. 
 
Todavía hoy sus enemigos pretenden disminuir el heroísmo de Allende. Y no 
solo los de antaño promueven esta tesis. El diario La Tercera, el cual ha 
venido reportando el intenso debate entre las diferentes fuerzas políticas 
del país en torno al homenaje a Allende en el 30 Aniversario de su muerte en 
combate, hizo referencia a los dos presidentes "suicidas": José Manuel 
Balmaceda y Salvador Allende. 
 
Treinta años después se repite la manipulación de los hechos por omisión, 
una maniobra denunciada muy tempranamente por el Comandante en Jefe Fidel 
Castro, quien en un discurso en La Habana, el 28 de septiembre de 1973, en 
solidaridad con el pueblo chileno y homenaje póstumo al doctor Salvador 
Allende, luego de conocer la versión que teníamos entonces sobre los 
acontecimientos ocurridos en La Moneda, advertía que "Los fascistas han 
tratado de ocultar al pueblo de Chile y al mundo este comportamiento 
extraordinariamente heroico del presidente Allende. Para ello han tratado de 
enfatizar la versión del suicidio. Pero si incluso, Allende, herido grave, 
para no caer prisionero del enemigo hubiese disparado contra sí mismo, 
(anoto en esto la referencia de uno de los jefes militares del Golpe que 
dijo que Allende había sido herido por un capitán), ese no sería un demérito 
sino que habría constituido un gesto de extraordinario valor." 
 
Y continuaba Fidel en su análisis de aquellos tristes sucesos: "Calixto 
García, una de las figuras más gloriosas de nuestra historia, cayó 
prisionero del enemigo. Y cuando a la madre le informaban que su hijo estaba 
prisionero, ella dijo: ¡ese no puede ser mi hijo! Pero cuando le dijeron que 
antes de caer prisionero se disparó un tiro para privarse de la vida, ella 
dijo: ¡ah, entonces sí, ese es mi hijo!" A los cobardes que después de la 
acción más heroica que haya emprendido presidente latinoamericano alguno, 
tratan de desmeritarlo, 30 años después les digo que para nosotros Allende 
murió en combate y que si hubo suicidio, este no fue mas que su último acto 
como combatiente.  
 
Porque, ¿cual era la alternativa? ¿qué le ofrecían Pinochet y sus esbirros 
al presidente elegido por el 36,4 por ciento de los votos contra sus dos 
adversarios del Partido Nacional y la Democracia Cristiana y legitimado por 
el Congreso? Le ofrecían un avión para que saliera del país con sus 
familiares más allegados, lo cual significaba el abandono de su sagrado 
compromiso con el pueblo. Y ello al margen de la hoy más que probada 
intención de Pinochet de derribar ese avión en pleno vuelo. 
 
La decisión de Allende de resistir hasta el final, cuando ya La Moneda 
estaba semidestruida por el fuego de los tanques y luego por la aviación, 
sea cual fuese la forma en que murió, acredita que fue en combate y dejando 
un legado para la historia de América Latina que las juventudes actuales y 
futuras deben recordar. 
 
El camino hacia la victoria revolucionaria está plagado de obstáculos y 
cuando el enemigo con su poderío nos ocasiona una derrota, la historia exige 
que los seguidores sean capaces de mantener el rumbo. Como dijera el Che, y 
cito: que otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres 
se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y 
nuevos gritos de guerra y de victoria. 
 
Un Presidente Popular que incomodaba a los poderosos 
 
Salvador Allende nació en Valparaíso el 26 de junio de 1908 y mostró dotes 
de líder desde muy joven como presidente del Centro de Alumnos de Medicina, 
vicepresidente de la Federación de Estudiantes de Chile y miembro del 
Consejo Universitario, a tal punto que fue expulsado de la Universidad 
durante el gobierno de Ibáñez por las luchas estudiantiles que 
protagonizaba.  
 
Encarcelado en 1932 al ser derrocada la breve República de Marmaduke Grove, 
en ese propio año funda junto a Grove el Partido Socialista y es designado 
un año después secretario general de esta organización política, volviendo a 
prisión en 1935. Elegido posteriormente como Diputado ante el Congreso de la 
República, renuncia en 1939 para asumir la Cartera de Salubridad del 
gobierno del Frente del Pueblo. 
 
Ya en 1942 Allende asume la Secretaría General del Partido Socialista de 
Chile y es elegido senador de la República, para diez años después aspirar 
por vez primera a la presidencia de la República por el Frente del Pueblo. 
Como senador, en 1954 es elegido vicepresidente de esa alta cámara y vuelve 
a presentarse dos veces (1958 y 1964) como candidato a la presidencia, 
perdiendo las elecciones en el primer caso frente a Jorge Alessandri, y 
luego contra Eduardo Frei, aunque en la ultima ocasión obtendría un millón 
de votos. En 1966 ya es designado presidente del Senado y ese mismo año 
participa en la I Conferencia Tricontinental celebrada en La Habana. 
 
Al morir el Che y ser detenidos en Iquique tres cubanos sobrevivientes de su 
gesta histórica, Allende intrcede para que los trasladen a Santigo y viaje 
con ellos a Tahití donde los entrega al Embajador cubanos en Francia, 
Baudilio Castellanos. Siendo senador en 1969, se crea la Unidad Popular 
integrada por comunistas, socialistas, el MAPU, el social demócrata PADENA, 
el Partido Radical y Acción Popular Independiente (luego pasaron a la 
oposición), quienes lo proclaman su candidato a la presidencia. 
 
Triunfa en las elecciones frente a Radomiro Tomic (DC) y Jorge Alesandri 
(PN) y el 4 de noviembre de 1970 asume la máxima magistratura del país.Estos 
son breves antecedentes de la vida política del mártir de La Moneda. 
 
¿Por qué se opusieron la derecha política y la oligarquía chilena a la 
victoria electoral de Allende? ¿Por qué se opuso el gobierno de Washington a 
través de su agencia de espionaje y subversión, la CIA? ¿Por qué se 
opusieron consorcios norteamericanos, entre ellos como más destacado, la 
ITT?  
 
Ya desde 1964, previendo una posible victoria electoral de Allende, el 
entonces Secretario de Estado Dean Rusk en carta enviada a la Casa Blanca 
señaló: "Estamos haciendo nuestro mayor esfuerzo encubierto para reducir la 
oportunidad de que Chile sea el primer país americano en elegir como 
Presidente a un marxista declarado" En ese mismo año la CIA entregó tres 
millones de dólares a Eduardo Frei Montalva en apoyo a su campaña 
presidencial contra Allende. 
 
La primera acción terrorista contra Allende como presidente electo se 
produce poco menos de un mes antes de su toma del poder, cuando un grupo 
fascista trata de secuestrar al jefe del Ejército, General René Schneider, 
el 22 de octubre de 1970 con el objetivo de crear inestabilidad en el país y 
las Fuerzas Armadas para evitar que el Congreso ratificara a Allende como 
presidente. Schneider muere en el complot y entonces se pone en marcha un 
plan de Eduardo Frei Montalva: unir los votos de la Democracia Cristiana y 
el Partido Nacional en el Congreso para elegir a Alessandri y luego promover 
un nuevo llamado a elecciones en las que Frei resultaría vencedor. Para Frei 
Montalva, era inadmisible que el país fuese gobernado por un presidente 
marxista. Y aunque Alessandri se opuso a esta alternativa por haber 
declarado públicamente que quien ganara por un voto de diferencia sería el 
vencedor, la mayoría de la derecha apoyó las posiciones antimarxistas d e 
Frei.  
 
¿Qué medidas adoptó el gobierno de Allende desde sus inicios que concitaron 
esa actitud en sus adversarios? Todas fueron de carácter popular. Y en todas 
respetó las leyes establecidas por la burguesía y les concedió un papel 
políticamente beligerante a las Fuerzas Armadas. 
 
A solo una semana de su toma de posesión, Allende dictó varios decretos 
encaminados a reducir el alza del costo de la vida en beneficio, 
principalmente, de la gran masa desposeída que había sido tan explotada y 
puso, además, en libertad a todos los presos y detenidos por razones 
políticas que existían en el país. 
 
Pero las medidas determinantes fueron sin dudas la decisión de nacionalizar 
entre otros las industrias del carbón, la salitrera y el cobre, sin 
indemnizar a los propietarios de las empresas Anaconda y Kennecot, con lo 
cual se enfrentó a los poderosos intereses norteamericanos en el país, 
presentando una reclamación el gobierno de los Estados Unidos e América. 
 
Esas nacionalizaciones incluyeron los bienes de la ITT, un consorcio 
norteamericano de materiales ferrosos, la industria textil y otras menores y 
una parte importante de la banca, incluyendo nueve bancos estdounidenses. 
Pero además, la Unidad Popular decretó la reforma agraria para quienes 
poseyeran más de 80 hectáreas de tierra, estableció el monopolio estatal 
para las ventas del cobre; intervino a la agencia automovilística Ford por 
medidas arbitrarias tomaas contra sus trabajadores, puso bajo control el 
movimiento de las divisas, y tomó medidas para el mejoramiento del sistema 
de salud y la atención a la población, entre muchas otras acciones que 
favorecían a la población y contribuían a garantizar la soberanía e 
independencia económica del país. No sobra recordar que todas estas medidas 
se basaban en la Constitución, en leyes existentes desde el gobierno de 
Mamaduke Grover a finales de la década del 30 e incluso algunas del gobierno 
de Frei Montalva. No hubo, por lo tanto, acción inconstitucional alguna. 
 
Allende además, luchó por la unidad de la izquierda, algunas de cuyas 
fuerzas lo presionaban constantemente, exigiendo de él medidas más drásticas 
o como decían algunos: más revolución; sin tener en cuenta que Allende solo 
podía No puedo dejar de decir que la propia división de la izquierda impidió 
una unidad monolítica del pueblo al lado de su gobierno revolucionario en 
los momentos cruciales. Muchas veces hablamos con diferentes dirigentes de 
izquierda para hacerles comprender que sin la unidad de las fuerzas 
revolucionarias junto al pueblo no podría consolidarse una Revolución 
verdadera.  
 
En cuanto a la derecha, el presidente constitucional de Chile trató de 
dialogar, principalmente con la Democracia Cristiana, pero no pudo lograr 
acuerdo alguno debido a las exigencias y ataques de aquellos grupos 
políticos, liderados por la Democracia Cristiana, junto al Partido Nacional, 
Renovación Nacional, Unión Democrática Independiente, el PIR y Patria y 
Libertad, que ponían en entredicho la autoridad presidencial y en la 
práctica terminaron siendo los principales promotores del Golpe. De ellos 
nació el acuerdo aprobado en el Congreso el 22 de agosto del año 73 acusando 
a Allende de graves y reiteradas violaciones de los derechos humanos y la 
exigencia de un plebiscito. 
 
Y aunque en varias ocasiones Allende habló del Golpe de Estado que sabía se 
estaba gestando, también mantuvo el diálogo con las Fuerzas Armadas. Más de 
diez altos jefes militares fueron ministros de su Gabinete en diferentes 
periodos: entre ellos el Jefe de Carabineros General, José María Sepúlveda 
en el Ministerio de Tierras; el comandante en jefe de la Fuerza Aérea, César 
Ruíz Danyau en el ministerio de Obras Públicas y Transporte y el Comandante 
en Jefe del Ejército, Carlos Prats, en el Ministerio del Interior, cargo en 
el que por orden constitucional sustituía al Presidente en su ausencia. 
 
Los últimos militares designados en estas posiciones lo fueron el 27 de 
agosto de 1973, catorce días antes del Golpe de Estado. Es decir que, 
conociendo Allende que había una conspiración militar en juego, mantuvo su 
confianza en las Fuerzas Armadas como institución constitucional, y ni 
siquiera eso impidió que los fascistas ejecutaran su traidora asonada. 
 
Desde octubre de 1972, los militares, principalmente miembros de la Fuerza 
Aérea, salían a las calles y, amparándose en la Ley de Control de Armas, 
cerraban vías, detenían automóviles, hacían registros, detenciones 
arbitrarias y generaban un estado general de intranquilidad en la población, 
con irrespeto incluso de los autos diplomáticos, muchos de los cuales fueron 
detenidos y registrados, exceptuando los de la Embajada de Cuba, pues jamás 
permitimos tal humillación. 
 
Recuerdo que el 8 de septiembre de 1973, celebrábamos el cumpleaños de 
Beatriz Allende en las afueras de Santiago, cuando los militares 
establecieron un cierre en la vía por donde debíamos para en camino hacia el 
centro de la capital. Con el Presidente y Beatriz se encontraban dirigentes 
del Partido Socialista, algunos ministros y cinco cubanos amigos de la 
familia. Allí estuvo el general Prats reunido con Allende en privado, 
suponemos que tratando la difícil situación en las Fuerzas Armadas luego de 
la renuncia de Prats a la jefatura del Ejército El ambiente era de 
escepticismo por la posibilidad de un golpe de estado. Pero al retirarse 
Prats, el Presidente saludó a los asistentes, conversó con algunos y se 
dispuso a jugar ajedrez, con aspecto sereno, tranquilo. 
 
De regreso a la ciudad, Juan Carretero, entonces consejero de la embajada 
cubana, mi esposa y yo, salimos dispuestos a no dejarnos registrar. Al 
identificarnos como de la Embajada de Cuba nos dejaron pasar. 
 
Acciones contra el pueblo. Golpe en marcha 
 
En su política represiva, los militares asaltaron la fábrica SUMAR, hicieron 
detenciones, vejaron a los trabajadores, registraron un cementerio e incluso 
abrieron tumbas. Allende ordenó que estos operativos cesaran, mientras que 
los partidos Socialista y Comunista presentaban una protesta pública, pero 
los militares fascistas que dirigían a los soldados hicieron caso omiso de 
la orden presidencial. Evidentemente, pensábamos los cubanos, las 
condiciones para el Golpe de Estado se estaban creando aceleradamente. 
 
No es ocioso recordar en este punto que cuando visitó Chile en 1971 y luego 
de presenciar manifestaciones callejeras de la derecha y conocer de cerca 
las campañas contra Allende y las acciones terroristas, Fidel Castro dijo 
que había visito en Chile "los comienzos del fascismo." En marzo de 1972, el 
periodista Jack Anderson del Washington Post había revelado documentos que 
mostraban el papel de la Internacional Telephone and Telegraph (ITT), 
instigando a un levantamiento militar para que Allende no pudiera ascender 
al poder en 1970 y que posteriormente continuó trabajando con la derecha 
política y algunos militares para derrocarlo. Estas acciones sucias 
contaron, por supuesto, con la participación activa y entusiasta de la CIA. 
 
Mientras tanto, el gobierno de la Unidad Popular -que finalmente quedó 
integrado por los Partidos Socialista, Comunista, MAPU, Obrero Campesino, 
Partido Radical e Izquierda Cristiana- era constantemente atacado por la 
derecha y sus medios, por sus relaciones con Cuba en lo que llamaron la 
penetración cubana en ese proceso. Aun así, grupos empresariales mostraban 
interés en negociar con Cuba, entre ellos la organización derechista SOFOFA 
que hacía todo lo posible por negociar con la Isla. Nuestra Oficina 
Comercial en Chile y misiones cubanas que viajaban a ese país, eran 
receptivas a estos intereses que redundarían en beneficio bilateral. En 
septiembre de 1971, cooperativas agrícolas y productores chilenos acordaron 
la exportación a Cuba de cebolla, ajo y por otras vías madera, vino y 
salitre, por un monto de unos 30 millones de dólares, al valor de esa época. 
El salitre fue comprado a Chile en calidad de ayuda, pues no era 
imprescindible su adquisición. Cuba exportaba a Chile azúcar, café y tabaco 
y donó al hermano país 40 000 toneladas de azúcar por un valor aproximado de 
10 millones de dólares, así como le otorgó un préstamo de leche en polvo 
para contribuir a asegurar el medio litro de leche diario a la población, 
prometido por Allende. Pero en cuanto comenzaron a reintegrarnos esa leche, 
se montó una infame campaña de prensa basada en que el Presidente Allende 
estaba regalando la leche a Cuba. Igual pasó con otros acuerdos comerciales 
que fueron rechazados por la derecha política y la prensa reaccionaria. 
 
En 1972 se concreta una compra de frutillas (posturas de fresa) a través de 
David del Curto, allegado a Belisario Velazco, quien había sido viceministro 
del Interior del gobierno de Frei y no mantenía una posición anticubana. El 
periódico La Tribuna publicó en su primera plana que esto obedecía a un 
regalo a Cuba del presidente Allende. 
 
Paralelamente a las acciones políticas de la derecha para debilitar y 
derrocar al gobierno del presidente Allende, y las acciones de militares 
fascistas y grupos terroristas, como Patria y Libertad, amamantado y 
financiado por la CIA, desataron una ola de terror en el país, 
fundamentalmente en Santiago, la capital, que tuvo entre sus principales 
objetivos a los cubanos acreditados por nuestra Embajada en ese país. 
 
Una de esas acciones terroristas tiene lugar el 8 de junio de 1971 con el 
secuestro y asesinato del ex viceministro del Interior del gobierno de Frei, 
Edmundo Pérez Zujovic, cuyos asesinos fueron descubiertos y muertos en 
enfrentamiento con la policía. En el crimen apareció implicado tiempo 
después un alto oficial del Ejército que fue juzgado y condenado por los 
tribunales. Sin embargo, por esta acción fue allanada la residencia del 
Consejero Comercial cubano, Mitchel Vázquez, debido a una denuncia apócrifa 
según la cual los asesinos se encontraban escondidos en su casa. 
 
Afortunadamente, el operativo policíaco fue dirigido por Eduardo (Coco) 
Paredes, jefe de la Policía de Investigaciones y militante del Partido 
Socialista, quien al conocer la identidad de sus inquilinos, que no se 
encontraban en la vivienda, comprendió la infame maniobra. 
 
Allende tuvo que enfrentar intentos de atentados personales y dos Golpes de 
Estado anteriores al de Pinochet, uno el 30 de septiembre de 1972, dirigido 
por el general Alfredo Canales y otro el día 29 de junio de 1973, comandado 
por el coronel Roberto Souper que fue sofocado por el propio Jefe de Estado, 
llevando consigo el fusil AK que le había regalado el comandante en Jefe. 
 
En la madrugada del 27 de julio su Edecán Naval, el Capitán de Navío Arturo 
Araya, es asesinado por un comando terrorista. 
 
Me entero de esta barbarie mientras celebrábamos el 26 de Julio en la casa 
de Coco Paredes y parto de inmediato a la Embajada. En tránsito hacia 
nuestra misión por la calle Pedro Valdivia, al pasar por la esquina de la 
casa de Araya, los carabineros abren fuego contra mi auto, a pesar de tener 
chapa diplomática, les respondo y se dispersan para protegerse. Al fin llego 
ileso a nuestra sede. Increíblemente, Luis Fernández Oña, ministro Consejero 
de la Embajada cubana y esposo de Beatriz, una de las hijas de Allende, es 
presentado por la prensa amarilla como posible autor de este crimen. 
 
Para entonces, el grupo terrorista Patria y Libertad había sistematizado el 
envío a los diplomáticos cubanos de una nota que decía: "Remember Jakarta", 
refiriéndose a la matanza de comunistas ocurrida en Indonesia y al ataque a 
la Embajada China, con el cual pretendían decirnos que nos pasaría lo mismo. 
 
La reacción no podía aceptar los vínculos económicos entre los dos países y 
los terroristas trabajaban para entorpecerlos, colocando bombas explosivas 
en las casas de los funcionarios del Ministerio de Comercio Exterior. 
Adicionalmente, el 3 de julio de 1973 un auto en movimiento ametralla 
nuestra oficina comercial en horas de la noche. 
 
En ese propio mes se coloca un artefacto dinamitero en la escuela de los 
niños cubanos, quienes, afortunadamente no se encontraban en el lugar en el 
momento del vandálico hecho. 
 
Durante el mes de agosto se colocan bombas en las residencias del Embajador 
de Cuba, Mario García Incháustegui y de los compañeros que trabajaban en la 
Oficina Comercial, Mitchel Vázquez, su jefe y Nelly Cubillas, su esposa y 
los funcionarios Pedro Orlando Fernández, Dionisio González y Andrés 
Martínez, cuyo auto fuera destrozado por el impacto. Anteriormente, el 
compañero José Albite, representante de una empresa comercial cubana que se 
encontraba en negociaciones en el país, fue detenido acusado de violar el 
toque de queda. En el Ministerio de Defensa, donde lo condujeron, los 
militares lo esposaron, desnudaron y sometieron a abusos y vejaciones, 
interrogándolo sobre su posible participación en actividades guerrilleras 
por orden de un tal general Bravo. Por gestiones del embajador Incháustegui, 
Albite fue puesto en libertad pendiente de un proceso judicial que no 
llegaría a realizarse. 
 
Ante este brutal asedio y con la autorización expresa del presidente 
Allende, decidimos prepararnos para repeler cualquier agresión directa de 
que fuéramos víctimas y defender nuestras vidas y la soberanía cubana 
representada en la sede diplomática, al precio que fuera necesario. 
 
Nos preparamos, nos organizamos, construimos refugios con el apoyo de 
constructores cubanos en la embajada, un puesto médico, soterramos agua, 
colectamos alimentos enlatados, y, por supuesto alistamos nuestras armas. 
Convencidos de que con pueblo solo no se podía hacer la Revolución, hacían 
falta las armas. Y con las armas solo no se podía hacer la Revolución. Hacía 
falta también el pueblo, también apoyamos a los partidos Socialista y 
Comunista en su preparación para defender la Revolución que estaban tratando 
de construir. En menor cuantía apoyamos igualmente al MAPU y la Izquierda 
Cristiana, preparando a sus hombres para combatir si era necesario. 
 
En ese sentido cumplíamos estrictamente las instrucciones de la dirección de 
nuestro Partido de hacer solo lo que solicitara o autorizara el Presidente 
Allende. Nada hicimos a sus espaldas. El sabía que el Golpe vendría y había 
que preparar a las fuerzas que apoyaban al gobierno para defender su 
Revolución. Y eso hicimos. En algunos casos con el conocimiento del general 
Prats y de Sepúlveda, el jefe de Carabineros, a quienes Allende informaba de 
algunas de estas actividades, cosa que no nos agradaba nada. 
 
Por eso el Golpe de Estado no nos sorprendió a los cubanos. Un poco antes de 
las seis de la mañana del día 11, una amiga me llamó desde Valparaíso para 
informarme que estaba en camino el Golpe. De inmediato llamé al oficial de 
guardia de la Embajada y ordené poner CANDADO, que era la clave de 
movilización de todo el personal cubano ante un Golpe de Estado para, una 
vez en la sede diplomática, ocupar los respectivos puestos de defensa. 
 
A las siete y treinta todo el mundo estaba listo y en el lugar asignado. 
Llamé a Carlos Altamirano, secretario general del Partido Socialista y a 
Samuel Riquelme, segundo jefe de la Policía de Investigaciones y miembro de 
la Comisión Política del Partido Comunista, para conocer qué sabían del 
golpe. Ellos no sabían nada hasta ese momento. 
 
La Embajada estaba en Los Estanques y Pedro Valdivia, cerrada con unos 
grandes agua soterrada bajo una elevación de tierra al fondo y en el único 
acceso que teníamos por Pedro de Valdivia, se situaron terroristas de Patria 
y Libertad con grandes tanques ardiendo y armas visibles. Los edificios 
aledaños fueron tomados por el Ejército, que situó ametralladoras en los 
balcones, bien al descubierto. Detrás de las persianas, nosotros 
observábamos, sabíamos dónde estaban ellos, pero ellos no sabían dónde 
estábamos nosotros. 
 
Es cierto que combatimos en dos ocasiones contra los militares golpistas y 
hoy puedo decir que en las dos ocasiones los derrotamos. 
 
Tras el primer ataque, sobre el mediodía, que respondimos de inmediato, se 
comunicó con nuestro embajador el Almirante Carvajal amenazando con que 
nuestros disparos podían dar lugar a una respuesta fuerte y decidida. Nos 
atacan y luego nos amenazan. El embajador respondió que eran ellos quienes 
habían disparado y que nosotros nos defenderíamos ante cualquier nueva 
agresión. Poco después llegó a la Embajada el Embajador sueco, Ernest 
Edelstam ofreciendo a Incháustegui llevarnos agua y comida y su disposición 
de quedarse con nosotros ante la seguridad de que seríamos atacados 
nuevamente.  
 
Ya entrada la noche, el Comandante O¹Paso llamó por teléfono y habló con el 
embajador para pedirle que el compañero Luis Fernández Oña los acompañara a 
recoger a la esposa de Allende y a sus hijas, según dijo con el objetivo de 
entregarles el cadáver del Presidente para que le dieran sepultura en 
Valparaíso. El capitán Gac quien habló posteriormente por teléfono conmigo, 
dijo que él era quien recogería a Luis y al yo alertarle del peligro que 
ello entrañaba por el cerco militar que tenía la embajada, se comprometió a 
tomar todas las medidas y que él iría a pie, por el centro de la calle a 
recogerlo. No cumplió su palabra. Fueron ellos los que dispararon con 
ráfagas de ametralladora cuando Luis y el Embajador salieron a la puerta a 
esperar al capitán que había vuelto a llamar anunciando que se dirigía a la 
embajada. Fueron ellos los que traidoramente abrieron fuego contra nuestros 
compañeros y fuimos nosotros quienes respondimos a esta agresión con todas 
nuestras posibilidades causándoles un número indeterminado de bajas que los 
obligó a replegarse. 
 
Unos minutos más tarde llamó por teléfono el general Benavides para 
reclamarnos que estábamos disparando con un alto poder de fuego, que 
utilizamos balas trazadoras, que de la Embajada salían bolas de candela. 
Añadió que pondrían sus armas al nivel de las nuestras y que si no 
regresábamos a Cuba, nos bombardearían. Aquella era la segunda gran amenaza 
directa de los fascistas contra nosotros. 
 
Respondí que si volvían a atacarnos responderíamos con más fuerza aun, con 
todas nuestras armas; que en esos momentos no teníamos los medios 
disponibles para regresar a Cuba y que antes había que discutir con nosotros 
las condiciones de ese regreso. Todo indicaba que el objetivo principal de 
ellos no era combatir directamente contra nosotros, lo importante era que 
solo saliéramos de la Embajada para regresar a Cuba, ante el temor de que 
pudiéramos convertirnos en una fuerza beligerante que se uniera a la 
resistencia que ya le hacían grupos de izquierda, acción que francamente no 
estaba entre nuestros objetivos. 
 
En su primera comparecencia por TV en horas de la noche, Augusto Pinochet 
había anunciado la ruptura de las relaciones diplomáticas con Cuba y Corea. 
 
El coronel Uros Domic fue el designado para negociar nuestra salida. Había 
estado con el Comandante en Jefe cuando visitó Chile, era amigo de nuestro 
Embajador y los hijos de ambos mantenían muy buenas relaciones personales. 
 
El Embajador y yo dirigimos la negociación. Nos preguntaron si teníamos 
refugiados políticos en la Embajada, aclarando que no podrían acompañarnos 
la periodista Fridda Modak -que no estaba en la Embajada- ni Max Marambio 
que sí estaba, aunque no refugiado si no como un compañero más que compartía 
con nosotros la defensa de la Embajada. Personalmente hablé con Max cuando 
ya contábamos con la protección del embajador sueco Ernest Edelstam. 
Teníamos dos decisiones a tomar: quedarnos con Max y exponer a los 142 
cubanos que se encontraban en nuestra sede, incluyendo 22 mujeres, o irnos y 
dejarlo a él protegido por el sueco. Max no titubeó un instante, me pidió 
que nos fuéramos, que él se las arreglaría con el sueco. 
 
Planteamos a Domic que era necesario nos autorizaran a llevarnos nuestros 
documentos de archivos que estaban embalados en cajas. Planteó consultar y 
dispusieron que se presentara el jefe de Protocolo de la Cancillería, el 
cual en un gesto amistoso dijo que las leyes internacionales amparaban, ante 
la ruptura de relaciones, el derecho a llevarnos nuestros archivos. No tengo 
dudas que los militares sabían que no eran archivos lo que nos llevábamos en 
tantas cajas sino armas, pero lo importante para ellos era que nos fuéramos. 
 
Nos fuimos y nos llevamos nuestras armas con la excepción de algunas que no 
habíamos podido entregar porque el Partido que las recibiría no acudió a la 
cita y otras que eran para el MIR, y que Allende nos había orientado 
entregarlas solo cuando se produjera el Golpe, algo que las condiciones no 
nos permitieron cumplir por estar rodeada la Embajada cuando fueron a 
recogerlas. Posteriormente Max las entregó todas al MIR. 
 
Hasta aquí llega nuestro relato, aunque a 30 años de aquellos hechos creo 
que quedan muchas cosas por decir y faltan muchas otras por hacer. 
 
El Presidente Allende fue un gran patriota chileno y latinoamericano, un 
hombre honrado, íntegro, solidario, de inigualable condición humana, 
cariñoso. Alegre y extrovertido, de una disciplina y capacidad de trabajo 
enorme, de una plena identificación con su pueblo. 
 
No olvido que una semana antes del Golpe, el 4 de septiembre, reunió en La 
Alameda a un millón de personas para celebrar el tercer aniversario de su 
advenimiento al poder. El pueblo estaba con él. Como lo está con su memoria 
30 años después.  
 
Por eso hoy, aunque el fascismo avanza con pasos de gigante en diversos 
confines del planeta bajo la égida del gobierno imperialista de George Bush 
y cientos de miles de seres humanos son víctimas de sus genocidas 
agresiones, sostengo la certeza que Allende nos legara al advertir que más 
temprano que tarde se abrirán las grandes Alamedas por donde pase el hombre 
libre para construir una sociedad mejor. Y no solo en Chile sino en el mundo 
entero.        
 
   Ulises Estrada Lescaille, REVISTA TRICONTINENTAL 
Cubano. Actual director de la Revista Tricontinental. Fue el Responsable del 
trabajo político y la defensa de la embajada cubana en Chile en setiembre de 
1973. 
          
 
                    
 
   
 
www.altercom.org/article2093.html <http://www.altercom.org/article2093.html>; 
 
 
 
 
 
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