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Asunto:[GAP] Los vistosos colores del Camaleón/El dolor del Camaleó n/María Teresa Pozzoli
Fecha:Viernes, 24 de Septiembre, 2004  14:09:47 (+0200)
Autor:cecilia rouvrais <cecilain @....fr>

      http://www.encuentro.abierto.de/articulos.htm  
 
      Los vistosos colores del Camaleón 
      
 
 
 
 
 
 
 
 
            Apuntes para un ejercicio de auto-observación de las ficciones de la
sociedad chilena 
            
     Lunes, 17 de Diciembre de 2001- PRIMERA LINEA / EL UTOPISTA PRAGMATICO  
 
      La naturaleza ha sido pródiga en cuanto a especies de camaleones se
refiere, dado que existen más de 80 tipos distintos habitando nuestro planeta.
Las características de este peculiar animalito hablan de un "saurio...de cola
prensil y ojos de movimiento independiente que caza insectos con una lengua larga
y pegajosa, y que posee la original capacidad de cambiar de color según lo
requieran las condiciones ambientales...". Este último rasgo ha servido para
calificar el comportamiento de las personas que sacan provecho de las situaciones
a partir del ejercicio doble de sus acciones o discursos. 
 
      Pero este no es sólo un rasgo social más, los chilenos poseen una
identidad común que se expresa en el aparentar. El comportamiento cama-leónico se
instala en la atmósfera de los intercambios humanos cotidianos como una
estrategia de reaseguro, en cierto modo consensuada, que predispone al
sentimiento preventivo de la desconfianza. 
 
      Shakespeare chilensis.."ser o parecer...: that is the question" 
 
      El camaleón es un animal de práctica social, no amenazado de extinción y
presente como plaga. Los camaleones andan por todas partes, reflejando en los
demás su propias ficciones. Por eso no es bueno andar desprevenido ante el
despliegue cromático del saurio cuando los sensores internos recomiendan cautela
dado que la falsedad, la inconsistencia y la traición podrían estar detrás de sus
máscaras. 
 
      En el mundus chilensis, la desconfianza es un sentimiento que está
presente en las relaciones humanas, y el aparentar ocupa el lugar de una
estrategia de comportamiento que connota una función defensiva y adaptativa que
se retroalimenta expandiéndose, cada vez que un Alguien toma contacto con un
Otro. Instalada en el imaginario representacional individual y colectivo, el rito
de la sospecha se practica por doquier; nos hace sordos y solapados, se acumula
en el entrecejo, nos pone esquiva la mirada, nos torna vacilantes y ambiguos,
redoblando los paréntesis de la penumbra, disipando el flujo espontáneo y llano
de la verdad. 
 
      Ensayando algunas luces sobre el asunto, es útil recordar las afirmaciones
de un autor chileno, Florián Moreira, quien señala que el ser nacional se funda
en la desigualdad de clase, de pertenencia subcultural, de creencias y de
definiciones históricas,"...una desigualdad sustentada en la asimetría alimentada
por la experiencia de la subordinación y del resentimiento...". Sin embargo, los
chilenos aparentan una sofocante homogeneidad valórica, son iguales en la
apariencia de sus discursos y sus opciones. 
 
      Según el autor, demográfica-mente existirían dos grandes categorías del
sentimiento clasista nacional "...los iguales de arriba y los iguales de
abajo...", como si se tratara de dos colores contrastantes, de dos equipos en
competencia, incluso de dos patrias. En cada uno de los bandos, el sentido de la
acción se templa en el reflejo, en el contrapunto, en las vivencias de
sobrevivientes de un crimen originario que les actualiza la vocación de alguna
venganza no pronunciada. 
 
      Mientras los de arriba se afanan en afirmar su pertenencia y su distinción
respecto de los de abajo, éstos, a partir del efecto de demostración de los
primeros, tratan de parecerse a los de la primera categoría. No obstante, ambos
se reúnen en un sentir común: el temor a verse disminuidos respecto de su ideal o
de una autoimagen en parte fabulada. Juego de imágenes, de reflejos, con el alto
costo de igualarse desde la desigualdad en un gran esfuerzo de uniformización, de
la que resulta la eliminación de todo trazo de originalidad. El aparentar
camaleónico sirve así para ocultar contradicciones, debilidades o cualquier rasgo
de humanidad que no tenga legitimidad social; sirve para eludir o transferir
responsabilidades, para no enfrentar el conflicto. 
 
      Entreveros psicosociales del comportamiento de los camaleones 
 
      El arte del ocultamiento de las diferencias a través de la simulación
adquiere cierto dramatismo en la vanalidad y en la instrumentalización de las
relaciones, en la falta de involucramiento afectivo y en la dificultad para
encarar una comunicación profunda con el Otro; consecuencias empobrecedoras de lo
humano que van de la mano del parecer y postergan el ser. Ficciones del sí mismo
y de los demás... en el intercambio de una moneda que al pasar de mano en mano se
envilece a través del sentimiento de la desconfianza. 
 
      En este titánico esfuerzo de homogeneización se inhibe la opción de
manifestarse de modo genuino a una gran cantidad de almas progresistas que
hastiadas de las hipocresías del camaleón, sufren de vacío existencial a la hora
de intentar hallar espacios de intercambio humano en los que pudieran expresar su
diferencia sin sufrir las consecuencias del rechazo social. 
 
      De este modo el ocultamiento del camaleón impide la construcción de
prácticas cotidianas más democráticas, contribuyendo a la no-aceptación de la
diversidad, al deterioro de los niveles asociativos y vinculares como argamasa
cohesiva del conjunto social, y a las fuertes implicancias éticas que esta
práctica adquiere de la mano del estancamiento del desarrollo personal. Tres
dimensiones que hablan de una energía evolutiva inmovilizada en personas y en
grupos. Por ello, la desconfianza es una preocupación en la que convergen
planificadores sociales, políticos y legisladores, economistas y publicistas, que
ven en ella un condicionamiento negativo de la posibilidad de contar con un
tejido social que haga viable proyectos sociales, políticos y económicos. 
 
      Como actualizando realidades fantasmagóricas, la desconfianza retrotrae
afectivamente a prácticas y rituales de un pasado social oscuro que a la sociedad
chilena le sigue pisando los talones, y del cual, en términos interaccionales,
sociales y políticos, le cuesta desprender su imaginario social. No hay duda que
este sentimiento muestra la presencia de lacras sociales antiguas y profundas,
inhibitorias de la posibilidad de prácticas reparadoras de un dolor que se viene
acumulando desde hace tres décadas y que no ha cesado de expresarse en una suerte
de paranoia de las relaciones interpersonales, que es un caldo de cultivo del que
se sigue sirviendo el autoritarismo. 
 
      La desconfianza afecta a más de un 75 % de los chilenos, según los datos
que arrojó la Encuesta Internacional de Valores del año 2000; y está dirigida en
particular a las personas-. En ello, hay un modo de relación que quebranta la
configuración de redes, es decir, de tramas organizativas de la sociedad civil.
El hacer cosas juntos, formar equipo, sentirse parte del 'nosotros' con idearios
comunes podría fundar o re-fundar una identidad de corte más comunitario. Por
ello, la desconfianza compromete la constitución de un capital humano con
capacidad sinérgica para hacer frente a un futuro mediato que amenaza con ser
complejo e incierto. 
 
      Este es el segundo texto de una trilogía sobre el tema de la confianza.
"La promesa del agua o la sinrazón de la confianza" ya publicado, se puede
ver en http://www.primeralinea.cl/, y "El dolor del camaleón o las razones de
su desconfianza" se publicará el próximo domingo. 
 
 
-------------------------------------------------------------------------- 
      María Teresa Pozzoli-Psicóloga Social, docente e investigadora en temas
relacionados con salud integral y desarrollo humano. Integra el Grupo
Multiversidad.  
 
 
 
 
            El dolor del camaleón  
 
 
 
 
 
            (o las razones de su desconfianza) 
            
 
     Miércoles, 26 de Diciembre de 2001- PRIMERA LINEA / EL UTOPISTA PRAGMATICO 

 
 
 
      "...nuestra historia es la historia de un espejismo, de un cristal
engañoso que refleja una escena teatral de hombres y mujeres blancos cuyos
personajes intercambian saludos e inhibidas sonrisas con los espectadores, de
manera que los propios asistentes a la representación pierden su capacidad de
objetivarla y todos participan y se complacen de una farsa donde los autores han
querido fascinar y fascinarse ellos mismos y donde la verdadera tragedia se
esconde y se olvida". 
 
      Jaime Valdivieso, Señores y ovejas negras.  
 
 
      En un artículo pasado, Los vistosos colores del camaleón, hice referencia
a los resultados de la Encuesta Internacional de Valores del año 2000 que habían
mostrado la presencia del sentimiento de la desconfianza como elemento de
intercambio cotidiano en la sociedad chilena, una manera de funcionar instalada
en el imaginario representacional individual y colectivo. En ese contexto, el
aparentar del camaleón adquiere una presencia como estrategia de comportamiento
que implica una función defensiva y adaptativa retroalimentada de modo expansivo
cada vez que un Alguien toma contacto con un Otro. 
 
      ... antes y después del abuso del camaleón, el compromiso de su
afectividad 
 
      Otro estudio referido a los niveles de Sociabilidad y Asociatividad
publicado en el 2000 por la Universidad Católica señalaba que quienes desconfían
atribuyen la razón de su sentir a la creencia de que "...las personas con poder
se aprovechan de los demás". Aquí es donde quedan a la vista las razones de la
desconfianza o el dolor del camaleón, como titulé el presente artículo. 
 
      No nos extrañe entonces encontrar a la base del fenómeno de la
desconfianza un sujeto social que desde el punto de vista psicológico posea
rasgos muy específicos, tales como: un locus de control puesto en las afueras de
las fronteras del sí mismo que orienta su comportamiento por una voz de autoridad
siempre externa y, lo que es más preocupante, un sujeto inhibido en su
reflexibidad. No olvidemos que la reflexibilidad es el rasgo psicoactivo que
facilita la auto-observación, y que adquiere una importancia capital en la
definición paradigmática de los nuevos tiempos; su ausencia ...forma parte del
carácter social chileno. En la ausencia de reflexibidad hallamos una de las
principales razones que ha obstaculizado la fluidez de los procesos de desarrollo
humano y social en las últimas décadas; de ahí la expresión de los economistas
"...que el desarrollo económico alcanzado por Chile en la última década
habría ocurrido...a pesar de los chilenos". 
 
      Pero exploremos las razones del antiguo dolor del camaleón. Erich Fromm,
al ensayar una explicación del carácter autoritario puso el ancla en los orígenes
de un tipo de conciencia particular, la conciencia autoritaria... Su constitución
ocurre en la edad temprana a través del registro afectivo de situaciones de abuso
en las relaciones de poder sostenidas con las personas significativas a cargo de
las tareas de la primera socialización. Esta deficitaria experiencia dejaría una
marca indeleble en la autoestima del ser humano que a esa edad necesita
desarrollarse a partir de relaciones de confianza. La confianza en esta etapa
cumple una función significativa en el acto de afirmar la seguridad requerida
para una autoestima en formación, la que una vez constituida acompañará a la
persona como matriz funda-cional del resto de los aprendizajes y como un recurso
sinérgico frente a las situaciones cambiantes y complejas que se le presenten en
el equilibrio siempre inestable del oficio del vivir. 
 
      La marca del abuso, afirma Fromm, permanecería en estado de latencia,
acompañada de un sentimiento inconsciente de victimización que la persona tenderá
a saldar en otras relaciones interpersonales que le pudieran reactualizar cuando
adulto, la imagen de autoridad abusiva tempranamente incorporada. Esta marca, es
la marca del -dolor del camaleón- quien se verá dificultado de sostener un
contacto espontáneo con su interioridad y con los demás, rehuyendo de toda
experiencia interaccional que pudiera reabrirle sus antiguas heridas no
cicatrizadas. 
 
      La desconfianza se aloja en la piel camaleón como un estigma,
convirtiéndose su rasgo cama-leónico en una solución funcional frente a lo
amenazante que podría implicar sostener verdaderos vínculos de involucramiento
afectivo con sus congéneres. 
 
      En el cambiar de color según la ocasión está la estrategia de
sobrevivencia del camaleón, y también las razones de su antiguo dolor, de su
propia desconfianza. Escondiendo lo que está guardado en sus sentimientos, en sus
intenciones no confesadas, vemos la paradoja del camaleón que no confía y del que
no se puede confiar a pesar del atractivo color de su cambiante piel. 
 
      El camaleón siente pánico de recrear las pérdidas que no pudo superar, por
eso aparece doble, semi-escondido, evitando dejar a flor de piel su antigua
victimiza-ción, su añejo dolor de haber tenido que renunciar a la confianza de
aquellos a los que más amaba... 
 
-------------------------------------------------------------------------- 
      María Teresa Pozzoli, Psicóloga Social, Docente e investigadora en
temáticas relacionadas con Salud integral y Desarrollo Humano, Universidad
Academia de Humanismo Cristiano, Universidad Internacional SEK. Miembro del Grupo
Multiversidad.  
 
 
 
 
 
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