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Responder a este mensaje
Asunto:[GAP] George Soros: Detener a Bush
Fecha:Lunes, 4 de Octubre, 2004  15:12:59 (-0500)
Autor:Anahuak Home <redanahuak @...............mx>

 
---------- 
From: Anahuak Home <redanahuak@...> 
Date: Sun, 03 Oct 2004 13:02:24 -0500 
To: Foro Economia Alternativa <economialternativa@...> 
Subject: George Soros: Detener a Bush 
 
 
*************************** 
 
Esto no significa que debamos confrontar al mundo con nuevos principios 
doctrinarios y proclamar: ¡He aquí la verdad, de rodillas ante ella! 
Significa que debemos desarrollar nuevos principios a partir de los 
principios existentes del mundo. No debemos decirle: Abandona tus luchas, 
son mera locura, nosotros te daremos los verdaderos objetivos. En vez de 
ello, debemos simplemente mostrar al mundo por qué él está en lucha, y la 
conciencia de eso es lo que deberá adquirir, quiéralo o no. Marx, Carta a 
Rouge, 1843 
 
************************** 
 
México D.F. Viernes 1 de octubre de 2004 
George Soros * 
 
POR QUÉ NO DEBEMOS RELEGIR A BUSH 
 
La próxima elección presidencial en Estados Unidos es la más importante de 
mi vida. Jamás me había involucrado tanto en política partidista, pero los 
tiempos que corren no son normales. El presidente Bush pone en peligro 
nuestra seguridad, lesiona nuestros intereses vitales y socava los valores 
estadunidenses. Por eso envío este mensaje. He sido satanizado por la 
campaña de Bush, pero espero que ustedes me escuchen. 
En 2000 Bush propuso una plataforma de política exterior "humilde". Si lo 
relegimos ahora, damos respaldo a su doctrina de acción preventiva y a la 
invasión de Irak, y tendremos que vivir las consecuencias. Como intentaré 
mostrar, enfrentamos un círculo vicioso de violencia creciente al que no se 
le ve fin. En cambio, si repudiamos su política en las urnas tendremos una 
mejor oportunidad de recuperar el respeto y apoyo del mundo y romper el 
círculo vicioso. 
Crecí en Hungría, viví el fascismo y el holocausto, y luego tuve una probada 
anticipada del comunismo. Aprendí a temprana edad la importancia que tiene 
el tipo de gobierno que prevalezca. Escogí Estados Unidos como hogar porque 
valoro la libertad y la democracia, las libertades civiles y una sociedad 
abierta. 
Cuando hube ganado más dinero del que necesitaba para mí y mi familia, 
establecí una fundación para promover los valores y principios de una 
sociedad libre y abierta. Empecé en Sudáfrica en 1979 e instauré una 
fundación en mi país natal, Hungría, en 1984, cuando aún estaba bajo el 
régimen comunista. China, Polonia y la Unión Soviética vinieron más tarde, 
en 1987. Después de la caída del muro de Berlín, en 1989, establecí 
fundaciones prácticamente en todas las naciones del ex imperio soviético y 
luego en otras partes del mundo y en Estados Unidos. Estas fundaciones 
gastan hoy día unos 450 millones de dólares al año en promover la democracia 
y una sociedad abierta en todo el planeta. 
Cuando George W. Bush fue electo presidente, y en particular después del 11 
de septiembre de 2001, vi que era necesario defender en la patria los 
valores y principios de una sociedad libre y abierta. El 11 de septiembre 
condujo a una suspensión del proceso crítico tan esencial a una democracia: 
una discusión plena y en buena lid de los temas. El presidente Bush silenció 
todas las críticas al tildarlas de antipatrióticas. Cuando dijo "están con 
nosotros o con los terroristas" escuché sirenas de alarma. Me temo que nos 
conduce en dirección muy peligrosa. Estamos perdiendo los valores que dieron 
grandeza a nuestra nación. 
La destrucción de las Torres Gemelas en Nueva York fue un suceso tan 
horrendo que requería una respuesta fuerte. Pero Bush cometió un fundamental 
error de pensamiento: que los terroristas sean manifiestamente malignos no 
vuelve automáticamente buenas todas las acciones que emprendamos en su 
contra. Lo que hacemos para combatir el terrorismo también puede estar mal. 
Reconocer que podemos estar mal es el fundamento de una sociedad abierta. El 
presidente Bush no admite duda alguna ni fundamenta sus decisiones en una 
cuidadosa evaluación de la realidad. Durante 18 meses después del 11 de 
septiembre logró suprimir todo disenso. Por eso pudo llevar tan lejos al 
país en la dirección incorrecta. 
Sin advertirlo, Bush se puso en las manos de Bin Laden. La invasión de 
Afganistán tuvo justificación: allí vivía Bin Laden y allí tenía Al Qaeda 
sus campos de adiestramiento. La invasión de Irak no tuvo una justificación 
similar. Fue el regalo no intencional de Bush a Bin Laden. 
La guerra y la ocupación crean víctimas inocentes. Contamos las bolsas que 
contienen los restos de soldados estadunidenses: ha habido más de mil en 
Irak. El resto del mundo mira también a los iraquíes que pierden la vida día 
con día: han sido 20 veces más. Algunos intentaban matar a nuestros 
soldados, pero muchísimos eran del todo inocentes, inclusive muchas mujeres 
y niños. Cada muerte de un inocente ayuda a la causa de los terroristas al 
excitar el encono hacia Estados Unidos y procurarles reclutas potenciales. 
Instantes después del 11 de septiembre hubo un brote espontáneo de simpatía 
hacia nosotros en todo el planeta. Ahora ha cedido su lugar a un 
resentimiento igualmente extendido. Hoy hay muchas más personas dispuestas a 
arriesgar la vida matando estadunidenses que el 11 de septiembre, y nuestra 
seguridad, lejos de mejorar como Bush sostiene, se deteriora. Me temo que 
hemos entrado en un círculo vicioso de violencia creciente en el que 
nuestros miedos y la furia de nuestros opositores se alimentan entre sí. No 
es probable que este proceso se detenga pronto. Si relegimos a Bush diremos 
al mundo que aprobamos sus políticas y que estaremos en guerra durante mucho 
tiempo. 
Me doy cuenta de que lo digo está destinado a ser impopular. Estamos 
atrapados en una concepción errónea, inducida por el trauma del 11/S, y 
alimentada por el gobierno de Bush. Ningún político puede expresarlo sin 
poner en riesgo su elección. Por eso me siento obligado a hablar. Existe la 
extendida creencia de que Bush nos da seguridad; en realidad ocurre lo 
contrario. Bush fracasó en hallar a Bin Laden cuando lo tenía acorralado en 
Afganistán porque estaba preparándose para atacar a Irak. Y la invasión de 
Irak incubó más personas dispuestas a arriesgar la vida luchando contra 
estadunidenses de las que podíamos matar, lo cual generó el círculo vicioso 
al que me refiero. 
A Bush le gusta insistir en que los terroristas nos odian por lo que somos 
-un pueblo amante de la libertad-, no por lo que hacemos. Pues bien, se 
equivoca. También afirma que las escenas de tortura en la prisión de Abu 
Ghraib fueron obra de unas cuantas manzanas podridas. En eso está igualmente 
equivocado: fueron parte de un sistema de trato a los detenidos preparado 
por el secretario de la Defensa, Donald Rumsfeld, y nuestros soldados en 
Irak están pagando el pato. 
¿Cómo podría Bush convencer al pueblo de que es bueno para nuestra 
seguridad, mejor que John Kerry? Construyendo sobre los temores generados 
por el colapso de las Torres Gemelas y alimentando una sensación de peligro. 
En momentos de peligro la gente cierra filas en torno a la bandera, y Bush 
explota esa reacción. Su campaña se basa en la presunción de que a la gente 
en realidad no le importa la verdad y que creerá prácticamente cualquier 
cosa que se le repita con suficiente insistencia, sobre todo si la dice un 
presidente en tiempos de guerra. Algo debe de andar mal en todos nosotros si 
caemos en ese garlito. Por ejemplo, alrededor de 40 por ciento del público 
aún cree que Saddam Hussein tuvo algo que ver con el 11/S, pese a que la 
comisión investigadora sobre el tema, nombrada por Bush y encabezada por un 
republicano, ha demostrado en forma contundente que no hubo tal conexión. Me 
dan ganas de subirme a las azoteas a gritar: "¡Despierten, estadunidenses! 
¿No se dan cuenta de que nos están engañando?" 
Bush ha utilizado el 11/S para llevar adelante su propia agenda, que poco 
tiene que ver con el combate al terrorismo. En su gobierno había una 
camarilla influyente, encabezada por el vicepresidente Dick Cheney, a la que 
ya antes de los atentados se le quemaban las habas por invadir a Irak. El 
ataque terrorista le dio la oportunidad que esperaba. Si se quiere una 
prueba tangible de que el presidente Bush no merece la relección, piénsese 
en Irak. 
La guerra en el país árabe fue mal concebida de principio a fin... si es que 
llega a un fin. Diga lo que diga Bush, fue una guerra de elección, no de 
necesidad. Las sanciones y las inspecciones de armas estaban funcionando. En 
respuesta a la presión de Washington, Naciones Unidas había acordado al fin 
adoptar una postura firme. Mientras los inspectores estuvieran en el 
terreno, Saddam Hussein no podría representar amenaza alguna a nuestra 
seguridad. Pudimos declarar la victoria, pero Bush insistió en ir a la 
guerra. 
Fuimos a la guerra sobre bases falsas; éste es el día en que las verdaderas 
razones no se han revelado. No se logró encontrar armas de destrucción 
masiva ni se pudo establecer una conexión con Al Qaeda. Luego Bush sostuvo 
que entramos en guerra para liberar al pueblo de Irak. Toda mi experiencia 
en promover la democracia y una sociedad abierta me ha enseñado que la 
democracia no puede imponerse por medios militares. Además, Irak sería el 
último lugar que yo escogería para llevar a cabo un experimento de 
instauración de la democracia... como lo demuestra el caos actual. 
Desde luego, Saddam era un tirano, y claro que los iraquíes, como el resto 
del mundo, pueden congratularse de haberse librado de él. Pero ahora los 
iraquíes detestan la ocupación estadunidense. Nos quedamos cruzados de 
brazos mientras Bagdad era presa del pillaje. Como potencia ocupante 
teníamos el deber de mantener la ley y el orden, pero no lo cumplimos. Si 
nos hubiera importado el pueblo iraquí debimos tener más soldados 
disponibles para la ocupación de los que necesitamos para la invasión. 
Debimos haber brindado protección no sólo al Ministerio del Petróleo, sino 
también a las otras dependencias, museos y hospitales. Bagdad y las demás 
ciudades del país fueron devastadas después que las ocupamos. Cuando 
encontramos resistencia empleamos métodos que aislaron y humillaron a la 
población. La forma en que invadimos hogares y tratamos a los prisioneros 
generó resentimiento y encono. La opinión pública nos condena en el mundo 
entero. 
El número de torpezas y pasos en falso cometidos por el gobierno de Bush en 
Irak excede cualquier cosa de la que se pueda acusar a John Kerry. Primero 
disolvimos el ejército iraquí, luego tratamos de reconstituirlo. Primero 
intentamos eliminar a los baazistas, luego nos volvimos a ellos en busca de 
ayuda. Primero instalamos al general Jay Garner para gobernar el país, luego 
se lo dimos a Paul Bremer y, cuando la insurgencia se volvió intratable, 
instalamos un gobierno local. El hombre que escogimos era un protegido de la 
CIA con fama de hombre fuerte, algo muy alejado de la democracia. Primero 
atacamos a Fallujah, por encima de las objeciones del comandante de la 
infantería de marina en el terreno, luego nos retiramos cuando el asalto iba 
a la mitad, una vez más contra su parecer. "Si uno se lanza hay que 
sostenerse", declaró en público. En fecha más reciente comenzamos a 
bombardear Fallujah de nuevo. 
La campaña de Bush trata de darle un giro favorable, pero la situación en 
Irak es ominosa. Mucho de la parte occidental del país ha sido cedido a los 
insurgentes. Aun la llamada Zona Verde (pequeño enclave en el centro de 
Bagdad en el que los estadunidenses viven y trabajan) es objeto de ataques 
de mortero. Las perspectivas de realizar elecciones libres y justas en enero 
se alejan con rapidez, y la guerra civil se cierne sobre la nación. Bush 
recibió en julio pasado una sombría evaluación de inteligencia, pero la 
mantiene en secreto y no ha dicho la verdad a los electores. 
La guerra de Bush en Irak ha causado incontables daños a Estados Unidos. Ha 
baldado nuestro poderío militar y minado la moral de nuestras fuerzas 
armadas. Antes de la invasión podíamos proyectar un poder abrumador en 
cualquier parte del mundo; ya no podemos hacerlo porque estamos entrampados 
en Irak. Afganistán se sale de nuestro control. Corea del Norte, Irán, 
Pakistán y otros países llevan adelante programas nucleares con renovado 
vigor, y muchos otros problemas siguen sin atender. 
Al invadir a Irak sin una segunda resolución de la ONU, violamos el derecho 
internacional. Al maltratar y aun torturar prisioneros, violamos las 
Convenciones de Ginebra. El presidente Bush ha alardeado de que no 
necesitamos permiso de la comunidad internacional, pero nuestras acciones 
han puesto en peligro nuestra seguridad, en particular la de nuestras 
tropas. 
Nuestros soldados fueron adiestrados para proyectar un poderío abrumador. No 
fueron adiestrados para tareas de ocupación. Tener que combatir a una 
insurgencia drena su moral. Muchos de nuestros soldados regresan de Irak con 
trauma grave y otros padecimientos sicológicos. Por desgracia muchos tienen 
lesiones físicas. Después de Irak será difícil reclutar personal para las 
fuerzas armadas y tal vez tengamos que recurrir a la conscripción 
obligatoria. 
Hay muchas otras políticas por las cuales se puede criticar al gobierno de 
Bush, pero ninguna es tan importante como Irak. La guerra nos cuesta casi 
200 mil millones de dólares... una suma enorme. Se pudo haber empleado mucho 
mejor en otras cosas. Los costos se van a incrementar porque fue mucho más 
fácil entrar en Irak que salir. Bush ha estado provocando a John Kerry para 
que diga cuál es la manera diferente en que haría las cosas en el país 
árabe. Kerry ha respondido que haría todo en forma diferente y que estaría 
en mejor posición para sacarnos de allá que el hombre que nos metió. Pero 
tampoco a él le será fácil, porque estamos metidos en una trampa de arena. 
Es una trampa que muchos predijimos. Yo la predije en mi libro, The bubble 
of American supremacy (La burbuja de la supremacía estadunidense). No estuve 
solo: expertos militares y diplomáticos de primer nivel advirtieron con 
desesperación al presidente que no invadiera Irak. Pero Bush desoyó su 
experimentado consejo. Suprimió el proceso crítico. La falta de discusión 
sobre Irak persiste incluso durante la campaña presidencial, debido a la 
noción de que cualquier crítica al comandante en jefe pone en riesgo a 
nuestras tropas. Pero ésta es la guerra de Bush y se le debe hacer 
responsable de ella. Es una guerra indebida, librada en forma incorrecta. 
Alejémonos un paso de la cacofonía de la campaña electoral y reflexionemos: 
¿quién nos metió en este embrollo? Pese a su fanfarronería texana, George 
Bush no califica para ser nuestro comandante en jefe. 
Hay mucho más que decir sobre el tema y lo he dicho en mi libro, The Bubble 
of American Supremacy, ahora disponible en edición de bolsillo (en inglés). 
Espero que lo lean. Se puede descargar gratis el capítulo sobre la trampa de 
arena de Irak en www.georgesoros.com 
Si mis argumentos les parecen dignos de consideración, por favor compartan 
este mensaje con sus amigos. Sus comentarios serán bienvenidos en 
georgesoros.com. Estoy más que dispuesto a entrar en 
cualquier discusión crítica antes que el riesgo se vuelva demasiado alto. 
 
 
* Discurso pronunciado por el magnate estadunidense en el National Press 
Club de Washington, DC, el 28 de septiembre pasado. Se reproduce con permiso 
del autor. 
Traducción: Jorge Anaya 
 
Fuente: 
ATTAC MEXICO PROYECTO    ATTACMEXICOPROYECTO@...      
http://groups.msn.com/ATTACPRAXISMEXICO/ 
 
 
 
 
 
 
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