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Asunto:[GAP] LAS DOS GRANDES LEYES
Fecha:Sabado, 27 de Noviembre, 2004  15:00:47 (-0600)
Autor:Lillian <friends @.......ni>

LAS DOS GRANDES LEYES 
 
   Los buddhistas, en su filosofía, afirman que la ley y el orden son los  
supremos regidores de la Naturaleza. La ley está más allá de los caprichos  
del hombre. Es fija y eterna; por eso, la sabiduría consiste en conocer  
aquellas leyes en que está basado el Plan Eterno y armonizarse con ellas  
para cooperar con aquél. Para el buddhista hay dos leyes supremas. La  
primera es la ley de REENCARNACIÓN. Para el cristianismo corriente resulta  
dificultosa la comprensión de lo que es el ciclo de renacimientos, pero  
toda persona inteligente deberá llegar a reconocer que es la única  
respuesta al problema de la desigualdad humana. No puede concebirse que un  
Padre misericordioso castigue a una vida aún no formada y organice, tan  
sólo guiado por el capricho, el destino de los seres vivientes. Es injusta,  
la creencia de que la herencia hace padecer a un alma los pecados de sus  
padres, y sin embargo la mayoría aparentemente gusta más confiar en los  
caprichos de la Deidad que aceptar la doctrina que descarga el peso de la  
responsabilidad de la vida de los hombres sobre sus propios hombros. 
   La ley de reencarnación es una de las afirmaciones fundamentales de la  
doctrina buddhista. La reencarnación es, la única concepción de la vida que  
es universal en oportunidad y personal en responsabilidad. Si bien la  
aceptación de esta ley no acerca el cielo, disipa al menos la idea de una  
eterna e infernal condenación, que es el espantajo de la religión  
cristiana. Si alguien merece el castigo de un infierno eterno de fuego y  
azufre es el que creó esta idea. No es razonable y es irracional el suponer  
que una vida, vivida entre un cúmulo de dificultades como las que acosan al  
género humano deba ser la única oportunidad. El imaginar que como resultado  
de unas pocas decenas de años vividas aquí abajo, una persona deba ir al  
cielo o al infierno por toda la eternidad es la mayor de las injusticias  
que la mente humana pueda concebir. 
   La doctrina de la reencarnación enseña la igualdad de oportunidades para  
todos y que no hay privilegios especiales para nadie, siendo el éxito la  
recompense por buenas acciones y el fracaso el castigo a la indolencia.  
Descarga la responsabilidad de la salvación humana de los hombros de la  
Deidad y la coloca donde corresponde: sobre los hombros del individuo. El  
Buddha enseñó a sus discípulos  a trabajar con diligencia por su propia  
salvación, y la gente sensata sabe que, en último análisis, es éste el  
único y sólo el único camino de lograr la paz. 
   La ley de reencarnación justifica y preserva la dignidad del plan de la  
creación; explica la desigualdad humana, y para quienes deseen realmente  
ubicarse inteligentemente en la Naturaleza, ofrece el incentivo de su logro  
final a todo ser viviente; enseña que toda tarea incompleta hoy será  
exigida mañana hasta que el éxito corone la lucha de todo ser viviente por  
conocerse a Si mismo. 
   La ley de reencarnación puede ser definida como la aplicación al caso  
individual de la conciencia del hombre, de la ley de evolución. Sabemos que  
las formas evolucionan; podemos estudiar la gradual evolución de la  
estructura física desde su simple origen hasta su compleja madurez y de  
allí a su final disgregación. La doctrina de la reencarnación enseña que el  
hombre evoluciona a través de la Naturaleza y con ella, edad tras edad, y  
que todas las formas desplegadas en torno nuestro en la Naturaleza son  
otros tantos testimonios de centros de conciencia que ahora comprendemos  
son el invisible impulso detrás de cada forma visible. La ley de  
reencarnación enseña que el hombre vuelve periódicamente a esta tierra  
física, reiniciando sus deberes en ella en el punto en que los había dejado  
la última vez, y que este proceso sigue hasta que aprende todas las  
lecciones que aquí pueden ser aprendidas. Las filosofías de Oriente enseñan  
que se verifican alrededor de ochocientas encarnaciones en cada oleada de  
vida, y que el  espíritu  renace en el mundo físico cerca de ochocientas  
veces y que otras tantas lo deja mientras el género humano va aprendiendo  
sus lecciones. El Buddhismo no separa al hombre de la Naturaleza sino que  
lo considera como un producto de ella, enseñando que está permanentemente  
controlado por sus leyes hasta que aprende a hallar el Camino del Medio, el  
cual finalmente lo liberará de la Naturaleza solamente cuando haya superado  
su ámbito. El Buddhismo hace del hombre un estudiante y de la vida una  
escuela, y llama días de clases a los períodos entre el nacimiento y la  
muerte, separados uno de otro por noches de descanso. Con la ley de  
reencarnación el hombre responde a muchos interrogantes. El buddhista  
explica por qué algunos nacen ricos y otros pobres, algunos rodeados de la  
opulencia y otros en medio de la mayor escasez; esta satisfecho con la  
vida, consciente de que él es la causa de la vida tal como la advierte.  
Podemos sintetizar esta filosofía con los siguientes pensamientos: 
   Cada individuo es exactamente lo que él se ha ganado el derecho de ser.  
Está exactamente en el lugar en que se ha ganado el derecho de estar. Lo  
rodea aquella felicidad cuyos derechos ha adquirido en el pasado. Se  
enfrenta en la actualidad con las deudas contraidas en el pasado y que hoy  
le salen al encuentro. La infelicidad en la presente vida es el resultado  
del sufrimiento infligido a otros en alguna vida anterior. Si su cuerpo hoy  
es débil, es porque lo descuidó en su última encarnación. Si hoy no tiene  
amigos es porque en su última vida no los hizo. El hombre es el resultado  
de su pasado. Aquellos dones o facultades de que goza hoy son el resultado  
de su sincero trabajo de ayer, mientras que sus defectos y fracasos lo son  
del hecho de que en vidas anteriores no se controló a sí mismo y fracasó en  
la tarea de construir sus virtudes. 
   De todo lo precedente es fácil deducir la absoluta honestidad de tales  
puntos de vista, que no dan cabida a la suerte ciega. Causa y efecto rigen  
este universo, en el que no hay lugar ni para milagros ni expiaciones  
vicarias, ni mezquindades religiosas. Todo es suprema justicia,  
inteligencia y compasión. 
   La segunda de las grandes leyes del Buddhismo es consecuencia obligada  
de la primera, es la llamada LEY DE KARMA, cuyo significado literal es  
"compensación", o causa y efecto aplicados a las acciones de los  
individuos. Es el mismo contenido del pensamiento que expresara el Maestro  
Jesús cuando habló de sembrar y de cosechar, cuando dijo que "de acuerdo a  
lo que sembraréis, aquello cosecharéis". El buddhista dice que cada uno de  
nosotros está pagando las deudas contraidas en el pasado y que se está  
construyendo su destino futuro con su comportamiento diario hoy y aquí.  
Podemos resumir sus pensamientos concernientes a la Ley de Karma como sigue: 
   Cada efecto es en naturaleza igual a la causa que lo produce. En el  
mundo espiritual la acción y la reacción son iguales. Todo pensamiento e  
ideal en la vida, como actividad, tienen una reacción acorde con y medida  
por la acción que los producen. Enfermedad, dolor y debilidad son todos  
resultados de nuestro mal uso y desconocimiento de las grandes fuerzas de  
la Naturaleza. Cada individuo es personalmente responsable de cada alegría  
y de cada dolor que encuentre en los caminos de la vida. Por eso, ante todo  
sufrimiento y todo pesar, el buddhista habrá de ser paciente, consciente de  
que las causas de todo dolor y todo infortunio que le sobrevengan no son,  
otras que su falta de consideración para los demás, su fracaso para  
enfrentar las responsabilidades de la vida, su carencia de autodominio.  
Reconoce que el vehículo físico, a través del cual se manifiesta su  
infortunio, no debe ser particularmente vituperado, pues esta condición  
personal es tan sólo el vehículo mediante el cual actúa la Ley de Karma.  
También advierte que no solamente pasa a la vida próxima con las impagas  
deudas de la que deja sino que también lleva consigo todo el buen Karma  
correspondiente al bien realizado, y que cuando aprende a hacer bien las  
cosas está engendrando únicamente buen Karma. La Ley de Reencarnación le da  
la oportunidad de enmendar sus errores. Así, cualquiera sea su actual nivel  
físico o espiritual, será algún día perfecto como es perfecto el Padre de  
los cielos. Esta es la Ley de Karma. 
   Estas dos leyes son la columna vertebral del Sistema Buddhista. La  
actitud absolutamente impersonal y justa ante la vida es una de las más  
significativas glorias de la antigua fe buddhista. Ella considera superior  
la virtud a la riqueza y coloca la integridad por encima de todos los  
tesoros. La perfección se alcanza con los actos, y no por la oración, y la  
fe del Buddha ofrece la gran esperanza, aún a la piedra y al leño, pues  
todo tiene su lugar en la Naturaleza, pues todo está incluido en el Gran  
Plan evolutivo, en el que la perfección aguarda a todas las criaturas. 
 
 
Fuente: LAS ENSEÑANZAS DEL GLORIOSO BUDA.MANLY PALMER HALL 
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