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Asunto:[GAP] Estados Unidos cosecha tempestades
Fecha:Jueves, 20 de Septiembre, 2001  12:47:05 (-0700)
Autor:Ricardo Ocampo-Anahuak Networks <anahuak @.............mx>

 
 
---------- 
From: "Marta Vincent" <mvincent@...> 
Date: Thu, 20 Sep 2001 12:36:12 -0300 
To: "Ocampo, Ricardo (adm)" <redluz-admin@...> 
Subject: Estados Unidos cosecha tempestades 
 
Holita, Ricardo: 
Espero que estés muy bien y agradezco toda tu dedicación.  Lo que sigue, lo 
recibí de unos amigos. Quizás te interese 
Un abrazote 
Marta 
  
LE MONDE Diplomatique, Edición Cono Sur. 
Servicio Info-Dipló 
14/09/2001 
 
El presente envío contiene dos notas realizadas en exclusiva por El Dipló 
para Internet: 
-"Execrable atentado terrorista. Estados Unidos cosecha tempestades", por 
Carlos Gabetta. 
-"El Corán entra en la mundialización. Las paradojas de las finanzas 
islámicas", por Ibrahím WARDE. 
_____________ 
 
INFO-DIPLÓ I 
_____________ 
Execrable atentado terrorista 
ESTADOS UNIDOS COSECHA TEMPESTADES 
 
Los atroces atentados del martes 11 de septiembre, que provocaron miles de 
desprevenidas víctimas civiles, son condenables desde cualquier punto de 
vista. Sus responsables deben ser identificados y castigados según la ley. 
Pero hechos de este tipo obligan a analizar las consecuencias de las 
políticas de Estados Unidos respecto al resto del mundo. 
 
Por Carlos Gabetta 
Director de Le Monde diplomatique, edición Cono Sur. 
 
Los atentados terroristas perpetrados en la ciudad de Nueva York y en otros 
puntos de Estados Unidos en la mañana del 11 de septiembre pasado, que 
ocasionaron con seguridad miles de muertos (el número exacto se desconocía 
al escribirse este artículo) y enormes daños materiales, provocaron unánime 
repulsa y condena en todo el mundo. Las imágenes trasmitidas en directo por 
televisión desde pocos minutos después del atentado a la primera torre 
gemela (el segundo ocurrió 18 minutos más tarde y la televisión llevaba ya 
rato emitiendo), conmovieron la sensibilidad de cientos de millones de 
personas en todo el planeta, y generaron un sentimiento de solidaridad hacia 
las víctimas y, en general, el pueblo de Estados Unidos. No sólo se trató 
del más grande atentado terrorista de todos los tiempos; también fue la 
primera vez que el mundo entero fue testigo en directo del desarrollo de un 
asesinato masivo. 
Atentados de esta envergadura, en el corazón mismo de la potencia militar y 
económica más importante del planeta, indican un salto cualitativo en la 
preparación, recursos, determinación y contactos internacionales del 
terrorismo. Al mismo tiempo -y por esa razón, entre otras- deben suscitar 
una reflexión seria sobre el tipo de respuesta adecuada y, esencialmente, 
sobre las causas que originan este tipo de situaciones. Que atentados como 
los ocurridos en Manhattan sean injustificables no quiere decir que resulte 
imposible explicarlos. 
 
Antecedentes de la víctima 
 
A lo largo de toda su historia, pero de manera más acentuada a medida que 
consolidaba su poderío, Estados Unidos se ha comportado como una potencia 
imperial que sólo atiende a sus propios intereses. Esta actitud se ha 
consolidado y cristalizado en la última década, desde que la implosión de la 
Unión Soviética marcó el final de la Guerra Fría y Estados Unidos quedó como 
única potencia mundial: en el plano económico sólo se le equipara -y aún así 
relativamente- la Unión Europea de 15 países desarrollados; en el militar, 
no tiene rival, al punto que podría librar con posibilidades una guerra 
contra el resto del mundo. 
Esta situación, de por sí preocupante, puesto que en sí misma supone el 
desequilibrio mundial, se ve agravada por los antecedentes internacionales 
de Estados Unidos. Su intervención en varias guerras se apoyó en incidentes 
-con numerosas víctimas estadounidenses- sobre los cuales muchos 
historiadores coinciden en que o bien fueron provocados por Estados Unidos 
mismo, o que tuvieron lugar con conocimiento previo de la inteligencia y el 
gobierno de ese país: fue el caso de la voladura del buque "Maine" en el 
puerto de La Habana, en 1898, que dio comienzo a la guerra 
hispano-estadounidense; el del masivo ataque japonés a la base naval de 
Pearl Harbor, en diciembre de 1941, que dio pie a que el Congreso autorizase 
la declaración de guerra a las potencias del Eje y el ingreso a la Segunda 
Guerra Mundial; fue también el caso de los incidentes del golfo de Tonkín, 
en agosto de 1964, que suministraron la excusa para invadir Vietnam... 
En América Latina, los latrocinios (no se los puede llamar de otra manera) 
cometidos por Estados Unidos son incontables y de una extrema gravedad, 
desde el reconocimiento del filibustero William Walker como máxima autoridad 
de Nicaragua, pasando por la anexión violenta de un tercio del territorio 
mexicano en el siglo XIX y, ya en el XX, invasiones sangrientas en República 
Dominicana, Cuba, Granada y Panamá; financiamiento y conspiración para la 
destitución de gobiernos progresistas como el de Jacobo Arbenz en Guatemala 
(1954) o el de Salvador Allende en Chile (1973), etc., hasta las 
conspiraciones para desestabilizar los gobiernos de Nicaragua (Plan 
Irán-"Contras"), Cuba, Panam*... Las intervenciones delictuosas de Estados 
Unidos en América Latina son incontables; la última de ellas, el llamado 
"Plan Colombia", que aunque está aprobado por el gobierno de ese país, 
supone la utilización de desfoliantes y herbicidas que causan gravísimos 
daños a la población civil (1). 
En el resto del mundo, sus antecedentes no son mejores: baste mencionar que 
después de la guerra del Golfo Pérsico, en 1991, Estados Unidos ha 
bombardeado en reiteradas ocasiones Irak (la última el 12 de septiembre 
pasado) sin tomarse la molestia de informar a las Naciones Unidas o a sus 
aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) con 
excepción de Gran Bretaña, que lo secunda. O el hecho de que los fanáticos 
integristas "talibanes" que hoy controlan Afganistán (y principales 
sospechosos de los atentados de Nueva York), fueron financiados, armados y 
entrenados por la CIA, en tiempos de la Guerra Fría, para desestabilizar a 
la URSS (2). O que Estados Unidos fue la única potencia que se negó a firmar 
el Tratado de abolición de las minas antipersonales, que causan miles de 
víctimas -principalmente niños- en varios países; o que hace poco se retiró 
unilateralmente del Tratado de descontaminación mundial de Kyoto, firmado 
por centenares de países; o que en los años '8 
0 desoyó olímpicamente una condena formal del Tribunal Internacional de La 
Haya (presidido por un juez estadounidense) por sus intervenciones contra el 
gobierno sandinista en Nicaragua... 
En otras palabras, Estados Unidos se comporta sistemáticamente de manera 
violenta, ilegal y arbitraria en el plano internacional, lo que ha llevado a 
decir a uno de sus más destacados intelectuales, Noam Chomsky, que ese país 
es "el terrorista mundial número 1". 
 
Violencia que engendra violencia. 
 
Los autores y responsables de los atentados de Nueva York deben ser 
identificados y castigados con el mayor rigor. Cuanto más precisa resulte la 
identificación y contundentes las pruebas, tanto más se percibirá como justo 
y ejemplar el castigo. Pero también aquí los antecedentes de Estados Unidos 
hacen temer represalias indiscriminadas y el aprovechamiento de estos 
atentados tanto con fines de política interna como internacional. Un 
comentarista señaló que "(Bill) Clinton, en un caso que hoy parece menor por 
cadavérica comparación -los atentados contra dos embajadas de Estados Unidos 
en Africa oriental- había reaccionado bombardeando una fábrica de aspirinas 
en Sudán y regado de bombas un par de campos del páramo afgano, donde se 
supone que vela sus miserables armas el tal Bin Laden" (3). En diciembre de 
1989, durante la invasión a Panamá, para ahogar la resistencia de la Guardia 
Nacional panameña Estados Unidos no vaciló en bombardear el populoso barrio 
de El Chorrillo, donde habita 
n decenas de miles de civiles. Aún hoy no se sabe cuantos panameños murieron 
ni se ha difundido una sola foto de El Chorrillo devastado... 
Es por esto que a pesar del horror y el repudio suscitado por los atentados 
de Nueva York, inmediatamente se levantaron voces advirtiendo sobre los 
peligros de una escalada de violencia, represalias indiscriminadas, 
utilización de los atentados con fines políticos e, incluso, sobre la 
necesidad de analizar las injusticias del orden económico y social 
internacional como única manera de acabar, a mediano y largo plazo, con este 
tipo de manifestaciones de violencia. 
"Lo que se necesita es un análisis de dónde estamos en este mundo y por qué 
somos odiados por tanta gente en el planeta", afirmó a un periódico mexicano 
(4) Richard E. Rubinstein, profesor de resolución de conflictos en la 
universidad George Mason. El profesor y varios sicólogos subrayaron que los 
ataques probablemente no fueron realizados por "locos", sino por activistas 
con compromisos ideológicos, razón por la que la pregunta que debe 
formularse es: ¿por qué? Autor de varios libros sobre terrorismo, Rubinstein 
afirmó que, desde su perspectiva, la respuesta es que "por todo el mundo, no 
sólo en Levante, sino en Colombia, Indonesia, o por ejemplo, en varios 
países africanos, la gente está luchando para proteger su identidad, su 
forma de vida; lucha por la dignidad o por la justicia económica, y se 
encuentran frente a balas, armas, tanques, o bombardeos de aviones y, 
virtualmente, todos estos proyectiles, bombas y armas tienen escrito: 'Hecho 
en Estados Unidos'". Este país, dijo el e 
xperto, "es el exportador mayor de la violencia en el mundo hoy día". El 
profesor de Ciencias Políticas expresó por supuesto su condena a los ataques 
contra el World Trade Center y el Pentágono, y supuso que habrá una reacción 
militar casi inmediata. "Lo primero que tenemos que hacer, claro, es 
apesadumbrarnos por nuestros muertos, aunque la gente demandará que se 
adopten medidas para encontrar a los responsables, fiscalizarlos o 
matarlos", pero destacó que la respuesta militar no detendrá más ataques en 
el futuro. "La gente en este país tiene que entender que la represalia sólo 
continúa el ciclo de violencia, no acaba con él", dijo. En el mismo 
artículo, el almirante retirado Eugene Carroll afirmó: "si simplemente 
destruimos Kabul en represalia, eso no detendr* las agresiones (...)". 
Rubinstein subrayó por su parte que "necesitamos entender este ataque como 
un intento para igualar la balanza o de tomar venganza contra el país más 
poderoso del mundo por gente que se siente victimizad 
a por esta nación, y que comparte una combinación particular de un sentir de 
falta de poder, humillación y esperanza de un cambio radical que forma parte 
de la mentalidad terrorista (...) en verdad no importa si eres un palestino 
que participa en la intifada, o si eres un campesino colombiano intentando 
vivir en el campo, o un separatista indonesio, o de Sri Lanka: es probable 
que seas víctima de las armas otorgadas por Estados Unidos a tropas 
asesoradas o capacitadas por Estados Unidos". Si la población 
estadounidense, dijo el especialista, estuviera consciente de las armas o el 
entrenamiento militar que otorga este gobierno a otros países, quedaría 
horrorizada (...) Esta información no justifica la muerte de civiles en este 
país o en cualquier otra parte (pero) ciertamente, es más comprensible que 
la gente esté enfurecida, sea incapaz de atacarnos de una forma convencional 
y siente que es poco posible armar un caso contra nosotros políticamente, 
dado que controlamos de forma sustan 
cial a la Organización de Naciones Unidas... Así, algunos utilizarán el arma 
de los débiles, que es el terrorismo". 
Este tipo de advertencias viene siendo formulada también en otros tonos. Uno 
de los más destacados comentaristas estadounidenses, Wiliam Pfaff, opinó que 
"La inutilidad práctica de la venganza ha quedado ilustrada en repetidas 
ocasiones, y se sigue demostrando en Oriente Próximo, ya que quienes emplean 
el terrorismo no funcionan según una escala pragmática de castigo y 
recompensa. Como saben los israelíes, hacer mártires a tus enemigos sólo 
sirve para fomentar más martirios" (5). 
El excelente artículo del periódico mexicano concluye que "Mientras varios 
líderes nacionales de todas partes del mundo expresaron su apoyo a Estados 
Unidos, una fuente diplomática de la Organización de Naciones Unidas 
cuestionó la forma en que este país está definiendo el ataque. 'Es muy 
peligroso que Estados Unidos diga que es un ataque contra el mundo. No es un 
ataque contra el mundo, es un ataque contra Estados Unidos en respuesta a 
las políticas estadounidenses'". 
En esta última afirmación está la clave, aplicable a todo Occidente, muy en 
particular a los grandes países desarrollados. Es probable que estos 
horribles atentados generen una respuesta masiva e irracional de parte de 
Estados Unidos, con el apoyo más o menos incondicional de sus aliados de la 
OTAN y los países satélites; pero también es razonable suponer que a mediano 
plazo comiencen a imponerse reflexiones como la del profesor Rubinstein. La 
gran paradoja -y la gran deuda- de la civilización occidental es que 
mientras la libertad, ciertos niveles de igualdad y el respeto a las leyes y 
los derechos humanos existen en un puñado de países desarrollados, para el 
resto de la humanidad, la abrumadora mayoría, siguen siendo pura retórica, 
abalorios, espejillos de colores. Mientras Occidente no resuelva esa 
contradicción, seguirá recogiendo de tanto en tanto y quizá cada vez con 
mayor violencia, las tempestades que siembran sus vientos. 
 
 
1 Maurice Lemoine, "La muerte que viene del cielo", Le Monde diplomatique 
edición Cono Sur, Buenos Aires, febrero 2001. 
2 Seumas Milne, "Americans cannot ignore what their government does abroad", 
The Guardian, Londres, 13-9-01. 
3 Miguel A. Bastenier, "Hacia una nueva bipolaridad", El País, Madrid, 
12-9-01. 
4 Jim Cason y David Brooks, corresponsales, "La respuesta militar no frenará 
los ataques", La Jornada, México, 13-9-01. 
5 William Pfaff, "Tres lecciones para Estados Unidos", Los Angeles Times 
Syndicate, reproducido por "El País", Madrid, 13-9-01. 
 
ARTICULOS VINCULADOS: Para acceder al resumen de contenidos de notas 
anteriores de El Dipló sobre el tema ESTADOS UNIDOS/TERRORISMO, haga click 
en: 
http://www.eldiplo.org/tematico.php3?numero=27&tema=41 
______________ 
 
INFO-DIPLÓ II 
______________ 
 
El Corán entra en la mundialización 
LAS PARADOJAS DE LAS FINANZAS ISLÁMICAS 
 
Nacidas en los años 70, las instituciones financieras islámicas operan en 
más de setenta y cinco países. Su desarrollo se correspondió paradójicamente 
con el despertar del islam político, al que sobrevive gracias al impulso de 
la mundialización financiera. 
 
Por Ibrahím WARDE 
Investigador de la universidad de Harvard y autor de Islamic Finance in the 
Global Economy, Edinburgh University Press. 
 
Las instituciones financieras islámicas "pesan" alrededor de 230.000 
millones de dólares, es decir, cuarenta veces más que en 1982 (1). En la 
actualidad, y a semejanza del Citibank que desde 1996 había establecido su 
propia filial islámica en Bahrein, la mayoría de las grandes instituciones 
financieras occidentales se ha embarcado en este tipo de actividades, en 
forma de filiales, de "ventanillas islámicas" o de productos financieros 
destinados a una clientela musulmana. Como símbolo de la integración del 
sector financiero islámico en la economía global, existe incluso un "índice 
Dow Jones del mercado islámico". 
Este fenómeno puede parecer paradójico, dado que hay quienes consideran que 
el islam es incompatible con el "nuevo orden mundial" instaurado después del 
fin de la guerra fría (2). En el momento de las finanzas globalizadas, ¿cómo 
explicar que instituciones que rechazan la "usura" puedan integrarse en un 
sistema basado en el interés, y que técnicas puestas al día con el despertar 
del islam político conozcan su edad de oro justamente cuando el islam 
político pierde aliento? (3). 
En los setenta cobra forma un sector financiero islámico modernizado, en la 
encrucijada del ascenso del pan-islamismo y del boom petrolero. En efecto, 
la guerra de los Seis Días (junio de 1967) marcó el principio del declive 
del movimiento nasserista, panárabe y laico, y abrió el camino a la 
hegemonía regional de Arabia Saudita, bajo la bandera del pan-islamismo. En 
1970, la creación de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), que 
reunía a los países musulmanes, puso al día los preceptos económicos del 
islam, y proliferaron los institutos islámicos de investigación económica. 
En 1974, en la cumbre de Lahore, en el torbellino de la cuadruplicación de 
los precios del petróleo, la OCI decidió crear el Banco Islámico de 
Desarrollo. Sita en Yedda, esta institución estableció los jalones de un 
sistema de ayuda mutua basado en principios islámicos. En 1975, el Dubai 
Islamic Bank fue el primer banco privado islámico que vio la luz. Se creó 
una asociación internacional de Bancos islámicos para establecer normas 
comunes y defender intereses comunes. En 1979, Pakistán se convirtió en el 
primer país que decretó la islamización del sector bancario; en 1983 lo 
siguieron Sudán e Irán. 
A partir de aquí la adaptación de una tradición precapitalista a las 
necesidades de la sociedad contemporánea fue competencia de los juristas 
musulmanes. Pues si bien la religión se mostraba favorable al comercio 
(profesión ejercida por el profeta Mahoma), condenaba en cambio los 
beneficios generados por la actividad financiera "pura". El Corán declara, 
por ejemplo, que los beneficios obtenidos mediante el comercio, a pesar de 
sus aparentes similitudes, son fundamentalmente diferentes de los generados 
por los préstamos (2:275). El islam prohibe en particular la riba. El 
término, traducido en general por "usura", significa literalmente "aumento". 
Pero su interpretación siempre se ha prestado a controversia: para algunos, 
la riba se refiere a todas las formas de "interés fijo"; para otros, la 
palabra designa sólo el interés excesivo. Aunque ciertas autoridades 
religiosas -incluido el actual jeque de Al Azhar en Egipto- hayan proclamado 
el carácter lícito de determinados tipos de interé 
s, muchos ulemas siguen sosteniendo una interpretación restrictiva. 
La tradición islámica, sin llegar a negar el principio de remuneración del 
dinero prestado, se opone sin embargo al carácter "fijo y predeterminado" 
del interés, con lo que esto implica en materia de equidad y de potencial 
explotación del prestatario. El islam predica más bien el reparto equitativo 
de los riesgos y beneficios (4). En los primeros tiempos del islam, la forma 
de financiación aplicada corrientemente consistía en asociar al prestamista 
con el prestatario; un comerciante acomodado financiaba una operación 
desarrollada por un empresario, y compartía en igualdad de condiciones 
beneficios y pérdidas. Esta forma de economía asociativa -que inspirará el 
sistema de comandita en el derecho francés- es fruto de una lógica similar a 
la del capital-riesgo popularizado por la "nueva economía". 
Los teóricos de las finanzas islámicas consideraban que tal sistema se 
adaptaba mejor a las necesidades económicas del mundo islámico así como a 
las exigencias morales de la religión. En efecto, mientras que la banca 
clásica privilegia a los dueños de capitales o de bienes susceptibles de ser 
hipotecados, la actividad financiera asociativa da su oportunidad a 
empresarios dinámicos pero poco afortunados. El sistema permitiría 
igualmente integrarse en los circuitos económicos productivos a quienes por 
razones religiosas preferían hasta aquel momento el atesoramiento. De este 
modo, el islam añadió una dimensión caritativa a la actividad financiera: 
gracias a la gestión de "fondos de zakat" (5), así como a sus propias 
donaciones, los Bancos debían luchar contra la pobreza y la exclusión. 
Este nuevo sistema financiero se fundaba en dos principios de finanzas 
asociativas: mudaraba (comandita) y musharaka (asociación). Otros 
instrumentos "neutros" como la murabaha (en la que el Banco desempeña el 
papel de un intermediario comercial, mediante la compra de las mercancías 
necesarias para sus clientes, mercancías que revende a cambio de un 
beneficio) debían cumplir una función transitoria: permitir que los Bancos 
generasen beneficios en espera de la generalización del uso de las finanzas 
de participación. La remuneración de los depósitos también se basaba en el 
principio de reparto de las pérdidas y las ganancias: las cuentas de ahorro 
se remuneraban (o no) en función de los beneficios del establecimiento; 
"cuentas de inversión" destinadas a financiar colocaciones específicas se 
remuneraban en función del resultado obtenido por esas colocaciones. 
Pero las finanzas de cooperación resultan decepcionantes: ni las 
infraestructuras financieras ni la mentalidad se prestaban a ellas. 
Escarmentados por los fracasos, muchos establecimientos se distanciaron de 
las ambiciones originales. A falta de inversiones lucrativas en sus países 
de origen, colocaron una parte importante de sus fondos en Occidente. Su 
predilección por los "bienes reales" (inmobiliario, mercado de materias 
primas...) expuso a un buen número de Bancos a pérdidas considerables. Los 
instrumentos "neutros", que sólo hubieran debido desempeñar una función 
transitoria, se perpetuaron. 
En muchos sentidos, sólo un lenguaje destinado a disfrazar la existencia del 
interés diferenciaba a los bancos islámicos de sus análogos convencionales. 
Su imagen se vio también perjudicada por el hundimiento de las compañías de 
inversión islámicas en Egipto en 1988 (6), así como por unos cuantos 
escándalos. Algunos consideraron entonces que las finanzas islámicas no eran 
en definitiva sino un episodio efímero asociado al boom petrolero. 
En realidad, se encontraban entonces a punto de experimentar un crecimiento 
muy fuerte. Dado que mientras tanto grandes conmociones habían transformado 
el mundo de las finanzas internacionales y el del islam: mutaciones 
ideológicas y desregulación, por una parte (globalización de las finanzas, 
nuevos productos financieros, etc.); cambios políticos, económicos, 
demográficos y sociales, por otra (impacto de la revolución iraní, guerra 
del Golfo, derrumbe de la Unión Soviética y emergencia de nuevos Estados 
islámicos, fluctuaciones del mercado petrolero, aumento del poder de los 
"tigres asiáticos", aparición de una burguesía devota musulmana, etc.). 
Pero el sector financiero islámico alcanzó su verdadero auge sólo al precio 
de una revisión actualizadora de sus principios y de sus prácticas. Mientras 
que el primer ijtihad (esfuerzo de interpretación) se caracterizó por el 
legalismo y el aspecto escolástico, el segundo se centró en recuperar el 
espíritu o la "economía moral" del islam, teniendo en cuenta los principios 
que durante mucho tiempo permitieron al islam adaptarse a las culturas más 
diversas: la urf (aceptación de las costumbres locales), la darura 
(necesidad) y la maslaha (interés general). 
Las redes financieras islámicas, antaño monolíticas y dominadas por las 
monarquías petroleras del Golfo (en particular, Arabia Saudita) reflejan 
actualmente la diversidad del mundo musulmán. Hasta los países que 
procedieron a la islamización total de sus sistemas económicos poseen 
aparatos dispares nacidos de circunstancias geopolíticas o económicas y de 
interpretaciones religiosas diferentes. Los instrumentos que conocen ahora 
el crecimiento más importante son a menudo los que en los años setenta se 
consideraron ilícitos (el seguro o takaful) o bien de uso todavía limitado 
(los sicav). De este modo, en paralelo con el crecimiento en el mundo del 
sector financiero de sicav éticos o socialmente responsables, los fondos 
invertidos en empresas o en sectores cuyo carácter lícito ha quedado 
establecido (7) son los que drenan hoy el ahorro de los musulmanes. 
Instituciones financieras islámicas operan en más de setenta y cinco países. 
La inserción del sistema financiero islámico en la economía global abunda en 
paradojas. El hecho de que las finanzas de los años noventa generen la mayor 
parte de sus beneficios a partir de comisiones y de la tarifación de los 
servicios (y no, como en otros tiempos, a partir del diferencial de interés 
entre créditos y depósitos) permitió eludir los debates teológicos relativos 
a la riba. Por otra parte, la ola de innovación financiera subsiguiente a la 
desregulación posibilitó la concepción y venta de todo tipo de "productos 
islámicos". Por ejemplo, una obligación podía descomponerse permitiendo la 
venta por separado de cada uno de sus dos componentes (el "principal" y el 
"interés"). 
Además, la decadencia del banco comercial clásico sumada al éxito de los 
bancos de inversiones y las sociedades de capital-riesgo, justificaban el 
acierto de la idea de finanzas participativas. Por otra parte, el 
acercamiento entre el sector financiero y la industria, así como la fusión 
de las especialidades de las finanzas, recreaban las condiciones del mundo 
de los "banqueros sin bancos", que prevaleció durante la edad de oro del 
islam. 
La evolución política del mundo musulmán puso en primer plano ciertos 
aspectos (el derecho a la propiedad privada y a la libre empresa, la 
importancia de los contratos o de la caridad privada) que demostraban que 
esta concepción del islam era compatible con el "consenso de Washington". 
Entonces podía invocarse la religión para desregular, privatizar o reducir 
los servicios públicos. Algunos gobiernos, Malasia y Bahrein por ejemplo, 
utilizaron esta interpretación para modernizar el sistema financiero, 
rechazar otras formas de islamismo o enfrentarse a clases rentistas 
retrógradas y a un sector privado refractario al ajuste estructural (8). 
Como lo indica una reciente encuesta del Financial Times, en muchos países 
islámicos las instituciones islámicas suelen ser las más dinámicas e 
innovadoras (9). 
Pero en definitiva, el atractivo del sector financiero islámico se explica 
sobre todo por los excesos del sector financiero global (10). Para las 
clases medias que emergen en un contexto de crecimiento del pietismo, la 
alternativa resulta muy clara. Si hay que elegir entre las finanzas 
convencionales, que se han secularizado cuando no "amoralizado", y un 
sistema financiero ético controlado por la religión (y basado en el 
principio de que las actividades económicas son beneficiosas mientras se 
ejercen en un marco moral estricto), la decisión es tanto más fácil cuanto 
más aumenta la cantidad de productos islámicos y de instituciones que los 
ofrecen. 
 
1 http://www.islamicbanking-finance.com 
2 Samuel Huntington, The Clash of Civilizations and the Remaking of World 
Order, Simon and Schuster Touchstone, Nueva York, 1997. 
3 Olivier Roy, L'Echec de l'Islam politique, Seuil, París, 1992. 
4 Durante mucho tiempo, las tradiciones cristiana y judía tuvieron las 
mismas reservas. Ver Rodney Wilson, Economics, Ethics and Religion: Jewish, 
Christian and Muslim Economic Thought, New York University Press, 1997. 
5 La limosna legal, que con la profesión de fe, la oración, el ayuno y la 
peregrinación, es uno de los "cinco pilares" del Islam. 
6 Ver Michel Galloux, Finance islamique et pouvoir politique: le cas de 
l'Egypte, Presses Universitaires de France, París, 1997. 
7 Esos fondos evitan invertir en las empresas muy endeudadas, donde la 
gestión se considera aventurada y poco ética, así como en sectores como la 
bebida, el armamento o el juego. Véase: 
http://islamicbanking-finance.com/funds. 
8 Ver Georges Corm, "A quand l'ajustement structurel du secteur privé dans 
le monde arabe?", Le Monde diplomatique, diciembre de 1994. 
9 Roula Khalaf, "Dynamism is held back by state control", Financial Times, 
11-4-2000. 
10 Léase "La derive des nouveaux produits financiers", Le Monde 
diplomatique, junio de 1994 
 
ARTICULOS VINCULADOS: Para acceder al resumen de contenidos de notas 
anteriores de El Dipló sobre el tema ECONOMÍA, haga click en: 
http://www.eldiplo.org/tematico.php3?numero=27&tema=11 
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