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Asunto:[GAP] Akhenatón: Contacto Interestelar
Fecha:Martes, 29 de Marzo, 2005  16:35:11 (-0600)
Autor:Anahuak Home <redanahuak @...............mx>

To: santiago Merino <smerinogar@...> 
Date: Tue, 29 Mar 2005 16:27:37 +0200 
Subject: Akhenatón: Contacto Interestelar 
 
 
AKHENATON CONTACTO INTERESTELAR 
  
 
“Me fueron dadas las alas del águila. Pude viajar entonces en los anales del 
tiempo y esto fue cuanto ví…” 
 
  
EN LOS ORIGENES 
 
Según las más viejas tradiciones esotéricas y ocultistas, en nuestro sistema 
solar existían además de los planetas que ahora mismo orbitan en torno a 
nuestro Sol, otra enorme masa planetaria, de una tremenda densidad. En 
estado primitivo, sin que la vida hubiera alcanzado los niveles de la 
inteligencia humana, pululaban formas primigenias de animales enormes, 
groseros, deformes, con instintos agresivos para evitar la selección brutal 
de las especies.  
 
Este planeta tenía un periodo orbital de 6666 años. Por tanto cada 3333 años 
se aproximaba a la tierra y en otros tantos años se alejaba. Los Dioses, 
conocedores de este ritmo orbital, ajustaban sus visitas y sus programas de 
inseminación genética y cultural sobre la raza de acuerdo a la influencia de 
dicho planeta.  
 
La enorme densidad, su baja condición astral y su influencia negativa, le 
hacía ser acreedor a un nombre proscrito: “La bestia”. Es por eso que en la 
propia Biblia se cita el número 666 como el número de la Bestia. 
 
Los señores del espacio; nuestros dioses, inseminadores y tuteladotes de la 
vida sobre la tierra, sabían y aún saben que el acercamiento de la Bestia 
producía sobre nuestra morada cósmica, alteración de las mareas, terremotos, 
cambios biológicos terribles, exaltación de la negatividad de todos los 
seres vivos. Cambios, en definitiva, que exigían de su parte todo un 
programa de ayuda, que aún hoy todavía continúa operativo. 
 
  
 
Fueron hace varios miles de millones de años que el segundo Sol de nuestro 
Sistema; Júpiter, se apagó. Es por esto que nuestro Sistema Solar, de ser de 
doble Sol, pasó a una sola Estrella. Los planetas pasaron de recibir luz 
todo el día, a un sistema binario, noche-día. De vivir en un maravilloso 
paraíso, donde la noche era día y el día esplendor, a vivir acompañado de 
los señores de la noche y de los señores de la luz. De tener solo una meta 
armónica feliz, progresiva y positiva a un modo donde la sonrisa y la 
lágrima, la alegría y la tristeza, el bien y el mal, formaron parte esencial 
de la naturaleza de todos los seres vivos que pululan en nuestro planeta, y 
por ende en los que forman nuestro Sistema Solar. 
 
El apagamiento de Júpiter produjo un terrorífico cambio en este rincón del 
cosmos. Todas las órbitas y masas planetarias se alteraron y la “Bestia” se 
desintegró en millones de fragmentos. Fue la muerte de un Gigante, pero no 
así de su cuerpo astral. Pues toda materia viva al desintegrarse deja su 
fantasma o cuerpo astral en el mismo lugar donde habitara. 
 
Tal y como predijo Nostredamus, El séptimo mes del año 1999, “Un gran Rey de 
Espanto….” Se acercó a la Tierra. Es decir, la forma astral de la Bestia 
siguiendo su vieja orbita llegó al punto más cercano de influencia a nuestro 
planeta, produciendo uno de los periodos mas oscuros y negativos que vivimos 
ahora mismo el ser humano. 
 
Muchos esoteristas predecían la llegada de una gran masa a la Tierra, pero 
solo los clarividentes, pudieron comprobar que esa masa no era física, sino 
astral.  
 
Conociendo la fecha de máximo acercamiento a nuestro planeta, es obvio que 
hace 3333 años, estaba en el punto más alejado. Y es precisamente hacia el 
año 1334 antes de Cristo, donde ubicamos una serie de acontecimientos que 
constituyen la base narrativa de nuestra pequeña historia.. Concretamente el 
día 29 de Abril de ese año, se producía una tremenda conjunción planetaria 
en Aries, que dio origen al concepto monoteísta, liderado por Moisés, el 
propio hijo de Akhenaton. En ese día –contado desde nuestra concepción 
cronóloga del tiempo, que no de los Egipcios- se conjuntaron en  el signo de 
Aries: Sol, Luna, Marte, Júpiter, Urano, Plutón y Luna Negra, en stellium, 
es decir, atrapando a su vez a Venus y Mercurio, en el signo de Tauro. Todo 
ello en trígono con el Nodo Lunar en Leo. Para los profanos en esta ciencia 
de la Astrología, deberíamos decir que Aries, representa la Unidad, el 
monoteísmo o la individualidad. Y es por esto, que siguiendo la infalible 
Ley Cósmica, que el máximo representante del signo de Aries, Moisés, le fue 
revelada su misión en esta precisa fecha, cuando tenía exactamente 21 años. 
 
Y por seguir en la dinámica de la cronología antigua y 3333 años antes, 
deberíamos situar otros acontecimientos claves para la evolución humana, 
hacia el año 4667 AC . En esta fecha anterior los últimos restos del 
continente Atlantídeo se sumergieron en las profundas aguas del Atlántico. 
 
Solo dos grandes iniciados de esta mítica civilización pudieron salvarse, 
trasladando el conocimiento a Egipto y a la India. Thotek viajó a Egipto y 
Ramatek viajó a la India. El primero llevó consigo la bendición de los 
dioses, junto con todo el saber antiguo del continente extinguido y el 
segundo a su vez depositó en la tradición sánscrita Induísta la filosofía 
del yoga, la respiración y la meditación como disciplinas para hallar la 
iluminación. Ambos fueron adorados por sus respectivos pueblos como Dioses 
iluminados. El primero fue conocido como Thot  y el segundo como Rama. 
 
Thot volvió a reencarnar en la Tierra 3333 años después en el propio Egipto 
como Akhenaton y por supuesto, después del mismo periodo de 3333 años, ya en 
nuestros días, volvió a revestirse de carne, aunque no creo que sea bueno 
revelar su identidad por no crear expectación banal. Pues no es importante 
el mensajero, sino el mensaje que porta. 
 
  
 
Vamos a situarnos precísamele en el tiempo de Akhenaton. Vamos a entrar en 
sus templos, en sus alcobas. Vamos a descubrir su conocimiento y sus ritos 
iniciáticos. Vamos a remover los viejos recuerdos inconscientes que aún hoy 
se alojan en nuestras almas. Aquel tiempo fue decisivo para la creación de 
una casta iniciática, que reencarnación tras reencarnación ha aportado a la 
Humanidad el conocimiento y el saber. Antes, ahora y después de este momento 
que estamos viviendo, los “Hijos de Sol” iluminaron  iluminan e iluminarán 
las sendas humanas hacia la verdad suprema. 
 
  
AMENOFIS III 
 
Hacia el año 1408 AC, Egipto era sin duda la primera e insuperable  potencia 
mundial, constituida por la unión de “las dos tierras” es decir el “Bajo” y 
“Alto” Egipto. Fue precisamente en este año cuando Amenofis III (en el 
lenguaje tradicional egipcio, Amenhotep, que significa: “Amon esta 
satisfecho” ) comenzó a reinar sobre una sociedad próspera, armonizada, con 
un orden político, económico y social muy bien estructurado. 
 
La casta sacerdotal era poderosa y rivalizaba en  algunos aspectos con el 
propio poder del Faraón. El ejército, ocupaba un papel de perfecta sumisión 
a la figura de su Rey. Hay que entender que el Faraón era considerado como 
un Dios, aliado a su vez de los Dioses del Cielo. Amenofis III hábil 
político y prudente hombre de estado había consolidado sus fronteras 
mediante negociaciones inteligentes con sus reinos vecinos. Egipto gozaba de 
un periodo excelente. Los viejos dioses estaban satisfechos y el pueblo 
vivía sometido a la Ley de Mat y al poder de su Rey. El arte, la música y el 
conocimiento se desarrollaban en  una de las mejores etapas de la larga 
historia de Egipto. 
 
Un excepcional equipo de colaboradores dieron a Egipto un esplendoroso 
momento. Por un lado el Gran Maestro, iniciado, arquitecto, filosofo y 
espiritualista, Amenhotep, hijo de Apu, que formó íntegramente la conciencia 
de Akhenaton. Y por otro lado, Suti y Hor magníficos constructores, junto 
con Beki, organizador de la Hacienda Nacional, procuraron a su soberano y a 
su pueblo estabilidad y entusiasmo. 
 
Pero no todo eran bendiciones para el padre de Akhenaton, puesto que los 
hititas, con su ambicioso soberano Suppiluliuma invaden las vecinas tierras 
del reino de Mittani, que era un tradicional aliado de Egipto. Todo el mundo 
espera que Amenofis III despliegue su ejército para defender a su aliado, 
pero lejos de esta acción, envía una serie de delegaciones que procuran una 
paz estable, basada en una especie de guerra fría, donde cada uno muestra 
sus armas, pero prefieren no llegar al momento decisivo de la guerra. 
 
El segundo peligro, más silencioso y a la larga mas humillante, esta 
referido al creciente poder de los sacerdotes de Tebas, ciudad esta 
consagrada a Amon, un Dios que en sus orígenes era de poca relevancia pero 
que en este tiempo consigue alzarse a la cabeza de las deidades egipcias. 
 
El sumo sacerdote de Tebas, Mery,  supera en poder, dinero y autoridad a los 
sacerdotes de Menfis, Heliópolis y del bajo Egipto. Controla la doble casa 
del oro, los graneros reales, los rebaños de Egipto, incluso las relaciones 
comerciales del país con los vecinos. Era como otro segundo Faraón dentro 
del mismo Imperio.  
 
A Mery le sucede un sumo sacerdote virtuoso y consagrado al culto, 
Amenemhat, aliviando la rivalidad latente entre la casta política y la 
sacerdotal. Por un tiempo el Imperio goza de estabilidad, pero el joven 
Akhenaton vive día a día las preocupaciones de su padre, aprendiendo de la 
prudencia, de la ira contenida y sobre todo que el amor al pueblo debe estar 
por encima de los deseos personales. 
 
  
 
-Hijo mio; tu no eres sino el primero de los servidores de tu pueblo. Serás 
Faraón no por la voluntad de los hombres sino de lo dioses. Hónrales por 
tanto, imitando sus virtudes. No te dejes llevar por la cólera, la venganza 
ni la ruindad. Aprende de lo alto para reflejarlo en lo bajo. 
 
  
 
Pero el joven príncipe solo veía las preocupaciones de su padre y el 
tremendo esfuerzo que debía realizar negando su ardiente carácter por servir 
a su pueblo. En su alma comenzaba a anidar un sentimiento de repulsa hacia 
la casta sacerdotal, que pocos años después le llevaría una revolución no 
cruenta pero sin precedentes en la historia de Egipto. 
 
  
 
El Consejo de los Veinticuatro Ancianos se estaba reuniendo. De todos los 
rincones de la Galaxia acudían seres inteligentes, comprometidos con el plan 
de la Humanidad terrestre. Hacia varios miles de años que los implantes 
neuronales en el primate humano estaban dando los resultados apetecidos. Por 
otra parte, las mejoras genéticas de los distintos rincones de nuestro 
Universo local, habían propiciado un rápido ascenso evolutivo desde la 
desaparición de la Atlántida. Pero el último aporte de la raza amarilla, por 
parte de los seres de Proción, además de mejorar la inteligencia del antiguo 
poblador terrestre, habría subido  la inteligencia y mejorado el sistema 
inmune, pero sin desearlo se había activado igualmente la superproducción de 
adrenalina. Este extremo producía una cierta agresividad en la raza y las 
previsiones de una constante belicosidad entre los humanos. Los Ancianos de 
la Galaxia, los que en definitiva seguían el plan de la inseminación 
genética de todos los planetas de este rincón del Cosmos, habían convocado a 
todos los espíritus comprometidos en este plan. 
 
Fueron sobre todo los biólogos los que tomaron la palabra, aconsejando 
reajustes futuros, mediante activación de las glándulas superiores. Pero no 
todos se ponían de acuerdo. Algunos pensaban que el proceso debía ser más 
psíquico y no tan biológico. Otros aconsejaban la implantación de nuevas 
colonias de otras galaxias, con el fín de mezclar convenientemente diversos 
factores complementarios. 
 
La reunión se prolongaba y no había acuerdo. Era habitual llegar a estas 
situaciones en las frecuentes reuniones que antes y ahora se siguen en el 
Cosmos. Determinaron por tanto esperar. Pidieron consejo al gran Maestro de 
Saturno Luiin, sobre la hora o la fecha propicia para seguir los debates y 
éste, sacando una pequeña máquina de posiciones planetarias, aconsejó seguir 
con la reunión, a pesar del cansancio, dado que en cuatro horas de nuestro 
tiempo, se producía una alineación muy propicia para recibir luz de las 
Esferas Superiores. 
 
Efectivamente a las cuatro horas, todos los presentes, sintieron con 
sutileza una mayor aceleración psíquica en sus organismos. Ahora no había 
prisa, se trataba de encontrar una solución guiada por luz del espíritu. 
 
Tal y como lo habían hecho en el pasado decidieron activar el factor  “RH – 
“  a partir de una manipulación genética de una mujer egipcia. Además, se 
contaba con la próxima encarnación del Gran Asthar Sheran (en la religión 
católica, el Arcángel San Miguel), que requería de unas condiciones precisas 
para llevar adelante sin violencia, el próximo plan sobre el Monoteísmo en 
el planeta Tierra.  
 
Es así, que la princesa Tiy fue la designada, para tal plan, de cuyo vientre 
nacieron a su vez dos faraones, uno de los cuales fue Akhenaton, que por el 
efecto de esta manipulación, habría sacado el cuerpo algo deforme, y por 
ende, un carácter exento de violencia y más predispuesto a la religiosidad, 
el arte y la espiritualidad, pues sobre él cabalgaba el espíritu de Asthar 
Sheran y de Thotek. 
 
Antes y después de esta reunión, eran conocidas las inseminaciones 
genéticas, sobre las vírgenes de nuestro planeta. De hecho este conocimiento 
ancestral fue inspirado por los Maestros del Cielo a los Iniciados Egipcios. 
Fueron estos a su vez los que escribieron el Génesis, que Moisés, después, 
entregara al pueblo hebreo como uno de los elementos fundamentales de su 
doctrina. En dicho libro aparece claramente una sentencia: “Los hijos de los 
Dioses se juntaron con las hijas de los hombres y las fecundaron…dando 
origen a los Gigantes”. 
 
Se estableció también que desde el planeta Hoova se transportara genes de 
DNA mejorados genéticamente y se implantaran en Abraham, y sobre todo en su 
nieto Jacob. Fue este último el que fue inseminado con los valores de los 
doce planetas de nuestro Sistema, de ahí que fueran doce los hijos que 
tuviera. Como después se sabe por el relato histórico, José, fue vendido por 
sus hermanos y alcanzó prosperidad en Egipto, pero con Jose y sus hermanos 
se llevó al Gran Reino los valores genéticos inseminados en su padre, para 
mezclarse con los valores del RH- de la Reina Tiy. 
 
  
 
La madre de Akhenaton, la princesa Tiy aparece históricamente como un 
personaje en segundo plano, cuando realmente estamos ante un ser 
absolutamente único y por otra parte clave, en el nacimiento y desarrollo de 
toda una misión, no tanto por ser la cobaya designada por el  Consejo de los 
veinticuatro Ancianos, sino por ser el apoyo moral de Amenofis III y de su 
hijo Akhenaton, con el primero, por ser su principal esposa y con el segundo 
por ser su madre, luego corregente y finalmente esposa real y madre de 
Tuntankamon; pero esto es otra historia que contaremos oportunamente. Vamos 
a hora a referir los hechos con un sentido cronológico ordenado. 
 
  
 
Yuya era sumo sacerdote del templo del dios Min, dios de la fecundad y de la 
prosperidad. En la cultura judeo-cristina, sería el Arcángel San Gabriel, o 
arquetipo de la Fecundidad Divina, el que anuncia a las vírgenes el 
nacimiento de seres divinos. Además de ser el sumo sacerdote, el padre de 
Tiy era a su vez el encargado de los carros de guerra del Faraón y consejero 
de Amenofis III.  
 
Cierto día, cuando se disponía a encender la lámpara de aceite del ofertorio 
del dios, tuvo una experiencia sublime y a la vez trascendente: Eran las 
seis de la mañana, las calles de Tebas estaban desiertas. Solo los 
sacerdotes de los grandes templos madrugaban para renovar las ofertas a sus 
dioses y para abrir las estancias al pueblo. Yuya portaba el aceite de la 
lámpara, unas semillas de trigo, recién desgranado, unos dátiles y una 
lechuga, a fin de que la energía de los alimentos fueran degustados por la 
estatua de su dios. Min ocupaba el centro del luminoso salón. La Luz de los 
amplios y altos ventanales del tempo, que se sostenía por gruesas columnas, 
proyectaban los primeros destellos luminosos de aquel nuevo día. La estatua 
de Min,  de fuerte color negro, con corona con dos grandes plumas. El falo 
erecto, barbudo y con un flagelo en  la mano. Se mantenía erguido sobre una 
peana de fino mármol blanco, donde se leía la siguiente inscripción: "Salve, 
Min, señor de las procesiones, dios de altas plumas, hijo de Osiris e Isis, 
venerado en Ipu, coptita, Horus del fuerte brazo". 
 
Yuya depositó con suavidad los alimentos, y se disponía a salir de la 
estancia, cuando de los inertes ojos del dios comenzaron a salir extraños 
resplandores. Todo se iluminó con un suave fulgor plateado. El sacerdote 
comenzaba a plantearse si aquello era real o simplemente se trataba de una 
alucinación personal. Se acercó un poco más a la estatua y contemplo con un 
inmenso pavor, como la fría roca de su dios se tornaba carne. Los ojos que 
ahora le miraban eran de un fuerte color verde. La tez casi de color 
aceituna iba reflejando un ser bellísimo que emanaba vida y beatitud. 
 
No te asustes, Yuya. He oído cada una de tus plegarias y he aquí que el 
Cielo a dispuesto otorgarte su favor. Tu esposa concebirá y dará a luz un 
gran ser, que viniendo del cielo se revestirá de carne, para que de su 
vientre nazca el espíritu de Thot. 
 
Yuya se pellizco con fuerza la pierna, esperando confirmar si aquello no era 
sino un sueño, pero de nuevo el hierofante parlante replicó: 
 
No estas dormido, hijo mio, alégrate por ser designado con tal favor. 
También hablaremos a tu esposa, para que prepare su vientre a tal fin. Tu 
sangre impregnada de la fuerza del espíritu, estará en vuestra hija y desde 
ella, se expandirá por la tierra. Será una sangre preciosa, que hará que la 
raza humana crezca en sabiduría y poder. Tu no puedes comprenderlo ahora, 
pero vendrá el tiempo en que todo esto sea contado para que el hombre 
reverencie la voluntad de los dioses. 
 
¿Qué tengo yo para obtener tal favor? 
 
Todos cumplimos un servicio en el Cosmos, todos trabajamos para ganar 
conciencia individual, pero todos somos llamados, ahora o luego, en esta 
vida o en otra, a servir el devenir de toda la raza. Ahora te toca a ti, 
mañana a otro. No hay más mérito para el servidor que simplemente hace su 
trabajo y ve en cada pequeño gesto de servicio el milagro de su crecimiento 
personal y el de sus semejantes. No podréis comer carne ni beber vino a 
partir de este día. Limpiad vuestro cuerpo que es el templo donde encarnará 
vuestra hija.  
 
Poco a poco la luz del dios se fue apagando, hasta que los nacientes rayos 
de Sol reflejaron solo piedra, donde antes había habido carne. Yuya se quedó 
todavía un buen rato absorto, contemplando los ojos de Min, como esperando 
que volvieran a parpadear, pero solo el frío brillo de la roca le hizo 
comprender, que todo había concluido. ¿Habrá sido solo un sueño? –se 
preguntaba- y con esta incertidumbre corrió a su casa para contarle a su 
esposa la tremenda vivencia que había experimentado. 
 
  
 
Tuiu, esposa de Yuya era la directora superior del harem de Min, por lo que 
tenía a su cargo la administración del palacio de las sacerdotisas del dios 
y el cuidado de la regla de las mujeres que servían el misterio de Min. 
Pocos eran los que entendían la misión de las sacerdotisas. El vulgo 
entendía que eran misiones de limpieza del tempo o de ornamentación de las 
estatuas, pero solo los iniciados sabían el verdadero misterio que se 
desarrollaba en las ceremonias de las vírgenes consagradas a este dios. 
 
Tuiu, bella mujer, de fuerte contextura y sólidas creencias, era hija a su 
vez de un viejo y aristocrático linaje de hombres importantes de Egipto. 
Servía en el templo con el pleno convencimiento de que su trabajo y el de 
sus vírgenes consagradas al dios, ayudaba al crecimiento de las cosechas y a 
la fecundidad de los campos. 
 
Cada equinoccio las sacerdotisas se reunían formando un gran círculo. 
Entonaban unas suaves notas musicales que repetían viejos mantrams, 
heredados desde el principio de los tiempos. Bellas melodías, acompañadas de 
pequeñas percusiones de campanas de cobre, que producían altas vibraciones. 
Estas vibraciones viajaban imparables impregnando cada brizna de hierba o 
cada gota del Nilo para que la cosecha correspondiente a cada estación 
atrajera la vida y la prosperidad sobre el Reino de las dos Tierras. 
 
Antes de cada ceremonia equinoccial las vírgenes solo comían una vez al día 
fruta y agua. Se purificaban con el baño ritual siete veces al día y ungían 
su cuerpo con suaves perfumen de albahaca y nardo. Las ceremonias, por otra 
parte tenían verdadera magia, puesto que se producían verdaderos milagros 
que, como antes dijimos solo los iniciados conocían. 
 
Se formaba un círculo con las sacerdotisas unidas de la mano. En el centro 
se ponía una maceta con una planta de mandrágora. Pero esta planta se había 
dejado si regar varios días antes por lo que su estado solía estar al límite 
de la supervivencia. En el transcurso de la ceremonia se producía un pequeño 
milagro, puesto que los cánticos reiterativos y armoniosos de todo el coro 
virginal conseguía que la planta se moviera al son de la música y se 
regeneraba plenamente hasta ponerse erecta. Una vez que la planta conseguía 
su pleno vigor, la ceremonia acababa con la alegría de toda la cofradía. El 
año que no se conseguía resucitar la planta era una mala señal y esto 
producía un mayor esfuerzo por parte de las vírgenes, que empeñaba más 
ceremonias para armonizar a las fuerzas primordiales de la naturaleza a lo 
largo de todo el año. 
 
  
 
Muchos colegios de monjes, sacerdotisas, vestales, etc,etc. Tuvieron y aún 
tienen como misión fundamental el ayudar desde el plano del silencio al 
mundo astral; cooperar con las entidades que viven al otro lado de la 
materia, como son los gnomos, las fuerzas primordiales de la naturaleza, las 
musas, las sirenas, el Dios Pan, etc, etc,  Incluso hoy en día he podido 
observa como una serie de monjes chinos, se han acercado a recomponer el 
cuerpo etéreo de los asesinados en atentado del 11-M en Madrid. Y en estas 
tareas no estaban solos, sino que los señores del cielo con su astronave 
Cristal-Bell, también estaban empeñados en esta tarea silenciosa e 
incomprendida por parte del hombre. 
 
  
 
Tuiu estaba entrelazando sus manos con sus compañeras en el circulo sagrado 
de Min, para activar la cosecha cuando en su cerebro escuchó con una 
tremenda fuerza inusitada: 
 
Mamá…mamá…mamá….  
 
El sonido fue tan fuerte, que la suma sacerdotisa volteó la cabeza pensando 
que una niña pequeña estaba detrás suyo. 
 
Tiy, ese es mi nombre,…mamá….. 
 
Fueron varias las veces que siguió escuchando la voz. Por un momento pensó 
que estaba enajenada o que sus compañeras habían traído una niña al templo y 
la tenían escondida. 
 
  
 
Finalmente todo entró en el silencio interior para dar paso a los suaves 
mantrams de sus hermanas. La mandrágora se puso erecta y la ceremonia se dio 
por concluida.  
 
Una vez en casa, los dos esposos se precipitaron el uno hacia el otro con 
premura de contarse cuando habían vivido. Hablaron por largo tiempo para 
llegar a la conclusión entusiasta de habían sido designado por su Dios para 
una gran misión.  
 
Pasaron los meses, hasta el nacimiento de su hija. Tal y como lo había 
solicitado ella misma se le puso por nombre Tiy. Era morena, de larga 
cabellera, grandes ojos y una fuerte contextura. Fue educada con esmero, 
como correspondía a la hija de unos padres nobles y principales del Reino. 
Frecuentó los templos y fue instruida en los misterios de Min y de Mat por 
su madre Tuiu.  
 
A la edad de 17 años fue presentada al Faraón Amenofis III que contaba ya 
con cuarenta años. Enseguida vio en la jovencita un aire distinto del resto 
de las numerosas mujeres de las que disponía en palacio. El Rey de Egipto 
tenía plena potestad para disponer de la vida de las doncellas de su reino. 
Normalmente solo se acercaban a él las familias nobles, pero todo ciudadano 
se sentiría orgulloso de que el Faraón dispusiera de alguna de sus hijas 
para su harén personal. Por otra parte los reyes de los países aliados de 
Egipto ofertaban a sus hijas con sus esclavas al Faraón, de ahí que el harén 
real contenía cientos de mujeres de varias razas, de diversas culturas, de 
distintas edades y de diversa condición cultural y social. Era igualmente 
numerosa la prole de hijos del Faraón, pero solo alcanzaban el rango de 
príncipe, el que fuera engendrado del vientre de su favorita, elevada a 
esposa principal.  
 
Amenofis III se quedó prendada de aquella mujer, no solo por su belleza, 
sino por el decidido además de su rostro. Era una jovencita que emanaba 
poder y seguridad. Su presencia en palacio solo pretendía cumplir con su 
inefable destino, que no era otro que ser la esposa del Faraón y madre a su 
vez de dos faraones más. 
 
Tuvo varios hijos con su esposo entre ellos, Akhenaton, Esmenkhare y 
finalmente Tutankhamon; pero este último no con el faraón Amenofis III sino 
con su hijo Akhenatón, en un matrimonio incestuoso, pero obligado por el 
destino y por los dioses. Algunos se maravillarán de que Tutankhamon naciera 
de la unión de un hijo y de su propia madre, pero esta era la única manera 
de crear anticuerpos contra el valor RH- que había sido alojado por los 
dioses en Tiy y que su hijo asimismo heredó. 
 
Fue una mujer de una tremenda fuerza personal, decidida, con una clara 
intervención en los asuntos de estado. Asesoró a su marido en las decisiones 
importantes de estado igual que lo hiciera posteriormente con su hijo. 
AMENHOTEP 
Este gran personaje nació hacia el 1.418 antes de Cristo en la ciudad de 
Atribis en el Delta del Nilo, fue hijo de Hapu (escriba real y Superior de 
los sacerdotes del templo de Horus-Jety). Desde niño su trabajo y actividad 
se vinculó al servicio administrativo del templo de su padre. Poco a poco 
fue ganándose el respeto y la consideración de sus superiores, no tanto por 
sus cualidades y disciplina, sino por su innata inteligencia. 
 
Contaba con aproximadamente treinta y tres años, cuando le sucedió una 
extraña experiencia que nunca pudo olvidar en el resto de su vida. Había 
sido delegado por el Superior del Templo de Horus, para contar las rentas de 
varias casas en los suburbios de Menfis. Eran propiedades de los sacerdotes, 
pero aquel barrio no era precisamente un lugar acogedor por un funcionario. 
Habían sido varios los asaltados, aporreados incluso alguno se había 
encontrado con la muerte.  Soldados retirados, prostitutas, ladrones e 
inmigrantes de Mitanní, así como esclavos nubios, formaban el grueso del 
vecindario. Amenhotep enfiló la calle principal para cumplir con su 
cometido, era día de mercado, por lo que la concurrencia era 
insoportablemente numerosa. El olor del ganado, la fruta, los vendedores de 
inciensos y los mendigos eran más que un pueblo, una jauría de 
despropósitos. El escriba se abría paso con dificultad. En un momento 
determinado, escuchó una fuerte voz en su cerebro: 
 
Huy…Huy…..ven hacia mi. 
 
El funcionario volvió rápidamente la cabeza extrañado por que no había sido 
llamado por su nombre, sino por el apodo popular que tenía asignado este 
nombre tan común entre los egipcios. Intentó encontrar a su posible 
interlocutor, pero todos iban a su aire. ¡Sin duda no se trataba de mi! 
–pensó para dentro- pero de nuevo volvió a escuchar aún con más fuerza la 
misma voz: -Huy….Huy..ven hacia mi- Esta vez se paró en seco lo que le 
propició más de un empujón. Por una extraña razón, su vista y su mente se 
centraron en  un mendigo andrajoso que estaba sentado en el escalón superior 
del portal de una de las caóticas chabolas de adobe que pululaban por la 
calle. Sin saber como, atraído por una especie de magnetismo animal, se 
encontró con los ojos de aquel personaje. Eran ojos verdes, no comunes para 
aquellas latitudes, muy brillantes. Le miraban fijamente, con ternura pero 
con firmeza.  
 
Te ruego buen escriba me ayudes con un poco de comida, pues hace días que no 
he probado bocado.  
 
Amenhotep acercó la mano a su bolsa, donde llevaba para el almuerzo un poco 
de queso de cabra y unos dátiles. Se disponía a sacar parte de su comida, 
cuando el anciano, fijando aún más la mirada le dijo. 
 
No necesito pan sino el alimento de tu alma. 
 
¿Cómo puedo darte mi alma, noble anciano? 
 
Solo cuando no tengas nada. Solo cuando no desees nada, Solo cuando ames a 
Dios sobre todas la cosas podrás darme el alimento que yo necesito, que no 
es material sino espiritual. 
 
Aquella respuesta lo desconcertó del todo, pero era aún  más fuerte la 
sensación interior de plenitud que le embargaba por dentro. ¿Qué estaba 
pasando?, ¿Quién era aquel anciano?...Como escuchando sus vertiginosos 
pensamientos volvió a escuchar: 
 
Mi nombre es Abu Smaely Swandy, pero este nombre nada te dice. Aquí entre 
los tuyos soy mendigo, pero entre los míos soy un príncipe. Ha llegado el 
tiempo, hermano, en que comenzarás recordar de donde vienes y el compromiso 
que tienes con tus hermanos. 
 
Yo soy Amenhotep,  hijo de Hapu. No tengo hermanos, y tampoco recuerdo haber 
hecho ningún compromiso, sino es con mi superior en el templo. 
 
La venda de la carne ciega los ojos de tu espíritu, pero poco a poco el velo 
irá cayendo para que recuerdes el propósito de tu vida y la tarea que te ha 
sido encomendada. Nosotros te guiaremos. Escucharás en tu cabeza mi voz y la 
de mis hermanos. Se limpio de corazón y no te dejes seducir por el poder 
temporal de los hombres, pues tu recompensa esta en el otro lado. 
 
No había terminado de decir estas palabras, cuando repentinamente fue 
despertado de su breve letargo por las risas de una vieja y unos niños que 
veían a un escriba doblado sobre su espalda y hablándole a la esquina de la 
casa. Estaba aturdido, no sabía el tiempo que había estado así, el ridículo 
le hizo reaccionar saliendo a todo correr del lugar. Pasaron dos horas más 
antes de que pudiera asimilar aquella experiencia. Estaba profundamente 
turbado. Sin duda los últimos días, en que estaba absorto por el trabajo le 
habían trastornado. Se disponía a acudir al médico, cuando de nuevo escucho 
la voz fuerte y nítida en su interior: Huy…Huy….ánimo, no ha sido un sueño, 
yo estoy hasta en el último rincón de tu alma. 
 
No volvió a escuchar esta voz hasta cumplidos los cincuenta años, justo en 
el momento en que el Faraón Amenofis III le confió la dirección espiritual y 
material del país, así como la enseñanza e iniciación de sus hijos, entre 
los que se encontraba Akhenaton, quién, por otra parte prosiguió aún con más 
maestría en la práctica de los sagrados misterios. 
 
Una de las claves que nos puede dar una idea clara del carisma de este 
personaje, se refiere a su calidad de iniciado. En una de sus estatuas 
figura esta leyenda: “Yo penetré entonces en la literatura religiosa y 
conocí los trabajos útiles de Tot. Me convertí en conocedor de las ideas 
inaccesibles al común de las gentes. Comprendí todos los pasajes oscuros…” 
En definitiva, un iniciado en los misterios. Un sabio que recogió las viejas 
enseñanzas de los dioses antiguos para trasladarlas a su tiempo. De ahí lo 
de “enseñanzas útiles”. Fruto de esta utilidad consiguió todos los 
nombramientos más encumbrados del reino, fue en un momento determinado quien 
regia los destinos de la gran nación egipcia con el total beneplácito del 
Faraón. Realizó infinidad de obras, como el templo de Mut en Tebas del de Ja 
em Maat, del de Jonsú, Luxor, ciudad palacio de Malkata, templo funeario de 
Amenofis III, templos jubilares de Soleb y Sedeinga, los colosos de Memnon. 
Trabajos de canalización y urbanismo. Artífice del censo de la población. 
Autor de rituales y de celebraciones. 
 
Una inscripción de una de sus estatuas en Karnac dice: “…Soy un verdadero 
ser de élite en medio de la masa de los humanos; un hombre cuya inteligencia 
comprende todo cuanto recorre la sala del Consejo y a quien las cosas más 
excepcionales le parecen naturales; saca las lecciones de los 
acontecimientos, incluso cuando las conclusiones son oscuras; soy un maestro 
de perspicacia que satisface el corazón de su soberano y que hace cosas 
magníficas para su Horus..” 
 
  
 
Tal fue su prestigio que mil años después de su muerte, fue elevado a la 
divinidad siendo asimilado al dios Ptha, dios de la medicina y de la 
sabiduría.  
 
  
 
Esta profusamente ilustrada su biografía entre los humanos, gracias a la 
multitud de testimonios pétreos que se han conservado de su época y 
posteriores, pero pocos o nadie conoce los verdaderos misterios esotéricos 
que jalonan su casi centenaria vida. Veamos ahora alguno de estos hechos 
impresionantes:  
 
  
 
Escucha o gran príncipe. 
 
El inquieto y avispado Akhenaton volvía loco a su maestro Amenhotep. Cada 
atardecer el niño acudía a la presencia del maestro en el palacio de 
Malkata. Tal era la orden explícita de Amenofis III respecto de la educación 
de sus hijos. El joven príncipe parecía estar a menudo en una profunda 
abstracción psicológica. No tanto por que no atendiera, sino por que las 
palabras de su maestro le transportaban sin desearlo a un estado de 
conciencia, en el que el tiempo y el espacio se convertían en otras 
presencias y otras sensaciones atemporales. 
 
Escucha príncipe; estos son los misterios principales que tendrás que 
aprender para adentrarte en el mundo de los misterios absolutos. Solo 
viviendo estos principios podrás traspasar los muros de la ignorancia de la 
carne. Solo traspasando estas puertas podrás viajar a la morada de los 
dioses.  
 
Todo es mente, querido hijo. Todo lo que ven tus ojos, perciben tus sentidos 
o puedes aislar en este mundo es el resultado de una idea, de una mente que 
lo ha diseñado, que los ha pensado. Todo elemento manifestado tiene detrás 
un principio no manifestado. Los ojos de la carne solo pueden ver el mundo 
de la materia, pero los ojos del espíritu ven el espíritu que compenetra 
hasta la más simple partícula de este mundo. Todo tiene mente, todo piensa, 
todo se moviliza con una lógica. No existe el azar. Todo sigue el plan del 
creador de cada elemento y todos los creadores, siguen el plan del Profundo. 
 
¿Lo has entendido, hijo mio?. 
 
Si mi amado maestro. 
 
Recuerda siempre que cuando golpeas una piedra o aplastas una lombriz, 
golpeas una idea, un espíritu y el principio de la continuidad. Todo está 
donde debe estar, siguiendo un preciso plan. 
 
¡He aquí el segundo de los sagrados principios que nos enseñaran los 
antiguos dioses!: Lo que esta aquí, y lo que perciben tus sentidos, es la 
replica exacta de lo que esta allí y solo percibe tu espíritu. Lo que es 
arriba es abajo. Dios y tu sois una perfecta réplica. Si matas a tu vecino 
matas a Dios. Si desprecias a otro te desprecias a ti mismo y desprecias a 
Dios. Este Universo es la consecuencia del otro. Y los dos, son una misma 
cosa en el principio mental que antes te he explicado. 
 
¿Lo has comprendido hijo mio?. 
 
Si amado maestro.  
 
El tercer principio dice: Todo, absolutamente todo, incluso las piedras más 
viejas que parecen inertes, tienen movimiento, tienen vibración, tienen el 
hálito del espíritu. Nada de lo creado deja de participar de Dios, todo 
vibra, todo se dinamiza, todo se transforma con el paso del tiempo. Esta 
roca mañana será una flor, esa flor será un pez y ese pez mañana será un 
hombre, pues todo es movimiento en la mente de Dios. 
 
¿Has comprendido hijo mio?. 
 
Si amado maestro.  
 
Existe la noche y el día, la sonrisa y la lágrima, El bien y el mal. Deberás 
entender por tanto que todo tiene su opuesto o su contrario en este Universo 
bipolar en el que vives. Pero recuerda, hijo mío que Dios es el uno y el 
otro, el bien y el mal. Si solo integras un extremo en tu vida, serás un 
adepto y un fanático de uno de los dos lados de la realidad, La clave esta 
en el equilibrio. Recuerda que de la basura más pútrida nace la más bella de 
las flores. Por tanto la una y la otra son necesarias y viven juntas. Es así 
como se manifiesta la vida. ¿Has comprendido hijo mío? 
 
Si amado maestro.  
 
El quinto principio que nos enseñaran los viejos dioses es: Que todo tiene 
su ritmo, que todo vive en un eterno crecimiento hacia una mayor y mejor 
evolución. Nada esta por casualidad. Nada esta perdido. Todo esta caminando 
hacia una absoluta perfección. El mosquito vive un día, la roca cientos de 
miles de años, pero el uno y la otra se transformarán y de su muerte nacerá 
otro ser más perfecto, que tendrá dentro la memoria de los dos anteriores. 
 
¿Has comprendido hijo mío?. 
 
Si amado maestro  
 
Es importantísimo que comprendas que, toda causa desencadena un efecto, que 
si alteras el equilibrio de las cosas se causan efectos y consecuencias. Si 
ahora siembras vientos, mañana recogerás tempestades. Si ahora no quieres 
trabajar, mañana te morirás de hambre. Si en esta vida matas, en la 
siguiente morirás de la misma manera hasta que comprendas que hay que 
respetar la vida. Piensa por tanto bien tus acciones. No maldigas ahora tu 
penosa vida, puesto que es la consecuencia segura de la errada vida 
anterior. Si ahora eres cojo, ayer amputaste la pierna a tu semejante. 
 
¿Has comprendido hijo mío? 
 
Si amado maestro.  
 
Por último debes recordad que siempre hay un principio masculino y un orden 
ascendente y un principio femenino y orden descendente. Esta el ángel y el 
diablo, pero los dos son necesarios puesto que uno te enseña el bien y el 
otro  el mal. De la unión de los géneros, nace el tao, nace la perfección. 
No juzgues por tanto por la aparente realidad de un solo lado, de un solo 
principio, puesto que también existe el otro. 
 
¿has comprendido hijo mío? 
 
Si amado maestro.  
 
  
 
Aquellos principios, aquellas enseñanzas fueron las que guiaron la vida y 
obras de Akhenaton, el Faraón hereje. Eran las enseñanzas que el mismo, 
cuando fue Thot había traído desde la Atlántida antes de hundirse. Eran 
enseñanzas que recordaban en el niño, al viejo maestro que había en su 
espíritu.  
 
Y Akhenaton fue creciendo en el conocimiento de la mano de Amenhotep, su 
venerado maestro.  
 
  
EL MUNDO INTERNO 
¡Huy…Huy!, repetía la voz en la cabeza de Amenhotep. Y el sonido tan 
familiar para él le hizo escudriñar inquieto cada rincón del palacio. Como 
siempre era su hermano invisible. Era el cálido acompañante de sus 
meditaciones silenciosas. 
 
Busca, hermano en el corazón del león, pues ha de abrirse el sello y la 
puerta del cielo.  
 
Amenhotep no entendía nada de cuanto oía en su interior. Estuvo mascullando 
esta frase día y noche, hasta el punto de ser una verdadera obsesión, sin 
que acudiera a su mente ninguna solución al enigma. 
 
Pasaron dos semanas antes de despachar los asuntos de estado con el Rey de 
Egipto Amenofis III. Inevitablemente el Faraón vio inquieto a su Visir y no 
pudo por menos de preguntarle. 
 
Que te sucede Hoy. Veo que no te concentras en lo que te digo y estás 
ausente. ¿Estas enfermo?. ¿Necesitas descansar?. 
 
No mi Divino Señor, tan solo son mis propias obsesiones interiores. Estoy 
descifrando un enigma y no encuentro la solución. 
 
Puedes contármelo a mi, mi buen amigo. Sabes que eres como un hermano. 
 
Debo buscar en el corazón del León. Y no se si se refiere a preocuparme por 
mi salud o por que mi corazón esta viejo o quiere significar otra cosa. 
 
“Busca en el corazón del león”. Esta frase esta en el testamento de mi 
padre, y en el de mi abuelo. Es una frase que pasa de padres a hijos y 
tampoco yo he sabido encontrar la solución. 
 
La reina Tiy que se acercaba en ese momento a saludar al visir replicó 
automáticamente:  
 
Solo hay un león con un inmenso corazón capaz de albergar a un hombre. Es la 
Esfinge. El monumento que nuestros mayores dejaron como referencia de 
nuestra identidad. ¡Busquemos en ella!. 
 
Los tres callaron por un momento, a la vez que en cada uno de ellos se iba 
haciendo la luz del conocimiento. Quizás el enigma no era sino una puerta 
física que pudiera adentrarlos en algún lugar sagrado o secreto. 
 
Aquella noche, tres sombras vestidas de tupido negro, con sendas linternas y 
un pelotón de guardia se acercaron a la gran llanura donde moran las casas 
de los dioses; las pirámides. Los guardias se preguntaban que extraña locura 
había embargado a sus señores, para que en plena noche salieran furtivos de 
palacio.  
 
Los guardias formaron un amplio círculo alrededor de la esfinge. Vigilaban 
atentamente, mientras que los nobles encapuchados golpeaban suavemente 
alrededor de del monumento. El sonido era de roca sólida. Sin duda se habían 
equivocado. Pero Tiy, más perceptiva dijo: 
 
Tenemos que ir más abajo, bajo la arena. 
 
El tiempo pasaba mientras el jefe de la guardia traía sendas palas. Eran las 
tres de la mañana y aquel extraño comportamiento de sus soberanos le hacía 
divagar sobre las ocultas intenciones. 
 
Hicieron un pozo de un metro de profundidad junto a la base de la esfinge 
por la cara anterior, buscando el corazón del león tumbado. Esta vez los 
golpes sonaban huecos. Acercaron las mortecinas lámparas de aceite hasta que 
en el lado izquierdo de al roca apareció dibujado un corazón. Dieron un 
golpe fuerte sobre el mismo y muy suavemente comenzaron a escuchar un 
vaciado de tierra. Era como un filtro que dejara pasar partículas de arena. 
Repentinamente los tres cayeron al fondo de un pozo de base cuadrada. La 
arena impregnó sus cabellos y se vieron revolcados en un suelo pedregoso 
extrañamente pulido. Tomaron las linternas que yacían en el suelo y 
recorrieron un largo pasadizo que bajaba hasta diez metros en rampa de 
cuarenta y cinco grados. Luego se hacia plano y horizontal a la superficie. 
 
Extrañas figuras aladas y raros vehículos voladores se dibujaban en las 
paredes con colores cromáticos brillantes y llamativos. Anduvieron durante 
media hora hasta desembocar e una inmensa sala, de la que partían a su vez 
varias ramificaciones de túneles semejantes al recorrido. Aquella sala 
contenía infinidad de grabaciones en un extraño metal. Amenhotep conocía 
aquella escritura, puesto que como escriba estaba familiarizado con los 
viejos escritos de los antiguos padres. 
 
Este lenguaje tiene mas de tres mil años. Ya no se usa 
 
¿Qué quiere decir?  
 
Tendría que estar mucho tiempo estudiándolo, pero parece que hace referencia 
a una puerta que viene de las estrellas y de navíos celestes que van y 
vienen de lo alto.  
 
Aquel descubrimiento además de ofertarles una tremenda aventura debía ser 
tratado como un asunto secreto de estado. Optaron finalmente por salir de 
las galerías, dejando todo como estaba. Cerraron por tanto la entrada. 
Pusieron una férrea guardia junto a la esfinge y montaron una enorme tienda, 
infranqueable para todo ciudadano. 
 
Amenhotep se trasladó a vivir a la tienda, haciendo circular el rumor de que 
necesitaba recibir la fuerza de la esfinge para tomar decisiones de Estado. 
Allí permaneció por un periodo de dos meses. Finalmente nadie se preguntó 
por aquel extraño comportamiento y por otra parte los oficiales de la 
guardia que les habían escoltado en la noche del descubrimiento fueron 
trasladados con una misión de vigilancia a Elefantia, en el extremo Sur del 
país.  
 
Amenhotep recorrió miles de metros de túneles, observó cientos de pinturas, 
miles de libros, dejados allí por el propio Thot, hacía más de tres mil 
años. Observó extrañas máquinas incomprensibles para él y su tiempo. Aquel 
era otro Egipto, más trascendente, más profundo, más viejo, pero a la vez, 
más incomprensible y majestuoso. 
 
Aún hoy siguen allí miles de objetos, miles de respuestas, esperando ser 
descifradas. (1)  
 
  
AKHENATON 
Al fallecimiento de Amenofis III, subió al poder, con la regencia de Tiy, su 
hijo Akhenaton. Su hermano mayor Tutmosis había fallecido previamente y fue 
él por orden de sucesión quien heredó el trono. La aún joven y lozana madre 
del Rey, conservaba toda la belleza y fuerza de una viuda que se había 
entregado primero al servicio del padre y ahora al servicio del hijo, pero 
en mayor medida al servicio de Egipto. 
 
Amenhotep también había dejado este mundo. Pero previamente a su marcha, 
había instruido a Akhenaton en los misterios. El propio Faraón había estado 
en el Egipto secreto del interior de la esfinge. Conocía secretos que ningún 
mortal jamás pudiera haber soñado. Era un joven sabio. 
 
El viejo maestro había entregado al joven Faraón la encomienda de crear la 
Gran Fraternidad de los Hijos del Sol. Tal era el designio de los “Señores 
de las Estrellas” y los años siguientes al fallecimiento de su padre y de su 
maestro, el espíritu de Akhenaton se vio redimensionado del conocimiento 
superior. La más grande las revoluciones espirituales de todos los tiempos 
se había puesto en marcha. 
 
  
 
Desde todos los confines del Imperio, incluso de otros países fueron siendo 
despertados los espíritus de diversos seres a fín de crear la Gran 
Fraternidad de los Hijos del Sol. Finalmente Akhenatón logró formar setenta 
y dos hermanos, que fueron iniciados en los misterios. Una vez al año se 
reunían todos en la ceremonia de la “Recepción del espíritu de Ra”. Luego en 
diversos grupos y en diversas ceremonias, se sucedían encuentros, donde se 
trabaja en el conocimiento y en la iluminación. 
 
La Gran Ceremonia se realizaba en la Sala oval del Egipto Interno. Bajo la 
Pirámide. La Guardiana del Sello; la esposa principal del Rey, la bella 
Nefertiti, ostentaba el lado femenino del Avatar y era a ella a quien 
correspondía guardar el escarabajo sagrado. Dicho escarabajo era una talla 
en cristal de roca pura, traído de la Constelación de Orión por lo antiguos 
padres.  
 
Se entonaban bellos cantos que partiendo del estómago de los cofrades, se 
proyectaban al paladar, presionando la lengua sobre el mismo, a la vez que 
los ojos volteaban cerrados a la glándula pineal. Nefertiti ponía en 
escarabajo sagrado sobre una pequeña ara de grafito. Se tocaba una campana y 
todos se concentraban sobre aquella maravillosa joya. Poco a poco se 
producía una niebla blanca y espesa que iba definiendo el rostro y el cuerpo 
de un “hierofante”. Un Maestro que vive en el futuro y en otra dimensión, 
proyectaba su alma ante el grupo y les instruía en los misterios y el 
conocimiento.  
 
Otras tantas veces eran convocados al gran hangar, que aún hoy se sitúa bajo 
la pirámide de Keops. Y ante todos ellos se producía el milagro de la 
materialización interdimensional de seres de carne y hueso venidos de las 
estrellas.  
 
A estos “Hermanos superiores” les gustaba enseñar las habilidades propias 
del potencial humano. Se ponían máscaras, como la del perro o la del gato, 
incluso de algún pájaro, con objeto de producir en el inconsciente del 
adepto el despertar de las facultades perceptivas de estos animales. Ellos 
sabían que en cada ser humano esta dormida la memoria del gato, del perro, 
de la planta o del propio diplodocus. De esta práctica se popularizó por 
parte de los no iniciados la idea de representar a los dioses con cara de 
animales y cuerpo de hombres. 
 
Todos los hermanos de la Fraternidad de los Hijos del Sol conocían que Dios 
no necesita de intermediarios. Que los dioses adorados por los hombres no 
eran sino representaciones más o menos próximas de otros hermanos más 
evolucionados que venían de las estrellas y que sembraron la vida sobre el 
planeta. Todos los hermanos de la Fraternidad sabían que Dios esta en todos 
y todo forma a Dios, y a su vez que Dios es el “sin forma”. 
 
Todos los hermanos se juramentaron por todas su reencarnaciones el no adorar 
a estatuas y no crear cultos, templos e iglesias que alejaran a Dios de la 
más íntima de sus  moradas; es decir, el corazón humano. Todos sabían que 
adorar a un ser encarnado de carne y hueso era un gran pecado. 
 
Cada uno de los setenta y dos había desarrollado diversas habilidades de 
precognición, profecía, telequinesia, desdoblamiento, pero se juramentaron 
para no mostrar estas habilidades en público,  a fin de no crear seres 
sometidos al fenómeno y no a la esencia. 
 
Todos los espíritus inmortales de la vieja Fraternidad grabaron en la 
esencia de su ser, el crear la Sinarquía de todos los hombres, de todas las 
razas, de todos los seres vivos del planeta. 
 
Ellos mostraron y aún muestran a los hombres que Dios no necesita de 
intermediarios ni de templos, que basta el corazón humano y práctica de la 
virtud para vivir en la consciencia de Dios. 
 
Es por eso que Akhenaton y los sacerdotes de Amon, se enfrentaron en una 
lucha fratricida puesto que la doctrina de los Iniciados del Sol era 
contraria a los macabros intereses de una casta sacerdotal rica, desmotivada 
y alejada del espíritu divino. 
 
Pocos conocían que los iniciados en los misterios se reconocían por llevar 
dibujada en sus mantos un corazón púrpura y una rosa. Tenían también como 
norma besarse tres veces en cada ceremonia, aunque no lo hacían en público 
puesto que esto les podía dar verdaderos problemas. 
 
Los sacerdotes de Tebas que adoraban a Amon, levantaron un  bulo peligroso y 
a la vez vejatorio para los seguidores de Akhenaton.  Todos pensaron que las 
continuas visitas de gente joven a palacio, tanto en Tebas como en Menfis 
hacia sospechar de inclinaciones homosexuales por parte de Rey. Quizás la 
aristocracia espiritual y el porte sutil de los iniciados del Sol, daba a 
entender que se trataba de personas con inclinaciones afeminadas. Pocos 
podían entender que Akheanton amaba a sus hermanos de Fraternidad, no en el 
cuerpo, sino en el espíritu. Pocos podían entender que aquel extraño 
atractivo no se debía tanto a su cuerpo físico sino a lo que irradiaba sus 
almas.  
 
  
NEFERTITI 
Hija del gran cortesano y dignatario de la corte Hay, amigo personal de 
Amenofis III, consiguió ya desde el principio romper el protocolo cortesano 
y las tradiciones, puesto que lo normal hubiera sido que Akhenaton se casara 
con su propia hermana Sit-Amón. Pero la personalidad magnética, bella y 
seductora de Nefertiti cautivó el corazón del Rey. Contaba solo doce años, 
cuando la hija de Hay fuera entregada como esposa a Akhenaton, que a su vez 
contaba con solo dos años más. Fueron una pareja carismática, entregada por 
amor, al proyecto monoteísta de instaurar un culto único, que pudiera 
hermanar al hombre con  un solo Dios. 
 
Nefertiti había sido instruída en los misterios y tenía compenetrada en su 
alma la parte femenina de un Avatar. Ella sabía que Dios vive consciente, 
creativo y directivo en los Soles del Universo. Que cada Sol contiene la 
genética planetaria y los espíritus de cada individuo. Ella sabía que en los 
Soles viven los Elohim, señores creadores de vida. Que cada Sol es un Padre, 
un Cristo, un pequeño delegado de la Suprema esencia Divina. Es por esto que 
enseguida se incorporó como suprema sacerdotisa al culto a Aton. 
 
Tuvo seis hijas con Akhenaton. Finalmente tuvo otro hijo, pero teniendo el 
niño unos pocos meses murió junto a su madre en una de las frecuentes plagas 
infecciosas que golpeaban a la población. 
 
Fue enterrada con su pequeño, pero los iniciados de la Gran Fraternidad 
Solar cortaron su boca con objeto de que no contara los secretos de los 
iniciados al llegar al otro mundo. 
 
Nefertiti reencarnó posteriormente como Jose de Arimatea, con la misma 
función de guardar el Grial. 
 
Akhenaton y Nefertiti fueron, son y serán siempre “La pareja Solar” y junto 
con sus iniciados cantaron su dios Aton con amor y veneración el gran canto 
crístico que igualara y rememorara dos mil años después el propio Jesucristo 
cuando decía: “Yo soy la Luz del Mundo”. 
 
Nerfertiti fue compenetrada por los valores de Isis, la Gran Madre e 
inspiró, incluso impulsó con más fuerza que su propio esposo el culto 
carismático y monoteísta de Aton. De hecho a su muerte, el faraón vivió una 
tremenda crisis generando el final de su esplendor. 
 
  
LOS SEÑORES DE LAS ESTRELLAS 
Akhenaton fue un contactado de los seres provenientes de Orión. El culto 
monoteísta y carismático que proponían sus hermanos cósmicos trataba en todo 
momento de acercar al ser humano a la esencia divina que cada uno portamos 
dentro. Todo estaba preparado para el nacimiento del Avatar de la Era de 
Aries, Moises. Se habían realizado muchas intervenciones genéticas y todo 
estaba dirigido para conseguir un selección de una calidad humana más 
elevada, más psíquica y más intuitiva. 
 
Pero los hijos de Set; los setánicos, también se movían con planes 
contrarios. Una minoría de sacerdotes del culto de Amon también practicaba 
sus ritos y sus oraciones para derribar al Faraón y su culto. Estos 
iniciados setánicos vestían de negro en sus ceremonias y su símbolo era una 
pirámide invertida. Casi todos ellos están ahora reencarnados en la casta 
sacerdotal de la Iglesia Católica. 
 
Tal fue el combate entre unos y otros, que los Señores de las Estrellas 
tuvieron que abortar varios planes para asesinar al Faraón. Finalmente 
tuvieron que aconsejar al Rey que abandonara su palacio paterno de Tebas y 
los de Menfis y Heliópolis construyéndose una ciudad separada de las rutas y 
del bullicio del pueblo. 
 
Finalmente se puso en marcha la construcción de la ciudad de Aton, en el 
desierto, a medio camino entre Tebas y Menfis. Fue la ciudad de Amarna. 
Donde el Faraón, su esposa, y sus seguidores mas directos se refugiaron no 
tanto por vocación, sino para defenderse de las intrigas de la casta 
sacerdotal, que tenía el dinero y los medios para conspirar en toda regla 
contra el propio Faraón. Incluso se habían conspirado con el propio 
ejército. Sobre todo el general Horenheb, hombre conservador y seguidor de 
las viejas tradiciones, veía con malos ojos, el que su soberano se entregara 
a aquellas extrañas prácticas religiosas, apartándose de las tradiciones, 
mientras que los Hititias y babilónicos, habían extendido sus imperios por 
el Norte invadiendo Mittani y las fronteras del propio imperio egipcio. Este 
general junto con otros cortesanos estaba preparando un verdadero golpe de 
estado. Había conseguido hacerse con la confianza de la casta sacerdotal y 
en los próximos años, conseguiría hacerse con el poder, después de que 
Tutankhamon, hijo de Akhenaton y de su madre Tiy, fuera asesinado siendo 
prácticamente un niño. Horemjeb, se casó finalmente con una de las seis 
hijas de Akhenaton, legalizando así la toma del poder, dando origen a la 
saga de los Ramsémidas. 
 
Volviendo a los “Señores de las Estrellas”, sabedores de que el culto a Aton 
y por tanto el monoteísmo no se podía instaurar en Egipto, idearon un plan 
asombroso que en los próximos años, llevaría a todo un pueblo a instaurar en 
forma rotunda el monoteísmo. 
 
Por un lado, ordenaron la disolución de la Fraternidad Solar, haciendo 
viajar a sus miembros con los misterios a las distintas naciones del mundo 
entonces conocido. Todos estos hombres crearon en cada cultura cultos y 
actividades iniciáticas a semejanza de lo aprendido en Egipto. 
 
El mejor de lo iniciados de la Fraternidad llamado Jetró, se le ordenó 
viajar a la península de Sinaí, en Madiam, con el fin de preservar el 
conocimiento, que en su día debía ser entregado al Avatar de Aries, Moisés. 
 
Se le indicó al Faraón que debía tener un hijo con su propia madre Tiy, a 
fin de que los anticuerpos sembrados en él pasaran a su hijo Tutankhamon. 
 
Se seleccionó una hebrea, que portaba los valores genéticos de viejo padre 
Jacob, para que una vez en palacio tuviera un hijo con Akhenaton, a fín de 
que naciera de esta unión el propio Moisés. 
 
Y finalmente se le ordenó al propio Faraón, se preparara para dejar este 
mundo, pero no muerto, sino vivo y consciente, puesto que el plan de 
monoteísmo se realizaría no por si mismo, sino a través de uno de sus hijos. 
Pero el estaría en el carro celeste (ovni) con los Señores de las Estrellas, 
mientras que Moisés, sería guiado, junto a su pueblo a realizar la utopía 
del monoteísmo pero no en Egipto, sino en la Tierra Prometida. 
 
  
 
Fue en la sala oval. Akhenaton había bajado a los pasadizos interiores del 
Egipto oculto. Una vez al año acudía el Farón en  solitario a este lugar 
para el rito de regeneración. Se trataba de purificar el cuerpo y el alma en 
las estancias subterráneas de la Gran Pirámide, para ascender después, por 
un angosto pasadizo hasta la cumbre de la propia pirámide, donde se 
encontraba el monolito traído por los viejos padre. El pasadizo contenía una 
pequeña plataforma de madera donde solo cabía un hombre. Por el centro de 
dicha plataforma pasaba una cuerda de esparto, que a su vez estaba sujeta a 
un juego de poleas en la cúspide de la pirámide. El propio Faraón tiraba de 
la cuerda hasta llegar a la cumbre y allí en postura de loto recibía la 
energía psicotrónica del cosmos. En estas prácticas, que duraban hasta tres 
horas de contemplación se podía perder hasta cinco kilos de peso corporal, a 
la vez que se llegaba casi a un estado de deshidratación, por la pérdida de 
varios litros de sudor. 
 
Estaba en la sala oval, a punto de ascender por el pequeño ascensor, cuando 
la inmensa sala se iluminó con un extraño esplendor. El olor azufroso junto 
con un sinfín de chispas estáticas, hicieron palidecer al Faraón. De repente 
en el centro de la estancia se hizo presente una extraña máquina plateada, 
parecida a dos gigantescas escudillas de comida adheridas por el centro. 
Akhenaton había visto varias veces estas anifestaciones de los dioses, 
puesto que en las reuniones de la Gran Fraternidad eran frecuentes las 
visitas de los “Señores de las Estrellas”  en dicha sala. Pero a pesar de 
tales visitas, nunca se terminaba de asombrar y de sorprender por la 
magnífica presencia de los “dioses”. 
 
La máquina voladora tenía unos veinte metros de diámetro y cerca de seis 
metros de alto en la cúspide. Del lado inferior de la misma comenzó a 
abrirse una costura luminosa y casi al instante apareció ante el Rey,  el 
gran Ramerik; Maestro Supremo de Orión, que en los tiempos del nacimiento 
del Viejo imperio, habría venido con el nombre de Ra,  para instruir a 
Thotek y los primeros Faraones. En estas ocasión no venían con él sus 
hermanos,  Osiris,  Isis y  Anubis. 
 
Maestro, ¿Qué deseáis de mi? 
 
Vengo a prevenirte y a anunciarte que el plan que te anunciamos por medio de 
nuestro hermano Amenhotep, “que viva muchos años en el Paraiso”; va a ser 
modificado. No es posible establecer entre tu pueblo el culto a una sola 
unidad de conciencia. No se dan las condiciones sociales, políticas y sobre 
todo espirituales que nos permitan romper las supersticiones religiosas, el 
dominio de la casta sacerdotal y la ignorancia de la mayoría de los 
educadores de tu pueblo. Dispersa la Fraternidad. Y disponte a venir con 
nosotros.  
 
¿Pero como puedo yo ser digno de tal honor?, ¿Y que pasará con mis hermanos 
y mis hijos?  
 
Ellos tienen su propio programa de vida. Todos están cumpliendo su propio 
devenir. A pesar de todo tu amor por ellos, nada ni nadie puede alterar su 
recorrido evolutivo. Cada uno tiene que realizar su verdad, sin que podamos 
alterarla. Incluso viendo a tu propio hijo metiéndose en el peligro más 
grande, y aún desgarrando tu corazón, el debe experimentar por si mismo y 
establecer conciencia por dicha experimentación. 
 
A partir de este momento no comerás carne, no tomarás bebidas nocivas, y no 
vendrás a las ceremonias de regeneración. Cuando la Ciudad del Sol este 
concluida procurarás no salir a las fronteras ni permanecer mucho tiempo en 
Tebas. Existe todo un programa humano y suprahumano que quiere aniquilar 
nuestro proyecto y acabar con tu vida. 
 
Esta a punto de nacer el Avatar del Carnero, y lo hará de tu carne y de tu 
sangre.  
 
¿Quién será la madre; gran Maestro? 
 
No lo será tu amada esposa, ni tu madre, ni ninguna de tus hijas. Ya esta 
designado el vientre que tendrá tal honor. No será princesa ni hija de 
nobles. Será humilde, callada y virgen. El más grande los Señores de Cielo 
nacerá de una esclava,  a fín de que se cumpla el misterio por el cual, el 
Señor, servirá al esclavo, a fin de que el esclavo aprenda a amar al Padre 
Creador de todas las Cosas. ¡Pero escucha bien Akhenaton!. La mujer 
designada no será de tu harén. Ni será obligada a engendrar, ni poseída. 
Pues todo Avatar debe nacer del amor y del deseo entre los dos principios. 
 
¿Cómo sabré que es la mujer designada? 
 
Tu no lo sabrás, sino tu corazón. El te arrastrará hacia ella, pues la 
elección no la haces tu, sino el que cabalga sobre ti. 
 
Sea pues, así y hágase la voluntad del cielo. 
 
En muy pocos segundos, la figura de Ramerik se adentró en el plato volador y 
casi al instante la sala oval se quedó en un profundo silencio, con la pena 
del faraón, que pensaba en tanto esfuerzo de su padre, de su maestro y de 
los hermanos de la Fraternidad valdíos. ¿Cómo podía decir a los suyos que la 
utopía y el propósito de su vidas no se podía realizar?. 
 
Desde aquel encuentro Akhenaton, se refugió en una profunda tristeza 
interior, dejando el imperio en manos de sus funcionarios. Ya no sería más 
el Rey, sino el ermitaño del desierto. 
 
La Fraternidad se reunió una vez más bajo la Gran Pirámide. Se escondieron 
los símbolos sagrados. Se ocultó el escarabajo de diamante límpido. Se 
cerraron las galerías. Se ocultaron los libros de Thot; de alguno de los 
cuales, se habían hecho copias en los años anteriores. (muchos de estos 
libros fueron pasto de las llamas en el incendio de la Biblioteca de 
Alejandría). Se inundaron varios pasadizos. Los “Señores de las Estrellas” 
dejaron en la sala oval el testimonio de su presencia, puesto que uno de sus 
vehículos aún permanece allí en nuestros días. 
 
El llanto, y la impotencia de los setenta y dos hermanos resonó en todo el 
Cosmos. Tembló la palmera, lloraron todos los perros de Egipto. Se 
obscureció el cielo. Trepitó la tierra. Los niños en las cunas gritaron al 
unísono desconsolados. El tiempo paró y el espacio se encogió en aquella 
ceremonia de la Fraternidad de los Hijos del Sol. 
 
Nefertiti y Akhenaton abrazaron a cada uno de sus hermanos. Todos se 
conjuraron para retornar unidos en las siguientes vidas. En el centro de la 
sala oval se dibujaron las siluetas de Ramerik, Isis, Osiris, Anubis. Era el 
“adios” de aquel tiempo para adentrarse en “hasta la eternidad” del 
reencuentro. Es por esto que nuestros corazones lloran todavía cuando el 
espíritu inmortal rememora los símbolos del “Corazón Púrpura”, “La Rosa” “La 
Cruz”, ciertos sonidos, ciertas posturas, ciertas imágenes, que siguen 
guardadas en nuestras almas. Es por esto que por miles de años, nos quedamos 
sin familia, sin patria, sin hogar donde descansar nuestros corazones. Es 
por esto que nuestros huesos se duelen al no poder todavía verter entre “los 
cerdos” las “perlas” de aquel “supremo conocimiento”. 
 
Hubo más reuniones, pero no en Menfis, sino en Amarna. Pero no se volvió a 
alcanzar la brillantez y la plenitud de antaño. Los hermanos fueron poco a 
poco alcanzando sus destinos en el mundo. Jetró, el mejor de todos ellos 
terminó por destrozar el corazón del Farón y de su esposa al marchar a 
Madiam.  
 
  
 
Era el tercer año del comienzo de las obras de Amarna. Akhenaton tuvo que 
viajar todavía una vez más a Menfis. Razones de estado le obligaron a 
entrevistarse con la plana mayor de sus ejércitos. 
 
La historia de Egipto se centraba en dos centro de poder fundamentales; por 
un lado Menfis y por otro Tebas. Amenhotep III, el padre del Farón Hereje, 
había preferido Tebas, pero una gran parte de los servicios administrativos 
del imperio se ubicaban en Menfis. 
 
El palacio del Rey era suntuoso, siempre lleno de nobles, de funcionarios de 
diverso rango y escalafón. Cuando el Faraón no estaba en él, se encendía una 
lámpara de aceite en los aposentos reales como si el alma del soberano 
estuviera acompañando a sus súbditos. 
 
Dime Hatot, ¿Quién es la esclava que cada mañana recoge los lienzos de mi 
lecho y renueva mi vestuario. 
 
El mayordomo del palacio quedó un poco asombrado de que el “hijo de los 
Dioses” se interesara por aquella esclava hebrea. 
 
Se trata de Betasbet; mi señor. Es una joven hebrea que se ocupa de la 
lavandería de palacio. ¿La deseáis para vos, Señor?. 
 
No mi buen mayordomo. Tu señor, el hijo de los Dioses, aún teniéndolo todo, 
debe mostrar desapego a su pueblo. 
 
Akhenaton recordaba las palabras severas de Ramerik. A ninguna mujer podía 
poseer contra su voluntad. 
 
Día a día. Betasebet esperaba tras el lienzo de terciopelo la salida del 
Faraón para proceder al aseo de su estancia. La mirada baja y sumisa, 
escondían una bellísima cara morena, repleta de ternura y de candor. Jamás 
hubiera imaginado que el Rey se había fijado en ella. 
 
Pasa a mi estancia Betsabet. 
 
Divinidad; ¿Qué deseáis de mí y como sabéis mi nombre? 
 
Os deseo a vos. Sería el ser más afortunado del mundo si esta noche yaceis 
conmigo.  
 
Akhenaton se quedó perplejo al comprobar la osadía de su ruego. Incluso 
siendo el Faraón, y sobre todo por esto mismo, debía guardar la compostura 
que correspondía a su rango. Eran normalmente los mayordomos reales, los que 
acudían al haren real para buscar la mujer a la que correspondía yacer con 
el Faraón.  
 
Vos sois mi señor. Tomad de mi cuanto deseéis. Pero os ruego que consideréis 
mi condición de sirviente y de fiel creyente en mi Dios y en mis 
tradiciones. Solo puedo entregarme al hombre que sea  mi esposo. 
 
¿De que Dios hablas? 
 
Del único Dios, Padre creador de todas las Cosas, Yavhe. 
 
Justo al pronunciar esta palabra, la mente del Rey comenzó a girar a una 
tremenda velocidad. Estaba intentando unificar a su pueblo en torno a un 
solo Dios, cuando entre las clases más bajas ya existía esta semilla. Además 
se trataba de un pueblo de esclavos, que por ser reprimidos, habían 
fortalecido sus lazos de supervivencia mediante la unión lógica de las 
especies amenazadas. 
 
¡Háblame más de tu Dios! 
 
Poco puedo contaros yo mi Señor, solo los rabinos pueden hablar de El. 
 
Ve en paz, Betasabet yo acallaré mi deseo en nombre de tu Dios. 
 
Los siguientes días, fueron intensos para Akhenaton, no tanto por el trabajo 
propio de su reino, sino por las reuniones diarias que mantuvo con los 
rabinos más viejos del pueblo de Israel. Fue en ese tiempo cuando comenzó a 
valorar de nuevo la construcción de la Sinarquía Solar pero de la mano de su 
pueblo, sino de los esclavos. Iba finalmente comprendiendo los planes de los 
“Señores de las Estrellas” trasmitidos por Ramerik. Si efectivamente 
aquellos cientos de miles de parias, conseguían un caudillo, se darían las 
condiciones óptimas para comenzar un nuevo orden. El mayor problema estaba 
en la promesa que su Dios, les había dado de recuperar la tierra prometida, 
que al parecer estaba al Norte de su imperio. Inevitablemente la Sinarquía 
Monoteísta se produciría no en Egipto sino fuera. 
 
Fueron días tormentosos para el Faraón. El deseo de poseer a Betsabet no le 
dejaba descansar. Trataba de retenerla junto a sí, pero volvía a su mente 
las palabras de Ramerik, con la prohibición de no poseer a la mujer. Algo en 
el corazón del Rey le decía que aquella era la mujer. Pero ella no mostraba 
ningún deseo hacia su Señor. 
 
  
 
Pasaron dieciocho días. Había Luna llena. Aquella noche la joven virgen, 
dormía en su habitáculo, en la parte posterior del palacio. En los arrabales 
de los esclavos hebreos. Era una noche normal. Betsabet dormía plenamente, 
la jornada de palacio la había extenuado. En un momento comenzó a soñar. Se 
veía arrebatada por una extraña luz que estaba encima del palacio. Aunque 
estaba dormida sentía plenamente la suave brisa de las noches de Menfis, el 
vértigo de ganar altura y el miedo a caerse. 
 
Luego se vio reposando en un lecho blanco. Todo estaba lleno de luz. Estaba 
desnuda, pero no sentía vergüenza alguna. Pequeños hombrecitos con grandes 
ojos negros iban  y venían por la espaciosa sala, portando instrumentos o 
herramientas que nunca había visto. En la sala entró un ser alto que 
desprendía luz. Era bellísimo. Emanaba una beatífica sensación de amor. La 
joven parecía vivir en el paraíso. Pero este estado no duró mucho puesto que 
los seres pequeñajos comenzaron a introducir una varillas metálicas por todo 
su cuerpo. No sentía dolor alguno, pero se veía ultrajada en su intimidad, 
sobre todo por que dos varillas entraron por su vagina. El sueño se tornava 
tortuoso y comenzó a sentir angustia. Pero no podía retornar a la vigilia, 
pues se sentía prisionera de un estado cataléptico que nunca en su vida 
había experimentado. Finalmente se despertó sudorosa, jadeante, llorando. 
Todo parecía estar normal, pero comprobó horrorizada que en los lienzos que 
cubrían la paja del lecho, había sangre, que a su vez había salido de su 
sexo. Miró su cuerpo y comprobó asimismo que su cuerpo tenía marcas precisas 
de incisiones que se correspondían con la ubicación de las varillas del 
sueño. ¿Lo había soñado, o simplemente estaba loca?. ¿Qué habían metido 
aquellos hombrecillos en su sexo?. No pudo responderse, no solo por que no 
tenía respuesta alguna, sino por que la campana de palacio le recordaba que 
estaba amaneciendo y comenzaba su tarea habitual. 
 
  
 
Corrió con suavidad la cortina de la puerta que daba acceso a la estancia 
del Faraón. Akhenaton  vio a la doncella con una belleza inusitada, 
mordiéndose el deseo como los días anteriores. ¿Cómo era posible que el Rey 
de Egipto, que tenía miles de mujeres a su servicio se había obsesionado con 
aquella esclava?.  
 
Pero ocurrió el milagro. Inesperadamente Betsabet dejó caer la túnica que le 
envolvía. Estaba desnuda ante su Faraón. Era una autómata sin conciencia, 
solo atada por un extraño deseo que jamás nunca había sentido. 
 
Comenzó a sentir el calor del primer hombre de su vida. Era algo intenso, 
agradable, y a la vez deseado. Sentía dentro de si el ardor del deseo del 
Faraón hasta llegar a un clima de verdadero éxtasis. Perdió el sentido. Una 
rarísima visión se le presentó en la cabeza. Veía que su vientre era un 
campo y que una semilla caía dentro. Esta semilla crecía hasta hacerse 
grande. Luego la semilla se desgranaba y cada uno de estos granos crecía a 
su vez repitiendo millones de veces la misma operación. Comprendió entonces, 
sin ninguna dificultad que aquel acto incontrolado terminaría en un 
embarazo. Volvió en si experimentando una mezcla de deseo, placer y dolor a 
la vez. Sin duda estaba experimentando lo que su madre le había explicado en 
muchas ocasiones. Ya no era virgen, pero no le importaba. 
 
Los quince días que siguieron a este acontecimiento, Betsebet se entregó por 
deseo voluntario a su Rey. Luego todo se terminó. Ambos sabían en su 
interior que habían sido instrumentos de Dios. Ambos sabían que debían 
seguir sus destinos. 
 
Akhenaton llamó a palacio a Samuel, el Sumo sacerdote de Israel. 
 
Debo partir, sabio anciano. Pero te encomiendo una tarea que deberás cumplir 
por ti mismo aceptándola de buen grado o por la fuerza. Deseo que Betasebet 
sea liberada de su obligación religiosa. La he tomado como una de mis 
esposas. Nada ni nadie podrá ofenderla. Vivirá en palacio por el resto de 
sus días. El fruto de su vientre, lleva mi sangre (Akheanton sabía en su 
interior que Betsabet estaba embarazada). 
 
 -¡Quien soy yo para oponerme a la voluntad de mi Señor!. También nosotros 
sabemos que de una de nuestras mujeres nacerá un príncipe que liberará a 
nuestro pueblo. Cuidaré de la mujer y nada ni nadie ofenderá su vida ni el 
fruto de su viente. 
 
  
 
Luego llamó a  Hatot y le dijo: 
 
Debo partir. No se cuando retornaré. Pero te encomiendo por tu propia vida, 
que Betsabet sea respetada y liberada de cualquier tarea. Vivirá en palacio 
ocupándose de mi estancia personal. Deberás entregar al escriba este edito 
por el cual la libero de servidumbre y ordeno le sea entregada una renta de 
por vida, y su hijo sea instruído en el templo como un hijo mio. 
 
  
 
Akhenaton no volvió más a Menfis, el riesgo de ser asesinado se lo impedía. 
Se quedó en Amarna. Nunca olvidó a Betsabet, pues sabía que era la elegida. 
Se ocupó día a día de que el niño nacido de su vientre fuera educado como un 
príncipe. Pero no puedo disfrutar de su presencia, puesto que cuatro años 
después Akhenaton se reunió con los Señores de las Estrellas. 
 
Nefertiti supo de la existencia de aquel nacimiento y aunque el Faraón tenía 
varias decenas de niños nacidos del harem real, algo le decía que aquella 
esclava y que aquel nacimiento eran distintos. Nunca reprochó a su esposo 
nada, entre otras cosas por que el Faraón tenía derecho sin replica a poseer 
a toda mujer de Egipto. 
 
Se esforzó Nefertiti en darle un hijo a su esposo, y lo consiguió finalmente 
pero a los cuatro meses de haber dado a luz a su hijo murieron ambos de un 
glaucoma vírico.  
 
  
LA PARTIDA 
-¿Qué sentido tiene mi vida?. Todo ha concluido. Nefertiti nos ha dejado, 
mis hermanos están dispersos, las fronteras han cedido y Egipto esta a 
merced de nuestros vecinos. El Faraón es esclavo en su propio palacio y mis 
hermanos de la Fraternidad han llegado a sus destinos. ¿Hasta cuando debo 
permanecer entre los mortales?. 
 
  
 
Todo ocurrió sin aviso alguno, sin premeditación. Akhenaton no podía dormir. 
Aquella noche llena de luceros le invitaba a salir de sus aposentos. Una de 
las estrellas comenzó a moverse haciéndose cada vez más grande. El patio de 
columnas se inundó de luz. Luego ya no estaba en tierra en Egipto, sino con 
Ramerik, y no en Egipto, sino entre las estrellas. 
 
Los próximos años fueron intensos y de pleno aprendizaje. 
 
  
 
Mientras tanto en Egipto se había dado por fallecido al Faraón. Se le 
consideró un traidor. En los años sucesivos todas las estatuas y 
representaciones de Aton, de Akhenaton y  de Nerfertiti fueron borradas de 
los edificios públicos. Tutankhamon reinó muy pocos años. Finalmente los 
planes de Horenheb y de los sacerdotes de Amon se cumplieron y comenzó un 
nuevo tiempo en la Tierra del Nilo, un tiempo esplendoroso de la mano de los 
Ramsémidas. La XVIII dinastía había concluido y con ella. El más grande de 
los misterios de todos los tiempos. Nunca encontrarán la tumba de Akhenaton 
y nunca la encontrarán por que este Faraón no murió entre los humanos, fue 
raptado, al igual que lo fuera después su hijo Moisés, por los “Señores de 
las Estrellas”.  
 
  
 
En Menfis, Betsabet se esforzaba en vigilar a su inquieto hijo. Una luz 
blanca le compenetraba arrastrándole hacia el Nilo. Desaparecía ante los 
ojos de su madre, que comenzaba a inquietarse. ¿Dónde estaba su hijo?. 
Finalmente se había acostumbrado a aquellos raptos, que terminaban por 
retornar al fruto de su vientre más guapo y mas sabio de cuando había sido 
raptado por la bola de luz. 
 
¿Dónde has estado todo este tiempo? 
 
Con mi padre y mis hermanos del cielo. 
 
Y Aquel niño fue llamado Moisés; el salvado de las aguas, pero no por lo 
escrito en el libro sagrado, sino por las numerosas veces que fue abducido 
en su bola de luz (canepla) y retornado por las aguas del Nilo desde la nave 
de su padre al hogar de su madre. 
JETRO 
El más aventajado de los hermanos de la Fraternidad, el hermano más querido 
de Akhenaton,  tuvo mucho trabajo. Después de disolverse la Fraternidad de 
los Hijos del Sol, marchó a Madiam. Allí estableció una base de contacto con 
los “Señores de las Estrellas”. Tuvo un trabajo casi idéntico al del Faraón. 
Puesto que de su unión con una de las mujeres de Madiam, nació con 
intervención genética de los “Señores de las Pléyades” su hija Shefora. La 
parte femenina del Avatar de Aries. Es decir, la parte femenina de Moisés. 
El sabía bien que cuando un Avatar reencarna en la tierra necesita un macho 
y una hembra puesto que el Dios que viene de la dimensión andrógina del 
mundo astral, es macho y hembra a la vez y necesita de ambos soportes en la 
tierra para expresarse. Lo mismo ocurriría dos mil años después con Jesus y 
Maria Magdalena.  
 
Jetró que conocía al detalle la metodología de los “Señores de las 
Estrellas” inició y ayudó a su vez a Moisés, a encontrar a Yavhe en el 
Sinaí. Propició la unión de su hija y del hijo de su amado hermano Akhenaton 
y con estos actos, terminó por fallecer el último de los setenta y dos 
iniciados de la Fraternidad de los Hijos del Sol. 
 
Jetró viejo y cansado, agonizaba entre los brazos y la admiración de los 
suyos. Una sonrisa emergió junto con el último suspiro. La penumbra de la 
estancia se iluminó de repente con una extraña luz. 
 
¡Mirad…mirad…. Están todos aquí. Vienen a buscarme. Solo falto yo….! 
 
Akheanton, Nefertiti, Tiy, Amenhotep III, Ramerik y setenta y un hermanos 
sonreían. Ya estaban todos otra vez juntos. El plan había sido un éxito. 
Jetró se unió a ellos y tomaron la senda de la inmortalidad. 
 
Moisés fue guiado y ayudado por su padre desde el Carro de Fuego. En los 
cuarenta años sucesivos murieron todos los liberados de Egipto. Nació otra 
generación en libertad, con orgullo y con un solo y único Dios. 
 
Y este contacto y esa ayuda del padre y el hijo fue contada así por el libro 
sagrado:  
 
  
 
“ Y sucedía que cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se 
levantaba, y cada cual estaba en pie a la puerta de su tienda, y miraban en 
pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo.  Cuando Moisés 
entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía y se ponía a la 
puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés. Y viendo todo el pueblo 
la columna de nube que estaba a la puerta del tabernáculo, se levantaba cada 
uno a la puerta de su tienda y adoraba. Y hablaba Jehová a Moisés cara a 
cara, como habla cualquiera a su compañero”. 
 
  
 
Lice Moreno  
  
 
  
TÚNELES POR DEBAJO DE LAS PIRÁMIDES EGIPCIAS 
  
 
Diversas investigaciones sostienen que debajo de la pata derecha de la 
Esfinge existen uno o más Cámaras y túneles de conexión. Aún el Gobierno 
Egipcio no autoriza a abrir las mismas. 
 
Nótese el desgaste en el cuerpo de la Esfinge producido por el agua y NO por 
la erosión del viento y la arena, según las investigaciones científicas 
llevadas a cabo. Además confirmaría una edad de más de 10.000 años para este 
monumento.  
 
(Julio-Agosto 2.001 G.D.G.) 
 
  
 
(1) -TÚNELES POR DEBAJO DE LAS PIRÁMIDES EGIPCIAS 
 
Asha’s Mural Gallery.  4 Marzo 2000 
 
  
 
Los cuentos pintorescos entretienen... pero lo que me interesa es un cuadro 
más conciso de lo que está teniendo lugar en Gizeh, y en cualquier otro 
sitio relacionado con lo mismo.  Ayer, tuve la suerte de conseguir un vídeo 
donde el Dr. James Hurtak que hablaba en 1999 en una conferencia de NEXUS en 
Sydeney, Australia. Me acuerdo de aquel material interesante sobre el 
emplazamiento de Kent Steadman, del cual se dice que el equipo de Hurtak 
participó en unas excavaciones arqueológicas de Alto Secreto en Gizeh. 
Bueno, Hurtak no estaba perdiendo el tiempo, sino haciendo negocios.  Debido 
a lo delicado de estos proyectos no pudo más que enseñarme un poco de todo 
lo filmado; mucho de ello era para los espectadores normales.  Por lo menos, 
para mí estaba claro que Hurtak estaba diciendo mucho menos de lo que a él 
le hubiera gustado decir, pero dijo que era realmente para hacer 
reflexionar.  Según él, existe un laberinto de túneles y cámaras enormes, 
algunas del tamaño de una catedral, debajo de Gizeh, que fueron puestas allí 
por una civilización avanzada, y había un equipo de científicos de Japón, 
Europa y de los Estados Unidos trabajando en los artefactos y los 
descubrimientos allí, en lo que parece ser un proyecto secreto. 
 
  
 
Cuando Zawi Hawass puso en escena aquel vídeo Fox, en el que él descubre el 
esqueleto (que habían puesto previamente allí) y afirma haber descubierto la 
Tumba simbólica de Osiris, al buen doctor le tomaron el pelo como de 
costumbre.  No fue Hawass, sino el equipo de Hurtak, bien equipado con luces 
portátiles y otros aparatos, el que desenterró el sarcófago, lo cual es tan 
sólo la punta del iceberg. Hurtak no entró en detalles sobre qué tipo de 
artefactos fueron descubiertos allá abajo en las cámaras, llenas de agua 
(que fueron vaciadas con bombas). Dijo que los antepasados tenían un sistema 
de auto-iluminación que provenía de una fuente de energía; ¿qué clase de 
fuente de energía?  No lo sé.  Y mostró una estantería que parecía haber 
sido puesta con un taladro.  Mostró un túnel en el interior de la Esfinge y 
lo que parecían ser dos entradas por la parte de atrás, una vaciada por el 
equipo.  Dijo que éstas se comunicaban con las Pirámides y con un enorme 
sistema laberíntico de túneles. También enseñó pruebas hechas con un radar 
especial, las cuales muestran cámaras rectangulares debajo de la Esfinge. 
Hizo muchas referencias a lo que él llamó los “Señores del Tiempo”, y sobre 
una raza avanzada de seres superiores versados en formas geométricas 
codificadas por medio de la luz.  Esas mismas formas geométricas y “números 
impares” están presentes en los fractales en los círculos de las cosechas 
cerca de Stone Henge (Inglaterra) y por todas partes. Son un lenguaje 
Enoquiano de luz y de influjo creciente espiritual.  Según él, la humanidad 
es un “experimento” que está a punto de ser “cosechado”, a medida que nos 
acercamos a un profundo cambio en la consciencia mundial, acompañado por 
descubrimientos que cambiarán totalmente los parámetros científicos; cambios 
como el punto cero de energía. 
 
  
 
Según Hurtak, una raza avanzada de extraterrestres o seres superiores de la 
orden de Melchizedek, dejó una red de centros de poder, o cápsulas del 
tiempo, en el planeta, de la cual la red subterránea ubicada debajo de Gizeh 
es una parte.  Se refirió también a una excavación más importante que tuvo 
lugar bajo el Pacífico, donde se encontraron pirámides y cámaras parecidas. 
Y en China, donde también estuvo, mostró unas secuencias sorprendentes de 
personas momificadas que han sido ocultadas al público.  Para ser exacto, 
una de ellas fue denominada como “criatura”, ya que no se parecía a los 
humanos. Parte de esta filmación era de una zona conocida como “Shambala”. 
Una ampliación fotográfica de lo que parecía un Tibetano momificado, con una 
marca extraordinaria, mostrando un motivo de una espiral tridimensional que 
parecía estar marcada, o ser una parte de su rostro, similar a una extraña 
mancha de nacimiento de color rojo.  Hurtak también mostró, una fotografía 
sacada por un colega, de una forma luminosa triangular sobre Stonehenge, con 
el vértice hacia arriba.  A esto se refirió como una forma luminosa o 
Merkaba, que como la pirámide en sí misma, es una representación simbólica 
de la ascendencia espiritual y el florecimiento de la consciencia.  Después 
dijo bastante más, pero su forma de hablar era difícil de entender a veces, 
y tendré que volver a repasarla otra vez.  Me recuerda a una especie de 
profeta salvaje Enoquiano, un atributo bastante encantador el cual sin duda 
será usado contra él por los mercaderes espantosos de la desinformación de 
este mundo, que mejor sería que se cocinaran en su propio estiércol, 
queridos y dulces idiotas. 
 
  
 
Al parecer, hay una segunda parte donde revelará más, ¿cuanto más?, ya se 
verá.  Pero no hay ninguna duda, según mi opinión, de que él mismo cree lo 
que está diciendo, y si alguien ha estado en una posición de saber lo que 
está pasando, probablemente es el Dr. Hurtak. 
 
  
 
UN RADAR CUYAS ONDAS PENETRAN EN EL TERRENO ENCUENTRA CIUDADES OCULTAS 
 
8 Junio 2000, por Paul White 
 
Justo después del Diluvio, al principio del actual ciclo de nuestro tiempo, 
una era a la cual los Egipcios llamaron “Zep Tepi” o “Los Primeros Tiempos”, 
apareció un misterioso grupo de “dioses” para iniciar a los supervivientes 
en los rudimentos de la civilización. Desde Thoth y Osiris en Egipto, hasta 
Quetzacoatl y Viracocha en las Américas, todas las tradiciones del mundo 
subscriben los orígenes de la civilización actual a ese sofisticado grupo. 
 
  
 
A pesar de la engañosa popularidad del periodismo tipo Von Däniken, 
evidencias repartidas por todo el mundo indican que esas personas fueron 
supervivientes de una civilización anterior poseedora de una gran 
tecnología.  Fueron los “patriarcas antidiluvianos”, como Enoc y Matusalén, 
los “gigantes y los héroes de la antigüedad”, mencionados en el Génesis. 
Los enigmáticos dioses de la antigua Sumeria, Egipto y la India, todos 
provienen de los fabulosos tiempos antes del Diluvio. 
 
  
 
Es el legado de una civilización y una tecnología superior a la nuestra. 
Una tecnología capaz de crear un enorme ciudad subterránea, de la cual la 
Esfinge y las Pirámides son solamente unos marcadores en la superficie.  El 
científico del proyecto, el Dr. James J. Hurtak, asemeja este descubrimiento 
al impacto del contacto con una cultura extraterrestre avanzada. El Dr. 
Hurtak lo describió como el descubrimiento de la cultura de la Cuarta (raza) 
Raíz, la denominada civilización Atlante, destruida por el último cataclismo 
terrestre.  Presenta evidencias inequívocas de que todos los idiomas, 
culturas y religiones se remontan a un origen común, al cual el Dr. Hurtak 
se refiere como la “Civilización Madre”. 
 
La tecnología descubierta está más allá de la tecnología de las máquinas, 
tal y como la conocemos. Como Arthur C. Clark una vez bromeó: “cualquier 
tecnología superior a la nuestra nos parecería magia”. Según el Dr. Hurtak, 
fue una cultura que descifró el código genético y poseía las claves del 
espectro físico,  la “Física de la Luz Superior” de los antepasados... todo 
lo que el antepasado Gilgamesh fue a buscar en su famoso viaje a la “Ciudad 
Perdida de los Dioses” eran los túneles situados debajo del “Monte Mashu” en 
las tierras desérticas. 
 
  
 
Hurtak hace referencia al “Idioma de la Luz” y a un gran 
sacerdote-científico del ciclo del tiempo anterior, llamado Enoc, que está 
asociado con la construcción del Complejo de la Gran Pirámide.  Hurtak habla 
también de una gran ciencia espiritual, una ciencia que describe una 
escalera genética a las estrellas. 
 
El Dr James J. Hurtak tiene distintos doctorados en Física, Matemáticas, 
Lingüística, Filosofía, etc. Trabajó en la NASA y además asesoró a la 
Ex-Unión Soviética en el lanzamiento de satélites y sondas espaciales. 
Participó en el lanzamiento de dos sondas Soviéticas que desaparecieron 
misteriosamente antes de tocar tierra marciana. También Hurtak es uno de los 
creadores y precursores en la tecnología de los Super-Conductores, además de 
descifrar jeroglíficos egipcios que nadie antes lo había podido hacer. 
Dentro de su currículum esta el haber descubierto una civilización en Asia 
que databa de millones de años atrás y es asimismo director de la “Academia 
para las Ciencias Futuras”. Además fue quién aconsejó a la NASA estudiar 
cierto sector del planeta Marte donde están las supuestas pirámides. Cabe 
señalar que en referencia a la esfinge o “cara de Marte”, el Dr. Hurtak 
señala que se trata solamente de un efecto visual geográfico. 
 
  
 
 
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