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Asunto:[GAP] Los Esenios: Una luz en el camino hacia la Totalidad
Fecha:Miercoles, 20 de Abril, 2005  22:05:22 (-0500)
Autor:Anahuak Home <redanahuak @...............mx>

From: Santiago Merino <lavozdelasestrellas@...> 
Date: Mon, 18 Apr 2005 15:15:39 +0200 
Subject: Los Esenios: Una luz en el camino hacia la Totalidad 
 
 
Los Esenios:  
 
Una luz en el camino hacia la Totalidad 
 
  
 
Mucho se habla de lo Esenios, pero es casi nada lo que se sabe a ciencia 
cierta de esta secta o fraternidad judía del siglo II a. C., dedicada a la 
oración, la vida austera y monacal en comunión con Dios y la naturaleza, a 
servir al prójimo y a iluminar las conciencias en el camino hacia Dios. Sin 
embargo, los Esenios están mucho más cerca de lo que pensamos, presentes en 
infinidad de oraciones, costumbres, creencias, ritos y filosofías de vida 
propias del Cristianismo que han perdurado hasta nuestros días. También 
muchas creencias místicas y esotéricas derivan de ellos. Prácticamente, 
todas sus enseñanzas y mensajes han cruzado nuestra cultura y forma de vida. 
Es inabarcable lo que se puede aprender de su cultura, considerando que 
muchos dicen que Jesús mismo, y otras grandes personalidades del 
Cristianismo, fueron Esenios. 
 
  
Por: Alejandra Bluth Solari 
  
 
Son muchos los estudiosos y expertos que sostienen que Jesús descendía de 
los Esenios, una tribu o secta judía de ascetas monásticos y origen semítico 
sirio que había tenido su origen en Palestina, en el tiempo de los Macabeos, 
entre 300 y 150 años a.C., y que vivía apartada de las otras tribus 
predominantes de la época –los saduceos y fariseos- y dedicada a la 
artesanía y a la práctica de la caridad y santidad. 
 
  
 
Se dice que su misión fue neutralizar, con la fuerza de sus pensamientos y 
poder vibratorio, las bajas vibraciones del entorno en el área donde habría 
de nacer el Mesías. Pero aunque hoy se considera a la tribu esenia como la 
precursora de la Iglesia Cristiana, como la cofradía que plantó la semilla 
para que las enseñanzas de Jesús cayeran en tierra fértil, esta permaneció 
oculta al conocimiento profano por lo hermético de su enseñanza, por la 
elevada misión que les correspondió cumplir y por no ser mencionada en la 
Biblia. Recién se hizo conocida en nuestra cultura a partir del hallazgo, en 
el año 1947, de 800 rollos de Evangelios Apócrifos, conocidos hoy como los 
Papiros de Qumram o los Rollos del Mar Muerto. Fueron descubiertos en 
vasijas de arcilla ocultas en 11 cuevas ubicadas a un kilómetro, 
aproximadamente, de un lugar denominado Chirbet Qumram, en la ribera 
noroccidental del Mar Muerto, y que desde mediados del siglo pasado es 
conocida como El Paraje en Ruinas por ser una zona desértica e inhóspita, 
pocos kilómetros al sur de la ciudad mítica de Jericó. 
 
  
 
De hecho, el historiador romano Plinio el Viejo ubica a los Esenios en el 
borde occidental del Mar Muerto, en el oasis de Engandi y en otras regiones 
entre Asiria y Palestina. También en Egipto, en el canto del Lago Maoris: 
“Los esenios habitan en la costa occidental del Mar Muerto. Son gente 
solitaria y muy superior al resto de la humanidad. Carecen de dinero y las 
palmeras son su única compañía. Se renuevan de continuo merced a la 
incesante corriente de refugiados que acuden a ellos en gran número, hombres 
hastiados de la existencia a quienes las vicisitudes de la fortuna 
impulsaron a adoptar tal género de vida. Así un pueblo se ha perpetuado, por 
increíble que parezca, en un lugar donde nadie ha nacido. Muy útil para 
acrecentar su número es el disgusto de otros hombres por la vida”. 
 
  
 
El capítulo 17 del libro quinto de La Historia natural de Plinio el Viejo, 
en la traducción de Philemon Holland hecha en 1601, dice: “Los Esenios son 
una nación de las más admirables y maravillosas de todo el mundo. Mujeres no 
se ve ninguna: La lujuria carnal no se conoce: No manejan dinero: Dirigen su 
vida ellos mismos, y mantienen compañía solamente con árboles de dátiles. 
Aún más, el país está bien poblado, y numerosos extraños de otras partes lo 
recorren diariamente: Y a saber, tal como están cansados de esta vida 
miserable, van por las oleadas emergentes de fortuna traída acá, de juntarse 
con ellas en su forma de sustento. Así por muchos miles de años (cosa 
increíble pero verdadera) un hato de gente estuvo sin suministro alguno de 
recién nacidos y de generaciones. Tan poderosamente se incrementaban, por la 
agotadora hacienda y arrepentimiento de otros hombres. Bajo ellos, se 
levantaba Engadda, para fertilizar el suelo y hacer florecer las arboledas 
de palmeras datileras, considerada como la siguiente ciudad de toda Judea, a 
Jerusalén. Ahora, dicen, sirve como lugar para enterrar a sus muertos. 
Además es un castillo o fortaleza situada en las rocas, y lo mismo no lejos 
del lago de los Asphatites de Sodoma. Y así en lo tocante a Judea”. 
 
  
 
Philo de Alejandría, filósofo neoplatónico judío que escribió en las 
primeras décadas de la Era cristiana, da las cuentas más tempranas de los 
Esenios en sus libros Quod Omnis Probis Liber Sit y Apología pro Judaeis. El 
segundo está perdido pero el pasaje sobre los Esenios está citado por 
Eusebius de Cesarea. Philo dice en el primero: “Los Esenios están 
completamente dedicados al culto de Dios. No ofrecen sacrificio animal. 
Huyen de las ciudades y viven en pueblos. En su mayor parte trabajan en los 
campos. Otros practican oficios tranquilos. No amontonan dinero o compran o 
alquilan la tierra. Viven sin bienes o propiedad. Nunca fabrican armas o 
cualquier objeto que pueda ser utilizado para mal propósito. No se 
involucran en ningún comercio. No tienen esclavos y condenan la esclavitud. 
Evitan la metafísica, la lógico, y toda filosofía exceptuando las éticas que 
estudian en las leyes divinamente ancestrales dadas a los judíos. Cada 
séptimo día es considerado santo y no hace trabajo alguno sino que pasan su 
tiempo en reuniones religiosas sentados estrictamente según su rango, y 
escuchan la exposición de sus libros sacros clarificados según el sistema 
simbólico antiguo. Estudian la devoción, la santidad, la justicia, la ley 
sacra, y las reglas de su orden, toda conducción para el amor de Dios, de la 
virtud, y de los hombres, a los cuáles dedican completamente sus vidas. 
Rehúsan a tomar juramentos y nunca mienten. Creen que Dios es la causa única 
del bien, nunca del mal. Convidan a todos los hombres con igual bondad y 
cohabitan en una forma comunal. Nadie posee su propia casa. Sus casas están 
siempre abiertas a las visitas de los miembros. Comen conjuntamente una 
comida común y toman sus ropas de un almacén común. Cuidan de los enfermos, 
la gente joven, y los ancianos”. 
 
  
 
En su Apologia pro Judaei,  Philo añade: “Viven en varias ciudades de Judea 
y también en pueblos en grandes compañías. No hay niños entre ellos. [Esto 
es una contradicción de su anterior fragmento] Su variedad de ocupaciones 
los hace autosuficientes. Aquellos que ganan salarios en el ”mundo” dan su 
dinero para el capital común. No se casan”. 
 
  
 
Filón, también historiador, inspirado en los Esenios, ilustró la tesis de su 
Tratado para probar que todo hombre bueno es también libre. Señala de esta 
comunidad: “Hay 4.000 Esenios residiendo en muchas poblaciones de Judea. 
Evitan las ciudades y prefieren vivir en los pueblos. Tienen todos sus 
bienes en común y un administrador hace las compras y maneja el dinero. 
Cultivan la tierra y se dedican a oficios pacíficos, son granjeros, 
pastores, vaquerizos, agricultores, artesanos y artífices. No deben fabricar 
instrumentos de guerra ni ocuparse del comercio. Entre ellos no hay esclavos 
ni señores por estar convencidos que la fraternidad humana es la relación 
natural de los hombres. Poseen el don de la predicción del futuro, son 
extremadamente limpios y visten siempre de blanco. No dan importancia al 
tiempo ni lo usan como excusa para no trabajar. Vuelven gozosos de sus 
tareas, como quien regresa de un concurso atlético. Los Esenios se han 
reunido a causa de su celo por la virtud y la pasión de su amor a la 
humanidad”.  
 
  
 
El historiador judío Flavio Josefo, autor de La Guerra Judía entre los años 
70 y 75 d.C. dijo de los Esenios: “Los Essenes son célibes pero adoptan 
niños y los crían en la orden. Dan toda sus propiedades para la orden y 
viven una vida común sin pobreza o riqueza. Consideran el aceite como una 
profanación y no ungen sus cuerpos. Siempre traen puestas prendas de vestir 
blancas. Sus tesoreros y otros oficiales son elegidos por la comunidad 
entera. Ellos ni compran ni realizan ventas entre ellos mismos. Cada hombre 
da para cualquier necesidad y recibe a cambio lo que fuere que él 
requiriere. [De cada cual según su habilidad, a cada cual según sus 
necesidades. ]”.  
 
  
 
Se levantan, rezan a la salida del sol, trabajan hasta casi las 11 de la 
mañana, se bañan, vestidos, en agua fría, y van a su comida comunal de pan y 
un plato de comida. Antes y después de comer un sacerdote bendice la comida 
y dice una oración. Después todos ellos dan gracias a Dios, apartan las 
prendas de vestir que han traído puestas para la comida, ya que son prendas 
de vestir sagradas.  Trabajan hasta la puesta del sol, y entonces van a la 
cena de la misma forma que la comida. La mayor parte de sus acciones les son 
ordenadas por sus administradores pero la ayuda y la piedad a los demás son 
iniciativa del individuo. No prestan juramentos. Estudian sus libros 
antiguos y las hierbas y los minerales que curan la enfermedad. Un 
postulante para la orden espera un año y es sometido a juicio y probado. Si 
se le acepta recibe un hacha, luego un paño, y una túnica blanca [como en la 
Hermandad Pitagoreana]. Por dos años él sirve a un noviciado y puede tomar 
parte en los ritos purificatorios. Si pasa este período de prueba, entonces 
él es aceptado en la orden, admitido para las comidas comunes, y por única 
vez en su vida jura su lealtad a la orden en el más solemne de los 
juramentos. Los culpables de las faltas más serias son expulsados y, todavía 
sujetos a su juramento, perecen por falta de comida. La justicia es 
dispensada en asambleas enteramente comunales, no menos de cien. No sólo no 
trabajan en el Sabbath; sino que no prenden fuego, ni mueven cualquier 
objeto, o hacen sus necesidades. Alguno usa su hacha para cavarse una 
letrina y vaciar sus intestinos cubiertos por sus ropas. Durante la guerra 
con los romanos fueron brutalmente torturados, pero soportaban sus dolores 
impasiblemente, y rehusaban blasfemar o comer alimentos prohibidos. Creen en 
la inmortalidad del alma, que los buenos van a las Islas de la Divinidad y 
los malos al Hades. Alguno de ellos, estudiando sus libros sagrados, se hizo 
experto en predecir el futuro”. 
 
  
 
“Constituyen de hecho una hermandad que tiene algo de común con los 
pitagóricos. Identifican el placer con el vicio, se ejercitan en la 
temperancia y la autodisciplina. Los Esenios renuncian también a la riqueza, 
comen solo los alimentos necesarios. Usan las ropas y el calzado sin lujos. 
La mayor parte de ellos viven más de 100 años y leen los escritos de los 
antiguos. Su silencio da la impresión de un tremendo misterio. Sostienen que 
el cuerpo es cosa corruptible pero el alma es imperecedera. El espíritu 
emana del más puro éter, un hechizo natural lo arrastra hacia abajo y queda 
atrapado en la prisión del cuerpo; pero, una vez puesto en libertad por la 
muerte, se alegra y es llevado a lo alto. Triunfan sobre el dolor gracias a 
una voluntad resuelta. La guerra con los romanos probó sus almas de cuantas 
maneras era posible: Estirados en el potro, retorcidos, destrozados, 
quemados, sometidos a todos los instrumentos de tortura para blasfemar de su 
Legislador o comer alimentos prohibidos, no consienten en tales demandas y 
ni una sola vez adularon a sus perseguidores ni derramaron lágrimas. 
Sonriendo en la agonía y perdonando a los torturadores, exhalaron el alma 
con júbilo, pues confían que la recibirán nuevamente. Cualquier palabra de 
ellos tiene más fuerza que un juramento no causan daño a nadie ni por propia 
determinación ni bajo órdenes; en el caso de obtener autoridad jamás abusará 
de ella;  será un amante de la verdad;  mantendrá sus manos alejadas del 
robo y su alma pura de toda ganancia pecaminosa; no ocultará nada a los 
miembros de la comunidad y tampoco descubrirá ninguno de sus secretos a los 
extraños, aun cuando sea torturado hasta la muerte; transmitirá las reglas 
tal como las recibió y preservará con cuidado los libros grupales”. 
 
  
 
Considerados como uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del 
siglo XX en la validación y revisión de los textos bíblicos del Antiguo 
Testamento, los papiros del Mar Muerto están reconocidos como uno de los 
descubrimientos papirológicos más importantes de la historia, al contener la 
colección de textos hebreos más antigua y completa que se ha encontrado, por 
lo que se los considera el mayor tesoro manuscrito jamás encontrado. 
 
  
 
 La mayoría de los estudiosos han identificado a la hermandad Qumran 
precisamente como los Esenios, calificándolos como una secta religiosa a 
principios de la era cristiana que privilegió un regreso a la vida de la 
comunidad primitiva que había precedido a la cultura helenística y aun la 
hebrea, altamente ritualizado en una rebelión consciente contra la vida de 
la ciudad y la estructura sacerdotal de los templos y el reinado 
militarista.  
 
  
 
El monasterio de Khirbet Qumrán, en el noreste del Mar Muerto, era una zona 
que el erudito romano Plinio (24-69 d. de C.) había descrito como sede de 
una numerosa colonia de Esenios, una secta judía del siglo I a. de C. que se 
llamaba a sí misma Nueva Alianza. A partir de esto, muchos científicos e 
investigadores sostienen que los orígenes del Cristianismo ya no se deben 
buscar entre los fariseos y los talmudistas, sino entre los Esenios. 
 
  
 
A partir de los Rollos del Mar Muerto, sobre ellos se dijo que eran 
budistas, Magi o pitagóricos o miembros de un culto oculto eremítico 
egipcio. En el siglo XIX, Ernest Renan hizo la especulación más equilibrada 
sobre las relaciones entre los Esenios, Juan, Jesús, y los primeros 
Cristianos. Sus ideas tuvieron gran influencia en la imagen de la 
Cristiandad primitiva en la mayoría de los socialistas radicales tras la 
publicación de su libro “Vida de Jesús”. 
 
El contenido de los papiros el Mar Muerto indica claramente que los autores 
eran un grupo de sacerdotes que mantenían una vida comunal estrictamente 
dedicada a Dios, liderados por el "Maestro Justo" y opositores al llamado 
"Sacerdote Cruel", un alto sacerdote judío en Jerusalén que, probablemente 
fue uno de los legisladores Macabeos que ilegítimamente asumió la posición 
de alto sacerdote entre los años 150 y 140 a.C. 
 
Por otro lado, uno de los hallazgos más fascinantes fue un pergamino de 
cobre, que tuvo que se cortado en tiras para poder ser abierto, y que 
contenía una lista de 60 tesoros localizados en varias partes de Judea 
(ninguno de los cuales encontrado hasta ahora). Otro pergamino, recuperado 
por arqueólogos israelíes en 1967 de las manos de un vendedor de 
antigüedades en Belén, describe con lujo de detalles un elaborado templo 
para rituales donde participaba la comunidad judía. Este ha sido llamada "El 
Pergamino del Templo". 
 
La Iglesia, que se había opuesto en un comienzo a la divulgación de estos 
textos herejes, levantó la interdicción y, previa traducción, autorizó que 
fueran  publicados. De esa lectura surge que Jesús era Esenio y que el Nuevo 
Testamento era su Obra Divina, apoyándose por ejemplo en el hecho de que 
Jesús hablaba arameo, la lengua asirio babilónica usada en todo el Asia 
occidental y propia de los Esenios, y en la que fueron transmitidos los 
Evangelios. Puesto que se dice que Jesús no hablaba griego y el hebreo no lo 
comprendía bien, posteriormente, los Apóstoles Juan, Mateo, Marcos y Lucas 
vertieron los escritos a otros idiomas, de donde surgieron diversas 
interpretaciones.  
 
  
 
Las excavaciones que siguieron al descubrimiento de los Rollos del Mar 
Muerto demuestran que la elaborada estructura jerárquica de la comunidad de 
Qumran no es solamente una iniciación de la orden religiosa. Es militar. El 
término común de “ secciones locales ” y los asentamientos de la comunidad 
se traducen normalmente por “ campamentos.” No sólo Khirbet Qumran con sus 
tiendas de campaña y sus cabañas que rodeaban a los edificios en las 
excavaciones tienen la apariencia de un viejo fuerte, como un campamento 
militar, sino que era uno de los cuarteles generales del ejército de 
salvación implicado en una guerra santa, la guerra del Hijo de Dios en 
contra del Hijo de las Tinieblas. En esa guerra cada hombre tenía su lugar y 
su rango, en un ejército pensado para pelear junto con los anfitriones del 
cielo. La batalla ocurría en la eternidad, en el tiempo en el que la 
comunidad estaba aguardando la orden para atacar al enemigo. 
 
  
Jesús, ¿uno de ellos? 
  
 
Se dice que los Esenios eran poseedores de un modo de vida excelente y 
virtuoso, llevaban una vida en total ostracismo, dedicada al trabajo 
agrícola y la oración, apegada al estricto cumplimiento de la Ley de Moisés. 
Esta fraternidad de hombres y mujeres santos vivían juntos en una comunidad, 
y fueron las semillas de lo que más tarde sería la Cristiandad y la 
civilización occidental. Habitaban con máxima modestia en cuevas, cabañas o 
en celdas, como los antiguos hebreos, y sólo se reunían en el monasterio 
para realizar sus actos sagrados comunes, para orar y para las comidas. 
Practicaban la humildad, y por ello las tumbas de su cementerio eran de gran 
sencillez, sin adornos, inscripciones ni ofrendas. 
 
De hecho, al investigar en las ruinas de Qumran se descubrieron bodegas, 
acueductos, baños rituales y un salón de asambleas. Uno de los cuartos más 
interesantes fue el escritorium, identificado por dos tinteros y algunas 
bancas para los escribas. 
 
Como secta, los Esenios se habían separado del Templo de Jerusalén, una 
especie de monjes  que se regían por un  consejo de 12 personas a cuyo mando 
estaba un enigmático personaje llamado  Maestro de Justicia, un sacerdote de 
la estirpe de Zadok. Tras la muerte de su líder, pocos discípulos 
sobrevivieron y, al llegar Herodes el Grande, algunos quisieron reintegrarse 
en la sociedad judía puesto que la profecía de Jacob en el Génesis hacía 
referencia expresa de que el Mesías llegaría cuando el cetro de Israel ya no 
se hallara en manos de un judío (curiosamente, Herodes no era judío, sino 
idumeo). Lo cierto es que Herodes defraudó a los Esenios, y  cuando le 
sucedió su hijo Arquelao en el año 152 a.C., descontentos con la frivolidad 
y decadencia del sacerdocio hebreo dominado por los fariseos y saduceos, se 
retiraron de la ciudad de Jerusalén hacia el desierto, a Qumrán, donde se 
mantuvieron como uno de los principales grupos religiosos en que se dividía 
el judaísmo anterior a la destrucción del Templo de Jerusalén, en el año 70 
d.C.-Allí se mantuvieron hasta que en el año  68 a.C., las tropas romanas 
destruyeron el monasterio de Qumran y parte de su comunidad posiblemente 
como parte de las guerra entre romanos y rebeldes judíos. 
 
Se dice que la evolución tanto espiritual como material de los Esenios 
causó envidias de otras comunidades y generó una feroz persecución por parte 
de los romanos. Al acercarse la décima legión romana a Judea para acabar con 
la revuelta judía de los años 66 a 70 d.C. y reducir a los rebeldes judíos, 
los Esenios huyeron, no sin haber ocultado antes su riquísima biblioteca en 
las cuevas de los alrededores con el fin de preservar sus conocimientos y 
tradiciones. Las fechas coinciden, ya que los escritos más antiguos datan 
del siglo II a.C.,y los últimos de la primera mitad del I d.C. Los 
sobrevivientes de esta comunidad se vieron obligados a emigrar a otros 
países.  
 
Lo anterior se encuentra avalado por las excavaciones realizadas en las 
ruinas entre 1953 y 1955, y que condujeron a descubrimientos que asombraron 
a la ciencia. Tras descubrir una tinaja muy parecida a la encontrada en la 
primera cueva, los arqueólogos encontraron monedas de la época de los 
procuradores romanos, de lo que se puede deducir que el monasterio había 
sido ocupado por los romanos en el año 68 d. de C. Para ciertos estudiosos, 
los textos del Qumrán no habrían sido conocidos por Jesús y sus apóstoles, 
aunque muchos de la comunidad tras la destrucción del monasterio podrían 
haber huido con copias de sus manuscritos, de modo que los autores de los 
Evangelios habrían tenido acceso a su contenido, o bien a personas que 
conociesen los textos. 
 
Sin embargo, no existe ninguna prueba que indique que los Esenios influyeron 
directamente sobre los primeros cristianos. A pesar de las teorías de 
algunos investigadores que difieren con la comunidad científica, como 
Carsten Peter Thiede (en relación con el famoso papiro "7Q5"), aun no se ha 
demostrado vinculación alguna entre Jesús de Nazareth y los Esenios, y 
muchos expertos afirman que estos escritos han tenido poca o ninguna 
significación en lo que respecta al origen y la creación del Nuevo 
Testamento. De hecho, salvo porque tanto la comunidad esenia como el 
movimiento original de Jesús eran grupos mesiánicos contemporáneos, que 
creían que "El Reino de Dios" (o sea un mundo perfecto en donde reinaría un 
rey justo y divino) estaba cerca, nada más los relacionaría. 
 
No obstante, todo esto no ha impedido que muchos pretendan retrotraer la 
época de redacción de los Evangelios Canónicos a los tiempos en que la 
comunidad esenia todavía existía, haciendo de los descubrimientos de Qumran 
un valuarte para la verificación histórica de los orígenes del Cristianismo. 
De hecho, los escritos Esenios señalan que antes de Cristo existió un 
«maestro de la virtud», un ser quizás elegido por Dios y redentor del mundo, 
como un predecesor de Cristo, que  predicó, como el Hijo de Dios, la 
humildad, la caridad y el amor al prójimo. Después, al igual que él, fue 
condenado y ajusticiado a causa de la hostilidad de los sacerdotes y de la 
casta judía dominante, como también le ocurrió a Cristo. Por tanto, los 
científicos opinan que el esenismo fue un precursor del Cristianismo, y se 
dice que de los manuscritos se sacan numerosos y decisivos paralelos con los 
sermones de Cristo. Es especialmente importante la similitud de los textos 
con el Evangelio del apóstol Juan. 
 
En el documento llamado el Manual de la Disciplina o Ley de la Comunidad, 
encontrados entre los papiros del Mar Muerto, se establece que el creyente 
debe continuar viviendo bajo la ley "hasta la llegada del profeta y los 
ungidos de Aaron e Israel". En otro documento, encontrado en la cueva cuatro 
y conocido como el Testimonio, se mencionan un número de pasajes del Antiguo 
Testamento, concretamente una cita de Deuteronomio 18:18-19, donde Dios le 
dice a Moisés: "profeta levantaré de en medio de sus hermanos, como tú". 
Después, se incluye una cita de Números 24:15-17, donde Balaam prevé el 
levantamiento de un príncipe conquistador. "Y se levantará cetro de Israel, 
y herirá las sienes de Moab". El tercer pasaje es la bendición pronunciada 
por Moisés sobre la tribu de Leví  en Deuteronomio 33:8-11. Por la forma 
como estos pasajes están agrupado, se cree que el escritor esperaba el 
advenimiento de un gran profeta, un gran príncipe o un gran sacerdote. 
 
  
 
Algunos teólogos sostienen que Juan el Bautista, el profeta que anunció la 
venida de Cristo, también habría pasado algún tiempo con la comunidad 
Qumran, ya que los Evangelios Canónicos dicen que estuvo un tiempo 
considerable en el desierto cerca del área donde ésta se localizaba. (Mateo 
3:1-3, Marcos 1:4, Lucas 1:80; 3:2-3).  Otros de los principales fundadores 
de lo que luego se denominó la Cristiandad, y considerados faros de la 
civilización actual, se dice que fueron Esenios, como Santa Ana, y José y 
María, los padres terrenales de Jesús. 
 
El mismo Jesús habría vivido algún tiempo con los Esenios practicando la 
meditación; si así fue, Jesús habría leído probablemente estos y otros 
rollos de los escribas Esenios y, si al final no tuvo una relación directa 
con ellos, es seguro que si estuvo cerca  de ellos cuando oraba en el 
desierto. Por otra parte, ciertas ideas como " la justificación por la fe" y 
" la paternidad de Dios", que parecían originales del Cristianismo, ahora se 
sabe que provienen de la cultura religiosa de la época de los Esenios. 
Asimismo, determinadas prácticas  litúrgicas como  las inmersiones en el 
agua para purificarse eran corrientes durante el siglo I, y ello demuestra 
que el cristianismo no traía un mensaje completamente nuevo e innovador, 
sino que podría haberse inspirado en otro anterior. 
 
Algunos autores, incluso sostienen que Jesús de Nazareth, como esenio, fue 
el fundador de la comunidad del Qumrán. Se sabe que el Maestro de Justicia, 
si bien fue de suma importancia para el desarrollo de la misma, no fue su 
fundador. Nunca se atribuyó a si mismo la identidad del Mesías, y lo que 
realmente hizo fue crear un sistema de ritos, reglas y conductas dirigidas 
al cumplimiento estricto de la Torah. Jesús, en cambio, habría aprendido de 
los Esenios el dominio de los sentidos y el desapego a lo externo, 
desarrollando su elevado nivel de Conciencia suprahumana en la materia. De 
este modo, habría vencido todas las limitaciones del plano temporal y 
recibido la Cuarta Iniciación, la más grande jamás dada ni recibida en la 
Tierra. Muchos historiadores sostienen que cuando el Mesías inició su 
misión, los Iniciados Esenios se dan cuenta que su tarea ha dado el fruto 
deseado, y Jesús queda liberado de todo lo que lo unía a ellos. Los Esenios 
se marginan y Él continúa solo como el Mesías que es., descubriendo en Sí 
mismo lo que el Padre le encomendó y llegando a ser Jesucristo o la energía 
del Padre. Se dice que, cumplida su misión de preparar el terreno para la 
venida de Jesús, los Esenios, a los 50 años de haber Este desencarnado, se 
dispersaron.  
Mentalidad esenia  
  
En la antigüedad, todos conocían a "Los Hermanos y Hermanas Vestidos de 
Blanco". Los hebreos los llamaban "La Escuela de los Profetas", y para los 
egipcios, ellos eran "los Sanadores, los Médicos". Tenían propiedades en 
casi todas las grandes ciudades, y en Jerusalén había incluso una puerta que 
llevaba su nombre: Puerta de los Esenios. 
 
  
 
Vivían repartidos en numerosas ciudades, y cada vez que un miembro de la 
secta llegaba de otro lugar se le ofrecen los bienes comunitarios para que 
hiciera uso de ellos y se le daba alojamiento. Por ello, los Esenios 
viajaban sin llevar encima absolutamente nada, sólo armas para defenderse de 
los bandidos. En cada .ciudad se nombra por elección a una persona para que 
se ocupe de la ropa y de los alimentos de los huéspedes de la secta. 
 
  
 
Las personas sentían en general respeto y estimación por los Esenios, por su 
honestidad, su pacifismo, su bondad, su discreción, y su talento como 
sanadores mediante la entonación de sonidos, dedicados tanto a los pobres 
como a los ricos. Las gentes sabían que muchos grandes profetas hebreos 
provenían del linaje de la Escuela esenia. 
 
  
 
La forma de vida esenia era sencilla, austera, casi monacal, y la mentalidad 
y costumbres también eran de estricta santidad. Los Esenios rechazaban los 
placeres como si fueran males, y consideraban como virtud el dominio de sí 
mismo y la no sumisión a las pasiones. Entre sus costumbres se destaca la 
necesidad de purificarse constantemente, física y espiritualmente, lavándose 
los pies, las manos y el cuerpo. Lo hacían antes de entrar a la casa de 
alguien, al comenzar el día, y antes de cenar, o de orar. También lavaban a 
otros los pies en señal de amistad, y cultivaban la idea de que tenían que 
cuidarse los unos a los otros, como mismo el Padre de todos cuidaba de 
ellos. También se bendecían unos a otros imponiendo las manos sobre la 
cabeza, para poder siempre estar unidos en la luz y reforzar el amor que 
fluía entre ellos.  
 
  
 
Desde la infancia aprendían a hablar en tono suave y a controlar sus 
palabras. Ser esenio significaba ser un ejemplo de moralidad; moderaban muy 
bien su ira y sus impulsos,  guardaban fidelidad y en forma natural 
aprendían a controlar toda pasión y deseo. Jamás  apetecían las cosas 
temporales, y sin egoísmo, servían a los demás desarrollando sus valores 
espirituales. Mediante técnicas y disciplinas lograban transformar el 
conocimiento recibido en sabiduría, que desde lo interno brota con su luz 
hacia afuera.  
 
  
 
Se abstenían de jurar ya que creían que sería condenada toda persona que no 
pudiera ser creída sin invocar a Dios con un juramento. Estudiaban con gran 
interés los escritos de los autores antiguos, sobre todo aquellos que 
convienen al alma y al cuerpo, y estudiaban, entre otras disciplinas, los 
secretos de las plantas y minerales con sus aplicaciones para beneficio 
humano, descubriendo sus maravillosos poderes curativos contra las 
enfermedades.  
 
  
 
Los Esenios vivían solos y se servían entre sí. Elegían hombres buenos como 
administradores de sus ingresos y de los productos de la tierra, y 
sacerdotes para la elaboración del pan y de (otros) alimentos. Reticentes al 
matrimonio, se casaban sólo con fines de procreación y no por placer, y sí 
la adopción de hijos de otros. Es tal la importancia de la procreación, que 
antes del matrimonio las mujeres eran sometidas a una prueba de purificación 
durante tres años para asegurarse que fueran fértiles. Mientras están 
embarazadas, se abstenían del sexo, y siempre se bañaban vestidas y los 
hombres con sus partes cubiertas. 
 
  
 
Despreciaban la riqueza y compartían absolutamente todo los bienes. Entre 
ellos nadie era más rico que otro, pues una ley los obligaba a entregar sus 
posesiones a la orden, de modo que el patrimonio de cada uno formaba parte 
de una comunidad de bienes, como si todos fueran hermanos. No se cambian de 
ropa ni de calzado hasta que no estaban totalmente rotos o desgastados por 
haberlos usado mucho tiempo. 
 
  
 
Los Esenios hacían una vida comunitaria que estaba perfectamente organizada 
como jerarquía. Por encima estaba el Maestro de la Corrección, seguido por 
los sacerdotes y Levitas, y más abajo por la comunidad en general. A pesar 
de esta estructura la comunidad fue una democracia completa; en las materias 
teologales la autoridad de los sacerdotes parece haber sido absoluta, pero 
el consejo gobernante constaba de doce laicos y de tres sacerdotes, 
enmarcados en el gobierno de Israel en las tierras Salvajes, y las 
decisiones de este consejo estaban sujetas a la reunión (o asamblea) de toda 
la comunidad en la que cada hombre tenía un voto. La teología de la 
comunidad era una clase de interpretación apocalíptica, milenarista y 
rigurosamente escatológica de la vida y la historia. 
 
  
 
Algunos Esenios llevaban una vida simple, austera y piadosa al ritmo de las 
estaciones en villas rodeadas por una pared baja, completamente separados de 
las ciudades, en medio de la naturaleza. 
 
  
 
Otros vivían en las ciudades, en grandes edificios que pertenecían a la 
Comunidad y que les servían al mismo tiempo como vivienda, albergue y 
hospital. dedicados principalmente a sanar enfermos y a dar hospitalidad a 
los extranjeros, recorrían los caminos, circulando las noticias y llevando 
las informaciones a todos los centros en cada país. Se dice que fue así como 
el Maestro Jesús pudo llevar su mensaje a todo el mundo, gracias a la 
detallada y perfecta organización esenia. 
 
  
 
También estaban los que residían en la escuela-monasterio, situada en 
lugares escogidos según el conocimiento de la tierra de la luz, y de las 
puertas que existen entre ésta y la tierra Los Esenios que vivían en estos 
templos eran casi siempre célibes. 
 
  
 
Tanto los activistas como los más contemplativos, se destacaban como 
albañiles, carpinteros, tejedores y orfebres. Después de Dios honraban con 
una gran veneración el nombre de su legislador, y si alguien blasfema contra 
él, es condenado a muerte. En los asuntos judiciales son muy rigurosos e 
imparciales. Si algún miembro de la comunidad era sorprendido en un delito 
grave, se lo expulsaba y ni siquiera se le daba comida. Sin embargo, muchos 
se compadecían de los moribundos cuando estaban a puntos de expirar de 
hambre ya que creían que la tortura de haber estado a punto de morir era 
suficiente castigo por sus pecados. 
 
  
 
En una época en que se imponía el despotismo de los gobernantes de Judea y 
los celos de los sacerdotes corruptos, los Esenios se refugiaban en sus 
quehaceres agrícolas y artesanales, ya que no practicaban el comercio, y 
entre ellos nada se vendía o se compraba, sino que cada uno daba y recibía 
lo que necesitaba. Su objetivo primordial era curar enfermedades físicas y 
morales, sirviendo al Dios único con piedad y humildad. A pesar de vivir 
enclaustrados eran libres, trabajando los unos con los otros, sin admitir 
ninguna clase de servidumbre o esclavitud por considerarla ilícita. 
 
  
 
Para los Esenios, el Hado dominaba todas las cosas, y todo cuanto sucede a 
los hombres es por decisión suya. Toda su doctrina está referida a Dios y 
postulaban la inmortalidad del alma. Se trataban entre ellos de hermanos 
–como haría luego Jesús con los demás en sus prédicas- y oraban tanto de 
rodillas al estilo de Salomón; con el rostro en tierra, como de pie a la 
usanza de David; en los casos de súplica, extendían las manos como el 
Patriarca y volvían el rostro hacia el Santuario de Jerusalén. Antes de 
salir el sol, no decían ninguna palabra profana, y rezaban algunas oraciones 
aprendidas de sus antepasados. A continuación, cada uno era enviado por los 
encargados a trabajar en lo que sabe. Aunque no hacían nada si no era por 
orden del encargado, dos aspectos dependían sólo de ellos mismos: la ayuda a 
los demás y la compasión. Se les permitía prestar auxilio a las personas que 
ellos consideren oportunas, cuando éstas se lo pidan, y entregar alimentos a 
los necesitados, pero no podían dar nada a sus familiares sin la 
autorización de sus superiores. 
 
  
 
Después de haber hecho su tarea diligentemente hasta la quinta hora, se 
reunían de nuevo en un mismo lugar y con un paño de lino atado a la cintura 
se lavaban el cuerpo con agua fría. Tras esta purificación, entraban al 
comedor como a un  recinto sagrado, ya que la comida comunal tenía un 
carácter sacramental como señal física exterior de una realidad espiritual 
interior, como una anticipación del banquete mesiánico celebrando la 
victoria en la guerra santa y la inauguración del nuevo reino. La comida 
comienza con la bendición del pan y el vino por un sacerdote y por el 
administrador laico, quién son referidos en los textos litúrgicos como el 
Padre Mesías, el descendiente de Aarón, y el Rey Mesías, el descendiente de 
David. Los Hijos de la Luz, el ejército victorioso del Señor, está sentado 
en la mesa, cada uno en su lugar establecido. En silencio, cada uno comía un 
pan y un plato con un único alimento. Antes de comer, el sacerdote rezaba 
una oración y no estaba permitido probar bocado hasta que no concluya la 
plegaria. Al acabar la comida, se pronunciaba otra oración y luego se 
quitaban la faja blanca y regresaban a sus trabajos hasta la tarde. Al 
regreso de sus faenas, cenaban de la misma forma, sin gritos ni agitaciones, 
y cediéndose la palabra por turno entre ellos. 
 
  
 
El sábado, el día sagrado para los judíos, no encendían fuego, ni movían 
objetos. Ni siquiera iban al baño. 
 
  
 
Los Esenios se consideraban separados del resto del mundo porque la 
iluminación de su vida interna y su conocimiento de los ocultos misterios de 
la naturaleza eran desconocidos para otros hombres. Eran un grupo 
rigurosamente iniciático y esotérico, con tres niveles para la Enseñanza 
regidos por rigurosas leyes de silencio. Su sabiduría mística les había 
enseñado a diferenciar entre las almas dormidas, las medio despiertas y las 
despiertas. Su tarea era ayudar, consolar y aliviar a las almas dormidas, 
tratar de despertar a las que estaban a medias, y dar la bienvenida y guiar 
a las almas despiertas dentro de su comunidad. 
 
  
 
Pese a que la Fraternidad era muy estricta sobre las leyes secretas en 
relación con su doctrina interna, cultivaban muchos puntos de contacto con 
las personas, principalmente a través de los sitios donde daban alojamiento 
a peregrinos, proporcionando ayuda en los períodos difíciles, y 
especialmente a través de la sanación de los enfermos. Estos sitios donde se 
impartían las enseñanzas básicas y se practicaba la sanación estaban 
localizados en lugares que tuvieran acceso público para que todas las 
personas pudieran acudir. 
 
  
 
La mayoría de los Esenios superaba los 100 años de edad debido a su 
disciplina y simplicidad de su forma de vida. Despreciaban el peligro, 
acababan con el dolor por medio de la mente y creían  que el cuerpo es 
corruptible y de que su materia perece, mientras que el alma permanece 
siempre inmortal. Ésta procede del más sutil éter y atraída por un 
encantamiento natural se une con el cuerpo y queda encerrada en él igual que 
si de una cárcel se tratara. Cuando las almas se liberan de las cadenas de 
la carne, como si salieran de una larga esclavitud, ascienden contentas a 
las alturas. Así, al igual que los griegos, sostenían que las almas buenas 
irán a un lugar más allá del Océano, donde no hay lluvia, ni nieve ni calor, 
sino que siempre le refresca un suave céfiro que sopla desde el Océano. En 
cambio, para las almas malas, hay un antro oscuro y frío, lleno de eternos 
tormentos, por lo que exhortaban siempre a buscar la virtud y a alejarse del 
mal.  
 
  
 
Los Esenios se consideraban herederos de la antigua y gran civilización de 
los hijos e hijas de Dios, ya que poseían avanzados conocimientos y 
trabajaban arduamente en secreto por el triunfo de la luz sobre las 
tinieblas en la mente humana como guardianes de las Divinas Enseñanzas. 
Poseían un gran número de manuscritos muy antiguos, algunos de los cuales 
databan del inicio de los tiempos. Una gran parte de los miembros de la 
Escuela pasaban el tiempo dedicados a la sagrada tarea de descifrar sus 
códigos, traduciéndolos a varias lenguas y  reproduciéndolos para perpetuar 
y preservar este avanzado conocimiento. 
 
  
 
Gracias a los libros sagrados de los profetas y ritos como purificaciones, 
algunos Esenios podían predecir el futuro. Pero su misión era la fundación 
del Cristianismo y la civilización occidental, apoyados en este esfuerzo por 
seres altamente evolucionados que dirigían la fraternidad. Hoy, se los 
considera verdaderos santos, maestros de sabiduría y de las antiguas artes 
maestras. Se dice que poseían infinidad de revelaciones y que, de este modo, 
sabían cómo comunicarse con los seres angélicos y conocían la causa del 
origen del mal en la tierra. 
 
  
 
Por lo mismo, una de sus grandes preocupaciones era protegerse de cualquier 
contacto con espíritus del mal para preservar la pureza de sus almas. Sabían 
que estarían en la tierra durante un corto período de tiempo, y no querían 
prostituir sus almas eternas. Fue esta actitud de estricta disciplina, esta 
absoluta negativa a mentir o a comprometerse, lo que les hizo objeto de 
muchísimas persecuciones a través del tiempo. 
 
  
 
Los Esenios no se limitaban a una sola religión, sino que estudiaban todas 
para poder extraer de ellas los grandes principios científicos. Consideraban 
que cada religión era un estado diferente de una misma manifestación. Así, 
le daban gran importancia a las enseñanzas de los antiguos caldeos, de 
Zoroastro, de Hermes Trismegisto, a las secretas instrucciones de Moisés 
-uno de los fundadores de su Orden, que había trasmitido técnicas similares 
a las del Budismo- así como a las revelaciones del profeta Enoch. 
 
  
 
Mucho de lo que se ha especulado en torno a los Esenios fue confirmado o 
rechazado a partir de los descubrimientos del Mar Muerto, que incluían 
grandes partes o fragmentos de casi todos los libros del Antiguo Testamento 
y de las escrituras apócrifas pseudoepigráficas, así como comentarios, 
himnos, escrituras apocalípticas y proféticas peculiares de la secta, y un 
extensivo y detallado Manual de Disciplina o de regla monástica. Por este 
motivo fueron reivindicados los relatos de los tres autores clásicos. El 
hecho de que se encontraran muchos esqueletos de mujeres en el cementerio de 
Qumran indica que, o la secta no fue célibe, o estaba dividida en una orden 
célibe y una asociación de laicos casados como todavía se encuentra entre 
los franciscanos.  
 
  
 
Por otro lado, dentro del cerco comunal los arqueólogos descubrieron un gran 
número de jarras cuidadosamente enterradas llenas con huesos de ovejas, 
cabras, y vacas, cada animal estaba sepultado individualmente. Hay pocas 
dudas de que éstos son restos de banquetes sacrificatorios de la comunidad, 
así que la información de Josefo debe ser reinterpretada como que los 
Esenios rechazaban el culto sacrificatorio del templo de Jerusalén y seguían 
el suyo propio (como los Falasha de Etiopía hacen hoy). Esto es importante 
porque significa que la comunidad esenia no se consideraba solamente una 
secta judía más, sino un Nuevo Jerusalén que reemplazaría al antiguo. 
  
La iniciación  
  
 
Los Esenios se consideraban un grupo en el centro de todos, porque 
cualquiera que hubiera puesto en marcha un completo proceso del despertar 
del alma y estuviera listo para ascender las escaleras del sagrado templo de 
la humanidad podía formar parte de su Fraternidad tan pronto pasaran con 
éxito las pruebas selectivas y severas penitencias junto a un estricto 
ascetismo, no sólo en el primer año de su iniciación, sino en los 
subsiguientes períodos, donde comenzaban a ser invitados a los ágapes o 
cenas íntimas.  
 
  
 
Sólo las almas despiertas de 21 años como mínimo podrían recibir la 
iniciación en los misterios de la Fraternidad, y comenzar el sendero de 
evolución sin fin a través del ciclo de sus encarnaciones. 
 
  
 
Antes de ingresar a la secta, el candidato recibía una pequeña hacha, un 
paño de lino y un vestido blanco. Después de haber dado tiempo pruebas de su 
fortaleza durante un año, avanzaba aún más en su forma de vida y participaba 
de las aguas sagradas para sus purificaciones. Tras demostrar su constancia 
y poner a prueba su carácter durante dos años era admitido en la comunidad. 
Antes de empezar su primera comida colectiva, debía pronunciar juramentos 
ante los demás hermanos de la secta, prometiendo venerar a la divinidad, 
practicar la justicia con los hombres, no hacer daño a nadie ni por deseo 
propio ni por orden de otro, abominar siempre a las o personas injustas y 
colaborar con las justas, y ser fiel siempre a todos, sobre todo a las 
autoridades. Si llegaba a ocupar un cargo de poder, debía jurar que nunca se 
comportaría de forma insolente ni trataría de sobresalir ante sus 
subordinados por su forma de vestir o por alguna otra marca de superioridad. 
 
  
 
Juraba, también, siempre amar la verdad y a aborrecer a los mentirosos, 
mantener sus manos limpias del robo y su alma libre de ganancias ilícitas; 
no ocultar nada a los miembros de la comunidad ni revelar nada sobre ella a 
las personas ajenas, transmitir las normas de la secta de la misma forma que 
ellos las han recibido, y abstenerse de participar en el bandidaje. 
 
  
 
Solamente una vez verificadas las aptitudes para la vida interna del 
candidato, éste tenía que practicar una especie de meditación. En completa 
calma, examinaba su vida pasada con toda claridad, para poder hacer un 
recuento objetivo de la sabiduría adquirida. Tenía que discernir entre los 
impulsos que había recibido del "cielo" y los de "su ángel" durante su 
infancia y a través de su vida, y observar la forma en que había respondido. 
¿Trató de alejarse de ellos o se mantuvo fiel? 
 
  
 
Mediante ese análisis, se forjaba un nueva relación con el mundo superior 
del espíritu en libertad, y el candidato era llevado a conocer sus propios 
errores, la causa de todo su sufrimiento. De esta forma, podía efectuar 
cambios dentro de sí, tomar el control de su vida, hacerse responsable en el 
sentido iniciático de la palabra, y prepararse en forma efectiva y con plena 
conciencia para entrar en la Comunidad de la Luz. 
 
  
 
Las comidas comunitarias eran la primera incorporación del aspirante. En 
ellas se leían e interpretaban las Sagradas Escrituras en su esencia y no en 
su forma, de modo que el Iniciado recibía el conocimiento de las Sagradas 
Leyes, comprendía la divinidad del hombre septenario con el alma que 
permanece en una etérea región entre el espíritu y el cuerpo corruptible y 
transitorio que la ayuda a crecer. 
 
  
 
Así, entraba al mundo sagrado del sendero real y se convertía en un Hermano 
(o Hermana) de la Comunidad. Junto con sus blancas ropas de lino, recibía la 
misión que debía desempeñar durante su vida, con un propósito y una 
orientación que nunca debería abandonar y que era una forma de unirse a Dios 
y hacerse útil para la tierra y la humanidad. Nunca debería separarse del 
hilo conductor de esa misión, que le daba un significado positivo a su 
pasaje en la tierra y lo convertía en un verdadero ser humano. Para los 
Esenios, ser hombre era llevar dentro de sí una hermosa luz, para ofrecerla 
a la tierra, a sus habitantes, y a sí mismo. 
 
  
 
Las ropas blancas eran la materialización del poder del bautismo y de la 
pureza del alma, que lo protegerían de las muchas contradicciones del mundo. 
El cayado o bastón simbolizaba el conocimiento de las leyes secretas de la 
vida y su capacidad para utilizarlas armoniosamente por el logro exitoso de 
su tarea. Los iniciados se dividían en cuatro clases. Los más recientes, 
considerados una categoría inferior, debían lavarse si tocaban a algún 
veterano.  
 
  
 
Otro requerimiento de todo esenio era jurar respeto por la tierra como ser 
viviente, sagrado e inteligente. Para mantenerse en contacto con ella, para 
honrarla y participar en su sana evolución, debía tener sus pies en contacto 
con la tierra --y algunas veces, incluso su cuerpo entero- por lo que 
frecuentemente los Esenios frecuentemente andaban descalzos. 
 
  
 
El conocimiento viviente de las leyes de la reencarnación (las leyes de la 
evolución y la compasión) y las leyes del destino (las leyes de causa y 
efecto) permitían a los hierofantes escoger la misión que correspondía 
exactamente al trabajo que cada alma que venía a la tierra tenía que 
desempeñar. Para cumplir esta misión en particular, la persona debía 
enfrentarse a sí mismo, interrogarse y buscar la asistencia del Espíritu 
Santo. Periódicamente tenía que revisar su vida , observar la forma en que 
ésta transcurría ante sí, como las páginas de un libro, y preguntarse si lo 
que veía era digno de ser incluido en el Gran Libro de la Vida. Cada 
pensamiento, cada sentimiento, cada acto, y también sus motivaciones, tenían 
que estar claramente delineados "en blanco y negro". 
 
  
 
Los Maestros Esenios conocían por experiencia cuán pronto uno puede 
desviarse del sendero de la luz y perderse, por lo que la tarea del neófito 
era simplificar todo dentro de sí para convertirse en uno con su ideal. Si 
este ideal solamente brillaba en forma intermitente, como si quisiera 
llamarlo al orden, no era una buena señal, y de inmediato debía esclarecer 
su vida para poder mantener vivo y puro su vínculo con el Altísimo, la 
fuente de toda sanación. 
 
  
Alejandra Bluth 
Editora y Coordinadora Periodística Andesenios 
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Móvil: 09 2206475 
e-mail: editorial@... 
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Santiago de Chile 
  
  
 
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