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Asunto:[GAP] Tu palabra es verdad
Fecha:Martes, 19 de Junio, 2001  15:54:33 (-0500)
Autor:Carlos Robles Castro <roblescc @...........mx>

Hola amigos les habla AGUILA BLANCA       
 
Los seres de luz crística hemos recibido el mensaje revelado por el Padre y Creador, Su palabra la Biblia, la cual es el fundamento y cimiento de nuestro conocimiento en lo concierne principalmente a lo espiritual, esta palabra de Dios es la fuente segura y verdadera para saber la voluntad del Altísimo, aunque la Biblia mantiene un lenguaje variado : (poesía, profesía, simbólico, lenguaje directo),sí podemos saber con certeza en base ha un estudio profundo y concienzudo los propósitos del Celestial Omnipotente para ello utilicemos la mente y el corazón.
 

Las Sagradas Escrituras



Las Sagradas Escrituras comprenden los libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamentos. Son la Palabra inspirada de Dios, el fundamento de la verdad y el registro fiel de la revelación de Dios a la humanidad. Las Sagradas Escrituras constituyen la máxima autoridad en todos los asuntos de doctrina y contienen los principios infalibles que gobiernan todos los aspectos de la vida cristiana.
2 Timoteo 3:15-17 Y que desde la niñez haz sabido las Sagradas escrituras, las cuales te pueden hacer sabio pra la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.  TODA LA ESCRITURA ES INPIRADA POR DIOS, y es útil para enseñar, para redragüir, para corregir, para instruir en justicia, afin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.
2 Pedro 1:20-21 Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo.
Juan 17:17  Santifícalos en tu verdad, TU PALABRA ES VERDAD. 
 
 
Cinco reglas sencillas
para estudiar la Biblia


La Biblia es un libro complejo, pero su mensaje es sencillo. Estudiar en detalle la sabiduría
que contiene puede ocupar toda una vida; sin embargo, contiene sabiduría fácilmente
disponible para el principiante.

Si usted nunca ha leído un libro de 1000 páginas, la Biblia podrá parecerle difícil e inaccesible. Los nombres y las costumbres extrañas pueden parecerle atemorizantes. Pero quizá usted quiere leer la Biblia a pesar de sus dificultades, porque ha escuchado que puede decirle más acerca del Dios que lo creó a usted, y que lo ama. Que puede hablarle acerca de Jesús, su Salvador, lo que hizo y enseñó.
Hay tesoros ocultos en toda su extensión, pero quizá usted no está seguro de la manera de encontrarlos.
Aquí encontrará cinco reglas sencillas que le ayudarán en este propósito:

1. Empiece
La Biblia es un libro voluminoso y nada hará cambiar su aspecto.
La única manera de empezar, es empezando. El camino se empieza dando el primer paso. Así que ¡empiece a leer!
Pero no trate de leerla de un tirón. La Biblia no fue diseñada para lectura rápida. No es una novela de misterio o de suspenso. Por el contrario, es un conjunto de escritos de distinta índole. El libro del Génesis, por ejemplo, contiene varios relatos sobre diferentes personajes importantes. Cada relato tiene su propia enseñanza, así que no debe apresurarse en la lectura, por el solo gusto de decir que lo leyó. Tómese su tiempo. Estructure su horario de modo que pueda apartar unos minutos para su lectura.
¿Que por dónde empieza?
Génesis tiene relatos interesantes. Éxodo empieza con una gran historia que al avanzar se va haciendo más lenta, por lo cual mucha gente ha perdido el interés cuando llega al libro de Levítico y al libro de Números, que son aún más lentos.
Probablemente, lo mejor sea empezar en el Nuevo Testamento, con la vida de Jesús. El evangelio de Marcos es un relato dinámico, y el libro de los Hechos tiene un interesante transcurso narrativo. Con esto podrá poner en contexto las epístolas de Pablo.
No se sienta obligado a leer todo “en orden”; los cristianos de Roma leyeron su epístola primero. Siéntase en libertad de ojear aquí y allá, leer el evangelio de Lucas, luego la carta a los Hebreos, o lo que quiera.
Puede que después quiera hacer el intento con un libro del Antiguo Testamento como Salmos o Samuel. Escriba la fecha cuando empiece cada libro. De ese modo sabrá cuál libro leyó y cuál no. Al final los habrá leído todos, si se lo propone.
Quizá usted quiera obtener una traducción moderna, lo cual le será de gran utilidad. Trate de conseguir la versión Nueva Reina-Valera, o la versión Popular, o alguna de las recientes versiones en español.

2. Lea
Limitarse a leer solo una frase u oración se presta para malas interpretaciones. Por ejemplo, si yo grito “¡fuego!”, usted no puede saber si estoy advirtiéndole de un peligro, o si le estoy diciendo que dispare un arma. La palabra necesita un contexto para ser entendida apropiadamente.
Igual sucede con las frases y oraciones de las Escrituras. Por ejemplo: “No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti”. Para entender esta oración necesitamos saber quién está hablando, a quién le habla, y por qué. Necesitamos un contexto.
Si usted quiere entender lo que está pasando, necesita leer el pasaje, sin extraer las oraciones de la página como si tuvieran significado independiente.
Algunas veces lo tienen, pero no es frecuente, y la única manera de saberlo es leyendo al menos algunas oraciones anteriores y otras posteriores para tener una idea acerca de lo que el pasaje en su totalidad quiere decirnos. ¿Quién está hablando? ¿Qué hace, y por qué?
Muchas traducciones modernas nos ayudan al organizar el texto en párrafos y poniendo subtítulos a las secciones más importantes. Estos con frecuencia son indicadores útiles de dónde comienza y dónde termina un tema.
La clave es leer cada versículo en su contexto, no como una idea totalmente independiente.

3. Pregunte
Desgraciadamente, no entendemos todo lo que leemos, como tampoco entendemos todo el contenido de una novela o una película modernas. De todos modos, podemos disfrutar su flujo narrativo.
Cuando de la Biblia se trata, sin embargo, la gente con frecuencia se preocupa cuando no puede entenderla toda; al fin de cuentas, es un mensaje proveniente de Dios y se supone que debiéramos poder entenderlo, y nos sentimos torpes si no podemos.
De acuerdo, digámoslo en palabras sencillas: nadie entiende toda la Biblia aunque la haya estudiado durante 50 años. Nadie entiende todo la primera vez que lo lee. (Algunas personas creen que lo logran, pero en realidad estos tienen un gran problema.)
Al tratarse de las cosas de Dios, todos somos un poco torpes. Así que tómelo con calma. Si usted no entiende algo, pregunte. Pregúntele a la Biblia. (Háblele en voz alta si quiere, pero no espere escuchar voces con las respuestas.)
Pregúntele a la Biblia: ¿Quién está hablando en este pasaje? ¿Cuál es el sentir del protagonista? ¿Por qué razón estas personas actuaron de esa manera? ¿Haría yo lo mismo en su caso? ¿Debo entender esto de manera literal, o en realidad se refiere a otra cosa? ¿Es bueno, o es malo? ¿Hay claves en el mismo texto que me puedan ayudar a entender?
En ocasiones las respuestas están claras, algunas veces no lo están. Algunas veces lo único que podemos hacer es colocar un gran signo de interrogación al margen, y seguir leyendo. Simplemente, así es la Biblia.
Quizá entendemos cinco años después, o puede que un manual bíblico nos ayude a entender.
Si no sabemos algo, al menos podemos estar seguros de que no sabemos, en ese momento. Está bien; tal vez lo mejor sea pasar a otra página.
Está bien que tenga preguntas.

4. Hable
Es frecuente que las cosas que usted no entiende, otro las entiende, y viceversa. De modo que cuando tengamos preguntas acerca de la Biblia, hablemos de ellas con otros cristianos. Si ellos ya estudiaron el mismo tema, es posible que estén en capacidad de aclarárselo.
O quizá usted quiera compartir algo que aprendió y disfrutó. Puede que sea un proverbio que usted siente que se aplica a la situación en que usted se encuentra. O tal vez leyó un relato de la fe que usted quisiera tener. O tuvo usted una vislumbre de la grandeza de Dios. Hable también de estas cosas para animar a otros.
El Nuevo Testamento describe a la iglesia primitiva como una hermandad, un grupo de personas donde unos con otros hablan de las cosas de Dios. Se dedicaban a las enseñanzas de los apóstoles, disfrutaban lo que aprendían y hablaban de esa alegría.
En nuestro mundo actual, frecuentemente los cristianos comparten antes o después de los servicios religiosos, o en pequeños grupos que se reúnen en las casas durante la semana con el propósito específico de orar juntos, hablar sobre las Escrituras y ayudarse unos a otros.
Uno de esos grupos podría ayudarle a usted a leer la Biblia. Así que, para mejorar su comprensión, es una buena decisión hablar de la Biblia con otros cristianos.

5. No se detenga
Debido a que es un libro de buen tamaño, y a que no lo podemos entender todo desde la primera vez que lo leemos, es esencial que seamos persistentes con él. Si de veras quiere usted saber la manera como Dios nos habla por medio de la Biblia, entonces necesita formarse hábitos duraderos de lectura, de pensar y hablar acerca del libro.
Moriremos antes de llegar a conocerlo todo: siempre quedará más por saber. Esto debería motivarnos a perseverar en ella, no a renunciar. Ciertamente hay tesoros ocultos en la Biblia, y es menester paciencia y persistencia para encontrarlos.
Algunas de sus gemas las podemos hallar en la superficie, otras salen a la luz después de muchos años. Siempre habrá algo de beneficio para nosotros.
Y tenemos que admitirlo, no nos estamos poniendo cada vez más jóvenes: olvidamos cosas, olvidamos las lecciones que aprendimos alguna vez, olvidamos las promesas que hicimos. Si no refrescamos lo que aprendimos de las Escrituras, lentamente iremos perdiendo lo que sabíamos de ellas. Al dejar de leerlas se nos van de la mente.
Así pues, no lo abandone, ¡manténgase leyendo el Libro!

Su amigo  AGUILA BLANCA