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Asunto:[GAP] FW: [gapchile] Una Gran Aventura: La Muerte Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul Djwhal Khul Djwhal Khul
Fecha:Sabado, 13 de Octubre, 2001  07:22:41 (-0700)
Autor:Ricardo Ocampo-Anahuak Networks <anahuak @.............mx>

 
 
---------- 
From: "Enrique" <enrioc70@...> 
Date: 12 Oct 2001 15:33:03 +0200 
To: gapchile@... 
Subject: [gapchile] Una Gran Aventura: La Muerte Por el Maestro Tibetano 
Djwhal Khul  Djwhal Khul Djwhal Khul 
 
Una Gran Aventura: La Muerte 
 
Por el Maestro Tibetano 
Djwhal Khul  
 
(Alice A. Bailey) 
 
 
Resumen de una declaración hecha por el Tibetano 
 
Publicada en agosto de 1934 
 
Solamente diré que soy un discípulo tibetano de cier­to grado; esto puede 
significar muy poco para ustedes, porque todos son discípulos, desde el 
aspirante más hu­milde hasta más allá del Cristo Mismo. Tengo cuerpo físico 
lo mismo que todos los hombres; resido en los confines del Tíbet, y a veces 
(desde el punto de vista exotérico), cuando me lo permiten mis obligaciones, 
pre­sido un grupo numeroso de Lamas tibetanos. A esto se debe la difusión de 
que soy un abad de ese Monasterio Lamásico. Aquellos que están asociados 
conmigo en el trabajo de la Jerarquía (todos los verdaderos discípulos están 
unidos en este trabajo), me conocen también con otro nombre y cargo. A.A.B. 
conoce dos de mis nom­bres. 
 
Soy un hermano que ha andado un poco más por el sendero y, por consiguiente, 
tengo más responsabilida­des que el estudiante común. He luchado y he 
abierto un camino hacia la luz y logré mayor cantidad de luz que el 
aspirante común que leerá este artículo, por lo tanto, tengo que actuar como 
transmisor de luz, cueste lo que costare. No soy un hombre viejo con 
respecto a lo que la edad puede significar en un instructor, y tampoco soy 
joven e inexperto. Mi trabajo consiste en enseñar y difundir el conocimiento 
de la Sabiduría Eterna donde­quiera que encuentre respuesta, y esto lo he 
estado haciendo durante muchos años. Trato también de ayudar a los Maestros 
M. y K. H. en todo momento, porque estoy relacionado con Ellos y Su trabajo. 
Lo expuesto hasta aquí encierra mucho, pero tampoco les digo nada que pueda 
inducirles a ofrecerme esa ciega obediencia y ton­ta devoción que el 
aspirante emocional brinda al Gurú o Maestro, con el cual aún no está en 
condiciones de tomar contacto, ni puede 
lograrlo hasta tanto no haya transmutado la devoción emocional en 
desinteresado ser­vicio a la humanidad, no al Maestro. 
 
No espero que sean aceptados los libros que he escri­to. Pueden o no ser 
exactos, correctos y útiles. El lector puede comprobar su verdad mediante la 
práctica y el ejercicio de la intuición. Ni A.A.B. ni yo, tenemos inte­rés 
en que se los considere como que han sido inspira­dos, tampoco que se diga 
misteriosamente que son el trabajo de uno de los Maestros. 
 
Si estos libros presentan la verdad de tal manera que pueda considerarse 
como la continuación de las ense­ñanzas impartidas en el mundo, y si la 
instrucción su­ministrada eleva la aspiración y la voluntad de servir desde 
el plano de las emociones al plano mental (el pla­no donde se encuentran los 
maestros), entonces estos libros habrán cumplido con su propósito. Si la 
enseñan­za impartida encuentra eco en la mente iluminada del trabajador 
mundial, y si despierta su intuición, entonces acéptense tales enseñanzas. 
 
Si estas afirmaciones son comprobadas oportunamen­te y consideradas como 
verdaderas bajo la prueba de la Ley de Correspondencia, muy bien, pero si 
esto no es así, no se acepte lo expuesto. 
 
PROLOGO 
 
Nuestro presente ciclo es el fin de la era; los pró­ximos doscientos años 
verán la abolición de la muerte, tal como ahora comprendemos esa gran 
transición, y el establecimiento de la realidad de la existencia del alma. 
(14-97) 
 
Nuestras ideas sobre la muerte han sido erróneas. Hemos considerado a la 
muerte como terrible final, pero en realidad es la gran evasión, la en­trada 
en una más plena actividad, y la liberación de la vida desde el vehículo 
cristalizado y la for­ma inadecuada. (19-48) 
 
¿Por qué no aceptan la Transición? Aprendan a glorificarse en la experiencia 
que otorga el don de la sabia edad avanzada, y estén a la expecta­tiva de la 
Gran Aventura que los enfrenta. En sus momentos más elevados saben que esa 
Tran­sición significa la realización, sin verse limitados por el plano 
físico. (6-594) 
 
La enfermedad y la muerte son condiciones esen­cialmente inherentes a la 
sustancia, y así como el hombre se identifica con el aspecto forma, así 
también será condicionado por la Ley de Disolu­ción. Esta ley, fundamental y 
natural, rige la vida de la forma en todos los reinos de la naturaleza. 
(17-368) 
 
Existe una técnica de morir, así como existe una de vivir. . . (4-220) 
 
.... (Las personas) no relacionan la muerte con el sueño. Después de todo, 
la muerte es sólo un intervalo más extenso en la vida de acción en el plano 
físico; nos vamos “al exterior” por un periodo más largo. 
(4-359) 
 
.. . . la muerte puede ser mejor considerada como la experiencia que nos 
libera de la ilusión de la forma... (22-246) 
 
.... la muerte es sólo un intervalo en una vida de progresiva acumulación de 
experiencia.., indica una transición definida de un estado de conciencia a 
otro. (22-245) 
 
La muerte llega al individuo, en el sentido común del término, cuando 
desaparece del cuerpo físico la voluntad de vivir y es reemplazada por la 
voluntad de abstracción. A esto lo denominamos muerte. (18-144) 
 
A medida que la humanidad va siendo consciente del alma.., la muerte será 
considerada como un proceso “por mandato”, llevado a cabo con 
plena conciencia y comprensión del propósito cíclico. (17-321) 
 
.. . . El Trabajo de Restitución . . . El Arte de Elimi­nación . . . Los 
Procesos de Integración ... Estos tres procesos constituyen la muerte. 
(17-292) 
 
La muerte es un acto de la intuición, transmitido por el alma a la 
personalidad y que luego, de acuerdo con la voluntad divina, lo lleva a cabo 
la voluntad individual. (16-444) 
 
Entonces es emitida una Palabra. El descendente punto de luz asciende, 
respondiendo a la apenas perceptible nota de llamada, atraído a su fuente de 
donde emanó. A esto el hombre le llama muer­te y el alma le llama vida. 
(17-345) 
 
Resurrección es la nota clave de la naturaleza, pero no la muerte. La muerte 
es la antecámara de la Resurrección. (13-389) 
 
PARTE  I 
 
 
(1) El alma será conocida como un ente y como impulso motivador y centro 
espiritual que está detrás de las formas manifestadas. Dentro de pocas 
décadas serán corroboradas ciertas grandes creencias. El trabajo del Cristo 
y su principal misión hace dos mil años, fue demostrar las posibilidades y 
poderes divinos latentes en todo ser humano. La proclamación que hizo, de 
que todos somos hijos de Dios y tenemos un Padre Universal, será 
considerada, en el futuro, no como un enunciado hermoso, místico y 
simbólico, sino que será juzgado como un pronunciamiento científico. Nuestra 
hermandad universal y nuestra esencial inmortalidad serán demostradas y 
comprendidas como hechos reales de la naturaleza.  (14-97) 
 
(2) Se necesita valor para enfrentar la realidad de la muerte, y para 
formular en forma muy definida nuestras creencias sobre el tema... La muerte 
es el único hecho que podemos predecir con absoluta seguridad y, sin 
embargo, la mayoría de los seres humanos se rehusa a considerarlo, hasta que 
lo enfrenta de modo inminente y personal. 
 
Las personas enfrentan la muerte de muy diversas maneras; algunas con un 
sentimiento de autocompasión, se hallan tan preocupadas por lo que dejan, 
por lo que termina para ellas, por el hecho de abandonar todo lo que 
acumularon en la vida, que el verdadero significado del futuro inevitable no 
les llama la atención. Otras la enfrentan con valor y encaran lo inevitable, 
miran la muerte con osadía, porque no pueden hacer nada más. Su orgullo los 
ayuda a salir al paso del acontecimiento. Aún otros rehusan considerar en 
absoluto esa posibili­dad. Se autohipnotizan hasta llegar a un estado donde 
el pensamiento de la muerte es rechazado por la concien­cia, que no lo 
considera posible, de modo que cuando llega, los toma de sorpresa; están 
inermes y lo único que pueden hacer es sencillamente morir. La actitud 
cris­tiana, por lo general, es más precisa en su aceptación de la voluntad 
de Dios, adoptando la resolución de con­siderar el acontecimiento como lo 
mejor que pudiera ocurrir, aun cuando 
no lo parezca desde el ángulo del medio ambiente y las circunstancias. La 
firme creencia en Dios y Su propósito predestinado para el individuo, lleva 
a pasar triunfalmente por los portales de la muer­te, pero si se les dijera 
que ésta es simplemente otra forma del fatalismo del pensador oriental, y 
una creen­cia fija en un destino inalterable, lo considerarían falso. Los 
que así piensan se escudan tras el nombre de Dios. 
 
Sin embargo, la muerte puede ser más que todas esas cosas y enfrentada de 
distintas maneras. Puede tener cabida definida en la vida y en el 
pensamiento, y pode­mos prepararnos para ella como algo inevitable, pero 
simplemente es el Originador de cambios. De este modo haremos del proceso de 
la muerte una parte planeada de todo nuestro propósito de vida. Podemos 
vivir tenien­do conciencia de la inmortalidad, lo que agregará colo­rido y 
belleza a nuestra vida; podemos fomentar la con­ciencia de nuestra futura 
transición y vivir con la espe­ranza de su prodigio. La muerte así encarada, 
conside­rada como un preludio para una ulterior experiencia viviente, cobra 
un significado distinto. Se transforma en experiencia mística, una forma de 
iniciación, que alcanza el punto culminante en la crucifixión. Todas las 
anterio­res renunciaciones menores nos preparan para la gran renunciación; 
todas las anteriores muertes sólo son el preludio del estupendo episodio de 
morir. La muerte nos trae la liber 
ación temporaria de la naturaleza corporal, de la existencia en el plano 
físico y de la experiencia visible, que quizás con el tiempo será 
permanente. Cons­tituirá la liberación de toda limitación, y aunque crea­mos 
(como lo hacen millones de seres) que la muerte es sólo un intervalo en una 
vida de progresiva acumula­ción de experiencia, o el fin de toda experiencia 
(como sostienen otros tantos millones), no puede negarse el hecho de que la 
muerte indica una transición definida de un estado de conciencia a otro. 
(22-243/5) 
 
(3) Los estudiantes de religión estudiarán la manifes­tación de lo que 
llamamos “aspecto vida”, así como el científico estudia el 
llamado aspecto “materia”; ambos llegarán a comprender la 
estrecha relación que existe entre estos dos aspectos, con lo cual se 
llenará el anti­guo vacío y cesará temporariamente la lucha entre la ciencia 
y la religión. Se pondrán en práctica métodos precisos para demostrar que la 
vida persiste después de la muerte del cuerpo físico, y la trama etérica 
será reconocida como factor operante. (3-360) 
 
(4) El primer paso para sustanciar la realidad de la existencia del alma es 
establecer la supervivencia, aun­que esto no probará necesariamente la 
inmortalidad. Sin embargo, puede considerarse como un paso dado en la 
correcta dirección. Se está comprobando constante­mente que algo sobrevive 
al proceso de la muerte y persiste después de la desintegración del cuerpo 
físico. Si esto no es verdad, entonces somos víctimas de una alu­cinación 
colectiva, y engañan y mienten y están enfer­mos y pervertidos los cerebros 
y las mentes de miles de personas. Tal gigantesca locura colectiva es más 
di­fícil de creer que la alternativa de una expansión de conciencia. Sin 
embargo, el desarrollo que sigue la línea síquica no probará la existencia 
del alma. Sólo sirve para destruir la posición materialista. (14-99) 
 
(5) El problema de la muerte, es innecesario decirlo, se funda en el amor a 
la vida, el instinto más arraigado de la naturaleza humana. La ciencia 
reconoce que nada se pierde de acuerdo a la ley divina; la eterna 
supervi­vencia, de un modo u otro, es considerada universalmen­te como una 
verdad. De todo el cúmulo de teorías se han extraído y propuesto tres 
soluciones principales, muy conocidas por las personas reflexivas, y son: 
 
La solución estrictamente materialista afirma que la experiencia y la 
expresión de la vida consciente con­tinúan mientras la forma física tangible 
existe y per­siste, pero también enseña que después de la muerte y la 
consiguiente desintegración del cuerpo, ya no existe una persona consciente, 
activa y autoidentifi­cada. El sentido del Yo, la percepción de la 
persona­lidad, en contraposición con las otras personalidades, se desvanece 
al desaparecer la forma; creen que la personalidad sólo es la suma total de 
la conciencia de las células del cuerpo. Esta teoría relega al hom­bre al 
mismo estado de cualquiera de las formas de los otros tres reinos de la 
naturaleza; está basada en la insensibilidad del ser humano común hacia la 
vida, fuera de un vehículo tangible; ignora toda evidencia contraría y 
explica que como no podemos ver (visualmente) y comprobar (tangiblemente) la 
persistencia del Yo o la inmortal entidad después de la muerte, ella no 
existe. Muchos ya no sostienen esta teoría c 
omo en años anteriores, particularmente durante la materialista Era 
Victoriana. 
 
La teoría de la inmortalidad condicional. Esta teoría es sostenida aún por 
ciertas escuelas fundamentalis­tas de pensamiento, teológicamente estrechas, 
y tam­bién unos cuantos intelectuales principalmente de tendencia egotista. 
Afirma que sólo quienes obtienen una etapa particular de percepción 
espiritual o acep­tan un conjunto peculiar de  pronunciamientos teoló­gicos 
pueden recibir el don de la inmortalidad personal. Los altamente 
intelectuales también arguyen que a quienes poseen una mente desarrollada y 
cul­tivada, don culminante para la humanidad, análoga­mente se les otorga la 
eterna supervivencia. Una escuela rechaza a aquellos que consideran 
espiritual­mente recalcitrantes o negativos a la imposición de su verdad 
teológica particular, lo cual los condena a un total aniquilamiento como en 
la solución materia­lista, o a un eterno castigo, que al mismo tiempo abo­ga 
por una especie de inmortalidad. Debido a la inna­ta bondad del corazón 
humano, muy pocos son venga­tivos o sufici 
entemente irreflexivos para considerar aceptable esta presentación; por 
supuesto, entre ellos, debemos clasificar las personas irreflexivas que 
eva­den la responsabilidad mental, aceptando ciegamente los pronunciamientos 
teológicos. La interpretación cristiana, dada por las escuelas ortodoxas y 
funda­mentalistas, prueba ser falsa cuando es sometida a un claro 
razonamiento; entre los argumentos que nie­gan su veracidad reside el hecho 
de que el cristianis­mo proclama un largo futuro pero ningún pasado; siendo 
asimismo un futuro que depende totalmente de las acciones del actual 
episodio de vida y de nin­guna manera explica las distinciones y diferencias 
que caracterizan a la humanidad. Esto sólo tiene asidero en la teoría de una 
Deidad antropomórfica, cuya vo­luntad -en su actuación práctica- sólo 
presenta aquello que no tiene pasado sino únicamente futuro; reconocen 
ampliamente la injusticia de esto, pero dicen que la inescrutable voluntad 
de Dios no debe ser puesta en duda. Millones 
de personas sostienen esta creencia, pero no tan fuertemente como lo hacían 
cien años atrás. 
 
La teoría de la reencarnación, tan familiar para to­dos mis lectores, está 
llegando a ser crecientemen­te popular en Occidente; siempre fue aceptada en 
Oriente (aunque con muchas adiciones e interpre­taciones tontas). Dicha 
enseñanza ha sido tan dis­torsionada como las enseñanzas de Cristo, Buda o 
Shri Krishna, por sus teólogos de mente estrecha y limitada. Los básicos 
fundamentos de un origen espiritual, de un descenso a la materia, de un 
as­censo por medio de las constantes encarnaciones en la forma, hasta que 
esas formas sean expresiones perfectas de la conciencia espiritual que mora 
inter­namente, y de una serie de iniciaciones, al finalizar el ciclo de 
encarnación, están siendo más rápidamente aceptados y reconocidos como nunca 
lo fue­ron. 
 
Tales son las principales soluciones a los problemas de la inmortalidad y de 
la supervivencia del alma hu­mana; que aspiran responder a la eterna 
pregunta del corazón humano respecto a cuándo, por qué, dónde y adónde. 
(17-296/8) 
 
(6) Dentro de los próximos años la realidad de la supervivencia y de la 
eternidad de la existencia, habrán dejado de ser una incógnita para 
convertirse en una convicción. No quedarán dudas de que el hombre al 
abandonar el cuerpo físico continúe siendo una entidad viviente y 
consciente. Se sabrá que continúa su existen­cia en un mundo más allá del 
físico y que vive, está despierto y es consciente. Esto se comprobará de 
diver­sas maneras, por: 
 
El desarrollo de un poder dentro del ojo físico del ser humano que.., 
revelará el cuerpo etérico... y se verá que los hombres ocupan ese cuerpo. 
 
El creciente número de personas que tienen el po­der de emplear... “el 
tercer ojo”..., que ha des­pertado nuevamente, demostrará la 
inmortalidad... porque verá fácilmente al hombre que ha abandonado sus 
cuerpos etérico y físico. 
 
Un descubrimiento, en el campo de la fotografía, comprobará la 
supervivencia. 
 
Por medio de la radio, con el tiempo se establecerá comunicación con 
aquellos que han pasado al más allá, y esto se convertirá en una verdadera 
ciencia. 
 
El hombre será sensibilizado a tal grado de per­cepción y contacto, que le 
permitirá ver a través de las cosas y revelará la naturaleza de la cuarta 
dimensión, y fusionará en un nuevo mundo los mundos subjetivo y objetivo. La 
muerte ya no ins­pirará terror y desaparecerá el temor particular que 
provoca. (17-304/5) 
 
(7) Resultará evidente que cuando la humanidad lo­gre esta perspectiva sobre 
la muerte y el arte de morir, toda la actitud de la raza humana sufrirá un 
benéfico cambio. Esto irá a la par, a medida que el tiempo trans­curre, de 
una sensibilidad humana en los niveles tele­páticos; los hombres serán cada 
vez más inteligentes y la humanidad se enfocará acrecentadamente en los 
niveles mentales. Esta sensibilidad telepática será un fenómeno común y 
corriente, siendo el espiritismo ac­tual una garantía de ello, aunque la 
seria distorsión exis­tente se basa en gran parte en los ansiosos deseos de 
la humanidad, pero contiene muy poca telepatía verda­dera. Actualmente la 
telepatía que existe entre el mé­dium (esté o no en trance) y el pariente o 
amigo desaparecido, no existe entre aquel que ha experimentado la liberación 
de la muerte y el que todavía se halla en la forma. Esto debe tenerse 
siempre presente. Mientras tanto, donde la mente no es normalmente 
telepática, puede haber (aunque muy ra 
ras veces) la interposición de una mediumnidad, basada en la clarividencia y 
clariaudiencia, pero no en el trance. Aún así esto precisará establecer un 
contacto totalmente astral por medio de un tercero, y estará basado en el 
espejismo y el error. No obstante será un paso adelante para las actuales 
se­siones mediumnímicas, que simplemente ignoran al muerto, respondiendo 
solamente al interesado lo que el médium lee en su aura. Los recuerdos de la 
apariencia personal, las reminiscencias significativas acumuladas en la 
conciencia del que pregunta, y la vana ilusión de pedir consejos, pues cree 
que porque ha fallecido es más inteligente que antes. Cuando el médium a 
veces logra establecer una verdadera comunicación, se debe a que el 
solicitante y la persona fallecida son tipos men­tales, por lo tanto se 
establece una verdadera sensibili­dad telepática entre ellos, la cual es 
captada por el mé­dium. 
 
La raza va progresando, desarrollándose y haciéndose cada vez más mental. La 
relación entre los muertos y los vivos debe y deberá existir en los niveles 
mentales, antes de los procesos de integración; la verdadera in­terrupción 
de la comunicación se producirá cuando el alma humana esté reabsorbida en la 
superalma, antes de volver a encarnar. La realidad de que se establece 
comunicación hasta ese momento, destruirá completa­mente el temor a la 
muerte. En el caso de los discípulos que trabajará en el Ashrama de un 
Maestro, este proceso de integración no constituirá siquiera una barrera. 
(17-293) 
 
(8) Veremos así emerger gradualmente en el mundo un gran grupo de síquicos 
entrenados cuyos poderes son comprendidos, actuando en el plano astral con 
tan­ta inteligencia como cuando lo hacen en el plano físico, y preparándose 
para expresar los poderes síquicos su­periores, percepción y telepatía 
espirituales. Estas per­sonas constituirán oportunamente un grupo de almas 
vinculadoras, mediando entre los que no pueden ver ni oír en el plano 
astral, por ser prisioneros del cuerpo físico, y los que son igualmente 
prisioneros del plano as­tral, por carecer del mecanismo físico de 
respuesta. 
 
Por lo tanto, la gran necesidad no es de que cesemos de consultar y entrenar 
a nuestros psíquicos y médium, sino de que los entrenemos correctamente y 
los prote­jamos inteligentemente, vinculando así, por su interme­dio, los 
dos mundos, el físico y el astral. (13-18/9) 
 
(9) A medida que pasa el tiempo y antes de finalizar el próximo siglo, se 
comprobará que la muerte no existe tal como se la comprende ahora. La 
continuidad de con­ciencia será tan ampliamente desarrollada y tantos 
hom­bres de tipo elevado actuarán simultáneamente en am­bos mundos, que el 
antiguo temor desaparecerá y el in­tercambio entre el plano astral y el 
físico estará firme­mente establecido y científicamente controlado, 
llegan­do a su fin, felizmente, la actuación de los médium de trance. 
(4-219) 
 
(10) Quisiera señalar además, que la mediumnidad de trance, tal como se la 
llama, debe ser inevitablemente re­emplazada por esa mediumnidad del hombre 
o la mujer clarividente o clariaudiente en el plano astral y que, por lo 
tanto, en plena conciencia vigílica y con el cerebro físico alerta y activo, 
puede ofrecerse como intermedia­rio entre los hombres que poseen cuerpos en 
el plano físico (y, por lo tanto, son ciegos y sordos en niveles sutiles) y 
quienes han descartado sus cuerpos, y están impedidos de toda comunicación 
física. Este tipo de sí­quico puede comunicarse con ambos grupos, y su valor 
y utilidad como médium está más allá de todo cálculo cuando tiene una mente 
centrada o altruista, pura y dedicada al servicio. Pero en el entrenamiento 
al que se sometan deberán evitar los actuales métodos negativos y, en vez de 
“tratar de desarrollar la mediumnidad” en un silencio vacuo y 
expectante, deben esforzarse por actuar positivamente como almas, y 
permanecer cons­ciente 
 e inteligentemente en posesión del mecanismo inferior de sus cuerpos; 
además deben saber qué centro de ese cuerpo emplean mientras trabajan 
síquicamente, y aprender a observar, como almas, el mundo de ilusión en el 
cual emprenden el trabajo; desde su posición ele­vada y pura deben ver con 
nitidez, oír con claridad e in­formar con exactitud, y de este modo servir a 
su era y generación, haciendo del plano astral un lugar bien conocido de 
actividad familiar y acostumbrando al gé­nero humano a llevar una existencia 
donde sus seme­jantes experimenten, vivan y sigan el sendero. (13.16/7) 
 
(11) En la venidera era acuariana la humanidad esta­blecerá una cultura 
sensible a los valores espirituales más sutiles y superiores, más una 
civilización libre de espe­jismo y de gran parte de la ilusión que hoy cobra 
a los pueblos arios, y traerá una vida racial que será incorpo­rada por esas 
formas que eliminarán la brecha que existe en la actualidad, libre de lo que 
ahora conocemos como enfermedad del peor tipo, aunque prevalecerán, 
lógicamente, la muerte y ciertos tipos de desintegración cor­poral que 
pueden conducir eventualmente a la muerte. El vencimiento de la muerte no se 
produce por la elimi­nación de los males corporales, sino estableciendo esa 
continuidad de conciencia que conduce del plano físico de la vida, a la 
existencia subjetiva interna. Grupos como el tercero pueden ser los 
custodios de este estado del ser, siendo su problema, por lo tanto, 
desarrollar esa continuidad de conciencia que abrirá las “puertas a la 
vida y disipará el temor a lo cono­cido que desa 
parece”. (13.42/3) 
 
 
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