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Asunto:[GAP] Nuevo revés para Bush
Fecha:Sabado, 18 de Febrero, 2006  13:46:54 (+0100)
Autor:Guillermo <guillermo @.....es>

Nuevo revés para Bush al ordenarle un juez que
explique su programa de escuchas telefónicas

Viernes 17 de febrero de 2006

Washington (EP/AP).- Un juez federal ordenó el jueves al gobierno del
presidente George W. Bush que entregue los documentos relativos a su
programa secreto de escucha de conversaciones telefónicas o informar qué
es lo que oculta.

La decisión ha sido vista como un revés para la presidencia de Estados
Unidos, que buscaba mantener el programa en secreto.

Al mismo tiempo, el presidente republicano de la Comisión de
Inteligencia del Senado indicó que había negociado un acuerdo con la
Casa Blanca para adoptar medidas legislativas y ofrecer más información
al Congreso sobre este programa de escucha subrepticia.

El demócrata de más alto nivel en la Comisión, que exigió una
investigación completa al respecto, de inmediato presentó su oposición
al calificar esta negociación como una abdicación de las
responsabilidades de la comisión.

El juez federal Henry Kennedy decidió que un grupo privado, el Centro de
Información de Privacidad Electrónica, sufrirá daños irreparables si los
documentos que ha solicitado desde diciembre no son procesados
rápidamente bajo la Ley de Libertad de Información, y por ello le dio al
Departamento de Justicia 20 días para que responda a la petición del
grupo.

"El presidente Bush ha invitado a un debate importante en torno al
programa de vigilancia de telefonía inalámbrica, y eso sólo podrá
ocurrir si el Departamento de Justicia procesa las solicitudes
contempladas dentro de la Ley de Libertad de Información a tiempo y da a
conocer la información buscada", indicó Kennedy.

La portavoz del Departamento de Justicia, Tasia Scolinos, indicó que el
Departamento ha sido "sumamente cooperativo" con la información "y
seguirá cumpliendo con sus obligaciones bajo la Ley de Libertad de
Información".

http://es.news.yahoo.com/17022006/4/eeuu-juez-federal-obliga-gobierno-entregar-documentos-relativos-programa-escuchas.html



Bush está acusado de amordazar
a varios científicos ambientalistas

Por Stephen Leahy
Sábado 18 de febrero de 2006

Toronto (IPS).- Crece la evidencia de que el gobierno de Estados Unidos
prohibió a varios científicos divulgar información sobre el cambio
climático y otros asuntos ambientales.

En enero, uno de los más reconocidos científicos estadounidenses, James
Hansen, acusó al gobierno de George W. Bush de impedir que información
sobre el recalentamiento planetario llegara al público.

Hansen, director del Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la
NASA, la agencia espacial estadounidense, aseguró que expertos a su
cargo y de la Oficina Nacional de Administración Océanica y Atmósférica
(NOAA, por sus siglas en inglés) eran amordazados por las autoridades.

"Esto se parece más a la Alemania nazi o a la Unión Soviética que a
Estados Unidos", había dicho Hansen en un panel público sobre ciencia y
ambiente celebrado el 10 de este mes en Nueva York.

Durante el otoño boreal, autoridades ordenaron a Hansen que retirara
información publicada en Internet según la cual 2005 podía ser el año
más caliente del que se tuviera registro. Pocos meses después, ese
pronóstico fue confirmado por varias instituciones científicas.

El gobierno también habría prohibido a periodistas entrevistar a
científicos sobre estas investigaciones.

El gobierno de Bush es renuente a reconocer el vínculo entre el gran
consumo de combustibles fósiles y el cambio climático, y ha repudiado el
Protocolo de Kyoto, único instrumento internacional que obliga a las
naciones industriales a reducir las emisiones de gases que recalientan
la atmósfera.

"Las cosas están aún peor en la NOAA y en la Agencia de Protección
Ambiental", dijo Hansen a un canal de televisión.

La NOAA descartó cualquier conexión entre el recalentamiento planetario
y la temporada de huracanes del año pasado, a pesar de la creciente
evidencia aportada por otros expertos en cambio climático. El miércoles,
la oficina reconoció que muchos de sus científicos discrepaban con esa
posición oficial.

"El gobierno de Bush rechaza el método científico", afirmó Lewis Lapham,
editor de Harper's Magazine y autor del libro "Gag Rule" ("La ley
mordaza"), que denuncia la censura que ejerce la administración con
quienes discrepan de sus posturas.

"El recalentamiento planetario no entra en su actual estructura de
pensamiento", dijo Lapham a IPS.

El periodista sostuvo que Estados Unidos parece ingresar en una era en
la que la fe es más importante que los hechos y el disenso es
considerado una traición.

Cuando se trata de investigar, el gobierno ha ido incluso más allá de la
tradicional práctica de los políticos de cambiar los números para hacer
que los resultados sean los que ellos quieren, dijo Lapham.

"Si la ciencia no demuestra lo que se le dice debe demostrar, entonces
ellos creen que ha sido alterada por Satanás o por el (opositor) Partido
Demócrata", señaló.

Hace dos años, 60 prominentes científicos firmaron un documento
aseverando que, a menos que sus puntos de vista o la evidencia
presentada coincidiera con la ideología del gobierno de Bush, su
testimonio era siempre ignorado o rechazado. Desde entonces, más de
8.500 científicos ratificaron esa denuncia.

La Union of Concerned Scientists (UCS, Unión de Científicos
Comprometidos) acusó al gobierno de tergiversar los resultados de las
investigaciones de la Academia Nacional de Ciencias, de los propios
expertos gubernamentales y de toda la comunidad académica que estudia el
cambio climático.

La UCS elaboró una convincente lista de instancias de interferencia
política en investigaciones, incluyendo la remoción de científicos
altamente calificados de comités de asesoramiento que tratan sobre salud
infantil, ambiental y reproductiva, así como sobre abuso de drogas.
Estos especialistas fueron reemplazados por individuos vinculados o
contratados por industrias sujetas a la regulación del Estado.

La financiación también fue denegada a científicos que se expresaron
libremente o llevaron a cabo investigaciones que podían contradecir la
política de la Casa Blanca.

Científicos que investigaban el impacto ambiental de los motores a
hidrógeno se quedaron sin financiamiento de la NASA luego que en un
estudio preliminar encontraron que esta tecnología podía causar serios
daños ambientales.

El gobierno de Bush promovió y financió la investigación sobre este tema
por considerarlo un futuro reemplazo para los vehículos alimentados a
gasolina.

A comienzos de este mes, la Oficina de Administración de Tierras se negó
a continuar financiando un estudio de la Universidad Estatal de Oregon
que sugería que la tala de árboles no era la mejor manera de recuperar
bosques destruidos por incendios.

El gobierno de Bush apoya la tala a cargo de las empresas forestales
como una práctica buena para la ecología y para prevenir futuros
incendios.

"La ciencia siempre ha estado influenciada por los políticos", señaló
Stephen Bocking, profesor asociado de estudios ambientales en la
canadiense Universidad de Trent.

En los años 50 y 60, las empresas químicas persuadieron a los gobiernos
de financiar investigaciones sobre el uso de productos químicos en la
agricultura. En los años 80 y 90, muchas de las mismas compañías
utilizaron su influencia para obtener grandes sumas de dinero público
para realizar investigaciones sobre cultivos genéticamente modificados,
dijo Bocking en una entrevista.

La influencia de las corporaciones sobre el gobierno siempre estuvo
presente, pero Bocking reconoce que es más fuerte ahora que nunca. Por
ejemplo, buena parte de la investigación estatal en áreas como la
agricultura sólo satisface las necesidades de las grandes corporaciones.

Aunque serviría al bien público, ni el gobierno canadiense ni el
estadounidense han gastado una adecuada cantidad de dólares en
investigación sobre los impactos ambientales de los transgénicos, dicen
los críticos.

Los intentos explícitos de los gobiernos por amordazar a los científicos
que hacen investigaciones estatales no son tan comunes, dijo Bocking.
"Hay maneras mucho más sutiles de dirigir la investigación", afirmó.

Las decisiones sobre cómo son financiados los proyectos, durante cuánto
tiempo y la metodología empleada, entre otros factores, influyen mucho
más en las conclusiones finales, afirmó. "Los resultados de las
investigaciones tienden a reflejar quién está pagando por ellas".

Esto no tiene nada que ver con la integridad personal de los
científicos, insistió. La mejor prueba de ello es que científicos
creíbles financiados por empresas farmacéuticas produjeron resultados
que luego fueron invalidados por investigadores pagados por el estado.

La investigación estatal es crucial para contrarrestar a la financiada
por las corporaciones, dijo. Y se necesita mucho más de la primera.

"Las decisiones sobre qué investigación financia el estado también
deberían tomarse en colaboración con los científicos y el público",
concluyó Bocking.

http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=36639


Google rechaza la petición del Gobierno de EE.UU.
para violar la privacidad legal de los internautas

Sábado 18 de febrero de 2006

San Francisco (Reuters).- Google rechazó formalmente el viernes la
petición de datos que le hizo el Departamento de Estado norteamericano,
argumentando que la orden violaba la privacidad de los usuarios del
buscador de Internet y sus propios secretos comerciales.

Respondiendo a una moción del fiscal general del Estado Alberto
Gonzáles, Google también dijo ante la Corte de Distrito de California
que la demanda que le hacía el gobierno para que revele datos de
búsqueda en Internet no era práctica.

La administración de Bush busca obligar a Google a entregar datos de
búsqueda en Internet como parte de los esfuerzos del Departamento de
Justicia por apelar al requerimiento emitido en 2004 por la Corte
Suprema de una ley que penalice a los operadores de sitios Web que
permitan a niños ver pornografía.

Google está solo en su decisión de oponerse a la petición del gobierno
estadounidense. Sus rivales Microsoft y Yahoo están entre las compañías
que han cumplido con el petición de datos que el Departamento de
Justicia utilizará para fundamentar la apelación.

Los abogados de Google dicen que la compañía comparte las preocupaciones
del gobierno sobre materiales dañinos para menores pero argumenta que la
petición de sus datos es irrelevante. Para esto, ofrecieron una serie de
argumentos técnicos de porqué estos datos no eran útiles.

Cumplir con la petición también obligaría a Google a revelar cómo
funciona su tecnología de búsqueda en Internet, algo que guarda
celosamente como un secreto de la empresa, argumentaron. La compañía se
niega a revelar incluso el total de búsquedas que se realizan cada día.

http://es.news.yahoo.com/18022006/44-89/google-rechaza-peticion-gobierno-eeuu-buscar-informacion.html

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Chávez amenaza otra vez con cortar
las exportaciones crudo a los EE.UU.

Viernes 17 de febrero de 2006

Caracas (Reuters).- El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, amenazó
nuevamente el viernes a Estados Unidos con cortar las exportaciones
petroleras si desde el gobierno del presidente George W. Bush "se pasan
de la raya" y agregó que ya empezó a tomar medidas para el caso.

Venezuela, quinto exportador mundial de petróleo, es uno de los
principales suplidores de crudo a Estados Unidos con 1,5 millones de
barriles por día, pero mantiene tensas relaciones con Washington.

"El gobierno de los Estados Unidos debe saber que si se pasan de la raya
no van a tener petróleo venezolano (...) debo decir que ya comencé a
tomar medidas al respecto, no voy a decir cuáles", dijo en un discurso
en el palacio presidencial en un acto con pensionados.

Agregó que "ellos creen que yo no puedo tomar esa medida porque entonces
el petróleo no tendríamos dónde colocarlo. ¡Están muy equivocados! El
petróleo además no se pudre".

El mandatario, quien se refiere a Bush como "genocida, loco y asesino" y
también como "Mister Danger" (Señor Peligro), afirmó que muchos países
le piden más petróleo y que les ha tenido que decir que no se pueden
aumentar los suministros porque buena parte de la producción va para
Estados Unidos.

Funcionarios estadounidenses acusan a Chávez, quien arremete contra el
"imperialismo" de Washington, de usar las riquezas petroleras de su país
para financiar grupos antidemocráticos en la región, lo cual niega el
presidente venezolano.

Chávez, quien asegura estar usando los ingresos petroleros para ayudar a
los pobres que viven dentro y fuera del país, dijo que el gobierno
"irresponsable, genocida, asesino, eimperialista de George W. Bush", ha
olvidado al pueblo de Estados Unidos y dedica la mayor parte del dinero
a gastos militares para invadir pueblos como Irak y Afganisftan.

El mandatario, un militar retirado, aseguró que Washington tiene un plan
contra Venezuela y llamó a los venezolano a "resistir".

http://www.invertia.com/noticias/noticia.asp?idnoticia=1469716


Chávez dice que Aznar es parte
del 'plan Bush' contra Venezuela

Sábado 18 de febrero de 2006

Terra Actualidad (EFE).- El presidente venezolano, Hugo Chávez, acusó al
exjefe del Gobierno español José María Aznar de formar parte de un
supuesto plan dirigido por Estados Unidos para desestabilizar Venezuela.

'El indigno Aznar, que hace poco resucitó de entre los muertos, anda
repitiendo el discurso de (George W.) Bush (presidente de EE.UU.) de que
Chávez es una amenaza, porque él es parte del plan', dijo Chávez en un
acto con jubilados.

El pasado 12 de febrero en una entrevista del diario chileno 'El
Mercurio', Aznar se mostró dispuesto a colaborar para 'detener la marea
populista' en América Latina, y señaló que en esa onda estaban
Venezuela, Cuba, Bolivia y 'tal vez' Argentina.

Según Chávez, el supuesto plan de Washington del que forma parte el ex
presidente del Gobierno español trata de desestabilizar Venezuela
mediante la formación de un 'frente' internacional en el que el primer
ministro británico, Tony Blair, sería otra de las piezas principales.

'El plan Bush-Blair está tratando de poner a España contra nosotros,
también a Francia y a toda Europa', afirmó el presidente venezolano.

Chávez dijo que Aznar 'se prestó para la invasión de Irak' por parte de
EE.UU. y el Reino Unido, y recordó cuando en Caracas le planteó
integrarse al grupo formado por él, Bush y Blair.

El gobernante venezolano explicó que la cita de Caracas se concretó a
petición de Aznar cuando ambos regresaban de una reunión en Sudamérica,
que no mencionó.

'Estuvimos cenando y luego me dijo: 'Chávez aprovecha que Venezuela
tiene petróleo, que necesitamos ese petróleo e incorpórate a nuestro
grupo, al primer mundo'', relató Chávez.

'Luego yo le pregunté qué opinaba de pueblos como Haití o los del Africa
negra, y la respuesta que me dio no la olvidaré nunca, porque fue
diabólica, fascista', añadió Chávez.

Según el presidente venezolano, Aznar le contestó: 'esos pueblos están
perdidos, no tienen salvación'.

Chávez calificó esta respuesta de 'fascismo puro'.

http://actualidad.terra.es/nacional/articulo/chavez_aznar_bush_venezuela_742611.htm

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Los científicos asegurán que en el 2015 habrá
cien millones más de hambrientos en el mundo

Diez niños menores de 5 años mueren
cada minuto a causa de la malnutrición

Viernes 17 de febrero de 2006

Londres (Europa Press).- Si las tendencias continúan, el mundo tendrá
100 millones más de personas hambrientas en le año 2015, fecha
establecida por los Objetivos del Milenio para la erradicación de la
pobreza y el hambres, según afirmaron hoy varios científicos durante la
reunión anual de la Asociación americana para el Avance Científico.

A pesar de los progresos realizados en las décadas de los sesenta y
setenta en la provisión de alimentos, en la actualidad se asiste a una
etapa de retroceso en muchos países en desarrollo, lo que podría dar al
traste con los Objetivos marcados por Naciones Unidas. Para que se
cumplieras, sería necesaria una inversión en nuevas tecnologías y una
gran inversión financiera, según recoge la cadena británica 'BBC'.

Entre los sobrecogedores datos destacados durante la reunión destaca
uno: cada minuto mueren en el mundo 10 niños en edad preescolar a causa
de la malnutrición, cifra que no ha cambiado desde principios de la
década de los ochenta a pesar de las promesas globales.

Una de las claves para solucionar el problema puede ser la mejora de la
agricultura, según explicó uno de los expertos, Per Pinstrup-Anderson.
"Cuando se pone el dinero en manos de agricultores se está gastando en
crear empleo y reducir la pobreza en cualquier lugar", aseguró.

"Por cada dólar que se invierte en investigación agrícola se generan
alrededor de seis dólares de beneficio adicional entre los campesinos, y
alrededor de 15 dólares adicionales al crecimiento económico del país.
Esto es lo que ayudaría a los pueblos pobres en sus países", afirmó el
profesor.

Como buenas noticias se destacó el incremento de reservas alimenticias
que han experimentado China y Vietnam. Ambos países además recortaron el
números de personas que n obtienen alimentación suficiente. Estas
mejoras se hicieron mediante la mejora de infraestructuras y usando
nuevas tecnologías.

En la otra cara de la moneda se encuentra Kenia, que sufre desde el año
pasado una hambruna, especialmente mortal en el este del país. Mientras
tanto, en el oeste del país había excedentes de maíz, que fueron
importados a Europa porque no había dinero ni recursos disponibles para
enviar el maíz a los que están muriendo de hambre en el este.

http://es.news.yahoo.com/17022006/4/hambre-cientificos-aseguran-2015-habra-100-millones-mas-hambrientos-mundo.html

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Un cohete japonés pone en órbita
un satélite metereológico multiárea

Sábado 18 de febrero de 2006

Tokio (EP/AP).- Un cohete japonés modelo H-2A despegó hoy sábado desde
la isla de Tanegashima para poner en órbita un satélite de 4.6 toneladas
con el objetivo de desempeñar misiones aeronáuticas y metereológicas.

El lanzamiento tuvo lugar a primera hora de la mañana del sábado, y fue
el noveno del modelo H-2A, desarrollado como vehículo de lanzamiento en
dos fases.

El lanzamiento fue un éxito y no hubo problemas, según dijo Horiguchi
Toshihisa, portavoz de la agencia espacial japonesa, JAXA.

http://es.news.yahoo.com/18022006/4/japon-cohete-japones-pone-orbita-satelite-multitarea-metereologico.html

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Artículo de opinión publicado en la Red Voltaire

El terrorista en el espejo

Por Noam Chomsky*

“Terror” es un término que provoca con razón emociones fuertes y
preocupación profunda. La preocupación primordial debería llevar,
naturalmente, a adoptar medidas que mitigaran la amenaza, que ha sido
grave ya en el pasado y que lo va a ser incluso aún más en el futuro.
Para proceder seriamente, hemos de establecer algunas directrices. Aquí
van algunas, muy sencillas:

16 de febrero de 2006

1.- Los hechos importan, aunque no nos gusten.

2.- Los principios morales elementales importan, incluso si tienen
consecuencias que preferiríamos no enfrentar.

3.- Que haya una relativa claridad importa. No tendría sentido buscar
una definición absolutamente precisa de “terror”, o de cualquier otro
concepto, fuera de las ciencias experimentales y de las matemáticas y, a
menudo, incluso ahí. Pero deberíamos buscar claridad suficiente para al
menos distinguir la noción terror de otras dos nociones que bordean
preocupantemente sus límites: agresión y legítima resistencia.

Si aceptamos estas directrices, hay caminos muy constructivos para
abordar los problemas del terrorismo, que son muy graves. Se afirma
habitualmente que algunas de las políticas actuales no ofrecen
soluciones. Revisen los archivos y creo que encontrarán que hay una
alternativa exacta ante esa acusación: “Presentan soluciones, pero no me
gustan”.

Supongan, pues, que aceptamos esas sencillas directrices. Volvamos a la
“Guerra contra el Terror”. Una vez que los hechos importan, importa el
hecho de que George W. Bush no declaró la Guerra el 11-S, sino que fue
la administración Reagan, hace veinte años, quien lo hizo.

Llegaron al poder afirmando que su política exterior enfrentaría lo que
el Presidente denominó como “diabólico azote del terrorismo”, una plaga
extendía por “depravados adversarios de la misma civilización” en un
“retorno a la barbarie en la edad moderna” (Secretario de Estado George
Shultz). La campaña se conformó adoptando la forma particularmente
virulenta de plaga: el terrorismo internacional dirigido desde el
estado. El foco principal fue América Central y Oriente Próximo, pero
alcanzó el sur de Africa, el Sureste Asiático y donde uno ose mirar.

Un segundo hecho es que la guerra se declaró y se llevó a cabo más o
menos por la misma gente que estaba dirigiendo la guerra, otra vez
declarada, contra el terrorismo. El componente civil de esa Guerra
contra el Terror tiene al frente a John Negroponte, designado el pasado
año para supervisar todas las operaciones de contraterrorismo. Como
Embajador que fue en Honduras, estuvo a cargo de la mayor operación de
la primera Guerra contra el Terror, la guerra de la contra hacia
Nicaragua, promovida y lanzada sobre todo desde bases estadounidenses en
Honduras. Volveremos a examinar sus tareas. El componente militar de la
Guerra de nuevo declarada estaba dirigido por Donald Rumsfeld. Durante
la primera fase de la Guerra contra el Terror, Rumsfeld fue el enviado
especial de Reagan en Oriente Próximo.

Allí, su principal cometido fue establecer estrechas relaciones con
Sadam Husein para que EE.UU. pudiera proporcionarle ayuda a gran escala,
incluidos medios para desarrollar armas de destrucción masiva,
prosiguiendo mucho después con las bestiales atrocidades contra los
kurdos y el fin de la guerra con Irán. El objetivo oficial, en absoluto
disimulado, era la responsabilidad que Washington asumió para ayudar a
los exportadores estadounidenses y el “notablemente unánime punto de
vista” de Washington y sus aliados británicos y arabo-saudíes de que
“cualquiera que fueran los pecados del dirigente Irakuí, ofreció a
Occidente y a la región una mejor esperanza para la estabilidad de su
país que la que podían ofrecer aquellos que sufrieron su represión” ?
afirmó Alan Cowell, el corresponsal en Oriente Próximo del New York
Times , describiendo el criterio de Washington acerca de que George Bush
I autorizó a Sadam para aplastar, en 1991, la rebelión chií que
probablemente habría derrocado al tirano.

Sadam está siendo finalmente procesado por sus delitos. El primer
proceso, ahora en curso, es por los delitos cometidos en 1982. 1982 fue
un año importante en las relaciones entre EE.UU. e Irak. Fue ese mismo
año cuando Reagan sacó a Irak de la lista de estados que apoyaban el
terrorismo a fin de que la ayuda pudiera fluir hasta su amigo en Bagdad.
Rumsfeld visitó entonces la capital para confirmar los acuerdos. Si
juzgamos por los informes y comentarios, aunque se considere de mala
educación mencionar cualquiera de estos hechos, permítanme sugerir que
algunos otros personajes más deberían estar sentados junto a Sadam en el
banquillo de la justicia. Al sacar a Sadam de la lista de estados que
apoyaban al terrorismo, se produjo un vacío. Ese vacío se llenó de forma
inmediata con Cuba, quizá en reconocimiento del hecho de que las guerras
terroristas de EE.UU. contra Cuba desde 1961 habían llegado a su cenit,
incluidos algunos sucesos que deberían aparecer justo ahora en primera
página en algunas sociedades que valoraban su libertad, a lo cual
volveré en breve. De nuevo, todo eso nos está diciendo algo sobre las
actitudes reales de las elites frente a la plaga de la edad moderna.

Una vez que se prosiguió la primera Guerra contra el Terror por aquellos
que ahora han declarado de nuevo la guerra, o sus inmediatos mentores,
lo lógico es que cualquiera que se interese seriamente por la actual
Guerra contra el Terror preguntara de una vez cómo se desarrolló la de
los años ochenta. Sin embargo, la cuestión está virtualmente prohibida.
Lo cual se puede entender tan pronto como investiguemos los hechos: la
primera Guerra contra el Terror se convirtió rápidamente en una guerra
terrorista brutal y asesina por todos los rincones del mundo adonde
llegó, dejando sociedades tan traumatizadas que quizá no se puedan
recuperar nunca. Huelga decir que lo que sucedió no es que sea oscuro
sino que es inaceptable doctrinalmente, por tanto se trata de evitar que
pueda ser examinado. Desenterrar los archivos es un ejercicio
esclarecedor, con enormes implicaciones de cara al futuro.

Esos son varios de los hechos fundamentales y son los que sin duda
importan. Volvamos a la segunda de las directrices: los principios
morales básicos. El más básico de todos es una obviedad auténtica: las
personas decentes se aplican a ellas mismas las mismas normas que
aplicarían a los demás, o más estrictas aún. La adhesión a este
principio de universalidad tendría muchas consecuencias útiles. Para
empezar, se salvarían muchos árboles. Si se cumpliera ese principio, se
reduciría radicalmente la información publicada y los comentarios acerca
de asuntos políticos y sociales.

Eliminaría virtualmente la disciplina puesta de moda hace poco sobre la
teoría de la Guerra Justa. Y haría casi borrón y cuenta nueva con
respecto a la Guerra contra el Terror. La razón es la misma en todos los
casos: se rechaza el principio de universalidad, en la mayor parte de
los casos de forma tácita, aunque en otros explícitamente. Esas son
afirmaciones demoledoras. Las he expuesto crudamente a propósito para
invitarles a desafiarlas y espero que lo hagan. Creo que encontrarán que
aunque las afirmaciones están un tanto en números rojos, sin embargo
están incómodamente cercanas a la certeza y, de hecho, profusamente
documentadas. Prueben suerte Vds. mismos y verán.

En algunas ocasiones, al menos de palabra, se defiende la más elemental
de las perogrulladas morales. El Tribunal de Nuremberg es un ejemplo de
importancia crucial para los tiempos actuales. Al sentenciar a muerte a
los criminales de guerra nazis, el juez Robert Jackson, el Jefe de los
Fiscales de EE.UU., habló de forma elocuente y memorable acerca del
principio de universalidad. “Si consideramos como delitos determinados
actos que violan los tratados”, dijo, “son delitos ya sea EE.UU. o
Alemania quien los cometa, y no podemos establecer una norma de conducta
criminal contra otros que no estemos dispuestos a invocar contra
nosotros… No debemos olvidar que los antecedentes sobre los que juzgamos
a estos acusados son los antecedentes sobre los que la historia nos
juzgará a nosotros mañana. Presentar ante estos acusados un cáliz
envenenado supone ponerlo también en nuestros propios labios”.

Esta es una clara y honorable afirmación del principio de universalidad.
Pero el mismo juicio de Nuremberg violó de forma decisiva este
principio. El Tribunal tenía que definir “crimen de guerra” y “crímenes
contra la humanidad”. Se manipularon cuidadosamente estas definiciones
para que los delitos fueran considerados criminales sólo si no eran los
aliados los que los cometían. Se excluyó el bombardeo de urbes con
concentraciones de civiles, porque los aliados habían llevado a cabo
bombardeos de forma aún más bárbara que los nazis.

Y los criminales de guerra nazis, como el Almirante Doenitz, pudieron
alegar con éxito que sus homólogos británicos y estadounidenses habían
desarrollado las mismas acciones. El razonamiento fue perfilado por
Telford Taylor, un distinguido abogado internacionalista que fue el jefe
de los fiscales de Jackson para Crímenes de Guerra. Explicó que
“castigar al enemigo ?especialmente al enemigo derrotado- por conductas
en las cuales la nación que las impone se ha visto involucrada, sería
tan extremadamente injusto que desacreditaría las mismas leyes”. Eso es
correcto, pero la misma definición operativa de “crimen” también
desacredita a las propias leyes. Tribunales posteriores se han visto
desacreditados por el mismo defecto legal, pero la auto-exoneración de
los poderosos del derecho internacional y de los principios morales
elementales va más allá del ejemplo anterior y alcanza justo a todos los
aspectos de las dos fases de la Guerra contra el Terror.

Volvamos al tercer tema de fondo: definir qué es “terror” y
diferenciarlo de agresión y resistencia legítima. He estado escribiendo
sobre el terror durante 25 años, incluso desde que la administración
Reagan declaró su Guerra contra el Terror. He estado utilizando
definiciones que parecen ser adecuadas por partida doble: en primer
lugar, tienen sentido; y en segundo, son las definiciones oficiales de
esas formas de hacer la guerra.

Tomando una de esas definiciones oficiales, terrorismo es “el uso
calculado de la violencia o de la amenaza de violencia para conseguir
objetivos que son de naturaleza política, religiosa o ideológica…
mediante la intimidación, la coacción o inculcando temor”, típicamente
sobre objetivos civiles. La definición del gobierno británico es
parecida: “Terrorismo es el uso, o amenaza, o acción, de violencia, que
causa daños o perturba, y que se planea para influir en gobiernos o
intimidar a pueblos con el propósito de hacer progresar una causa
política, religiosa o ideológica”. Estas definiciones parecen ser
bastante claras y en su uso normal resultan cercanas. También parece que
hay acuerdo general en que son adecuadas cuando se trata del terrorismo
de los enemigos.

Pero, inmediatamente, aflora un problema. Estas definiciones producen
una consecuencia completamente inaceptable [para algunos]: llevan a
deducir que EE.UU. es un estado terrorista importante, y lo fue de modo
espectacular durante la guerra Reaganita contra el terror. Cojamos,
simplemente, el caso más claro: la guerra de terrorismo de estado
dirigida por Reagan contra Nicaragua fue condenada por el Tribunal
Internacional, con apoyo de dos resoluciones del Consejo de Seguridad
(vetadas por EE.UU., con el Reino Unido absteniéndose educadamente).
Otro caso completamente claro es el de Cuba, donde los antecedentes son
hasta ahora voluminosos, sin que quepa polémica alguna. Y hay una larga
lista que supera con creces ambas situaciones.

Sin embargo, podemos preguntarnos si esos crímenes, como el del ataque
de estado contra Nicaragua, son realmente terrorismo o si elevan el
listón hasta el crimen mucho más grave de agresión. El concepto de
agresión fue definido con mucha claridad por el Juez Jackson en
Nurenberg en términos que fueron reiterados básicamente en una
autorizada resolución de la Asamblea General.

Un “agresor”, propuso Jackson al Tribunal, es un estado que es el
primero en cometer acciones tales como “invasión de sus fuerzas armadas,
con o sin declaración previa de guerra, del territorio de otro Estado”,
o “Prestación de apoyo a bandas armadas formadas en el territorio de
otro Estado; o denegación de apoyo, a pesar de la solicitud del Estado
invadido; o negarse a adoptar en su propio territorio todas las medidas
que estén en su mano para privar a esas bandas de cualquier ayuda o
protección”. La primera provisión se aplica sin ambigüedades a la
invasión anglo-estadounidense de Irak. La segunda, de forma clara, se
aplicaría a la guerra de EE.UU. contra Nicaragua. Sin embargo, podríamos
conceder el beneficio de la duda a los actuales detentadores del poder
en Washington y a sus mentores, considerándoles sólo culpables del
crimen menor de terrorismo internacional, pero a escala inmensa y sin
precedentes.

Puede recordarse también que en Nuremberg se definió la agresión como
“el supremo crimen internacional, diferenciándose de otros crímenes de
guerra sólo en que contiene en sí mismo el mal absoluto acumulado ? por
ejemplo, todo el espanto y daño que ha inundado la torturada tierra de
Irak a partir de la invasión anglo-estadounidense; y también en
Nicaragua, si la acusación no se reduce al terrorismo internacional. Y
asimismo en Líbano y, hasta llegar a la actualidad, tantas y tantas
otras víctimas que son olvidadas con total facilidad con la excusa de
que se trató de una acción equivocada. El 13 de enero pasado, un avión
de combate controlado a distancia atacó un pueblo en Pakistán,
asesinando a docenas de civiles, familias enteras que tan sólo vivían
cerca de una sospechada guarida de Al Qaida. Esas acciones rutinarias
atraen poca atención, un legado del envenenamiento cultural moral
llevado a cabo durante siglos de bestialidad imperial.

El Tribunal Internacional no asumió la acusación de agresión en el caso
de Nicaragua. Las razones son instructivas y de enorme relevancia
contemporánea. El caso de Nicaragua fue presentado por el profesor de
Derecho de la distinguida Universidad de Harvard Abram Chayes, anterior
consejero legal en el Departamento de Estado. El Tribunal rechazó gran
parte de su caso sobre la base de que al aceptar la jurisdicción creada
por el Tribunal Internacional de 1946, EE.UU. había introducido una
reserva por la que quedaban excluidos de procesamiento en virtud de
tratados multilaterales, incluida la Carta de NNUU.

El Tribunal, por tanto, tuvo que restringir sus deliberaciones al
derecho internacional consuetudinario y a un tratado bilateral
Nicaragua-EE.UU., a fin de que las acusaciones más graves quedaran
excluidas. Incluso con una esfera tan reducida de actuación, el Tribunal
acusó a Washington de “uso ilícito de fuerza” ?hablando en román
paladino, de terrorismo internacional- y ordenó poner fin a los crímenes
y el pago de importantes compensaciones. Los Reaganitas reaccionaron
mediante una escalada de la guerra, aprobando también ataques de sus
fuerzas terroristas contra “objetivos fáciles”, blancos constituidos por
civiles indefensos.

La guerra terrorista dejó el país arruinado, con un número de muertes de
2,25 millones, más del total de la suma de todas las víctimas de guerra
de la historia de EE.UU. Una vez que el destrozado país cayó de nuevo
bajo control estadounidense, la situación de miseria se deterioró aún
más. Ahora es el segundo país más pobre de Latinoamérica después de
Haití ? y de forma accidental, también el segundo después de Haití en la
intensidad de la intervención estadounidense durante el pasado siglo. La
forma habitual de lamentar estas tragedias es decir que Haití y
Nicaragua aparecen “arrasadas por tormentas que ellas mismas han
creado”. Citando al Boston Globe, en el extremo liberal del periodismo
estadounidense. Guatemala figura en el tercer lugar tanto por la miseria
como por las intervenciones, más tormentas fabricadas asimismo por su
culpa…

Para el canon occidental, nada de esto existe. Todo está excluido no
sólo de los comentarios e historia en general, sino también,
elocuentemente, de la inmensa literatura sobre la Guerra contra el
Terror declarada de nuevo en 2001, aunque apenas pueda ser puesta en
duda su importancia.

Estas consideraciones están relacionadas con la frontera entre terror y
agresión. ¿Qué ocurre con la frontera entre terror y resistencia? Una de
las cuestiones que se plantean es la legitimidad de las acciones para
conseguir “el derecho a la autodeterminación, libertad e independencia
derivadas de la Carta de las Naciones Unidas de los pueblos privados a
la fuerza de ese derecho…, particularmente de los pueblos bajo regímenes
coloniales y racistas y ocupación extranjera…” ¿Caen esas acciones bajo
el concepto de terror o de resistencia? Las palabras citadas provienen
de la denuncia más enérgica del crimen de terrorismo efectuada en la
Asamblea General de UN, en diciembre de 1987, asumida bajo presiones
Reaganitas. Por eso es, obviamente, una resolución importante, incluso
más aún por la casi unanimidad del apoyo prestado. La resolución fue
aprobada, por 153 votos afirmativos frente a 2 negativos (sólo Honduras
se abstuvo). Afirmaba que “nada en la presente resolución podrá
perjudicar en forma alguna el derecho a la autodeterminación, libertad e
independencia”, como se señalaba en las palabras citadas. Los dos países
que votaron en contra de la resolución explicaron sus razones en la
sesión de Naciones Unidas. Se basaban precisamente en el párrafo citado.

Entendían que la frase “regímenes racistas y coloniales” se refería a su
aliado, el apartheid sudafricano, que entonces consumaba sus masacres
por los países vecinos y continuaban con la brutal represión dentro del
suyo. Evidentemente, EE.UU. e Israel no podían aceptar la resistencia
ante el régimen del apartheid, especialmente cuando estaba dirigido por
el ANC de Nelson Mandela, uno de los “grupos más notoriamente
terroristas” del mundo, como Washington lo definió en aquella época.
Admitir legitimidad a la resistencia contra “la ocupación extranjera”
era también inaceptable. Se entendía que la frase se refería a la
ocupación militar israelí apoyada por EE.UU., que entonces cumplía
veinte años. Evidentemente, la resistencia a esa ocupación no podía ser
nunca consentida, aunque en la época de la resolución apenas existiera:
a pesar de las extendidas torturas, la degradación, la brutalidad, el
robo de la tierra y los recursos y otras concomitancias familiares para
la ocupación militar, los palestinos bajo ocupación seguían siendo
todavía “ Samidin ”: aquellos que resisten silenciosamente.

No hay vetos a nivel técnico en la Asamblea General. En el mundo real,
un voto negativo de EE.UU. es un veto, de hecho es un doble veto: la
resolución no se cumple, por lo que resulta vetada como denuncia y como
antecedente histórico. Debería añadirse que esa pauta de votación es muy
común en una amplia gama de cuestiones tanto en la Asamblea General como
en el Consejo de Seguridad. Incluso desde mediados de la década de la
década de los sesenta, cuando el mundo se escapó de control, EE.UU. se
mantuvo, con diferencia, a la cabeza de los países que utilizaban los
vetos en el Consejo de Seguridad, Gran Bretaña fue el segundo, sin
ningún otro país que se les aproximara. Tiene también algún interés
señalar que una mayoría del pueblo estadounidense es partidaria de
abandonar del derecho al veto y de seguir la voluntad de la mayoría
incluso si Washington lo desaprueba, hechos virtualmente desconocidos en
EE.UU., y supongo que también en otros lugares. Eso sugiere otra forma
conservadora de abordar algunos de los problemas mundiales: prestar
atención a la opinión pública.

Hasta el momento actual, el terrorismo dirigido o apoyado por los
estados más poderosos no ha parado, eligiendo con frecuencia medios
escandalosos. Estos hechos ofrecen una útil sugerencia acerca de cómo
mitigar la plaga propagada por “los depravados adversarios de la
civilización misma” en “una vuelta a la barbarie en tiempos modernos”:
Acabar con la participación y con el apoyo al terrorismo. Eso
contribuiría ciertamente a las objeciones proclamadas. Pero esa
sugerencia también está fuera de agenda por las razones de siempre.
Cuando se la invoca en alguna ocasión, la reacción que se produce nos
lleva a reflexionar: una pataleta alegando que quienes hacen esta
propuesta, que realmente es más bien conservadora, culpan de todo a
EE.UU. Incluso saneando cuidadosamente la discusión, los dilemas surgen
constantemente. Muy recientemente afloró uno cuando Luis Posada Carriles
entró de forma ilegal en EE.UU.

Aunque le apliquemos la definición operativa restringida de “terror”, es
de forma clara uno de los más tristemente célebres terroristas
internacionales desde los años de la década de los sesenta hasta la
actualidad. Venezuela pidió que fuera extraditado para que se enfrentara
a la acusación de haber hecho estallar una bomba en un avión de CUBANA
en Venezuela en el que murieron 73 personas. Tras escapar increíblemente
Posada de una prisión venezolana, el liberal Boston Globe informó,
“Había sido contratado por operativos secretos estadounidenses para
dirigir la operación de reabastecimiento desde El Salvador para la
contra nicaragüense” ? es decir, que había jugado un papel destacado en
atrocidades terroristas que son incomparablemente peores que hacer
estallar el avión de CUBANA. De ahí el dilema. Citando a la prensa: “Si
fuese extraditado y se le sometiera a juicio, se estaría enviando una
señal preocupante a los agentes secretos extranjeros de que no pueden
contar con la protección incondicional del gobierno estadounidense, y se
expondría a la CIA a revelaciones públicas vergonzosas sobre anteriores
actuaciones”. Evidentemente, es un problema con difícil solución.

Afortunadamente, el dilema de Posada fue resuelto por los tribunales,
que rechazaron la solicitud de extradición, violando así el tratado de
extradición firmado entre EE.UU. y Venezuela. Un día después, el
director del FBI, Robert Mueller, urgió a Europa a acelerar las demandas
estadounidenses de extradición que habían solicitado: “Siempre
intentamos ver cómo podemos agilizar los procesos de extradición”, dijo.
“Pensamos que se lo debemos a las víctimas del terrorismo, para que vean
que la justicia se cumple de forma eficiente y efectiva”. Poco después,
en la Cumbre Ibero-Americana, los dirigentes de España y los países
latinoamericanos “apoyaron los esfuerzos de Venezuela para que EE.UU.
extraditara [a Posadas] para someterlo a juicio” por el caso del avión
de CUBANA, y condenaron de nuevo el “bloqueo” estadounidense de Cuba,
endosando las casi unánimes resoluciones regulares de Naciones Unidas,
la más reciente votada por 179 votos a favor y 4 en contra (EE.UU.,
Israel, las Islas Marshall, Palau). Tras fuertes protestas de la
Embajada de EE.UU., la Cumbre retiró la petición de extradición pero se
negó a ceder en la demanda de que aquel país ponga fin a la guerra
económica [contra Cuba]. Posada es libre por tanto de reunirse en Miami
con su colega Orlando Bosch. Éste está implicado en docenas de crímenes
terroristas, incluida la voladura del avión de CUBANA, muchos de ellos
en suelo estadounidense. El FBI y el Departamento de Justicia querían
deportarle por amenaza a la seguridad nacional, pero Bush puso mucho
empeño en garantizarle un perdón presidencial.

Hay muchos ejemplos de ese tipo. Deberíamos tenerlos presentes cuando
leemos el pronunciamiento apasionado de Bush II de que “EE.UU. no
distingue entre quienes cometen actos de terror y quienes los apoyan,
porque son igualmente culpables de asesinato”, y “el mundo civilizado
debe llamar a capítulo a esos países”. Esto fue lo que se proclamó con
grandes aplausos en el National Endowment for Democracy unos cuantos
días después de que se rechazara la petición de extradición de
Venezuela. Los comentarios de Bush plantean otro dilema. Ya que EE.UU.
es parte del mundo civilizado, debería enviar a la fuerza aérea a
bombardear Washington; o declararse a si mismo fuera del mundo
civilizado. La lógica es impecable, pero afortunadamente, la lógica ha
sido despachada hacia el fondo del agujero de la memoria, al igual que
las perogrulladas morales.

La doctrina de Bush de que “quienes albergan a terroristas son tan
culpables como los mismos terrorismos” fue promulgada cuando los
talibanes pidieron evidencias antes de entregar a las personas
sospechosas, según EE.UU., de terrorismo ? no había evidencias creíbles,
como el FBI concedió muchos meses después. Esa doctrina es tomada muy en
serio. Graham Allison, especialista en relaciones internacionales de
Harvard, escribe que “se ha convertido de hecho en una norma de
relaciones internacionales”, revocando “la soberanía de los estados que
proporcionan santuario a los terroristas”. Pero sólo en el caso de
algunos estados , gracias al rechazo del principio de universalidad.

Uno podría haber pensado que también se podría haber planteado un dilema
cuando John Negroponte fue nombrado para el puesto de jefe del
contraterrorismo. Como Embajador en Honduras durante los años ochenta,
estuvo al frente de la mayor estación de la CIA del mundo, no porque
Honduras desempeñara un gran papel de Honduras en los asuntos mundiales,
sino porque Honduras era la base principal de EE.UU. en la guerra
terrorista internacional por la que Washington fue condenado por el
Tribunal Internacional de Justicia y el Consejo de Seguridad (por
ausencia de veto). Conocido en Honduras como “el Procónsul”, Negroponte
tenía la misión de asegurar que las operaciones terroristas
internacionales, que alcanzaron niveles notables de brutalidad,
funcionaran eficientemente. Sus responsabilidades en el control de la
guerra sobre el escenario sufrieron un vuelco al prohibirse la
financiación oficial en 1983, y tuvo que cumplir las órdenes de la Casa
Blanca de sobornar y presionar a los antiguos generales hondureños para
que aumentaran sus apoyos a la guerra terrorista utilizando fondos
procedentes de otras fuentes, más tarde llegaron fondos transferidos
ilegalmente de la venta de armas de EE.UU. a Irán.

El más vicioso de los asesinos y torturadores hondureños fue el General
Alvarez Martínez, jefe de las fuerzas armadas hondureñas en aquella
época, quien había informado a EE.UU. de que “tenía la intención de
utilizar el método argentino para eliminar a los sospechosos de
subversión”. Negroponte negó siempre los espantosos crímenes de estado
cometidos en Honduras asegurando que la ayuda militar continuaría
fluyendo para el terrorismo internacional. Conociendo todos los hechos
de Alvarez, la administración Reagan le concedió la medalla del Mérito
de la Legión por “apoyar el éxito de los procesos democráticos en
Honduras”.

La unidad de elite responsable de los peores crímenes en Honduras era el
Batallón 3-16, organizado y preparado por Washington y sus asociados
neo-nazis argentinos. Los oficiales militares hondureños a cargo del
Batallón figuraban en la nómina de la CIA. Cuando el gobierno de
Honduras trató finalmente de abordar esos crímenes y llevar a los
responsables de los mismos a la justicia, la administración Reagan-Bush
rechazó permitir que Negroponte testificara, como requirieron los
tribunales.

No hubo virtualmente reacción alguna ante el nombramiento de un
importante terrorista internacional para el puesto más importante del
contraterrorismo mundial. Ni tampoco frente al hecho de que, justo al
mismo tiempo, a la heroína de la lucha popular que derrocó el atroz
régimen de Somoza en Nicaragua, Dora María Téllez, se le negara un
visado por terrorista para ir a enseñar en el Harvard Divinity School .

Su crimen era haber ayudado a derrocar a un tirano y asesino de masas
apoyado por EE.UU. Orwell no habría sabido si llorar o reír. Hasta el
momento, me he estado ajustando a la clase de tópicos que podrían
abordarse en una discusión sobre la Guerra contra el Terror que no ha
sido deformada por las leyes de hierro de la doctrina. Y eso apenas
llega a arañar la superficie. Pero permítanme ahora asumir la hipocresía
y cinismo reinantes en Occidente y mantener la definición operativa de
“terror”. Es idéntica a las definiciones oficiales, pero con la misma
excepción de Nuremberg: el terror inadmisible es tu terror; el nuestro
está exento. Sin duda, incluso con esta limitación, el terror es un
problema importante. Y mitigar o acabar con esa amenaza debería ser una
prioridad absoluta.

Lamentablemente, no lo es. Todo eso es demasiado fácil de demostrar y,
probablemente, las consecuencias van a ser muy graves. La invasión de
Irak es quizás el ejemplo más aplastante de la escasa prioridad
concedida por los dirigentes anglo-estadounidenses a la amenaza del
terror. Los planificadores de Washington habían advertido, incluso a
través de sus propias agencias de inteligencia, que era probable que la
invasión aumentara el riesgo del terrorismo. Y así fue, como sus propias
agencias de inteligencia lo confirman.

El Consejo Nacional de Inteligencia informó hace un año que “Iraq y
otros posibles conflictos en el futuro podrían proporcionar
reclutamiento, campos de entrenamiento, habilidades técnicas y capacidad
para una nueva clase de terroristas que se han “profesionalizado” y para
quienes la violencia política se convierte en un fin en sí misma”,
extendiéndose por todas partes para defender las tierras musulmanas de
los ataques de “invasores infieles” mediante una red globalizada de
“difusos grupos islámicos extremistas”, con Irak reemplazando ahora los
campos de entrenamiento afganos para esa red más extensa; todo como
resultado de la invasión. Un examen gubernamental de alto nivel de la
“guerra contra el terror” dos años después de la invasión “se centró en
cómo afrontar el aumento de una nueva generación de terroristas
entrenados en Irak en los dos últimos años.

Altos funcionarios gubernamentales están concentrando su atención cada
vez más para poder anticipar lo que uno llamó “el desangramiento” de
cientos o miles de yihadistas entrenados en Irak regresando a sus países
de origen a través de Oriente Próximo y Europa Occidental. “Es un
elemento nuevo de una ecuación nueva”, dijo un antiguo funcionario de la
administración Bush. “Si no sabes quiénes están en Irak, ¿cómo vas a
localizarles en Estambul o en Londres? ( Washington Post) .

El pasado mayo, la CIA informó que “Iraq se ha convertido en un imán
para los militantes islámicos de forma parecida a como lo fue el
Afganistán ocupado por los soviéticos de hace dos décadas y Bosnia en la
década de 1990”, según afirmaron los funcionarios estadounidenses en el
New York Times .

La CIA concluyó que “Iraq puede probar ser un campo de entrenamiento de
extremistas islámicos más efectivo aún de lo que fue Afganistán en los
primeros tiempos de Al Qaeda, porque está sirviendo como auténtico
laboratorio mundial para el combate urbano”. Poco después de las bombas
de Londres en julio pasado, Chatham House publicó un estudio que
concluía diciendo que “no hay duda de que la invasión de Irak ha
“servido para impulsar la red de Al Qaida en cuanto a propaganda,
reclutamiento y aumento de financiación”, mientras que ha proporcionado
un área ideal de entrenamiento a los terroristas”; y que “el Reino Unido
estará sometido a riesgos especiales por ser el aliado más cercano de
EE.UU.” y va “a horcajadas” de la política estadounidense en Irak y
Afganistán.

Hay extensas evidencias que muestran que ?como ya se vaticinó- la
invasión ha aumentado el riesgo de terrorismo y proliferación nuclear.
Desde luego, ninguna de esas evidencias muestra que los planificadores
prefirieran estas consecuencias, pero sí deja ver que no les preocupaban
gran cosa en comparación con prioridades más importantes y poco claras,
sólo a aquellos que prefieren lo que los investigadores en derechos
humanos denominan en algunas ocasiones “ignorancia deliberada”.

Una vez más encontramos, y muy fácil fácilmente, una vía para reducir la
amenaza del terrorismo: no actuar de forma que ?previsiblemente- se
aumente la amenaza. Aunque se previno un aumento del terror y de la
proliferación, la invasión lo consiguió incluso por vías imprevisibles.
Se dice a menudo que no se encontraron armas de proliferación masiva en
Irak tras una búsqueda exhaustiva. Sin embargo, eso no es muy exacto.
Había depósitos de esas armas en Irak: fundamentalmente las producidas
en la década de los ochenta gracias a la ayuda proporcionada por EE.UU.
e Inglaterra, entre otros. Esos lugares habían sido revisados por los
inspectores de Naciones Unidas, quienes desmantelaron el armamento. Pero
los inspectores fueron despedidos por los invasores y los lugares
quedaron sin vigilancia.

No obstante, los inspectores continuaron desarrollando su trabajo con
imágenes vía satélite. Descubrieron un sofisticado saqueo masivo de
estas instalaciones en unos 100 lugares, incluido el equipamiento para
producir misiles a propulsión sólidos y líquidos, bio-toxinas y otras
sustancias utilizables para elaborar armas químicas y biológicas, un
equipo de alta precisión capaz de construir elementos para elaborar
armas químicas y nucleares y misiles. Un periodista jordano fue
informado por funcionarios encargados de vigilar la frontera
jordano-iraquí que una vez que las fuerzas anglo-estadounidenses se
hicieron con el país, se detectaron materiales radioactivos en uno de
cada ocho camiones que cruzaban hacia Jordania con destino desconocido.

Las ironías son casi inexpresables. La justificación oficial para la
invasión anglo-estadounidense fue impedir el uso de unas armas de
destrucción masiva que no existían. La invasión proporcionó medios para
desarrollar armas de destrucción masiva a los terroristas que se
movilizaron por culpa de EE.UU. y sus aliados, a saber, mediante el
equipamiento que ellos habían proporcionado a Saddam, despreocupándose
de los terribles crímenes que evocaron después a fin de conseguir apoyos
para la invasión. Es como si Irán estuviera ahora creando armas
nucleares utilizando los materiales que para la fusión nuclear
proporcionó EE.UU. al Irán del Shah ? lo que podría efectivamente estar
sucediendo. Los programas para recuperar y obtener esos materiales
tuvieron un éxito considerable en los noventa, pero al igual que la
guerra contra el terror, esos programas cayeron víctimas de las
prioridades de la administración Bush mientras ellos dedicaban su
energía y recursos a invadir Irak.

En otros lugares de Oriente Próximo también se consideraba el terror
como algo secundario frente a la necesidad de asegurar que la región
está controlada. Otro ejemplo es la imposición de Bush de nuevas
sanciones a Siria en mayo de 2004, poniendo en práctica el Acta de
Responsabilidad de Siria aprobada por el Congreso unos cuantos meses
antes. Siria está en la lista oficial de estados que patrocinan el
terrorismo, a pesar de que Washington ha reconocido que Siria no ha
estado implicada en actos terroristas desde hace muchos años y que ha
cooperado en gran medida a la hora de proporcionar datos importantes de
inteligencia a Washington sobre Al Qaida y otros grupos islamistas
radicales.

La gravedad de la preocupación de Washington acerca de los vínculos de
Siria con el terrorismo se reveló cuando el Presidente Clinton ofreció
sacar a Siria de la lista de patrocinadores del terrorismo si se
mostraba de acuerdo con las condiciones de paz de EE.UU. e Israel en la
zona. Cuando Siria insistió en recuperar su territorio ocupado, siguió
en la lista. La puesta en práctica del Acta de Responsabilidad de Siria
privó a EE.UU. de una fuente importante de información sobre el
terrorismo islamista radical para tratar de lograr el objetivo mas
importante de establecer en Siria un régimen que aceptara las demandas
israelo-estadounidenses.

Volviendo a otro ámbito, el Departamento del Tesoro tiene una oficina
(OFAF, Oficina de Control de Activos Extranjeros) que tiene asignada la
tarea de investigar las transferencias financieras sospechosas, un
elemento central de la “guerra contra el terror”. En abril de 2004, la
OFAC informó al Congreso que de sus 120 empleados, cuatro fueron
asignados para seguir la pista de las finanzas de Osama bin Laden y
Sadam Husein, mientras que casi dos docenas se ocupaban de reforzar el
embargo contra Cuba. De 1999 a 2003, hubo 93 investigaciones sobre
terrorismo con fondos por valor de 9000 dólares y 11.000 investigaciones
sobre Cuba con 8 millones de dólares en fondos. Las conclusiones
recibieron un trato de silencio en los medios estadounidenses, así como
en otras partes, que yo sepa.

¿Por qué debería el Departamento del Tesoro dedicar más energía a
estrangular a Cuba que a la “guerra contra el terror”? Las razones
fundamentales aparecían explicadas en documentos internos de los años
Kennedy-Johnson.

Los planificadores del Departamento de Estado advirtieron que la
“existencia misma” del régimen de Castro es un “desafío triunfante” a
las políticas estadounidenses que se remonta a 150 años atrás, a la
Doctrina Monroe; no a los rusos, sino el intolerable desafío al dueño
del hemisferio, igual que ocurrió con el caso de Irán con el desafío
exitoso en 1979, o el rechazo por Siria de las demandas de Clinton.
Supimos por documentos internos que se consideraba totalmente legítimo
castigar a la población. “El pueblo cubano es responsable de su
régimen”, decidió el Departamento de Estado de Eisenhower, por lo que
EE.UU. tiene el derecho de hacerles sufrir mediante el estrangulamiento
económico, llegando posteriormente al terrorismo directo de Kennedy.
Eisenhower y Kennedy estuvieron de acuerdo en que el embargo apresuraría
la salida de Fidel Castro como consecuencia del “malestar creciente
entre los hambrientos cubanos”.

El pensamiento fundamental fue resumido por el funcionario del
Departamento de Estado Lester Mallory: Castro sería eliminado “mediante
el desencanto y el desafecto debido a la insatisfacción y a la dureza
económicas, por eso deberían emprenderse con prontitud todos los medios
posibles a fin de debilitar la vida económica de Cuba para llevar
hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”. Cuando Cuba
estaba en situación desesperada tras el colapso de la Unión Soviética,
Washington intensificó el castigo al pueblo cubano, a iniciativa de los
liberales demócratas. El autor de las medidas de 1992 para intensificar
el bloqueo declaraba que “mi objetivo es causar estragos en Cuba”
(Representante Robert Torricelli). Todo este estado de cosas ha
proseguido hasta el momento actual.

A la administración Kennedy le preocupaba mucho de que la amenaza del
desarrollo consolidado de Cuba pudiera ser un modelo para otros. Pero
aparte de estas preocupaciones normales, el desafío con éxito es en sí
mismo intolerable, y combatirlo alcanza un puesto mucho más alto, como
prioridad, que el de luchar contra el terror. Estos son sólo unos
ejemplos más de principios bien establecidos, racionales a nivel
interno, muy claros para las víctimas, pero apenas perceptibles en el
mundo intelectual de los representantes.

Si reducir la amenaza del terrorismo fuera una prioridad fundamental
para Washington o Londres, como así debería ser, habría vías para poder
actuar ? además de la inadecuada idea de retirar la participación. El
primer peldaño sería, sencillamente, intentar entender sus raíces. Con
respecto al terrorismo islámico, hay un amplio consenso entre las
agencias de inteligencia y los investigadores. Identifican dos
categorías: los yihadistas, que se consideran ellos mismos como
vanguardia, y su auditorio, que puede rechazar el terrorismo pero que,
sin embargo, considera justa su causa.

Una seria campaña contraterrorista empezaría por tanto considerando los
agravios y, allí donde sea conveniente, los debería someter a
tratamiento, que es lo que tendría que hacerse con o sin la amenaza del
terrorismo. Hay amplio consenso entre los especialistas de que el
terrorismo al estilo de Al Qaeda “es actualmente menos un producto del
fundamentalismo islámico que un sencillo objetivo estratégico: forzar a
los EE.UU. y a sus aliados estratégicos occidentales a retirar sus
fuerzas de combate de la Península Arábiga y de otros países musulmanes”
(Robert Pape, quien ha hecho la investigación más importante sobre los
suicidas-bomba). Serios analistas han señalado que las palabras y los
hechos de bin Laden están muy correlacionados.

Los yihadistas organizados por la administración Reagan y sus aliados
pusieron fin a su terrorismo con sede afgana en el interior de Rusia una
vez que los rusos se retiraron de Afganistán, aunque lo prosiguieron
desde la musulmana Chechenia ocupada, escenario de horripilantes
crímenes rusos que nos hacen retroceder al siglo XIX. Osama se volvió en
1991 contra EE.UU. porque los consideró ocupantes de la tierra sagrada
árabe; lo que fue admitido más tarde por el Pentágono como razón para
cambiar de sitio las bases estadounidenses de Arabia Saudí a Irak.
Además, estaban enojados con aquel país por rechazar unirse al ataque
contra Saddam.

En la más amplia investigación académica del fenómeno de la yihad, Fawaz
Gerges llega a la conclusión que, tras el 11-S, “la respuesta dominante
en el mundo musulmán hacia Al Qaeda fue muy hostil”, especialmente entre
los yihadistas, que lo miraban como un ala extremista peligrosa. En
lugar de valorar esa oposición ante Al Qaeda que se ofreció a
Washington, “la vía más efectiva de acabar con algo” encontrando “medios
inteligentes para alimentar y apoyar las fuerzas internas que se oponían
a ideologías militantes como la red de bin Laden”, expone, la
administración Bush hizo exactamente lo que bin Laden esperaba que
hiciera: recurrir a la violencia, particularmente con la invasión de
Irak. La medersa de Al-Azhar, en Egipto, la institución más antigua de
enseñanza religiosa superior del mundo islámico, emitió una fatwa, que
consiguió grandes apoyos, aconsejando a “todos musulmanes del mundo
emprender la yihad contra las fuerzas invasoras estadounidenses” en una
guerra que Bush había declarado contra el Islam.

Una personalidad religiosa de Al-Azhar, que había sido “uno de los
primeros académicos musulmanes en condenar a Al Qaeda, y era a menudo
acusado por clérigos ultraconservadores como reformador pro-occidental,
decidió que los esfuerzos para detener la invasión estadounidense [de
Irak] son un “deber islámico obligatorio””.

Investigaciones realizadas por la inteligencia saudí e israelí, apoyadas
por institutos de estudios estratégicos, concluyen que los combatientes
extranjeros en Irak, que suponen el 5-10% de la insurgencia, se habían
movilizado a causa de la invasión y no tenían antecedentes previos de
asociación con grupos terroristas. Son impresionantes los logros de los
planificadores de la administración Bush inspirando el radicalismo
islámico y el terrorismo y uniéndose a Osama en la creación de un
“choque de civilizaciones”.

Michael Scheuer, el antiguo analista de la CIA responsable de seguir el
rastro de Osama bin Laden desde 1996, escribe que “bin Laden ha sido muy
preciso al expresarle a EE.UU. las razones por las que ha emprendido la
guerra contra nosotros. Ninguna de esas razones tiene nada que ver con
nuestras libertades y democracia, sino todo que ver con las políticas y
acciones de EE.UU. en el mundo musulmán”. La preocupación de Osama “es
cambiar de manera drástica las políticas occidentales y estadounidenses
en el mundo musulmán”, Scheuer escribe: “Es un guerrero práctico, no un
terrorista apocalíptico en busca del Armageddon”.

Como Osama repite constantemente, “Al Qaeda no apoya a la resistencia
islámica que trata de conquistar nuevas tierras”. Al preferir consolar
ilusiones, Washington ignora “el poder ideológico, la letalidad y el
potencial de crecimiento de la amenaza personificada por Osama bin
Laden, así como el ímpetu que a esa amenaza le ha dado la invasión y la
ocupación, encabezada por EE.UU., del Irak musulmán, [que es] la guinda
en el pastel para Al Qaeda”. “Las fuerzas y políticas estadounidenses
están logrando que se complete la radicalización del mundo islámico,
algo que Osama bin Laden ha estado tratando de hacer con considerable
pero incompleto éxito desde los primeros años de la década de 1990. Como
resultado, [Scheuer añade], es justo concluir que los Estados Unidos de
América siguen siendo el único aliado insustituible de bin Laden”.

Los agravios son muy reales. Un panel consultivo del Pentágono concluía
hace un año que “los musulmanes “no odian nuestra libertad”, sino que
más bien odian nuestras políticas”, añadiendo que “cuando la diplomacia
estadounidense habla de llevar la democracia a las sociedades islámicas,
es visto nada más que como una hipocresía egoísta”.

Las conclusiones se retrotraen a hace muchos años. En 1958, el
Presidente Eisenhower se sentía desconcertado por “la campaña de odio
contra nosotros” en el mundo árabe, “no por parte de los gobiernos sino
de los pueblos”, que están “del lado de Nasser”, apoyando el
nacionalismo laico independiente. Las razones de la “campaña de odio”
fueron subrayadas por el Consejo Nacional de Seguridad: “A los ojos de
la mayoría de los árabes, EE.UU. parecen oponerse a la consecución de
los objetivos del nacionalismo árabe. Creen que EE.UU. está buscando
proteger sus intereses petrolíferos en Oriente Próximo mediante el apoyo
al statu quo y oponiéndose al progreso político y económico”. Además,
esa percepción es compresible: “nuestros intereses económicos y
culturales en la zona han llevado de forma antinatural a que EE.UU.
estreche relaciones con elementos del mundo árabe cuyos intereses
fundamentales descansan en el mantenimiento de relaciones con Occidente
y del statu quo en sus países”, impidiendo la democracia y el
desarrollo.

El Wall Street Journal halló más de lo mismo cuando investigó las
opiniones de “acaudalados musulmanes” inmediatamente después del 11-S:
banqueros, profesionales, empresarios, se sentía comprometidos con los
“valores occidentales” oficiales y estaban empotrados en el proyecto de
globalización neoliberal. Estaban también consternados por el apoyo de
Washington a estados autoritarios duros y por las barreras levantadas
contra el desarrollo y la democracia al “apoyar a regímenes opresores”.

Sin embargo, tenían nuevos agravios más allá de los apuntados por el
Consejo Nacional de Seguridad en 1958: el régimen de sanciones de
Washington contra Irak y el apoyo a la ocupación militar israelí y la
absorción de los territorios. No se investigó a las inmensas cantidades
de gente pobre y sufriente, pero es probable que sus sentimientos fueran
más intensos, asociados con un amargo resentimiento hacia las elites
accidentalizadas y hacia los gobernantes brutales y corruptos
respaldados por el poder occidental que están asegurando que la enorme
riqueza de la región fluya hacia occidente, además de enriquecerse ellos
mismos.

La invasión de Irak más que anticipar sólo intensificó aún más esos
sentimientos.

Hay caminos para abordar de forma constructiva la amenaza del terror,
aunque no aquellos que prefiere el “aliado indispensable de bin Laden”,
o aquellos que tratan de no ver el mundo real mediante sorprendentes
poses heroicas acerca del fascismo islámico, o que simplemente declaran
que no se pueden hacer propuestas cuando hay propuestas válidas que no
les gustan. Las vías constructivas tienen que empezar con una mirada
honesta frente al espejo, algo que es necesario siempre, aunque no sea
tarea fácil.

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Noam Chomsky es profesor de lingüística en la universidad de
Massachussets. Intelectual comprometido, ha tomado posición desde hace
tiempo contra el imperialismo estadounidense.

http://www.voltairenet.org/article135602.html


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