«Venid a mí todos los que estáis
fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso» (Mateos
11.28)
Quienes todavía no lo han comprendido se parecen al gigante
Atlas: al igual que éste, llevan a sus espaldas el globo terráqueo,
soportan enormes cargas y tratan de merecer el amor de Dios. Sólo con
ver cómo viven se siente uno cansado... Yo le diría a Atlas: «¡Suelta
ese
globo y baila sobre él, que para eso está!». Y del mismo modo les
diría a esos esforzados seres humanos: «¡Soltad vuestra carga y
construid vuestra vida sobre el amor de Dios! !Sólo así viviréis una vida
sana!».
El amor de Dios lo abarca todo y no conoce restricción alguna.
Dios ama incluso al pecador, porque el pecado no le impide a
Dios amarnos, sino que muestra que nosotros no amamos lo suficiente a
Dios.
P. Van Bremen “Él nos amó
primero”