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Asunto:[MESHIKO] Nosotras las Madres del Mundo / Quiero para Mis Hijos una Esperanza de Paz
Fecha:Miercoles, 7 de Noviembre, 2001  12:53:34 (-0700)
Autor:Ricardo Ocampo-Anahuak Networks <anahuak @.............mx>

 
From: Gonzalo Reyes <gonreal@...> 
Date: Wed, 07 Nov 2001 09:29:32 -0600 (CST) 
To: chicanos@... 
Subject: Al mundo 
 
Saludos fraternales. 
Compartimos con Uds. este trabajo con la idea de que nos ayuden a enviarlo a 
todos los rincones del mundo, sobre todo a las redes no espirituales (la 
autoría no es importante para nosotros). 
 
Mucho agradecemos su valiosa ayuda y apoyamos sus propios esfuerzos en Costa 
Rica y por la humanidad entera. 
 
Grupo Lux 
http://www.redlux.org 
 
* * * * * * * * * * 
 
NOSOTRAS  LAS MADRES DEL MUNDO 
 
Ciertamente no es éste un tiempo en el que los seres humanos podamos 
mantenernos inmóviles o inactivos, las personas conscientes saben que su 
trabajo se desarrolla en muchos planos de manifestación; y ahora queremos 
sugerirles, nosotras las Madres del Mundo, algunas ideas que podrían generar 
el suficiente estimulo para inclinar la balanza hacia un equilibrio entre la 
paz y la justicia. 
  
Empezaremos pues, por definir tres puntos fundamentales en los que se 
enmarcan las sugerencias que vamos a exponer: 
 
1. No es justo aquel que mata para vengar una afrenta que le ha sido 
inflingida.  
 
2. No manifiesta amor aquel que permite ser lastimado múltiples veces, 
justificándose en la esperanza de llegar a Dios a través de la inmolación. 
 
3. Es responsabilidad del ser humano construir una sociedad que permita la 
convivencia armónica entre todos los hombres de todas las razas, de todas 
las religiones, y de todas las lenguas. 
 
Con esto en mente, sugerimos ponernos a trabajar activamente en tres niveles 
diferentes: 
 
a) En el  plano de las ideas. 
b) En el plano de las emociones. 
c) En el plano de las formas, o mundo tridimensional. 
 
En el plano de las ideas: 
 
Construyamos cadenas de pensamientos, enviemos cartas explicando por qué el 
mundo necesita paz. 
 
Mandemos todas las cartas que sea posible a través de las computadoras o a 
través de los correos terrestres y aéreos, hagámoslas llegar a todos los 
países del mundo, saturemos los correos, saturemos las computadoras. 
 
Que en cada carta se explique por qué el mundo necesita la paz. Hagamos 
escribir a nuestros niños, a nuestros  hijos, a los adolescentes y 
ancianos. Escribamos la carta más grande, más larga que el mundo haya visto 
donde se explique por qué el mundo necesita la paz, y llenémosla de 
pensamientos escritos en todas las lenguas, en todas las formas posibles. 
 
Acotemos cada pensamiento para que no sea mayor de un determinado número de 
palabras, lo importante es que la mayor cantidad de seres humanos del mundo 
podamos contribuir con nuestro pensamiento a esta misiva mundial que haremos 
llegar a todos los países del mundo, a todas las razas, y en todas las 
lenguas.    
 
Que no quede un solo escolar que no haya contribuido en esa carta. 
 
Que no haya una estación de radio que no haya leído fragmentos de esta 
carta.    
 
Elaboremos cápsulas para ser incluidas como spots televisivos o 
radiofónicos.    
 
Pongámoslas en poesía, en prosa, en lenguajes muertos o lenguajes vivos. 
 
Que no haya comunidad en el mundo que no contribuya para esta misiva. 
 
Y entonces, cuando todos hayamos levantado nuestras voces, será imposible 
que algún gobernante del mundo o algún grupo de terroristas del mundo no 
puedan doblegarse ante el peso de una humanidad unida. 
 
Encontremos promotores de estas cartas, atraigamos a las grandes 
personalidades del mundo, que sean ellos los portadores de estas cartas.   Y 
que se formen libros completos, busquemos a editoriales que deseen imprimir 
estas cartas, hagámoslas públicas, y que se escuche la voz de un mundo que 
pide paz y  en vez de justicia. 
 
En el plano de las emociones: 
 
Enlacemos nuestras manos a través de cadenas interminables y elevemos 
oraciones por la paz. 
 
Donemos una sonrisa al mundo  y que la palabra perdón se escuche en todos 
los rincones.    
 
Pidámosle a los niños el perdón por todos aquellos que han cometido 
homicidios o acciones equivocadas, así hayan sido en el nombre de Dios. 
 
Compongamos canciones de perdón, de amor y de paz que muevan a los 
corazones, para que se escuchen en todos los países y en todas las lenguas, 
ya que sólo en un corazón donde hay paz puede el mundo encontrar la puerta 
abierta hacia un futuro promisorio. 
 
Y en el plano tridimensional: 
 
Caminemos confiados, caminemos seguros, no permitamos que ni el temor ni la 
angustia nos robe la felicidad y la paz que debemos manifestar en cada una 
de nuestras acciones. 
 
Evitemos hablar del conflicto  y cuando lo hagamos, que sea para expresar 
esperanza de que el mundo sabrá alcanzar la paz, ya que es  más fácil vencer 
a la separatividad y a la intolerancia a través del perdón 
 
Construyamos un mundo diferente empezando por aceptarnos unos a otros, 
eliminando las barreras que separan a unos pueblos de los otros. 
 
Mantengamos nuestras manos prestas para estrechar a aquellas que claman por 
ser estrechadas  y que nuestras bocas no hablen sino de paz y de esperanza, 
porque en ellas se encuentra el futuro de un mundo que merece la alegría de 
vivir.  
 
Mas que la justicia, el perdón. 
 
Mas que el perdón, el amor. 
 
Mas allá de los nombres con que se designa a Dios, se encuentra el creador 
de todo lo que existe y los seres humanos somos el fruto de su pensamiento y 
de su voluntad.   
 
* * * * * * * * * * 
 
NOSOTRAS  LAS MADRES DEL MUNDO 
Segunda parte 
 
 
Madres de la Tierra, el mundo nos espera; no es el momento para preguntarse 
si seremos capaces de detener una guerra o habremos de morir en el intento. 
No es el momento para flaquear, es el momento para levantar una voz, una voz 
que cante en el desierto y se una a otra voz que cante en la jungla de 
hierro, pero que estas voces se alcen tan alto y tan fuerte que despierten a 
otras en sus lamentos. 
 
El mundo necesita de una voz que hable y de muchos oídos que escuchen; que 
la voz del desierto se una a la voz de la jungla de hierro; que el águila y 
el león se reconozcan y unan sus fuerzas para desterrar por siempre el odio 
que ha separado a los pueblos.   Es preciso que la luna y las estrellas se 
fundan en una sola bandera, y que los niños del desierto extiendan sus 
brazos y tomen los brazos de otros niños que se han unido en las ciudades. 
  
Hoy es el momento de la verdad, para que las madres unamos nuestras voces y 
entonemos el primer gran concierto por la paz.   No un concierto entonado 
por artistas reconocidos en medio de un glamour que es ajeno a las 
emociones, que es ajeno al dolor, sino un concierto despojado de todos los 
lujos, pero adornado por un deseo de paz y de fundar un nuevo mundo. 
 
Es necesario que las madres de las grandes ciudades se levanten también y 
hagan suyas las voces de sus propios corazones, que piden más allá de una 
venganza justa, un amor que siembre de flores los caminos que unen los 
pueblos y las religiones. 
  
Es necesario que las madres levantemos nuestras voces y destruyamos para 
siempre la confusión que han causado los nombres de los dioses y los 
profetas y que han levantado barreras entre los corazones de los seres 
humanos.   Antes que Jesús y Mahoma el amor ya existía  y fue por el amor 
que nacieron ellos y otros tantos profetas. 
 
Antes que la humanidad fuera, el amor ya era  y la humanidad entera es hija 
del amor, más allá de todas las religiones que el ser humano ha creado y eso 
deben entenderlo los grandes jerarcas espirituales. 
 
Ya basta de llamar a guerras santas o justicias perdurables, es el momento 
de trascender las palabras y dejar que sea el corazón el que hable.   Los 
niños, nuestros hijos, no saben de religiones ni de odios ancestrales, los 
niños sólo desean jugar en un mundo libre y en paz.   Son las semillas de 
odios y de temores las que engendran las separaciones que después se 
revierten contra sus propios pueblos. 
 
El Mundo necesita a  las madres, somos nosotras quienes tenemos el poder 
para parar ésta y todas las guerras del mundo, necesitamos un solo lenguaje: 
el de las miradas, el de los abrazos, el de los corazones.   No necesitamos 
ni guerras santas ni justicias perdurables, necesitamos corazones que amen y 
cerebros que aprendan a convivir en medio de un mundo que evidentemente es 
múltiple en manifestaciones, pero unido por el aire y la naturaleza. 
  
Que el canto de la Tierra hermane a todas las razas y les haga ver que no 
existen pueblos separados, que las fronteras políticas son fronteras de 
papel; que los diferentes lenguajes sólo sirven para ocultar las verdaderas 
emociones que todos los corazones sienten por igual; que las creencias 
religiosas unen a sus pueblos con Dios, pero separan a  unos de los otros. 
 
¿Cuándo aprenderá el ser humano que la única y verdadera religión es la que 
la propia Tierra pregona día con día?. 
 
Es el momento de decir ya basta, es el momento en que las madres 
trascendamos nuestra  condición humana y  alcancemos la sublimación ante el 
influjo de ese amor universal que emana desde el universo y fluye a través 
de nuestros  corazones. 
 
Éste es el segundo llamado. 
 
Gracias. 
 
* * * * * * * * * * 
  
QUIERO PARA MIS HIJOS UNA ESPERANZA DE PAZ 
 
Estoy buscando la  fuerza que puede salvar al mundo de una tragedia 
impredecible, busco una fuerza que es capaz de remover escombros con tal de 
encontrar, tal vez perdida bajo toneladas de odios y rencores, pero aún 
vibrante, la llama del amor divino. 
  
Es una fuerza que es capaz de horadar montañas, montañas de venganzas, de 
resentimientos, de temores, con tal de salvar el débil aliento de amor que 
mora eternamente en el corazón de los hombres. 
  
Hablo de una fuerza más poderosa que las tormentas, más impactante que el 
golpe de un ariete y que ha permanecido eternamente presente en la Tierra. 
  
Esa fuerza a la que me refiero, es el amor de las madres  y  a esa fuerza 
deseo invocar ahora porque ha llegado el momento de que las mujeres tomen su 
lugar como las madres del mundo; pues son ellas quienes han engendrado a la 
humanidad que hoy se debate entre la paz y la guerra.   Son ellas las que 
han sembrado el amor o el odio en los corazones de sus hijos.   Son ellas 
con sus caricias las que pueden ser capaces de despertar eso que se ha 
quedado adormecido tras toneladas de prejuicios y de falsas creencias. 
  
Hoy es el momento de que la voz de la mujer se escuche más alto que las 
leyes que los hombres han levantado, es el momento de la gran revolución. 
Es el momento en que las mujeres eleven la voz de los corazones, esos que no 
son doblegados por las leyes humanas, que no pueden ser limitados por ningún 
decreto, ni por la voluntad de los presidentes, ni por la voluntad de los 
líderes terroristas. 
  
Les hablo a ellas para que paren a sus hijos, e invoquen el amor de madre y 
los detengan de continuar con esa carrera que únicamente llevará al hombre 
hacia abismos de sufrimientos. 
  
No es el momento de esconderse, no es momento de enjugar las lágrimas, no es 
el momento para dejarse vencer por un temor que más tarde se convertirá en 
llanto de sufrimiento. 
 
Este es un llamado a la fuerza del amor, la única fuerza capaz de doblegar a 
los más poderosos imperios, la única fuerza capaz de trascender por encima 
de todas las creaciones humanas, porque el amor de madre nace de Dios y es 
una fuerza del universo. 
 
En el mundo podrá haber ejércitos completos de terroristas y ejércitos 
completos de países unidos para contrarrestarlos.   Pero en el mundo 
existimos las mujeres, que somos el 50%  y no hay ejército más poderoso y 
que tenga más integrantes que el amor de las madres del mundo y de aquellas 
que son madres en potencia. 
 
Unámonos en aquello que une al mundo, unámonos y empecemos a reconfigurar a 
este mundo que hasta ahora no ha encontrado la fórmula que dé la paz a todos 
sus ciudadanos.  
 
Este es un llamado, no lo desoigamos. 
 
Gracias.   
 
 
 
 
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