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Asunto:[MESHIKO] El negocio del MIEDO y el sinsentido del Tamiflu
Fecha:Jueves, 7 de Mayo, 2009  09:54:36 (-0500)
Autor:Ricardo Ocampo <lacasadelared @.....com>

LA GRIPE AVIAR, EL TAMIFLU Y EL NEGOCIO DEL MIEDO
Discovery Salud
http://www.dsalud.com/numero82_1.htm

Desde que el famoso virus de la gripe aviaria fuera detectado en
Vietnam hace ya nueve años no llegan a cien las víctimas mortales que
se achacan a la enfermedad en todo el mundo a pesar de lo cual una
bien orquestada maquinaria de propaganda ha hecho creer a la población
que hay riesgo de pandemia y que un producto llamado Tamiflu -cuyo
principio activo se extrae del anís estrellado- es la solución. Una
gigantesca mentira que obedece a una estrategia comercial para hacer
negocio a costa del miedo. Desvelamos las claves de un tinglado al que
están inexplicablemente contribuyendo la práctica totalidad de los
grandes medios de comunicación. Hablar de una posible pandemia cuando
el virus de la gripe aviaria no se contagia ingiriendo carne de aves
infectadas y jamás se ha transmitido entre humanos es una burla.
Después de arrasar miles de granjas y provocar la muerte indirecta de
millones de aves -por cada ave encontrada muerta y presuntamente
contagiada se masacran miles- el virus de la gripe aviaria ha dejado
Asia llegando a Europa. Un peligrosísimo virus al que se achaca ser el
causante de un centenar de muertes ¡en nueve años! -desde el 23 de
diciembre al 9 de enero murieron en las carreteras españolas 176
personas- y eso que sólo en Asia -donde aparentemente comenzó todo-
viven miles de millones de personas y decenas de miles de millones de
aves, en algunos casos en convivencia muy próxima. Es más, nueve años
después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) se pusiera a
seguir las evoluciones del virus ¡sigue sin aparecer un solo caso de
transmisión entre humanos! Y a pesar de todo vivimos angustiados de
miedo ante los grandes titulares de los medios de comunicación,
temblamos con cada cisne muerto y, de paso, llevados por la histeria,
amenazamos el futuro de nuestra industria avícola y llevamos a la
ruina a las granjas ecológicas. A este paso en Asia acaban comiendo
pollos envasados... en Kentucky.
En suma, puede que algún día llegue una pandemia -afirman que en cada
siglo cae más de una- pero cualquier científico responsable reconoce
hoy que nadie puede afirmar ni cuándo, ni cómo. Y por supuesto tampoco
si se producirá la "temida" mutación del virus de la gripe aviaria y
si, en el caso de que así sea, será peligrosa para el hombre o para
otros mamíferos y si surgirá de la naturaleza... o de un laboratorio
dedicado a buscar vacunas contra virus fantasmas.

LA PANDEMIA
Así que tratemos de nadar contracorriente y de ver de otra manera lo
que ocurre más allá de cada cisne, pato, loro o pollo muerto que
aparece en el mundo. La sensación de miedo ante la gripe aviaria -que
una política de comunicación irresponsable e interesada alentó a lo
largo del 2005 como ocurriera con el virus SARS durante los años 2002
y 2003- se convirtió en "certeza" el pasado 1 de noviembre. George
Bush, con todo el boato de una gran declaración pública y rodeado de
sus colaboradores de confianza -la Secretaria de Estado Condolezza
Rice, el Secretario de Seguridad Interna, el de Agricultura, el de
Servicios Sociales y de Salud, el de Transportes, el de Asuntos para
los Veteranos y hasta el Director General de la OMS- hacía en los
Institutos Nacionales de la Salud una declaración de alcance
planetario alertando de una "posible pandemia". De hecho, sus primeras
palabras las dedicó a meter miedo recordando la gripe de 1918. "En el
último siglo -dijo Bush- nuestro país y el mundo han sido víctimas de
tres grandes pandemias de gripe y los virus de las aves contribuyeron
a todas ellas. La primera, la de 1918, mató en torno a medio millón de
norteamericanos y a más de 20 millones de personas en todo del mundo".
Después acentuó la sensación de peligro: "Los científicos y los
médicos no pueden decirnos dónde o cuándo estallará la próxima
pandemia o cómo será de severa pero la mayoría está de acuerdo: en
algún momento deberemos afrontarla". Para terminar a Bush sólo le
quedó "facilitar" la asociación de ideas al desinformado ciudadano de
a pie: "La comunidad científica está cada vez más preocupada por un
nuevo virus de la gripe conocido como H5N1 o gripe aviar". En otras
palabras, hizo tañir la campana del miedo y en el mundo occidental nos
dispusimos a correr como pollos sin cabeza a la búsqueda de
soluciones.
Bush anunció a continuación que iba a solicitar al Congreso una
partida económica extraordinaria para hacer frente al pánico virtual
creado interesadamente y que no se correspondía en absoluto con la
realidad atendiendo a la cifra de afectados y muertos por la gripe
aviar. ¡Mil doscientos millones de dólares para la adquisición de
vacunas destinadas a proteger a veinte millones de estadounidenses,
dos mil ochocientos millones para la investigación de métodos más
rápidos de producción de antídotos contra la enfermedad y mil millones
más para la compra de medicinas. Pero como sólo el que habla se
equivoca... al Secretario de Salud estadounidense, Mike Leavitt, se le
escapó ante la prensa, en el calor del debate provocado por las
declaraciones de Bush, esta perla: "Si no es el actual virus H5N1 el
que provoque una pandemia de gripe... en algún momento del futuro otro
virus lo hará". Pero en ese caso, ¿a qué viene todo el tinglado que se
ha montado?
En suma, lo que hizo Bush fue declarar la guerra preventiva versión
II, esta vez ¡contra un H5N1 mutado inexistente! Y como ocurriera en
el caso de la guerra preventiva 1 -la de Irak- también se usaron fotos
para explicar la "necesidad" de actuar. El mundo occidental,
conservador y miedoso, comenzó a tal fin a ser bombardeado con viejas
fotos en blanco y negro de pabellones abarrotados de enfermos y
decenas de tumbas causadas por la gripe española... aunque tal gripe
nunca fue española ya que se inició en un campamento militar de Kansas
en marzo del 1918 viajando hasta Europa cuando ya las autoridades
militares sabían de su gran virulencia.
Y de la mano del problema... nos dieron la "posible" solución (ya se
sabe que los problemas sin soluciones suelen producir el descrédito y
caída de los gobernantes). Y de repente, de la noche a la mañana, tras
un año negro para la Big Pharma -las multinacionales farmacéuticas-,
los laboratorios volvieron a ser presentados ante el mundo como los
salvadores de la humanidad. Un fármaco conocido como Tamiflu
comercializado por la empresa suiza Roche y avalado por las
autoridades norteamericanas y la OMS se presentó al mundo como la gran
esperanza ante tan "terrible" amenaza. Sólo que el Tamiflu
(oseltamivir) es un "antiviral" que no previene ni cura nada. Como
mucho alivia -y no siempre ni completamente- los síntomas de una gripe
normal por lo que es muy improbable que sirva ante un virus mutado
pues lo que realmente se precisaría en tal caso es una vacuna
específica. Pero, ¿acaso eso importaba? En absoluto. Sólo unos días
después del anuncio el Tamiflu se convertía en lo que la industria
denomina un blockbuster o fármaco estrella, un medicamento capaz de
alcanzar 1.000 millones de dólares anuales de facturación cuando en el
2004 había registrado una caída en las ventas del 19% bajando hasta
"sólo" 254 millones. En los primeros momentos de euforia los analistas
económicos calcularon que en el 2006 podría alcanzar cifras de
facturación cercanas a los 1.800 millones de dólares. Incluso se ha
hablado ya de la instalación de una planta de la farmacéutica en
Estados Unidos -principal avalista del medicamento- para el próximo
otoño a fin de aumentar la producción.
En pocas palabras, las ventas se dispararon a pesar de la opinión
expresada por muchos especialistas y del informe realizado por el
instituto italiano de investigación Cochrane Vaccines Field
-financiado en parte por el Ministerio de Sanidad británico y recogido
por la revista The Lancet- en el que se cuestionaba la utilidad del
Tamiflu y la política de los gobiernos de acumular millones de dosis
del producto. Todos sabemos que las compras compulsivas efectuadas en
las farmacias por la gente más influenciable y miedosa de los países
donde está autorizado el Tamiflu provocaron que se agotara pronto,
algo a lo que contribuyeron las absurdas peticiones de muchos
gobiernos -entre ellos el nuestro- de millones de dosis... que se
servirán a lo largo de los próximos años. Es decir, la Ministra de
Sanidad y Consumo, Elena Salgado, contribuyó también a tamaño dislate
como en su día hiciera su antecesora, Ana Pastor, encargando millones
de dosis para protegernos del virus de la viruela que en cualquier
momento nos podía lanzar Sadam Hussein. Como todos sabemos hoy los
arsenales de destrucción masiva almacenados en Irak eran también
terribles. En definitiva, la nueva "guerra preventiva" de George Bush
tenía ya un primer claro ganador entre ganadores: la multinacional
Roche.

GILEAD INCORPORATIONS ENTRA EN EL ESCENARIO
Entonces, cuando nadie se lo esperaba, hizo su entrada en el escenario
-a través de las páginas de información económica- la empresa
californiana de Biotecnología Gilead Sciences Inc. Y todos nos
enteramos de que esa empresa era inicialmente la titular de la patente
del Tamiflu cuyos derechos de comercialización había cedido a Roche en
1996 y que había entablado un proceso legal contra ella para recuperar
el control del producto -por el que aún cobraba derechos por cada
dosis vendida- alegando que Roche no hacía esfuerzos suficientes para
comercializarlo. "Roche -explicaría John Martin, Jefe Ejecutivo de
Gilead Sciences Inc- no ha demostrado el compromiso requerido con el
Tamiflu desde su lanzamiento en Estados Unidos hace casi seis años, ni
le ha asignado los recursos necesarios para hacer 'comprender' a
médicos y consumidores el potencial del producto como tratamiento
preventivo para la gripe".
El resultado de la iniciativa fue que ambas empresas se sentaron a
"negociar" y acordaron en un tiempo récord constituir dos comités
conjuntos, uno que se encargase de coordinar la fabricación mundial
del fármaco y decidir sobre la autorización a terceros para
fabricarlo, y otro para coordinar la comercialización de las ventas
estacionales en los mercados más importantes, incluido Estados Unidos.
Además Roche pagó a Gilead Sciences Inc unas regalías retroactivas por
valor de 62,5 millones de dólares. Y por si fuera poco la empresa
norteamericana se quedó con otros 18,2 millones de dólares extra por
unas ventas superiores a las contabilizadas entre 2001 y 2003. A lo
que hay que añadir un dato: Roche tiene el 90% de la producción
mundial de anís estrellado, árbol que crece fundamentalmente en China
-aunque también se encuentra en Laos y Malasia- y que es la base del
Tamiflu.
En suma, la gripe aviaria permitió poner a disposición del Tamiflu la
mejor campaña de marketing que nadie podía esperar: miles de
periódicos y cadenas de radio y televisión trabajando cada día a favor
del producto gratuitamente y con el beneplácito de las autoridades de
la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y así, mientras los pollos
muertos seguían apareciendo en Asia y algunas pocas aves empezaban a
aparecer muertas en Europa, Roche hacia caja y Gilead recogía los
beneficios de "su" patente.

¿Y QUIÉN ESTABA ENTRE BAMBALINAS? ¡DONALD RUMSFELD!
Llegados a este punto hay que decir que lo que muchos ignoraban es que
detrás de todo esto había un personaje bien conocido y de enorme poder
en el mundo: el Secretario de Estado de Defensa de los Estados Unidos,
Donald Rumsfeld. Y si bien algunas revistas especializadas y diarios
locales se dieron cuenta y lo dieron a conocer de inmediato no se
valoraría su importancia hasta que el New York Times se hizo eco de la
verdad el pasado 2 de febrero. Y esa verdad es que Rumsfeld -uno de
los cerebros de la "guerra preventiva" contra Irak- fue el máximo
responsable operativo de la compañía fabricante del Tamiflu -la Gilead
Sciences Inc.- desde 1997 hasta su nombramiento por George Bush como
Secretario de Defensa. Es más, aún hoy es uno de los mayores
accionistas de Gilead Sciences Inc. Según el diario norteamericano ha
reconocido ese hecho en todas sus declaraciones de renta.
Como el lector podrá imaginar fueron muchas las personas que se
mosquearon. Y al Pentágono no le quedó otro remedio que emitir un
comunicado -que se dio a conocer a mediados de octubre pasado-
"aclarando" que Rumsfeld no había tomado parte en ninguna decisión
relacionada con los medicamentos designados por el Gobierno para
prevenir o tratar la gripe aviaria ni lo haría en el futuro. Poco
después, en noviembre, la conocida revista Fortune comentaba que
Rumsfeld, después de realizar diversas consultas jurídicas, había
decidido no vender sus acciones para no ser acusado de "información
privilegiada". ¿Fue por eso? ¿O fue porque sabía lo que iba a pasar?
Porque lo cierto es que las acciones de Gilead Sciences Inc han pasado
de valer 7 dólares cuando Rumsfeld pasó de su cargo ejecutivo en la
multinacional a la Secretaría de Defensa ¡a cerca de 60! En otras
palabras, el Tamiflu ha enriquecido -aún más- al Jefe del Pentágono.
¿Ha estado pues Rumsfeld "al margen" de la toma de decisiones del
Gobierno del que forma parte? Es discutible pero lo que no lo es que
en el Gabinete está su amigo Dick Cheney, actual vicepresidente de
Estados Unidos. Y recordemos que hablamos de la persona que encabezaba
la corporación Halliburton hasta que fue nombrado vicepresidente por
Bush... y que esa corporación recibió contratos multimillonarios para
la reconstrucción de Irak así como para el suministro de material a
las fuerzas estadounidenses. Nadie medianamente informado duda pues de
que ambos reman en la misma dirección desde hace años. De hecho ya en
tiempos de la Administración de Ronald Reagan trabajaron juntos aunque
entonces la relación jerárquica era a la inversa: ¡Rumsfeld era el
jefe de Cheney!
Además en la ejecutiva de Gilead Sciences Inc ha habido mucha gente
cercana al poder. Es el caso de George Schultz, ex Secretario de
Estado de Ronald Reagan entre 1982 y 1989. Y el de Etienne F.
Davignon, que fue vicepresidente para las políticas de Energía,
Industria e Investigación en la Unión Europea de 1981 a 1984. ¿Habrá
relación entre ellos? Porque da la casualidad de que Davignon y
Rumsfeld, por ejemplo, son identificados como miembros del denominado
Club Bilderberg compuesto por destacados hombres de la política y la
economía de todo el mundo que se reúnen anualmente para hablar de los
problemas internacionales (y hay quien sostiene que también para
proponer cómo "resolverlos"). Hablamos de un selecto club cuya
filosofía quizás la resuma la declaración de David Rockefeller -uno de
sus miembros más ilustres, participante en todas las reuniones desde
que el club se fundara en 1954 y fundador de la Comisión Trilateral-
cuando en febrero de 1999 declaró a la revista Newsweek: "Ya que los
gobiernos son incapaces de llegar a acuerdos en los grandes asuntos
nadie mejor que la iniciativa particular para lograr este fin".
Añadiendo sin tapujos: "Algo debe reemplazar a los gobiernos y el
poder privado me parece la entidad adecuada para hacerlo".

UNA VEZ PUEDE SER CASUALIDAD. ¿Y DOS?
Por otra parte en la trayectoria política de Rumsfeld no es la primera
vez que sus intereses privados se ven afectados al alza por decisiones
de carácter "político" tomadas en su entorno. Todos sabemos que tras
el atentado de las Torres Gemelas en Nueva York la cultura del miedo
se instaló en la sociedad norteamericana y que los envíos de cartas
con polvo de ántrax realizados en los meses posteriores contribuyeron
bastante a ello. Y también sabemos que en un principio fueron
presentados como obra de terroristas conectados con Al Qaeda y quizás
con Irak hasta que a la Casa Blanca no le quedó más remedio que
admitir públicamente que no existían "pruebas" de tales conexiones. A
pesar de lo cual la Administración Bush se las ingenió para manejar la
incertidumbre y conseguir mayor respaldo a su recién planteada
estrategia de guerra preventiva adoptando medidas legales encaminadas
a "proteger el país de posibles ataques bioterroristas". Y eso que al
poco tiempo las pruebas señalaron como autores a terroristas de la
ultraderecha estadounidense sin conexión con el terrorismo islámico.
Es más, se planteó que el ántrax utilizado podía haber salido de
instalaciones militares norteamericanas. De hecho el 13 de diciembre
del 2001 el New York Times recogía las declaraciones de varios
responsables norteamericanos que reconocían que científicos que habían
trabajado para el Ejército norteamericano habían producido ántrax en
forma de polvo similar al encontrado en las cartas enviadas por
correo... con usos militares. Una noticia que resultó especialmente
significativa porque por primera vez se desvelaba que el Gobierno
norteamericano había ordenado producir ántrax a pesar de que Estados
Unidos suscribió el tratado de 1969 sobre la prohibición de armas
biológicas.
Bueno, pues a pesar de todo la posibilidad de ataques tanto dentro
como fuera del país -las tropas ya estaban en Afganistán- siguió
siendo esgrimida por el Gobierno de Bush y al ántrax le sustituiría en
la estrategia del miedo... ¡la viruela! Comenzó a hablarse así de un
posible ataque -tanto a las tropas como a la población civil en
territorio norteamericano- con armas biológicas y, en especial, con el
virus de la viruela. Y en diciembre del 2002 Bush dio a conocer el
Programa Federal de Vacunación contra la Viruela que abarcaba en
principio a medio millón de soldados y 40.000 miembros de los cuerpos
de emergencia. El día 12 Rumsfeld declaraba ante la CNN que, siguiendo
las indicaciones presidenciales, él sería el primero en vacunarse (de
lo cual, por cierto, no existen pruebas documentales).
Como resultado de la decisión presidencial el Pentágono hizo acopio no
sólo de vacunas sino también de un medicamento, el Vistide, para
"paliar" los fuertes efectos secundarios que podía provocar la vacuna.
Lo singular es que el Vistide era un medicamento autorizado para ¡el
tratamiento de infecciones virales graves en los ojos de personas
infectadas con el VIH! Y fue el US Army Medical Research & Materiel
Command (USAMRMC) quien obtuvo de la FDA permiso en septiembre del
2002 para usarlo bajo un protocolo especial en los casos de viruela.
¿La excusa? Que el U.S. Army Medical Research Institute of Infectious
Disease tenía en su poder investigaciones que concluían que el Vistide
podía usarse para prevenir la enfermedad y muerte relacionadas con la
varicela ¡en monos!, similar a la viruela en humanos. Sin embargo, que
se sepa ningún estudio hecho sobre humanos avalaba su uso en soldados
o civiles en nada relacionado con esa grave enfermedad.
William Engdahl, analista político crítico con la Administración Bush,
recordando el episodio de la amenaza de la viruela, escribió a finales
del pasado año en un artículo titulado ¿Es la gripe aviaria otra broma
del Pentágono? lo siguiente: "Cada vez más profesionales
experimentados advierten de los peligrosos efectos secundarios de la
vacuna contra la viruela. Afirman que puede producir, entre otros,
graves enfermedades cerebrales y del corazón, autismo, cambios
cromosomáticos anormales, diabetes y diversos cánceres y leucemias así
como la desmielinización de los tejidos nerviosos años después de la
vacunación. Muchos pensaron si no sería mejor correr el riesgo de un
ataque bioterrorista que vacunarse. La campaña de vacunación masiva
contra la viruela fue un fracaso. Pero entre tanto se produjeron
millones de dosis de Vistide que se vendieron al Gobierno
norteamericano para disminuir los efectos de la viruela por si se
llevaba a cabo un hipotético ataque. El Pentágono fue uno de los
mayores compradores de Vistide en ese momento".
Bueno, pues resulta que el Vistide, el fármaco beneficiado por el
Pentágono, es -¡qué casualidad! - un fármaco de Gilead Sciences Inc,
la multinacional de la que es accionista Donald Rumsfeld. Todo un
negocio si tenemos en cuenta que según la Universidad de Pensilvania
el coste de la unidad de Vistide (375 mg) era en julio del año pasado
de 725,64 $ y la recomendación para su uso como antivírico es la de
una dosis de 350 mg cada dos semanas. Otro negocio redondo.

NO HAY DOS SIN TRES
Agregaremos para los que todavía crean en tantas casualidades que no
fue con motivo de la vacunación contra la viruela cuando apareció por
primera vez el nombre de Rumsfeld vinculado con un producto
relacionado con la salud. En 1965, mientras trabajaba en un fármaco
contra la úlcera, James Schlatter -un químico de la empresa GD Searle-
descubrió accidentalmente el aspartamo, una sustancia 180 veces más
dulce que el azúcar pero sin calorías que aún hoy, a pesar de su uso
generalizado, sigue envuelta en la controversia. El caso es que ocho
años después de su descubrimiento -en 1973- la FDA descartó la
comercialización del producto ante las dudas existentes sobre su
toxicidad. Y seguir el relato de lo ocurrido a través de la
descripción de James Turner -director del National Institute of
Science, Law and Public Policy- en The History of the Aspartame
Controversy es adentrarse en un mundo oscuro de maniobras políticas
donde al parecer casi todo vale. Resulta que en 1976, dos años después
de que el producto obtuviera la autorización para su uso en comidas
aunque no en bebidas, la FDA decidió emprender una investigación sobre
la fiabilidad de los estudios presentados por GD Searle. Y se
descubrió que los resultados de las pruebas estaban llenos de
inexactitudes y datos maquillados. Por primera vez en su historia la
FDA solicitaría por ello a la Fiscalía General una investigación para
averiguar si GD Searle había cometido delito por "ocultar hechos
materiales y realizar falsas declaraciones en las pruebas de seguridad
del aspartamo".
Bueno, pues el 8 de marzo de 1977 GD Searle, ante el acoso al que
estaba sometida, decidiría nombrar a Donald Rumsfeld -por aquel
entonces miembro del Congreso y antiguo Secretario de Defensa con la
Administración de Gerald Ford, nuevo Jefe Ejecutivo de la empresa. Sin
embargo, a pesar de que finalmente el Gran Jurado nunca llegaría a
reunirse, en 1980 The Public Board of Inquiry concluiría que el
NutraSweet (aspartamo) no podía ser aprobado hasta que se realizasen
más investigaciones ya que se habían detectado tumores cerebrales en
los animales a los que se había suministrado el producto. GD Searle se
veía así de nuevo en un callejón sin salida.
Lo que pasó luego lo relata claramente Turner: "En enero de 1981
Rumsfeld, en una reunión de directivos de ventas de la compañía,
declararía que iba a hacer un gran esfuerzo para conseguir la
aprobación del aspartamo ese mismo año. Añadiendo que en lugar de
medios científicos a fin de asegurarse la aprobación usaría sus
influencias políticas en Washington". Sólo unos días después, el 21 de
enero, Ronald Reagan juraba como Presidente de Estados Unidos e
incluía en su equipo a Donald Rumsfeld. Nombrándose poco después un
nuevo Comisionado en la FDA: Arthur Hull Hayes Jr.
El resto es conocido: en junio de ese mismo año se aprobaba el uso del
aspartamo en bebidas gaseosas y otros líquidos. Lo que fue posible
porque en uno de sus primeros actos como máximo responsable de la
seguridad alimenticia y farmacéutica Hull Hayes decidió con su voto de
calidad el empate que se produjo en la votación. Empate que, por otra
parte, fue posible -según se denunció- porque a última hora se
incorporó además a la Comisión que tenía que decidir nuevamente sobre
los estudios sobre el aspartamo un hombre cercano a Hayes.
Don Harkins -del Idaho Observer, publicación crítica con el Gobierno
norteamericano- describió así lo sucedido: "Rumsfeld antepuso la
política a la seguridad y salud públicas, y a causa de ello cientos de
millones de personas en el mundo no pueden pensar claramente y sufren
diversas enfermedades crónicas. Por tanto es lógico que los síntomas
asociados al uso del aspartame sean conocidos como "la enfermedad de
Rumsfeld'". A día de hoy, como decíamos, sigue la polémica sobre el
aspartamo aunque eso es ya objeto de otro reportaje.

NI HAY TRES SIN CUATRO
Claro que como no hay tres sin cuatro resulta que tampoco fue esa la
primera vez que el nombre de Rumsfeld ha aparecido vinculado a una
vacunación masiva. Rumsfeld formaba parte del gabinete de Gerald Ford
-con quien a los 43 años llegó a ser el Secretario de Defensa más
joven de la historia de Estados Unidos (1975-1977)- cuando en 1976 se
empezó a extender la alarma entre la población sobre una posible
epidemia de gripe similar a la de 1918. Como vemos, lo de las alarmas
no es nuevo.
Todo empezó cuando un recluta murió en New Jersey de una gripe que los
expertos pensaron que "podía" estar relacionada con el virus de la
gripe del cerdo. Y enseguida empezó a hablarse de una pandemia similar
a la de 1918. ¿Y cuál fue la solución propuesta por la Administración?
Poner en marcha una campaña de vacunación masiva.
En su reciente obra Las Guerras del cangrejo: un cuento de cangrejos
herradura, bioterrorismo y salud humana, William Sargent -escritor
medioambiental- recuerda: "Rumsfeld, que era entonces y es de nuevo
Secretario de Defensa, hizo de la gripe del cerdo un problema político
para prestigiar la campaña del presidente Ford, un líder interino sin
una causa (recordemos que Ford llegó a la presidencia por la dimisión
de Richard Nixon a causa del caso Watergate en 1974 y las elecciones
se celebraban al año siguiente). A instancias de Rumsfeld la
Administración llegó a afirmar que 'vacunaría a cada hombre, mujer y
niño'. Se fabricaron grandes cantidades de vacunas y se distribuyeron
rápidamente. Algunos lotes resultaron contaminados. Seiscientas
personas enfermaron y 52 murieron. El programa se detuvo un mes
después de comenzar. Y nadie murió de la gripe del cerdo". El colofón
de la historia es que el uso de la vacunación como arma política acabó
mal en esa ocasión: Ford perdería las elecciones y James Carter se
convertiría en el nuevo presidente de Estados Unidos.

BUSH, AL AUXILIO DE LAS MULTINACIONALES FARMACÉTICAS
En definitiva, al igual que las coincidencias unen a Donald Rumsfeld
con diversos estados de alarma sanitaria en el pasado quizás sea
también casualidad que coincidiendo con la alarma de la gripe aviaria
los republicanos hayan dado luz verde a una ley -de momento en el
Senado- que cubre algunas de las grandes aspiraciones de los
fabricantes de vacunas al aprobarse en el Subcommittee on Bioterrorism
and Public Health Preparedness la "iodefense and Pandemic Vaccine and
Drug Development Act of 2005 (S1873).
La ley S1873 -o Ley Burr por Richard Burr, presidente del Comité- crea
la Biomedical Advanced Research and Development Agency (BARDA) como
responsable único en el Estado de la investigación avanzada y
desarrollo de medicamentos y vacunas en respuesta a los brotes de
bioterrorismo y epidemias de enfermedades naturales como la gripe.
La nueva agencia, la BARDA, operará en secreto y estará exenta de la
Freedom of Information Act and the Federal Advisory Committee Act de
tal manera que ninguna evidencia sobre lesiones o muertes causadas por
medicamentos y vacunas etiquetadas como "contramedidas" se hará
pública nunca. La ley eliminará además los elementos reguladores y
legales aplicados a las vacunas así como el derecho de los niños y
adultos dañados por vacunas y medicamentos a presentar su caso ante la
Justicia.
"Esta legislación -manifestó Bárbara Loe Fisher, presidenta del
National Vaccine Information Center (NVIC), como el poder y el dinero
otorgado a los funcionarios de salud federales y a la industria en el
Homeland Security Act of 2002 y en el Project Bioshield Act of 2004,
es un esfuerzo inconstitucional por absolver a todos los relacionados
con la fabricación de vacunas de cualquier responsabilidad por las
lesiones y muertes que ocurran. Significa que si un americano es
dañado por una vacuna de gripe experimental o ántrax que se le obliga
a ponerse a ese ciudadano se le prohibirá ejercer el derecho
constitucional a pedir responsabilidades aún cuando se revele que el
fabricante de la vacuna incurrió en un fraude delictivo y negligencia
en la fabricación de la vacuna".
Y por si no tuviera bastante con esa ley, George Bush, en el marco de
la actual crisis sanitaria mundial, ha defendido la Pandemic Flu
Countermeasure Liability Protection Act de 2005 por la que se insiste
también en proteger a productores y distribuidores de vacunas de
urgencia de posibles pleitos por lesiones excepto en los casos de
"mala conducta voluntaria", un término que en todo caso será definido
por las propias autoridades gubernamentales.
Si la ley de Burr y la de Bush llegan a término tal y como pretenden
sus impulsores las cargas económicas necesarias para asegurar que las
vacunas asignadas son seguras podrán quedar reducidas y los americanos
se enfrentarán a un futuro en el que el Gobierno podrá obligarles a
que tomen drogas experimentales poco reguladas y vacunas presentadas
como "contramedidas" sin poder tan siquiera ejercer sus derechos ante
la Justicia en caso de lesión o muerte. Se habrá concretado "el sueño
de cualquier accionista de una compañía farmacéutica y la peor
pesadilla de un consumidor", tal como definió a la ley Burr la
portavoz del National Vaccine Information Center, Bárbara Loe Fisher.
Una razón más que podría ayudar a entender mejor a los lectores el
contexto de las decisiones de George Bush: desde 1998 los políticos
más beneficiados por las aportaciones de las multinacionales
farmacéuticas han sido los republicanos, con George W. Bush a la
cabeza, que ingresó -según un informe del Centro para la Integridad
Pública de Estados Unidos- 668.339 euros procedentes de ellas, la
mayor parte en donaciones individuales. En cuanto a los demócratas
destaca el senador y candidato a la presidencia John Kerry con 255.379
euros. El informe revela además que la industria farmacéutica gastó
durante el año 2004 más de 107 millones de euros en tratar de
condicionar las decisiones del Gobierno a través de lobbys (grupos de
presión). En los últimos siete años la industria farmacéutica -según
datos del mencionado Centro para la Integridad- ha invertido en total
¡más de 670 millones de euros! en actividades encaminadas a presionar
al Gobierno y en donaciones para campañas electorales a nivel federal
y estatal. Y supone el mayor gasto realizado jamás desde un sector
industrial para tratar de influir sobre las decisiones del ejecutivo
estadounidense.

LOS VIRUS TAMBIÉN SON ARMAS
El número de coincidencias en torno a la gripe aviaria es, en suma,
inexplicable. ¿O no lo es acaso también que justo en plena expansión
de la gripe aviaria -con amenaza de pandemia incluida- se de a conocer
a la opinión pública que un equipo de investigadores ha logrado
reconstruir el mortífero virus de la gripe española en un laboratorio
de alta seguridad en un intento de tratar de conocer los secretos de
la virulencia de la gripe de 1918? Imprescindible "avance" -se nos
dice- si se quiere tener una vacuna. Aunque lo que menos tranquiliza
de la noticia es que junto a entidades como el Instituto Médico Monte
Sinaí o el Centro estadounidense para el Control de Enfermedades
aparezca el Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas uno de cuyos
responsables, Jefferey Taubenberger, fue el encargado en octubre
pasado de anunciar al mundo que la gripe de 1918 se había iniciado en
las aves. Y es que resulta preocupante saber que desde la década de
los 50 del pasado siglo XX, en que el Ejército de los Estados Unidos
promovió una expedición a Nome (Alaska) para tratar de recuperar el
virus de cadáveres enterrados bajo la nieve, los militares están
detrás de descubrir los secretos de su virulencia. Entonces los restos
no se encontraron lo suficientemente congelados y ha habido que
esperar hasta el pasado año para recrear la secuencia completa del
virus. ¡Qué suerte! ¡Justo ahora!
Claro que además de estas investigaciones hay decenas de laboratorios
en todo el mundo manipulando el virus de la gripe en busca de vacunas.
Pero, ¿contra qué virus mutado? No se sabe. En la Universidad de
Wisconsin, por ejemplo, un grupo de investigadores dirigido por
Yoshihiro Kawaoka -director del proyecto de investigación- ha
averiguado cómo manipular genéticamente un tipo de virus de la gripe
común que no es muy virulento para convertirlo en un virus agresivo
añadiendo sólo dos genes del devastador agente infeccioso de la
llamada gripe española. Y se trata sólo de una de las muchas
investigaciones que se están realizando al respecto. La diferencia es
que ésta, al menos, es pública.
En definitiva, la gripe aviaria podría estar siendo utilizada como
perfecta coartada para realizar investigaciones que atendiendo al
convenio internacional de 1969 contra la proliferación de armas
biológicas no resultarían muy presentables. La creación de variaciones
artificiales sobre el virus H5N1 u otros virus de la gripe o sobre
otros agentes biológicos con la justificación de ataques
bioterroristas o epidemias podría acabar desembocando en la creación
de virus artificiales mucho peores que cualquier mutación de la
naturaleza o de virus nuevos... Eso sí, con vacunas y fabricantes
incluidos. Así que por el mismo precio tendríamos virus... y vacuna.
¿Qué guía la voluntad del actual Gobierno norteamericano, locomotora
científico-económica-militar de Occidente? ¿La preocupación por
nuestra salud, sus propios intereses privados o más bien oscuros
intereses estratégicos fruto de una particular visión mesiánica del
mundo?
Por si acaso no estará de más terminar recordando una cita de Benjamín
Disraeli, Ministro de Finanzas de la Reina Victoria de Inglaterra: "El
mundo está gobernado por personajes que no pueden ni imaginar aquellos
cuyos ojos no penetran entre los bastidores".


Antonio F. Muro

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El Tamiflu se extrae del anís estrellado
El Tamiflu se extrae del anís estrellado El principal componente del
Tamiflu es el anís estrellado o badiana -fruto de un pequeño árbol
conocido como Illicium verum Hook- y en él se encuentra una notable
cantidad de aceite esencial rico en anetol, felandreno y limoneno,
aldehídos y cetonas, cineol y algo de safrol. Composición que
determina su acción carminativa, eupéptica, espasmolítica y
antidiarreica. De hecho es lo primero que se suele dar en muchos
lugares a los niños recién nacidos en cuanto empiezan con problemas
digestivos ya que logra aplacar los gases. También se indica en las
personas mayores que sufren gastroenteritis, meteorismo, espasmos
gastrointestinales, catarros y bronquitis. Según el fabricante el
Tamiflu contiene también fosfato de oseltamivir, una sustancia que en
el organismo se convierte en oseltamivir, droga activa que tiene la
facultad de inhibir las neuraminidasas, unas enzimas de los virus de
la gripe constituidas por glucoproteínas. La actividad neuraminidásica
es esencial para que las partículas víricas recién formadas abandonen
las células infectadas y prosigan la diseminación infecciosa por el
organismo siendo precisamente eso lo que según el fabricante impide el
oseltamivir activo. Además de bloquear el crecimiento de los virus
gripales inhibiendo su replicación y patogenicidad.
Ahora bien, en dosis elevadas puede resultar tóxica. De hecho entre
los efectos secundarios conocidos y reseñados en muchos libros se dice
que el anís estrellado puede producir delirios, anestesia y
convulsiones. De hecho la FDA comunicó hace escasas semanas que ha
detectado en 32 casos delirios, alucinaciones, encefalitis y
convulsiones. También la Agencia Europea del Medicamento (EMEA)
solicitó el 16 de noviembre pasado a la multinacional Roche que revise
sus datos sobre la seguridad del Tamiflu tras haber registrado
problemas psiquiátricos en pacientes que tomaban el fármaco e,
incluso, dos casos de presuntos suicidios: un joven de 17 años en
febrero de 2004 y un niño de 14 en febrero del 2005. En ambos casos
los adolescentes manifestaron antes del fatal desenlace un
comportamiento anormal. Ya en noviembre del 2001 nuestro Ministerio de
Sanidad y Consumo prohibió la venta y distribución de anís estrellado
en España al sospechar que su ingesta podía haber provocado efectos
adversos en 20 lactantes.
Dicho lo cual hay que añadir que el Tamiflu sólo sirve para aliviar
síntomas, no está demostrado que prevenga siquiera el contagio de la
gripe común y la posibilidad de que pudiera ser eficaz contra una
mutación del famoso virus de la gripe aviaria H5N1 que se contagiara
entre humanos es puramente especulativa. Hoy por hoy adquirir Tamiflu
es un completo sinsentido.


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