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Asunto:[MESHIKO] La Dignidad de la Diferencia / Si Yo Tengo Razon Tu No La Tienes
Fecha:Sabado, 31 de Agosto, 2002  20:17:45 (-0500)
Autor:Ricardo Ocampo <redluz @...............mx>

La Dignidad de la Diferencia / Si Yo Tengo Razon Tu No La Tienes



Una humanidad más sabia debe ver más allá de las diferencias tribales


Por el rabino y profesor Jonathan Sacks COMENTA DESDE FILADELFIA


En los albores de la civilización, la primera reacción humana a las
diferencias fue la actitud tribal: mi tribu contra la tuya, mi nación contra
la tuya, mi dios contra el tuyo. En ese mundo premonoteístico, los dioses
eran locales. Pertenecían a un lugar específico y tenían una ³jurisdicción
local², desde la que vigilaban los destinos de pueblos específicos. Los
mesopotámicos tenían a Marduk y los moabitas a Chamosh, los egipcios su
panteón y los antiguos griegos el suyo.


El mundo tribal y politeísta era un mundo de conflictos y de guerras.
Algunas de sus características perduraron en Europa hasta 1914, con el
nombre de nacionalismo. En 1914, los hombres jóvenes ­ Rupert Brooke y
poetas de la Primera Guerra Mundial de todo el continente europeo ­ estaban
ansiosos por ir a la guerra hasta que vieron la terrible carnicería que
produjo. Curar esa tentación requirió dos guerras y 100 millones de muertes.


Sin embargo, por casi 2.500 años, en la civilización occidental hubo una
alternativa al tribalismo, ofrecida por uno de los grandes filósofos de
todos los tiempos: Platón. Voy a llamar a esa alternativa universalismo,
pero mi tesis es que el universalismo también es inadecuado para la
condición humana.


Lo que arguyó Platón en La república fue que este mundo de los sentidos, de
cosas que podemos ver y oír y sentir, el mundo de cosas particulares, no es
la fuente de los conocimientos o de la verdad o de la realidad. ¿Cómo
podemos entender lo que es un árbol si los árboles están siempre cambiando
de un día a otro y hay tantas clases diferentes de ellos? ¿Cómo puede uno
definir una mesa si las mesas vienen de todas las formas y de todos los
tamaños: grandes, pequeñas, viejas, nuevas, de madera, de otros materiales?
¿Cómo entiende uno la realidad en este mundo de particulares tan poco
definidos?


Platón dijo que todos estos particulares son sólo sombras en un muro. Lo que
es real es el mundo de formas e ideas: la idea de una mesa, la forma de un
árbol. Esas son las cosas que son universales. La verdad es el
desplazamiento de la particularidad a la universalidad. La verdad es la
misma para todos, en todas partes, en todo momento. Lo que es local,
particular y único es insustancial y hasta ilusorio.


Esta es una idea peligrosa, porque sugiere que todas las diferencias
conducen a la actitud tribal y después a la guerra, y que, por lo tanto, la
mejor alternativa es eliminar las diferencias e imponer una verdad única y
universal en el mundo. Si eso es cierto, entonces cuando tú y yo estamos en
desacuerdo, si yo tengo razón tú no la tienes. Si yo realmente creo en mi
verdad, debo sacarte de tu error. Si no te puedo convertir, tal vez te puedo
conquistar. Y si no te puedo conquistar, tal vez te puedo matar, en nombre
de esa verdad. De eso fluye la sangre del sacrificio humano en todas las
edades.


El 11 de septiembre ocurrió cuando dos civilizaciones universales ­ el
capitalismo global y el Islam medieval ­ se encontraron y chocaron. Cuando
civilizaciones universales se encuentran y chocan, el mundo tiembla y se
pierden vidas. ¿Hay una alternativa, no sólo a la actitud tribal, que todos
sabemos que es peligrosa, sino también al universalismo?


Volvamos a leer la Biblia y oigamos en ella un mensaje que es a la vez
sencillo y profundo y, según creo, importante para nuestro tiempo.
Comencemos con lo que es el verdadero tema de la Biblia: un hombre, Abraham,
y una mujer, Sarah, que tienen hijos y forman una familia que se convierte
en una tribu, en una colección de tribus, en una nación, en un pueblo
particular, y en el pueblo del pacto.


Lo que es notable es que la Biblia no empieza con esa historia. En los
primeros once capítulos narra la historia universal de la humanidad: Adán y
Eva, Caín y Abel. Noé y la inundación, Babel y los constructores, arquetipos
universales que viven en una cultura global. Las palabras iniciales de
Génesis 11 son: ³Tenía entones toda la tierra una sola lengua y unas mismas
palabras². Después, en Génesis 12, la llamada de Dios a Abraham, la Biblia
pasa a lo particular. Ello invierte exactamente el orden de Platón. Platón
empieza por lo particular y después aspira a lo universal. La Biblia empieza
con lo universal y después aspira a lo particular. Es la dirección opuesta.
Hace que la Biblia sea la gran narrativa de la civilización occidental
contraria a Platón.


La Biblia empieza con dos enunciados universales, fundamentales. Primero, en
Génesis 1: ³²Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra
semejanza². En el mundo antiguo no era algo extraño que seres humanos fueran
semejantes a Dios: lo eran los reyes mesopotámicos y los faraones egipcios.
La Biblia fue revolucionaria al decir que todos los seres humanos se
asemejaban a Dios. El segundo gran enunciado está en Génesis 9, el primer
pacto con Noé, el primer pacto con toda la humanidad, la primera vez que
Dios pide a toda la humanidad que cree sociedades basadas en el imperio de
la ley, la soberanía de la justicia y la divinidad no negociable de la vida
humana.


Son seguramente esos dos pasajes los que inspiraron las palabras:
³Sostenemos que esas verdades son evidentes de por sí, que todos los hombres
son creados iguales, que están dotados por su Creador con ciertos Derechos
inalienablesŠ². La ironía es que esas verdades de ninguna manera son
evidentes de por sí. Ni Platón ni Aristóteles hubieran sabido el significado
de esas palabras. Platón creía profundamente que algunas personas nacían
para ser libres y otras para ser esclavas.


Estas palabras son obvias sólo en una cultura empapada en la visión
universal de la Biblia. Sin embargo, esa visión es sólo el punto de partida.
De ahí en adelante, comenzando con Babel y la confusión de idiomas y el
llamado de Dios a Abraham, la Biblia pasa de lo universal a lo particular,
de toda la humanidad a una familia. La Biblia hebrea es el primer documento
de la civilización que proclamó el monoteísmo, que Dios no sólo es el Dios
de este pueblo y de este lugar, sino de todos los pueblos y de todos los
lugares. Entonces, ¿por qué la Biblia pasa a ser antiplatónica y particular
a partir de Génesis 12? La paradoja es que el Dios de Abraham es el Dios de
toda la humanidad, pero la fe de Abraham no es la fe de toda la humanidad.
¿Por qué, si Dios es el Dios de toda la humanidad, no hay una sola fe, una
verdad, una senda para toda la humanidad?


Mi interpretación es la siguiente: después de la caída de Babel, el primer
proyecto global, Dios llama a una persona, Abraham, a una mujer, Sarah, y
les dice: ³Sean diferentes². De hecho, la palabra ³sagrado², en la Biblia
hebrea ³kadosh², significa ³diferente, distinto, aparte². ¿Por qué Dios les
dijo a Abraham y a Sara que sean diferentes? Para enseñarnos a todos
nosotros la dignidad de la diferencia.


Que Dios se puede encontrar en alguien que es diferente a nosotros. Como
observaron los grandes rabinos hace unos 1.800 años, cuando un ser humano
acuña muchas monedas en la misma ceca, todas salen iguales. Dios hace a
todos los seres humanos en la misma ceca, a su imagen, pero todos salimos
diferentes. El desafío religioso es encontrar la imagen de Dios en alguien
que no es nuestra imagen, en alguien cuyo color es diferente, cuya cultura
es diferente, que habla un idioma diferente, que adora a Dios de una manera
diferente.


Este es un cambio de paradigma en la comprensión del monoteísmo. Y estamos
en posición de oír este mensaje de una manera en que las generaciones
anteriores tal vez no lo estuvieron. Porque ahora hemos adquirido una
comprensión general del mundo que es significativamente diferente a la de
nuestros antecesores. Les daré dos instancias de esto entre muchas: una del
mundo de las ciencias naturales y otra de la economía.


La primera es de la biologíaŠ El escritor de temas científicos Matt Ridley
señala que las palabras de tres letras del código genéticos son las mismas
en todas las criaturas. ³CGA significa arginina, GCG significa alanina, en
murciélagos, en escarabajos, en bacterias. Dondequiera que uno vaya en el
mundo, todo animal, planta, insecto o cualquier ser que uno mire, si está
vivo emplea el mismo diccionario y conoce el mismo código. Todos usamos
exactamente el mismo idiomaŠ El verdadero milagro de este mundo creado no es
la forma platónica de la hoja, sino los 250.000 tipos de hojas que existen.
No es la idea de un pájaro, sino las 9.000 especies que existen. No es un
idioma universal, sino los 6.000 idiomas que se hablan. El milagro es que la
unidad crea diversidad, que la unidad allá arriba crea diversidad acá abajo.


Uno puede observar el mismo fenómeno en la economía. Todos somos diferentes
y cada uno de nosotros tiene ciertas destrezas y carece de otras. Lo que a
mí me falta, tú lo tienes. Debido a que somos todos diferentes, nos
especializamos, intercambiamos y todos salimos ganandoŠ


En la economía de mercado, en toda la historia, las diferencias entre
culturas y naciones condujeron a dos posibles consecuencias. Cuando
diferentes naciones se juntan, guerrean o comercian, la diferencia es que en
la guerra como mínimo un lado pierde y a la larga los dos lados pierden.
Pero con el comercio los dos lados ganan. Cuando valoramos las diferencias
de la manera en que el mercado valora las diferencias, creamos una situación
de interacción humana en la que la suma no es cero. Transformamos la
narrativa de tragedia, de guerra, en un guión de esperanzas.


Así que ya sea si miramos la biología o la economía, la diferencia es la
condición previa de la compleja ecología en que vivimos. Y al recurrir a la
Biblia llegamos a un nuevo paradigma, uno que no es ni universalismo ni
tribalismo, sino una tercera opción, que yo llamo la dignidad de la
diferencia. Esta opción valora nuestra humanidad compartida en términos
similares a los de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos
o de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Pero también
valora nuestras diferencias, de la misma manera que los padres aman a todos
sus hijos, no por lo que los hace iguales, sino por lo que los hace únicos.
Eso es lo que significa la Biblia cuando habla de Dios Padre.


Este paradigma religioso se puede incorporar al mapa político del siglo XXI.
Con el final de la Guerra Fría hubo dos famosas hipótesis de dónde se
encaminaría el mundo: El fin de la historia (1989), de Francis Fukuyama, y
El choque de civilizaciones y la creación de un nuevo orden mundial (1996),
de Samuel Huntington.


Fukuyama predijo una eventual diseminación gradual primero del capitalismo
global y después de la democracia liberal, que resultaría en un nuevo
universalismo con una sola cultura mundial.


Huntington vio algo bastante diferente. Pensó que la modernización no sería
un giro hacia la occidentalización, porque la diseminación del capitalismo
global encontraría movimientos opuestos, un resurgimiento de viejas y
profundas lealtades, un choque de culturas, o de lo que él llamo
civilizaciones; en otras palabras, una nueva actitud tribal.


Y en gran medida es ahí donde estamos ahora. Si bien la economía global nos
une más estrechamente que nunca, diseminando una cultura universal por el
mundo ­ lo que Benjamin Barber llama ³McWorld²‹ las civilizaciones y las
diferencias religiosas nos están forzando cada vez más iracunda y
peligrosamente a separarnos. Eso es lo que se obtiene cuando las únicas dos
posibilidades que uno tiene son el tribalismo y el universalismo.


No hay ninguna solución instantánea, pero hay una responsabilidad que yace
en todos nosotros, especialmente en los líderes religiosos, de prever un
futuro diferente y más gentil. Al enfrentar un intenso conflicto religioso y
persecución, John Locke y Thomas Jefferson crearon sus propias versiones de
la manera en que diferentes grupos religiosos podrían vivir juntos en paz.
Estas ideas erigieron puentes en el abismo del enfrentamiento que
generaciones futuras pudieron cruzar hacia un mundo mejor.


He ido bastante más lejos que la doctrina de tolerancia de Locke o la
doctrina estadounidense de separación de la Iglesia y el Estado porque ya no
bastan para una situación de conflicto global sin un gobierno global. He
expresado mis ideas en términos laicos, pero noten que los términos laicos
de hoy en día ­ pluralismo, liberalismo ­ jamás persuadirán a que los adopte
a un creyente religioso fanáticamente apasionado, porque son ideas laicas.
Por lo tanto, he dado una idea religiosa, basada en la historia de Abraham,
del que descienden los tres grandes monoteísmos: el judaísmo, el
cristianismo y el islamismo. Se puede encontrar un mensaje de la dignidad de
la diferencia que es religioso y profundamente curativo. Ese es el verdadero
milagro del monoteísmo: no que hay un Dios y, por lo tanto, una verdad, una
fe, una manera, sino que la unidad arriba crea diversidad aquí en la tierra.


Nada ha demostrado ser más difícil en la civilización que ver a Dios,
bondad, o dignidad en los que no son como nosotros. No cabe duda de que hay
muchas maneras de llegar a esa generosidad de espíritu y de que cada fe
tiene que encontrar su maneraŠ ¿Cómo sería esa fe? Sería como estar seguro
en mi propia casa y, a la vez, emocionarme por la belleza de un lugar
extraño sabiendo que, si bien no es mi hogar, sigue siendo parte de la
gloria que es muestro mundo. Sería saber que somos frases en la historia de
nuestro pueblo, pero que hay otras historias, cada una de ellas escrita por
Dios con las letras de nuestras vidas unidas en comunidad. Todos los que se
sienten seguros de su fe no se sienten amenazados, sino reforzados por las
diferentes religiones de los demás. En el medio de nuestras múltiples
inseguridades, ahora necesitamos la seguridad de reconocer la irreducible,
gloriosa dignidad de la diferencia.


Pasajes extraídos con permiso del Foreign Policy Research Institute de
Philadelphia de un discurso generosamente patrocinado por John M. Templeton.

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<http://www.worldpaper.com/DiarioMundial/sp2002/Aug01/rel1.html>