Inicio > Mis eListas > redanahuak > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 1448 al 1487 
AsuntoAutor
Unirse para difund Ricardo
Los dueños del pla Ricardo
De Belen a Auschwi Ricardo
2006 El Año del Pe Ricardo
CALENDARIO ESPIRIT Ricardo
GEN - 10 años / Re Ricardo
Calendario de cump Ricardo
'Mexicanidad Misti Ricardo
Las cooperativas, Ricardo
El Juego de la Abu Ricardo
BOLIVIA el dia des Ricardo
Semillas Est Ricardo
Bachelet, el domin Ricardo
El verdadero rostr Ricardo
La Luz Celeste y e Ricardo
Red Global de Luz Ricardo
America de nuestra Ricardo
UNETE AL PLANETA Y Ricardo
El Sol que Mora en Ricardo
Dinamica Vincular: Ricardo
Foro Espiritual-Es Ricardo
Vive Latinoamerica Ricardo
Industria farmaceu Ricardo
Que nos debilita? Ricardo
Pelicula Indigo Do Ricardo
Asociacion interhe Ricardo
Caso curado de SID Ricardo
No a los antidepre Ricardo
Terapeutica Floral Ricardo
Drogas para Niños Ricardo
http://www.artrev. Material
Campaña contra las Ricardo
ANAHUAK 2006 / Mar Ricardo
El Elefante Entero Ricardo
Virus en la red / Ricardo
En defensa del agu Ricardo
Declaracion de Car Ricardo
Convocatoria Mundi Ricardo
Congreso Mundial I Ricardo
La Casa de la Red Ricardo
 << 40 ant. | 40 sig. >>
 
RED ANAHUAK
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 1473     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[redanahuak] Las cooperativas, opcion al desarrollo de Mexico 2005 / VII Encuentro RedLuz Internacional / Aguascalientes, julio 2006
Fecha:Domingo, 8 de Enero, 2006  20:02:20 (-0600)
Autor:Ricardo Ocampo <redanahuak @...............mx>

Amig@s: 
Estas son propuestas SERIAS a debatir, no los premiecillos de oropel para el 
ego y la venta de influencia que pretenden algun@s en las actividades de la 
red conciente... 
Esta será una de las principales en el VII Encuentro RedLuz en 
Aguascalientes, México, este año, en julio 2006... El IV de la Red Mexicana 
de Conciencia... 
Enhorabuena! 
Ricardo Ocampo 
 
 
 
 
 
  
 
 
 
 
From: Carlos García-Robles <carchaos@...> 
Date: Sun, 08 Jan 2006 19:22:06 -0600 (CST) 
To: redanahuak@... 
Subject: Las cooperativas opción al desarrollo de México 2005 
 
 
  
4 millones de vehículos particulares de carga y de transporte público 
circulan diariamente por la zona metropolitana del valle de México y ocupan 
más de la mitad del espacio público común. 
Generan más de 80 por ciento del total de la emisiones contaminantes y 
contribuyen con 50 por ciento de las emisiones de gases de efecto 
invernadero.  
Los accidentes automovilísticos ocasionan además en la ZMVM alrededor de 2 
mil 500 decesos y constituyen la segunda causa de discapacidad en menores de 
entre 5 y 14 años.  
El uso continuo de automóviles disminuye la actividad física, lo que aumenta 
en 60 por ciento la posibilidad de ser obesos 
 
 
-------------- 
 
 
 
 
LAS COOPERATIVAS, CAMINO ALTERNATIVO AL DESARROLLO 
 
Una reflexión para el caso mexicano 
 
Ponencia que presenta Mario Rechy Montiel para la Reunión Nacional de 
Científicos Sociales convocada por la Red Nacional de Estudiantes de 
Sociología. Villahermosa Tabasco, 10 de noviembre de 2005. 
 
Venimos a defender una propuesta que a nuestro juicio representa la mejor 
opción para el futuro de México. Nuestra propuesta tiene sustento en la 
reflexión académica, se apoya en la experiencia internacional del 
cooperativismo y en las resoluciones de las Naciones Unidas. No es un 
discurso oficialista ni venimos a hacerle propaganda a ningún programa 
gubernamental.  El que nuestra ubicación laboral sea hoy la Secretaría del 
Trabajo no debe interpretarse ni como una participación de esta Secretaría, 
ni como la presentación de una propuesta de la misma. Hablo por mi mismo y 
por nadie más. 
 
Agradezco de corazón que ustedes, estudiosos y estudiantes de las ciencias 
sociales, me hayan traído a esta ciudad a exponer las siguientes reflexiones 
sobre el sector social ante un foro tan representativo. Nada me entusiasma 
más que estar en comunicación con los jóvenes científicos de la ciencia 
social. Ustedes son quienes padecen de manera más directa los golpes del 
neoliberalismo y la segunda guerra fría, y si alguna fuerza diseña e 
instrumenta la salida a la crisis actual necesariamente tendrá que apoyarse 
en ustedes. A eso le apuesto. 
 
De manera muy correcta lo escribió Antonio García Santesmases  desde 
diciembre de 98: la segunda guerra fría, que apadrinaron Reagan y Thatcher, 
no ha terminado. Y se preguntarán ustedes ¿y para qué una segunda guerra 
fría, si el socialismo cayó desde 1989?  Precisamente, porque el socialismo 
no se agota o circunscribe a lo compuesto o integrado por los países de la 
Europa oriental, sino que también ha comprendido muchos aspectos de 
colectivismo, todos los sectores sociales, políticas públicas de la misma 
orientación, y hasta a las empresas de ese carácter o naturaleza . La 
primera guerra fría, con su pentágono, su CIA y sus ejércitos, celebró la 
derrota de la URSS y sus satélites, pero no ha podido derrotar ni a los 
socialistas que en Europa hoy se han fusionado con los verdes y que forman 
parte de la pluralidad del Parlamento Europeo, ni a los trotskistas 
democráticos --que hoy representan casi el diez por ciento del electorado 
francés, ni los Tupamaros --que hoy gobiernan Uruguay, ni a los socialistas 
de muchos países, como los que hoy comparten el poder en Brasil, o los 
cooperativistas Colombianos, que remontaron la derrota de los noventas y hoy 
se erigen en la fuerza social más lúcida de su patria, y, desde luego, ni a 
nosotros, que venimos defendiendo al Sector Social de México, y que hemos 
resistido cuatro sexenios de neoliberalismo, asimilando las experiencias y 
perfeccionando una estrategia para México. 
 
Quede claro que nuestra propuesta se inscribe en ese marco general que vive 
el mundo de occidente:  la resistencia contra la segunda guerra fría, la que 
ha pretendido desmantelar las políticas sociales del estado, la que pretende 
erradicar al sector social de América Latina, la que se yergue como el 
enemigo histórico del indigenismo, la que se opone y descalifica al ejido, 
la que no quiere propiedad social de nada, ni seguro social, ni educación 
laica, ni cooperativas. Esa guerra fría que no tiene foros públicos en sus 
salones de cabildo o de discusión, sino que sesiona a puerta cerrada, en los 
oscuros salones del pentágono, en las cámaras de la CIA, y que extiende sus 
tentáculos hasta los órganos de inteligencia y las oficinas centrales del 
poder público en nuestros países, orientando las políticas públicas y 
secuestrando las mentes de los responsables de diseñar o instrumentar las 
acciones de gobierno. Tenemos treinta años de estarlos observando y los 
tenemos perfectamente caracterizados. No sólo son tecnócratas, obedecen a 
una estrategia perfectamente definida que comprende toda la política pública 
impulsada desde los organismos financieros, pero que incluye también 
organismos multilaterales y organizaciones cupulares internacionales como la 
OCDE, el grupo de los siete, etc. 
 
Hablo a título personal, pero me apoyo en lo que hemos hecho posible. En los 
últimos diez años participamos en el experimento más amplio de 
cooperativismo agrícola que ha vivido México, habiendo llegado a cubrir la 
mitad de la superficie irrigada del país con fondos de autoaseguro; 
impulsamos la lucha contra la legislación anticooperativa asesorando a 
representantes populares de la Cámara de Diputados desde la LVII legislatura 
y hasta la actual, promovimos la constitución de lo que hoy es la Alianza 
Cooperativista Nacional, fundamos la empresa social Corporación de 
Occidente, que es la primera empresa de capital mixto en este país y que ha 
de ser ejemplo para muchos casos en el futuro , y constituimos la primera 
empresa de integración comercial al servicio de las cooperativas y las 
empresas familiares . Nuestras reflexiones se apoyan en hechos, y no 
solamente en reflexiones teóricas. Lo que decimos lo hemos demostrado en 
medio de las políticas de signo contrario predominante.  Lo que proponemos 
requiere la participación de fuerzas amplias y muchas gentes comprometidas, 
y por ello nuestra propuesta es una convocatoria. 
 
Empecemos por un somero repaso: 
 
I La primera propuesta que se hizo sobre una tercera vía salió del marxismo 
y no de los remendones del neoliberalismo. 
 
Cuando el socialismo centralizado y la economía planificada vivió las crisis 
de los setentas y ochentas hubo dos voces notables de reflexión y propuesta. 
La primera fue la de los polacos Jacek Kuron y Karol Modzelewsky, ellos 
alertaron sobre la imposibilidad de sostener un régimen en el que bajo el 
pretexto de la propiedad estatal ³de todo el pueblo² se reducía el consumo 
general, y se imponían prioridades militaristas y sólo de interés al grupo 
gobernante. Pocos años más tarde, como antecedente a lo que conocimos como 
la Primavera de Praga, Ota Sik, un economista y político checo, escribió su 
importante reflexión titulada la Tercera Vía, en ella fundamentaba por qué 
el socialismo sólo era posible con un mercado donde compitieran todas las 
empresas de propiedad de los mismos trabajadores. 
Ambas corrientes postulaban la autogestión como vía a la democracia y la 
reorientación del socialismo. Ambas corrientes fueron derrotadas. La primera 
a través de la intervención del clero, que impulsó al líder obrero Walesa 
para impedir la dirección del KOR, de orientación social, que desató las 
luchas de Solidaridad en Polonia. La segunda por las fuerzas combinadas del 
ejército soviético y la propaganda norteamericana que desató una campaña 
contra las propuestas de Ota Sik y sus compañeros, Sochor, Selucky, y el 
mismo presidente Alexander Dubcek. 
Antes que ellos, en esa etapa de crisis terminal del socialismo de estado, 
muchos otros luchadores les habían antecedido. Desde Proudhón, al que Marx 
cubrió de calumnias, y hasta Chernov, el líder antibolchevique, o Chayanov, 
el gran economista ruso del cooperativismo y la economía campesina. 
 
En los setentas, cuando la crisis del socialismo autoritario impidió la 
buena colaboración y entendimiento entre la izquierda europea occidental y 
los marxistas del este, los siempre avezados estrategas del mercado 
formularon un nuevo discurso de actualización para tomar la ofensiva. 
 
En un resumen luminoso hecho hace ya casi una década, un teórico enumeraba 
así algunas de las premisas de las cuales estos nuevos ideólogos del 
capitalismo pretendían partir: 
 
1 las perspectivas del mundo representadas por izquierda y derecha han sido 
superadas; 
2 hay que preservar la economía de mercado sin interferencias de los 
gobiernos; 
3 los valores de libertad, igualdad y solidaridad se mantienen, pero hay que 
transformar los instrumentos que se han asociado en el pasado con los 
socialistas; 
4 la igualdad de oportunidades no debe conducir o permitir la mediocridad o 
negar la excelencia; 
5 no es posible volver al pleno empleo, ni pensar que el trabajo es para 
toda la vida; 
6 es imprescindible atemperar la presión fiscal y reformar los sistemas de 
protección social; 
7 hay que construir un mercado económico mundial donde las fuerzas del 
mercado funcionen adecuadamente y pueda florecer la productividad y el 
crecimiento. 
Por desgracia, la crisis del socialismo autoritario había provocado en la 
intelectualidad progresista un impasse o silencio, y no se dio respuesta a 
tales afirmaciones. Por el contrario, algunos partidos autoproclamados 
socialistas aceptaron parte o todas esas nuevas premisas de las que debía 
partir el análisis de la situación internacional. 
 
Estas premisas en las que se fundó el nuevo discurso, asumían, desde luego, 
que la capacidad del gobierno para regular la economía, así como las 
posibilidades para que la administración pública continuara proporcionando 
servicio, no se podría mantener. Eso iba de la mano con las presiones de los 
organismos financieros que se apresuraron a exigir privatización de las 
empresas, desmantelamiento de las instituciones sociales y una política 
clara de apertura comercial. Muchos gobiernos, manejados por los cuadros 
entrenados en Estados Unidos, o simplemente incapaces de actualizar los 
proyectos de desarrollo nacional independiente, cedieron a tales presiones. 
Sobre todo cuando los créditos internacionales se condicionaron a la 
aceptación de la nueva política. De hecho, los partidos socialista español, 
y los laboristas británicos fueron algunos de los que inmediatamente se 
alinearon con tales planteamientos. La izquierda vinculada a los países del 
bloque socialista estaban en una profunda crisis y no tuvieron propuesta 
alternativa. 
 
El Keynesianismo, que se juzgó útil durante el periodo de las economías 
cerradas --o relativamente autónomas--, se consideró ahora concluido en un 
mundo sin fronteras. Los sindicatos, en cuanto a su papel de defensores de 
un marco jurídico que había dejado de existir, no tenían función 
reinvindicadora que seguir cumpliendo . Los derechos económico--sociales 
sólo podían tener como escenario su continuo recorte, y todo el nuevo marco 
no podía sino caracterizarse por una acelerada privatización de todas las 
actividades, al mismo tiempo que las grandes corporaciones y las firmas 
trasnacionales llenaban los huecos dejados por los gobiernos en retroceso o 
desaparición. 
 
Lo novedoso fue presentar, de manera muy eficiente y tendenciosa, el nuevo 
discurso del capitalismo, como si se tratara entonces de algo que estaba más 
allá de la historia, y que llegaba junto con el último mohicano, el último 
cuplé, el último verano, el último héroe... Siguiendo todos los cánones que 
requiere la retórica de la renovación ideológica para poder seducir la mente 
alimentada por la propaganda. 
 
Cuando Gerhard Schroeder, el líder alemán, y Tony Blair, el cabecilla 
inglés, firmaron la declaración conjunta del 8 de junio de 1999, a tan sólo 
una década de la caída del muro, el mundo había sido debidamente preparado 
con propaganda, con la difusión masiva de los libros de Friedman , que hasta 
en los kioscos de las esquinas tenían, y con las campañas de televisión y 
las películas de hollywood. Así, la propuesta sobre la tercera vía, en su 
versión neoliberal, ya purgada de todo tufo socialista, sonó como el 
discurso esperado. Los que sabíamos sobre la Tercera Via propuesta por los 
disidentes del socialismo autoritario inmediatamente reconocimos la argucia, 
pero constituíamos una minoría; informada, pero al fin marginal, y no 
podíamos contrarrestar la campaña del sistema capitalista mundial. 
Hoy, a un sexenio del llamado de esos dos presidentes europeos a emprender 
esa tercera vía, y en un mundo convulsionado por los estragos de esta 
tercera etapa del neoliberalismo, caracterizado por la intervención militar 
y el predominio absoluto de la especulación, nos parece indispensable 
cuestionar los fundamentos mismos de su propuesta y mostrar las dramáticas 
limitaciones de sus políticas. 
 
Schroeder y Blair decían que hasta los últimos días del estado del 
bienestar, los medios para alcanzar la justicia social se identificaban con 
el crecimiento constante del gasto público, con sus impactos en lo fiscal y 
su secuelas negativas en los niveles de vida. Y a la fecha, en los discursos 
de nuestros políticos del día, esta cantileta se sigue repitiendo. Como si 
la única alternativa a lo que ocurre fuera el gasto público y el déficit 
fiscal.  
 
Junto con ello, decían los mismos, que se había exagerado el papel del 
gobierno para resolver el problema del empleo y se había menospreciado el 
papel de la libre empresa para generar empleos y riqueza. 
A tan sólo seis años del rollo citado basta ver las estadísticas de México 
para comprobar que el papel del estado en la generación del empleo 
efectivamente se ha visto recortado drásticamente, pero que eso no ha 
significado, ni por asomo, el que sea ahora el sector privado el que lo 
cumpla o satisfaga. 
En nuestro país, la reducción del sector público ha representado una 
reducción absoluta de la actividad económica. El mayor volumen de 
exportaciones, como cualquiera puede verificar, no ha representado un número 
creciente de empresas que se orientan a la actividad del sector externo, 
sino un proceso de concentración de capital y tecnología, en una cuántas 
empresas. Sensiblemente algo menos al siete por ciento de las empresas, que 
son las que consiguen exportar. 
De las casi 30 mil empresas que tenía como afiliados la Cámara Nacional de 
la Industria de la Transformación, quedan actualmente unas siete mil, según 
datos del Presidente del Sector de Bienes de Capital de la misma Canacintra. 
Nos hemos convertido en una economía con desempleo estructural. Es decir, 
con un desempleo que el sector formal, eficiente, exportador de la economía, 
no puede ni superar, ni reducir, ni atraer. 
 
Todos estos hechos nos obligan a poner la discusión sobre sus pies, y a 
dejar claros los verdaderos términos de lo que está en juego. En primer 
lugar, la disyuntiva no está entre control de las variables macroeconómicas 
sin déficit presupuestal, o economía del dispendio y el populismo. La 
verdadera disyuntiva está en mantener las prioridades del gasto que hoy se 
tienen, u orientar el aparato público a las prioridades sociales, y en 
especial, a las políticas generadoras de empleo productivo. Esta 
confrontación de prioridades coloca como un todo articulado por el lado 
neoliberal, los pagos de la deuda, el subsidio a los exportadores e 
importadores, el mantenimiento de un sector bancario que no aporta recursos 
a la producción, y el traslado creciente del patrimonio público a la esfera 
privada y trasnacional. 
En el presupuesto público de México puede comprobarse con toda nitidez 
nuestra afirmación. La SHCP ha establecido que existe una parte no 
programable del gasto. En esa parte no sólo incluye el gasto corriente de la 
administración, que sería comprensible, sino también y aún antes, el pago de 
los servicios de la deuda interna y externa. En cuanto al papel del Banco de 
México, que durante mucho tiempo fue el de financiar el desarrollo, ahora es 
acopiar divisas que den estabilidad al sector importador. No es otro el 
papel de las reservas. 
En el otro extremo de las prioridades, que representa la política que 
defendemos, está la reconstrucción de las cadenas productivas que 
constituyen al mercado interno, el fortalecimiento de las empresas que 
producen bienes y servicios necesarios, la reducción del pago de deudas y, 
lo que hoy ocupará el centro de nuestra exposición, el fortalecimiento de un 
sector social, que ha demostrado ser capaz de suplir a los bancos en su 
función de intermediarios financieros, y de transferir a los grupos 
ciudadanos y sociales el control de la economía local. 
 
Los siete pilares ideológicos en los que la propuesta neoliberal de la 
Tercera Via de Blair y Schroeder se asentó, quedan hoy desmitificados:  En 
primer lugar, es difícil que hoy nos quieran seguir repitiendo que Bush está 
por encima de la izquierda y la derecha. Para nadie puede haber confusión 
sobre el carácter derechista de la guerra por el control del petróleo. Y 
para nadie puede haber duda sobre el claro signo de izquierda que 
caracteriza la lucha por la autonomía de los pueblos indígenas o de las 
naciones. Para nadie debe quedar duda, tampoco, de que en lugar de la 
prioridad de los mercados, que postula el neoliberalismo, para los 
demócratas está la prioridad de las necesidades básicas y el empleo. Para 
nadie debe tampoco quedar duda de que no es posible permitir la operación 
irrestricta de los mercados, porque estos destruyen las plantas productivas 
de los países en desarrollo, sin ofrecer alternativas, y porque el papel de 
los estados sigue siendo el de proteger el interés nacional contra la fuerza 
de las empresas trasnacionales. Quien lo niegue no entendió lo que acabamos 
de ver en Mar del Plata, y no entendió lo que ha sido la derrota de los 
Estados Unidos, impulsando el  ALCA.  Hoy queremos intervención responsable 
de los gobiernos para detener la marcha del ALCA, y para formular políticas 
de fortalecimiento de los mercados locales, regionales y solidarios entre 
nuestros pueblos. Los partidarios del Sector Social, y del socialismo, no 
hemos renunciado a nuestros principios, ni consideramos que sean ideologías 
rebasadas, al contrario, creemos que los ideales de justicia, 
fortalecimiento de las instituciones sociales, y perfeccionamiento de 
políticas de fomento son indispensables para complementar la iniciativa 
popular y para consolidar procesos de producción regional, local y nacional. 
No creemos ciertamente en una política fiscal que se aplique solamente a los 
causantes cautivos. Ni en cuotas o imposiciones que ahoguen a los pequeños 
negocios. Creemos ciertamente en la necesidad de reformas fiscales 
profundas, pero no a costa de gravar el consumo general ­como pretendió 
imponerse con el IVA a los alimentos y a las medicinas--, sino de conseguir 
lo que originalmente se proponían todos los sistemas fiscales del mundo, que 
era transferir recursos de donde se generan a donde hacen falta, de quienes 
más lo obtienen a quienes más lo necesitan, tal y como se propone en la 
iniciativa de reforma fiscal de los diputados de izquierda. Hoy creemos en 
la necesidad de reorientar la seguridad social y de fortalecerla, sin 
burocracias que la hagan insostenibles, y sin aparatos corporativos --del 
signo que sean-- que graviten sobre la administración, como es el caso del 
Sindicato Magisterial, con su Elba Esther, que se ha robado las cuotas 
sindicales de una década, y sin burocracias inflexibles como la del Seguro 
Social, que defienden la existencia de la institución pero no ofrecen un 
camino para capitalizarla. 
 
No pretendemos dar marcha atrás, y volver sobre una economía cerrada, y sin 
mercado mundial. Ni postulamos la reconstrucción del estado de bienestar. 
Pero todo esto que defendemos lo creemos posible. Y lo creemos posible sobre 
la base de una base social, colectiva y solidaria, en donde el núcleo o 
columna vertebral sea el cooperativismo, el marco general la rectoría del 
estado, y el marco jurídico una legislación que distinga entre empresas 
privadas y empresas sociales, tal y como lo recomienda la resolución de la 
Asamblea de las Naciones Unidas según el documento A/60/138, distribuido 
desde el 21 de julio de este año de 2005. 
 
México ha sido una tercera vía durante mucho tiempo. De carácter muy 
distinto a lo que pretendió el discurso safio y hueco de Tony Blair y su 
corifeo Giddens. Sin panegíricos a favor del gobierno mundial, y sin porras 
a las intervenciones del Tío Sam, los mexicanos supimos vivir, muchísimos 
años, claros de que es posible tener un sector privado, donde el esfuerzo 
personal y emprendedor, puede capitalizar los esfuerzos legítimos de un 
equipo, y en donde, al mismo tiempo, un sector social, integrado por 
productores tradicionales y modernos, impulsaba proyectos colectivos, donde 
el objetivo principal no es la utilidad, sino la satisfacción de las 
necesidades, y todo esto, enmarcado en una participación del estado, que 
imponía reglas a la circulación mercantil, y al mismo tiempo se encargaba de 
los sectores estratégicos de las comunicaciones, la energía, la educación, 
la salud y la seguridad social. 
 
Una economía mixta, como la que se contempla en nuestra Constitución, es, 
comparándola con lo que ha vivido el mundo en el Siglo XX, una tercera vía, 
por muy poca conciencia que hubiéramos adquirido los mexicanos sobre nuestra 
identidad histórica. 
No podríamos a pesar de ello, dejar de hacer referencia a las 
consideraciones que los ideólogos de la tercera vía neoliberal han 
planteado. Giddens, Blair o Schroeder han dicho algunas cosas que tienen que 
ser consideradas. Entre ellas las siguientes: 
1  la producción se ha internacionalizado y ello ha convertido a algunas 
empresas en obsoletas o incompetentes; 
2 esta competencia internacional ha establecido nuevos requerimientos de 
flexibilidad en los procesos laborales y tecnológicos; 
3  el sector público no se muestra suficientemente ágil para enfrentar estos 
retos; 
4 el sector de la economía estatal no puede crecer eficientemente; 
5 la seguridad social requiere una reforma profunda que no represente un 
mayor gasto corriente; 
6 la mano de obra debe ser hoy versátil y más productiva; 
7 se requiere el impulso de muchas pequeñas empresas y de un marco legal que 
fomente la libre iniciativa; 
8 hay que fortalecer la relación entre la actividad productiva y empresarial 
y la generación del conocimiento y sus aplicaciones tecnológicas;  y 
9 es necesario concebir una nueva política de empleo y bienestar resolviendo 
estos nuevos imperativos que impone el nuevo marco económico. 
 
Les pediré que me acompañen en un repaso de lo enumerado: 
En primer lugar, cierto es que al internacionalizarse la producción, acorde 
a la búsqueda de una producción más barata, las empresas no pueden mantener 
su operación con la misma lógica, ante la invasión de productos de menor 
precio. Sin embargo, en este fenómeno se ha dejado de lado lo que los 
economistas llaman costes indirectos, costes sociales, y externalidades, 
tanto ambientales como en las cadenas productivas. Lo que desde una 
perspectiva particular puede ser explicable, resulta completamente 
irracional desde la perspectiva global o de conjunto. Tomemos el caso del 
maíz, donde estas afirmaciones adquieren plenitud. 
Es más barato, para cualquier tortillero o fabricante de harina, comprar 
maíz importado, que nacional. Sin embargo, la compra que todos realizan de 
maíz norteamericano tiene los siguientes efectos. Uno, reduce la venta de 
cosechas nacionales, y al hacerlo provoca desempleo en el sector, y éste, a 
su vez, genera migración o mojados; las cadenas productivas vinculadas a la 
producción del maíz nacional se reducen, sensiblemente la de las semillas, 
los aperos agrícolas, los bienes salarios de los trabajadores respectivos, y 
aun la energía aplicada en esos cultivos. Todos estos afectados reducen sus 
contribuciones fiscales, y con ello empobrecen al erario. Se desalienta la 
investigación del cultivo, y con ello se estanca la productividad. Al 
perderse competitividad en el sector, se alienta la especulación de terrenos 
con fines no agrícolas, y se reduce la superficie sembrada y carácter 
campesino de la agricultura. El sector financiero se retira de la promoción 
o avío de tales actividades ³no rentables².  El saldo es un creciente 
desempleo directo e indirecto, un menor mercado, y un empobrecimiento del 
sector laboral.  Al precio bajo que pagó cada tortillero o fabricante de 
harina hay que agregar entonces el costo del desempleo, de la destrucción de 
la planta productiva, de la incapacidad para pagar impuestos, y de todo lo 
descrito. 
Paralelamente, se ha privilegiado el consumo de semillas que por su carácter 
transgénico ­que no son reproducibles--, crean dependencia permanente a su 
importación, estableciendo además patrones de consumo con menor ingesta 
proteínica (pues está demostrado que el maíz importado tiene menor cantidad 
de nutrientes que el de producción nacional), y con desconocidos efectos 
sobre la salud a causa de aflatoxinas, modificaciones genéticas y creciente 
empleo de agroquímicos. Y en sus lugares de origen y producción, se ha 
alentado finalmente un modelo de alto uso de energía, con evidente emisión 
de gases de carbono y su impacto sobre el efecto invernadero y el 
calentamiento terrestre. 
En resumen, al comer tortillas de maíz importado hasta huracanes alentamos, 
al mismo tiempo que más migración, pobreza y abandono de la identidad 
nacional.  
Estas razones nos llevan a decir, que si bien es cierto que algunas 
actividades son hoy incompetentes en el mercado global, no resultan más 
baratas cuando sustituimos la producción nacional por producción importada, 
y que cada caso requiere un análisis, pero no de microeconomía tipo 
Friedman, sino de economía política, como la seriedad que impone el caso. 
Y con esto dejamos claro que la internacionalización de las empresas no 
siempre representa una ventaja. Hoy podemos describir varios ejemplos en los 
que el problema son las importaciones, y en donde la tarea fundamental es 
reconstruir la cadena que va, desde la producción de materia prima y hasta 
los mercados terminales. 
No creo que hubiera que extenderse explicando por qué nunca podríamos 
alcanzar los niveles de productividad que han alcanzado los norteamericanos 
en maíz. Pues ellos producen en enormes áreas compactas, uniformes, 
mecanizadas, donde es posible sembrar al voleo y cosechar de manera 
mecanizada, cuando en nuestra contraparte el terreno no es plano, y tanto la 
siembra como la cosecha incluyen todo género de tecnologías, desde las 
formas más primitivas de hoyo por hoyo, hasta la labranza cero, y en donde 
la cosecha comprende básicamente mano de obra. 
Pero sí podríamos alcanzar a reconvertir varios sectores para ser 
autosuficientes y mucho más rentables de lo que somos hoy importando. Como 
en el caso de PEMEX, que está importando gasolina, en lugar de producirla, o 
de buscar producirla en otro país. O como en el caso del azúcar, el maíz, 
las llantas, y todo el equipo necesario para la producción y transformación 
de alimentos. 
Desde esta perspectiva, algunos sectores que se han descuidado, o 
abandonado, necesitan replantearse y diseñarse para que alcancen a demostrar 
su conveniencia económica como sistemas, y no comparando precios inmediatos. 
Un investigador de la UAM ha demostrado recientemente que la caña de azúcar, 
que desde la perspectiva neoliberal ya no es negocio, podría sacar al país 
de su dependencia en lácteos si se combina la obtención de azúcar con la 
producción de forrajes. Por nuestra parte, pensamos que además, también se 
puede complementar la producción de azúcar si además se fabrica etanol que 
se mezcla con la gasolina, y en general si se introduce al mercado la 
producción de biocombustibles.  De hecho es incluso necesario reconvertir 
los ingenios para que aprovechen parte de sus desechos en la producción de 
biomasa y reduzcan el consumo de energéticos externos. 
Cierto es que la competencia no nos permite cerrar hoy la economía y 
declarar simplemente ³de interés nacional² una determinada actividad. No 
tendríamos los recursos para hacerlo, como sí lo están haciendo los 
japoneses ­en el caso del arroz‹que no entra a Japón auque sea más barato, 
los europeos ­para el caso de la soya que subsidian mucho más que los 
norteamericanos--, o los hindúes ­para el caso de la leche‹en la que grandes 
porciones rurales de ese país son ahora autosuficientes. 
Pero también es cierto, y ahí está una de las razones que echan por tierra 
los supuestos neoliberales, que la flexibilidad requerida por las empresas, 
no se puede conseguir solamente reduciendo el ingreso de los trabajadores, o 
intensificando las jornadas laborales por encima del nivel histórico. Se 
consigue también, y más eficientemente, reorganizando el proceso productivo 
en su conjunto. Y esto sólo alcanza plenitud con el consenso que otorga la 
participación consciente, y ésta participación sólo es posible cuando existe 
un interés concreto, que no puede estar separado de la remuneración y el 
control del proceso económico. Remuneración que no puede ser mayor dentro 
del marco jurídico y el libre mercado entre los factores de la producción, 
como dicen los neoliberales, sino precisamente rompiendo ese marco con una 
nueva propuesta, en la que los trabajadores devengan copropietarios. Esa es 
la gran lección y novedad de la experiencia reciente. 
Y por ello la economía social, y por ello el cooperativismo. 
Pero antes, concluyamos con las reflexiones de Schroeder, Blair y Giddens: 
El sector público no es efectivamente el más ágil ni el más eficiente. Sin 
embargo resulta una falacia ante su burocratismo y dispendio postular su 
privatización. En el pasado reciente jugó un papel central al consolidar un 
patrimonio colectivo, y el que al mismo tiempo haya alentado el 
enquistamiento de una burocracia parasitaria, un sindicalismo corporativo y 
un saqueo del patrimonio público, no justifican la desaparición del sector, 
y lo que sí demuestran es que el estado requiere controles de la ciudadanía 
y la sociedad, que las empresas estatales no pueden estar a merced del poder 
gubernamental, y que se requiere contraloría ciudadana. Y que esta 
contraloría ciudadana tiene un nombre: autogestión y democracia 
participativa. Y que es eso sino economía social. 
PEMEX sin PRI es petróleo para los mexicanos bajo control de los 
trabajadores, sin sindicato corrupto y sin burocracia, pero en alianza con 
los técnicos y los especialistas que han desarrollado el sector y le han 
dado un carácter de industria estratégica. 
El estado devino ineficiente, pero aun hoy encontramos notables ejemplos de 
eficiencia presupuestal y de fomento a la producción en algunos programas 
públicos. Concretamente podemos mencionar el Programa PYME de la Secretaría 
de Economía, a través del cual se financia y apoya la creación de nuevas 
empresas, se fortalece a las que ya existen, y se vincula la 
experimentación, la ciencia aplicada y innovación tecnológica. Eso no es 
parte de la economía neoliberal. 
Si el socialismo de estado fracasó porque no se socializó el estado. La 
economía mixta o la tercera vía puede fracasar si no se instrumenta un 
control ciudadano sobre las empresas públicas, si no se alienta la 
autogestión obrera y si no se vincula a las empresas públicas con la lógica 
social. Y eso no es privatización sino socialización de las políticas 
públicas. Pero para llegar a eso antes hay que derrotar al estado 
neoliberal. Y eso no puede hacerse ni desde arriba ni con una acción 
fulminante, sino erosionando en cada lugar, la intervención tecnocrática, y 
construyendo, en cada lugar la alternativa social. Es lo que hemos estado 
haciendo y es lo que hemos demostrado que es posible. 
 
Continuando con las afirmaciones de la tríada que comentamos: La seguridad 
social está efectivamente en crisis. Y lo está no porque sea inherente al 
carácter de la intervención del estado en la economía, sino porque se 
robaron sus reservas técnicas y porque se planeo mal el crecimiento de la 
institución frente al cambio en la pirámide de edades y el porcentaje de 
dependientes. Los robos a la administración no son ciertamente de carácter 
tutelar ni parte de la economía del bienestar, sino ejemplo de la corrupción 
en esta tercera etapa del neoliberalismo. La solución costosa y difícil está 
en buscar el fortalecimiento de la institución por la vía presupuestal, que 
yo, en lo personal, juzgo francamente imposible. Pero la vía no es la 
privatización para destruir lo que se construyó en siglos, sino una 
paulatina transferencia de la institución al sector social. Los mismos 
interesados deberán administrar sus propias jubilaciones y prestaciones, y 
ellos tendrán que crear las nuevas reservas. Nadie mejor que ellos para 
hacerlo. Así lo están ya haciendo las cooperativas de Salud en Sudamérica, 
así lo están haciendo ya las cooperativas de pensiones en algunos países 
europeos. Así lo tendremos que instrumentar también aquí. 
 
La mano de obra tiene que ser hoy versátil. Desde la época de Marx ya se 
veía venir este proceso. El lo llamaba el advenimiento del politecnismo. El 
problema es que también choca con el marco jurídico vigente, porque los 
Contratos colectivos buscan la precisión en las responsabilidades, de tal 
manera que nadie esté obligado a poner o mover más de lo que se estipule en 
sus específicas funciones. Es una de las razones fundamentales para declarar 
obsoleto el marco jurídico del Contrato colectivo. No nos asusta decirlo. 
Pero la solución no es la indefensión del trabajador y la absoluta impunidad 
del contratante. En este, como en el caso de la flexibilidad laboral, y en 
el de la reorganización productiva y tecnológica, la única solución real es 
establecer un nuevo marco jurídico de propiedad, que integre a los obreros 
como propietarios de las empresas. 
La propiedad intocable del viejo régimen es el obstáculo principal para 
superar el marco jurídico de las contrataciones colectivas. Ahí no existe 
solución posible. Ni remiendo que sirva. Lo que necesitamos es simplemente 
abandonar el terreno de la legislación laboral del siglo XX y acogernos a la 
legislación social del Siglo XXI. 
En lugar de reformar La Ley Federal del trabajo, lo que necesitamos es darle 
propiedad a los trabajadores en cada una de las empresas. Con ello estaremos 
superando el marco de la lucha de clases, acabando con el régimen del 
salariado, y asociando al capital con el trabajo. No habrá sindicatos, y no 
habrá huelgas. Cuando la utilidad exista se repartirá acorde con el trabajo 
aportado, y cuando no haya productividad ni utilidades la pérdida o la 
miseria será igualmente compartida. 
Pasaríamos de los discursos retóricos a la construcción de una verdadera 
economía solidaria. Y para los que digan que es un sueño o una utopía ahí 
está Euzkadi. No es mi entelequia, es la realidad de seiscientos cincuenta 
trabajadores empresarios. Esa es una de nuestras aportaciones a la ciencia 
económica de este siglo XXI. 
 
A esto podemos añadir el componente de una política de fomento industrial, 
productivo y a la empresa o actividad emprendedora.  Si el estado, en lugar 
de pagar la mayor parte de su ingreso en pasivos e intereses lo destinara a 
la promoción de este tipo de empresas que reconstruyan las cadenas 
productivas, el crecimiento de la economía podría ser no de 3 o 7 por 
ciento, sino de cuarenta por ciento.  Lo que era Euzkadi abrió este año con 
una producción menor a mil llantas diarias, pero reduciendo costos. 
Actualmente produce cerca de tres mil llantas diarias, y el único obstáculo 
que tiene que vencer en los próximos meses es el financiamiento de la 
materia prima que dura unos noventa días hasta que se convierte en llantas 
vendidas. Superando ese impedimento de carácter financiero la planta crecerá 
al 10 o 15% el siguiente año. Y no son especulaciones sino proyecciones 
sobre la base de la operación actual. En un año podría superar los más altos 
niveles alcanzados bajo la forma capitalista anterior.  De la misma manera, 
si financiáramos la producción de maíz y azúcar en una nueva lógica, ambos 
subsectores de la actividad primaria podrían recuperar el empleo de millones 
de mexicanos. Y eso no se llevaría sino uno o dos ciclos agrícolas. Y eso es 
lo que queremos decir con crecer no al siete sino al cuarenta. Pero podría 
ilustrarse con el análisis de la industria siderúrgica, la petroquímica y 
otras ramas. Por la vía actual el crecimiento anunciado es imposible. A 
través de lo que hemos hecho y estamos proponiendo el país saldría de la 
postración y el estancamiento en un solo año. Claro que podría acompañarse 
todo esto con una reforma financiera que dejara en plena libertad a las 
cooperativas y alentara su integración a la actividad productiva. Con eso sí 
que se cimentaría una etapa de desarrollo generalizado.  En un año o dos el 
país podría recuperar no un millón de empleos, sino diez millones de 
empleos. Suena fantástico. Pero es perfectamente demostrable. 
El sector público recuperaría su papel rector, sin privatizar. Y el sector 
empresarial se renovaría bajo el signo de la asociación con los 
trabajadores. La economía especulativa quedaría atrás. Y los bancos tendrían 
que cerrar o cambiar de giro, de su orientación actual como succionadores 
del ahorro nacional tendrían que pasar de nuevo a financiar la producción. Y 
si no serían sustituidos por el cooperativismo liberado del marco jurídico 
de los chicagoboys. 
 
La parte más difícil es probablemente la de fortalecer la relación entre la 
actividad productiva y empresarial y la generación de conocimiento y el 
desarrollo científico. Hasta la fecha, no conozco ninguna universidad que 
haya reparado en lo que está ocurriendo en el sector social. Salvo 
investigadores específicos, no es fácil encontrar programas académicos que 
se propongan poner al servicio de la reingeniería de empresas lo que es la 
investigación académica. Y esto es válido tanto para las ciencias sociales, 
como para las ciencias económicas. 
En las universidades privadas se producen cuadros gerenciales para las 
empresas privadas. Por más que se exalte en el discurso neoliberal la 
excelencia de la educación privada no se han generado sino empleados. 
En las universidades públicas se ha alentado una tendencia a la especulación 
y el análisis de realidades virtuales o ideales. Pero la investigación de 
campo está desapareciendo de la currícula universitaria. Lo que hoy 
exponemos debería ser parte de las prioridades que ustedes investigadores de 
la sociedad tendrían que estar discutiendo y corrigiendo. 
Es indispensable que ustedes, como científicos sociales asuman que su 
responsabilidad es resolver problemas como la falta de empleo y la 
reorganización de las empresas, en lugar de especular sobre el fin de la 
historia, las ideologías en abstracto o las variables macroeconómicas y la 
lucha sindical. 
 
No es casual, a propósito de la crisis bancaria y el nuevo papel de las 
cooperativas, que los depósitos en cuentas de ahorros del sector de cajas y 
cooperativas sea, en promedio, dieciséis veces mayor que en las cuentas de 
cheques de los bancos, según los datos de la misma Secretaría de Hacienda. 
No es casual, tampoco, que toda la legislación impulsada por Hacienda, 
volviendo a lo de la segunda guerra fría, esté inspirada en una batalla 
contra el sentido social del ahorro, limitando el crecimiento de los 
organismos cooperativos, y poniéndose del lado de los bancos en su afán por 
expropiar el ahorro de los mexicanos.  Ese un tema para los economistas. 
No es casual la contrarreforma que aprobó la ciega cámara de diputados 
contra los fondos de autoaseguro a principios de este año, para subordinar a 
esas cooperativas de seguro a los bancos. No es casual que Paco Gil sea el 
jefe de los Chicago Boys en México, ni que sea su dependencia la que dicte 
todo el sentido de la legislación que pretenden imponer al sector social y 
las cooperativas. Es parte de la historia y ese es un tema para los 
licenciados en derecho. 
No es casual que se haya emprendido, desde las mismas fechas del famoso 
discurso de Blair y Schroeder, una lucha contra el primer banco surgido del 
sector mutual y cooperativo, el que se llamó Banco Interestatal, conduciendo 
a su director a la cárcel. No es casual que luego se haya conspirado contra 
El Arbolito, iniciando una cacería de brujas que satanizaría a las cajas y 
las cooperativas. Nada de esto es casual. Ese es un tema para los estudiosos 
de finanzas. 
No es casual que se haya sobornado con un millón de pesos a cada fondo de 
autoaseguro a principios de este año, para que aceptaran la reforma. O que 
se haya subsidiado la modernización del sector de Sociedades de Ahorro y 
Préstamo con sumas millonarias, con tal de conseguir su aquiescencia para 
aprobar la Ley de Ahorro y Crédito Popular. Todo es parte de esa segunda 
parte de la guerra fría. Y es penoso, pero hay que reconocer que así como 
muchos socialistas sucumbieron al discurso neoliberal de Blair y Giddens, 
así hoy muchos ³cooperativistas² han sucumbido a los proyectiles almibarados 
de hacienda, o a sus amenazas. Después de todo para pelear se necesita 
perspectiva histórica y conocimientos teóricos. Y ese es también tema para 
actuarios, administradores y economistas. 
Les expongo a ustedes un escenario y una estrategia. Pero no les presento un 
sector coherente ni en pie de lucha, sino un sector dividido y en absoluta 
confusión. Desde el periodo Salinista, en que se dividió al movimiento en 
sector de ahorro y sector de producción, se ha pretendido impedir que lo que 
los mexicanos ahorran sirva para su propio desarrollo. Desde entonces 
estaban ya los agentes del neoliberalismo conspirando y trabajando. Y lo 
seguirán haciendo. 
 
La propuesta del cooperativismo no es pues una tarea de remiendo del sistema 
capitalista, ni un pegote inocuo para mitigar sus nefandos e inhumanos 
efectos.  Es una alternativa. No estoy sugiriendo cómo componer el mercado, 
sino cómo actuar dentro de él para construir otra economía y otra nación. 
Hoy, algunos que se dicen partidarios del cooperativismo piensan que mi 
propuesta es conflictiva, pues se origina en el planteamiento de transformar 
las huelgas en empresas reestructuradas. Ellos proponen dejar al capitalismo 
como está y luchar paralelamente por una economía justa. Por desgracia no 
han comprendido dos cosas. En primer lugar que el papel de los científicos 
sociales no es dejar tranquila su mezquina conciencia, sino resolver 
problemas sociales. Y en segundo lugar, no entienden que no se trata de 
construir un pedazo de la economía que sea menos malo y que responda a 
imperativos éticos.  Estos cooperativistas son compañeros, pero no forman 
parte de la propuesta histórica, sino de los compañeros de viaje. Ellos no 
se proponen construir una nueva sociedad, sino hacer algo para que la actual 
no sea tan jodida.  
La tarea que proponemos es una tarea de reorientación de toda la economía y 
no solamente de algunas pequeñas unidades. No sugiero parchar lo que está 
mal sino construir otra cosa. Y no lo digo por inspiración libresca ni por 
pasión doctrinaria. Esto es lo que están haciendo las obreras de Bruckman en 
Argentina, lo que han levantado los cientos de miles de cooperativistas de 
la leche en la India y Bangla Desh, lo que pretenden los obreros rusos que 
no entregan las fábricas privatizadas, lo que levantan hoy los 
cooperativistas de la Alianza Cooperativista Internacional, y no menos 
importante, lo que contienen las recomendaciones de la Organización 
Internacional del trabajo, y del Consejo General de las Naciones Unidas. 
En la recomendación número 131, del 19 de enero de 2004, La Asamblea General 
de las Naciones Unidas emitió su resolución sobre las Cooperativas en el 
Desarrollo Social.  En esa resolución indica a sus miembros el  promover un 
entorno propicio para el desarrollo de las cooperativas., sugiere también la 
necesidad de crear un entorno propicio a las mismas; pide a los gobiernos 
garantizar disposiciones jurídicas y administrativas que protejan las 
cooperativas, y exhorta a los mismos estados y gobiernos a colaborar con las 
organizaciones internacionales del sector. 
Evidentemente, nuestro gobierno incumple estas indicaciones y 
recomendaciones, y atiende, en cambio, lo que dictan los organismos 
financieros internacionales. 
 
Los invito por ello a sumarse a este combate. Es el combate de los 
demócratas del siglo XXI contra la segunda guerra fría y por la sociedad 
solidaria. Y aquí, en México, es sumarse a la reconstrucción y 
fortalecimiento del sector social. El que nos dá identidad, cultura, 
dignidad y esperanza. No es un camino de Partido, ni un programa sexenal. Es 
la batalla por una nación y una nueva economía. 
 
Reitero mi gratitud por la oportunidad que me han brindado para exponer a 
ustedes. 
 
 
-------------------- 
 
-~--------------------------------------------------------------------~-
 
-~--------------------------------------------------------------------~-
         Compra o vende de manera diferente en www.egrupos.net