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Asunto:[redanahuak] El tiempo como atributo de los dioses / Leon-Portilla
Fecha: 1 de Abril, 2006  10:11:29 (+0100)
Autor:Ricardo G Ocampo <redanahuak @...............mx>

EL TIEMPO COMO ATRIBUTO DE LOS DIOSES


MIGUEL LEON-PORTILLA* 

Hemos visto que kinh, sol, día, tiempo, tiene para la conciencia maya un
carácter divino. El día y los ciclos que integran el tiempo existen por obra del
viejo rostro con ojo solar, la guacamaya de fuego que asciende, la deidad jaguar
o el perro que marcan el ocultamiento y el viaje por las regiones obscuras del
inframundo. En su incansable ir y venir por los caminos del universo, kinh, el
tiempo, trae consigo la gama de atributos e influencias inherentes a los
distintos periodos y a los momentos que se consignan en las inscripciones y los
códices. A través de los grandes "soles" o edades del mundo, los días y las
veintenas de días, los años, las veintenas de años y las cuentas de todos los
ciclos posibles, llegan con sus cargas que es necesario conocer para poder prever
sus influjos.

Los sabios mayas, dueños de los módulos para pensar las medidas del tiempo,
expresan sus cómputos combinando numerales con los distintos glifos del día y del
mes dentro de "la cuenta larga", o por medio del signo solar de Ahau y de su
correspondiente guarismo en el caso de los ciclos o "ruedas de los katunes". Por
ello precisamente los veinte glifos de los días y los dieciocho de los meses, mi
como los distintos numerales, plenamente identificados en las estelas y los
códices, son la clave para penetrar más cabalmente en el mundo de las
connotaciones que tiene para ellos el tiempo. Como en el caso de kinh, igualmente
los numerales y los otros glifos, expresión de sus distintos periodos, tampoco
son meras entidades abstractas, sino todo lo contrario, rostro y personificación
sobrenatural de los elementos buenos y malos que sin interrupción actúan en el
mundo.

Los días, escribe Thompson, son seres vivientes. Son fuerzas personificadas a
las cuales los mayas dirigen sus devociones. Su influencia permea todas las
formas de actividad y todos los momentos de la vida. Son en verdad auténticos
dioses.1

Imposible sería hacer un estudio del panteón de los mayas o de su pensamiento
teológico sin conceder atención principal a todas estas deidades de los distintos
periodos, así como a la complejidad de sus relaciones a través de los cómputos
cronológicos. Podría incluso pensarse que aquí precisamente se encuentra el
meollo de la concepción maya de la divinidad y del mundo. Por esto en los varios
intentos llevados a cabo para identificar y correlacionar a los dioses, ha sido
decisivo el esclarecimiento de la simbología de estos glifos.

Por lo que toca en particular a los números, fundamentalmente interesan los que
van del uno al veinte, o si se quiere, del uno al diecinueve, más el signo de
"completamiento", el "cero" de los mayas. Por ser un sistema vigesimal el de
esta cultura, éstos son obviamente sus guarismos básicos. Y vale la pena recordar
que, gracias a los ya citados estudios comparativos de las lenguas mayances,
sabemos que los nombres de estos números en los distintos idiomas muestran un
mismo origen y obvias semejanzas que en algunos casos son identidad.2 Buena
prueba tenemos en esto de la antigüedad, no ya sólo del sistema vigesimal entre
los mayas, sino también de la conceptuación misma de sus guarismos, expresados
con vocablos afines y por medio de glifos con vigencia también universal.

Revelador es el análisis de las variantes glíficas de los numerales. Por una
parte están, como su forma más frecuente de representación, los puntos que
expresan unidades y las barras como signos de cinco. Aun en este primer sistema
hay connotaciones dignas de tomarse en cuenta: por medio de colores se apunta a
las distintas aplicaciones de los numerales. Los acompañantes o "portadores" de
los días aparecen pintados de rojo; los de los meses son negros. Pero, como lo
nota el tantas veces citado Thompson:



"Los mayas con su actitud mística respecto de los números, no estuvieron
satisfechos con representarlos tan sólo por medio de puntos y barras. En muchos
textos, aunque pocas veces en el Dresde y nunca en los otros códices, los números
están expresados por figuras de dioses, cuyos rasgos y atributos son la clave
para identificar el numeral."3



A partir sobre todo de las investigaciones de J. T. Goodman, se ha logrado
identificar las figuras de cada uno de estos "dioses de los números", los
portadores de las cargas de tiempo.4 Justamente su identificación y el estudio de
sus relaciones con las deidades de los días, los meses y los otros periodos, así
como con la simbología en general del panteón maya, ha hecho posible no sólo la
elucidación de buena parte de estos complejos sistemas cronológicos, sino también
toda una serie de reflexiones acerca de la significación más profunda que tuvo
para la conciencia maya el tema del tiempo.5

Es en las inscripciones de la época clásica donde mejor se refleja el antiguo
pensamiento acerca de la sucesión interminable de los ciclos de tiempo con rostro
y figura de dioses. A través de las edades cósmicas, ha renacido la existencia
gracias a kinh, deidad, sol, día, tiempo. Por esto el hombre conoce y se acerca a
los dioses como portadores de los distintos periodos: sus rostros son la
significación viviente del tiempo. Situados los sabios mayas en su peculiar
universo teñido de sentidos y relaciones mitológicas, cada momento es para ellos
manifestación de fuerzas, favorables o adversas, pero siempre con rostro de
dioses. Como en un escenario siempre cambiante, los dioses del día y la noche,
los de los meses y los números, las deidades de todos los ciclos de tiempo, son
los actores en este universo en que literalmente hay entradas y salidas que
determinan los destinos y llevan consigo la vida, y la muerte.

La antigua simbología consigna los rostros con los cuales hacen su entrada los
dioses que a la vez son el tiempo, porque éste es su atributo y su carga. Los
sacerdotes computando periodos de tiempo, buscan predecir cuál será la
correspondiente actuación de los dioses, el destino inherente a cada
momento-deidad.

Para acercarnos un poco al meollo de esta peculiar concepción parece
indispensable recordar antes lo más significativo de los atributos de los
principales dioses-periodos-de-tiempo, los personajes del drama en el universo de
los antiguos mayas. Atenderemos primeramente a la serie de cada uno de los kinh,
los veinte días-dioses que después habremos de relacionar con las deidades de los
números, las de los meses, los años y las veintenas de años o sea los katunes. Al
referirnos a los veinte dioses de los días, emplearemos los términos calendáricos
del maya de Yucatán, como designación la más usual, pero nos fijaremos sobre todo
en el simbolismo expresado en las inscripciones y glifos. Aunque no hay
concordancia en todos los vocablos que expresan sus nombres en los distintos
idiomas mayances, sí puede afirmarse, como lo han mostrado varios estudiosos, que
existe afinidad en las connotaciones de varios de los términos con que se designa
a un mismo día o mes.6

Imix, el primero de los días, connota la deidad monstruo de la tierra, raíz de
donde todo procede. Entre sus símbolos están la flor de loto, la cabeza de una
especie de dragón o el ofidio fantástico desprovisto de quijada inferior y con
una protuberancia colgante por nariz. A continuación viene Ik, el viento y la
vida, voz y concepto con vigencia en todos los grupos mayances. Ik introduce al
dios de la lluvia. Akbal es la tiniebla, connotación del inframundo, y del
jaguar, el sol nocturno que lo recorre. Kan es el signo del joven-dios del maíz,
señor que trae consigo abundancia. Chicchan es la serpiente celeste y también las
cuatro deidades con aspecto de ofidios que moran en lo alto, por los cuatro
rumbos del mundo, y hacen bajar la lluvia. Cimi, como lo muestran sus atributos,
es el día del dios de la muerte. Manik con la representación de una mano, trae
consigo al dios de la caza. Lamat es el signo del señor de "la estrella grande" o
sea del planeta Venus. Muluc, bajo la influencia del mítico pez Xoc, tiene por
símbolo el jade y el agua y es un aspecto de las deidades de la lluvia. Oc se
presenta con cabeza de perro. Su figura guía, una vez más, al sol en su viaje por
las regiones del oscuro inframundo. Chuen hace su entrada como otro aspecto de la
divinidad solar. Con rostro de simio aparece como "el gran artista", protector
del saber y las artes. Eb muestra su rostro con prominente mandíbula. En
combinación con Cauac, es signo que evoca al dios que envía las lluvias dañinas.
Ben es el señor que fomenta el crecimiento de la planta del maíz. Ix es reiterada
aparición del dios jaguar en relación con la tierra y el mundo de abajo. Men
introduce el rostro anciano de la diosa lunar. Cib con el glifo en forma de
concha, o con la variante del rostro que recuerda al dios jaguar, entra en
probable relación con los cuatro Bacabes que sostienen al mundo y son asimismo
patrones de los agricultores. Caban es la joven diosa de la tierra, del maíz y
también de la luna, deidad joven y anciana a la vez. Etz'nab tiene por signo lo
que parece ser el emblema del dios de los sacrificios, la navaja o cuchillo de
obsidiana afilada. Cauac es el día de los "dragones" celestes, deidades de la
lluvia y la tempestad. Su signo recuerda al de otros días, en particular al de
Chicchan. Finalmente, el último signo de los días, el vigésimo, es Ahau,
presencia radiante del sol, manifestación de kinh que confirma que él mismo, el
postrer día que marca los katunes, no sólo es un rostro divino, sino señor y raíz
misma del tiempo7 (figura 1).

Figura 1. Los glifos de los días en las inscripciones y en los códices. Ejemplos
de formas simbólicas y de rostros o personificaciones.
a) Cimi: Copán, pectoral de una estatua; Tikal, alt. 5; Dresde l2a; Landa.
b) Oc: Uaxactún, fresco G 1; Yaxchilán L; Dresde 45a; Madrid 45a.
e) Eb: Placa de Leiden; Quiriguá C.; Dresde l2a; Madrid 13b.
d) Ahau: Copán M.; Chichén 5; Dresde 24; Chumayel.
(Fuente: Thompson, Maya HíerogIvphic Writing) 

En resumen, los días traen consigo los atributos y rostros de las principales
deidades del antiguo panteón de los mayas. El sol, kinh, el regente supremo del
tiempo, aparece seis veces, en los días 39, 109, 1 1º 149, 16º y 209 de la serie,
con máscaras de jaguar, de perro y de simio o como águila y "Señor" bajo el signo
de Ahau. La deidad o deidades de la lluvia, en relación con el viento o bajo el
símbolo de los ofidios y los dragones celestes, se presentan cinco veces en los
días que ocupan los lugares 2º, 5º, 99 y 12º y penúltimo. La efigie del joven
dios del maíz, ideal de belleza entre los mayas, se nos muestra dos veces (días
4º y 139). Otras tantas aparece la diosa joven y anciana de la luna que también
fomenta el maíz y es venerada como señora de la tierra (días 159 y 17º). La
tierra misma, el monstruo divino del cual todo nace, es precisamente el primer
rostro de la serie de los días. Finalmente encontramos a las deidades de la
muerte, de la caza, de la "estrella grande" y de los sacrificios en los días 69,
79, 89 y 189 respectivamente.

Si confrontamos ahora los rostros de los dioses-días, con los de las deidades de
los números encontramos, más allá de las diferencias y de otros complejos de
símbolos, varias de las mismas figuras ya conocidas, las personas divinas del
drama que tuvo por tema el significado del tiempo en el universo que pensó para
sí el hombre maya. Atendiendo a los rasgos principales connotados por la
simbología de los numerales, portadores de las cargas de tiempo, puede ofrecerse,
a modo de resumen, el cuadro siguiente:

Hun, el 1; ca, el 2; y ox el 3, aparecen como tres rostros jóvenes. El del uno
es la diosa de la luna, la misma bajo cuyo patrocinio está el mes Kayab. El dos
es el señor de los sacrificios, relacionado con la deidad del día Etz'nab. El
tres con el símbolo Ik, es divinidad del viento y la lluvia.

Los rostros del 4, can, y del 5, ho, se hacen presentes con aspecto de ancianos.
El cuatro es kinh, el sol viejo, relacionado con el día Ahau. El cinco es la
deidad del interior de la tierra., el dios Mam, el mismo del día Imix.

El 6, uac, y el 7, uuc, ostentan ambos nariz roma. El seis, relacionado con el
dios B, es señor de las lluvias y las tempestades. El siete es el dios jaguar,
deidad del inframundo, con el símbolo de la noche.

Una vez más encontramos los rostros jóvenes, el del 8, uaxac, y el del 9, bolon.
El ocho es el dios del maíz. El nueve es el dios serpiente, Chicchan.

El 10, lahun, es el rostro de la deidad de la muerte. El 11, buluc, tiene por
signo característico el de caban, la tierra. Es el mismo dios que gobierna el día
Manik, el del venado y la caza. Es el señor de la tierra y el monte. El 12, laca,
es otro dios más de rostro joven con el signo del cielo y en relación estrecha
con el planeta Venus. Oxlahun, el 13, además de aparecer algunas veces como suma
de los atributos de los rostros del 10 y del 3, se presenta como deidad acuática
que guarda semejanza con la que preside el día Muluc. Los numerales siguientes,
del 14 al 19, no ocultan la fusión de rasgos, variantes del rostro del 10 con
elementos que corresponden a las deidades del 4 al 9. Finalmente el cero o signo
de completamiento, además de sus otras formas simbólicas, entre ellas la concha,
se presenta también bajo la figura de un rostro con rasgos que connotan la imagen
del dios de la muerte (figura 2). 



continúa...


*Miguel León Portilla (México 1926), reconocido investigador de la cultura
náhuatl, es autor entre otros estudios de: La Filosofía Náhuatl, U.N.A.M., México
1966. El Reverso de la Conquista, J. Mortiz, México 1970. Visión de los Vencidos,
U.N.A.M., México 1969. Toltecáyotl. Aspectos de la Cultura Náhuatl, F.C.E.,
México 1980. Los Antiguos Mexicanos, F.C.E., México 1970. México Tenochtitlan, su
Tiempo y Espacio Sagrado, INAEH., México 1978. El presente texto constituye el
capítulo III de su obra Tiempo y realidad en el pensamiento maya, publicada por
vez primera en 1968 (Universidad Nacional Autónoma de México) y reeditada en 1986
incluyendo un Apéndice con nuevas aportaciones.


http://www.geocities.com/athens/atrium/9449/portilla.htm



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