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Asunto:[redanahuak] La cuestion indigena / Julio Pomar
Fecha:Sabado, 12 de Enero, 2008  11:36:06 (-0600)
Autor:Proyecto Interredes <lacasadelared @.....com>

From: Julio Pomar <pojulio2@...> 
Date: 10-ene-2008 12:56 
Subject: (4) Palenque 10 enero  --indios Chile.doc 
To: Ricardo Ocampo <lacasadelared@...> 
 
 
 
Escrito: jue 10 ene 08 
 
Palenque 
 
La cuestión indígena 
 
 
A Carmen Aristegui, con mi 
respeto y solidaridad plenos 
 
Julio Pomar 
 
 
 
         ¿Qué es el indigenismo en la América Latina actual? Nada más, 
pero nada menos, una forma de liberación de los oprimidos originales; 
una manera en que nuestra historia responde al aplastamiento 
occidental a nuestras culturas y pueblos madres; una actitud de 
rebeldía inmanente ante la injusticia ancestral; una vía para remover 
la pesada lápida del pasado colonial en Nuestra América; una respuesta 
al "encontronazo" genocida --no encuentro beatífico-- de dos mundos 
hace cinco siglos, que Spengler definió como "el asesinato de una 
cultura". 
 
 
 
El indigenismo, sin embargo, es para la inmensa mayoría 
latinoamericana un recurso ocasional de acción que practicamos con más 
o menos denuedo cada que los "asuntos indígenas" llaman nuestra 
atención o nos explotan en la cara. No es una preocupación diaria, 
pero sí permanente, persistente, que corre por las oscuras venas de 
nuestro pasado y refluye en el presente. Sabemos que no habrá 
liberación posible del ser humano latinoamericano mientras subsista la 
discriminación contra la cultura india y, sobre todo, contra los 
indígenas. Y pese a esa conciencia, no enarbolamos la causa de los 
indígenas sino hasta que ellos mismos deciden decir ¡ya basta! de 
explotación y discriminación. 
 
 
 
         Por contra, se puede entender qué clase de engendro es el 
anti indigenismo: la sumisión a los viejos y caducos cánones sociales 
y culturales de la opresión colonial inaugurada por los conquistadores 
hispanos y malamente heredada por los criollos más o menos blancos que 
los sucedieron en la ejecución de la Encomienda explotadora; la 
militancia en la intolerancia criolla blanca de que siguen siendo 
víctimas los suprimidos hace quinientos años, los últimos de los 
últimos en la escala social latinoamericana. Así que ser indigenista 
no es una cuestión folklórica, aunque la abarque, ni de romanticismo 
histórico, sino de ser partidario y en su caso practicante de la 
justicia social más elemental, en el aquí y el ahora. 
 
 
 
El 27 de diciembre recibí del respetable amigo el periodista chileno 
Hernán Uribe, un extraordinario artículo en el que analiza la 
situación de ilegalidad en que los indígenas chilenos viven su 
presente, no mejor que su pasado, en lo que bien se puede calificar 
como un etnocidio legal, por estar solapado con pretensiones de 
legalidad. El senado chileno, reseñó Uribe, desechó en 2007 por 
mayoría una propuesta de la presidenta Michelle Bachelet para 
reconocer en la Constitución la personalidad de los pueblos primarios. 
Y ese viene a ser el trasfondo "legal" de la opresión que se ejerce 
contra los mapuches chilenos ("que caprichosamente los españoles 
bautizaron como araucanos", amén de que a todas las etnias chilenas, 
que son nueve, las englobaron bajo ese denominativo común, en práctica 
despectiva). Ese es el mismo trasfondo de la actual represión contra 
cinco luchadores mapuches en huelga de hambre, encarcelados bajo una 
condena a 10 años, sentencia basada en una llamada Ley Antiterrorista 
heredada de la dictadura del corrupto Pinochet, que ignora la 
resolución de la ONU, apoyada por 143 países, que proclama los 
derechos de los descendientes de los habitantes originales. 
 
El asunto de cualquier manera me hubiese interesado siempre, 
efectivamente, pero una experiencia personal de 1964 --la primera 
salida al mundo exterior de este periodista-- me refluyó al leer a 
Uribe. En octubre de ese año visité Chile como periodista y estuvimos 
en el mismo Santiago, Concepción, Talcahuano, Lota y Coronel 
(poblaciones mineras), Puerto Varas, Valdivia, Temuco, Osorno y Puerto 
Montt. Junto con otros periodistas mexicanos estuvimos en la toma de 
posesión del primer Frei, democristiano, y nos enfrentamos, algunos de 
nosotros con gran expectación, a una de las primeras realidades 
verdaderamente democráticas de América Latina en ese momento, que el 
pinochetazo vino a destruir de momento. 
 
 
 
         La caduca carga hispanófila seguía estando viva en muchas 
partes de Chile. A la orilla del lago Llanquihue, parte de la mal 
llamada "Suiza americana", en una comida encabezada por un fulano de 
tal, hombrecillo insignificante pero ¡ah! propietario de tierras 
"desde la cordillera hasta el mar", este se mofó de los indígenas, 
eructando doctoralmente que eran pobres por holgazanes y tontos, que 
nos removió el indigenismo raigal que casi todos --aunque no todos-- 
los mexicanos cargamos en el magín, y la comida desembocó en una 
ríspida alegoría de mentadas de madre. En muchos sitios seguían 
escribiendo Méjico con "jota", herencia de un legado anti indígena e 
hispanista ultramontano. Especialmente en Temuco, ciudad enclavada en 
territorio mapuche donde era evidente la actitud discriminatoria de 
los criollitos blancos contra los indígenas, donde los meseros 
mapuches del restaurante del hotel en que nos alojamos se dedicaban a 
atendernos a los mexicanos y a desatender a los demás,  por el solo 
hecho de ser mexicanos, hasta que llegó uno de sus capataces (usted 
adivinó, otro criollo blanco) y los apartó. Lo cual no impidió que los 
meseros indígenas nos obsequiaran dos botellas de excelente vino tinto 
a los periodistas mexicanos que en esa mesa estuvimos departiendo con 
los meseros. Temuco, según recuerdo, fue una de las regiones más 
pobres que visitamos. Pero una donde, a la vez, los habitantes 
mantenían un decoro personal y dignidad pocas veces vistos por 
nosotros. No en balde, pues fue uno de los centros de la rebelión 
indígena contra la conquista hispana, de la cual surgieron figuras 
imperecederas como Lautaro y Fresia. Ese era, a través de estos dos 
leves datos, el Chile que avizoramos como discriminador de los 
indígenas. 
 
 
 
         Así que Chile entero está en deuda con sus indígenas. Eso es 
lo que indicó la votación senatorial "criolla blanca", 44 años 
después, que no quiso darle personalidad jurídica plena ni derechos a 
los indígenas actuales, sino que mantiene a algunos de ellos en la 
cárcel por "terroristas". Que quizás está en el fondo de la 
irascibilidad de los oligarcas chilenos contra los bolivianos 
(predominantemente indígenas) y su demandada salida al mar. Pero lo 
mismo se vive en México, que en Guatemala, que en Ecuador, etc. Será 
"por la razón o por la fuerza" --reza el himno chileno-- que esa 
situación habrá de cambiar, qué duda cabe. El horno de nuestros 
pueblos no está ya para bollos hispanos ni para hot dogs, pero 
crecientemente, sí, para choclos, cazuelas, arepas, corundas, tamales, 
hallacas, quesadillas, barbacoas y curantos. 
 
 
 
pojulio2@... 
 
 
 
Lea el Diario El Puente 
www.diarioelpuente.com 
y esté muy bien informado 
 
 
No deje de escucharnos de lunes a 
viernes en Radio Capital, programa 
CON CLASE, 830 de am, 17 a 18 hs 
 
 
 
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