Santiago Pando: México tiembla de miedo
Miedo a perder lo que nunca hemos ganado...
Tenemos miedo. Mucho miedo.
Miedo a la verdad. Miedo a que la verdad se vuele y se instaure como gobierno.
Miedo
a que lo que sentimos sea cierto. Miedo a lo que ya vemos y todavía no
se ve. Miedo a lo que se escucha por dentro de uno. Miedo de verdad.
Miedo a que el sistema se acabe de derrumbar antes de construir uno nuevo.
Miedo a la responsabilidad. Miedo a no tener a quién echarle la culpa.
Miedo a perder lo que nunca hemos ganado. Miedo a perder la inseguridad que no nos deja dormir en paz.
Miedo a perder las Instituciones que velan día y noche por nuestro malestar.
Miedo a perder la injusticia social ganada a sangre y fuego desde la revolución.
Miedo a perder el discutible gusto de tener en la tele a López-Dóriga y a Adal Ramones.
Miedo a perder las limosnas del Gobierno en turno.
Miedo
a perder la posibilidad de escoger entre a los que ya no queremos y a
los que ya no soportamos. Miedo a que se acabe la democracia del miedo.
Miedo a perder el privilegio de vivir en el país donde el crimen organizado organiza al gobierno y sus leyes.
Miedo a darnos cuenta. Miedo a romper el espejo y cambiarlo por una ventana.
Miedo a que sea mentira la que fue verdad, miedo a que sea verdad la que no es mentira.
Miedo a lo que está por saberse.
Porque pocos lo saben todavía, pero México atravesó el espejo en el 2000.
El espejo del pasado dejó de reflejarse en el futuro desde entonces.
Ese
espejo es el viejo sistema. Y ese sistema es tan solo un conjunto de
viejas creencias. Creencias que se hicieron ley a fuerza. A fuerza del
miedo al monstruo, al sistema que hoy agoniza.
El pasado fue derrotado por su propia mirada. El PRI se derrotó a si mismo. Al igual que el PAN y el PRD.
Fox se mordió su prozáica lengua. La Malinche moderna le embrujó su veneno.
La
soberbia de López Obrador lo hizo insufrible, la insipidez de Calderón
lo volvió incoloro. Todos perdieron, nadie ganó. Eso es precisamente lo
que nos da miedo: la orfandad.
Nos da miedo cambiar. Nos educaron, de manera pública, laica y gratuita, para ser conservadores y obedientes.
Nos
da miedo un cambio tan brusco, pasar de cómodos obedientes de un
sistema de creencias a ser los pilotos de una nueva nave de conciencia,
no es cualquier cosa. Pero ya es inevitable, ya hicimos el cambio.
Y
nos da miedo saber lo que hicimos.Nos da miedo la responsabilidad que
conlleva. Nos da miedo reconocer que no sabemos si tenemos el valor que
se requiere.
Nos da miedo volar solos. Nos da miedo volar y punto. Porque nos dijeron que no podíamos volar.
Y nos dijeron que la verdad es letra muerta que viene del pasado y resulta que la verdad está viva, y es nuestro presente.
Nos dijeron que los ciudadanos no contamos y mira todo lo que provocamos.
Nos
dijeron que no hay más verdad que la oficial y resultó ser una mentira
de oficio. Nos dijeron tantas y tantas mentiras que nos da miedo la
verdad.
Porque la verdad es luz que vuela con nuestros pensamientos.
Y la luz se encendió. Y la luz es aire puro. Y la luz los desnudó. Y la
luz no se detiene hasta encenderse en el cielo a todo color. La luz es
el fruto de la resistencia.
La resistencia de millones de corazones rebeldes. Corazones abiertos de par en par, cual ventanas mirando hacia delante.
El México de los espejos está roto.
El espejismo se cuartea, la vieja lógica se corta las venas, el viejo sistema se desangra públicamente.
El miedo los tiene invadidos por dentro. Quieren correr pero no pueden.
Quieren huir pero no tienen a donde. Quieren esconderse pero son demasiados.
Quieren
actuar como si no pasara nada, pero es imposible: ya todos sabemos que
son ellos los culpables de todo lo que está pasando.
Y mira que está pasando de todo. Y mira que son todos ellos.
Están
exhibidos, la luz ha convertido su actuar en un aparador. La política
está en barata y descontón. Y la luz no se detiene, sigue volando la
imaginación. Por eso retiembla en su centro la Tierra.
Si eres uno de los corazones rebeldes, no tengas miedo.
Mejor desnuda tu mirada y atraviesa lo que queda del espejo.
Del otro lado esta el México imaginado por tantos y para todos.
Abrir los ojos es perder el miedo y echar a volar la imaginación.