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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Los Petalos del Alma (28)
Fecha:Sabado, 30 de Noviembre, 2002  16:32:27 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

BOLETIN

CENTRO ESCUELA CLARIDAD
Centro de Educación para el Crecimiento y Transformación del Ser Humano

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LOS PETALOS DEL ALMA

Línea tras línea, precepto tras precepto, haga cuanto sepa hacer; el resto le será dado.

Lección 12
 
Amor

 

 

Introducción

 

Debe amar al Señor, su Dios, con todo el corazón, la mente y el alma, y al prójimo como a usted mis­mo, pues ésta es la ley general”.

 

“La culminación de esta serie de lecciones será el amor. Él amó tanto al mundo que entregó a Su Hijo, a Su Ser, para que el hombre fuera conscien­te de la Unidad del Padre en la tierra”.

 

A menudo, relacionamos la palabra “amor” con el ro­mance, la pasión o con el sentimiento que compartimos con otra persona (padre, madre, cónyuge, amigo o hijo). Si bien es cierto que se trata de amor, no se puede decir que descri­ban la naturaleza del amor en sí mismo. El amor es mucho más que un sentimiento humano. El verdadero amor es en­tregarse a los demás sin recibir nada a cambio. En última ins­tancia es un estado de ser que permite que Dios se manifies­te continuamente a través de nosotros como canales de Sus bendiciones.

 

El fin último de la vida es de­jar que el amor de Dios se manifieste en la tierra a través de nosotros. Por lo tanto, el amor puede ser el mayor servicio que podamos ofrecer a los demás. De hecho, en sentido estric­to, el amor es la base de todo cuanto nos rodea.

 

“Los hilos de la luz aman primero, pues «aunque pueda tener el don de la profecía, aunque pueda hablar lenguas des­conocidas, aunque entregue mi cuerpo para ser inmolado si no tengo el espíritu del Hijo del hombre, de la Conciencia de Cristo, del Espíritu de Cristo, no soy nada». Porque, los hijos de la luz conocen a Dios, pues Él les llama por su nom­bre”.

 

A pesar de las necesidades materiales de la vida, todo cuanto precisamos es amor. Sólo a través de nuestro deseo por expresar el amor incondicional, las Fuerzas Creativas podrán obrar en nosotros. El amor es el fruto perfecto del espíritu. El amor es entregar lo mejor que hay en nosotros, es la expre­sión del bienestar, es el gran maestro. El amor permite que alcancemos uno de los propósitos de la vida, pues sólo a tra­vés del amor el espíritu puede manifestarse en la tierra.

 

El amor incondicional, el amor divino, es universal y, por tanto, no conoce preferencia alguna. Entre el concepto de unidad y la presente lección sobre el amor hay una estrecha correlación: si la unidad se relaciona con la universalidad de la Fuerza única, el amor puede considerar­se la expresión de dicha fuerza. Respecto a las formas a través de las cuales se manifiesta el amor de Dios, no hay límite alguno a la hora de experimentar personalmente el amor del Creador.

 

“Cada uno encuentra en el amor aquello que anhela. En la sonrisa de un niño, en la esperanza, la luz, la búsqueda, la manifestación del amor puro e inmaculado. El amor puede contemplarse en el anhelo de la rosa por manifestar su belleza para glorificar a su Hacedor. El amor puede hallarse en la amistad sincera y desinteresada que se convierte en fraterni­dad. El amor puede sentirse en la armonía de una canción que expresa la alabanza del alma al Dador de la luz. El amor puede hallar su expresión en el cumplimiento del deber que antepone las necesidades de los demás a las del propio yo, como hizo Él al entregar Su vida por nosotros. El amor pue­de manifestarse a través de la palabra que, en ciertas circuns­tancias de la vida, puede llegar incluso a ser como el vaso de agua que sacia al sediento, un amor que responde a la máxi­ma «Díos es amor». El amor puede hallar su expresión en las obras que el yo lleva a cabo siguiendo el precepto «Cuanto hagáis al más débil de vuestros hermanos, me lo hacéis a mí». El amor hallará la gloria en la satisfacción del corazón alegre para el que cada día es una nueva oportunidad para ayudar y estar al servicio de las vidas de los demás. El amor se ma­nifiesta, en última instancia, esperando que llegue por fin el día en el que el yo se entregue completamente a Su servicio volviendo a formar una unidad con y en Él”.

 

En otras palabras, el amor es un estado de ser que des­cubrimos al tener plena conciencia de Dios. El amor se ex­presa siempre que nos convertimos en un canal de Sus ben­diciones y cumplimos plenamente el fin último de nuestro ser. El amor es la condición que favorece la manifestación de nuestra unidad interior. Con el tiempo, y a medida que nues­tra conciencia se amplía, descubriremos que el amor pro­cede de Dios y que, al igual que nuestro Creador, está en to­das partes.

 

 

El Gran Mandamiento

 

En el Nuevo Testamen­to, nuestro Hermano Mayor afirma: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento”. El segundo es semejante a éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 22, 37‑39).

 

Haciendo eco de las palabras de Jesús: “El primer y último mandamiento constituyen la ley general: Debe amar al Señor, su Dios, con todo el corazón, la mente, el alma y el cuerpo, y al prójimo como a usted mis­mo. El resto sólo explica, sólo interpreta, sólo manifiesta al individuo, los principios de la ley. Por tanto, la ley es el amor y el amor es la ley. Por tanto, el Señor es uno y el mismo”.

 

¿Por qué el Gran Mandamiento nos insta a amar a Dios sobre todas las cosas? Quizá porque si podemos aprender realmente a amar a Dios, todo cobrará sentido. Si somos ca­paces de manifestar plenamente nuestro amor a Dios, tendre­mos ocasión de contemplar en todo ser humano el amor del Creador. Cuando el amor forma parte de nuestra conciencia, podemos sentirlo en la tierna sonrisa de un niño, en la belleza de una rosa, en una amistad desin­teresada y, de hecho, en todo cuanto nos rodea.

 

Otra posible interpretación del énfasis sobre el Gran Mandamiento se asienta sobre la base del fin último de nuestra existencia en la tierra: ser un canal de ben­diciones, un canal del amor de Dios, para los demás.

 

“Mantenga alegre su corazón. No considere el servicio hacia Él un deber, sino el privilegio de manifestar en su vida y en su experiencia Sus bendiciones y la oportunidad de canalizarlas a sus semejantes. De esta forma, su propia experiencia se colmará de alegría y de mayores bendiciones. Sepa que hasta que no haga propia su experiencia, hasta que su alma no la haga propia, tan sólo será mera teoría. Así pues, si vive diariamente la opor­tunidad de estar al servicio de los demás, de ser un canal de bendiciones para los demás, su propia vida, su propia experiencia presente, será fortalecida por el Señor”.

 

¿Qué tipo de conciencia personal es la meta final a alcan­zar por el hombre?

 

“Cuando ame a Dios más que a sí mismo, despertará a su propio yo para entrar a Su servicio, para cumplir Su volun­tad. Porque debe saber que Él encontrará Su camino en us­ted. Si es altruista, si es consciente de Su Espíritu y de Su amor, sentirá como Él guía sus palabras, actividades y su entrega al servicio de los demás”.

 

En otras palabras, el Gran Mandamiento se refiere al amor en esencia. El amor no es un mero sentimiento afectivo o pasional, no es posesivo ni condicional, no es celoso ni inse­guro; el amor es un estado de nuestra propia conciencia, es entregar lo mejor de nosotros sin esperar nada a cambio.


En Gratitud, Unidad, Orden, Luz y Amor...

¡Bendiciones Infinitas en todos los planos!

Juan Angel Moliterni
Filosofo y Astrólogo Humanista Dhármico

e-mail: claridad@arnet.com.ar