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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Los Petalos del Alma (29)
Fecha:Sabado, 30 de Noviembre, 2002  16:34:21 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

BOLETIN

CENTRO ESCUELA CLARIDAD
Centro de Educación para el Crecimiento y Transformación del Ser Humano

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LOS PETALOS DEL ALMA

Línea tras línea, precepto tras precepto, haga cuanto sepa hacer; el resto le será dado.

Lección 12
 
Amor

 

El amor es dar

 

A veces, ese sentimiento al que llamamos “amor” puede ser egoísta e interesado. El amor egoísta es limitado y sólo busca la satisfacción personal. Sin embargo, el amor desinte­resado no tiene límites, fluye a través de nosotros hacia los demás. Nuestra capacidad de compartir este amor aumenta a medida que crecemos y nos transformamos personalmente a lo largo de nuestra vida. Pero el desarrollo personal sólo ten­drá lugar si el modelo de unidad que guía nuestra vida es relacionarnos y entregarnos incondicionalmente a los demás. En esencia, dicho proceso es el que nos capacita para amar­nos verdaderamente los unos a los otros de la misma forma que Dios nos ama. Si reconocemos y observamos la ley del amor, nuestro desarrollo personal está garantizado; una ley cuya máxima es “entregarse activamente”.

 

¿Cuál es la ley del amor?

 

“La ley del amor es dar. Como reza el mandamiento, «Ame a su prójimo como a usted mismo». «Ame al Señor, su Dios, con todo su corazón, su alma y su cuerpo». Recuerde, no existe ley alguna superior a ésta: «Dios amó tanto a su creación, o el mundo, que incluso entregó a su amado y único Hijo para redimir a los hombres». A través de este amor, a medida que el hombre lo manifiesta en su propio corazón y en su propia vida, cumple esta ley y, al hacerlo, la integra en su propio yo. Ésta es la ley del amor. Dar desinteresadamen­te y sin esperar nada a cambio. El amor es ley, la ley es amar. Dios es amor. El amor es Dios”.

 

Dios ama­ba tanto al mundo que entregó todo cuanto poseía a su Crea­ción: “la capacidad de ser uno en Él”. Puesto que el amor es ofrecer a los demás lo mejor de nuestro ser, amar y obrar desinteresadamente es una y la misma cosa. De hecho, toda la Creación fue obra del amor divino.

 

“Pues cada brizna de hierba, cada capullo, cada árbol, cada peñasco, cada montaña, cada río, cada lago son un regalo de las Fuerzas Creativas para que el hombre, con su experiencia, sea más consciente del amor de Dios. Y cuando el alma ve que las criaturas de los distintos reinos se preocupan de su des­cendencia, de preservar su especie, de conservar su entorno, aprende de ellos la lección de la Naturaleza, la manifestación de Dios a los hijos del hombre; porque El está, de hecho, en Su templo sagrado y es consciente del estado del hombre, si éste es consciente de las leyes naturales, de Dios. Porque el amor es la ley, el amor es Dios”.

 

El poder y todos los aspectos predominantes de este tipo de amor trasciende nuestra comprensión. Sin embargo, al igual que Jesús fue consciente de esta relación, manifestando el amor de Dios en la tierra, también nosotros hemos sido llamados para cumplir el mismo servicio. En tanto que hijos de Dios, este sentido del amor divino alcanzará su máxima expresión si permitimos que Dios guíe nuestra vida. Las enseñanzas nos instan a ser conscientes del significado de nuestra herencia común y de nuestra relación con las Fuerzas Crea­tivas.

 

“¿Ha mirado en el interior de su corazón recientemente? ¿Cuál es la imagen más preciada que alberga su corazón? ¿Tiene que ver con la tierra y las cosas terrenales? ¿Está re­lacionada con la belleza y la esperanza celestiales y no con el odio, la envidia o el egoísmo? ¿Es el consejo que Él dio a aquellos que le amaron, «Si me amáis, cumplid mis manda­mientos; mis mandamientos no son autoritarios, mi yugo no ciñe, mi carga no es pesada»? ¿Ha pensado en su Señor, su Dios, recientemente? ¿Por qué no? ¿Muestra a los demás sólo la apariencia externa de su ser, en lugar de su auténtico yo? ¿Por qué? Aplíquese para mostrar su propio yo a Dios, no a los demás. No condene y no será condenado. Ésta es la ley, la ley divina. ¿Desea conocer la ley divina? Búsquela en sí mis­mo, pues sólo podrá encontrarla en su propio yo”.

 

Si abandonamos gradualmente la necesidad de satisfacer nuestros propios deseos y, en su lugar, anteponemos las ne­cesidades de los demás a las nuestras, conseguiremos que las cualidades del espíritu formen parte de nuestra vida conscien­te. Si logramos que nuestra vida sea el canal a través del cual se manifiesta el ideal de Unidad en la tierra, alcanzaremos la plena conciencia del alma y su anhelo de ser el vehículo de las Fuerzas Creativas. El verdadero amor no espera ser recom­pensado, fluye en su propia abundancia y por sí mismo.


En Gratitud, Unidad, Orden, Luz y Amor...

¡Bendiciones Infinitas en todos los planos!

Juan Angel Moliterni
Filosofo y Astrólogo Humanista Dhármico

e-mail: claridad@arnet.com.ar