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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Cuando nacio Jesus...?
Fecha:Viernes, 20 de Diciembre, 2002  11:02:45 (-0300)
Autor:Juan A. Moliterni <juan33 @.................com>

BOLETIN

CENTRO ESCUELA CLARIDAD
Centro de Educación para el Crecimiento y Transformación del Ser Humano

Solicitud Importante: Copyright 2002 Ediciones Claridad. El siguiente material fue extraido de la Biblioteca del Centro Escuela CLARIDAD, la misma esta registrada en derecho de autor. Estos mensajes pueden ser distribuidos libremente, sin fines comerciales, con la condición de que no se modifiquen y que se incluya la siguiente información: Centro Escuela CLARIDAD, República Argentina, Web site: http://ar.geocities.com/claridad_ar/Index.htm e-mail: claridad@arnet.com.ar Si deseas recibir más información como esta, puedes suscribirte a nuestro servicio gratuito enviando un correo en blanco a Unión Global de Luz: union_global_de_luz-alta@eListas.net o a la lista Tri_Unidad: tri_unidad-alta@eListas.net Ayúdanos a distribuir información de vanguardia. Reenvia este correo a todas las personas potencialmente interesadas.

 

¿Cuándo nació Jesús?

 

Unidad de Servicio Buena Voluntad Rosario

www.internetarcano.org  -  bvr@ciudad.com.ar

 

Preguntemos a Francisco de Asís lo que él sabe sobre el nacimiento de Jesús. Él nos responderá:


-Él nació el día en que, en la plaza de Asís, entregué mi bolsa (dinero), mis ropas y hasta mi nombre para seguirlo incondicionalmente, pues sabía que solamente Él es la fuente inagotable de amor.

 

Preguntemos a Juana de Cusa dónde y cuando nació Jesús. Y ella nos responderá:


-Jesús nació el día en que, amarrada al poste del circo de Roma, oí al pueblo gritar: “Niegue! Niegue!”. Y el soldado con la tea encendida diciendo: “¿Éste, tu Cristo te enseñó por lo menos a morir?” Fue en ese instante que, sintiendo el cuerpo subir por mi cuerpo, pude con toda certeza y sinceridad decir: “No me enseñó sólo eso, Jesús me enseñó también a amarlo”.

 

Preguntemos a Tomás dónde y cuándo nació Jesús. Él nos responderá:


-Jesús nació en aquel día inolvidable en que Él me pidió que tocara sus llagas y me fue dado testimoniar que la muerte no tenía poder sobre el Hijo de Dios. Sólo entonces comprendí el sentido de sus palabras: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

 

Preguntemos a Pablo de Tarso, cuándo se dio el nacimiento de Jesús. Él nos responderá:

 

-Jesús nació en el Camino de Damasco cuando, envuelto por intensa luz que me dejó ciego, pude ver la figura noble y serena que me preguntaba: “¿Saúl, Saúl, por qué me persigues?”  Y, en la ceguera, pasé a percibir un mundo nuevo cuando le dije: “¿Señor, qué quieres que yo haga?”.

 

Preguntemos a Pedro cuándo se dio el nacimiento de Jesús. Él nos responderá:


-Jesús nació en el patio del palacio de Caifás, en la noche en que el gallo canto por tercera vez, en el momento en que yo lo había negado. Fue en ese instante que despertó mi conciencia para la vida verdadera.

 

Preguntemos a Judas Iscariote cuándo se dio el nacimiento de Jesús. Él nos responderá:


-Jesús nacio en el instante en que yo asistía a su juicio y a su condenación. Comprendí que Jesús estaba por encima de todos los tesoros terrenos. Fue en aquel instante que percibí su misericordia y su inmenso amor por las criaturas.

 

Preguntemos a Lázaro: ¿Dónde y cuándo nació Jesús? Él nos responderá:


-Jesús nació en Betania, en la tarde en que visitó mi tumba y dijo: “Lázaro! Levántate!”. En este momento, comprendí finalmente quién era Él... la Resurrección y la Vida!

 

Preguntemos a María Magdalena dónde y cuando nació Jesús y ella nos responderá:


-Jesús nació en Betania. Fue cierta vez, que su voz, tan llena de pureza y santidad, despertó en mí la sensación de una vida nueva con la cual, hasta entonces, jamás soñara.

 

Preguntemos a la mujer de Samaria lo que ella sabe sobre el nacimiento de Jesús. Y ella nos responderá:


-Jesús nació junto a la fuente de Jacob en la tarde en que me pidió de beber y me dijo: “Mujer, yo puedo darte el agua de vida que sacia toda sed, pues viene del amor de Dios y santifica las criaturas”. En aquella tarde, supe que Jesús era realmente un profeta de Dios, y le pedí: “Señor, dame de esa agua”.

 

Preguntemos a Juan Bautista cuándo se dio el nacimiento de Jesús. Él nos responderá:


-Jesús nació en el instante en que, llegando al río Jordán, me pidió que lo bautizara. Y, ante la dulzura de su mirar y la majestad de su figura, pude oir el mensaje de lo Alto: “¡Este es mi Hijo Amado, en el Cual puse mi complancencia!”. Comprendí que llegaba el momento de que Él creciera y yo disminuyera, para la gloria de Dios.

 

Preguntemos finalmente, a María de Nazaret dónde y cuándo nació Jesús. Y ella nos responderá:


-Jesús nació en Belen, bajo las estrellas, que eran focos de luz guiando a los pastores y sus ovejas a la cuna de paja. Fue cuando Lo tomé en mis brazos la primera vez que sentí cumplirse la promesa de un nuevo tiempo a través de aquel Niño que Dios enviara al mundo, para enseñar a los hombres la Ley mayor del Amor.

 

 

Ahora pensemos un poco: ¿Y para nosotros cuándo nació Jesús? Pensemos otro poco: ¿Y si descubrimos que Él no nació? Entonces, busquemos urgentemente realizar que Él nazca un día de estos, porque, cuando eso suceda, habremos finalmente entendido y verdaderamente encontrado la luz.

 


 

Cristo y la Futura Nueva Era (Navidad)

Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul

 

 

Al llegar al término de nuestra consideración del mundo ac­tual y sus rayos dominantes, que actúan a través de las naciones y condicionan a los pueblos, tenemos un último punto que quiero dilucidar; pertenece al campo de la religión y concierne a la sig­nificación de la Navidad.

 

Sabemos que, desde la noche de los tiem­pos, el período en que el sol se desplaza nuevamente hacia el norte ha sido siempre considerado como temporada festiva; durante miles de años se lo ha asociado con la llegada del Dios‑Sol para salvar al mundo, traer luz y fructificación a la Tierra y, por medio de los afanes del Hijo de Dios, también esperanza a la humanidad.

 

La época de Navidad es considerada, por los ignoran­tes, como la Festividad de Cristo exclusivamente, siendo destaca­da por las iglesias cristianas y testimoniada por todos los clérigos. Esto es verdadero y falso a la vez. El Fundador de la Iglesia Cris­tiana, Dios hecho carne, se valió de este período; llegó a nosotros en la oscuridad del año, iniciando una nueva era, donde la luz iba a ser la nota característica. Esto ha resultado verídico desde di­versos ángulos, aún desde el puramente físico, ya que hoy tene­mos un mundo iluminado, vemos por todas partes luz y las lóbregas noches tenebrosas de antaño van desapareciendo rápida­mente. La luz ha descendido a la tierra en forma de “luz del co­nocimiento”. La educación, cuyo objetivo consiste en llevar a los hombres al “camino iluminado”, constituye hoy la nota clave de nuestra civilización y la mayor preocupación de todos los países. La eliminación del analfabetismo, el desarrollo de una ver­dadera cultura y la comprobación de la verdad en todos los cam­pos del pensamiento y de la investigación, son hoy de mayor importancia en todos los países.

 

Así, cuando Cristo proclamó (como realmente lo hizo), con los demás Salvadores y Dioses-Soles, que Él era la Luz de los mundos, inauguró un período maravilloso donde la humanidad ha sido amplia y universalmente iluminada. Este período data del día de Navidad, hace dos mil años, en Palestina. Constituyó el más grandioso de los días de Navidad y su influencia emanante fue mucho más poderosa que la de cualesquiera de sus predeceso­res, los Portadores de la Luz, porque la humanidad estaba más preparada para recibirla. Cristo vino bajo el signo de Piscis, los Peces, signo del divino Intermediario en el sentido más elevado, o del médium en el más inferior; es el signo de muchos de los Sal­vadores del mundo y de los Reveladores de la divinidad que esta­blecieron relaciones mundiales. Quisiera que observen esta frase. El mayor impulso que llevó al Cristo a realizar su especial tarea, fue el deseo de establecer rectas relaciones humanas. Ése es tam­bién el deseo, consciente o inconsciente, de la humanidad, y sabe­mos que algún día vendrá Aquel deseado por todas las naciones, las correctas relaciones humanas existirán en todas partes y la buena voluntad complementará esa realización trayendo la paz en todas las tierras y entre todos los pueblos.

 

A través de las edades, la Navidad ha sido reconocida y cele­brada como una época de nuevos comienzos, mejores contactos hu­manos y relaciones más felices entre familias y comunidades. Así como las iglesias han ido descendiendo en su presentación profun­damente materialista del cristianismo, el sencillo Día de Navidad, que hubiera complacido al corazón de Cristo, ha degenerado en una orgía de gastos, adquisición de cosas agradables, siendo consi­derado como una “buena temporada para el comercio”. Por lo tanto, debe recordarse que cuando las fases de una religión inspi­rada por la vida, es interpretada en forma totalmente materialista, cualquier civilización y cultura pierde su sentido de los valores espirituales y responde principalmente a los valores materiales; habiendo terminado su obra útil debe desaparecer, por el propio bien de la vida y del progreso mismo.

 

El mensaje del nacimiento de Cristo es siempre nuevo, pero hoy no es comprendido. Durante la era de Acuario, en la que es­tamos entrando con rapidez, el énfasis cambiará de Belén a Je­rusalén y del niño Salvador al Cristo Resucitado. Piscis ha sido durante dos mil años la luz que se expande; Acuario verá la Luz ascendente y, de ambas, el Cristo es el eterno símbolo.

 

La antigua historia del Nacimiento será universalizada y con­siderada como la historia de todo discípulo e iniciado que recibe la primera iniciación, y en su época y lugar se convierte en un servidor y portador de luz. En la era acuariana tendrán lugar, dos acontecimientos descollantes:

 

  1. La Iniciación del Nacimiento, condicionará el pensamiento y la aspiración humana en todas partes.
  2. La religión del Cristo Resucitado y no la del Cristo recién nacido o del Cristo crucificado, será la nota clave caracte­rística.

 

 

Pocas veces es comprendido que centenares de miles de personas de todos los países han recibido o se preparan para esta primera iniciación, denominada el Nacimiento en Belén o la Casa del Pan. La humanidad, el discípulo mundial, está ahora preparada para ello. Indicaciones de la exactitud de este enunciado pueden verse en la reorientación de la gente, en todas partes, hacia las cosas espirituales, en su interés por el bienestar humano y el bien, así como también su perseverancia en la búsqueda de la luz y en sus anhelos y deseos de paz verdadera, basados en las rectas relaciones humanas, complementadas por la buena voluntad. Esta “mente en Cristo” puede observarse en la rebelión contra la religión ma­terialista y en el amplio esfuerzo que se aprecia en Europa y en otras partes, por devolver la tierra (la Madre Tierra, la verdade­ra Virgen María) al pueblo. Puede verse en el constante ir y ve­nir de la gente por el mundo, simbolizado, en el Evangelio, en el viaje de María con el niño Jesús a Egipto.

 

Luego siguió, como dice El Nuevo Testamento, un ciclo de treinta años que, como sabemos, fue cuando Jesús llegó a la madurez, en que pudo recibir la segunda iniciación, el Bautismo en el Jordán, y empezar así su servicio público. Actualmente, los muchos que pasaron por la primera iniciación en esta vida, están entrando en el largo silencio de esos simbólicos treinta años en que alcanzarán la madurez y recibirán la segunda iniciación. Es­ta iniciación demuestra el perfecto control de la naturaleza emo­cional y de todas las características piscianas. Los treinta años pueden considerarse como un período de desarrollo espiritual, du­rante las tres etapas en que estará dividido Acuario, y en conse­cuencia la era acuariana que ya está sobre nosotros. Me refiero a lo que técnicamente se conoce como los tres decanatos de cada signo. En este signo, las aguas de la era pisciana serán absorbi­das, hablando simbólicamente, por el cántaro que lleva Acuario sobre el hombro, símbolo característico de este signo, porque Acuario es el portador del agua que lleva el agua de la vida o vida más abundante, a los pueblos.

 

En la Era de Acuario, el Cristo Resucitado es Él mismo el Por­tador de Agua. Esta vez Él no manifestará la vida perfecta de un Hijo de Dios, tal cual fue su misión anteriormente, sino que aparecerá como el Guía supremo de la Jerarquía espiritual, para satisfacer la necesidad de todas las naciones sedientas del mundo –sedientas de verdad, de rectas relaciones humanas, de amorosa comprensión. Esta vez Él será reconocido por todos, y Su propia Persona testimoniará la realidad de la resurrección, demostrando paralelamente la realidad de la inmortalidad del alma del hom­bre espiritual.

 

Durante los dos mil años pasados se hizo hincapié en la muerte, que ha matizado toda la enseñanza de las iglesias ortodoxas; sólo un día del año se ha dedicado a la idea de la resurrección. En la era acuariana el énfasis se pondrá en la vida y en la liberación de la tumba de la materia, y ésta es la nota que caracterizará a la nueva religión mundial y la diferenciará de todas las precedentes.

 

El festival de Pascua y la festividad de Pentecostés, serán los dos días más destacados del año religioso. Pentecostés, como se sabe, es el símbolo de las correctas relaciones humanas, por lo cual todos los hombres y naciones se comprenderán mutuamente y –aunque hablen diversas y numerosas lenguas- conocerán un solo lenguaje espiritual.

 

Es muy significativo que dos importantes episodios estén re­lacionados en la parte final del  Evangelio –uno precediendo, y el otro siguiéndole inmediatamente después de la aparente muerte de Cristo, y son:

 

  1. La historia del aposento alto hacia el cual condujo a los dis­cípulos el hombre del cántaro, que tipifica a Acuario, y en el que se realizó el primer servicio de comunión, donde todos participaron y anticipó la gran relación que caracterizará a la humanidad en la era venidera, después de las pruebas de la era pisciana. Tal servicio de comunión no se ha realizado to­davía, pero la Nueva Era lo verá.
  2. El relato del aposento alto, en que los discípulos se reunieron y reconocieron verdaderamente al Cristo Resucitado y lle­garon a un perfecto y completo conocimiento recíproco, a pe­sar de la simbólica diversidad de idiomas. Esos discípulos po­seían un toque de previsión, de profética visión interna, y, anticiparon algo de las maravillas de la era de Acuario.

 

 

La visión de la mente de los hombres de hoy, es la de la era acuariana, aunque no lo reconozcan. El futuro verá correctas re­laciones, real comunión, el compartir de todas las cosas (vino, sangre, pan, vida, satisfacción económica) y buena voluntad. Te­nemos también un cuadro del futuro de la humanidad, cuando todas las naciones estén unidas por una total comprensión y la diversidad de idiomas  ‑simbolismo de distintas culturas, tradi­ciones, civilizaciones y puntos de vista- no constituya un obs­táculo para las rectas relaciones humanas. En el centro de todos esos cuadros estará el Cristo.

 

Con el tiempo, los objetivos expresados y los esfuerzos de las Naciones Unidas fructificarán, y una nueva iglesia de Dios, forma­da por todas las religiones y grupos espirituales, pondrán fin, en forma unida, a la gran herejía de la separatividad. El amor, la unidad y el Cristo Resucitado, estarán presentes y Él nos demos­trará la vida perfecta.


En Gratitud, Unidad, Orden, Luz y Amor...

¡Bendiciones Infinitas en todos los planos!

Juan Angel Moliterni
Filosofo y Astrólogo Humanista Dhármico

e-mail: claridad@arnet.com.ar


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