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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] El Jardinero Celestial
Fecha:Viernes, 9 de Enero, 2004  10:52:01 (-0300)
Autor:Claridad - Argentina <claridad @.........com>

CENTRO ESCUELA CLARIDAD

 
CENTRO ESCUELA CLARIDAD

Centro de Educación para el Crecimiento y Transformación del Ser Humano

Ravignani 1332 - depto *B* - Capital Federal - Tel. 4774-1773 - Buenos Aires - Argentina.

 

El Jardinero Celestial

por Juan Ángel Moliterni

 

 

El alma a lo largo del año necesita realizar determinados trabajos en SINCRONIA con las Fuerzas Celestes. Cada signo astrológico representa una Semilla Estelar a Cultivar.

 

“Ayúdanos a ser siempre los esperanzados Jardineros del espíritu

que saben que sin oscuridad nada nace,

de la misma forma que sin luz nada florece”

- May Sarton -

 

Todo lo que es aparente en el microcosmos es una réplica en miniatura del macrocosmos. Es como el árbol que se encuentra en estado latente en la semilla. La semilla y el árbol no son diferentes. Cuando surge el árbol no son diferentes. Cuando surge el árbol la semilla desaparece, se vuelve sin forma. Tanto en la forma como en lo sin forma, el principio de Ser existe como uno y lo mismo. Cuando observamos la semilla, el árbol no es visible, cuando vemos al árbol, la semilla no es visible. Sin embargo, todo lo que puede verse en el árbol, las ramas, las hojas, el fruto, son inmanentes en la semilla. Cuando indagan acerca de la Divinidad inherente en el hombre, pueden reconocer esta profunda y sagrada realidad.


Mientras el hombre sólo vea con su visión externa, experimentará sólo lo externo. Cuando el hombre desarrolle la visión interna y experimente la Divinidad interna, observará el cosmos como un reflejo de lo Divino. Esto se denomina realización de lo Divino Cósmico. ¿Cuál es la diferencia entre lo Divino Cósmico y lo Divino interno? No existe diferencia entre ellos, sin embargo, cuando el individuo la experimenta se describe como lo Divino Interno. Cuando la experiencia individual se extiende a todo el Universo, se llama Divino Cósmico.

 

Así como la semilla llega a su plenitud en el árbol que entrega sus frutos, deberán encontrar su plenitud en una vida que tenga un propósito, el de llegar a la perfección a través de la transformación. Esta transformación entregará los frutos de la paz, la seguridad y el amor. Examinen cualquier objeto de la naturaleza, observen cualquiera de las cosas, ya sean vivas o inertes, de la creación. Verán que todas sufren un proceso de desintegración, de transformación, de transmutación: ¡en ningún momento son lo que eran en el momento anterior! ¡Es como un río que fluye, en el que no pueden bañarse en la misma agua más de una vez! Una semilla puesta en la tierra, muy pronto será algo diferente, será un brote. Rápidamente crecerá para convertirse en un retoño y después en un árbol con su variedad de tronco, ramas, hojas, botones, flores y frutos. Cada una de estas manifestaciones tendrá un color distinto, conseguido, evidentemente, de ninguna parte; tendrá una textura, una forma, un sabor y un nombre diferente, y también, un propósito y un uso únicos. La semilla ha desaparecido del suelo, pero se encuentra multiplicada por mil en formas idénticas, envueltas en cada uno de los miles de frutos. ¡Qué magno misterio es éste!

 

El amor es la cualidad Divina en el hombre. Debe ser mostrado no sólo hacia otros seres humanos, sino también hacia las aves y las bestias y otros seres vivientes. La verdadera transformación en el hombre reside en una expansión del amor, gracias a que renuncia a la mezquindad de miras y desarrolla la amplitud de la mente. Esto causa alegría tanto para el individuo como para la sociedad. Por esta vía, la naturaleza humana es sublimada en Divinidad.

 

El ser humano es como una semilla y así como la semilla produce un brote que se desarrolla hasta convertirse en un árbol, también el hombre debe desarrollarse para llegar a alcanzar la perfección. Para alcanzar esta meta, el hombre deberá llegar a dominar dos campos de conocimiento. El primero es el del conocimiento del mundo, es decir, el conocimiento que se refiere al universo manifestado. El segundo es el conocimiento del otro mundo. El primero es el que proporciona los medios para vivir, el segundo entrega el objetivo de la vida. Los medios para vivir son las cosas destinadas a satisfacer nuestras necesidades cotidianas. Uno deberá adquirirlas y almacenarlas o adquirirlas en el momento en que se requieran. El conocimiento de la meta de la vida, por su parte, encierra la investigación y el inquirir en interrogantes como: ¿Para qué fines debemos vivir? ¿Qué es lo que soy exactamente, qué es este “yo” mío particular? El inquirir permanentemente en este sentido llega, finalmente, a revelarnos la meta.

 

El hombre actual ha renunciado a la Rectitud y la Liberación y vive en el Deseo. Para el que es suficientemente necio como para dormir sobre las ramas de un árbol, no será extraño que llegue a caerse algún día. El Deseo viene a ser algo como dormir entre las ramas del Árbol de la Vida, en tanto que la Rectitud representa sus raíces mismas. Lo adecuado y lo correcto para el hombre sería que dependiera de las raíces del Árbol de la Vida, y pasar así su tiempo. Mas el hombre ha desechado las bases mismas de lo que podría depender y confía en cambio en lo que depende de esta base.

 

No sigan imaginando simplemente que harán esto o aquello y que van a alcanzar esto o aquello, como para ir agotándose por el resto de sus vidas. No pueden plantar las semillas en un sitio y esperar que el árbol brote en otro lugar. No pueden plantar un tipo de semilla y esperar que brote un árbol diferente que no corresponda a ella. Sea cual fuere el nivel de vuestra inteligencia, habrán de continuar trabajando con los pensamientos puestos en el Señor. El resultado de todo buen trabajo no podrá ser sino bueno. En este mundo, son nuestras propias acciones las responsables por todo lo bueno y lo malo que encontremos.

 

Sembramos semillas, las proveemos de una buena tierra, de agua y de abonos. La semilla germina y crece hasta llegar a convertirse en un árbol frondoso. El hecho de haberla puesto en la tierra no hará que se convierta en tierra, ni se convertirá en agua por absorberla, ni en abono por alimentarse de él. De todos ellos sólo asimilará la que la pueda beneficiar, y se desarrollará hasta llegar a convertirse en lo que es esencialmente: un inmenso árbol. Debemos aprender de otros aquello que muestren de positivo. Es mucho lo que pueden aprender de otros. Aprendan sobre el Supremo y sobre los medios para alcanzarlo, aunque sea desde lo más bajo. Aprendan de otro sobre cómo realizar una práctica espiritual progresiva y satúrense con ella. Mas no busquen transformarse en esos otros.

 

Centro Escuela CLARIDAD

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