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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Revelaciones 4 -Boletin Claridad
Fecha:Viernes, 25 de Febrero, 2005  10:48:23 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

CENTRO ESCUELA CLARIDAD

CENTRO ESCUELA CLARIDAD
Centro de Educación para el Crecimiento, Desarrollo e Integración Global del Ser Humano

 

   

REVELACIONES

Parte 4

 

¿Qué ocurre a causa de este modo de actuar contrario?

 

Tengo que dar un rodeo para poder explicar mejor las relaciones legítimas. También en la existencia eternamente pura, igual que en los siste­mas solares terrestres las materias primarias -los mundos espi­rituales habitados- son activadas e irradiadas por los soles y los correspondientes planetas alimentadores. Pues la ley de Dios se basa en la irradiación. Traspasa todos los soles y mundos.

 

La Tierra también es alimentada por el Sol y los planetas circun­dantes. Por eso los satélites de la Tierra, que son los hombres, reciben alimento y todo lo que necesitan para su vida.

 

La Tierra posee campos magnéticos, que están orientados hacia los planetas alimentadores a través de la región ecuatorial. En la región del ecuador se almacenan y salen muchas energías. Las corrien­tes magnéticas producidas por la irradiación del Sol y de los pla­netas, y por el movimiento de los mares y la rotación de la Tierra, tienen diferentes grados de vibración y por ello también frecuencias distintas. Cada frecuencia de un planeta alimentador debería estar en armonía con la correspondiente vibración de un campo magnético terrestre.

 

Por esta actuación conjunta y creativa del Sol y los planetas, la madre Tierra recibe elevadas fuerzas de vida, que llegan hasta lo más profundo de las profundidades, para allí magnetizar y mantener con vida también los minerales y el reino vegetal y animal. Muchas plantas y animales no sólo viven del aire, sino de las melodías vibratorias de las corrientes y campos magnéticos. También el apa­reamiento de los animales del aire, de la tierra y del agua es dirigido por las corrientes magnéticas. Los minerales, como todo lo que hay en esta Tierra, crecen y se reproducen por la irradiación del Sol y de los planetas alimentadores. A este respecto aún habría mucho que decir.

 

Pero quiero volver sobre el tema. Si el equilibrio ecológico es interrumpido, la madre Tierra se sale poco a poco de la vibración y rotación. ¿Quién es el causante de ello? Era y es el hombre, que en los miles de años no se ha podido orientar hacia la ley divina, con lo que maltrata continuamente a su planeta al cambiar su estructura. Esto tiene como consecuencia que también cambien todas las formas de vida, no sólo en su aspec­to, sino también en sus sensaciones, por lo tanto también el hombre. Estos cambios cósmicos recaen sobre el causante.

 

Ya hablé brevemente de los causantes, son los satélites, es decir los hombres. El alma del hombre lleva en sí la sabiduría creadora universal y el amor, o sea la ley completa, la sabiduría espiritual acerca de las cosas de la vida. Por la realización de estas enormes fuerzas espirituales, que son propias de cada alma, ya que le fueron dadas por el Espíritu creador como herencia, no sólo el hombre se habría podido perfeccionar, sino que también la Tierra habría podido convertirse en un verdadero país espiritualmente próspero. Con la vida cósmica de la humanidad, es decir con una vida legítima, el planeta habría podido cambiar completamente, orientándose hacia los mundos celestiales. El que actúa contra las leyes naturales de la fuerza creadora, actúa contra sí mismo.

 

* * *

 

El satélite el hombre, deja que se atrofien sus fuerzas espiri­tuales y se maltrata a sí mismo, a su Tierra y a su sistema solar. La Tierra, que es alimentada por el Sol y los planetas circundan­tes, pierde cada vez más energía por el modo de actuar de los satélites, los hombres, ya que éstos torturan a matar al hombre­ Tierra y no por último a sí mismos. Como ya dije, la Tierra es alimentada por los planetas circundantes. Sólo quiero mencionar aquí algunos. El Sol da su energía a Mercurio, que es un planeta iluminador e impulsor.

 

Es entre otras cosas el que reparte la ener­gía solar. Mercurio, uno de los planetas del sistema solar más rico en energía, está unido a todos los planetas, para transmitir a cada uno la energía solar de acuerdo con su deber. Esto ocurre a través de los campos y ondas magnéticas, pues todo posee un aspec­to positivo y negativo con lo que el efecto cambiante mantiene la vida y garantiza una fecundación legítima.

 

Sobre todo los rayos de Marte, que fecundan la Tierra a través de los campos magnéticos de ésta, producen el crecimiento de los mine­rales y en unión con Venus el crecimiento de distintas clases de hierbas. También algunas clases de animales reaccionan a las fre­cuencias de Marte.

 

Venus en unión con el Sol, Marte y Júpiter activan el reino vegetal y contribuyen a que la Tierra se adorne con su diversidad. Neptuno se encarga del curso de las aguas y regula los cursos de vida de las corrientes subterráneas. Vierte su fuerza bendita hasta muy den­tro de la Tierra.

 

Saturno contribuye a que se mantengan las capas atmosféricas. Tam­bién ejerce una considerable presión sobre la Tierra y sus campos y corrientes magnéticas. Así el juego conjunto cósmico se parece a una madre, que se cuida de su hijo, en este caso la Tierra.

 

La Tierra podría ser uno de los planetas del sistema solar más rico en energía. Pues los satélites, los hombres, poseen fuerzas espiri­tuales que ni sospechan, ni sienten.

 

Por el alejamiento de Dios, en el que viven, están indirectamente separados de Dios, de la fuerza luminosa más elevada. Por los pen­samientos y actos contrarios los satélites y su planeta pierden energía tanto espiritual como física. El alma de los hombres vista espiritualmente, es un enorme sol y si fuese pura, podría trans­mitir su energía al planeta Tierra. Con ello el planeta, la Tierra, tendría un elevado campo de energía, que podría volver a irradiar hacia el Sol y a los otros planetas. Con ello se produciría un refinamiento de todo el sistema solar, y las tensiones de la Tierra, las catástrofes y desgracias disminuirían, al relajarse los hombres, la Tierra y el sistema solar y refinarse poco a poco. Por los pen­samientos y actos contrarios de los hombres, sólo queda garantizada una escasa entrega de energía al Sol, con lo que entre otras cosas la energía solar ya no se incrementa, porque el causante, el hom­bre, no produce energía espiritual y por ello tampoco puede produ­cir ya mayores energías físicas. El hombre se debilita cada vez más a sí mismo, con lo que gasta sus energías de vida y llega a ser incapaz de vivir, incluido su planeta.

 

El cuerpo del hombre está formado de una estructura de células. Cada célula posee enormes fuerzas si se orienta hacia el cosmos energético-espiritual y se deja alimentar por la luz primaria del alma.

 

La Tierra es la portadora de los átomos y elementos espirituales y materiales. Si los elementos y átomos de la Tierra son influidos por pensamientos y actos contrarios de los hombres, ocurrirá lo siguiente:

 

Por esta incapacidad espiritual cambia el eje de la Tierra y tam­bién los campos magnéticos de ésta. En parte serán incluso des­truidos por ello y movidos por el modo de actuar incoherente.

 

Por el cambio de los campos magnéticos, de los elementos y átomos materiales, los planetas alimentadores ya no pueden transmitir legítimamente, sus fuerzas energéticas al planeta Tierra. Para cap­tar estas fuerzas planetarias, el planeta tendría que trazar tran­quilamente su órbita y tendría que estar, igual que un telescopio, dirigido hacia el sistema planetario, para que pudiera ser alimen­tado de acuerdo con la ley.

 

Por los enormes cambios magnéticos de la Tierra, las irradiaciones todavía legítimas de los planetas recaen en parte sobre campos magnéticos destruidos o no previstos para un ámbito de irradiación.

 

Por estos acontecimientos contrarios a la ley, que parten de la humanidad también se producen fuerzas contrarias dentro y sobre la Tierra lo que con el transcurso del tiempo tiene como consecuencia, que poco a poco vayan cambiando los elementos y los áto­mos. A causa de las acciones contrarias de los hombres reciben una rotación contraria. Estas despolarizaciones, producidas por inter­venciones externas (por ejemplo, pruebas atómicas, cambios del equilibrio ecológico), en los tiempos futuros, en el tiempo final, tendrán como consecuencia grandes catástrofes.

 

La Tierra sufrirá sobre todo después de la aparición de Cristo, grandes cambios de los polos, que serán en parte tan considerables que la salida del Sol será en el Sur, en el Oeste y más tarde en el Norte.

 

En la última parte de la Era de Piscis aparecerá el Redentor de la humanidad. En esta última parte de la Era de piscis también habrá grandes catástrofes ya que las agresiones por parte de los hombres no son eliminadas. Su aglomeración está en el ámbito atmosférico dentro y sobre la Tierra así como en las almas de los hombres. Las energías contrarias tienen que liberarse para que sobre todo en las almas despiertas pueda comenzar la Edad de oro.

 

También las energías planetarias ya no aceptadas por la Tierra for­man en el sistema solar una considerable tensión. Este potencial de fuerza, que no ha sido transformado por la Tierra y sus satéli­tes, los hombres, ya no puede ser absorbido por el Sol. Esto tiene como consecuencias que no solo cambian los elementos y átomos materiales, adquiriendo poco a poco una rotación contraria, sino que también se desplazarán las órbitas planetarias a causa de esta acumulación de fuerza. Por ello cambia la gravitación y el equili­brio de masas. Los planetas orientados hacia la Tierra seguirán transmitiendo su potencial de fuerza a esta Tierra ya que no es capaz de admitirlo, por lo que dentro y sobre ella y en todo el sistema solar poco a poco tendrán lugar grandes cambios. La rela­ción de fuerzas empezará a titubear cada vez más por estos cambios y la gravitación cambiará tan considerablemente, que después de aparecer el Maestro las capas de sedimento de la Tierra se pelarán (igual que la corteza de un árbol). En este tiempo el reino vegetal y animal cambiará de forma y el hombre experimentará enfer­medades nunca conocidas. A parte de la progresiva suciedad atómica de los cuerpos y del cuerpo de la Tierra, el hombre experimentará enfermedades de la piel y cambios en los huesos, que harán que el hombre ya no parezca un ser humano. Su naturaleza animal y también su falta de carácter y voluntad le harán cambiar mucho. Su estruc­tura se parecerá a la del hombre primitivo.

 

En este tiempo actuará el “hágase”, la ley de la voluntad divina, a través del segundo ángel de la ley. También el primer guardián de la ley, el orden divino, entrará en acción. La voluntad divina, el segundo guardián de la ley, seguirá limpiando la Tierra por capas y las pondrá en completo movimiento. Durante este tiempo todavía seguirá una gran acción de rescate.

 

Esta acción de rescates llamada acción del retorno ya ha comenza­do. Aún se extenderá sobre el tiempo de la aparición de nuestro Maestro. A esta acción de rescate no sólo pertenecen hom­bres que actúan a las ordenes de Jesucristo, sino también seres espirituales que reciben de Dios la misión de enseñar a las almas que se encuentran en los planos de purificación. Pues no sólo la Tierra, una de las estrellas más hermosas en el cosmos material es limpiada por la fuerza del Sol central, sino que también serán puestos en acción y aspirados todos los planos de purificación por el Espíritu de la vida.

 

El tiempo de redención, que es la Era de Piscis, se está acabando, por lo que va aumentando en mayor medida la Era de Acuario.

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