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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Aprender sin rueditas -Boletin Claridad
Fecha:Viernes, 25 de Febrero, 2005  10:42:06 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

CENTRO ESCUELA CLARIDAD

 
CENTRO ESCUELA CLARIDAD
Centro de Educación para el Crecimiento, Desarrollo e Integración Global del Ser Humano

 

   

APRENDER SIN RUEDITAS

Por Fabian Mozzati

Educacion - Familia - Desarrollo personal

 

Preocupados por obtener resultados y lograr “progresos” cuando enseñamos algo, padres y maestros tendemos a corregir cada error de los niños. Tomemos por ejemplo la enseñanza musical: “Te equivocaste de acorde: detente y vuelve a empezar”; “Esta vez debe salir perfecto”.; “¿Qué fue eso ... así no se hace”; etc. Con indicaciones como éstas, solemos supervisar de manera muy estricta, argumentando que la música es una disciplina “de precisión”.


Sin embargo, corregir cada error... puede ser un error en sí mismo! Al hacerlo, aumentamos la ansiedad, censuramos la espontaneidad e inhibimos la creatividad de quien aprende. Cuando un niño “teme” cometer errores, prefiere detenerse que equivocarse. Cuando cree que todo error es una “catástrofe”, su miedo le conduce a la parálisis. Por tal motivo, nuestra forma de educar es determinante...

Esto no significa que debamos olvidarnos de la excelencia, o de desarrollar una buena técnica. Significa que podemos adoptar otra visión, acerca de cómo ayudar a un niño a lograr el “dominio” de una disciplina.


En música -como en otros aprendizajes- es muy importante la armonía entre el cuerpo y la mente. Si el cuerpo quiere hacer algo (moverse, tocar una nota, etc.) y el cerebro le diceNo”, “Cuidado”, “Detente”... la espontaneidad y la creatividad jamás podrán fluir. Así lo entendía un maestro de piano que tuve a los siete años:

 

Estaba tocando durante mi lección, cuando de repente, me equivoqué de tecla y se escuchó un sonido espantoso! Miré inmediatamente a mi maestro pero él -con expresión aprobadora- me hizo señas de continuar. Seguí tocando, pero yo no podía disimular mi malestar, ni “borrar” el error de mi mente. Estaba realmente tenso.


Al finalizar la pieza, mi maestro me miró y me dijo: “Si cometiste un error, disfrútalo! Tenlo muy presente, ríete de él, repítelo si es necesario... pero no lo ignores, ni lo entierres, ni lo olvides. Déjalo vivir...”.


Sus palabras me desconcertaron. Sin embargo -por alguna razón- ese consejo me despertó una sonrisa, aflojó mis manos y mis hombros y me hizo sentir mejor. Cuando volví a tocar la pieza, ya no pensaba más en mi error anterior y, en cambio, disfrutaba cada nota...

 

Años más tarde, comprendería esta lección en toda su profundidad. Cuando me pidió que experimentara el error -en lugar de temerlo o ignorarlo- estaba dándole “permiso” a mi creatividad y espontaneidad para fluir. Aquella mañana, además de enseñarme a tocar el piano, mi maestro me enseñó a:

 

  • relajar mi ego
  • disfrutar físicamente aquello que hacía
  • buscar entender cada resultado sin juzgarlo
  • no temer, ni dudar
  • ser espontáneo

 

 

A los adultos nos resulta casi imposible pensar en “disfrutar” nuestros errores... pero los niños lo hacen todo el tiempo! Durante su crecimiento, comenten todos los errores imaginables: se caen torpemente, se llevan objetos a la nariz, pronuncian mal las palabras, etc. Sin embargo, su actitud es ejemplar: concentrada, persistente, entusiasta. No sienten culpa ni vergüenza cuando se equivocan, sino que se fascinan y se sorprenden con los resultados de sus intentos: “...así se siente llevarse puré a los ojos!” ; “...esto es lo que consigo cuando no pido ir al baño!”. Los niños incorporan el error a su proceso de aprendizaje y lo disfrutan.


Disfrutar un error es parte de la espontaneidad del aprendizaje. Desde luego, hay errores que ocurren producto de la negligencia, la falta de concentración, o la desmotivación. Pero si estamos comprometidos con nuestro aprendizaje y el error sucede de todos modos, se trata de un error honesto y necesario. No ocurre por descuido, sino porque nuestro cuerpo -antes que nuestra mente- asume que está aprendiendo y se deja llevar por el proceso. Estos errores no sólo son naturales, sino útiles. Contienen mucha información sobre nuestro proceso de aprendizaje, nos muestran con una claridad inmediata aquello que hacemos y aquello que necesitamos hacer. Tanto si somos aprendices como educadores, los errores son una excelente herramienta de retroalimentación.

Recordemos cuando aprendimos a montar una bicicleta. Tras lograr el equilibrio, nuestros padres quitaron las rueditas de apoyo, nos soltaron y comenzamos a pedalear solos... cada vez más rápido. Todo iba perfectamente, hasta que en una esquina maniobramos para doblar y nos caímos al piso. A través de este error, aprendimos que existe una relación entre la velocidad y la habilidad para controlar un giro. Recién cuando caímos al piso, entendimos esa relación. Desde luego, la caída podría haberse evitado: si nuestros padres no quitaban las rueditas de apoyo, hubiésemos seguido con total seguridad...


Muchas veces, no “quitamos las rueditas” del aprendizaje, para evitar que los niños cometan errores. Pero hay ocasiones, en que ellos necesitan experimentar lo incorrecto... para entender lo correcto.


Padres y maestros, deberíamos dar a los niños la libertad para cometer sus propios errores, vivirlos con naturalidad... y hasta disfrutarlos! Si hacen algo mal, siempre cabe la posibilidad de que lo hagan mejor en el próximo intento. Pero si no permitimos que se equivoquen -y hacemos que se asusten de sus errores- nunca se atreverán a hacer nada solos. Tengamos esto muy presente y -al educarles- ayudémosles a aprender... sin rueditas
.

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