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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Revelaciones 7 -Boletin Claridad
Fecha:Domingo, 27 de Febrero, 2005  12:59:27 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

CENTRO ESCUELA CLARIDAD

CENTRO ESCUELA CLARIDAD
Centro de Educación para el Crecimiento, Desarrollo e Integración Global del Ser Humano

 

   

REVELACIONES

Parte 7

 

El amor de Dios en Jesús de Nazaret creció y se perfeccionó en Getsemaní y en el Gólgota. La divinidad absoluta, es decir la unión absoluta con la luz primaria, con Dios Su Padre, se realizó en forma perfecta en el Gólgota. Este acontecimiento externo era un símbolo para la humanidad.

 

Durante el transcurso de este acontecimiento en el Gólgota, la atmósfera y la Tierra fueron alcanzadas por la luz primaria. Por eso los hombres hablaban y hablan todavía hoy de un terremoto, que hizo temblar la Tierra cuando moría el Señor, asustando y aterrando a los hombres. También este terremoto y el que se hi­ciesen visibles las almas, que como se dice, saltan de las tumbas, sólo fueron señales externas de la luz primaria que alcanzaba las almas.

 

Estas señales externas eran fuerzas espirituales divinas, que des­pués de las palabras del Señor “está consumado” se introdujeron en las almas de los hombres y de los seres astrales, y en toda alma cargada y cualquiera que fuese su grado de vibración. Estas fuerzas ordenaron la rotación de los elementos del alma en el sentido de las manecillas del reloj, permaneciendo en ellos como soporte de luz.

 

Después del “está consumado”, los átomos espirituales en la atmós­fera y en la Tierra fueron elevados a una vibración mayor, por lo que algunos hombres pudieron ver a las almas que eran elevadas al siguiente grado de conciencia. Esto transcurrió como sigue:

 

Por el Sacrificio del Gólgota, que llevó la luz a toda alma, muchas almas despiertas fueron conducidas al siguiente plano espiritual superior. Pues antes del Sacrificio del Señor la luz primaria penetraba en los ámbitos de la “Caída” y alcanzaba a todas las almas. Aquellas almas que se habían preparado para planos más elevados a través del reconocimien­to y de la oración, resplandecían, porque los átomos espirituales en el alma eran visiblemente activados por la luz primaria que se introducía. Podían ser vistas por aquellos hombres, cuyas almas eran también visiblemente activadas por la luz primaria.

 

Aclaración: La visión del alma de un hombre no es otra cosa que la actividad de los átomos espirituales de un alma, que transmite las imágenes internas a la masa cerebral. Naturalmente también hay imágenes, que no se basan en la visión del alma, sino que proceden de la crónica atmosférica o del subconsciente, que por ciertos acontecimientos se hacen perceptibles. Por eso hay entre otros, tantos falsos profetas. La verdadera profecía es la de un hombre, que se dirige hacia dentro y ama a Dios, a la luz interna, más que a todas las luces y cosas de este mundo, y que vive lo que le es manifestado antes de que el Espíritu lo pueda transmitir a la humanidad a través de él. Un hombre así recibe de la luz interna del alma, que no engaña, y de acuerdo con su nivel de conciencia.

 

En los últimos 2.000 años la humanidad todavía no ha comprendido este fabuloso Sacrificio. La humanidad no sabe prácticamente nada del proceso interno que tuvo lugar en el ámbito del alma porque no le ha sido enseñado el camino interno por parte de la Iglesia, el cual habría hecho posibles estas manifestaciones, sino sólo el camino externo de dogmas y ritos.

 

Muchos hombres enseñan sobre la vida de Jesús. Sin embargo la mino­ría de nuestros hermanos y hermanas saben que la vida de Jesús es un símbolo para la humanidad. Ningún alma puede volverse uno con Dios, su Padre eterno, sin seguir la forma de vida de Jesús.

 

Apenas hay hombres que sientan o sepan lo que sucede en el alma cósmica, cuando la luz incrementada de Dios penetra en las partícu­las del alma creadas y unidas legítimamente. Pues la luz primaria del Espíritu no es otra cosa que éter altamente potencializado, que fluye legítimamente y que, según el grado de purificación del alma, puede llevar a ésta a una vibración extremadamente elevada.

 

Por el Sacrificio del Señor, en el que son importantes sobre todo los acontecimientos espirituales de la Redención, toda alma es mantenida en una vibración legítima. Esto significa que por este Sacrificio de amor los elementos del alma siguen teniendo un so­porte. Es indiferente que el alma se cargue poco o mucho, a causa de este acontecimiento espiritual de la Redención, los elementos del alma permanecen orientados hacia la atracción divina, hacia la ley de gravitación espiritual. Por mucho que se cargue un alma y tenga que estar durante largo tiempo en su propio castigo, des­tierro y doloroso tiempo de liquidación, a causa de su modo de vivir, a pesar de todo permanecerá la fuerza espiritual que evita la disolución del alma, que sin el Sacrificio del Señor y Su fuer­za luminosa habría pasado al éter fluyente.

 

El hombre sigue viviendo en desobediencia contra Dios. Esto tiene como consecuencia, que las almas se carguen cada vez más, identifi­cándose con esta vibración de la Tierra, creada por los pensamientos y actos de los hombres. Esto por otra parte tiene como consecuencia, que las almas queden atadas a la Tierra, anhelando continuamente una nueva encarnación, pues como dice el Espíritu de Dios: Cosas iguales se atraen. La luz de conciencia de cada alma, de este modo, crea una conexión directa con los planos de purificación. Después de salir el alma del cuerpo será atraída por aquellos ámbitos que corresponden a su vibración. Si el grado de conciencia de un alma sólo tiende hacia esta Tierra, volverá a ser atraída a ella por sus vibraciones. O sea que de nuevo vivirá en esta Tierra entre los suyos.

 

Jesús de Nazaret con Su voluntad de amor realizó el Sacrificio del Gólgota. Por Su amor que lo traspasa todo, todos los hombres y almas volvieron a ser hijos de Dios.

 

Después de salir del cuerpo, el Señor fue a los ámbitos de las al­mas, para dejar que se hiciesen visibles las llagas, Su señal de la Redención y liberación, a todas las almas.

 

A esto hay que decir: Jesús era el hombre, el cuerpo terrenal, que entonces fue absorbido por los átomos espirituales etéreos, al estar completamente traspasado por el espíritu, y que entonces pasó al éter eterno fluyente.

 

Igual que se disolvió el cuerpo terrenal del Señor, se disolverán todos los grados de condensación de los planos caídos, según la ley de Dios, es decir en los días finales de esta Tierra, pasando luego al éter eterno fluyente o materia primaria.

 

* * *

 

Después de que el Señor saliese del cuerpo, como dijimos, Su cuerpo espiritual se fue a todos los ámbitos astrales. En estas jerarquías inferiores tuvo lugar un duro combate.

 

Los que se orientaban hacia Dios y Su ley, llevando la correspondiente vida legítima, eran sacados de su cautiverio y llevados a los siguientes planos superio­res a la vista de los espíritus contrarios. Estos planos se abrieron al mismo tiempo y acogieron las fuerzas luminosas de la luz pri­maria, por lo que precisamente estos ámbitos más elevados consiguieron rápidamente una actividad espiritual y una atracción divina. Eran y son sobre todo los ámbitos cerca de las puertas del Cielo, de la muralla de la ley, que protege a los mundos puros.

 

Pero con las almas todavía ensombrecidas y llenas de odio el Resucitado libró una lucha espiritual. El Señor, mostrándoles Sus llagas y cómo guiaba hacía la luz a aquellas almas que Le esperaban, les enseñó la vida y el retorno.

 

Muchas almas astrales querían guardar las jerarquías inferiores originadas por la “Caída”, y luchaban tenazmente por su poder sobre aquellos que les eran sumisos, el cual empezaba a tambalearse.

 

Sin embargo el Señor resucitado venció a los elementos espirituales de vibración contraria que se encontraban en las almas de estos, ya que la luz primaria, actuando conjuntamente con El, utilizaba el derecho legítimo de creación para ordenar los elementos del alma sin que muchos lo notasen.

 

Jesucristo, el Hijo de Dios, era y es el vencedor.

 

A los vencidos no se les quitó la libre voluntad. Les fue ofrecida una lucha justa por el Hijo de Dios, tanto, cuando el Señor toda­vía estaba encarnado, como cuando se encontraba en Su cuerpo de resurrección. Jesucristo, el Co-regente de la Creación, encarnado ya llevó a cabo victoriosamente la lucha del amor. Su amor hacia todos los hombres y almas era mayor que el odio de estas. Por eso la luz primaria penetró en los elementos del alma sin quitarles la libre voluntad a los hijos caídos de Dios. 

 

* * *

 

En todos los ámbitos condensados, los soles y los planetas preparan la llegada del Señor, igual que prepararon el nacimiento del Señor.

 

La estrella de Belén fue el planeta que entró en el campo planetario de esta Tierra y que los hombres llaman Urano. Muchos hombres consi­deran este planeta como un alborotador entre los planetas. Visto, sin embargo, desde el punto de vista espiritual, es el planeta del silencio, que en coordinación con Plutón y otros poderosos planetas, desea llamar la atención al mundo acerca de Cristo y Su actuación espiritual. Este planeta de Belén conjuntamente con otros planetas alcanzará en los tiempos venideros aún a muchas almas y las orien­tará hacia Dios. Muchos seres de la luz, que sirven a Cristo encarnados en la Tierra o que querían servirle vinieron por la órbita de irradiación de una constelación de planetas, en la que Urano juega un papel importante. Para aquellos hombres y almas que todavía viven en el “sueño de esta Tierra”, es decir atados a ella y lejos de Dios, Urano es un alborotador, porque estos hombres y almas no pueden soportar la fuerza despertadora que sale de este planeta.

 

Si la mayoría de los hombres llevase una vida según la voluntad de Dios, la materia, la estructura densa, podría ser refinada por la fuerza de la luz primaria, y las almas y la Tierra podrían conseguir amoldarse poco a poco a la conciencia divina y a los mundos pura­mente espirituales. Jesucristo transmitió estas fuerzas de adapta­ción al alma humana con Su “está consumado”, por lo que esto habría podido realizarse.

 

Sólo con una vida entregada a Dios, en la que el alma del hombre se habría convertido en un cristiano de acción y en un hermano de to­dos los hombres, sin fronteras habría podido vivir y actuar crea­tivamente. Únicamente con esto ya se habría realizado este refinamiento.

 

El hombre es el satélite de la Tierra. En tanto que su antena del alma no está orientada hacia la fuerza máximas hacia la luz prima­ria, sino sólo hacia la luz aparente, hacia la potencialización del propio ego, seguirá disminuyendo la fuerza de vida de su pla­neta. Por su forma de pensar y actuar contraria (por ejemplo: pruebas atómicas y ondas sonoras contrarias a la ley, producidas por aviones y satélites) el hombre crea campos de tensión, que no sólo se hacen notar sobre la Tierra y en la atmósfera sino que también pasan a los planetas y a sus órbitas, que pertenecen a la Tierra, al planeta de los hombres.

 

En cuanto el hombre actúa contrariamente en su Tierra, cambia los campos magnéticos y las corrientes galvánicas. También en el mundo animal, vegetal y mineral se hacen notar enormemente estas contra­riedades. Además estas grandes descargas de fuerza pasan a la atmósfera, por lo que ésta se desarmoniza abriéndose en algunas partes. Por las influencias cósmicas de luz, que con ello se pro­ducen, aparecen entre otras cosas enfermedades y un mayor peligro de accidentes y muertes. También los planetas de este sistema solar son influidos en conexión con la luz primaria, que irradia cada vez más fuerte al final de la Era de Piscis, a través de la atmósfera, que es el aura de la humanidad y de la Tierra. Se trata sobre todo de aquellos planetas, que tienen mayor influencia sobra la Tierra y la activan a través de los campos magnéticos, para el crecimiento y para la multiplicación de los minerales. Estas son sobre todo Saturno, Marte, Júpiter, Venus, Neptuno, Urano y en parte también Plutón.

 

* * *

 

¡El Señor habló de una nueva Tierra y de un nuevo Cielo!

 

Dios es espíritu. Su voluntad espiritual se realiza a través de Su ley de Irradiación. El “hágase” es la llamada Era del Acuario, en la que penetra la irradiación legítima, que es la fuerza o luz primaria, en todos los planos de purificación (ámbitos astrales). La purificación de estos ámbitos más condensados empieza en el nivel del orden al que pertenece sobre todo esta Tierra. Jesús de Nazaret nació en la Tierra, en el ámbito más condensado dentro del nivel del orden. Por eso también aparecerá en Su segunda veni­da como Redentor y Hijo de Dios primero en el ámbito del orden, en el ámbito atmosférico de esta Tierra.

 

Para que la Era de Acuario pueda hacerse completamente activa, tiene que haber acabado la Era de Piscis, que es la Era del Cristo, en la que predomina la redención y el tiempo de misericordia incre­mentado.

 

Hace 2.000 años Jesús ya hablaba de Su segunda venida. La segunda venida del Señor será iniciada por la actuación legítima de Dios, igual que en el nacimiento de Jesús. Esto por su parte ocurrirá a través de la constelación de los planetas. La ley de Dios, la ley sublime y perfecta de la luz, no puede ser influida ni por pensa­mientos ni actos negativos.

 

Con esta constelación de planetas las esferas del orden son inten­sivamente alcanzadas por el Sol central primario. Esto vale para todos los ámbitos del orden, tanto da que se encuentren en los mundos celestiales de materia fina o en la materia densa, ya que ambos ámbitos de la Creación representan una unidad, a pesar de la Caída. Por eso el Sol central primario, la perfecta fuerza de luz divina alcanza más y más al sistema solar terrestre, y con ello a la Tierra y también a los ámbitos del orden en los cuatro planos de purificación y en las tres esferas de preparación. Los cuatro ámbitos de purificación se encuentran en los muchos sistemas galác­ticos. También estos grados de condensación son puestos en acción por el éter luminoso fluyente que es de pura materia fina, es decir la ley de Dios. No sólo los sistemas solares, los campos magnéticos y las corrientes magnéticas serán alcanzados por estas fuerzas etéreas luminosas, sino también los hombres y las almas astrales.

 

En cuanto un campo energético no acepta una energía que le es irradiada, se producen tensiones roces y descargas.

 

De un modo parecido ocurre con el alma del hombre y con esta Tierra. Los hombres y almas orientadas contra la influencia divina de la ley producen nuevos campos de tensión. Por la influencia de la ley otras influencias ya presentes son puestas en acción. A consecuen­cia de esto se producen otros campos de tensión en los planetas de irradiación directa, pues la aglomeración de energía producida en la Tierra lleva a enormes traslados de energía. De esto resultan traslados de gravitación, por lo que el sistema solar sufre consi­derables sacudidas. A causa de esto es influido el eje de la Tierra y entre otras también las órbitas planetarias.

 

Como se sabe a cada acción le sigue una reacción, igual que el Señor dijo: Lo que sembréis, cosecharéis. La acción es la aglomeración de energía y los resultantes cambios en el sistema solar. La re­acción se produce en los hombres y en las almas apartadas de Dios con descargas en los ámbitos terrestres y astrales. Por ello la humanidad experimentará trastornos y desordenes huma­nos nunca conocidas.

 

La luz primaria de irradiación legítima, sin embargo, también al­canza a las almas y a los hombres, que se orientan hacia lo divino, hacia el ser superior. Si tales almas partieron para una enseñanza espiritual y fueron preparadas para ellos empezarán a hablar como profetas. A otros el espíritu de Dios les alcanzará de otro modo. Recibirán visiones o la fuerza para curar a través de la ley de Dios.

 

Sin embargo, los hombres y almas todavía cegadas por el brillo de esta Tierra y su poder, hablarán y actuarán en contra de Dios. Por otra parte habrá otros que dejarán vía libre a su brutalidad acumu­lada, sobre todo cuando oigan hablar de Dios y de Su justicia, porque las palabras de “lo que sembréis cosecharéis” no las pueden comprender.

 

Otra categoría de hombres, cuyas almas todavía llevan facultades mediales de encarnaciones anteriores, cuyas células cerebrales todavía no fueron preparadas y purificadas, no orientándose alma y hombre hacia lo divino por no querer cambiar de forma de vida, atraerán almas de los planos de purificación (almas astrales), que les influirán. Estos hombres captarán la mezcla de verdad y false­dad que se encuentran en los ámbitos parciales de la mencionada crónica atmosférica que actuará con más intensidad sobre la Tierra, sobre los hombres y sobre las almas, al ser activada por la luz primaria. Tales mediums o canalizadores, que no fueron preparados transmitirán esta mezcla como manifestaciones.

 

En la crónica atmosférica se encuentra “archivada” toda la vida de la humanidad. Tanto lo positivo como lo negativo está guardado en esta capa etérea: todas las guerras, crueldades, tanto del ámbito eclesiástico como mundano, opiniones humanas también de estas dos procedencias, ideas de los hombres, toda la historia de la humani­dad. Así que también la vida de Jesús de Nazaret, pero así mismo todo lo que de verdadero y falso fue lanzado al aire acerca de esta vida se encuentra en esta crónica atmosférica.

 

También esta capa etérea se disolverá, igual que tienen que disol­verse todas las discrepancias en el ámbito del orden, antes de que la aparición del Señor pueda hacerse visible para muchos hombres.

 

Con estas relaciones brevemente explicadas, el lector reconocerá, por qué hay manifestaciones tan distintas. Jesús de Nazaret advir­tió hace 2.000 años sobre los muchos falsos profetas. Pero el Señor no sólo habló de falsos profetas. En la Sagrada Escritura está escrito: En esos tiempos difíciles (el llamado tiempo final) derramaré Mi espíritu en Mis siervos y siervas y profetizarán. El Espíritu Santo, la luz primaria de los Cielos, envió y envía también clarividentes y profetas justos, cuyas almas fueron preparadas para este propó­sito es decir durante varias encarnaciones, para el verdadero camino del profeta. Ellos dan testimonio de la verdad eterna. Los conocimientos de estos profetas no provienen de los ámbitos astrales o de la crónica atmosférica, sino directamente de Dios, de la luz interna, cuyo lugar y palabra está en el alma de todo hombre.

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