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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] El Angel Diestro 1
Fecha:Jueves, 16 de Junio, 2005  18:58:13 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

El ángel diestro

Autor: Jorge A. Parada
Edición 1993.

El autor comenta que esta obra posee un desarrollo pedagógico

para tratar la temática discapacidad y marginación en la escuela.


(parte 1)


EL NACIMIENTO


Siempre que le miro el vientre a una futura madre comprendo la existencia, y es porque siento otra vida, como si fuese un cordón maravilloso que nos prolonga hacia la eternidad.
De niño imaginaba que en el interior de un vientre había ciudades y plazas con juegos y cuando imaginé juegos sentí que podría remontar mi barrilete, y bueno.... ya era un vientre con cielo y un sol brillante.
¡Siempre que el sol brilla hay bellas nubes!
Hoy que juego fuera de esa ciudad las nubes cautivan mi imaginación, cuando uno mira el cielo, las nubes tienen todas las formas posibles, y con las formas uno puede imaginarse todo.
"El porque de las nubes es el porque de este relato".
Ella, como futura madre, sentía dentro de sí nubes muy blancas, transparentes y mullidas, un vientre que hacía más liviano su cuerpo. A veces en sus sueños temía que su vientre se alejase de ella, levitando como esos globos que los niños pasean por el parque.
¡Pero al fin, llegó el momento de dejar escapar ese ser, que desde ahora, sería de todos!
Su aparición fue abrir la ventana para que la luz entre y juegue con su verdad en todos lo rincones que la oscuridad del vacío no deja ver.
Sus padres necesitaban de él y él quería crecer feliz con toda la mágica fuerza del amor.

 

DE LO RARO A LA PARTIDA


Esa mañana los padres pudieron comprobar en el niño una rareza física; tenía en su espalda precisamente en el lado derecho, una prominente joroba que la tapizaba una fina pelusa gris. Un poco impacientes por saber si afectaría su vida, consultaron a médicos y especialistas de todo tipo, pero ninguno pudo diagnosticar, preveer tratamiento y menos que eso, saber su evolución.
"Para un padre no existe peor sufrimiento que el causado por la espera de una posible evolución".
Con un profundo amor lo cobijaron cubriendo la resignación, y el señor tiempo que no sabe que existe, agigantó sus pasos y en poco, ¡esa joroba, fue una radiante ala!
Era difícil soportar esos interrogantes, tanto como transportarlo, darle cuidado y tantas otras cosas. La esperanza de que apareciera otra joroba gris con el tiempo se fue perdiendo como se esfuman esas pequeñas nubes cuando el viento las empuja.
"Angelo de sonrisa franca", tal era su nombre, escuchó en su interior que soplaban vientos y que esos vientos empujaban su nube, en una dirección: "El Sur".
Una noche, mientras dormía, el cielo de esos sueños le indicaron un recorrido.
¿Acaso era la hora de partir?
Y fue en una tarde de primavera cuando se despidió de sus amigos que tanto lo amaban; la madre sintió "que esta vez sí el pequeño globo de sus sueños se encumbraría", y el padre, resignado por su partida, afianzó su corazón en el futuro de su hijo amado. Sin lágrimas, sonriente, el niño se alejó de su poblado por una huella que él eligió como peregrino en búsqueda del Sur.
Sólo lo detenía unos instantes alguna piedra en su bota, pero el valor e hidalguía de su entrañable ser lo mantenían altivo, como si el esfuerzo tendiese a ser perpetuo.

 
EL ANCIANO SIN ESPERANZA

Después de tanto andar llega al primer poblado, donde encuentra a una persona muy anciana a la que le falta una pierna.
Contento con el encuentro, lo saluda con gentileza y amabilidad.
- ¿Cómo está usted, señor?
Con cierto desgano e ironía el anciano le responde:
- ¡Muy bien! Pero un poco triste, quizás como tú....
Desconcertado por la respuesta, Ángelo le responde:
- ¿Por qué lo dice?
El anciano baja la mirada y sonríe apoyándose en su pata de palo.
- Según veo, a ti te falta un ala.
Angelo como si le hubiesen intentado dañar con una ligera brisa:
- No es un problema porque me dirijo al Sur para encontrarla.
El anciano con enormes risotadas burlonas y gesticulaciones exageradas le responde:
- Nunca se recupera algo trunco, yo he perdido mi pierna en una accidente bajo la pesada rueda de un carro y no creo poder recuperarla aunque fuera de viaje a la luna.
Angelo, enfatizando con expresión confiada:
- No he perdido mi ala, nunca la he tenido.
El anciano con voz dura:
- ¿Cómo se puede tener un solo miembro sin haber perdido el otro? Como el tuerto, el manco, el rengo.... ¿Sabes qué nombre recibe un ángel al que la falta un ala?
Angelo mira al anciano, y descubre que tiene sus ojos gastados de mirar el lado equívoco de las cosas, entonces le responde:
- No lo sé, tampoco sé que nombre recibe un niño al que le sobre una.
El anciano disgustado y queriendo darle fin a la charla, le dice:
- Para saberlo tendrás que saber qué eres.
Y tras una carcajada se despide de Angelo diciendo:
- Sigue al Sur que en ese lugar yo he perdido mi pierna.
Angelo algo descorazonado por ese encuentro que le dejó un ligero sabor amargo, continúa firme en su travesía sin que esa situación lo haya mellado. Duro sigue siendo el camino y el afán por la búsqueda le da el justificativo de la existencia de esa persona anciana que ya sin esperanza vivía.