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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] El Libro Blanco 9
Fecha:Lunes, 27 de Junio, 2005  13:55:56 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

El Libro Blanco

Ramtha

 

Las enseñanzas de Ramtha son un sistema metafísico de pensamiento único en su género. A través de ellas nos acerca a una mayor comprensión del Dios interior o el Dios identifícable, y nos ofrece respuestas a temas tan enigmáticos como los orígenes de la creación, la evolución del hombre, la muerte, la reencarnación y la ciencia del conocimiento.


 

Capítulo 9

POR ENCIMA DE LOS ÁNGELES

 

«Yo te digo: ser parte de la humanidad es una experiencia sagrada, porque ello significa experimentar plenamente a Dios. Sólo al convertirte en la humanidad has recorrido el camino hasta los perímetros que abarcan la totalidad del reino de los cielos.»

Ramtha

 

Cada uno de vosotros es realmente algo espléndido, porque sois volátiles, creativos, únicos y, de hecho,

divinos. Aunque se os ha enseñado que sois criaturas miserables, lo que realmente importa es cómo se os conoce en el entendimiento llamado vida. Y en ese entendimiento se os conoce como los amados de Dios el Padre, pues vosotros sois una parte eterna de la mente de Dios. Aún tenéis que daros cuenta de lo preciosos que realmente sois, pero lo haréis.

Lo que vosotros sois para mí, es un amado hermano, y no sólo para mí, sino para todas las entidades, visibles o invisibles, en todos los universos y en todos los niveles de vida. Porque todos estamos unidos a través de la gracia, la inteligencia y, mucho más, a través del amor que se llama Dios, el maravilloso pensamiento que te sustenta y mantiene durante toda la eternidad, a pesar de todos tus exorbitantes esfuerzos.

Vosotros sois un tesoro mucho más grande de lo que creéis, porque si tan sólo uno de vosotros faltara, la vida, los universos, y las estructuras moleculares nunca habrían existido. Por vosotros y a causa vuestra, la vida se ha  convertido en una manifestación exuberante de la inteligencia, del drama, por así decirlo, de la prolongación de los modelos de pensamiento hasta el brillante colorido de la realidad. Vosotros sois preciosos, verdaderamente porque al margen de lo que penséis sobre vosotros mismos, habéis contribuido a la espectacular manifestación de todo lo que existe.

Sois espléndidos, pues: mirad a la multitud de vosotros que forma la humanidad. Aun con la similitud de vuestros semblantes, no hay ninguno de vosotros que sea igual a otro. Sois como las flores de un magnífico jardín, cuyas semillas se polinizan y crean nuevas flores que son incluso más hermosas y exuberantes en sus profundos matices. Cada uno de vosotros es hermoso y al mismo tiempo diferente. Porque cada uno es Dios expresándose a través de la originalidad de sus propios diseños creativos e intencionales.

Todos vosotros fuisteis una vez chispas de pensamiento, emanando luz, que se convirtieron en la prolongación de Dios hacia la continuidad de la eternidad. Con el propósito de erigir un reino más grande para la exploración, diseñasteis, con gran cuidado y mucha experimentación, cuerpos de materia, o si preferís, de pensamiento coagulado. A través de vuestros cuerpos fuisteis capaces de expresaros sobre otro plano de existencia, y así explorar la totalidad de los patrones de pensamiento que se llama Dios. Así, en vuestras aventuras hacia la creatividad infinita, vosotros, que fuerais una vez luz sin forma, os habéis transformado en la materia celular llamada humanidad. Gracias a esto, os convertisteis en Dios-hombre: la inteligencia llamada mente de Dios expresándose a través del organismo viviente llamado hombre.

Como humanidad, sois una inteligencia extraordinaria. No sólo habéis infundido en vuestra propia estructura celular el aliento de vida y los instintos para la supervivencia, sino que, con propósitos divinos, habéis integrado vuestra suprema inteligencia a la materia del cuerpo con el fin de refinarlo y hacerlo evolucionar. Mediante vuestro diseño de una ciencia de la evolución, habéis evolucionado desde lo que se llama Neandertal hasta lo que se llama Homo Sapiens, la humanidad. Es así como el género humano en este plano —tras muchos eones de tiempo y mucha experimentación, mucha evolución y muchos traumas— se convirtió en las entidades erectas que ahora se sientan frente a mí.

Todos vosotros estáis aquí, en lo que se llama el plano de la demostración, para demostrar el poder de vuestra propia inteligencia creativa sobre este nivel de vida, el cual es un gran nivel. Porque aquí, el pensamiento, vuestro amado Padre, existe en todas las formas de su manifestación: desde la luz hasta llegar a la densidad de la materia.

¿Sabíais que la inteligencia se desarrolla en todas partes? Realmente lo hace. Pero aquí, en este lugar vuestro llamado Tierra, es donde la humanidad —el matrimonio entre pensamiento y materia— está en la cumbre de su evolución.

Vosotros, la humanidad, ¿creéis que estáis atrasados? ¿Creéis que sois menos que los que viven en lo invisible? No lo sois. Estáis en una gran aventura hacia el entendimiento de la totalidad de vuestros eternos procesos de pensamiento. Sin convertiros en Dios en la forma llamada humanidad, nunca podríais entender lo conclusivo que Dios es. Nadie podría, porque el reino de Dios es una expansión desde la luz hasta el electrum, hasta la materia, hasta la forma. Así, Dios no es sólo la frecuencia más alta de pensamiento; también es la frecuencia más densa y más baja de pensamiento llamada materia bruta.

Sólo cuando llegas a ser la humanidad expresas lo que el Padre es en todas las formas de pensamiento. Porque al ser Dios-hombre, Dios-mujer, no sólo eres pensamiento, emoción y deseo evolucionando, sino que eres luz, electrum y materia en la forma llamada carne y hueso. Nadie expresa la totalidad del reino de Dios hasta que se convierte en Dios en la forma llamada hombre.

Para entender la totalidad de tus procesos de pensamiento —para abrazar la totalidad de quién y qué eres, del Dios que eres— debes ser lo suficientemente flexible, y quererte lo suficiente, como para embarcarte en todos los planos de existencia, incluyendo éste. Una vez hayas vivido y te hayas expresado en el plano de la materia bruta, tendrás una comprensión de Dios en la forma llamada materia.

Aquellos que aún deben convertirse en Dios-hombre no tienen la experiencia completa de Dios en la cual reflejarse para ganar la sabiduría y la comprensión de toda la vida. Sólo aquellos que viajan a este plano para convertirse en parte de su esplendor —para hacerlo evolucionar, para mover montañas, y crear colores y monumentos de dignidad— sólo ellos entienden la complejidad del amor, de la alegría, y de la creación. Sólo esos viajeros —tu lo eres— son los únicos que han obtenido la comprensión de la eternidad y el deseo de alcanzarla, porque ellos son quienes crean la eternidad para toda la vida. Pues mientras haya un plano de materia, ello permitirá la continuidad de la vida hacia la creatividad infinita. Por lo tanto, ser hombre o mujer, ser el colectivo de la humanidad, es en verdad un privilegio; un honor. Es verdaderamente vida divina.

Existen unos seres a los que has llamado «ángeles». Y muchos de vosotros desean ser esa criatura divina. Pero hay una gran restricción en ser un ángel, y es que ellos no poseen equilibrio de razonamiento, ya que aún tienen que vivir como hombres. Ellos son simplemente energia, dioses que algún día se convertirán en Dios-hombre. Pero ellos no sienten pena ni compasión por la humanidad. ¿Cómo podría alguien que vive en lo invisible entenderte completamente hasta que no haya sido lo que tú eres? La humanidad está mucho más avanzada que los ángeles porque ellos no tienen el entendimiento de Dios viviendo en la forma limitada llamada hombre; por eso, ellos están limitados en su entendimiento de la humanidad, de sus alegrías y de sus penas.

Yo te digo: ser parte de la humanidad es una experiencia sagrada, porque ello significa experimentar plenamente a Dios. Sólo al convertirte en la humanidad has recorrido el camino hasta los perímetros que abarcan la totalidad del reino de los cielos.

Por ello, vosotros no os habéis degradado al convertiros en la humanidad. Debes entender esto. Porque si nunca has sido parte de la humanidad, nunca podrás entrar totalmente en el reino de los cielos. ¿Cómo puedes ascender a los cielos, si nunca has descendido a la vida?

Vale la pena, es digno, es sabio convertirse en hombre para poder entender este fuego que vive dentro de ti llamado Dios Todopoderoso. Toda la vida se compone de este fuego; y experimentarlo a través de la suprema inteligencia de la materia bruta —lo que se llama humanidad— te permite la visión completa de lo que Dios es. Y cuando hayas entendido completamente todo lo que Dios es —espacio interno y externo, materia, carne y hueso, amor, alegría y tristeza— entonces, serás todo lo que el Padre es.

Ahora, la razón por la cual estás en este plano, es para continuar la exploración de Dios a través de la densidad del cuerpo en el que estás viviendo. Aquello que sustenta tu evolución creativa es la vida, la misma fuerza vital que mantiene al átomo en su esfera y a vuestra Tierra en el espacio. Y esta fuerza vital tiene un principio universal: evolucionar siempre, transformarse siempre y expandirse siempre. El propósito de tu vida siempre ha sido experimentarla y aprender de ella; y refinar lo que has aprendido y reintegrarlo al principio llamado vida.

Esto que estás viviendo se llama «creación». Estás jugando con pensmiento creativo y expresándolo a través de la materia con el propósito de adquirir sabiduría y entendimiento, y así identificar el gran misterio que tú eres. Sin embargo, todo lo de este plano es una gran ilusión. Todo el mundo cree que el plano tridimensional es la realidad, pero no lo es. Todos los juegos de la humanidad son ilusiones, son sueños, porque esta realidad puede vivirse en un sueño continuo. El mundo real es el que yace dentro de ti: el encuentro con la emoción en cada momento que sientes. El mundo real existe sólo desde el punto de vista de la emoción, y ésta no está gobernada por la lógica, sino por el amor en movimiento.

Este mundo que tú llamas «realidad», nunca existiría si tú no tuvieras los ojos para percibirlo a través de la emoción que se mueve dentro de tu alma, porque entonces sería algo inexistente. Todo lo que hay en este paraíso de materia fue creado simplemente para evocar emoción dentro de las almas de aquellos que participaban en esta maravilla de la creatividad. ¿Para qué? Para ganar el mayor premio de la vida llamado sabiduría. Y la sabiduría no es un entendimiento intelectual; es, de hecho, un entendimiento emocional, adquirido con la experiencia.

La vida, este gran escenario, es tu reino. Es la plataforma sobre la cual creas tus ilusiones. Este maravilloso escenario te permite la oportunidad de soñar cualquier realidad que desees hasta darle existencia. Porque el Dios que tú eres tiene la libertad ilimitada de soñar cualquier pensamiento, sentir la emoción y convertir ese sueño en realidad; y puedes cambiar de idea en cualquier momento.

La razón de la vida en un plano de densidad es probar a todo aquel que se embarca en ella —y esto es una experiencia exclusiva de la humanidad— que a cada giro del pensamiento que se abraza hasta la emoción, pronto le sigue la realidad. Y cuando ese entendimiento es asimilado, cuando ese increíble poder de creatividad es reconocido, se acelera un proceso de alineación dentro de ti por el cual sabes que eres Dios. Sin embargo, sin la experiencia humana, nunca podrías saber esto.

Esta vida es para que la abraces. Es rica, y está llena del fervor de la aventura y el desafío. Provee todo a tu alrededor, puertas abiertas y oportunidades para que evoluciones o involuciones y así llegues a transformarte. ¿Transformarte en qué? En la acumulación total de todas tus experiencias, que te confirmarán simplemente que eres Dios, porque sólo un Dios tiene la capacidad crear monumentos en materia que testifiquen su propia gloria.

 Debes ser alabado por ser Dios-hombre y Dios-mujer, porque sólo cuando Dios se transforma en hombre es que la vida sobre este plano puede ser creada y evolucionar. Tú eres espléndido, verdaderamente. Eres más poderoso de lo que crees, porque con cada emoción, con cada pensamiento, creas vida. Depende de ti el dar presencia a la vida y mantener la vida futura, no de aquellos que están en lo invisible. Ellos perduran siempre dentro de su propio entendimiento. Pero ¿quién sostiene este reino material que es la esmeralda de todos los reinos? Vosotros, con vuestra manera de pensar y de abrazarlo.

Eres tú quien da autenticidad a todas las cosas. Eres tú el que añade a la plataforma llamada vida. Eres tú quien exalta y glorifica este reino de Dios. Tú no sabes esto, porque siempre has pensado que eras un poco menos que los ángeles. ¡En absoluto! Tú aún no lo sabes, pero lo sabrás. Porque pronto vida, arco iris, colores y luces servirán para recordarte lo que realmente eres. Se llama la Era de la iluminación, y en ese tiempo, ¿en qué se habrá convertido la vida aquí? Será entendida como una experiencia necesaria para que cada uno se abra al entendimiento de que es, de hecho, una parte de la mente de Dios. Una vez sepas esto, ¿qué aventuras te esperan? Entonces tendrás toda la eternidad para jugar con ella, tendrás toda la infinitud del pensamiento para reevaluar y recrear los elementos, la materia, el tiempo, el espacio, la distancia... tú.

Tú eres verdaderamente maravilloso, porque iniciaste un largo viaje hacia esta esfera para convertirte en lo que ahora eres. Y ese viaje ha tenido el propósito de conocer a Dios en su totalidad, desde el pensamiento hasta la luz, hasta la división del electrum, hasta la materia sólida, hasta este plano. Todos vosotros hicisteis ese viaje, y eso no solamente es algo espléndido, sino también atrevido, porque involucra un riesgo. Existe una gran probabilidad, a través de la transfiguración del gran Yo inmortal en el plano material, de perder la identidad de uno, y quedarse atrapado totalmente en la supervivencia. Y ¡qué pena! Eso es lo que le ha sucedido a la mayoría de humanidad.

¿Sabes por qué te has aventurado a escucharme, a este gran enigma que soy? Porque sabes que lo que te acabo de decir es verdad, y estás buscando el camino que te conduzca de regreso al primer conocimiento divino que puso todo esto en marcha. Dentro, muy dentro de ti, sabes que eres algo más que materia colectiva, que eres algo más que carne y hueso; sabes que eres realmente divino. Y lo eres. Estás aquí para darte cuenta de esto, para abrazar el  principio divino que eres, y encontrar que dentro de ti existe la luz original, el aliento de pensamiento que te dio la vida en el principio.

Mis queridos maestros, vosotros le disteis la vida al viento. Le disteis al sol la razón para estar donde está. Le disteis un motivo a las nubes de tormenta para armar su fuerza y alimentar y aplacar la sed de la tierra. No sabéis esto porque siempre os habéis considerado menos que el amor a la vida que Dios es realmente. Yo os adoro, porque he sido como vosotros. He vivido vuestras ilusiones, y he realizado vuestros sueños. Y adonde yo fui también iréis vosotros cuando llegue la hora. Pero nunca llegaréis ahí sin antes haber abrazado esta vida y a Dios a través de abrazaros a vosotros mismos.

Yo os saludo desde lo más profundo de mi ser. Todos vosotros sois verdaderamente grandes. Vosotros sois, en verdad, amados, se os necesita y se os aprecia. Sois la razón del siempre jamás. Sois, de hecho, la razón misma de la vida.