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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] El Libro Blanco 19
Fecha:Jueves, 18 de Agosto, 2005  11:49:21 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

El Libro Blanco

Ramtha

 

Las enseñanzas de Ramtha son un sistema metafísico de pensamiento único en su género. A través de ellas nos acerca a una mayor comprensión del Dios interior o el Dios identifícable, y nos ofrece respuestas a temas tan enigmáticos como los orígenes de la creación, la evolución del hombre, la muerte, la reencarnación y la ciencia del conocimiento.


 

Capítulo 19

APERTURA DE LA MENTE

 

«Cuanto más grande es tu deseo de amar lo que eres y vivir en el conocimiento, el Dios que rodea tu ser abre más y más tu cerebro. Entonces eres más que tu cuerpo; te conviertes en aquello que te mantiene unido.»

Ramtha

 

Cada uno de vosotros ha llegado en su aprendizaje de Dios en la forma limitada de la materia, hasta donde su capacidad se lo ha permitido. A lo largo de tus muchas vidas sobre este plano, has experimentado todos los elementos de este paraíso creado por tu propia y extraordinaria creatividad. Y a través de esa experiencia has aprendido todo lo que hay por saber de los valores del pensamiento limitado del Dios-hombre viviendo en la realidad de rebaño de la conciencia social. Ya has aprendido lo que es el miedo y la inseguridad, la tristeza, la furia, la avaricia. Has aprendido todo sobre los celos, el odio y la guerra. Ya has aprendido acerca de la muerte. Ya has aprendido, en verdad, sobre tu alejamiento de la Fuente Divina que te ha amado y apoyado a lo largo de todas tus aventuras para que ahora puedas experimentar a Dios en el último nivel de su espectacular exhibición del Ser.

Para poder volver a un estado ilimitado, para experimentar la alegría y la libertad de ser, debes convertirte una vez más en aquello que te mantiene unido. Y la única manera de lograrlo —ya que tu cuerpo es más bien un obstáculo— es activar totalmente el séptimo sello o glándula pituitaria, para tu cerebro pueda recibir los pensamientos ilimitados que existen más allá de la conciencia social. Así es como extiendes tu saber interior hasta el entendimiento ilimitado de Dios, ese Dios que te deja ser, que te ama y es la totalidad de sí mismo y de todo el pensamiento.

Entonces, ¿cómo consigues que esta maravillosa y pequeña glándula despierte las partes dormidas de tu cerebro a través de su flujo de hormonas? Simplemente con el deseo. Convertirse en Cristo es desear conocer al Padre y convertirse en la imagen y semejanza de Dios. Es el deseo de permitir que todo pensamiento se convierta en la realidad del Yo, el deseo de amar en cada momento todo aquello en lo que te has convertido, el deseo de ser el Ser de todo lo que eres.

¿Por qué es importante amar la totalidad de todo lo que eres? Porque cuando lo haces, inmediatamente trasciendes la conciencia social y te elevas por encima de la aceptación. Trasciendes el juicio. Vas más allá de la ilusión del tiempo. Entonces, vives sólo para la realización del Yo. Escuchas solamente a la voz interior. Sigues únicamente la senda de la alegría; y es en ese sendero donde yace el conocimiento de todo lo que es.

Ahora, tú me dices: «Pero, Ramtha, eso es ser totalmente egoísta». Así es, en verdad. Pero ser egoísta es ser Diosista. Cada momento que vives por el amor de este Dios dentro de ti, cada ilusión que abrazas y dejas pasar, cada cosa que haces para encontrar tu alegría y tu luz, emana desde tu ser hasta el flujo de conciencia para alimentar a la totalidad de la humanidad. Cuando vives íntegramente por el amor del Yo —que es el amor de Dios— haces que Dios brille en medio de la densidad de la conciencia social. Entonces iluminas el camino de tus amados hermanos en su propio sendero de regreso al Yo, y ese es el único sendero que los llevará de vuelta a casa hasta su amado Padre.

Cuando te amas a ti mismo lo suficientemente como para sentirte merecedor de recibir todo lo que Dios es, y deseas saber que eres uno con el Padre, entonces es cuando empieza a florecer esta maravillosa flor. Así es como abres la capacidad de tu cerebro para recibir todos los valores de pensanmiento de la mente de Dios: queriendo saber; deseando sentir toda la emoción de ese conocimiento.                                                                                       .

¿Cuál es la mejor forma de manifestar cualquier deseo? Declarándolo desde el Señor Dios de tu ser. El Señor de tu ser, que es tu alma, rige tu cuerpo a través de su estructura emocional. La pituitaria recibe desde tu alma las  órdenes de liberar el flujo de hormonas. El Dios de tu ser es la luz que abarca y rodea todo lo que eres y permite que todos los pensamientos entren en tu ser. El ser es el ego que está experimentando las realidades de la materia a través de la forma corporal, que es quien estimula el juicio y altera el Ser o la pureza del pensamiento; de ahí el término «ego alterado». Por eso, cuando hablas desde el Señor Dios de tu ser, estás alineando la totalidad de lo que eres, y eso te da el gran poder de manifestar y crear cualquier cosa que quieras.

Cuando deseas desde el Señor Dios de tu ser recibir pensamientos ilimitados, ese pensamiento de realización que sientes dentro de tu alma se manifiesta en tu cuerpo para activar la glándula pituitaria y ésta comienza a abrirse. A medida que comienza a abrirse, un flujo mayor de hormonas pasa a través de la pineal, y al hacerlo, despierta a la mente latente. Abre otra parte de tu cerebro para permitir que frecuencias mayores y más refinadas de pensamiento sean experimentadas por todo tu cuerpo.

Cuando llegan pensamientos de una frecuencia más alta, se reciben a través de la porción despierta de tu cerebro. La glándula pineal, en la parte posterior de tu cerebro, recibe la frecuencia más alta y comienza a hincharse, lo cual te produce un dolor de cabeza, o puede que te sientas un poco mareado o aturdido. Esta frecuencia se transforma entonces en una corriente eléctrica de alto poder, y es disparada a cada célula de tu cuerpo a través del sistema nervioso central. A causa de esto sentirás como un estremecimiento, o sensación de hormigueo, de que te estás elevando, porque ahora corre por tu cuerpo una energía mucho mayor de la que has sentido antes. Esa frecuencia enciende cada célula aumentando su frecuencia vibratoria. Cuanto más recibes pensamientos ilimitados, más vibra tu cuerpo. Y empiezas a tener una luminosidad, porque estás empezando a revertir el cuerpo desde la densidad de nuevo hacia la luz.

¿Cómo describes el sentimiento de los pensamientos ilimitados? No puedes- El conocimiento de un pensamiento ilimitado no tiene palabra con la que lo puedas asociar, porque estás experimentando un pensamiento nuevo, una nueva emoción, un sentimiento inmenso que te mueve hacia una forma de ser profunda pero tranquila. El conocimiento vendrá hacia ti como puro sentimiento, sin anunciarse, sin identificarse, como emoción innombrable.

Muchos que buscan la iluminación creen que ésta vendrá en forma de palabras. Pero si lo que tú entiendes puede ser descrito por las palabras, ya lo has sentido antes. Si no se puede, y estás simplemente sintiendo, lo que tú estás sintiendo es genio, es brillantez, es en verdad, pensamiento ilimitado.

Todas las cosas que siempre has querido entender no tienen palabras; tienen emoción y visión. Y cuando llegue el conocimiento te quedarás sin habla, sólo con los sentimientos.

El arte de limitar el pensamiento es asociar palabras con ellos. Un maestro no explica nada; sólo lo sabe. Explicarlo significaría limitarse a sí mismo. Cuando llegas al punto en que simplemente sabes, sin tener que justificar o explicar tu saber interior, entonces eres verdaderamente el señor de tu propio reino; tienes el saber absoluto.

¿Qué sucede con el sentimiento de elevación provocado por los pensamientos de una frecuencia superior? Es capturado dentro de tu alma, que lo conservará en la memoria para siempre. Tu alma permite que la memoria de los pensamientos ilimitados exista a través de la emoción, del sentimiento. De este modo, captura tu saber interior para siempre, para que aquello que te has permitido recibir pueda ser alcanzado una y otra vez.

Algo maravilloso que también sucede con ese sentimiento de elevación es que tu alma lo envía a través de tu campo áurico hacia el flujo de conciencia, el cual no sólo eleva la densidad de la conciencia, sino que atrae a tu vida una situación que producirá el mismo sentimiento. ¿Para qué? Para que ese pensamiento se entienda completamente a través de la experiencia. Cuando el pensamiento de frecuencia más alta se ha comprendido completamente, queda grabado en tu alma en forma de sabiduría. La sabiduría significa que el conocimiento se ha solidificado dentro de ti como un absoluto. La sabiduría no sólo eleva el nivel vibratorio del alma —lo que causará que tu vida se ajuste a su ser emocional más elevado— sino que también activará la pituitaria con más intensidad para permitir que el cerebro reciba y razone pensamientos de mayor y mayor frecuencia, y así sucesivamente.

A medida que la pituitaria empieza a florecer, las cosas cambian en tu vida de un modo que nunca habías creído posible. Cada cosa que piensas la sientes con gran emoción. A medida que el saber que sientes en tu interior se abre paso hacia una forma creativa, empiezas a ver que tus pensamientos se manifiestan más y más rápidamente. Tu amor, comprensión y compasión aumentan. Y muchas entidades se apartarán de tu vida porque te has elevado hasta un entendimiento diferente; sin embargo, en su lugar, llegarán otras de pensamiento semejante al tuyo.

Muy pronto, a medida que la brillantez, la creatividad y el saber interior se intensifican dentro de ti, empiezas a conocer y sentir cosas que no habías sentido o conocido antes. Eres capaz de mirar a otra entidad y sentirla dentro de tu ser. A través de tus pensamientos eres capaz de conocer tus días por venir.

¿Crees que un psíquico es una entidad poco común? Eso es sólo porque piensas de acuerdo con la conciencia social. Y la conciencia social no piensa que esas habilidades puedan ser realmente algo normal. Todos son psíquicos. Cuando te permitas a ti mismo saber, sabrás todas las cosas. Pues el saber interior —cuando no está cohibido por las ilusiones de la conciencia social— quita el velo de tus ojos para que puedas ver otras dimensiones. Quita los ladrillos de tus oídos para que puedas oír la música de toda la vida vibrando en armonía consigo misma. ¿Y cómo haces que esto suceda? Deseándolo.

Cuanto más deseas lo ilimitado, y más abrazas y sientes los pensamientos que te llegan, más hormonas segrega la pituitaria y más se abre su boca. Cuanto más grande es tu deseo de amar lo que eres y vivir en el conocimiento, el Dios que rodea tu ser abre más y más tu cerebro. Entonces eres más que tu cuerpo; te conviertes en aquello que te mantiene unido.

La pituitaria es, en verdad, la puerta que conduce a Dios. Cuantos más pensamientos ilimitados permites entrar en tu cerebro, más se abre. Cuanto más se abra, más sabrás. Y todo aquello que sepas, en eso te convertirás.

Una flor emana cierta frecuencia de pensamiento. En el mismo momento, una alfombra está emanando una frecuencia de pensamiento. Cuando posees la capacidad de captar todas las frecuencias de pensamiento, puedes convertirte en cualquier frecuencia dada que elijas. Tienes entonces la libertad absoluta de convertirte en el viento o en cualquier otra cosa que desees.

Muy pronto, todo el sistema de la pituitaria está en pleno florecimiento y la totalidad de tu cerebro está activada. Entonces, todo aquello que la pituitaria ha guardado dentro de su cuerpo espiritual es entregado a la totalidad de la mente, y la mente ya nunca puede regresar a un estado limitado. Una vez que la flor comienza a abrirse, nunca se cierra otra vez; permanece abierta para siempre.

Cuando tu cerebro está completamente activado, tu enfoque en la realidad vacila. Es por eso que aunque estés aquí, puedes estar también en el séptimo nivel. Aunque estés en el séptimo nivel, puedes estar en las Pléyades; y aunque estés en las Pléyades, puedes estar al lado de un amigo.

Cuando tu pituitaria está en pleno florecimiento, dejas de morir; dejas de envejecer. Cualquier cosa que le digas a tu cuerpo que haga, la hará. Puedes decirle al cuerpo que acelere su frecuencia vibratoria y se elevará hacia otra dimensión. Así de poderoso es tu cerebro. Puedes incluso resucitar tu cuerpo de la muerte. Cuando eres tan poderoso, estás llevando la corona divina de Dios. Y cuando eres puro Dios, que es pura vida, entonces existes para siempre. Entonces eres todas las cosas. Ese es el cielo más grandioso. De esta manera, el gran séptimo sello se ha coronado a sí mismo, la totalidad de tu mente se despierta, y el abrazo total del saber interior se hace posible a través de tu hermoso receptor. A medida que sabes más y tu cuerpo experimenta más esa frecuencia, aumentan sus vibraciones hasta que se vuelve más y más ligero. Hasta que un día, cuando has amado y abrazado la totalidad de la vida y el alma ha satisfecho todas sus experiencias aquí, ese mismo saber interior y esa misma vibración aumentarán un millón de veces y, volviendo el cuerpo invisible, se lo llevarán lejos de este lugar. Es entonces cuando trasciendes el ciclo de vida tras vida.

Eres una criatura de tres dimensiones —espíritu, alma y ego— expresándose en un plano de densidad. Y sólo podrás conocer la eternidad mediante las tres dimensiones. Hablale al Señor Dios de tu ser; él te escuchará. Cuando lo haces, es un señor, un Dios, un maestro el que habla. Cuando le digas que recuerde, recordará. Cuando le pidas que sea más grandioso, lo hará. Y cuando desees desde el Señor Dios de tu ser poseer entendimiento ilimitado, abrirá tu mente para permitir que sientas en tu cuerpo las frecuencias de pensamiento más altas, y así proporcionar el saber interior. Es lo único que tienes que hacer: ordenar que así sea, y las glándulas endocrinas obedecerán. Y cuando lleguen los sentimientos que electricen tu ser hasta un mayor entendimiento, da gracias al Dios que vive en ti por tal sencillez.

¿Cómo puedes obtener un mejor entendimiento de todo lo que existe. Sabe que tú eres. Tu manera de hablar y de pensar determinan cuánto te permites saber. No digas: «Ojalá supiera más.», pues así nunca lo harás. Y no digas: «Trataré de saber más.», pues tratando nunca se consigue. Y tampoco digas: «Busco saber más.», porque buscando nunca se encuentra. Di: «Desde el Señor Dios de mi ser, yo sé ahora todo lo que hay por saber en este momento. ¡Que así sea!» Y espera la repuesta. Aunque no te des cuenta e ese momento de qué es lo que deseas saber, el decir «yo sé» abre la pue para que ocurra ese entendimiento. Eso es todo lo que tienes que decir, y saber llegará.

Limitas tu creatividad y tu vida diciendo que no sabes o dudando del conocimiento que te llega. La peor de la abominaciones es la frase: «No sé». Recuerda: tú eres quien dicta la ley, y lo que piensas y después pronuncies, es la ley. Si dices: «No lo sé», nunca lo sabrás. Si dices: «No puedo», nunca podrás. Si dices: «No merezco el amor de mi Padre», jamás lo recibirás. Si hablas de esta manera, significa que piensas de esta manera; y si piensas de este modo, el sentimiento producido por ese pensamiento se graba en tu alma, y tu alma manifiesta la realidad que satisface tus procesos de pensamiento.

Eres como una computadora. Cada día programas en tu conocimiento «dudas», programas «carencia» y programas, de hecho, «desconocimiento». Eres el ladrón de tu propio reino, pues tú, que conoces sólo duda y limitación, has robado tu auténtica fuerza vital a través de tu manera de pensar y de hablar.

Yo te digo: tú tienes la capacidad de saber todo lo habido y por haber. La puerta que te abre hasta ese conocimiento es simplemente decir: «Yo sé», y la realidad correspondiente pronto aparecerá. Puede tardar momentos, o quizás días, pero llegará. Siempre lo hace, pues la palabra «saber» es absoluta, y convierte tus deseos en absolutos. Ese pensamiento de saber, sentido en tu alma, se manifiesta dentro de tu ser para abrir tu pituitaria, permitiendo que se reciban los pensamientos más elevados. «Saber» es la puerta que permite que el río de pensamiento fluya hacia ti en una corriente ilimitada.

Ahora, el saber interior no es una creencia. La creencia es una conjetura; el saber interior es absoluto. La única cosa que te da conocimiento es saber. Cuando crees en algo, el alma entiende que la palabra «creer» significa realmente que alguien —incluso tu propio Yo— está abrumándote para convencerte de una verdad de la que no tienes conciencia ni certeza, pues esa verdad no se ha convertido en una realidad experimentada.

Yo no te pido que creas en nada. Yo quiero que sepas. Estar iluminado es saber, sin duda, creencia, fe o esperanza. Todas esas cosas son conjeturas.

Mientras creas o tengas fe en algo, eso nunca será. El saber lo hace absoluto, y eso hace que lo que uno sabe se manifieste. A través de la manifestación el pensamiento realizado en una experiencia, el entendimiento te sucederá, entonces es una parte de tu ser y no algo de lo que debes convencerte.

El saber absoluto es el creador de la totalidad de tu reino. Para poseer la habilidad del saber basta decir: «Yo sé». Nunca dudes o vaciles. Sabe, absolutamente. Cada vez que dices: «Yo sé», eso es un pensamiento de certeza que se siente en tu ser, lo que da lugar a que ocurra ese saber. El genio ocurre cuando abres la puerta del saber interior para que tomen forma creativa pensamientos más sublimes.

Si dices firmemente: «Desde el Señor Dios de mi ser, ahora sé la respuesta de eso y estoy listo para recibirla. ¡Que así sea!», esto hace que tu saber interior lo resuelva. Aunque la manifestación no aparezca al momento, la puerta permanece abierta para que ello se realice en una experiencia de la cual se obtendrá sabiduría. Tu ser se ajustará rápidamente para convertirse en aquello que ahora sabes. No tienes que esforzarte para alcanzar eso. No tienes que buscarlo o luchar por eso. No tienes que realizar rituales ni cánticos para obtenerlo. Simplemente saber. Cuando sabes estás en un estado receptivo para tener la conciencia de ello.

¿Cómo aceleras la manifestación de tus deseos? Sabiendo. El saber es la puerta que permite que el reino de los cielos despliegue su abundancia dentro del reino del Yo. Saber que un deseo, cualquiera que éste sea, ya ha sido realizado, amplifica el pensamiento de tu deseo, lo envía a través de tu campo áurico hasta el flujo de conciencia, y manifiesta tu deseo para que puedas ser el receptor de su consumación.

La verdad es que todas las cosas ya son tuyas. Cuando sabes que lo son, entonces están disponibles para ti. Debes entender que el principal dador de todo lo que necesitas eres tú y tu capacidad de recibir todo lo que quieres. El modo de recibir tus deseos es simplemente saber qué es lo que quieres y saber que te mereces conseguirlo. El saber es la verdad, es el dador, es tu futuro. Y cuando digas algo, sabe que así es. Cualquier cosa que quieras, puedes tenerla simplemente sabiendo que eres tú quien dicta las leyes, y que todo aquello que sepas y proclames así debe ser. Esto es lo que se llama la ley de Uno.

Yo te digo: tú sabes todo lo que hay por saber y puedes tener todo lo que desees. En este momento de saber, simplemente no te has dado cuenta de esa verdad. Saber abre la puerta a ese entendimiento. Activa otra parte de tu cerebro para que el pensamiento pueda convertirse en una realidad manifestada. Entonces, cuando la experiencia de tu pensamiento ilimitado se manifiesta, esto solidifica en la parte de tu cerebro donde habita el ego la comprensión de que el saber funciona, lo que te da la fuerza para ir un paso más allá y alcanzar un pensamiento incluso más ilimitado.

Si yo pudiera quitarte todas tus palabras, salvo unas pocas y escogidas, éstas serían: «Yo ahora sé. Yo soy absoluto. Yo soy completo. Yo soy Dios. Yo soy». Si no existieran más que estas palabras, ya no estarías limitado a este plano.

¿Cuánto mejor es para ti saber, que creer o suponer? ¿Cuánto mejor es para ti saber, que un «a lo mejor»? ¿Cuánto mejor es para ti saber, que no saber? Se requieren los mismos procesos de pensamiento, la misma energía, la misma expresión facial y movimiento del cuerpo para saber que para no saber.

Sabe. Simplemente sabe: «Yo sé que esto ocurrirá. Yo sé que soy Dios. Yo sé que soy feliz. Yo sé que yo soy». Sabe, sabe, sabe. Eso es todo lo que hace falta. Sabe siempre. Si dices que no sabes, que no puedes, nunca lo harás. Di que sabes ahora. Entonces lo sabrás todo.

¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y yo? Yo sé que soy un Dios ilimitado, y tú no. Esa es la única diferencia: yo sé que yo soy, y tú aún tienes que darte cuenta de ello. Tu sociedad dice que tú no eres, pero ellos qué saben. Ellos se entierran a sí mismos todos los días.

¿Por qué has obstruido tu saber interior? Porque en tu intento de conocer el pensamiento a través de la materia, tus procesos de pensamiento se quedaron tan atrapados en las realidades de la materia, que alteraste tu percepción total de la vida. Verás, la materia es un nivel de pensamiento que se crea alterando el pensamiento hasta su punto máximo. Se crea al reducir el pensamiento hasta la luz, hasta el electrum, y luego dividiendo el electrum en partes que tienen valores positivo y negativo. Por eso, cada vez que te relacionas con Dios en la forma llamada materia, estás percibiendo y entendiendo el pensamiento de acuerdo con divisiones o polaridades, más que con la pureza y el Ser indivisible que él es. Cuanto más enfocado estés en la supervivencia y la materia, más percibirás la vida en términos de dimensiones de Polaridad: arriba/abajo, cerca/lejos, rápido/lento, luz/oscuridad, grande/pe-Rueño, caliente/frío, bueno/malo, positivo/negativo.

Para volver al Ser de pensamiento puro, debes dominar el ego alterado, la porción razonante de tu cerebro orientada a vivir y sobrevivir en la materia. El ego alterado es aquel que percibe de acuerdo con la ilusión del tiempo la distancia y la separación. Es aquel que percibe en términos de aceptación y supervivencia. Es aquel que divide y juzga al pensamiento puro.

Un pensamiento puro puede llegar hasta cualquiera de vosotros, pero rápidamente determinas si es bueno o malo, si deberías o no deberías hacerlo, si es posible o imposible, real o imaginario, razonable o irracional. Cada vez que juzgas tu pensamiento dividiéndolo en positivo y negativo, lo alteras hasta convertirlo en un valor de frecuencia más bajo. El saber interior no juzga a ninguna cosa. Cuando tú sabes, nunca reflexionas si un pensamiento es verdadero o correcto. Todos los pensamientos son correctos y verdaderos. El saber no sopesa ni valora el pensamiento, permite que el pensamiento sea un Ser, permite que tus procesos de pensamiento existan sin interrupción o intercepción.

Para ver otro plano, oír un sonido más delicado, o volverte más ligero que tu peso, todo lo que tienes que hacer es saber que son realidades y permitir entonces que ese saber interior sea experimentado en tu cuerpo. Eso es todo lo que tienes que hacer. Si no crees que son reales, el «no creer» es un juicio que impide que tu cerebro se agrande. De este modo, todo ese saber que viene continuamente a cada momento a través de tu espíritu rebota en tu cerebro y regresa nuevamente a la mente del Padre. Entonces lo único que recibes es aquello que te mantiene seguro en este plano y te limita a él.

Cuando desees desde el Señor Dios de tu ser poseer saber interior ilimitado, debes permitir que todos los pensamientos entren en la conciencia de tu cerebro, sin ser alterados por juicio alguno, para que puedan ser totalmente experimentados en tu cuerpo. A través de ese permiso consciente del ego alterado —que da credibilidad a tus deseos— la pituitaria activa otra parte de tu cerebro para recibir entendimiento ilimitado.

¿Qué es lo que te ha permitido recibir un pensamiento ilimitado de creatividad sacado «de la nada» cuando lo has querido? Simplemente permitiste que entrara en tu saber interior. Eso es todo lo que hiciste. Él estuvo allí todo el tiempo, esperando a que tú lo llamaras y le permitieras entrar en tu receptor. Eso es lo único que hace falta. Y cuanto menos atrapados en el juicio y el pensamiento alterado estén tus procesos de pensamiento, más fácil sera que los pensamientos de superconciencia entren en la unidad receptora del cerebro.

Aprende a verte a ti mismo y a la vida con los ojos del Ser. Cuando contemples una flor, no digas que es fea o hermosa. Ese es un juicio que altera el pensamiento de la flor. Lo que es puro es el pensamiento «flor>. Cuando miras a la flor y la ves como flor, luz, vida, Ser, entonces te estás permitiendo recibir la pureza y el Ser del pensamiento, lo que envía un electrum de mayor frecuencia para que lo sientas por todo tu cuerpo. Entonces piensas como piensa un Cristo, pues ves todas las cosas como una igualdad y como el Ser. Cada vez que no limitas y juzgas tus experiencias, permites que tu cerebro se active para recibir los pensamientos ilimitados que van más allá de tu existencia diaria.

Nunca juzgues los pensamientos que recibas. Ni pienses que algo es positivo pues, ¿cómo podría existir el positivo sin el negativo? Si dices: «esto es bueno», eso significa que algunas cosas son malas. Cuando te des cariño y amor, no digas que eres hermoso o encantador, di que eres Dios. Cuando hagas algo con tu vecino no, digas que es bueno, di que es Dios. Eso significa que es; eso es simplemente una experiencia pura y virtuosa de la vida.

Cuando mires a otras entidades y su manera de expresarse en la vida, nunca las veas sino como una expresión del Ser. Si juzgas su expresión como buena o mala, positiva o negativa, creas en ti mismo una percepción alterada; y cualquier cosa que percibas, en eso te convertirás, pues ese pensamiento se grabará como un sentimiento dentro de tu ser. De esta manera estás perjudicando a tu propio Yo, porque eres tú —y no ellos— quien experimenta los efectos de tus juicios. Y ese sentimiento, grabado en tu alma, sienta un precedente según el cual continuarás juzgando tus propias acciones y tu propio ser.

Cuando condenas a alguien por algo, sólo estás condenando aspectos de ti mismo reflejados en él. Por eso son tan fáciles de identificar y por eso te llaman la atención esos aspectos. La otra persona representa meramente un espejo de tus propios juicios internos, una herramienta para que concilies aspectos de ti mismo que has aceptado de otras personas.

Cuando mires a otros, velos como una parte del Ser, y con aquello que se llama «ecuanimidad». Si están siendo crueles o están odiando a alguien, el decir que son crueles u odiosos es una verdad, porque así es de hecho como se están expresando; esa es su experiencia del Ser. Decir que son malos o que están equivocados en esa expresión, es un juicio, lo cual se convierte talmente en tu experiencia, en la alteración.

No merece la pena juzgar a nadie. No hay color de piel, ni acción, ni cosa alguna por la que merezca la pena alterarte a ti mismo hasta excluirte de un estado de Dios, de Ser. No importa quiénes sean, ni la manera en que se expresen, ámalos por el Dios que vive dentro de su ser, que les permite expresarse de esa manera. Por el solo hecho de ser, merecen ser amados. El hecho de que existan vale más que cualquier cosa que hagan. Ámalos porque son, pues mientras ellos sean ten por seguro que tú también serás. Si los amas sin reparar en quiénes son y dejas que ese amor simplemente sea, siempre te conservarás puro en tu ser.

Ahora, ¿cuál es la manera más fácil de quitar los juicios de tus procesos de pensamiento? Siendo consciente de tus sentimientos y de los pensamientos que los originaron. A través de esa conciencia, te enseñarás a ti mismo a ser más refinado en tu modo de pensar.

Cuando te sientas infeliz, triste, enfadado, atemorizado, apresurado, aislado, o experimentes cualquier otro sentimiento que no te gusta, examina tu modo de pensar. Pronto verás la conexión entre tu pensamiento alterado — juzgarte a ti mismo o a otros, o ver la vida en facetas o dimensiones— y tus emociones desagradables. Y muy pronto, a medida que te canses de estos sentimientos, empezarás a refinar tu manera de pensar y extirparás todos los juicios que te separan de la vida. A medida que lo hagas y que permitas que más y más pensamientos ilimitados se expresen en tu ser, también empezarás a ver una conexión entre tu pensamiento ilimitado y los sentimientos de paz, alegría, armonía y ligereza en el movimiento del cuerpo. Y nunca te juzgues a ti mismo por el hecho de juzgar. Ten compasión por ti mismo y simplemente permite que la conciencia de tus pensamientos y sentimientos te enseñe, porque te aseguro que lo hará.

De todas las palabras que fueron creadas, hay una que se ajusta a esta enseñanza mejor que cualquier otra: «ser». Ser. ¿Y qué significa eso? Significa permitirte ser cualquier cosa que seas, y amarte totalmente por serlo. Significa sentir aquello que estés sintiendo y vivir esa emoción. Ser es vivir totalmente el momento, porque sabes que el ahora es todo lo que existe. Es hacer todo lo que quieras hacer, vivir la aventura que tu alma te impulse a vivir.

¿Cuál es la razón de ser? Cuando vives de esta manera, nunca te juzgas a ti mismo ni a los demás, ni a los pensamientos que se te puedan ocurrir. Entonces no hay ni bueno ni malo, posible o imposible, perfección o imperfección, positivo o negativo. Ya no existe la ilusión del tiempo que te impide sentir y saborear la belleza del momento. Cuando estás en un estado de ser, sólo existe el Ser de la vida y la continuidad del ahora. 

En un estado de ser, tus pensamientos dejan de perder el tiempo entre pasado y el futuro, preocupados por la culpabilidad y el remordimiento, los debieras y los hubieras. En el ser, no te aferras a ninguna verdad en particular, sino que las examinas todas. Ves a todas las verdades como un Ser, y permites que cada una sea explorada para determinar si pueden aprovecharse desde tu estado de ser. Cuando vives de este modo, contemplas todos los pensamientos que llegan hasta ti, y a través de tu cerebro éstos se manifiestan en tu cuerpo como sentimientos, lo que permite que surja más conocimiento, más pensamiento y más Ser.

Cuando simplemente eres, te alineas con el Ser de todas las cosas; y a través de esa alineación, puedes tener cualquier cosa que desees. Y no tienes que hacer nada más que ser. El Dios de tu ser atraerá hacia ti cualquier cosa que pienses, cualquier cosa que desees, y ésta llegará. Todos aquellos que están muy atareados tratando de realizar cada principio externo, menosprecian el interno. En un estado de ser ya tienes y eres todas las cosas.

Cuando simplemente eres y te permites recibir todos los pensamientos, puedes oír la voz de Dios. Entonces, todo lo que siempre quisiste saber, lo puedes saber en un abrir y cerrar de ojos. Cuando no juzgas tus pensamientos, sino que les permites manifestarse como emoción dentro de tu alma, estás viviendo como un dios ilimitado, simplemente por estar abierto al Ser y a todo lo que es. Entonces te conviertes en un canal puro de tu propio Yo-Dios, y te acercas más a la simplicidad pura de la mente de Dios.

Aprende a vivir a través de saber y permitir. Así habrás dominado el ego alterado. Habrás conquistado el séptimo nivel, el séptimo sello, el séptimo cielo. Porque en el séptimo nivel no hay juicios, sólo el Ser siempre continuo de la vida. Una vez que has dominado el juicio, has conquistado la totalidad de este plano y puedes abandonarlo cuando desees.

A menos que tengas la capacidad en este momento de fabricar para ti mismo un duplicado de tu cuerpo —cosa que serás capaz de hacer cuando tu cerebro esté funcionando totalmente— no tengas tanta prisa por destruirlo.

Ama tu cuerpo. Cuídalo, aliméntalo, dale cariño. Es el instrumento puro de expresión que te permite experimentar la vida en este plano. Sé ilimitado en tus Procesos de pensamiento, pero también cuida el vehículo que te lo permite.

Si eres mujer, sé mujer; si eres hombre, sé hombre. Ama lo que eres, nunca abuses de tu cuerpo. Nunca lo desfigures o mancilles. No le hagas hacer cosas para las que no fue diseñado.

Mira la grandeza de tu ser. Mantente divino. Vístete con las ropas más delicadas sobre tu piel. Úngete. perfúmate. Aliméntate sólo con lo que tu cuerpo quiera. Si lo escuchas, él te dirá lo que necesita para poder nutrirse.

Nunca introduzcas en tu cuerpo algo que sea perjudicial, que tú sabes que es perjudicial. Todo aquello que reduzca el flujo de oxígeno hasta tu cerebro, ocasionará que las células mueran en gran número y nunca existirán otra vez, pues el cerebro no posee la capacidad de reproducir sus células. Cuando las células del cerebro son destruidas, pierdes la capacidad de transferir el pensamiento en una emoción manifestada dentro de tu cuerpo. Aunque puedas contemplar el pensamiento, es algo inexistente para ti. Así es como cesa la alegría, pues, ¿cómo te va a hacer feliz un pensamiento si no puedes convertirte en él a través del sentimiento?

Cuando no eres capaz de sentir, eres incapaz de registrar el saber interior en este plano. Ese es el daño que le haces a tu cerebro cuando usas lo que tú llamas la «hierba» o drogas que causan ilusiones. Cada vez que tomas estas cosas, ellas le roban oxígeno al cerebro. Es la muerte de tu cerebro el causante del «subidón» que se siente; eso es realmente lo que ocurre. Cada vez que haces esto, restringes tu capacidad de saber. Y llegará un momento en el que no podrás reír ni llorar, pues ya no habrá nada lo suficientemente fuerte como para crear emoción dentro de tu ser.

Experimentar todo el conocimiento —poder llorar cuando se abre una flor, o esperar la salida del sol y conocer cada trozo de su esplendor— es tener la capacidad de saber: transformar pensamiento en sentimiento. Eso es lo que se llama «éxtasis». Y eso es un buen «subidón», como tú dices.

Aquello que te ha amado desde antes que empezara el tiempo, que ha estado contigo en cada una de tus vidas y que es la única entidad que estará contigo en la muerte de tu cuerpo o su ascensión, eres tú.

Tú eres el único que te ama con la suficiente constancia como para haber pasado por todo lo que has pasado. Cuando te abraces y te ames a ti mismo, y permitas que ese amor sea tu pauta, trascenderás la conciencia social del hombre y llegarás a la conciencia total de Dios. Porque lo que tú eres va mas allá de la belleza y de la perfección; va más allá de la contención de las leyes, el dogma y los patrones sociales; llega hasta el destino y hasta la realización del Yo, que es la realización de Dios. Eso es lo único importante a los ojos del Ser de la vida.

Tú eres todo lo que crees ser y todo aquello que te permites saber. Sabe que el Padre, que es todas las cosas, es aquello que tú eres. Y a través de saber interior sabrás y te convertirás en todo lo que es.

Sabe que nada termina y que nada es absoluto. Todo existe en el ahora, y siempre hay más por venir. Ilimitar tu modo de pensar, es simplemente  saber que hay una verdad mayor, y que hay otra aún mayor. Sabe esto, y eso te sucederá de acuerdo con tu estado de recepción.

Nunca te dejes esclavizar o intimidar. Siempre hay un camino, un mejor camino. Sabe esto y permite que te lleguen los pensamientos que iluminarán tu camino hacia la alegría.

Afronta tus limitaciones. Abrázalas. Domínalas. Acaba con todas las cosas que te impidan conocer la totalidad de Dios. Renuncia a la culpabilidad y el juicio, para así permitir que entren el saber interior, las respuestas y la alegría.

Afronta tus temores y permítete desenmascarar su ilusión. Sabe que existes para siempre y que no hay nada en lo desconocido que pueda separarte de la felicidad y la alegría. Acaba con el miedo que te impide conocer algo más grande que lo que estás experimentando en este plano. ¿Por qué incluso piensas que aquellos que vienen desde muy lejos son espantosos? Tus hermanos de las grandes naves espaciales poseen una increíble belleza. Acaba con tu miedo para que puedas tener la capacidad de entablar amistad con otros tiempos, otros espacios y entidades de otra dimensión.

Si en tu esfuerzo por llegar a ser más, buscas en este plano una grandeza en la cual convertirte, lo único que llegarás a ser es lo que ya existe en este plano. Ir más allá del pensamiento limitado del hombre es contemplar que quizás hay algo todavía invisible que es más vasto en su entendimiento.

Ábrete a la verdad, sin importar cuál sea su fuente, y deja que tus sentimientos sean tu guía. El hombre sabio, aunque esté ciego, sabe dentro de su alma lo que está bien. La verdad existe hasta en la brizna de hierba sobre la que caminas. Está en la risa de un niño. En los ojos del mendigo. Está en todos los lugares y en todas las cosas, en todas las gentes y en cada momento. Aquel que no sabe esto no conoce a Dios; pues Dios es todo lo que es, y ni una sola brizna de hierba, ni un solo susurro de un instante pueden separarse de la Fuente de todo lo que es. Aprende a ser sabio. Escucha la verdad cualquier forma que venga y sabe que eres merecedor de recibirla.

Aquel que sabe que el reino de los cielos yace dentro de sí, es una entidad sabia. Con tu capacidad de pensar cualquier pensamiento y de sentirlo dentro de tu alma, posees dentro de ti las llaves del reino de los cielos, el tesoro de la emoción. Aprende a sentir. Conocer a Dios completamente es sentir cada pensamiento plenamente, hasta que cada pensamiento que Dios es se sienta en el corazón de tu ser, en el alma de tu ser.

 No te abrumes queriendo que la totalidad de tu cerebro se abra de una sola vez. Ábrelo de pensamiento en pensamiento, de experiencia en experiencia, para que cada pensamiento se solidifique en ti.

Sobre todo permitete ser, pues al ser, lo eres todo. Cuando eres simplemente el Ser de ti mismo, el principio Yo Soy, enconces estás alineado con la totalidad de la vida. Entonces has transformado tu enajenamiento como hombre en unidad con Dios.