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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Sincronicidad 4 -Boletin Claridad
Fecha:Sabado, 10 de Septiembre, 2005  10:56:47 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

CENTRO ESCUELA CLARIDAD

CENTRO ESCUELA CLARIDAD
Centro de Educación para el Crecimiento, Desarrollo e Integración Global del Ser Humano
Director: Juan Angel Moliterni

 

   

SINCRONICIDAD Puente entre Mente y Materia

por David Peat

Edición Juan Angel Moliterni

 

Serialidad

 

Uno de los primeros investigadores que indagó sobre la naturaleza de las coincidencias de la vida fue un biólogo austriaco, Paul Kammerer, que, a fines de siglo, reunió ejemplos de coincidencia y de grupos de sucesos inexplicables.

 

A lo largo de los años, Kammerer registró cientos de coincidencias; mientras viajaba en tren, estaba sentado en un parque, o caminaba hacia el trabajo, clasificaba a los transeúntes según distintos parámetros como, por ejemplo, la edad, el sexo, la ropa y lo que llevaban en las manos. Luego, estos datos se sometieron al cuidadoso análisis estadístico para descubrir si algunos de estos parámetros tendían a agruparse con el tiempo. Kammerer también reunió gran número de anécdotas como la siguiente.

 

En 1916, la esposa de Kammerer estaba leyendo una novela en que apareció una tal señora Rohan. Aquel día, mientras ella viajaba en tranvía, vio a un hombre que se parecía mucho al príncipe Josef Rohan y le oyó hablar del pueblo de Weissenbach. Más tarde, ese mismo día, una dependienta le preguntó si por casualidad sabía algo de Weissenbach, puesto que tenía que hacer una entrega y no sabía cuál era el código postal correcto. Aquella noche, el príncipe Josef Rohan les hizo una visita a los Kammerer.

 

Se debe admitir que el incidente no es particularmente asombroso; todos hemos tenido esa experiencia de leer una palabra o nombre nuevo en un libro y después encontrarlo una y otra vez. La explicación convencional es que tales nombres siempre han existido, pero que una vez que nos hemos fijado en ellos, nos volvemos sensibles a distinguirlos repetidas veces. Para Kammerer, sin embargo, con sus cuadernos llenos de ejemplos, estas cosas iban más allá de la mera casualidad y señalaban un principio universal de la serialidad. La serialidad se define como “una repetición legítima, o agrupamiento, en el tiempo y en el espacio por medio de la cual los miembros individuales de la secuencia -en la medida en que se pueda averiguar con un análisis cuidadoso- no están conectados por la misma fuente activa”.

 

El tipo de coincidencia que le intrigaba a Kammerer se ilustra con el relato del Monsieur de Fortgibu y el pudín de Navidad. En Orleans, un tal Monsieur Deschamps, cuando era niño, recibió un trozo de pudín de ciruela de un tal Monsieur de Fortgibu. Diez años más tarde, descubrió otro pudín de ciruela en un restaurante parisino y pidió un trozo. Le dijeron, no obstante, que el pudín ya había sido encargado -por M. de Fortgibu. Muchos años después, M. Deschamps fue invitado a comer pudín de ciruela como algo especialmente raro. Mientras se lo comía, comentó a sus amigos que lo únicos que faltaba era M. De Fortgibu. En aquel instante, se abrió la puerta y un hombre muy viejo, totalmente abordado por la ancianidad, entró en la habitación. Era M. De Fortgibu, que se había equivocado de dirección y había entrado por error en la fiesta.

 

Al igual que los asteroides se juntan en el espacio bajo la influencia de la gravedad, los sucesos fortuitos, según la hipótesis de Kammerer, también se agrupan. Fue como si Kammerer hubiese propuesto que un suceso mostraba afinidad con otros sucesos casualmente inconexos pero que compartían alguna forma o patrón global. Por ello, la serialidad y sus agrupamientos ocurren bajo la influencia de conexiones acausales en vez de por medio de los familiares impulsos y arrastres causales de la física. Kammerer, por lo tanto, había elaborado un razonamiento para la existencia de una armonía o mosaico fundamental de la naturaleza, un modelo que es “el cordón umbilical que conecta el pensamiento, los sentimientos, la ciencia y el arte con la matriz del universo que los originó”.

 

Einstein calificó la obra de Kammerer de “original y de ningún modo absurda”, y Arthur Koestler opinaba que la serialidad es una expresión de “la tendencia integradora del universo”. No obstante, las ideas de Kammerer sobre los agrupamientos casuales no son especialmente conocidas hoy en día y no han despertado el interés de la comunidad científica. La razón no es difícil de descubrir. Mientras que Kammerer empezó por un camino interesante al proponer que los patrones fundamentales de la naturaleza se manifiestan en patrones de casualidad, hay una desventaja lógica importante en aceptar sus pruebas de que los agrupamientos en serie sean de algún modo distintos de los puramente fortuitos. Consideremos el lanzamiento de una moneda. Como promedio, saldrán tantas caras como cruces, pero durante cualquier secuencia larga de lanzamientos puede aparecer una serie de caras; por ejemplo, tres, cuatro, o incluso cinco caras seguidas. No es necesario recurrir a ninguna ley especial para explicar este agrupamiento de caras dado que, en cualquier secuencia fortuita larga, habrán muchos patrones determinados y series de caras o cruces que, a la larga, alcanzan un promedio. Es cierto que si persistiese u ocurriese repetidas veces una racha determinada de caras, un jugador escéptico sospecharía que la moneda utilizada no fuese auténtica. Una moneda con peso añadido podría ser examinada rigurosamente, pero si no se hiciera esto, uno no podría estar seguro si esta racha persistente de caras era debida a un desequilibrio de la moneda o si simplemente era el resultado de agrupamientos fortuitos. Por muy persistente que sea una secuencia determinada, en el terreno lógico siempre existe la posibilidad de que sea un acontecimiento fortuito.

 

Por lo tanto, al analizar los agrupamientos como una secuencia en el lanzamiento de una moneda o la coincidencia de que varias personas lleven sombreros verdes en un autobús, el problema es el de diferenciar entre una afinidad fundamental y misteriosa y el resultado de la pura casualidad. Por otra parte, cuando alguien olvida los lanzamientos de monedas y ruedas de ruleta para concentrarse en la coincidencia de nombres, lugares y la manera en que se viste la gente, surge la dificultad adicional de determinar cuál es una probabilidad normal y hasta qué punto una secuencia determinada se desvía de ella. Encontrar a varias personas con sombreros verdes en un autobús puede ser tanto el resultado de una afinidad acausal del color verde, puede ser pura casualidad, ¡o puede que sea el día de San Patricio! (fiesta irlandesa en que todos se visten con alguna ropa verde).

 

Es por la naturaleza de los resultados de Kammerer que los agrupamientos, a menos que sean particularmente excepcionales, sean notablemente difíciles de distinguir de la pura casualidad, e incluso cuando esto se produce, a menudo es posible inventar alguna explicación causal plausible. Su obra posee un punto de vista especialmente interesante, en el que propone una interconexión básica de las cosas dentro de los patrones más profundos del universo, pero este principio de la serialidad nunca convencerá al científico escéptico por estar fundamentado puramente en una colección de coincidencias y anécdotas curiosas. Por lo tanto, quedó en manos de Carl Jung la tarea de demostrar que el significado inherente es lo que realmente diferencia una sincronicidad de una mera coincidencia.

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