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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Sincronicidad 5 -Boletin Claridad
Fecha:Sabado, 10 de Septiembre, 2005  10:58:40 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

CENTRO ESCUELA CLARIDAD

CENTRO ESCUELA CLARIDAD
Centro de Educación para el Crecimiento, Desarrollo e Integración Global del Ser Humano
Director: Juan Angel Moliterni

 

   

SINCRONICIDAD Puente entre Mente y Materia

por David Peat

Edición Juan Angel Moliterni

 

Carl Jung

 

La historia verdadera de la sincronicidad empieza con la colaboración de dos pensadores extraordinarios, el psicólogo Carl Jung y el físico Wolfgang Pauli. Su concepto de la sincronicidad tuvo su origen en la unión entre los planteamientos de la física y la psicología. Las vidas y las obras de estos dos hombres contienen el embrión que irá evolucionando y enriqueciendo el concepto de sincronicidad, y dado que nunca se ha contado públicamente la curiosa historia de su encuentro, merece la pena relatarla en estas páginas. Pero primero, estudiemos los muy distintos pasados de estos dos hombres y los caminos que finalmente los juntarían.

 

Carl Jung nació en el pueblo suizo de Keswill en 1875, y después de una infancia solitaria llena de enfermedades y una tendencia introvertida hacia los sueños y fantasías, se convirtió en un estudiante de medicina robusto, extrovertido y que se daba a la bebida. Jung escogió la psiquiatría como su campo de especialización y, mientras trabajaba en la famosa clínica Burghólzi, el joven médico empezó a mantener correspondencia con Sigmund Freud, cuya «Interpretación de los Sueños» demostraba como todo el contenido interno del inconsciente podía unirse. Cuando Jung y Freud se conocieron en 1907, el psicoanalista suizo ya había hecho contribuciones importantes al campo con su test de asociación de palabras y su teoría de los complejos. Sus conversaciones fueron un éxito incondicional; Jung reconoció un «amor religioso con alusiones indudablemente eróticas» y Freud, por su parte, trataba al hombre más joven como su hijo adoptivo y escribió: «No podría esperar que nadie mejor que tú continuase y completase mi obra».

 

A disgusto de los freudianos de Viena, la ascensión de Jung al poder dentro de la organización fue meteórica; él organizó la primera asamblea internacional en Salzburgo en 1908 y fue elegido presidente del Congreso Psicoanalítico. No obstante, a pesar de su intimidad, Freud y Jung tenían puntos de vista profundamente diferentes con respecto al inconsciente. Incluso sus metodologías y planteamientos de investigación eran distintos, ya que mientras Freud se basaba en una tradición racional y científica, Jung se interesaba más por el espiritualismo, la fantasía y la naturaleza curiosa de las imágenes que dibujaban y soñaban sus pacientes. Mientras que Freud afirmaba que nuestra vida inconsciente está dominada por los instintos y represiones sobre los que está extendido el fino barniz de la civilización, Jung consideraba que el inconsciente tiene una dimensión creativa oculta y que no está impulsada solamente por los instintos sexuales.

 

Ya en 1909, cuando aún eran amigos íntimos, no obstante existía una tensión oculta en su relación. Un día, Freud estaba castigando a Jung por su interés en el espiritualismo y le advirtió contra el peligro de ser inundado por “la negra marea del fango del ocultismo”. Jung experimentó una sensación ardiente en su diafragma y, al mismo tiempo, los dos hombres oyeron un fuerte crujido que provenía de la estantería de los libros. Jung sugirió que éste era un ejemplo de “exteriorización catalítica”, a lo que Freud contestó: “Pura necedad”. El hombre más joven predijo que ocurriría un segundo suceso y, efectivamente, se oyó otro ruido, lo que desconcertó considerablemente a Freud.

 

Uno o dos años más tarde, Jung estaba realizando sus investigaciones en una dirección muy distinta a la que había tomado Freud. En 1912, se creó una ruptura importante cuando Freud señaló un “desliz freudiano” en una de las cartas de Jung. Jung contestó:

 

“Verá, mi querido profesor, mientras siga repartiendo esta basura, me traen sin cuidado sus acciones sintomáticas; ellas se reducen a nada comparadas con el destello formidable en los ojos de mi hermano Freud”.

 

Jung dimitió como presidente del Congreso Psicoanalítico y Freud se regocijó. “Por fin nos hemos librado del brutal y beato Jung”.

 

Los sucesos posteriores a esta ruptura con Freud y su escuela son especialmente significativos en el desarrollo de la idea de la sincronicidad. Al principio, Jung se sentía libre para explorar sus propias ideas sin la sombra de Freud sobre él.

 

En su obra sobre tipos psicológicos, sostenía que cada persona es el resultado de un equilibrio entre las fuerzas de la Intuición, la Sensación, el Pensamiento y el Sentimiento y, por otra parte, también definió la naturaleza de la Introversión y la Extroversión. El planteamiento de Jung señalaba claramente una estructura interior dentro del inconsciente en lugar de una masa desordenada de represiones e instintos.

 

 

Intuición

 


                                        Pensamiento                            Sentimiento

 

 

Instinto

 

 

En medio de esta actividad, sin embargo, Jung experimentó los primeros síntomas de lo que sus biógrafos han llamado una depresión mental absoluta, cuyos detalles se pueden encontrar en su autobiografía Recuerdos, Sueños y Reflexiones (Memories, Dreams and Reflections). Durante los meses siguientes, Jung viajó más y más profundamente a las zonas ocultas de su mente y, en un sueño, simbolizó a su mente como una casa con un sótano oculto que contenía una trampilla que conducía a una caverna prehistórica aún más remota. Jung estaba empezando a descubrir una zona profunda y universal de la mente, la que más adelante llamaría el inconsciente colectivo u objetivo. Dentro de este terreno, que Jung demostraría ser común a toda la humanidad, descubrió una variedad de símbolos que calificó de mandalas, al igual que un gran número de personalidades autónomas. Durante su depresión, Jung conversaba con estas figuras internas y aparentemente independientes, que incluían a Filemón, el viejo sabio, y Anima, la joven mujer que una vez había servido como guía espiritual para Simon Magnus, Lao-zi y Klingsor. Con respecto al primero, Jung escribió:

 

[...] a veces me parecía ser muy real, como si fuese una personalidad viva. Caminaba arriba y abajo con él en el jardín y para mí era lo que los indios llaman gurú. [ ...] Él decía cosas que yo no había pensado conscientemente. Porque yo observaba que no era yo quien hablaba sino él.

 

 

Estas visitas alcanzaron su apogeo en 1916 cuando, durante varios días, la casa entera de Jung estuvo encantada, y un domingo por la mañana sonó el timbre y no había nadie fuera.

 

El ambiente estaba espeso, créame. Entonces supe que algo tenía que suceder. La casa entera estaba llena como si estuviera presente una multitud, abarrotada de espíritus. La llenaban hasta la puerta y el aire estaba tan denso que apenas era posible respirar. En cuanto a mí, estaba temblando mientras me preguntaba: “Por el amor de Dios, ¿qué es esto?”. Entonces ellos gritaron a coro: “Hemos regresado de Jerusalén donde no encontramos lo que buscábamos”.

 

Durante las próximas tres noches, mientras estaba poseído por esos espíritus, Jung escribió los Siete Sermones A Los Muertos (VII Sermones Ad Mortuos), una obra compuesta en un estilo profético que presenta una cosmología entera del universo de la materia y la mente. Dentro de los Sermones, el mundo de las cosas creadas, la creatura, emerge de un fondo indistinguible, la pleroma, y el libro en sí se convierte en metáfora para la exteriorización de la conciencia fuera del inconsciente colectivo y finalmente del psicoide que es previo a la distinción entre materia y mente. Al igual que la física moderna ha producido un mito para la creación de la materia fuera del estado de vacuidad indistinguible o el big bang primordial, Jung ha creado una explicación para el origen de la mente en el universo.

 

Los Sermones son muy importantes, dado que contienen en una forma simbólica mucho de lo que Jung manifestaría en las investigaciones y escritos a lo largo de su vida. Este programa para la investigación propone que se puede excavar la mente humana mucho más allá del inconsciente personal, y que en sus niveles más profundos posee una rica estructura de fuerzas dinámicas, patrones simétricos y centros autónomos de energía. Cuando uno sondea aún más profundamente, encuentra el terreno común del que surgen la materia y la mente, un recuerdo del “cordón umbilical que conecta el pensamiento, los sentimientos, la ciencia y el arte con la matriz que les originó”, de Kammerer.

 

Pero ¿qué fue exactamente lo que le sucedió a Carl Jung durante este período de depresión nerviosa? Decir que estaba loco no explica nada, pues el caso es que su viaje en el inconsciente no fue de ningún modo caótico sino que mostró su propio orden interior. El mundo que descubrió Jung no es loco e insensato sino sumamente estructurado de modo que el psicólogo fue capaz de regresar a la superficie del “sano juicio”, trayendo con él penetraciones (insights) y descubrimientos profundos que formaron la base de toda su obra posterior. El hecho de que esta profunda transformación de su ser interior fuese acompañada de varias sincronicidades, como por ejemplo las apariciones y los toques de timbre, sugiere que energías de consideración y patrones internos estuvieron implicados durante este período.

 

A partir de entonces, Jung observará la confirmación de sus visiones a través del simbolismo de la alquimia de la Edad Media, textos tántricos y otros escritos de la China, visitas a África, y los sueños y fantasías de sus pacientes.

 

En su estudio de tipos psicológicos, Jung había sostenido que cada persona es el resultado de un equilibrio o balanza entre polaridades. En una psique sana, el pensamiento está en armonía con el sentimiento para que la lógica y el razonamiento puedan trabajar de un modo constructivo con el lado emocional de un individuo.

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