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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Sincronicidad 7-Final -Boletin Claridad
Fecha:Martes, 13 de Septiembre, 2005  11:37:36 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

CENTRO ESCUELA CLARIDAD

CENTRO ESCUELA CLARIDAD
Centro de Educación para el Crecimiento, Desarrollo e Integración Global del Ser Humano
Director: Juan Angel Moliterni

 

   

SINCRONICIDAD Puente entre Mente y Materia

por David Peat

Edición Juan Angel Moliterni

 

La Sincronicidad

 

En 1929, mientras daba una conferencia a un grupo de estudiantes, Jung dijo: “El sincronismo es el prejuicio de oriente, la causalidad es el prejuicio moderno de occidente”. Un año después, durante un discurso conmemorativo por la muerte de Richard Wilhelm, el eminente alumno del pensamiento chino, Jung amplió un poco su comentario original. “La ciencia de I Ching, efectivamente, no está basada en el principio de la causalidad, sino en un principio (hasta el momento innominado por ser desconocido para nosotros) que he llamado provisionalmente el principio sincrónico”.

 

Durante una conferencia en la Clínica Tavistock de Londres, cinco años después, parece que Jung utilizó el término “sincronicidad” por primera vez. “Tao puede ser cualquier cosa, pero yo utilizo otra palabra para denominarlo, aunque sea bastante pobre. Lo llamo la sincronicidad”.

 

Ahora, gracias a Pauli, Jung fue capaz de cristalizar aún más sus ideas y, en 1952, los dos hombres publicaron juntos The Interpretation and Nature of the Psyche, un libro que contiene dos ensayos, uno de Pauli sobre la influencia de los arquetipos en la teoría de Kepler sobre el movimiento planetario, y el otro de Jung sobre la naturaleza de la sincronicidad.

 

Al escribir este ensayo he cumplido, por así decirlo, con una promesa que durante años me faltó el coraje para hacerla. Las dificultades del problema y su representación me parecían demasiado grandes... Si ahora he vencido mi irresolución y por fin me enfrento con el tema, se debe principalmente a que mis experiencias del fenómeno de la sincronicidad se han multiplicado a lo largo de los años...

 

En este ensayo, y en varios de los otros escritos de Jung, se califica la sincronicidad de varias maneras:

 

  • “la coincidencia en el tiempo de dos o más sucesos no relacionados causalmente, que tienen el mismo significado o un significado parecido”.
  • “actos creativos”
  • “paralelismos acausales”

 

 

También escribió que:

 

  • “las coincidencias significativas no pueden concebirse como la pura casualidad -cuanto más se multiplican y cuanto mayor y más precisa es la correspondencia... ya no pueden considerarse pura casualidad, sino que, por falta de un explicación causal, deben considerarse combinaciones significativas”.

 

 

Jung también intentó integrar sus intuiciones a la sincronicidad en la estructura de la física moderna. Al igual que había propuesto que la mente se deriva de un equilibrio dinámico de dualidades, también creó un esquema que demuestra cómo la sincronicidad equilibra a la causalidad en los patrones dobles de la naturaleza.

 

 

Espacio

 

 

Causalidad                 Sincronicidad

 

 

Tiempo

 

 

 

 

Energía indestructible

 

 

Conexión constante                             Conexión inestable

a través del efecto                               a través de la contingencia

(causalidad)                                        o significado (sincronicidad)

 

 

Continuum espacio-tiempo

 

 

Al introducir el valor del “significado” en este concepto de la naturaleza, Pauli proponía un modo en que el planteamiento objetivo de la física (conexión constante a través del efecto) se podía integrar con valores más subjetivos (conexión a través de la contingencia, equivalencia o significado). Esta idea entera del significado era la clave vital de la naturaleza de la sincronicidad y representaba un paso más allá de la serialidad de Kammerer. Porque, mientras los sucesos fortuitos siempre pueden producir patrones a través de la pura casualidad, la esencia de una sincronicidad es que un patrón determinado tiene un significado o valor para la persona que lo experimenta.

 

Mientras las leyes convencionales de la física no tienen en cuenta los deseos humanos o la necesidad de un significado -las manzanas se caen tanto si lo deseamos como si no- las sincronicidades actúan como espejo de los procesos internos de la mente y toman la forma de manifestaciones exteriores de transformaciones interiores.

 

Descubrir cómo el significado puede desempeñar un papel en nuestro universo físico es uno de los retos principales.

 

Principalmente, cuando los patrones psíquicos están a punto de alcanzar la conciencia, las sincronicidades llegan a su apogeo; por otra parte, tienden a desaparecer cuando el individuo conscientemente se da cuenta de una nueva alineación de fuerzas dentro de su personalidad.

 

Es por ello que las sincronicidades a menudo se relacionan con períodos de transformación; por ejemplo, nacimientos, muertes, el enamoramiento, la psicoterapia, la obra creadora intensa e incluso un cambio de profesión. Es como si esta reestructuración interna produjese resonancias externas o como si una explosión de “energía mental” se propagase hacia afuera en el mundo físico.

 

El crujido de la estantería de Jung es un claro ejemplo de tal exteriorización. Arnold Mindel ofrece el ejemplo de un paciente psicópata que declaró que era Jesús, el creador y destructor de la luz. En ese mismo instante la instalación de luz cayó del techo dejando sin conocimiento al hombre.

 

Tampoco es extraña la acción de las sincronicidades entre el estado de sueño y el de vigilia, ni se limita a estas situaciones de “último recurso”.

 

Anthony Storr, autor de The essential Jung, me contó que su esposa soñó que había sido decapitada. Un profesor de Oxford se tiró a las vías del ferrocarril y fue decapitado por el tren esa misma noche. G. H. Lewis, compañero de toda la vida del escritor George Elliot, relató la siguiente historia sobre Charles Dickens:

 

Dickens soñó que estaba en una habitación donde todo el mundo iba vestido de color escarlata. Tropezó con una mujer que estaba de espaldas a él. Mientras se disculpaba, ella volvió la cabeza y dijo muy tranquilamente: “Me llamo Napier”. El no conocía a nadie llamado Napier y su cara le era desconocida.

 

Dos días después, antes de una lectura, una amiga suya entró en la sala de espera acompañada de una mujer desconocida que vestía una capa de ópera escarlata, “que”, le dijo su amiga, “está decidida a ser presentada”. “¿No será la señorita Napier?”, preguntó él en broma.

 

“Sí, la señorita Napier”. Aunque la cara de la persona de su sueño no era la de la señorita Napier, la coincidencia de la capa escarlata y del nombre fue impresionante.

 

Algunas sincronicidades empiezan dentro del mundo exterior y después se mueven hacia dentro a medida que se descubre su significado. Tales sincronicidades dependen del descubrimiento de un significado más profundo en los patrones y agrupamientos de los fenómenos de nuestro entorno. Pueden implicar nuestra vinculación de una manera especial con el medio ambiente, la previsión de sucesos o la percepción de algún patrón fundamental del mundo.

 

Con una importancia algo menos dramática, Arnold Mindel ha observado el movimiento sincrónico de parejas en que una persona sufre una experiencia sobrecogedora mientras está separada de la otra. No es nada extraño que uno de los cónyuges experimente algún cambio interior profundo mientras el otro está experimentando una psicoterapia en otra ciudad o país. Tales sucesos curiosos puede que no sean tanto el resultado de un “lazo psíquico” o comunicación mental, sino que indican que un proceso mutuo se está desarrollando en el mismo terreno y que éste, por lo tanto, debe estar más allá de la conciencia individual que está situada en el espacio y el tiempo.

 

Las sincronicidades han abierto una ventana hacia una fuente creadora de un potencial infinito, la fuente del universo mismo. Han demostrado que la mente y la materia no son aspectos separados distintos de la naturaleza, sino que surgen en un orden más profundo de la realidad. Las sincronicidades sugieren que podemos renovar nuestro contacto con esa fuente creadora e incondicional que es el origen, no sólo de nosotros mismos, sino de toda realidad. A través de la muerte del yo y de sus respuestas mecánicas a la naturaleza, se hace posible entablar una transformación activa y ganar acceso a campos ilimitados de energía. De este modo, el cuerpo y la conciencia, el individuo y la sociedad, la mente y la materia pueden llegar a alcanzar su potencial ilimitado.

 

Las sincronicidades, por lo tanto, han servido como punto de partida en un viaje que nos ha llevado hasta los límites de la imaginación humana. Una vez que nos damos cuenta de que nuestra conciencia es ilimitada, entonces se hace posible para nosotros realizar una transformación creadora de nuestras propias vidas y de la sociedad en la que vivimos. Desde esta perspectiva, ya no necesitaremos conchas de tortuga ni tallos de milenrama, pues habremos aprendido a vivir con la sabiduría y comprensión que han estado presentes en nosotros desde los albores de la humanidad.

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